Hola, aquí dejo nuevo capítulo.
No puedo actualizar progresivamente ni prometer que no volveré a estar meses sin publicar, porque el tiempo libre escasea, pero sí que puedo asegurar de que no tengo intención de dejar esta historia. A decir verdad, he tenido que estar en el hospital ingresada para retomarla. Escribir es una buena manera de olvidar un poco el dolor y el malestar (y todas las cosas que tienes que hacer pero no puedes por estar en cama, en eso que llaman reposo absoluto y a mi se me da tan mal). Así que siento que no sean actualizaciones seguidas y se tenga que leer lo anterior para recordar la historia, que sé que es un coñazo.
Por ahora, este es el único fic que seguiré, las demás historias quedan al aire y sin terminar. Hay una persona que quiere continuar Estaba Raro y a la que he dado permiso para hacer un final, pero las demás... Simplemente no puedo asegurar nada.
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CAPÍTULO 23
21:14, Nochebuena
Rick sonrió embobado. ¿Cómo había estado tan ciego? Esa era la pregunta que, desde hacía un par de días, se hacía una y otra vez. Y no pudo evitar hacérsela de nuevo ante la escena que tenía frente a él.
Tapadas por una manta verde, de dibujos de árboles de navidad y muñecos de jengibre, Kate y Alexis estaban tumbadas en el sofá viendo una película navideña sobre elfos. La risa de Alexis se escuchaba a intervalos por el comedor, seguida por la suave voz de Kate. La policía, lejos de quejarse por el dolor, había subido a la pequeña sobre su cuerpo tumbado, rodeándola con sus brazos tan protectoramente que Rick apenas pudo prestar atención desde el principio de la película.
Lo único que podía hacer era mirar, con los ojos repentinamente picosos, cómo Kate besaba la frente de su calabaza cada dos minutos exactos, acariciándole el pelo rojizo con la punta de sus dedos en un gesto que, poco a poco, fue trasladándose a la sien de la niña. Rick vio a su novia acariciando en círculos esa parte de la cabeza de la niña, con suavidad, totalmente concentrada en la respiración de la pequeña.
Y el corazón de Rick estalló al darse cuenta de lo que estaba haciendo.
La estaba durmiendo.
Después de cenar Alexis había estado hiperactiva con el tema de Santa, dando saltitos y recordando que Papa Noel dejaría regalos en el árbol de navidad. La verdad es que Rick pensaba que tardaría siglos en hacer que la niña durmiera aquella noche, pero Kate estaba obrando su magia y Alexis entrecerraba los ojos poco a poco.
Con una inspiración profunda, Rick se frotó los párpados en un intento de que sus lágrimas no lo traicionaran. Cuando volvió a mirar a su alrededor, vio como el resto de su familia ―se había acostumbrado a llamarlos así mentalmente―, miraban a Kate y Alexis como lo hacía él. Con los ojos llorosos.
Todos se habían dado cuenta de ese modo-madre que Kate tenía, todos. Y él había tardado demasiado en darse cuenta.
Jim acercó su silla de ruedas al pequeño sillón de dos plazas que Rick compartía con Johanna, ya que había permanecido al lado de la mesita café, lo suficientemente alejado y cerca de ambas Beckett que no le dirigían palabra. Martha había optado por coger una silla del despacho y sentarse al lado del sofá donde estaba Kate.
―La niña está apunto de dormirse ―susurró Jim para que solo lo escucharan Rick y Johanna, aunque no quitó ojo de su hija y la sonrisa embobada que tenía mientras besaba la cabeza de Alexis―. Dios, actúa como una ma...
Johanna tiró un cojín a la cara de su marido. Jim gimió tocándose la nariz con una mano y, cuando miró de nuevo a su mujer, la vio a ella y a Castle con sus dedos índices sobre sus labios y un "schhh" a dúo.
―Johanna es la única que puede pronunciar la palabra madre asociada a ella sin hacer que corra ―susurró Rick.
―Lo siento ―siseó el hombre a modo de disculpa―. Aún me sorprende verla así. Estaba tan centrado en mis cosas, que mi hija tuvo que apuntarme con una muleta para darme cuenta de su modo... eso.
Los tres dirigieron su vista hacia el sofá, donde una Alexis dormía como un gatito acurrucado en el pecho de Kate. Y los tres sonrieron con las mismas sensaciones en sus pechos.
