Seguramente os saldrá un aviso de que he subido dos capítulos, pero en realidad es solo uno más el prólogo, que lo separé del capítulo uno pero no he querido subirlo hasta tener un capítulo que publicar.

7777

Capítulo 26

―Alexis, escúchame...

― ¡No!

Kate miró al techo, maldijo hacia él sin alzar la voz y volvió a mirar la puerta de la habitación de la niña.

―Abre la habitación ―pidió con voz calmada.

― ¡No!

―Alexis, por favor, tenemos que hablar.

― ¡No!

― ¿Puedes decir algo que no sea "no"?

― ¡No!

Kate miró hacia el pasillo para encontrar a su novio apoyado en la pared, a unos pasos de ella, con los brazos cruzados y una sonrisa suave, alentadora.

―Paciencia ―le susurró Rick y Kate quiso reír.

Paciencia. Eso era lo que ella había tenido durante los últimos ocho días. Ocho días en los que tuvo que armarse de grandes dosis de tolerancia cada noche que se acercaba al loft. Ya no era que Alexis siguiera con la mitad de su ropa en la habitación y se negara a devolvérsela. No era solo eso. Es que la niña, que cuando la veía se abrazaba a ella y tenía un comportamiento normal durante la cena, estallaba en grandes rabietas cuando Kate comunicaba que se tenía que ir a su apartamento.

Rabietas que solían terminar con la niña encerrándose en su habitación y que Kate nunca pudo aplacar antes de irse a su apartamento.

De poco sirvió la charla concienzuda que tuvo con Alexis la misma noche del incidente de la maleta. Kate le aseguró que no iba a marcharse de su vida, que seguiría allí para ella. Pero, al parecer, no sirvió de nada. Ni siquiera la promesa de volver al día siguiente lograba complacer a la niña. Daba igual lo que hiciera, Alexis siempre lloraba cuando ella se iba.

Pero esa noche Kate no se iba a dar por vencida.

Solo tenía que buscar otra estrategia, intentar de otra manera de hacer las cosas.

―Bueno, ¿quieres que te cuente un cuento antes de irte a dormir? ―susurró Kate. Esa vez la respuesta de Alexis tardó un poco más en llegar.

― ¡No!

― ¿No quieres que te arrope?

―No...

―Me muero de ganas de darte un beso de buenas noches cariño ―su voz era tan aterciopelada como dulce.

Alexis no contestó.

―Quiero sentarme a tu lado y hablar hasta que te quedes dormida. Quiero cantarte, me gusta cantarte mientras te acaricio el pelo.

Durante dos largos minutos no se escuchó nada al otro lado de la puerta. Ella esperó en silencio, mirando un par de veces al final del pasillo donde Rick le sonreía dándole ánimos.

Con el apoyo incondicional de su novio, Kate volvió su atención a la puerta de la niña y posó su mano en la madera fría.

Podía escuchar los pies de Alexis pisar el parqué en un mismo punto, como cuando se restregaba la pierna con un pie aguantando el equilibrio para rascarse. Un gesto que solo hacía si estaba muy insegura.

Así que Kate hizo algo que ni siquiera pensó. Cerró los ojos, inspiró con fuerza y empezó a cantar.

La melodía que surgió de su boca fue tan suave y dulce, que pudo escuchar a Rick gemir detrás de ella. Pero Kate siguió cantando con la mano sobre la puerta rosa, controlando la respiración con los ojos cerrados para entonar cada nota.

Cuando terminó la canción la puerta rosa siguió cerrada.

Un nudo en la garganta se instaló en Kate al no escuchar ningún movimiento en la habitación. Tragó saliva y cantó otra canción de cuna con los labios temblando. La puerta siguió cerrada, así que Kate se sentó en el suelo, puso su cabeza en la madera rosa y siseó otra canción con las yemas de sus dedos acariciando la puerta.

La nana terminó y ella cantó otra, luego otra y otra

―Kate.

El murmullo de Rick al fondo del pasillo hizo que ella girara la cabeza. Su novio la miraba con una mezcla de emociones que oprimieron un poco más el pecho de Kate, si era posible. Ella no se merecía eso, no se merecía el amor incondicional de los ojos llorosos de Rick, ni el entendimiento que parecía brillar en su mirada.

―Kate... ―volvió a susurrar él con la voz entrecortada y una mano extendida hacia ella.

Kate se mordió el labio para no llorar.

Él le estaba dando una oportunidad para escapar durante unos segundos, para abrazarla y darle ánimos mientras ella lloraba en su hombro, como hacía todas las noches desde que Alexis decidió encerrarse en su habitación. Rick había sido su único consuelo en esos últimos ocho días. Pero ella sabía que no iba a aguantar ni uno más sin dar un beso de buenas noches a su pequeña chef.

No soportaba irse cada noche con la sensación de que Alexis la odiaba. La necesitaba, necesitaba arroparla, besar sus mejillas, desenredar su pelo antes de ir a dormir... Maldita sea. La necesitaba.

Con una leve sacudida de cabeza horizontal, Kate centró su vista llorosa en la puerta rosa.

Y volvió a cantar.

No iba a levantarse de allí pasase lo que pasase. No hasta que su pequeña chef abriera la puerta.

xxx

Rick observó con un nudo en la garganta a su novia. Era increíble, pero no desistía. Sin dejar de cantar, ella acariciaba la madera de la puerta como si fuera Alexis.

