Capítulo nueve: Joey descubre una traición.

Habíamos dejado al príncipe mayor Joseph en su habitación, a alistarse para la cena que el faraón había mandado realizar en su honor y en el de sus hermanos; mientras, Seto se había ido a atender algunos asuntos que demandaban su cargo, como por ejemplo, encargarse de las ceremonias venideras, el día feriado y todas esas cosas, pero bueno, siguiendo en donde estaba Joey, el se había bañado, ya que al lado de su habitación había una gran sala de baños, una tina enorme a ras del piso, varias esencias, shampoo y cremas para sus cabellos, e increíblemente todas de su aroma favorito, vainilla.

Estaban también las doncellas que según la tradición debían bañarlo, pero como no estaba tan acostumbrado, pues les dijo simplemente que podían retirarse y que él mismo se encargaría del baño, se secó con una toalla del más fino algodón egipcio y se vistió con las más elegantes prendas que pudiera imaginar, una túnica de lino blanco ajustado a su cuerpo, que la hacía ver más escultural de lo que ya era; aunque si bien no era del marcado prototipo social, era muy bello, su vestido tenía pequeños y delicados encajes en oro y lino teñido, de colores como el azul y el naranja, le remarcaban sus ojos unas suaves y finas líneas de Koh y llevaba el cabello suelto, un velo cayendo por su espalda, y unas sandalias también blancas pero con las cintas amarillas pero cediendo al oro, un par de pendientes sencillos y un collar que Seto le había enviado a través de una dama de compañía, era precioso, con diamantes incrustados color azul, se veía precioso con ellos, y así, se marchaba a la sala del trono para la cena.

Joey: - Y ahora… ¿Dónde queda la sala del trono? – Dándose cuenta por fin que siquiera sabía donde estaba parado.

Caminaba ya sin rumbo, se había dado por vencido, aunque buscara y buscara no encontraba la bendita sala, sus pies le dolían y tuvo que quitarse las sandalias para seguir caminando, nunca se había imaginado que el palacio pudiera ser tan grande, y, que no hubiera un solo alma en todo el lugar, pero escuchó una vos, y la siguió, tal ves ella sabría cómo llegar o lo guiaría hasta donde deba estar,

¿?: - Bien caballeros, entonces está decidido – Decía una vos femenina, cuya sombra podía ver desde la puerta, no se animaba a entrar.

Algo le decía en su interior que ello estaba mal, que algo ocurriría y que probablemente no saldría vivo si lo atraparan espiando en ese lugar.

¿?: Esta misma noche, mientras todos estén en la cena divirtiéndose y bailando con las damas que ha enviado cortésmente el rey de Turquía, asesinaremos al Faraón, y nadie así podrá detenernos, ya que no podrán sospechar nada… y al fin, mi venganza será completa.

¿?1: - Nunca pensé que una señorita tan dulce como usted sería capaz de idear un plan que mis mejores generales del ejército no habían podido, ¡sálvanos Alá de una mujer despechada!

¿?: - Muchas gracias Sultán Khostobes, le aseguro que no fallará, tomará posesión de Egipto y por fin obtendré mi venganza.

S. Khostobes: - Eso sin mencionar las gratitudes que le hará ser mi esposa…

Estaba que no podía creerlo, ¿su propio padre estaba ahí? ¿En ves de buscarlos? ¿Hablando de un asesinato al faraón de las tierras que lo había acogido en resguardo a sus problemas? Definitivamente debía avisar a los demás, pero antes escuchó una vez más.

S. Khostobes: -Y no olvides a esos hijos míos, si bien los quería mucho, el destino me ha revelado cosas horribles sobre ellos, mátalos en cuanto las veas, no tengas piedad, como ninguno de ellos tendrá piedad de las personas a las que harán daño cuando llegue el día.

¿A qué se refería? ¿A ellos? Estaba seguro de que a Yugi no podía verlo a los ojos, lo consideraba una anomalía, pero nunca supo porque, y ahora tampoco, solo tenía que averiguar un poco más y así tal ves, supiera remediar la situación.

En ese momento salió corriendo de su escondite, dispuesta a hallar a alguien en quién confiar y así contarle lo que había escuchado y alertar a los demás, olvidándose por completo del dolor, el cansancio y la sensación de estar perdido.