2

Que el claxon de la Alerta sonara por encima de la música, no era cosa nueva. Que arruinara el humor de McCoy, tampoco. Que Geoffrey frunciera el ceño… eso sí que era novedad.

A lo largo del baile, Leonard había podido percibir que la química entre ambos iba más allá de la de dos colegas médicos o dos amigos fiesteando; los labios del africano parecían estar cada vez más cerca y ser más deseables y Bones sólo tendría que inclinarse un poco y…

Ese fue el momento en que los reflectores rojos dieron su aviso y en un gesto mil veces entrenado, Scotty apagó la música y todos se congregaron frente al visor que comunicaba con Puente, Jim al frente.

—¿Qué sucede, Jackie?

El gemelo de Jordan se veía aterrado, los ojos del mismo rojo infinito de todos los albinos betazoides.

—Capitán, no logro identificar el lenguaje. Tenemos una llamada de socorro, pero está en un código que la computadora no descifra y…

El eco del mensaje se perdió en el fondo. Uhura se adelantó y subió el volumen.

Xifun'a ilncd…Xifun'a ilncd!

Nyota lo reconoció de inmediato. Xhosa.

Lo cual, por supuesto, era imposible. Reajustó la velocidad del Traductor Universal y subió el volumen [1].

El mensaje cobró ritmo.

El de un recuerdo…

—0—

—"Por supuesto, me gustan tus ojos, Nyota. Y me gustaría más que me besaras; es la lógica expresión de mi deseo profundo por ti"

—Basta! ¡He dicho basta, Kraa'l!

Los tres soltaron la carcajada; la risa hizo rebotar los generosos pechos de Gaila y llorar a Nyota. Kraa'l estaba imitando –bastante bien- la voz del comandante Spock, tutor de Uhura.

El poleepkwa dio un sorbo a su mintjulep.

—Mira, Nyota querida, si yo estuviera tan enamorado de ti como lo está ese pobre Vulcano, mis feromonas apestarían el Auditorio Central ¡No comprendo cómo es que no te lo declara ya mismo!

—Kraa'l estás loco ¡Spock es un profesor!

—Soy alguien más razonable que un humano o que dos Vulcanos a la vez. Vivimos muy poco y ese tonto te hace perder el tiempo e incita a mi ira.

Gaila se plantó frente a los dos, las manos en la cintura y guiñando un ojo al alto alien.

—Mis instintos me dicen otra cosa, Kraa'l.

Éste sonrió, hasta donde pudo.

—¿Si? Dime, mi hermosa dama verde…

—Spock no se decide porque no sabe a quién ama más. Si a Nyota aquí presente o a James Tiberius Kirk…

Nuevamente, los tres soltaron la risa.

Viernes, noche, pizza, cocteles y cerveza, en el verano sofocante y húmedo de San Francisco, recién pasados los exámenes. El dormitorio de Gaila y Nyota; Kraa'l, despidiéndose, de vuelta a su mundo.

Lo que había comenzado como una presentación un tanto estirada y llena de diplomacia, había derivado en amistad creciente, risas, tardes de poesía y un montón de aprendizaje para las tres especies.

Gaila se sentó inopinadamente en el regazo de Kraa'l, colgándose de su cuello.

—¿Nos vas a extrañar?

Él acarició el rostro de ella con una de sus antenas.

—Me llevaría un huevo de cada una, si pudiera. Lo que me convertiría en madre ilegítima y en un expatriado, por supuesto.

—Eres un obsceno, Kraa'l.

—Soy lo que tu quieres que sea, Gaila Vro, hermosa entre las hermosas, luna verde, estrella azul…

Uhura los miraba, el brazo recargado en el respaldo del amplio sofá, la mano en la mejilla; pese a su extrañeza, lucían hermosos.

—Gaila, Kraa'l, ¿Puedo preguntarles algo?

—Solamente que se trate de algo indiscreto, de carácter personal y comprometedor, querida amiga.

Gaila se encogió de hombros, como toda respuesta, asintiendo.

—¿Alguna vez hicieron 'algo'?

El doble sentido y las comillas fueron obvios. Gaila tomó una pose dramática y miró al alien bajo ella, tomándolo de los anchos hombros.

—Ha descubierto nuestro secreto, amado mío!

—Horror y vergüenza! ¡Mi Reina me desterrará por mezclarme con sangre prohibida! ¿Qué será de mí?

Uhura los pateó a ambos, el largo pie descalzo.

—Ya, hablo en serio…

Gaila elevó una ceja.

—No sabía que tenías esos… intereses, Nyota. Pensé que solamente Jim Kirk…

Nyota hizo ojos de espiral.

—Oh, por favor, no me compares con el granjero con pretensiones de capitán ¿Quieres?

Fue turno de Kraa'l para contestar.

—Cuando me refería a indiscreciones, no hablaba de faltas de diplomacia, querida. Pero, si quieres saberlo, existen imposibilidades físicas, así sea yo un hermafrodita. Podría… lastimar seriamente a Gaila.

