- Seto... ¿Qué? – Preguntó Jou después de haberse visto envuelto en ese mar de pasiones que le había brindado el chico de los ojos azules, sorprendido ante tales acciones; lo reconocía, le había gustado, pero aún así estaba sorprendido.

- No es nada – señaló – sólo…quería saber qué se sentía besar a un hombre, es todo – Mentira total. Quería probarlo a él, ya lo había hecho; pero su carácter orgulloso le impedía admitir que lo amaba ¡Por Dios Santo, era Seto Kaiba! Y no podía permitir que el mundo entero supiera de su homosexualidad, no en este mundo lleno de gente que no acepta a los que son diferentes a ellos.

- Sólo querías eso…no había pasión ni nada, entiendo – dijo el chico en un murmullo, obviamente con la intención de que Seto oyera; bajó su cabeza para que las lágrimas no salieran de sus ojos y salió corriendo.

Seto sólo se quedó observando

- ¡Eres un idiota Kaiba, un idiota! – continuaba corriendo y llorando el chico, maldiciendo al hombre que hace unos momentos le había besado. Imagínense, ser besados por su persona especial y que ésta les diga que sólo quería "probar" ¡Una reverenda estupidez!; pero también se maldecía a él mismo, se preguntaba cómo había sido tan tonto como para caer en su juego. Mientras corría, había cruzado el parque que se hallaba en el centro de la ciudad, percatándose precisamente de la presencia de un joven de cabellera tricolor y ojos amatista, sentado en una banca y que balanceaba sus pies con una mirada perdida, sin ponerle atención a nada.

- ¿Yugi? –

- ¿Hm? Jou, hola – contestó levantando a mirada

- Viejo¿Qué haces aquí? –

- Sólo pensaba – volvió a contestar y miró al cielo – dime¿Porqué lloras?

- ¿Qué? Yo no estoy llorando, es sólo una basura, no es nada – dijo el rubio, con doble significado en sus palabras

- Vamos Jou, te conozco, sé cuando estás triste y cuando no, así que dime que te sucede –Volteó a verlo, Jounichi sólo bajó la cabeza

- Es Kaiba – prosiguió – me besó

- ¿De verdad¿Y por eso lloras? -

- Lo que sucede es que cuando le pregunté que por qué lo había hecho me respondió "Sólo quería saber que se sentía besar a un hombre" – respondió Jou, tratando de ocultar sus lágrimas.

- Ah – suspiro – Tenían que tener la misma sangre… -

- ¿A qué te refieres? – Interrogó el rubio, dejando un poco de lado su pesar

- Yami me cortó anoche –

- ¡¿Qué?! Pero ¿Por qué? - Yugi volteó a verlo, dándole a entender la respuesta con la mirada

- ¿Por ella? – El pequeño no dijo nada, sólo volvió a levantar su mirada al cielo

- ¿Por esa? – Asintió

- ¡Maldito sea¡Voy a matarlo! – exclamó levantándose, dispuesto a ir a buscar a Yami, Yugi intenta detenerlo

- Jou…-

- ¡Nadie lastima a mis amigos! -

- Jou –

- ¡Ya verá!

- ¡Jou! - Grita, atrayendo finalmente su atención – Esta bien, ya no importa -

- Pero Yugi…-

- Ya, déjalo por favor -

- Ah, esta bien – suspira resignado – haré lo que me pides, pero si fuera por mí, ese tipo ya hubiera vuelto al mundo de los muertos

- Tampoco me gustaría que te convirtieras en un asesino jeje – por primera vez en todo el día sonreía, eso era bueno, no valía la pena llorar por alguien que no lo merecía, según él; se bajó de la banca, era el momento de iniciar una nueva vida, ser feliz.

