Día 5: work/rest.
Palabras: 484.


GIRASOL.

Como todas las noches al llegar a casa, Chris Takigawa, como era su rutina, descargó sus cosas, se dio una ducha, se colocó pijama, y comió mientras veía la televisión. Todo rodeado de la calma que caracterizaba a un departamento en un piso tan alto como el quince y que era exclusivamente para él. Y también, como era habitual, antes de irse a dormir salió al balcón a saludar a su pequeño e improvisado jardín de girasoles. Eran varias macetas en donde el color amarillo, dorado y miel proyectaban un día de verano eterno; incluso si eran las diez de la noche y ni había nada más que unas cuantas estrellas en el cielo y una luna casi invisibles que hacían de aquella noche una más oscura que ninguna.

¿Desde hace cuánto que Chris había comenzado a tener ese hobby? Probablemente poco tiempo después de graduarse de la preparatoria, luego de encontrarse con una sensación de que algo faltaba en su vida diaria; como si se hubiese dejado una parte demasiado importante allá, en los dormitorios del Espíritu de Seidou. Y para rellenar ese —según él— pequeño agujero, comenzó a «adoptar» girasoles.

Ya habían pasado dos años desde entonces, y aquellas flores seguían siendo fundamentales en su vida. Si no estaban, su vida diaria se veía saturada por una monotonía apática y grisácea; como si no hallase en ninguna parte a excepción del béisbol esa pasión burbujeante que en su momento —luego de conocer a esa persona— le regresó el brillo a sus ojos.

Sin embargo, aquel siempre invariable ritual nocturno suyo sería interrumpido como nunca antes había sucedido. El sonido del timbre llegó desde el interior del departamento, al principio como un sonido ilusorio y ajeno, pero entonces como algo real y próximo. A Chris le costó volver a la realidad, luego de pasar demasiado tiempo paseando por los pasillos de sus recuerdos, por lo que sus pasos que lo llevaron a la puerta principal eran sumamente lentos, como si hubiese estado durmiendo mientras caminaba.

Aun después de abrir la puerta, no estuvo seguro si estaba despierto. La duda e incredulidad en sus facciones hicieron que la persona que lo contemplaba desde afuera soltara una de sus familiares carcajadas reservadas sólo para él. Esa risa alegre, enérgica pero al mismo tiempo tímida debido al inmenso respeto que esa persona sentía por Chris.

Fue entonces cuando el mayor se dio cuenta qué era lo que había dejado atrás, lo que había echado de menos por tanto tiempo; y comprendió lo que había intentado hacer, inconscientemente, al empezar a coleccionar girasoles. Todo ello no había sido nada más que una simbología, un método para adornar un poco de su vida con algo que se asemejase a Sawamura Eijun.

—¡Aquí estoy, Chris-senpai, como lo prometí! —anunció el muchacho, exhibiendo en su mano un diploma enrollado—. Ahora que por fin me gradúe, ¡me vengo a vivir contigo!