―Creo que es hora de empezar con el plan ―informó Johanna alcanzando las muletas con una mano.
Rick asintió con los ojos tremendamente aguados. No podía quitar su vista del sofá. Delante de él, una sonriente Kate miraba totalmente embobada el sueño de la pequeña. Y por un momento, se murió de ganas por gritar: "Lo quiero todo contigo, Kate".
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Kate acomodó su pierna mala un poco mejor entre los cojines y suspiró. Hacía tiempo que estaba allí sola, en el salón, mirando el televisor apagado sin un solo sonido en la estancia. Sus padres y Martha se habían retirado a sus habitaciones para descansar mientras Rick cogió a Alexis en brazos para acostarla. "Volveré en unos minutos para ayudarte a subir, no te muevas" le había dicho él, pero ella ni siquiera lo miró.
Porque seguía enfadada... O hacía ver que lo estaba.
La confesión que había escuchado, las palabras de Martha sobre su hijo, las de su madre, todo, le daba vueltas en la cabeza. Estaba hecha un lío y lo último que quería era que Rick la alzara en brazos para llevarla a su habitación. No quería que la tocara. No quería siquiera que le hablara con ese tono afectuoso que la derretía por dentro. Ni que la desarmara con caricias y gestos de preocupación. Y mucho menos que la mirara con aquel "te quiero" gravado en sus ojos que ahora sabía leer.
Pero, sobre todo, no quería tener esas malditas ganas de abrazarlo y volver a escuchar esa confesión.
―Maldita confesión ―siseó más para ella que para el silencioso salón. Porque era eso lo que lo había cambiado todo. Si tan solo se hubiera quedado en su habitación aquella noche, si no hubiera subido a su silla de ruedas para cruzar aquél fatídico pasillo, ella no tendría esa pelea interna por seguir cabreada con Castle.
Una parte de ella le decía que Martha y Johanna tenían razón, que Rick podía haber estado asustado por cómo reaccionaría ella y su instinto le hizo decir aquel "Alexis no es tu responsabilidad". Pero la otra seguía enfadada por haberla distanciado de las cosas que quería saber de Alexis y, a la vez, le decía que en realidad Rick no quería "compartir" a su hija.
Inspiró con fuerza ante la simple idea. ¿Y si él nunca dejaba que ella se hiciera responsable de Alexis más allá de unos cuantos días al año? Ella no estaba segura de poder esperar que él se fuera de gira para poder pasar más tiempo con Alexis. La sola idea le dejaba sin aire. Vale, Rick le había dejado más tiempo con la niña, pero eso podía ser para hacerla sentir mejor sólo como algo temporal. Él había sufrido en su último matrimonio, apenas habían hablado de eso pero lo sabía. Alexis y él sufrieron en la separación, era lógico que Rick no quisiera hacer sufrir a su niña de nuevo, que él no confiara plenamente en ella con su hija. Que la mantuviera alejada de las responsabilidades de la escuela, médicos, problemas...
―Ya estoy aquí.
Kate dio un respingo ante la voz de su novio. Volteó la cabeza para mirarlo y no pudo evitar entre abrir la boca en un gesto de sorpresa.
Rick estaba delante de la escalera, sí, pero con la silla de ruedas entre sus brazos.
Kate miró la silla con la boca abierta y luego a él. Pero no dijo ni preguntó nada, tan solo pestañeó.
―He bajado la silla ―dijo él bajando la susodicha al suelo con suavidad, evitando hacer ruido. Se acercó poco a poco a ella, como midiendo la posible reacción de ella. Pero Kate no tenía intención de hablar. Aunque se muriera de ganas por saber qué hacía esa silla allí.
―He pensado que la silla nos ayudaría ―explicó él como si no necesitara oírla preguntar para saber qué la inquietaba―. Sé que debes preguntarte para qué pero por favor, espera un momento aquí. ¿Vale? Te prometo que te lo explico todo ahora.
Él sabía hacer eso muy bien, leerla con la mirada. Desde el principio de su relación habían adquirido ese grado de "telepatía" ―como lo había llamado su madre una vez― con Rick. A veces solo con mirarse a los ojos podían saber si el otro estaba incómodo, contento o quería decir algo pero no se atrevía. Rick era un experto en leerla. Él la cuidaba, la hacía feliz y... También la quería.
