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Chris abrió los ojos: ya antes, sus antenas le habían advertido del olor y la temperatura.
No estaba en su nave, pero sí se hallaba en una. La iluminación y los sonidos, el olor a aire limpio y reciclado, las mantas suaves de papel preformado y el colchón ergonómico le dieron la respuesta; la Flota. La Federación.
Alguien –ese mismo alguien murmuraba- tomó su mano y lo obligó a enfocar la vista; el humano frente a él sonreía no sólo con la mirada. Chris se llevó la otra mano a las agallas en su cuello, para activar el Traductor Universal, pero éste no se hallaba en su sitio. Intentó hablar lo más claramente posible.
—..Ddóndee?
El humano negó con la cabeza.
—Hakuna jitihada, tafhadali…
No te esfuerces, por favor, dijo el humano. Chris pestañeó, reconociendo la frase. Sólo entonces tomó en cuenta su aspecto de africano, la piel chocolate claro, los ojos de un azul resplandeciente, como los de Wikus.
Wikus…
El dolor fue una punzada vieja, infinita, que se manifestó en el blipeo de los monitores y en la alarma del otro médico, un blanco de cabello castaño, gesto rabioso y ojos concentrados.
—Vaya, nuestro bello durmiente despertó, eh? Geoff, hazle entender que no debe intentar hablar ni levantarse ni…
—Ya se lo dije, Len. Su hijo comprende bien varios dialectos africanos, así que le hablé en zulú, xhosa y al parecer, entendió el swahili.
Chris alzó una de sus manos y en el lenguaje de señas estándar, dio a entender a aquellos dos que necesitaba su TU.
El que se llamaba Len tomó algo de la mesita junto a la biocama.
—Te refieres a ésta cosa? –el pequeño circuito estaba quemado más allá de lo reconocible— tuvimos que quitártelo. Tenías una infección en las agallas y el arete que lo sostenía sólo empeoró la situación. De paso, se arruinó. Veré que nuestra intérprete te consiga uno.
Geoffrey traducía todo, calmadamente. McCoy se tranquilizó al momento, al ver la expresión en los ojos del enfermo. Con sus gráciles manos de tres dedos, el insectoide preguntó de nuevo.
"¿Mi hijo?"
—Oliver está bien. Estaba muy desnutrido, pero ya nos encargamos de eso. Y en cuanto a ti, te sugiero que duermas y te repongas; nuestro Capitán tiene muchas preguntas que hacerte. Estás en una nave de la Federación, de la Flota Estelar, el Enterprise. Estás a salvo y seguro…
Geoffrey le inyectó algo, en la juntura entre caparazones y la voz de Len se fue disolviendo.
El frío interno, el dolor, la luz; todo desapareció. Chris se dejó caer en el olvido del sueño.
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—¿Está usted seguro, capitán?
—Completamente, Almirante. Es un crucero de minería; la nave pertenece a los Poleepkwaa. Solicito autorización para comunicarnos con el embajador más cercano de su pueblo y con la Reina de la zona a cargo de ésta nave, para averiguar qué fue lo que ocurrió.
—Dice usted que sólo llevaba dos tripulantes.
—Un adulto y un niño. Parecen estar huyendo de algo.
Nechayevna suspiró. No se suponía que ella estuviera al mando en ese momento, pero la conspiración de Marcus había terminado con muchas cabezas y el Almirantazgo tenía que apoyarse como podía en capitanes recién ascendidos de grado; Irina Nechayev era apenas un poco mayor que Winona Kirk y Jim no dejó de advertir el mismo gesto de preocupación profunda y humanitaria que había tenido Pike, acompañada del temor a equivocarse con que vivían todos ellos, después de lo de Khan.
—Confío en tu buen criterio, Jim. No inicies una guerra ni nos metas en otra, de acuerdo?
—Sí señor, Señora.
—Nechayev, fuera.
Jim se giró en la silla, enfrentándose a Spock y a Uhura.
—Señor Spock, reporte de la situación?
—El Poleepkwa se encuentra estable, Capitán. El doctor McCoy considera que puede hablar con él, cabina de por medio.
—Uhura?
—Ya envié un reporte a la colonia más cercana, Capitán; me informan que el Embajador de Tellycan se encuentra en la Tierra, de modo que no será difícil solicitar su ayuda.
Jim se encogió de hombros, suspirando.
—Vayamos donde McCoy. Más vale que resolvamos esto de una buena vez.
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—No tengo la menor oportunidad y lo sabes, Tina.
Christine Chapel recargó la barbilla sobre el dorso de sus manos, los codos en el pequeño escritorio.
—Jamás pensé que fueras un cobarde, Leonard. No para esto.
—Por todos los dioses, mujer! ¡Sabes que sí lo soy!
—¿Sólo porque una vez no funcionó? No me hagas reír. Hace cuatro años de tu divorcio.
—No soy…
—Gay? ¿Homosexual? ¿Raro?
—Lo pintas como si fuese la peor clase de racista.
