Este fic tiene tres fases, ya hemos pasado dos de ellas y en este capítulo se entra en la tercera. La primera se desarrolla en el acercamiento de Kate y Alexis, en cómo se van conociendo y creando esa necesidad entre las dos. La segunda trata básicamente del inicio "modo madre" y cómo, poco a poco, se van dando cuenta todos menos Kate. Y la tercera fase va sobre Kate y la propia aceptación de ese título, hasta el punto de luchar por él. Estamos en la tercera fase. A partir del siguiente capítulo va a ser divertido ver a Kate aceptando su modo madre. ¡Ya queda poco para el final de la historia!

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Capítulo 24

Kate se despertó con la sensación de unas manitas acariciando sus mejillas. Sin abrir los ojos, sonrió apretando el pequeño cuerpo que estaba a su lado y besó su coronilla con olor a fresas.

― ¡Kate! ―rió su fresita―. ¡Despierta, Santa ya habrá llegado!

―Mhmm ―murmuró ella por respuesta, con los ojos aún cerrados.

― ¡Kate!

― ¿No quieres quedarte aquí un ratito más? ―ronroneó.

― ¡Pero hay regalos abajo!

Estaba segura de que Alexis iba a destaparse en cualquier momento para empezar a dar saltos sobre el colchón, pero era incontrolable el impulso de retenerla entre sus brazos un poco más. Volvió a besar su coronilla y no pudo evitar sonreír de lado a lado. Nunca había agradecido tanto que Rick la dejara dormir esos días con la niña. Porque, ¿despertar la mañana de navidad abrazada a su pequeña chef? Ese momento era especial.

Su propio regalo de navidad.

― ¿Crees que Santa habrá dejado regalos para todos? ―siseó sobre el pelo de la niña con los ojos cerrados, peinándola con los dedos como tanto le gustaba hacer.

Pero en vez de una respuesta eufórica, un por supuesto o algo por el estilo, la niña no dijo palabra. Extrañada por el silencio, Kate abrió los ojos para ver a la niña con los suyos entre cerrados, la nariz fruncida y su boca apretada.

―Quieres distraerme.

No pudo evitar soltar una carcajada. Esa niña tan dulce e inteligente... Con un beso en la nariz de la pequeña, la apretó un poco entre sus brazos antes de soltarla.

―Anda, ves a despertar a papá para que me ayude a bajar.

― ¡Vale!

La niña saltó del colchón con sus pies descalzos.

―Alexis, las zapatillas ―le señaló las aludidas―. No andes descalza cariño, ni bajes las escaleras corriendo ―se incorporó lo que su cuerpo la dejó para poder ver mejor a la niña―. ¿De acuerdo?

La pequeña se puso las zapatillas sin rechistar. Era gracioso el ímpetu que tenía por salir de allí, intentaba ir tan rápida, que falló tres veces antes de colocarse bien las zapatillas. Cuando lo logró, se las enseñó orgullosa a Kate.

―Vale, ahora sí puedes ir a buscar a papá. Baja despacio las escaleras, ¿vale?

―No hará falta que vaya a buscarme.

Un Rick despeinado y aún en pijama se asomó por la puerta de la habitación. Llevaba una sonrisa tímida en la cara, sonrisa que Kate no pudo evitar responder.

― ¿Puedo pasar? ―preguntó él rascándose la cabeza, un gesto nervioso que Kate consideró adorable.

―Pasa, Alexis está ansiosa por bajar a ver los regalos.

― ¡Porque Santa ha dejado regalos! ―saltó la niña sobre sus pies.

―Oh, sí. Vi muchos regalos bajo el árbol ―dijo Rick con voz de niño pequeño y Kate tuvo que poner una mano contra sus labios para contener una carcajada, ya que Alexis había abierto tanto la boca que se había olvidado de respirar.

― ¿Muchos? ―dijo la pequeña con aquella voz aguda emocionada que a Kate tanto le gustaba.

―Muchos y también hay cosas en los calcetines...

― ¡Vamos abajo!

La niña se transformó en un pequeño canguro saltarín, rebotando sobre sus pies mientras apremiaba a su padre para que se diera prisa en ayudar a Kate. Era gracioso ver rebotar los mechones pelirrojos de la niña sobre su cara, con su pijama rosa de ositos de peluche.

Kate pasó de mirar a la pequeña a posar sus ojos en Rick. Él se estaba acercando a ella con ese brillo especial en la mirada, se agachó y besó su mejilla durante por lo menos doce saltitos de la niña.

Cuando se separó, Kate no pudo evitar sonreír de forma embobada. El te quiero de la mirada de él era demasiado obvio.

―Buenos días ―susurró él a un palmo de distancia de la cara de ella―. ¿Qué se siente al despertar la mañana de navidad con cierta revoltosa?