Kate tuvo que agachar la cabeza para que Rick no viera el repentino sonrojo de sus mejillas.
Él debió tomar aquél gesto como un asentimiento, porque dejó la silla frente a ella y corrió hacia su despacho. Cuando volvió, Kate lo miró con la cabeza aún agachada.
―Vale, está todo preparado en el despacho ―informó él y, luego, cambió el tono al de un niño indeciso―. Necesito... Necesito que subas a la silla.
El titubeo de la voz de Rick se vio contrastado con el temblor de la mano de él, que señalaba la silla de ruedas. Kate lo miró sin mostrar ninguna emoción. Al menos exteriormente, por dentro el corazón se le aceleraba cada vez que los ojos de él la miraban. Esos mismos ojos azules con ese brillo especial que ahora sabía leer.
Te quiero, le decían.
― ¿Kate?
Ella desvió la vista en un intento de no quedarse mirándolo embobada otra vez. Se concentró en ver el televisor apagado, aunque podía notar la mirada de Rick sobre ella como la de un niño asustado.
― ¿No quieres subir? ―siseó él con la misma fragilidad emocional que Kate tenía en ese momento.
Era tan fácil no decir nada y dejar que Rick lo interpretara como un no...
Pero algo dentro de Kate le hizo mover una mano hacia él, pidiendo una ayuda que Rick no tardó en ofrecer. Él la alzó para ponerla sobre la silla con extremo cuidado, la besó en la frente y esperó a que sus ojos conectaran para susurrar:
―Gracias.
Kate tragó saliva para intentar no responderle. Unos segundos más y habría contestado, pero por suerte él se incorporó antes.
Rick tomó la silla de ruedas y la condujo hacia el despacho. Al entrar, Kate no pudo evitar abrir la boca. La habitación estaba llena de papel de navidad, cajas de juguetes y cintas rojas de decorar. Él paró la silla justo en medio de la habitación.
―Son los regalos de Alexis ―explicó él a sus espaldas.
Kate volteó la cabeza para mirar a Rick con las cejas levantadas. ¿Los regalos de Alexis? Le dijo con la mirada. Y él pareció entenderla, porque asintió.
―Tus padres me han ayudado con esto en secreto. Mientras estaba en el comedor, ellos han ido poniendo los regalos aquí sin que Alexis se enterara ―hizo una pausa en la que inspiró con fuerza―. Verás, cada año envuelvo los regalos unos días antes, pero esta vez tuve otras preocupaciones y... Y también pensé que podríamos hacerlo juntos.
La boca de Kate se abrió a punto de formar una palabra, pero logró contenerse a tiempo. Rick se tomó aquél gesto como un signo de enfado.
―Ya he estropeado muchas tradiciones navideñas este año, como la decoración del árbol ―susurró él―. Pero me gustaría hacer las cosas bien.
Kate lo miró atenta, indicando que continuara.
―Como sabes, Alexis y yo hemos estado solos mucho tiempo. Mis anteriores relaciones huían cuando sabían de su existencia, por eso se me hace extraño que alguien ajeno a mí o a mi madre se preocupe por mi pequeña.
¡Yo me preocupo! Chilló Kate en su cabeza tensando visiblemente su espalda.
―Sé que te preocupas por ella ―le leyó la mente él y ella relajó los hombros un poco―. Y también sé que darías lo que fuera por hacer que mi niña sonría.
Kate se destensó por completo.
―Por eso quiero compartir mis responsabilidades de Alexis contigo.
Y Kate volvió a abrir la boca, pero esta vez sin intención de hablar o decir algo. Ni queriendo hubiera podido decir algo coherente en ese momento.
―Alexis es lo que más quiero en este mundo Kate, y yo confío en ti para cuidar de ella. Quiero que mi hija te tenga como modelo femenino en su vida, que la aconsejes en los temas femeninos, que seas su confidente y en un futuro me ayudes a buscar los antecedentes de sus posibles novios. Me gustaría añadirte al número de contacto de su escuela, que seas tú la que vayas conmigo a las reuniones. Y esto ―señaló los regalos por envolver de Alexis―, esto también lo quiero compartir. Quiero añadirte en nuestras tradiciones navideñas y crear juntos nuevas tradiciones.
