Prime Directive; The Poleepkwaan Case.
Crossover Star Trek AOS/District 9
Pairings; Christopher Johnson/Wikus Van Der Merwe
Spirk establecido (Jim Kirk/Spock)
Leonard 'Bones' McCoy/Geoffrey 'Dorian' M'Benga (checar Jorian, Canon Almost Human)
Nyota Uhura/OC
Disclaimer; Pure Lies. Ligeramente universo alterno.
Warnings; rating MUY variable, xenophobia, xenofilia, angst, hard scifi, soft scifi, slash, xenopreg, hurt/comfort, swahili, xhosa, poleepkwan, vuhlkansu, gore.
Real Warning! Si no habéis visto o no conocéis District 9 (Sector 9, en español) no váis a entender ni jota de este fic. Conste que os aviso.
1
La música seguía sonando, los tambores repitiendo su ritmo en todos los muros de la Sala de Recreo 22. Bones sudaba después de bailar, alegre y un poco borracho; vino de membrillo, jugo de fruta y el ocasional trago de moonshine, cortesía de Scotty.
Uhura y M'Benga seguían bailando 'Call me Al' –de paso, también la estaban cantando- y los demás no paraban de aplaudir; Jim había permitido la Kwanzaa y los africanos de la tripulación estaban sacando realmente provecho de ello.
Al lado de la mesa/altar, cubierta de fruta y vino, con el largo kinara, del cual habían cuidado sus velas por seis ciclos, Scotty y Chekov se encargaban de surtir el bar.
Uhura lucía espléndida con el boubou suelto y la risa y las canciones tradicionales; había hecho que Jim y Spock bailaran y se podía decir que la tripulación se estaba divirtiendo de lo lindo. Solamente SO0718 y uno de los subordinados de Seguridad, Jackie, estaban en el puente, con todos los sensores en alerta.
El Enterprise se encontraba flotando en ese mar vacío entre el cinturón de asteroides y Marte, y un 20% de la nave estaba vacía; muchos habían aprovechado el permiso de las festividades Terranas para bajar al mundo natal, a estirar las piernas.
Como lo harían también Nyota y Geoffrey, al día siguiente; una, a Kenya y el otro, a Johanesburgo.
Uma, el horta recién llegado, capturaba todos los datos y se agitaba al ritmo de la música y por un momento, Mc Coy se permitió olvidarse del riesgo que estaban corriendo todos, encerrados en una lata flotando en el vacío.
Geoffrey lo miró un segundo, sonriendo y no fue la primera vez que Leonard sintió más de un leve escalofrío; los ojos azules del sudafricano eran tan brillantes como los de Jim y mil veces más seductores, al hacer contraste con la piel chocolate claro que los rodeaba.
Desde que el médico nuevo había llegado al Enterprise —rodeado de recomendaciones de los Vulcanos— la carga de trabajo para McCoy no sólo había bajado exponencialmente.
También su consumo de alcohol y su soledad de siempre; Geoffrey M'Benga era divertido, risueño, con una conversación entretenida, y había dos detalles en él que contenían a Bones de comportarse con sus malos modos; no le tenía miedo a McCoy y era un médico compasivo, empático y tan experto como Leonard mismo.
Un codazo sacó a McCoy de su contemplación; Spock rarísimas veces tocaba a alguien, pero ésta vez, había sido involuntario. O no? El Vulcano lucía sospechosamente satisfecho de sí mismo. Le tendió una larga copa del coctel de frutas a Bones y éste lo miró de arriba abajo.
—Y esto?
Se podría haber jurado que el Vulcano se moría de risa…si eso hubiera sido posible entre los de su raza.
—Tengo entendido que, para intenciones de proponer congreso sexual, está dentro del protocolo ofrecer alguna bebida alcohólica, doctor McCoy.
Leonard frunció el ceño.
—¿Tu mente Vulcana está fuera de sí? ¡Estás casado con Jim!
Spock casi hizo ojos de espiral. Casi.
—Es evidente que no me refiero a nosotros dos, doctor —el Vulcano miró a M'Benga, sugestivamente.
Nyota tomó a Geoffrey de las manos y le dio dos giros…y lo lanzó –literalmente- sobre Leonard.
