Capítulo diez: ¿El amor es solo una ilusión que te hace caer en el abismo?

Corría desesperado, no tenía voz, no podía mirar hacia atrás, ver su mundo derrumbarse ante sus ojos, el amor, su amor, se habían ido, una sublime brisa fría congelaba sus lágrimas, no podía llorar, se sentía impotente ante la atrocidad que se desataba a su alrededor, su amor más grande siendo eliminado del mundo y llevado ante la presencia de Anubis, el Señor Oscuro, y lo peor, el mismo lo había entregado, luego de enseñarle a amar…

Él lo miraba, estaba corriendo, alejándose de él, no cabía en sí de que la persona que creyó amar y con la que había compartido tanto lo traicionara, ese chiquillo que había sido su inspiración durante tanto tiempo, y cuando aprendió por fin a abrirse al amor después de tantos años, éste lo apuñala en la espalda… de nuevo ¿Cómo pudo ser tan ciego?

El amor es solo una ilusión, un engaño, una vil mentira que hace que las personas que no saben como sobreponerse ante lo desafíos de la vida, tengan una esperanza, una luz que creen las salvará de sus destinos, pero él sabía que no era así, la sangre que se había derramado en sus manos hacía honor a sus pensamientos, la vida era solo eso, un desperdicio mundano… igual que el amor, ahora se daba cuenta, todos merecían morir, de la forma más atroz y torturante que se podrían imaginar, morir igual que él, desamparado, frío, solitario… herido en el corazón, por una daga atravesada en su pecho, desangrándose hasta no volver a respirar, dejar que un corazón tibio que alguna ves latió por alguien deje de sentir. Creer en el amor era solo cegarse a la vida, siempre se dijo que no volvería a vivir en ello nunca más.

Pero ahora entendía su significado, rendirse ante sus fantasmas en las sombras, la vida era cruel, lo sabía, tarde o temprano uno solo tendría que lanzarse ante los brazos de su destino, dejar que se lo lleve… y orar a RA que lo lleve a un lugar no terrenal, uno enloquecería después de vivir sus tormentos en un lugar de paz.

Un sabor agridulce iba llenando su boca, mientras que líneas de sangre, su propia sangre, se iban derramando, sabía de donde provenían, venía de su corazón, lastimado, herido, apuñalado, uno que una vez creyó que podía ser suyo, pero aun así se sentía… feliz, de al menos haber vivido, aunque sea una farsa, una vida de amor.

Y con estos pensamientos se iba dejando caer en el abismo de la infinita oscuridad y terror; aunque se sintiera solo, sabía que había algo más allí en ese lugar al que todos odiarían ir… y con una sola petición su vida dejó de existir… Deseaba que se diera cuenta de que lo amaba, tanto como para haber aceptado ir hasta ahí, aun sabiendo que era una trampa, ya que desde hace tiempo lo había descubierto… una sola palabra llenó ese reino de oscuridad infinita y temor con luz y esperanzas, y concentró en él sus pensamientos, una palabra tan poderosa para él que la vida misma significaba ello, el amor… Ryou.

Así cayó al abismo, muriendo, desgarrándose en las caídas, porque sabía que era su pena, una tortura, vivir muriendo, y morir viviendo, morir en vida cuando se sentía en el paraíso estando al lado de su ángel… y ahora vivir, vivir en el abismo de la perdición, pero sabiendo que nunca cerraría los ojos y dejaría de sentir sus suaves caricias, mientras que los castigos de su Nuevo Señor lo atormentaban, un calvario, que solo el podía haber remediado, pero no… lo dejó morir.