Mika... yo siempre trato bien a las chica en mis fics... bueno, casi siempre. Me alegra que te guste Anzu.

Dcromeor... Emma hará alguna estupidez, porque somos estúpidos, qué le vamos a hacer.


¿?

La libertad tiene un precio, o eso dicen. Para mí, sin embargo, lo cierto es que la venganza sólo era un preludio para lograrlo, uno muy dulce. Y, sin embargo, estaba tan fuera de lugar en aquella ciudad que la gente parecía sentirlo. La gente me observaba como si fuese una extraña. Definitivamente era distinta a ellos, pero no esperaba que lo percibieran. Era la creación de otro autor, uno distinto al suyo, y decididamente se percibía en el ambiente, en el aire. Era como si alguien empezara a garabatear en la historia de otro escritor. Eso no les hacía gracia a los personajes.

Como a ninguno de los personajes le gustaba que le olvidasen, como había ocurrido conmigo. Una vez creas a un personaje, le das vida, no puedes simplemente olvidarlo y fingir que jamás ha existido. Porque los personajes recuerdan. Y no nos desvanecemos sin más.

Emma Swan

_ Quién te mira a los ojos piensa que ya tienes pensado el matrimonio y tres hijos, Swan._ La reina me observaba desde la celda de oro que le había contruido._ ¿Por eso vas vestida con ese horrible traje pantalón azul?

_ La defensa no va a contestar a esa pregunta._ Repliqué.

_ Oh… ¿Ahora eres abogada?_ Regina sonrió y se acomodó, sentándose en la cama.

_ Es evidente._ Dije, mientras me ajustaba el distintivo de letrado en la solapa.

Lo cierto es que no podía tener a la reina encerrada en aquella sala toda la vida. Aunque fuese apetecible. Y en realidad no estaba en mi personalidad el ser tan cruel.

_ Está bien… letrada._ Me dijo, mirándome._ ¿Cuáles son las condiciones de su acuerdo?

Me senté y saqué mis papeles. Lo cierto es que daba un look bastante profesional. Y eso me gustaba mucho.

_ Con la firma del presente contrato, la demandada se compromete a abandonar sus actividades delictivas y a comportarse con corrección. En caso contrario, volverá a ser encerrada en prisión._ Recité.

_ Mi libertad no vale tanto, encanto. Encontraré la forma de salir._ Me dijo, con desafío.

_ Sí… podrías… podrías… y entonces… te perderías mi oferta.

_ ¿Tu oferta?_ Preguntó.

Yo le dediqué una sonrisa misteriosa. Hice un gesto con la mano y una silueta femenina hizo acto de presencia. Permaneció así, como una silueta oscura.

_ ¿Qué es eso?_ Pregunté.

_ El amor de tu vida, claro._ Sonreí._ Y puede ser tuyo. Si te portas bien, claro.

_ No bromees conmigo, Swan._ Me dijo, mirándome a los ojos.

Yo me puse en pie, haciéndome la ofendida. Mirando a aquella silueta, mientras perfilaba detalles. Sabían bien a quién quería para la reina. Pero ella seguía empeñada en su orgullo, en su deseo de tenerme para ella, sólo porque Regina me había conseguido.

_ No bromeo… Regina._ Dije, mirándola a los ojos.

_ ¿Regina?

_ Es tu nombre, después de todo._ Le dije, mirándola._ Tan sólo… piénsalo, ¿Vale?

_ ¿Por qué ibas a hacer lo que me has prometido, Emma?_ Me preguntó.

_ Sé lo que es estar tan enfadado con alguien que sientes que tu cerebro va a explotar. Sé lo que es no poder hacer nada para cambiar algo que crees que no es justo._ La miré una vez más._ Pero también sé que no sirve de nada. Y sé que te mereces ser feliz, al igual que mi Regina.

_ ¿Tú quieres que yo sea feliz?_ Preguntó, mirándome.

Asentí con la cabeza y nos quedamos mirando un segundo. Finalmente la reina suspiró y se tumbó en la cama.

_ No puedes cambiarme, Swan. No hay camino al que pueda volver. No hay bondad en mí._ Me recordó.

_ No te preocupes, Regina. No lo he olvidado. ¿Por qué no olvidas esa obsesión con la venganza? Nunca te hará feliz.

Cuando la bruja volvió a elevar la vista, no me encontró. Ya me había marchado.