Su tono era serio y ofendido y Nyota se arrepintió de haber preguntado. Kraa'l se inclinó sobre ella.

—Pero, si quieres saber toooda la verdad, hela aquí; sí, he estado enamorado de ti desde siempre. Y me pesa no poder llevarte a mi mundo y hacerte veinte huevos y un montón de críos, que rivalizarían con la belleza de Nuestra Reina —tomó la mano de Nyota en la suya y mirándola a los ojos, la besó con uno de sus palpos labiales, acariciando su frente con las antenas.

Nyota tragó saliva…y Kraa'l recibió un almohadazo, a cambio de su declaración.

La risa de los tres llenó la sala.

Y, cuando Ncwengo Kraa'l volvió a su mundo, una semana después, Nyota no había pensado que lo extrañaría todos los viernes o que ambos habían traducido juntos más poesía terrana al poleepkwaan de lo que las tareas imponían y la presencia de un Spock tímido terminó por desvanecer al alien de su memoria…

—0—

Animal. No soy más que un animal, preso de sus instintos, de sus deseos, de ésta inferioridad que nos ha dejado prisioneros, desde que caímos en éste lugar, que no es nuestro mundo, cuyo aire nos envenena, cuya agua destruye nuestra sangre, convirtiéndola en algo negro, pastoso y repugnante.

No tenemos forma de sobrevivir más que en la miseria, como lo hacen sus pequeñas especies nuestros hermanos. Nuestra Colmena no funciona y las clases se han disuelto; los Mayores han muerto en la demencia y los Menores se sostienen en la discordia, peleando a duras penas por comida de gato y trozos de cabra, tan tóxicos como necesarios.

Te amo. No puedo llamar más que amor a ésta necesidad de ti, a ésta compulsión por tenerte cerca, por mirarte, por cuidar de cada uno de tus pasos, por besar tu piel en cada instante.

Al menos, quiero darle la superioridad de la palabra y no rebajarlo al instinto en que se ha convertido, en lo que me has vuelto.

Me avergüenzo de decirlo.

Es como si me aparease con un Qonod, con un Jarrah, con el más inferior de nuestros animales, peor que alguno de los mamíferos pequeños, peor que un microbio.

El olor de tu sangre me envenena e intoxica, como la luz de tu sol, la electricidad escasa de tu atmósfera y el sabor en tu saliva, que adoro y al que soy adicto.

No puedo vivir sin ti y me odio por ello, por cada instante y momento en que te poseo, porque he perdido mi inteligencia en homenaje a tu cuerpo, como un gusano rastrero nacido en los charcos de mi propio mundo.

Me haces detestarme; debiera terminar mi vida con honor, antes que admitir la derrota que representa amarte. Pero fuiste tú quien me llevó a la humillación al salvar mi vida, para que yo pudiera salvar a los míos y en éste momento de fiebre, en ésta pena, en éste dolor de extrañarte, mi sangre convertida en veneno por el dolor de tu ausencia, mi amor por ti se recrudece y me hace hervir y mi hijo me mira con preocupación y todos los medicamentos que quedaron en la nave no son suficientes y rezo porque los días se hagan cortos y los segundos infames dejen de alargarse y pueda llegar a mi mundo, sólo porque representa volver por ti, regresar a tus manos a tu piel y al color azul de tus ojos, maldito seas Wikus Van De Merwe, egoísta y noble a la vez, maldita bolsa de carne y mil veces más maldito yo, por amarte…

—0—

—Jack, sostén la frecuencia. Capitán, reconozco el idioma…—apuntó Uhura, seria.

—Al Puente—respondió Jim y se volvió a McCoy—dispón todo en la SickBay, Bones. No sabemos con qué vamos a toparnos.

El asunto se movió en horas, es verdad, pero parecieron segundos, dada la eficacia acostumbrada de la tripulación del Enterprise.

La reunión en el Ready Room, pese al éxito del rescate, presentaba sin embargo caras largas.

Jim comenzó.

—Y bien, Bones, qué tenemos?

—Dos tripulantes, Jim. Uno con desnutrición severa y lo que parece daño neural, causado por atmósfera. El otro, subalimentado y con defectos de crecimiento.

— Raza? ¿Especie?

Spock respondió.

—Sistema Tellycan, Capitán. Parte Sur Tercera del Cuadrante Delta. Poleepkwaan.

—Hum ¿Qué hacen tan lejos de casa?

—El rastreo que tomó Jordan indica que salieron del Foramen Magnum, Kapitánn—respondió Chékov, quien tenía la obligación de establecer la ruta de la nave rescatada.

Spock elevó una ceja, disgustado. El nombre Gran Agujero se aplicaba en medicina, al hueco en la base craneal que comunica el cerebro con el cuerpo humano. Llamar así a la singularidad que orbitaba el Sol [2], era, por lo menos, una falta de respeto.