Spock tuvo la prudencia de desaparecer, no sin antes elevar su proverbial ceja, dejando a McCoy con un atractivo joven africano en los brazos y la copa a punto de caer. Geoffrey sonrió —y ¿Por qué tiene que ser tan irresistible, carajo? Que ojos más bellos…— le quitó la copa a McCoy y se la bebió de un sorbo. Acto seguido, tomó las manos de Leonard, las puso sobre sus propias caderas y alzando las suyas, rodeó el cuello de McCoy, arrastrándolo hasta la pista de baile.
Chékov aprovechó ese momento para silbar y el resto de la tripulación no tardó en hacer un círculo, aplaudiendo al ritmo de la música.
Claro que McCoy enrojeció hasta la punta de los dedos de los pies.
Maldito Vulcano; le cortaré las orejas. No, Jim me mataría. Y Geoffrey es más…pequeño. Nope, la estatura justa ¿Qué diablos me pasa? Nunca he bateado para ese lado; por la memoria de tu santa abuela, Leonard, sueñas como un quinceañero pueblerino. Y ahora, escucho a Jim dentro de mi cabeza. Nada más me faltaba. Hum…que forma de mover la cintura, eh? Podría besarte, Geoff…
—0—
La agonía de la fiebre; algo de la Tierra, sin duda, uno de esos gérmenes insidiosos pegado al interior de su caparazón. O los ojos de Wikus, del color del cielo. O el olor de la sangre humana, hierro y feromonas, testosterona, cloro. Dolor en las heridas y en la cabeza y las antenas doblándose hacia dentro. Oliver controlaba la inmensa nave a duras penas: la llamada de auxilio se retransmitía en una serie de idiomas, esperando encontrar ayuda. Más de la mitad de los ocupantes de la nave estaban muertos, deshaciéndose, aún con sangre en los rincones y más pena de la que podía llevar a cuestas. Chris se limpió las agallas, cubiertas de mucosidad; su hijo lo miró con preocupación evidente, acariciando su cabeza.
Ambos seguían huyendo, a una velocidad fantasmal, cada vez más lejos del sol, de la Tierra misma, más allá de Marte, donde las líneas desvaídas de la gravedad giraban caprichosas, donde habían caído la primera vez y todo el horror de hacía veinte años había comenzado.
Chris se desmayó.
-0-
Sentir, sentir, sentir; era delicioso, humillante, lleno de angustia. La saliva de Christopher era salada al tacto de la lengua del terrano y los cuerpos de ambos se confundían en roces y fluídos varios, sobre la pila de hojas de cartón que fungían como cama, en la destruída casucha.
Disparos, ruido de helicópteros, truenos lejanos de lluvia, llegando desde la sabana, rugidos de leones ya extintos. La historia pasada comprende no un país abandonado, sino un planeta entero; la pérdida es espantosa y el boer nunca se había sentido más humano que ahora, que su cuerpo mutaba a una velocidad imparable, llenándolo de añoranza y hambres extraordinarias.
Wikus cerró los ojos, dejándose llevar ¡Cuánto placer! ¡Cuán perverso y oscuro era el instinto que los movía a ambos, que los volvía animales, asustados, urgidos de copular!
Chris extendió su pene, al abrir la juntura de las placas entre sus piernas; de color azul oscuro y flexible, prensil, buscando ansiosamente las escamas que rodeaban la recién formada cloaca de Wikus, exudando feromonas y enloqueciendo al alien.
Poseer, poseer.
Con un esfuerzo voluntario, Chris retrajo las púas; ignoraba si Wikus era fértil y también, si querría ser fecundado y de paso, el dolor que le implicaría el anclaje con las púas no era buena idea para su primera experiencia sexual con un alien.
El mutante se aferró a sus hombros, mordiendo el caparazón y Chris no dejó de sentir satisfacción por ello; aun siendo él la parte dominante, su humano lo deseaba, lo necesitaba ¿Llegaría a amarlo?
El Poleepkwa se concentró en hundir y sacar su extraño falo entre los pliegues del humano, hasta que éste tomó su rostro entre sus manos –una alien, la otra, humana- y hundió el rostro entre los labrum, apresando uno de ellos, en un remedo de beso humano imposible; Chris se permitió explorar la boca del mutante, hallando su sabor a agua delicioso, perfecto, un verdadero alivio…
Afuera, siguió lloviendo.
-0-
El auditorio mantenía su runrún de primer día de clases; Uhura se había topado con una gran variedad de extraterrestres, desde las prácticas pasadas en diferentes mundos, durante el primer año de Academia.
Pero el altísimo insectoide junto a ella, definitivamente, era otra cosa; las líneas rojas del uniforme apenas si le hacían justicia a su esbeltez y la muñequera azul oscuro, con los glifos alien, lo definían como un embajador.
