Día 6: words/actions.
Palabras: 348.
COLORES.
Ryōsuke jamás habría pensado que sería capaz de ver tantos colores distintos salir de una misma persona. No parecía real, pero tampoco podía negarlo. No cuando eran sus propios sentidos los testigos del «fénomeno» llamado Sawamura Eijun.
Hasta antes de conocerlo, para el mayor de los Kominato sólo existían las personas de un color, las cuales cambiaban sólo en las tonalidades. Si estaban tristes su color se volvía pálido, casi incoloro, cuando estaban enojados su color oscurecía hasta alcanzar tonalidades cercanas al negro, cuando estaban emocionados, se volvían eléctricos… Pero Sawamura era distinto a todo aquello que había conocido antes. Era tan sorprendente que Ryōsuke se vio pensando en la palabra «mágico». Los colores rodeaban a Eijun como si fuese él quien les diese vida. Si él no existía, el rojo, el azul, el violeta, el amarillo, el verde, el café… Ninguno existiría y serían simplemente un mito.
Ryōsuke, debajo de aquella faz indescifrable que siempre llevaba, se regocijaba descubriendo facetas del pitcher zurdo que sólo él alcanzaba a comprender. Lo leía con más facilidad que el resto, porque sólo debía contemplarlo y ver que color predominaba a su alrededor para saber qué estaba sintiendo, o qué era lo que pensaba. Cuando estaba molesto por una tontería, frustrado por haber cometido un error, emocionado por su béisbol o enamorado de Miyuki Kazuya. Era una infinidad de colores que a veces Ryōsuke no sabía que nombres darles, porque eran paletas que en ese mundo seguramente no existían y que Eijun creaba en esa realidad que únicamente el de tercer año podía admirar y que a veces, incapaz de resistirse, se divertía alterando con sus palabras o gestos teñidos de sus propios colores, mezclándolos con los ajenos y dando a luz nuevas tonalidades.
Y aunque comprendía que Sawamura jamás llegaría a adorarlo como él lo adoraba a él y a su mundo; para el de tercer año no le hacía falta nada mas que saberse, con total certeza y orgullo, que no habría nadie más, absolutamente nadie más que pudiese conocer mejor a Sawamura Eijun como lo hacía Kominato Ryōsuke.