- Tengo que volver a casa Jou – dijo mirando a su amigo alegremente, lo que hizo que el rubio sonriera también

- ¿Seguro que estás bien? –

- Claro, lo mismo te pregunto –

- ¡Qué va¡Ese niño rico no va a conseguir que yo sea infeliz! No le daré el gusto –

- Ninguno de los dos lo van a lograr – agregó Yu, como cariñosamente lo llamaban, avanzando más hacia el centro - ¿Te veo mañana en la escuela?

- ¿Irás?

- Claro –

- ¡Entonces allá nos vemos! – se despide Jou, agitando la mano, y Yugi responde de la misma forma. Cuando el pequeño se aleja, el rubio vuelve a su cara afligida, no por él, sino por su amigo, sabía cuanto amaba a Yami y éste le había pagado mal; sintió una gran ira que recorría todo su cuerpo, quería decirle unas cuantas verdades a ese faraón, pero Yugi no quería pleitos, así que no podía hacer nada. Se dio vuelta y siguió caminando.

Y hablando del faraón, Yami caminaba por las calles, acompañado de "su nuevo amor" sin mirarla, no quería hacerlo, la odiaba con todas sus fuerzas por alejarlo de su hikari, al cual recordaba a cada instante, incluso al mirarse al espejo le veía, y como no, si eran iguales. Se acordaba de aquellos días llenos de felicidad y de aquellas noches de pasión que pasaban juntos, cada instante era ahora un recuerdo valioso que jamás volvería. Yugi jamás le perdonaría lo que hizo, lastimó su corazón y eso era algo irreparable, tendría que acostumbrarse a esa realidad: Estaba con una mujer a la cual no amaba, una asesina que mataba lentamente a las personas con sustancias que idiotizaban al momento y destruían desde adentro, aprovechándose de la tristeza y el dolor de quienes las consumían; y desgraciadamente para él, entre esas personas se encontraba la hermana menor de su mejor amigo, Shizuka. Se sentía responsable, por no haber hablado cuando debía, por dejar que Tea destruyera a esa niña, por dejarla morir. Su corazón lloraba, y no podía decirle a nadie nada.

- ¿En qué piensas? – Preguntó la castaña, colgándose de su brazo. Con una mirada alegre

- En nada – Respondió, mirando hacia otro lado

- Amor, te conozco, siempre piensas en algo, no te hagas –

- No me llames "amor", esa palabra no me gusta – Le pidió en un tono de enfado muy marcado

- ¡OH¡Vamos Yami! De seguro que a Yugi le dejabas que te dijera eso y cuanto más quisiera –

- Sí. Y me encanta oírlo de sus labios, pero de los tuyos me da asco, Anzu – Contestó burlón, enfatizando la última palabra

- Ya te dije que mi nombre es Tea ¿Qué pasaría si la gente me descubre? – dijo en voz baja

- Fácil: Irías a la cárcel y yo obtendría mi tan preciada libertad –

- Por supuesto que no. Si yo me hundo, tú te hundes conmigo – murmuró Anzu de forma burlona, chupando después la paleta que traía

- No me metas en esto – dijo determinado. Yami paró para verla de frente, aún con ese semblante serio, y la chica sólo se le quedó viendo

- Ya estás metido ¿O no recuerdas que fuiste tú quien convenció a Shizuka de que probara ese estúpido polvo? - el joven faraón se quedó serio. Sí poseía algo de sabiduría, en ese momento se le había ido por el caño. Cuando recién se enteró de la ocupación de Anzu, no le molestó, ja, bien dicen que el amor ciega, pero bueno… La tipa, con tal de convencerlo para que le ayudara, dijo que si no vendía nada, sus padres le darían el peor de los castigos, sabiendo perfectamente que su carácter no le permitiría abandonarla. Así que el día del funeral de la madre de los hermanos Katsuya, se acercó a la menor y le ofreció su "mágica cura" al dolor. La pobre chica, como confiaba en él, aceptó y ese día comenzó su infierno…y el de Yami también.

- ¿Ves como tengo razón? –

- Tú fuiste quien me engañó para que la convenciera – dijo al fin – así que no me culpes

- Claro que tienes la culpa. Haces tanto por los demás que no te detienes a pensar si son acciones malas o buenas, incluyéndome – respondió, riéndose nuevamente.