―Pero Alexis ya tiene una madre ―dijo con voz ronca ella.
Los ojos de él se oscurecieron por un momento para luego brillar con una intensidad que estremeció a Kate. Parecía querer comerla con la mirada. Cuando ella se dio cuenta de que había hablado se mordió el labio con impotencia. Pero no podía callarse cuando el tema principal era Alexis.
―Meredith antepone su trabajo a su hija, Kate ―susurró él―. No es una buena madre.
―Eso no cambia que ella sea su madre.
Kate lo vio inspirar una bocanada de aire, que luego soltó en un gran suspiro. Si no lo conociera, hubiera pensado que se estaba conteniendo o guardando algo para él, pero Rick era un hombre con la mentalidad de un niño de nueve años, y la mayoría de veces no tenía filtro. Como cuando le dijo que ella no tenía la responsabilidad de cuidar de Alexis.
Así que verlo callado durante más de un minuto con los ojos cerrados, como si seleccionara las palabras antes de soltarlas, la sorprendió.
―Es cierto, ella es su madre. Pero tú eres mi novia.
La mirada que él le dio la dejó sin aire.
―Confió en ti para cuidar de mi hija ―repitió―. No te estoy obligando a que seas su madre si no quieres ―puntualizó―, pero puedes hacer lo que estás haciendo ya con ella. Cuidarla y escucharla cuando Meredith no esté.
― ¿Cuidarla cuando su madre no esté?
―Sí.
Ella desvió su vista a los regalos sin envolver. Y se mordió el labio. Estar allí para Alexis cuando no estaba su madre no era usurpar su puesto, ¿no? ¿Podía hacerlo?
― ¿Ella está de acuerdo? ―susurró mirándolo de reojo.
― ¿Ella?
―Su madre.
―Meredith me dio la custodia completa Kate, a ella no le importa siempre y cuando pueda seguir con su trabajo. Se conforma con verla dos veces al año y llamarla de vez en cuando.
Kate no entendió por qué la mujer no quería pasar más tiempo con su propia hija, pero se limitó a asentir. Rick quería compartir sus responsabilidades de su niña con ella.
― ¿Entonces por qué dijiste eso en el hospital?
―No quería decir lo que dije Kate ―gimió él―, actué como un imbécil y te pido perdón por no contarte nada de Alexis antes. A partir de ahora te lo contaré todo. Porque eres mi novia, la persona en la que más confío. No me guardaré nada para mí de Alexis, porque eres parte de nuestras vidas, una parte muy importante.
Kate tragó saliva completamente muda. Sus ojos no se desprendían de los azules de él, no podía. Había demasiada sinceridad en ellos como para ignorarlos, además de ese "te quiero" en forma de brillo especial.
― ¿Me dirás todo sobre Alexis? ―su voz sonó como un débil gemido ahogado―. ¿Todo?
El brillo especial de los ojos de él aumentó al mencionar a Alexis.
―Todo ―afirmó él casi roncamente.
Kate asintió y miró los regalos.
―Vale.
― ¿Vale? ―preguntó agudamente él. Y cuando Kate volvió su mirada hacia su novio, pudo ver al niño oculto de nuevo en él. Un niño que la miraba emocionado. Kate sonrió contagiada por la felicidad de él.
―Siempre he estado ahí para Alexis, Rick, necesito estar ahí para ella como lo estoy para ti. No ocuparé el lugar de su madre, porque ella ya tiene una, pero seré su mejor amiga. Y te ayudaré en todo lo que pueda, como envolver estos regalos.
Él se inclinó, y antes de que ella pudiera entender qué hacía, puso sus manos sobre las mejillas de ella y la besó. Fue un toque de labios suave y rápido, como un agradecimiento sincero.
Luego, Rick se enderezó y la miró sonriente. La sonrisa de él creó una sensación cálida en la boca del estómago de ella. Y cuando él le empezó a llevar los regalos para envolverlos juntos, Kate sintió un enorme peso caer de sus hombros. Aún tenían que hablar de cosas importantes, como la estupidez de haberla ignorado para contentar a su padre, pero sentía que las cosas se estaban encaminando. Quien sabe, quizás podían terminar las navidades como una familia de verdad. Una familia un poco extraña, pero una familia al fin y al cabo.