Anzu Stealer

Proteger a mi creador. Era una necesidad que se elevaba incluso sobre la sed de sangre que me había acompañado desde que tenía uso de razón. Emma dependía de mí, y para eso me había convocado. Sin embargo, había cosas que no podía hacer. Cosas que por más que quisiera estaban vetadas para mí. Y por eso, ante aquella mujer lo único que pude hacer fue aparecer y ponerme en su camino.

_ Oh… pero si es Anzu. ¿Ahora te llama así, no?_ Me espetó, con una sonrisa cínica.

Suspiré, mientras me concentraba en esa mujer de rubios cabellos. Intenté tocarla, pero mi mano la atravesó limpiamente. Una sonrisa triste apareció entre mis labios.

_ Casi has desaparecido por completo._ Murmuré, mirándola._ No debiste venir. Te extinguirás…

_ Él se extinguirá._ dijo, mirándome._ Y tú no puedes detenerme.

_ No puedo detenerte… porque no puedo tocarte._ Le dije, mirándola._ Pero puedo razonar contigo, para que entiendas que lo que haces es una locura. Él nos creó.

_ Nos creó porque se sentía solo. ¿Quién crees que quedará ahora que ha encontrado al amor de su vida? ¿Crees que se acordará de alguien aparte de ti?

_ Estoy segura de ello._ Le dije, con sinceridad._ Y dudo que te haya olvidado como tú crees.

_ Eso ya lo veremos, Anzu.

Regina Mills

Emma me había dicho que la encontraría en la mansión. Cuando entré, las luces estaban apagadas. Toqué el interruptor, y me dirigí al comedor. Emma estaba allí, ante una mesa con dos platos de pasta. Había cocinado para las dos.

_ Perdona por tomarme estas libertades._ Dijo.

_ Emma… no digas tonterías._ Dije, en un susurro._ Me encanta que hagas esto por mí. Pero…

_ ¿Pero?_ Emma se angustió de golpe._ ¿No vas a dejarme, no?

_ No… claro que no._ Le dije, en un susurro._ Pero… las cosas están avanzando muy deprisa y eso… me asusta un poco.

_ Sí, es cierto._ Reconoció, sentándose en la mesa._ Quizá estoy un poco ansiosa. No quiero agobiarte.

_ Como sabes mis últimas relaciones no han sido precisamente bien. No quisiera que nos pasar algo como eso.

_ Regina… yo jamás te traicionaría como lo hizo Robin.

En los ojos de Emma había un furor y una sinceridad que no había visto jamás. Me miraba como alguien dueña de su destino. Y admito que eso me hizo sentarme a la mesa con una sonrisa. Cogí el tenedor y empecé a comer. Había demasiada pasta en nuestra dieta, teníamos que hacer algo al respeto.

_ La salsa es impresionante. ¿Qué le has hecho?_ Pregunté, llevándomela a la boca.

_ El secreto es el amor._ Me dedicó una sonrisa preciosa que me dejó atontada.

La Reina

Allí estaba, en aquella celda. Encerrada como una vulgar criminal. Mis ojos estaban fríos mientras esperaba a que el tiempo sencillamente pasase. No sabía qué iba a pasar, ni cuando volvería Emma. Pero no me quitaba de la cabeza lo que me había dicho. Las luces de la comisaría parpadearon y tuve que entrecerrar los ojos. Una mujer menuda, con una melena de color castaño, estaba sentada en una silla, frente a mí.

Llevaba un traje pantalón de color azul marino, y otro distintivo ridículo como el que llevaba Emma cuando intentaba darme lecciones. Bufé y me revolví en la cama.

_ Vaya… de verdad no tienes idea de quién soy. Esto es divertido._ Dijo, riéndose.

_ Pues no. Y me da igual lo que diga Emma… tú no eres mi amor verdadero. Eso no existe._ Le escupí.

_ Es extraño… las pruebas sugieren lo contrario.

Me puse en pie, dirigiéndole una mirada asesina. Aquella mujer no tenía ni idea de quién estaba tratando.

_ La fiscalía quiere presentar la prueba A._ Dijo.

Hizo un gesto de la mano y una cadena cayó entre sus dedos, dejando colgando, con un leve movimiento de péndulo, un arete de acero que se encontraba atrapado en la cadena dorada. Automáticamente me llevé la mano al cuello para comprobar que mi colgante, seguía allí. Por suerte, allí seguía.