- Si sabes que estas mal ¿Porqué lo haces? No te entiendo – Preguntó Yami, mientras continuaba caminando con la vista al frente

- ¡Ay, es obvio querido! – Contestó Anzu – Es la manera más fácil de ganar dinero –

- Eres una Asesina –

- No. Los idiotas son ellos por drogarse, no yo –

- No tienes...- Callo. No tenia sentido llenarla de insultos, si con eso no se ayudaba a si mismo, ni a los demás – Mejor olvídalo – diría por ultimo, pues en todo lo que restaba de camino no cruzaron palabra alguna. Llegaron a su casa, cerraron las puertas y lo que paso ahí, solo ellos lo sabrían por algún tiempo.

Por el fin el alba llegaba a Domino, el Sol se veía salir brillante para algunos, normal para otros y opaco para los que alguna tristeza tenían; así era el caso de Yugi, quien con pesadez se levantó de su cama y agarro sus ropas para meterse a bañar. Mientras el chorro del agua caía por su cuerpo, su mente se iba hacia los recuerdos, dolorosos recuerdos que por más que tratara de olvidar, siempre regresaban, y eso lo lastimaba, lo lastimaba mucho.

Cerró la llave con lentitud y salió de la regadera, secándose y tomando sus ropas para cambiarse. Al terminar, bajo las escaleras y se dirigió a la cocina, donde ya su abuelo lo esperaba con el desayuno.

- Yugi... ¿Estas seguro de que quieres ir a la escuela?

- Tengo que hacerlo, no me voy a quedar aquí encerrado toda la vida –

- Pero...- Susurro el abuelo

- Escucha abuelito, no voy a dejar que esto me derrote, tengo que salir adelante; ese idiota debe de saber que no me va a vencer, ni ahora ni nunca –

- Supongo que tienes razón, pero hijo, no se me hace recomendable que te aparezcas tan pronto –

- El es el que no tiene ningún derecho a aparecerse – Yugi apretó sus puños con furia y los golpeo contra la mesa – Los Kaiba son unos malditos – murmuro, recordando también a cierto CEO que le había roto el corazón a su amigo en pedazos. Salomón no dijo nada, solo se quedo observando a su nieto, quiso abrazarlo, pero cuando se acerco, el joven ya se estaba levantando – me voy abuelito, se hace tarde – y salió sin mas.

Cruzaba los pasillos de la escuela con calma, acompañado por su novia, oyendo a los demás decir "Vaya, volvieron" comentarios que no le agradaban mucho; en parte por emparejarlo con ella y en parte por que lo hacían pensando secretamente "Así que nunca fue gay". Todo empeoro cuando se encontró frente a frente con aquel a quien amaba. No cruzaron palabra alguna, solo se observaban, los tres. Tea reía por dentro al ver sufrir al chico que tanto odiaba por haberse interpuesto en su camino, le daba tanto placer que casi estuvo a punto de decirlo, pero se contuvo.

- Con permiso – Fue todo lo que dijo Yugi, y siguió su camino. Ahora si, la escuela tenia de que hablar...

Finalmente el chico llego a su destino, dirigiéndose inmediatamente a su asiento para dejar su mochila en el. Luego busco con la mirada a sus amigos, a quienes hallo platicando en un rincón, al final del aula.

