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La entrada del Capitán y su Primer Oficial fue todo lo ceremoniosa y tranquila que se requería; Jim con su gran sonrisa, tratando de proyectar confianza.
—Señor Christopher Johnson? Soy el Capitán James T. Kirk, y éste es mi Primer Oficial, Sch'n T'Gai Spock. Está usted a bordo de la Enterprise, de la Flota Estelar, de la Federación de Planetas Unidos.
Chris se llevó la mano a las agallas; McCoy las había cubierto con una especie de malla que no impedía el paso del aire ni su movimiento y que sostenía, además, otro modelo del Traductor Universal
—Sí, Capitán. Ese es el nombre que me dieron los Terranos. Soy el Jefe Técnico Xyrella Mheshimiwa, de la Nave Ukutufu wa Malkia, Tercer Mundo del Sistema Tellycan…
Jim asintió. Concordaba con los registros de la nave que Uhura ya había traducido.
—Puede decirnos qué fue lo que les sucedió? ¿Por qué encontramos su nave en ese estado? ¿Y en esta zona?
Chris tomó aire, consciente de que, tras los espejos, estaban por lo menos dos oficiales de la nave, para hacer legal su relato. Miró al Terrano a los ojos.
—La nuestra es una nave minera, Capitán. Recibimos permiso del gobierno de la Tierra para trabajar en la zona Eros de su cinturón de asteroides; condritas y niobio, la cosecha de siempre. Pagamos con dilitio y diamantes, de acuerdo al Tratado...
Jim sonrió, amigablemente, deteniéndolo con un ademán.
—Chris, esto no es un juicio.
El Poleepkwa inclinó sus antenas, en simpatía.
—Gracias capitán. Permítame relatarle.
"Se trataba de una misión normal; utilizamos minería nannita y casi todo el procesamiento se hace a bordo; regresamos a nuestros mundos con un producto acabado y ya habíamos entregado el pago, en Oört [1], donde también cargamos agua. Como usted sabe, las condritas son algo caprichosas; muchas tienen vida bacterial y la mayoría de nuestros obreros están vacunados contra la mayoría de sus infecciones. Sin embargo, el asteroide que recogimos en la última fecha estelar registrada por la bitácora de embarques, llevaba en su interior un virus del género Andrómeda[2], de mutación acelerada. Infectó a dos de los mineros y de ahí, se diseminó por toda la tripulación. Nos comunicamos con la Administración Médica de la Flota, en Marte y ellos diseñaron un antídoto. Nos dirigíamos hacia allá, cuando la epidemia cambió su comportamiento; de ser algo parecido a una gripa fácilmente controlable, nuestros mineros comenzaron a morir rápidamente, una fiebre parecida a la peste Waaldeburg o al virus Ébola de ustedes"
—¿Por qué no se trasladaron a velocidad warp?
—Como ya lo vio, Capitán, nuestra nave es inmensa, diez veces mayor que la suya. Habría sido muy problemático. Tampoco queríamos causar molestias a los terrestres. Y supongo que nos confiamos; el asunto se salió de control muy rápidamente. Su Alteza a cargo cayó enferma y con ello, se perdió mucho del control mental entre nuestros mineros, pese a que muchos sacrificaron sus cargas de sangre completas, en un esfuerzo por sanarla y recuperarla…
—¡Buen Dios! –reviró McCoy. Geoffrey lo pateó en el tobillo, nada discretamente.
Jim asintió, recordando sus lecciones de Xenología; los insectoides estaban ligados entre sí mentalmente, por lazos colmenarios más fuertes que los de cualquier otra especie inteligente. La lealtad mutua entre sus miembros era poco menos que amor, y hacia su Reina, era amor mismo. Si ella quedaba afectada, el control mental en una colmena se perdía y todos los miembros de ella habrían dado su vida por sanarla, si fuera necesario. Jim nunca había entendido por completo cómo una sociedad así podía sobrevivir, sin revoluciones ni resentimientos por parte de los miembros aparentemente menos afortunados... excepto que éstos no lo sentían así. Chris pareció adivinar sus pensamientos, dada la reacción del médico.
—Sé lo que creen, Capitán—Chris se permitió suspirar—quizá para ustedes no somos más que insectos. Tenemos un refrán en nuestros mundos: "Todas las Reinas son hijas de obreros y todos los obreros, son hijos de la Reina".
Jim le guiñó un ojo divertido.
—Por favor, señor Johnson, continúe— lo alentó Spock.
—Gracias. Cuando la nave viró para tomar rumbo hacia Marte, el Foramen Magnum nos jaló en su remolino; nuestros navegadores estaban enfermos y sus sustitutos eran demasiado jóvenes. La singularidad nos llevó a una edad alterna, a otra Tierra… la situamos en la fecha estelar 359876 nuestra. Los años 1978 a 1990 de su calendario.
McCoy interrumpió de nuevo.
—Una verdadera Edad de Piedra!
Jim se dio el lujo de callarlo con la mirada. Chris sonrió.