―Me encanta.

Aquello había salido sin ningún tipo de filtro por la boca de ella. Se podía notar la ilusión y la alegría solo en su tono de voz, a parte de un atisbo de agradecimiento que, seguro, no pasó desapercibido por Rick, pues él besó su mejilla de nuevo.

Al separarse, y ante la insistencia de la pequeña saltarina, Rick la ayudó a quitarle las mantas y la levantó entre sus brazos al puro estilo nupcial.

Luego empezó a caminar con lentitud por el pasillo.

Kate lo rodeó por la nuca con sus brazos. Su cercanía siempre la hacía sentir segura, protegida, y desde la noche anterior, había decidido aflojar un poco el enfado con Rick y dejarse llevar. Darle una pequeña tregua. Todavía tenían cosas que hablar, pero ese día era navidad, su pequeña chef iba a abrir los regalos que ellos mismos había envuelto la noche anterior, y Kate quería que su novio estuviera cerca. ¿Así que por qué controlar las ganas de posar su cabeza en el hombro de él?

Rick le sonrió cuando ella acomodó su nariz en el cuello de él, aspirando su aroma antes de suspirar.

―Vamos a bajar las escaleras. Si te duele la pierna me avisas, ¿vale?

Kate asintió. La voz de él desprendía una ternura que la incitaba a cerrar los ojos y disfrutar del momento, pero al escuchar a Alexis saltar cerca del primer escalón, abrió los ojos de golpe.

― ¡Alexis, nada de saltos en la escalera! ―le recriminó en brazos de Rick―. Te puedes hacer daño cariño, sé que estás emocionada, pero los regalos no se van a ir a ningún lado. Baja despacio delante de papá y agárrate a la barandilla, ¿sí?

La niña paró de golpe, bajó la cabeza y se tocó las mangas del pijama al ser reñida. Pero cuando Kate la llamó cariño y suavizó su voz para explicarle el por qué, Alexis sonrió con sus mejillas pecosas rosadas. Después asintió y bajó como ella le dijo.

Kate observó con atención como la niña bajaba las escaleras por delante de ellos. No le quitó ojo, ni siquiera cuando Rick retomó su descenso. Aunque giró la cabeza hacía él cuando este la besó en la frente.

― ¿Ves cómo eres la mejor cuidando a mi niña? ―susurró él con la voz algo rasposa, y Kate tuvo que volver la cabeza hacia Alexis al notar sus labios demasiado cerca.

― ¡Kate, papá! ¡Él árbol está lleno de regalos! ―dio saltitos la niña al llegar a la planta baja.

Fue en ese momento, entre el penúltimo y el último escalón, que Kate se fijó en el comedor. Estaban todos allí. Martha al lado de su nieta con una bata elegante, hablando con la pequeña de los calcetines que adornaban la chimenea. En la cocina, Johanna hacía el desayuno tarareando una canción. Y Jim giraba las ruedas de su silla hacia el comedor con una sonrisa suave.

―Buenos días cariño ―la saludó Jim, y aunque Kate seguía un poco enfadada con él por hacer llorar a su pequeña chef, le devolvió el saludo. Era navidad y quería pasar el día lo mejor posible. Además, estaba contenta, para que negarlo.

―Buenos días papá.

Martha y Johanna la saludaron también.

―Voy a dejarte en el sofá para buscar la cámara de vídeo, me gusta grabar estos momentos ―informó Rick con otro beso en la frente de ella―. Vigila a la saltarina, no tardo.

Cuando él la dejó, ella observó a Alexis contando los regalos entre saltos. La niña se giró para correr hacia Kate, se subió en su regazo con cuidado de no molestar su pierna herida, y le rogó abrir los regalos. Kate tuvo que reírse de la cara con puchero incluido que la niña le dio, besó sus mejillas pecosas y le pidió cinco minutos más para que su papá volviera.

Rick no tardó en aparecer cámara en mano, grabándolas con una sonrisa.

―Que escena más bonita. Si hago una captura del vídeo saldrá una buena foto para mi despacho ―dijo Rick.

Kate le devolvió la sonrisa a su novio, apretó a Alexis entre sus brazos y con la cámara enfocándolas, frotó su mejilla contra la de la niña, que no tardó en quejarse por sus regalos. La soltó entre risas y su pequeña chef salió corriendo hacia los regalos. Cuando Kate levantó la vista, Rick reía mirándola a través de la pantalla de la cámara, sonriendo de lado a lado.

Ella le devolvió la sonrisa de nuevo. Tenía la impresión de que aquél iba a ser un gran día.

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―Ha sido un gran día ―dijo Rick a sus espaldas, fregando los últimos platos que quedaban en la cocina.