- ¡Yugi! – saludo efusivamente Tristán - ¡Viejo¿Qué paso¿Por qué no viniste ayer? –

- Bueno...Tristán...hay algo que debes saber...-

- ¿Qué¿Qué paso Jou? Dime – El rubio volteo a ver a Yugi, nervioso, pero se calmo cuando recibió una señal afirmativa por parte de este – Es que Yami...-

- No...- Murmuro el castaño, quien no necesito que le dieran un respuesta, pues como alcanzaba a ver la puerta, vio entrar al faraón, no solo, sino que observo que venia con su ex amiga, y ella estaba abrazándolo – No puede ser...- Mudo ante lo que veía, volteo a ver a su bajito amigo – Ese desgraciado te...- solo recibió otra afirmativa con la cabeza, y volvió su cara al frente – Ahora si lo mato...-

- No Tristán, por favor, no quiero peleas – pidió Yugi

- Pero Yu...- Tristán se deshizo de su enojo, mirándolo con una sonrisa, comprendiendo lo que su amigo quería – Si, así has sido siempre – No se dijo nada más. El profesor había entrado ya y todos se fueron a sus lugares, dispuestos a iniciar clases.

- Jóvenes, buenos días – Hablo el hombre canoso, pasando su mirada por cada uno de los presentes – El día de hoy se integra a la clase una nueva alumna, proveniente de los Estados Unidos – Voltea su cabeza hacia la puerta – Pasa por favor y anota tu nombre en la pizarra – Una joven rubia, aunque no muy alta entro. Tomo el único marcador que encontró a la mano y comenzó a escribir; cuando termino, se alejo un poco para que todos pudieran leer su nombre "Hopkins, Rebecca"

- Bien, como ya lo leyeron, se llama Rebecca, espero que sean amables con ella y le ayuden a adaptarse a nuestro país. Ahora ¿Dónde te sentaras? Hm. –movió el maestro su cabeza para ambos lados, buscando un lugar– enseguida de Mutuo, por favor –

- Vaya, no sabia que tuvieras planeado mudarte a aquí – Le dijo Yugi cuando llego a su lugar, notando que ya no traía sus colitas, sino que usaba su cabello suelto, el cual le llegaba hasta el final de la espalda

- Uy, yo también estoy feliz de verte – contesto la rubia, riendo abiertamente - ¿Cómo has estado Yugi? -

- Bien, gracias – Respondió volteando de nuevo al frente, a Rebecca le extrañó ese comportamiento, pero cuando se sentó entendió perfectamente, delante de ellos, en la otra fila, se encontraba sentada cierta parejita que le caía mal; la primera porque siempre había sido así y el segundo porque le robaba el amor de su Yugi – Comprendo – Susurró, sólo para que su compañero la escuchara y no dijo nada más.

La mañana pasó con lentitud, especialmente para nuestros amigos, el ambiente se sentía denso, pesado. Yami con las miradas de los demás encima, Tea regocijándose con lo que pasaba, Jounichi pensando en su hermana y dedicándole miradas de odio a Seto, quien a pesar de encontrarse trabajando en su laptop y atendiendo la clase, las sentía y sentía como un infeliz prejuicioso; Tristán, Rebecca, Bakura, Malik, Ryou y Marik odiando al faraón y Yugi simplemente tratando de no pensar en él.

Al llegar el atardecer, el chico recogía sus cosas para irse a casa, sabía que al faraón le tocaba quedarse a asear, así que trató de irse lo más pronto posible, no pudo, puesto que fue el último en salir del salón. Yami se acercó a él con lentitud, tratando de no ahuyentarlo, ni de terminar la conversación antes de empezarla.

- Yugi… -

- ¿Qué desea su majestad¿Restregarle en la cara a este humilde mortal que ya se aburrió de él? Pues lo lamento, porque no tienes la necesidad de decirlo, ahora apártate – le dijo con un ademán de enojo, empujándolo para que no le estorbara al pasar

- Aibou, por favor… -

- No. Ya dejaste todo muy claro esa noche¿La quieres? Pues vete con ella y a mí déjame en paz – Y salió del aula. Caminó con profunda tristeza, casi a punto de llorar; al llegar a la puerta de la escuela, se encontró a su amiga, quien lo esperaba para caminar juntos a casa.