—Así es, Doctor. Sólo que no lo sabíamos. Los Técnicos que estábamos aún conscientes nos dimos cuenta de que teníamos que frenar la enfermedad a cualquier costo, de modo que situamos en suspensión nuestro crucero sobre la ciudad de Johanesburgo, dado que el clima era favorable para nuestra especie y se trataba del conglomerado urbano más grande que encontramos en el hemisferio sur de su mundo, lo que nos hizo presumir cierto grado de civilización. Y, para todos los que quedaban vivos, transmitimos una orden final; no se violaría la Primera Directiva, bajo ninguna circunstancia. Entregamos Traductores Universales en arete y en tatuaje a todos cuanto pudimos. Y se dieron órdenes de no atacar a los Terranos, so pena de muerte de por medio…
—¿Fue un Primer Contacto entonces?
—No sabíamos que lo era, de ahí que tomáramos esas precauciones. Fue peor, mucho peor de lo que esperábamos; demasiados estaban enfermos y dos terceras partes murieron. Luego, los Terranos mandaron sus helicópteros y perforaron una parte del casco. Y, cuando se dieron cuenta de que no les atacaríamos, hicieron todo por ayudarnos, al menos, al principio…
Chris bajó la mirada, recordando. Jim puso una mano sobre las suyas, tan parecidas al cuero de un reptil, hasta que dejaron de temblar. Miró a Bones, quien asintió rápidamente. Estrés Post Traumático.
—Por favor, Chris, prosiga—la voz de Geoffrey fue suave; le tendió un tubo de agua al alien y éste sorbió, con algún trabajo, por la pajita.
—Gracias, doctor. Los humanos se organizaron para ayudarnos hasta que apareció una de sus entidades, llamada MNU, MultiNacional Unida. Ellos se dieron a la tarea de 'rescatarnos'. Nos llevaron a una especie de campo de concentración, al que llamaron Sector 9, donde había también refugiados de otras naciones, por causa de sus propias guerras internas. Fue un infierno…
La mirada de Chris se perdió en el vacío, todo él temblando. Bones le hizo una seña a Jim y no lo animaron a seguir hablando hasta que los monitores de la biocama se estabilizaron.
"Nunca había suficiente comida, agua o las condiciones mínimas de supervivencia; los obreros que quedaban se vieron forzados a alimentarse exclusivamente de carne; comíamos cabra, vaca, pollos o ratas, lo que fuera un poco de proteína. Ello nos desnutrió a todos y fue hasta que ya teníamos un tiempo en el Sector 9, cuando descubrimos que la comida era tan tóxica como beneficiosa; convirtió a muchos en meros retrasados mentales, incapaces de organizarse u obedecer órdenes. El único alimento que llenaba nuestras necesidades, era la comida para gato. Todavía no comprendo por qué los humanos sintetizan un alimento más nutricio para sus mascotas, de lo que comen ellos mismos. Además, la atmósfera influyó. No teníamos suficiente oxígeno y nuestra sangre se espesó, haciendo más difícil aún el control de toda nuestra población. Pero lo peor fue el racismo, el maltrato. Muchos no podían comprender bien las órdenes de los humanos, debido al mal estado físico; eso hizo que los humanos pensaran que éramos una especie estúpida. Fue peor cuando se dieron cuenta de que no podían manejar nuestras armas. No llevábamos un gran arsenal, es el que se usa en cualquier nave minera, por si nos topamos con alguna cosa agresiva. Y otros eran instrumentos de trabajo, para taladrar paredes o destruír trozos de condrita, donde los nanobots no podían trabajar. Pero los humanos creían que eran armas; capturaron a muchos de los nuestros para hacer experimentos con ellos, pero eso no lo supimos sino hasta después. En esa experimentación, masacraron a muchos, los destazaron, los esclavizaron… Fue espantoso."
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Miedo. Olor a sangre. Sed. Calor por el día y un frío horrendo en la noche. Las órdenes habían sido precisas, al bajar de la nave. El sentido de éstas se había dispersado, en medio de la enfermedad y la desesperación; era natural que nadie los viera como seres inteligentes, cuando por fin lograron perforar el fuselaje. Xyrella fue a las incubadoras, donde todavía quedaba un verdadero tesoro. Cien recién nacidos, aislados en sus cascarones artificiales, estériles y protegidos del desastre, cálidos y bien alimentados. Mtunza se adelantó.
—Ni se te ocurra, Ingeniero. Son nuestro tesoro.
Xyrella acarició a los pequeños, a través del cascarón.
—No podemos dejarlos aquí, Sanador.
—No sabemos qué clase de gente es ésta ¿Has visto lo que hacen con los cuerpos de nuestros muertos? ¡Los abren! ¡Sin el menor respeto! ¿A qué clase de mundo barbárico venimos a dar? ¿Estás seguro de que es Terra?
Xyrella puso la mano en el hombro de su amigo, asintiendo, tristemente.
—Las coordenadas son correctas. Mtunza, si los dejamos aquí, morirán.
—Esa gente son bolsas de carne y agua; ¡Acabarán por comerse a nuestros pequeños!