Desde el sofá del comedor vacío, Kate oprimió el regalo que él le había hecho horas atrás contra su pecho. Sí que lo había sido. Abrir los regalos con una Alexis emocionada; jugar con ella y Rick con la nueva casa de muñecas de Santa; desayunar juntos; hacer galletas con Alexis y Johanna mientras Rick intentaba ayudarles sin mucho éxito; y ver películas hasta que Alexis se durmió en brazos de Kate. Había sido un día perfecto con su familia. Un día perfecto con un regalo perfecto.

Con la punta de sus dedos, Kate acarició su regalo sin poder evitar que su corazón aleteara otra vez en su pecho. Maldito hombre cariñoso, atento y amoroso.

¿Cómo iba a estar más tiempo enfadada con él si todo lo que hacía, fuera correcto o no, lo hacía pensando en ella?

Como, por ejemplo, regalarle un álbum de fotos de Alexis.

Ella no le había regalado nada, estuvo unas semanas pensando en hacerlo pero después del accidente, simplemente, le fue imposible. Aunque Rick se las había apañado para dejarle un paquete con forma de libro bajo el árbol de navidad, con un "para Kate" en él.

Un álbum de fotos de su pequeña fresita.

Kate abrió la tapa del cuaderno de piel con cuidado, sonriendo como una tonta cuando la ecografía de una pequeña Alexis la saludó en la segunda hoja. Volvió a pasar la página para ver una imagen de Rick besando los pies chiquitines de Alexis. Y no lo pudo evitar, sus ojos se humedecieron de nuevo.

Aquel regalo era perfecto. Estaba todo, sus primeros pasos; la primera palabra apuntada al lado de una foto del día que la pronunció; su primer día de guardería... Estaban todos los momentos importantes de la niña. Incluso fotos de sus cumpleaños con sus regalos.

― ¿Estás bien?

Kate alzó la cabeza para ver a su novio en el respaldo del sofá, preocupado.

―Sí, solo... Me encanta el regalo ―confesó mirando de nuevo la foto―. Era perfecta... Es perfecta ―rectificó.

El sofá se hundió ligeramente a su lado, luego notó la cercanía de su novio y los brazos de él rodeándola en un abrazo lateral. Ella aceptó el gesto sin pensárselo, soltando un gran suspiro cuando él besó su sien amorosamente.

―Me alegra de que te guste el regalo.

―Me encanta Rick ―volvió a repetir ella.

―Te dije que iba a contarte todo lo relacionado con Alexis y, si tu quieres, voy a cumplirlo empezando por cada foto de ese álbum.

Ella lo miró.

―Claro que quiero ―contestó como si fuera obvio.

―Lo sé Kate, lo sé ―la besó en la sien―. Y te prometo que te contaré poco a poco todo, no hoy, pero no faltará un día en el que no te cuente algo.

―Más te vale.

Rick rió asintiendo con la cabeza, como si supiera de verdad lo que ella le haría si no cumplía con su palabra.

―Además, el álbum tiene páginas vacías en las que tú saldrás a partir de ahora.

― ¿Puedo poner la que nos hicimos mientras cocinamos en mi casa?

―Claro ―él la volvió a besar en la sien y la acarició en silencio durante un buen rato. Ella cerró los ojos y se dejó acariciar, completamente cómoda en el abrazo de aquél hombre cariñoso, amable, amoroso y... Maldita sea. No podía irse a dormir una sola noche más estando enfadada con él.

Con toda la fuerza que encontró, ella se separó del abrazo. No mucho, solo lo suficiente como para crear cierta distancia que la dejara pensar. Luego dejó el álbum sobre el sofá y suspiró largamente.

―Rick...

― ¿Tenemos que hablar verdad? ―adivinó él y ella lo miró mordiéndose el labio.

Ella asintió y Rick se acomodó para sentarse más alejado de ella.

―Fui un imbécil ―sentenció Rick―. Tu padre me odiaba y yo no quería acrecentar su odio...

―Así que me ignoraste para que te odiara yo ―chasqueó los dientes Kate―. Dios Rick, me daba igual lo que pensara mi padre, yo solo quería la atención de mi novio, que me cuidases.

―Intenté hacer las cosas bien ―gimió él―, pero fue una mala decisión. Ahora lo sé.

Ella lo miró con los brazos cruzados y los ojos medio achicados, con un "sí, fue una mala decisión" grabado en la mirada.

Rick agachó la cabeza y en un susurro, dijo:

―En el fondo, creo que el problema fue que me puse en su lugar.

― ¿En su lugar?

―Kate, yo también soy padre. Alexis es una de las cosas más importantes de mi vida y si un hombre mayor que ella viniera y me dijera: "Hey, soy el novio de su hija y tengo una hija" lo estrangularía.

Kate relajó los hombros y lo miró mordiéndose el labio. Aquél hombre era un auténtico papá oso.