Otro que no iba muy contento era Jou, pues volver a ver a los Kaiba no había sido agradable. Tristeza, rabia, rencor, impotencia, todo se mezclaba dentro de él. No sólo por su persona, sino por su amigo, que estaba sufriendo junto con él. Caminaba por las calles sin fijarse en nada, y eso hizo que un automóvil estuviera a punto de atropellarlo, más específicamente un automóvil rojo, convertible y con una conocida rubia dentro de él.

- ¡Jounichi Katsuya¡Fíjate por dónde vas! –

- ¿Mai¿Kujaku Mai? – Preguntó sorprendido, luego de que Mai estacionara su mueble

- ¿Y quién más creías que era¿El fantasma de la ópera? – contestó la chica, visiblemente alterada por lo que estuvo a punto de suceder

- ¿Qué haces aquí en Domino? –

- Me mudé ¿No te agrada la idea? – Cuestionó, ahora con una cara de felicidad

- ¡Por supuesto! – Respondió el chico. Vaya, por fin le había pasado algo bueno en el día. Subió al coche saltándose la puerta y se sentó cómodamente – Me da mucho gusto verte, y creo que mi hermana se pondrá igual. Le servirá mucho tu compañía – Dijo, extrañando a Mai no por su comentario, sino por la forma en que lo había hecho

- Jou…¿Tu hermana está bien? –

- ¿Supiste que mi mamá murió? – Preguntó el rubio, ignorando aparentemente la pregunta de su amiga y volteándola a ver; Mai asintió con la cabeza – Desde entonces Shizuka no es la misma…se droga – Jouno bajó la cabeza, dejando sólo ver lágrimas que salían de sus ojos – Ya no aguanto Mai, ya no aguanto – repetía una y otra vez, tratando de deshacerse de ese dolor – No sé que hacer para sacarla de ahí, le he dicho de mil formas que no está sola, todos la queremos –

- Jou…- Mai sólo se quedó observando a su amigo, era la primera vez que le veía llorar y no sabía como reaccionar; quería mostrarse comprensiva, pero conociendo lo orgulloso que era, no se atrevía a abrazarlo. Pero al verlo tan frágil, impotente, tan sin fuerzas, supo que eso era lo que precisamente necesitaba; así que ladeándose un poco, rodeó con sus brazos el cuello de Jou, y éste sólo recargó su cabeza en ellos.

Pasaría un rato antes de que se separaran. Jounichi aparto los brazos de Mai y se seco las lagrimas, disculpándose; luego ambos emprendieron camino para encontrarse con Shizuka, quizá el ver de nuevo a su querida amiga le haría bien. Cuando llegaron, detuvieron el auto y se bajaron. El rubio iba esperanzado, creía que su hermanita dejaría esa vida. Pero se equivoco...

...Apenas entraron y observaron todo hecho un asco, cajones abiertos por doquier, papeles tirados por todo el suelo, entonces instintivamente Jou corrió escaleras arriba, seguido por Mai, hasta llegar a la habitación de Shizuka, parando en seco al encontrarla tirada en la cama y con un paquete vacío...

Mientras, en otro lugar, Tea simplemente lloraba...

------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Notas de Autora: Antes que nada, mis disculpas por haber tardado casi un año en actualizar el fic. Sé que no tengo excusa alguna, pero mi corazón no me movía a hacerlo, y preferí dejarlo así a ofrecerles algo de mala calidad a mis lectores, no es justo.

Por otro lado, la historia ofrece un giro interesante e inesperado, el cual ni yo misma sé, pues escribo conforme la inspiración me va moviendo; ahora, todo puede suceder, estén pendientes…

Les recomiendo echarse un clavado a mi blog, ya que de vez en cuando estaré ofreciendo adelantos de capítulos.

Esta es la primera actualización que tengo en el año, seguirán mis demás fics, como son algunos, no me será posible actualizar tan rápido como quiero, pero haré lo mejor que pueda.

Sólo me resta decirles que disfruten este capítulo, un feliz año nuevo y navidad por atrasado y… ¡La autora desaparecida volvió¡Yupi!

¡Dios Los Bendiga¡Saiop!