Capítulo cinco: El ángel de la muerte. I parte
Sintiéndose aún totalmente inseguro, pero aún así con todas las defensas y sus sentidos en alerta, el príncipe más joven del reino Turco, (Fussili: vienen de Turquía, me costo decidir pero ¡he aquí!) de repente, el Faraón se detuvo, Yugi lo hizo también ya que caminaba tras Yami y no quiso chocar con él.
Yami estaba parado frente a un hermoso atardecer, Yugi lo observaba desde atrás, el sol dorado y lanzando líneas azules y naranjas por los lados, pájaros sobrevolaban las costas del Nilo para buscar algo de comida, la colina donde estaban parados de pastos tan verdes y suaves que parecían del paraíso, las risas de los niños jugando en las tierras más bajas, el Nilo de un color verde agua claro que dejaba ver la silueta de los peses en sus aguas, y los pescadores alistando sus redes para el próximo día que se acercaba, ese fondo, hacía ver al Faraón, quien recordemos estaba de espaldas a Yugi y elevado de la vista de su pueblo, lo hacía ver, simplemente, hermoso a la vista del joven, bronceado, ameno, pacifico, como desearía Yugi abalanzarse sobre su cuerpo y saborearlo como ninguno lo haría jamás y darle a ese joven el placer más grande de su vida, aunque fuera aún inexperto y joven.
Yami: - Sonando tranquilo, como si la paz del lugar lo hubiera invadido, se hacía escuchar - ¿Sabes por qué te he traído hasta aquí pequeño?
Yugi: - Algo, que digo algo, muy enfadado y hasta ofendido por haberlo llamado pequeño – No Señor, y francamente no m interesa en lo absoluto, y deje de llamarme pequeño, no lo soy.
Yami: - Lanzando un suspiro - ¿Por qué eres así? Aún eres un niño, no creo que seas mayor que yo, eres el menor de tus hermanos, deberías ser el más alegre… ¿Cuántos años tienes?
Yugi: - Bufando por la respuesta de Yami – tengo 14, estaba algo asustado, normalmente no soy así pero tengo miedo – dice sinceramente tratando que las lágrimas no se corrieran por sus mejillas, pero estas no tardaron en traicionarlas, lo que hizo que nuestro joven amiguito agachara la cabeza, ya que no le gustaba que lo vieran llorar.
Yami: - Quedando de frente a Yugi – Supongo que ahora no tienes miedo verdad – con sutileza le seca las lágrimas que caen por su mejilla, Yugi se sonroja y no sabe como reaccionar así que solo se queda allí en su lugar, disfrutando de las caricias del Faraón, gozando su compañía, y de sus suaves toques que lo enloquecían, pero sin dignarse a mirarlo – Mírame Yugi, ¡mírame!
Yugi: - Estaba más nervioso, el Faraón le había levantado la vos y lo peor era que parecía molesto, pero aún así, no levanto su mirada, siguió sollozando pero esta ves más fuerte, era un chico delicado, pero fuerte, solo que no sabía lidiar con aquellas emociones. – Faraón, lo haría si usted no me diera miedo, le tengo miedo ¿sabe? – Levantando su rostro y mirando fijamente a Yami – Me siento de alguna manera amenazado por usted, no es usual en mí pero siento que… siento que…
Yami: - Con evidente preocupación en su vos – Sientes que…
Yugi: - Yo… - no pudo continuar, si hubiera hablado más seguro habría revelado que se había enamorado del Faraón de tan solo verlo, por eso decidió callar y bajar su mirada de nuevo.
Yami: - Lo siento Yugi, perdona, es que, no se como lidiar con esto, cuando estoy junto a ti siento que nuevas emociones nacen en mi pecho, no puedo controlarlas, todo es tan confuso que yo… no puedo. ¿Olvídalo si? Empecemos de nuevo, quiero conocerte mejor – Esto último con una sonrisa en su rostro… Yugi mientras, escuchaba todo atentamente, como hubiera deseado que continuara, que le dijera que le amaba tanto como él al Yami, pero se dijo que lo mejor era eso, conocerse, así tal ves se sienta mejor para decirle lo que sentía, más adelante.
Yugi: - Está bien, pero no mas gritos.
Yami: - Gracias pequeño – Depositó un suave beso en su frente, se sentaron en la hierba y Yami empezó a preguntar - ¿Cómo te llamas?
Yugi: - ¿Ahhh? ¿Yugi? – Sin entender lo que Yami quería preguntarle.
Yami: - No me refiero a eso pequeño, sino a tu nombre completo, yo soy Yami Atemu DiKalefh III, hijo de Aknamkanón el Grande, anterior Faraón de Egipto, de la dinastía DiKalefh, ¿y tu?
Yugi: - Jeje pues, yo soy Yugi Aroeris Arshak, hijo de Pegasus el conquistador, de la dinastía kabīr كَبِير (N.F: Arshak realmente es un nombre, pero como no tengo imaginación ahora, allí está el apellido; y sip, así se escribe kabīr en árabe)
Yami: ¿kabīr eh? Es un nombre muy hermoso, ¿sabes que significa aquí en Egipto? – Mirando con cierto aire de soledad en horizonte.
Yugi: - En realidad no Su Majestad, dígamelo por favor. – Curioso por saber que significaba ello.
Yami: Significa grande, grandioso, puedes verlo como quieras, pero para mí, es una palabra muy importante.
Yugi: -¿Sabe qué palabra es aún más hermosa Señor? ṣadīq صَديق significa amigo – lentamente fue apoyando su hombro sobre el pecho del Faraón, ahora ambos estaban recostados sobre la hierba y miraban el cielo, al menos Yami hacía eso, porque Yugi se concentraba más en sentir la respiración del soberano y la palpitación de su pecho desnudo.
Yami: - Sí, es una palabra muy hermosa – grabando este momento con fuego en su memoria, para nunca olvidar.
Yugi: - ¿Puedo contarle un secreto Faraón? – Después de mucho rato sin hablar, a Yugi se le dio por contarle algo a Yami, y algo en Yami parecía inquieto, le decía que no le iba a gustar lo que le iba a contar.
Yami: - ¿Qué es pequeño? Dime, tienes mi palabra que no se lo contaré a nadie.
Yugi: - Señor, en mi pueblo, en el palacio, me escondían de las personas, decían que era una abominación, un fenómeno, solo mis hermanos me entendían – De nuevo empieza a llorar. – Me decían Engel des Todes (En realidad está en alemán no en árabe, no sé como se dice lo que quiero decir en este idioma)
Yami: - ¿Y eso que significa mi pequeño ángel de luz? - Sin darse cuenta que esto solo dañaba más al príncipe.
Yugi: - Significa…
To Be Continued…
