Día 2: allies/rivals.
Palabras: 398.
DIAMANTE.
Miyuki fue incapaz de dejar de sonreír mientras contemplaba a Sawamura de pie en el montículo, con su guante a la espera del nuevo lanzamiento.
En el marcador se señalaban dos círculos rojos, y dos largas filas que acaban en un 5 en el cuadro de arriba y un 6 en el de abajo. Estaban en la baja de la última entrada y le llevaban la delantera a Inajitsu por un a carrera. Se sentía como un déjà vu. Pero Kazuya sabía que aquel partido era diferente de aquel entonces. La estrella estaba de pie en el montículo, despiadada e inquebrantable y más brillante que nunca; igual a un diamante.
La presencia de Eijun los hacía indestructibles. A ellos como batería y a todo el equipo en sí. Era imposible que perdiesen.
Sawamura se lo había prometido con una seguridad despampanante, que vencerían a Inajitsu; porque no permitiría que Miyuki los dejase tan fácilmente. Era como un juramento tanto para el catcher como para sí mismo. Si ganaban, alcanzarían Koshien y la última temporada de Miyuki en el equipo se extendería. Y esta vez su béisbol los llevaría a la victoria, a convertirse en el mejor equipo de Japón. Definitivamente así sería. Y, por alguna razón, Kazuya creía ciegamente en las palabras de su pitcher; porque hasta ahora lo había visto levantarse después de cada caída y seguir adelante, conseguir cosas que parecían imposibles, alcanzar sus metas y devorar todo a su paso sin titubear.
Indestructible e insaciable, así era Sawamura Eijun. Por lo tanto, a Miyuki no le importaba ser devorado por éste, si con ello conseguía que el diamante que tanto adoraba siguiese brillando tan furiosamente como hasta ahora.
Vio a Eijun mover su brazo hacia adelanta cual látigo y mandar la bola en su dirección a toda velocidad.
Los ojos del capitán brillaban con intensidad mientras la pelota se estampaba contra su guante, provocando un sonido similar al rugido de una bestia. A través del estadio se extendió un silencio sepulcral interrumpido únicamente por la voz del arbitro:
—¡Out! ¡Bateador fuera! ¡FIN DEL JUEGO!
El estadio estalló en vítores. La estrella de Seidou contempló a su catcher, provocándole un escalofrío que incendió su estómago; y entonces Miyuki comprendió que ya no eran solamente una batería, sino que algo mucho más fuerte y poderoso. Y de repente, ante tal evidente verdad, Miyuki tuvo deseos de besarlo.