La Federación había circundado el Foramen Magnum con una serie de balizas que difundían su señal de precaución en todas las longitudes de onda ¿Cómo era posible que una nave hubiera caído por ella? A menos que… la idea jugueteó un momento en la mente de Spock y la puso a un lado, para cuando fuera necesario mencionarla a Jim.

A menos que venga de un pasado alternativo, por supuesto…

—Datos de Tellycan? ¿Alguien que me refresque la memoria?

La mirada de Spock se posó sobre SO0718, la flamante Inteligencia Artificial del Enterprise, el novísimo –en todos sentidos- Oficial Científico.

"El sistema Tellycan posee cuatro mundos, Capitán. Todos están habitados; heterótrofos autónomos bipedales, visión dentro del espectro luminoso y el infrarrojo, insectoides d metros de altura, según la diferenciación sexual. Organizados por Colmenas y sub Colmenas familiares. Conforman una Monarquía Republicana, dirigida por diez mil hembras por planeta, aproximadamente, con una población total de dos mil millones en el mundo más beneficioso y unos 500 millones, en el menos habitable de ellos."

—¿Cómo diablos puede un insecto medir dos metros?

—Sus mundos tienen un nivel de oxígeno más elevado que el nuestro, Capitán. Respiran a través de la piel y por una serie de agallas y tráqueas distribuidas en todo su cuerpo. También su gravedad es ligeramente menor a la de la Tierra. Todo ello les permite crecer a ese tamaño.

—Eso explica el estado de delirio y la desnutrición en la que encontramos a los tripulantes- añadió McCoy—parece intoxicación crónica, ya sea la alimentación o la atmósfera…

—Y hablando de ellos ¿Cómo se encuentran?

Bones suspiró, leyendo su PADD.

—El adulto está enflaquecido y su caparazón se ha adelgazado en algunas partes. Tiene fiebre y le falta agua y oxígeno; sigue en coma médico. Su sangre está espesa y ennegrecida, como si hubieran comido algo con mucho hierro y les hubiera envenenado a ambos. El más joven está estable y consciente; Uhura está con él, en éste momento.

—¿Podemos verle?

—Puedo conectarlos aquí, si gustas, Jim.

—¿Hay algún riesgo?

—Tus alergias. Ellos son insectoides y eres alérgico a las abejas.

Jim hizo ojos de espiral.

—Está bien, 'mamá'.

Bones se dirigió al comm y la mirada azul de Geoff y su imparable sonrisa llenaron el monitor.

—¡Len! Estaba a punto de llamarte…

Jim no pudo evitarlo y le dio un codazo a Spock, quien tuvo a bien guardarse la sonrisa. Bones perforó con la mirada a M'Benga, reprimiéndole el entusiasmo.

—M'Benga…cómo está el chico?

Geoffrey captó la señal y se puso serio en un instante.

—Cantando con Uhura ¿Puedes creerlo?

Las voces de ambos al fondo e Imba Wimbo en los altavoces acabaron por intrigar a todos

—Puedes traerlos, por favor?

Geoff les interrumpió y el chico alien de inmediato cambió su carita y Jim sintió la fascinación repetirse en su interior, cada vez que se encontraba con una raza nueva.

Los Poleepkwaan no le eran desconocidos, pero nunca había visto un niño de la especie y éste pequeño, con los ojos azul agua y sus antenitas nerviosas era la imagen misma de la ternura.

Uhura lo cargó en brazos.

—Capitán… Jim, te presento a Oliver Johnson. Oliver, el Capitán Jim Kirk, quien dirige esta nave, la Enterprise.

Oliver abrió mucho los ojos y Jim le tendió una mano amistosa. Spock intervino.

—¿'Oliver Johnson'? Es un nombre bastante… extraño para un Poleepkwa.

Uhura alzó una ceja disgustada.

—Y éste es el Comandante Spock, Oliver…

—Me llamo así porque soy Terrano, Spock. ¡Hola, capitán!

Jim puso la mano en el hombro de su esposo.

Hazme el favor de controlarte

Siempre estoy controlado, Jim

Es lo que veo. Yo haré las preguntas

El enlace mental no duró ni medio segundo. Jim siguió hablando.

—Hola, Oliver! Bienvenido a nuestra nave; queremos hacer todo por ayudarles ¿Puedes relatarnos que ocurrió? ¿Quién es la persona que viene contigo?

—Oh, sí. Es mi padre, Christopher Johnson. Nos quedamos atorados en la Tierra, durante veinte años. Ahí, mataron a mi hermana Sherryl y luego, mi padre se unió a Paul y nací yo. Después, mataron a Paul y Wikus nos ayudó a escapar… tengo hambre ¿A qué hora sirven la cena?

-0—0-0-0-0-0-0-0-0-

[1] éste es el sonido del Poleepkwaan;

how to speak prawn

[2] De acuerdo a la ecuación de Schwarszild, el radio mínimo de la singularidad es de 8 milímetros.