—Tal vez no con Geoffrey, pero sí contigo mismo—Christine sonrió, poniendo una mano en el hombro de su comandante. Podían permitirse esa familiaridad; luchaban contra la muerte casi a diario y muchas veces, no podían reconocerla—Date una oportunidad. Y dásela a M'Benga; se ve que el chico está loco por ti…
—¿Quién está loco?
Los dos –médico y enfermera- se volvieron, sobresaltados, hacia la puerta. Geofrey M'Benga lucía agotado, aunque su rostro se iluminó al ver a Leonard. Este se encargó de responder.
—Yo soy el que se está volviendo loco en esta lata flotante, Geoff. ¿Qué tal el chico?
El africano alzó las cejas y dejando el PADD en el escritorio, se frotó la cara.
—Como todos. Es curioso, incansable…agotador. El Señor Scott se lo llevó a Ingeniería. Oliver logró despegar el crucero, él solo ¡Y apenas tiene diez años!
—Y ¿Desde tu punto de vista profesional?
—Está ganando peso a toda velocidad, pero eso no es extraño, se trata de un insectoide. Su sangre ya recuperó el color normal. Y considera todo esto como una gran aventura. No para de hablar de Wikus y de la Tierra y de volver a casa ¿Cómo está el adulto?
—Hum. Christopher… así dice llamarse, ya se encuentra consciente. El Capitán viene del Puente, a entrevistarlo. Me gustaría saber quién es ese maldito Wikus ¿Qué te ha dicho el pequeño?
—No mucho. Supone que, como somos de la Flota, sabemos de su situación. Y al parecer, Wikus es un amigo terrestre, un humano. Alguien que los ayudó a huír y por lo que hallamos, estaban en bastante mala situación.
Leonard suspiró, cruzándose de brazos.
—Veamos que obtiene Jim…
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El temblor en las extremidades se fue pasando, poco a poco.
—¿Cómo te encuentras, mizungo? [1]
El mutante negó con la cabeza. El prawn se llevó la mano al cuello e hizo algo con sus agallas y repitió la pregunta y ésta vez, el mutante comprendió.
Su espalda había dejado de chorrear sangre y casi toda la carne y trozos de piel habían caído de ella. El prawn siguió hablando.
—Traje agua. Y las Hermanas de la Misión nos consiguieron algunos trapos limpios. También las chicas de Obesandjo te mandaron desinfectantes, mizungo. Hay que curarte, déjame hacerlo.
Wikus comenzó a llorar. No era el dolor físico. Era el horror a sí mismo; podía ver sus manos, completamente transformadas, aún rodeadas por trozos de carne y piel humanas, ennegrecidas por su propia sangre. El pelo se le había caído en mechones y las cuatro antenas se estiraban sobre su cráneo, percibiendo el mundo con sentidos nuevos. El ojo izquierdo le dolía; al parecer, no había terminado de transformarse.
Estiró las manos hacia el prawn y gimió con una garganta que ahora poseía agallas, los ojos llenos de lágrimas.
—Me llamo Charlie, mizungo. ¿Cómo te dicen?
Wikus agachó la vista; el llanto negro cayó al piso. La respuesta le salió en un hilo de voz.
—Wikus. Wikus Van der Merwe. O así me llamaba –sollozó con órganos que no eran humanos- ya no sé quién soy. O qué soy.
El prawn se irguió cuan alto era.
—Eres un Poleepkwa ahora, Wikus. No más una bolsa de carne y agua. No eres más como ellos. Eres de los Nuestros, perteneces al Pueblo. Y no debes temer ni avergonzarte. ¿Dónde está InDuna?
Wikus lo miró, pestañeando, intrigado.
InDuna. El guía, el superior, el negociador, el padre de todos.
Claro que en MNU ya se habían dado cuenta de que la división entre los prawn era de castas, como toda sociedad de insectos. Y suponían que los refugiados eran obreros. Sin embargo, desde que él mismo llevara el decreto de desalojo a Christopher, se había dado cuenta de que ése prawn de harapiento chaleco rojo, no era como el resto, no.
Y, cuando vio la nave y lo que él y su hijo eran capaces de hacer, se dio cuenta de que por años, la clase gobernante había permanecido oculta. Ignoraba el por qué, pero ahora, éste prawn (¿Charlie?) lo enteraba de que había ayudado al InDuna, a su líder.
—¿Christopher? Se fue. En la nave. Dijo que iría por ayuda. Prometió regresar… y cambiarme.
Charlie asintió. Wikus siguió hablando.
—Dijo que volvería en 3 años. 3 años de los nuestros, de la Tierra, Charlie… Charlie, verdad? ¿Qué va a pasarme?
—Si el InDuna te dijo que podía cambiarte, lo hará. Pero, por el momento, debo lavarte y quitarte los restos de piel o te infectarás y puedes morir. Además, no debes arriesgar al crío que llevas.
Wikus se puso en pie.
—Crío? ¿De qué hablas? Christopher se llevó a su hijo ¡Yo mismo los ví!
Charlie soltó un silbido.
—No me refiero al cachorro, Wikus. Hablo del crío que llevas entre las costillas. Es hijo del InDuna, no? Tiene su marca y tú llevas la de él…
Wikus no supo en qué momento se desmayó.