Sabía por qué Alexis se encerraba cada vez que Kate se iba. Meredith. Ella no fue lo que se dice una madre modelo, ni siquiera sabía si podía calificarla como madre. Era una actriz, una a la que se le daba muy bien decir "prometo que voy a volver pronto" a su hija cada vez que se iba, pero nunca cumplía. Su hija se había llevado muchas decepciones con esa figura "maternal" tan peculiar, y cuando por fin había asociado a otra mujer con todo lo que hacía una buena madre, ésta se iba de casa. Justo como había empezado el desinterés de Meredith.

También sabía que su novia quería a su hija, era evidente, aunque hubiera estado ciego en un principio. Así que Kate se ganara la confianza de Alexis era solo cuestión de tiempo. Sobretodo con todo lo que estaba haciendo. Pero verla allí, en el suelo, agonizando porque la pequeña le permitiera arroparla y darle un beso de buenas noches, hizo que Rick deseara con todas sus fuerzas que ella misma se diera cuenta de su modo madre.

Paciencia. Escuchó las palabras de Martha en su cabeza, esas que él había repetido cada noche a Kate cuando esta lloraba en sus brazos, y Rick tuvo inspiró con fuerza. Era difícil encontrar esa dichosa paciencia si veía a su novia y a su niña sufrir. Pero debía respetar los tiempos de cada una, dejar que fueran ellas, principalmente Kate, quienes decidieran si debían reforzar ese vínculo que ellas no sabían que tenían.

De repente, la puerta se abrió de forma lenta.

Como un espectador al otro lado del pasillo, Rick pudo ver a Kate abrir los ojos al instante. Ella levantó la cabeza moviendo sus mechones rebeldes en su proceso, luego suspiró ante la visión de Alexis. Una imagen adorable. La niña abrazaba a su oso de peluche con los ojos rojos, las mejillas pecosas llenas de lágrimas y la punta de la nariz rosada por los mocos que no podía contener.

― ¿Miras si hay monstruos bajo la cama? ―hipó Alexis.

Sentada en el suelo como estaba, Kate no tuvo ningún tipo de reparo en gatear hacia la niña para abrazarla con fuerza. Alexis no tardó ni medio segundo en rodear el cuello de Kate con sus brazos y la cadera de ella con sus piernecitas, sentándose en su regazo.

Rick tuvo que apretar los labios para no llorar. Pero su intento se fue a traste cuando Kate dijo:

―Mi pequeña chef ―susurró Kate besando la coronilla de la pequeña―. Miraré que no haya monstruos bajo la cama todos los días.

Rick no supo si Kate se dio cuenta del tono posesivo en el que lo había dicho. Pero Alexis sí, porque abrió los ojos y la boca al mismo tiempo mientras Kate mantenía los ojos cerrados besando su cabeza.

Los labios de Alexis se arquearon hacia arriba formando una sonrisa que, poco a poco, se fue agrandando a medida que Kate la comía a besos y caricias. La pequeña se acurrucó más hacia la detective y dejó que esta la meciera, moviéndola con suavidad de un lado a otro. Allí Rick supo que, inconscientemente o no, Alexis se dio cuenta de que en brazos de aquella mujer se sentía querida.

xxx

Kate subió al ascensor del loft de Rick con una sonrisa. Tras la noche en la que, básicamente, ella no se separó de Alexis ni siquiera cuando esta se quedó dormida en sus brazos, su pequeña chef no había vuelto a encerrarse en su habitación.

Tampoco le había devuelto toda la ropa robada, pero al menos volvía a ser la niña feliz porque Kate le contara un cuento.

El timbre del ascensor sonó y apretó su gorro de policía entre sus manos antes de salir. Ni siquiera se había cambiado para cenar con ellos. Ya no solía hacerlo. Si iba a su casa perdía una hora preciada de su tiempo que prefería gastar con su novio y Alexis.

Tras una decena de pasos por el pasillo, Kate paró junto a la puerta roja y picó.

Rick abrió la puerta segundos después. Con una sonrisa, Kate alzó su mano libre a la mejilla de él y lo besó con suavidad. Luego esperó a que su novio se moviera hacia un lado para poder pasar, pero contrariamente a lo que esperaba, él bloqueó la puerta con su propio cuerpo y puso las manos en los hombros de ella. Fue entonces cuando ella se dio cuenta, Rick no sonreía. Estaba serio, blanco como un fantasma y nervioso. Muy nervioso.

Incluso temblaba.

―Kate, escucha, yo no sabía nada. La noticia vino de golpe ―tartamudeó Rick.

― ¿Noticia? ¿Rick, de qué hablas?

―Solo... Por favor, mantén la calma ―rogó él cuando, irónicamente, parecía el primero en querer perderla―. Tenemos que hablar y...

De repente, la risa de Alexis sonó desde el comedor. Fue una carcajada llena, de esas que la pequeña solo regalaba a ella o a Rick. Curiosa, Kate desvió sus ojos por encima de los hombros de su novio, que seguía hablando cosas sin sentido, y vio algo que encogió su pecho por dentro:

Su pequeña chef reía en el regazo de una mujer pelirroja, abrazada a ella.

Deshaciéndose del agarre suave de Rick, Kate cruzó la puerta para caminar por el comedor. Lo hizo en silencio, despacio, como si supiera con antelación que lo siguiente le iba a doler. Cuando quedó a un par de metros del sofá, su pequeña chef alzó la cabeza para mirarla. La niña sonrió, con una sonrisa que pocas veces había visto, se abrazó más a la mujer pelirroja y dijo:

― ¡Kate, mamá se quedará a vivir en la ciudad!

Y Kate dejó caer su gorro de oficial al suelo.