―Son solo cinco años de diferencia ―rodó los ojos ella―, y tu hija no es una cosa mala, ni un punto en tu contra. Es muy especial. Si mi padre no puede darse cuenta de eso es que es un tonto.

―Creo que tu padre se dio cuenta, Kate, se dio cuenta de muchas cosas a la vez ―ella arqueó una ceja hacia arriba pero él la cortó antes de que fuese a preguntar―. En mi mente ganarme la simpatía de tu padre era importante porque, bueno, él es tu padre, tu familia, y yo solo quiero hacerte feliz.

Vale, si las defensas de Kate estaban menguando a medida que avanzaba la conversación, en ese punto estaban totalmente derribadas.

―Rick...

―Pero lo hice todo mal. Debí... debí haber hablar contigo, así, como lo hacemos ahora. Pero un miedo absurdo a que dieras la razón a tu padre me cegó y...

Kate se inclinó, lo cogió del cuello de su camiseta con ambas manos y lo estiró hacia ella, juntando sus narices. La cercanía fue suficiente para callar a Rick y robarle el aliento.

―Ni delirando me separaría de vosotros, Rick ―sus respiraciones se acariciaban entre si―. Así que no más miedos ―le exigió y lo escuchó inspirar―. Cuando tengas miedo o estés inseguro hablamos. Pero nada de huir.

―Nada de huir ―repitió mirando los labios de ella con un suspiro.

Kate se fijó en ese pequeño detalle y no lo pudo evitar: lo besó. Fue un contacto fuerte, desesperado, muy diferente del beso de agradecimiento de la noche anterior. En este beso estaban todas las ganas contenidas de ambos. Rick se acercó más a ella, sentándose a su lado del sofá para poder abrazarla. Ella rodeó su cuello con ambos brazos y profundizo el beso.

Durante un buen rato no pensaron en nada. Solo se besaron en aquél sofá de cuero, con las luces del árbol de navidad parpadeando aún en un rincón del comedor.

Hasta que la falta de aire le hizo separarse.

Con las narices casi tocándose entre si, ella lo miró con una sonrisa que él correspondió. Y ahí se quedaron, Rick perdido en sus ojos y ella mordiéndose el labio con las mejillas rosadas.

―Entonces ―susurró ella dispuesta a aprovechar la complicidad del momento―, ¿hay algo más?

― ¿Algo más?

―Sí, algo, no sé. Hemos dicho que nos lo diríamos todo...

Él arqueó las cejas hacia arriba y ella volvió a morderse el labio inferior.

―Creo que ya lo he dicho todo.

― ¿Seguro? ―insistió ella―. ¿Todo, todo?

―Sí...

― ¿Entonces no hay nada que quieras decir, algo que ya hayas confesado a mi madre, por ejemplo?

Durante unos segundos, Rick la miró sin pestañear, luego sonrió y susurró:

―No pienso dormir en el sofá hoy.

Y Kate miró el techo con desesperación.

― ¿Le dijiste eso a mi madre? ―la sonrisa de él se esfumó, casi palideciendo.

― ¡No! No le dije nada así, pero...

―No tienes nada más que decir, vale, lo entiendo ―se separó de él―. ¿Me subes a la habitación? Ya es tarde y tengo sueño.

―Kate...

―Por favor Rick.

Rick miró la pierna mala de ella antes de asentir.

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Rick la subió en brazos hasta la habitación de ella. Una vez allí la acomodó en la cama, la tapó y bajó a la cocina para buscar un vaso de agua y la medicación de ella, que le tocaba en unas horas.

Cuando él entró a la habitación la vio allí, con los ojos cerrados fingiendo dormir. Y Rick no pudo evitar sonreír. Era tan cabezota como terca, pero la quería tal cual.

Con la tenue luz de la lámpara de la mesita de noche, se acercó y dejó el vaso con la medicación al lado del despertador. Luego, se sentó en el borde de la cama y la observó fingir estar dormida. Las lineas de su rostro eran tensas y sus labios se apretaban sutilmente entre ellos, creando una arruga divertida en su barbilla. Pero era preciosa.

―Estás enfadada ―susurró acariciando la mejilla de ella con suavidad―. Estás enfadada y aún así te quiero.

Ella abrió los ojos de golpe, lo miró a los ojos y... oh Dios, que sonrisa.

―Me quieres ―susurró ella y él entendió todo de golpe. Lo que él había confesado a su madre, claro, ella debió escucharlo. Y por la expresión de su rostro y sus ojos brillantes, quería escucharlo más a menudo.

Perfecto, porque él no sabía si podía contenerse más.

―Te quiero ―susurró él en la afirmación más sincera que había dicho en su vida. Y Kate lo empujó hacia ella para besarlo.

Por primera vez desde que acogió a los Beckett en su casa, Rick no durmió en el sofá.