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Christine se abanicó con el sobre de vacunas y dio un suspiro.
—Voy por café ¿Gustan algo?
Ambos médicos negaron con la cabeza, rápidamente y Christine tuvo que hacer el esfuerzo de contar del uno al diez, para no gritarles que se dejaran de teatritos y se besaran de una maldita vez, carajo, que nadie iba a salir beneficiado de sus tiquismiquis; la Enterprise necesitaba a sus Oficiales Médicos alerta y no perdiendo el tiempo en estreñimientos emocionales.
Pero no era la Jefa de Enfermeras por nada y su serenidad aparente permaneció tal cual; con una sonrisa —para Geoff— y un guiño hacia McCoy, desapareció de la MedBay.
Por todos los santos habidos y por haber en todos estos mundos de porquería… qué voy a hacer yo sólo, con Geoff? ¿De dónde se le ocurre a Tina dejarme solo con él?
McCoy se aclaró la garganta y tomó uno de los PADDs sobre el escritorio, repasando por sesquicentésima vez el expediente de los rescatados, con indiferencia. M'Benga permaneció de pie frente a él, recargado en una de las biocamas.
—Len…
—Dime.
—¿No piensas que es raro que Chris y su hijo tengan tanto maltrato?
—La Tierra era un mundo lleno de salvajes, Geoff. Todavía los hay y lo sabes. Algunos de los nuestros hasta capitanean naves!
Geoffrey soltó una risita.
—Que Jim no se entere de que lo llamas salvaje, Len. No le va a gustar
McCoy sonrió, el estómago lleno de mariposas. Habría dicho cualquier tontería, cualquier otra estupidez con tal de escuchar la risa de Geoffrey de nuevo… ¿Qué diablos le estaba pasando? ¿Desde cuando él, Leonard Horacio McCoy , Comandante Oficial Médico de la nave Enteprise, se había convertido en una niñita enamorada de quince años?
Sólo entonces se dio cuenta de dos cosas; primera, estaba mirando a Geoffrey como un tonto, fijamente. Y dos, Geoff negaba con la cabeza, al mirarlo y sin dejar de sonreír.
Lo siguiente fue muy rápido, aunque para Leonard, las cosas pasaron en cámara lenta; Geoffrey alzó sus largas manos, tomó el rostro de McCoy en ellas y lo besó hasta dejar a ambos sin aire.
La boca del africano era tierna y húmeda y la tentación en Leonard fue más fuerte que la prudencia —dejando aparte el pánico— y mordió el labio inferior de Geoff casi sin darse cuenta, haciendo que éste entreabriera la boca, dejando paso a la lengua de Leonard.
En algún momento, Len se dio cuenta de que, pese a no haber sido él quien iniciara el beso, ahora llevaba la parte dominante, con la complacencia de su colega africano, envuelto en sus brazos.
El tiempo pareció hacerse eterno dentro del beso…
Usualmente, las puertas en el Enterprise se deslizan, sin hacer ruido.
Esta vez, la excepción la hizo Christine, quien al entrar a la MedBay —seguida de Jim y Spock— dejó caer su taza de café al piso, causando suficiente escándalo para darle a aquellos dos tiempo de separarse y mantener las apariencias.
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Nota para Visenya; respondo por ésta vía, porque no puedo hacerlo adecuadamente, dado que no tengo un link. Mil gracias por tu lectura y por la review. Recuerdo haber visto 'Alive in Joburg' como parte de una de las tareas de mi hija. Me encantó. Vi 'Sector 9' dos veces en el cine y la he estudiado incontables ocasiones, en casa. Su predecesora (contiene la misma idea) 'Enemigo mío', es absolutamente genial; ojalá y puedas conseguirla, porque es relativamente vieja. Recuerdo que hay un crossover, en inglés, con la misma idea, recién salido el AOS al aire; sin embargo, ésta vez quienes vivían en el Distrito 9, eran los Vulcanos que acababan de perder su mundo. Lo escribía una chica de Sudáfrica, quien sólo posteó dos capítulos y después, borró su cuenta. La lección es aterradora; si son o no diferentes, de todas formas los maltrataremos igual. Y Wikus mismo no es la excpeción; no es sino hasta el final, cuando ha perdido su aspecto humano, que comienza a ser humanitario. Desdichadamente, hay cosas que le faltan al fic; Sony borró de la página de D9 el Font y el vocabulario Poleepkwaa y no es posible conseguirlo, de modo que me adapté a lo que han hecho los pocos fanfickers de D9: utilizar los dialectos e idiomas de la zona. Añadí a M'Benga, porque la pareja que hacen Karl Urban y Michael Ealy en 'Almost Human' (googléalo, no puedo postear links) es genial, fantástica y un slash perfecto. Había que sacarle jugo.
Agradezco infinito que me hayas leído; considero 'A Imagen y Semejanza' uno de mis mejores fics y uno de los menos apreciados. Namasté. FA.
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[1] mizungo; Swajili. Hombre o persona de raza blanca. Es un despreciativo, como 'gringo' o 'gaijin'