_ ¿Ves cómo tengo razón?_ Dijo, poniéndose en pie._ ¿Qué es más fiable? ¿Los caprichos de un hada? ¿O alguien que ha sido creada para ser perfecta para ti?

_ Odio lo abogados._ Mentí.

_ Trabajas en política… eso no te lo tragas ni tú. Soy Astrid Morgan, por cierto. En fin… ¿Salimos a cenar o qué?

_ Estoy encerrada aquí._ Le recordé, poniendo los ojos en blanco.

_ Bah, minucias._ Hizo un gesto de la mano y la puerta se abrió._ Emma me ha dado permiso para sacarte. Ser abogada… y Fiscal… tiene sus ventajas.

Yo sonreí y salí. Lo cierto es que podría desvanecerme en aquel momento. Pero debo admitirlo, sentía cierta curiosidad por ver lo que aquella mujer. Tendría que mostrarme. No era ningún compromiso salir con ella, después de todo. Si no me gustaba le sacaría el corazón y la usaría para mis fines.

Cuando salimos, había un descapotable de color azabache esperándonos. Astrid, como dijo que se llamaba, se sentó y arrancó, con la soltura de alguien que hace aquello a menudo. Yo tardé un buen rato en hacerlo.

_ Sube la capota._ Le ordené._ Estropearás mi peinado.

_ Regina… Vive un poco._ Dijo, apretando el acelerador.

Mary Margaret

Extrañaba a Emma. Hacía más de una semana que no la veía. Había escuchado cosas que me resultaban impensables. Ella y Regina como pareja… era su abuela después de todo. Tenía que hablar con ella muy en serio sobre el asunto. Estaba preparada, abrí la puerta y al otro lado me encontré a una mujer desconocida. De cabello rubio, y con un brillo maléfico en los ojos.

Di un paso atrás, aterrada. Pero la mujer recortó la distancia. Empecé a sentir pánico cuando extendió el brazo. Y lancé un grito cuando su mano atravesó mi pecho. Pero de forma distinta a como lo haría Regina. Sentía una corriente fría. David debería haberme oído gritar, pero mi grito no emitió sonido alguno. La mujer dio un paso adelante y su torso atravesó el mío. Noté cómo giraba dentro de mí, y cómo se ajustaba. Una lágrimas solitaria salió de mis ojos antes de encontrarme en un cuerpo que ya no estaba bajo mi control.

Emma Swan

Dormí a pierna suelta en el sofá. Lo admito, quería dormir con Regina. Después de lo que habíamos pasado, era algo que deseaba profundamente y que creía haberme ganado. Sin embargo, parecía que no estaba en lo cierto. Para Regina debíamos ir más despacio. Si he de ser franco, no tenía intención de pasarme otras seis temporadas atormentando a los fans. Que… dicho sea de paso. ¿Lo que hago lo estará viendo alguien o he creado un mundo sólo para mis alucinaciones?, porque lo cierto es que debía ser material de primera si lo veía alguien.

En cualquier caso, había besado a Regina, y eso compensaba todo lo que hubiera podido pasar. Nunca había sentido nada parecido. Sentía que estaba en el cielo, en un paraíso que normalmente se reservaba a gente mucho más virtuosa que yo, y por ello me encontraba aturdido y sin poder dormir.

A ese paso, lo cierto es que veía complicado levantarme el día siguiente con el propósito de trabajar, aunque el trabajo había pasado a ser algo secundario. Tenía cierta emoción, es cierto, pero admito que no se comparaba a lo que mi corazón despegaba cuando me encontraba en presencia de la alcaldesa. Me puse en pie y me dirigí hacia la cocina para prepararme un sándwich, esperando que el tener el estómago lleno me ayudase a conciliar el sueño.

Un buen bocata de jamón y queso bien planchado y tostadito. No hay nada mejor. Simple pero efectivo. No hay necesidad de nada más, después de todo. Lo preparé, lo partí en dos y me dirigí al salón. Se había hecho bastante tarde, así que cuando encendí la tele lo hice con el volumen bastante bajo. Por ello el sonido del timbre me hizo dar un respingo.

Dejé el sándwich sobre la mesa y me dirigí hacia el fantástico porche de Regina. Cuando abrí la puerta, admito que me sorprendió encontrarme a Mary Margaret, especialmente a esa hora.

_ ¿Qué pasa, Mamá?_ Pregunté, ya con naturalidad.

_ Te prohíbo que salgas con Regina, eso pasa.

_ Tú estás de coña…