Definitivamente, no cualquier estudiante, sino uno de intercambio y no de cualquier categoría.
Su uniforme tenía dos mangas más, al frente, para las diminutas manos alternativas y cuando Uhura se topó con su mirada, no pudo evitar la sonrisa. Y pese a que los múltiples tentáculos —labrum, se llamaban— de él, le impedían el mismo gesto, los ojos de ambos lo dijeron todo.
Él se llevó las manos a las agallas en el cuello, activando el Traductor Universal, el cual convirtió los clicks y clacks de su lenguaje en palabras entendibles.
—Disculpe, señorita, ¿Está ocupado éste asiento?
El alien inclinó la cabeza, cortésmente y en verdad Uhura se sintió asombrada.
En ese gesto insidiosamente simple, pudo darse cuenta de que se trataba de un caballero.
—No, que yo sepa.
—¿Me permite sentarme a su lado?
—Por supuesto.
El alien suspiró, clockeando el aire entre sus agallas.
—Se lo agradezco infinitamente. El resto de sus hermanos parecen temerme.
Uhura no pudo evitar un guiño.
—Bueno, yo no soy como el resto —inclinó un segundo la cabeza, imitando el gesto de él, sin dejar de mirarlo a los ojos, de un dorado rayado en verde intenso.
—Uhura. Nyota Uhura, Terrana— se presentó. Y ¿Qué instinto del demonio se le había metido en el pellejo para soltarle su nombre completo a un alien al que jamás había visto?
—Ncwengo Kraa'l, Poleepkwa. Un placer el conocerla.
Uhura tradujo lo más rápido posible. Tranquilidad, en el idioma de su raza. Felicidad, en Xhosa terrestre. El que es feliz, en Swahili.
Extraño como algunos idiomas, algunas palabras, algunas cosas, significaban lo mismo pese a los años luz de distancia.
Poleepkwa.
Po 'Nosotros, el Pueblo' ; Leep 'Los Elegidos, Los que Son Hermosos'; Kwa 'Siete Lunas'.
El Pueblo Hermoso del Mundo de las Siete Lunas.
Uhura agradeció a Serge Grantaire y los demás académicos franceses que habían desentrañado el idioma, casi cien años antes.
Los Poleepkwaan pertenecían a la Federación desde entonces, descubiertos por el Capitán Andrés Lárraga y la oficial T'Xelen, en la USS Darwin. Pero habían sido los franceses a bordo—Serge y su esposo, Pieter— los que lograran comunicación con un idioma tan condenadamente difícil, hecho de clickeos, purreos y tictocs arrastrados.
Como insectoides, no estaban interesados en guerrear; se dedicaban a colonizar y al comercio. Su mundo base era considerado una 'súperTierra', cuatro veces el tamaño de la original, cubierta a partes iguales de continentes y agua, selvas y desiertos y con más oxígeno que la Tierra misma, lo que permitía el desmesurado tamaño de la especie.
El alien alargó una mano enorme de tres dedos y Nyota extendió la suya. Él inclinó una de sus largas antenas y rozó la frente de ella y Uhura se felicitó por sus lecturas en Xenología; Kraa'l la saludaba con un gran respeto y gratitud. También estaba olfateando sus feromonas, pero eso era parte del comportamiento como insectoide, de modo que no le extrañó.
Al frente del auditorio, Edith Papatanoupoulos se aclaró la garganta, en un intento de pastorear a sus alumnos.
—Iniciaremos con raíces comunes del lenguaje Terrano; Indo y Babilónico y sus implicaciones en cuanto a la teoría de los Grandes Creadores.
Los pasos apresurados en la escalera del Auditorio y Gaila tomando aire a las carreras y sentándose encima del alien, sin mirarlo, hasta que ya era tarde. Susurros rápidos.
—Oh por las Diosas Hermanas! ¡Disculpe usted! —y un codazo nada discreto— Nyota ¡Éste era mi asiento!
—No me avisaste antes…
El insectoide se puso en pie y se sentó en la escalera.
—No se preocupe, señorita. Por favor, tome mi lugar.
Edith se volvió hacia ellos.
—Uhura y Vro, si ya terminaron de chacharear, les agradecería nos dejaran comenzar con la clase. Y a usted, Embajador Ncwengo, le recomiendo buena conducta; no esperaría yo de un dignatario de su clase, semejante comportamiento con el alumnado…