—Tienen más probabilidades de sobrevivir si los sacamos de aquí. Podrán adaptarse a éste mundo mejor que nosotros, en lo que esperamos un rescate o solicitamos ayuda de los líderes planetarios
—Eres un optimista insoportable, Ingeniero. Estas criaturas ni siquiera tienen warp; luego, no estamos en la época correcta, verdad?
Xyrella se volvió hacia el ventanal, sin hablar. Mtunza estalló.
—Eso es, ¿Verdad? Tú y los demás Ingenieros son una porquería. Menos mal que yo nací para ser Sanador. Al menos nuestra casta…
—Tu casta permitió que la plaga se expandiera, Mtunza. Y no estamos para reproches mutuos, es tarde para eso…
—¡Van a morir en esas tiendas!—abrió los brazos, como si quisiera proteger a todos los pequeños en ellos. Apoyó los labrum sobre los cascarones, en un gesto de afecto desesperado—No hay la menor condición de higiene para un recién nacido y ésta gente no tiene idea…
—Nuestra nave está llena de infección. Si los bajamos, algunos lograrán salvarse.
Sólo entonces Xyrella advirtió que el Sanador tenía los ojos llenos de lágrimas. Tomó aire.
—Mtunza… mi propia hija está en ésta camada. Vi morir a demasiados, por la plaga. A demasiados. Por favor, te lo suplico…
El silbar de la computadora le respondió. Uno a uno, los cascarones estériles se fueron abriendo, dejando ver a un bebé en cada uno de ellos, estirando sus pequeñas antenas húmedas. Xyrella sintió sus corazones encogerse de afecto, tocando a los pequeños.
Eran Poleepkwa, serían hermosos cuando crecieran. Y quizá los terranos pudieran comprender entonces, la belleza que él miraba en los recién nacidos.
Mtunza sacó una bebé del cascarón.
—Llévatela. Sálvala, si puedes. No quiero saber más, no…
Xyrella ni siquiera volvió la vista atrás, al salir de la nave.
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El comm silbó y el ocupante de la enorme sala se volvió hacia la pantalla, mientras agitaba la crema de su café. Éste era un vicio viejo, pegado a su caparazón desde la Academia…y era curioso que apareciera el símbolo de la Flota justo cuando estaba pensando en su breve tiempo pasado en ella. Abrió el mensaje:
PARA; Kraa'l, Ncwengo.
Sistema Tellycan, Nación Wadudu
Embajador
DE; James Tiberius Kirk, Capitán.
NCC-1701-A, USS Enterprise
Embajador Ncwengo, Saludos.
Nuestra nave encontró un crucero perteneciente a su nación y especie. Le rogamos se comunique a brevedad, dado que la nave en cuestión se encuentra dañada, así como los dos únicos tripulantes que rescatamos…
Kraa'l casi dejó caer la taza y salpicó café sobre la mesa. ¿El Enterprise? Válgame. Redactó a troda velocidad una respuesta y pinchó el intercomm de su escritorio; Janine, su ayudante humana apareció en la pantalla, la sonrisa enorme, las gafas de marco grueso cubriendo los ojos marrones. Era verdaderamente linda y de no ser por los prejuicios reinantes, Kraa'l ya la habría invitado a salir. Ésta vez, no podía andarse con galanterías.
—Diga, embajador…
—Janine, alista mi crucero personal. Con ruta para San Francisco, California, por favor. Y consigue un lugar en el próximo enlace con la nave Enterprise.
El tono fue terminante, aunque amable; la chica humana se le quedó mirando, boquiabierta. Asintió rápidamente y la pantalla se oscureció. Kraa'l se volvió hacia la ventana; el cielo de Nairobi quemaba sobre la capital, pero era el clima que hacía sentir cómodos a los de su especie. Suspiró.
¿Qué sería tan importante para que el capitán mismo de una nave tan distinguida lo llamara?
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Capítulo sin beteo. Me retrasé considerablemente, debido a un problema familiar. Espero que no suceda así, de nuevo, pero no os garantizo nada. Mil gracias por leerme.
FA.
[1] Oört. Chris/Xyrella se refiere a la Nube de Oört, la nube cometaria situada más allá de Plutón; es una 'esfera' de cometas, que rodea nuestro Sistema Solar. Se ha estipulado teóricamente que sería un buen lugar para cosechar agua, de la cual se puede obtener hidrógeno, que es un combustible de alto rendimiento y bajo costo para naves que se mueven a baja velocidad, como el crucero Poleepkwa, el cual se mueve en warp sólo entre su mundo y nuestro sistema.
[2] Si conocéis 'La Amenaza de Andrómeda' (1969, el libro; 1971, la peli original, 2008, la serie para TV), sabéis a que me refiero. Si no, la historia original es el primer libro de Michael Crichton, al que conocéis por 'Jurassic Park'. Es una novela donde se teoriza sobre la llegada de un virus a la Tierra, que genera una epidemia que acaba con un pueblo. El nombre del virus, es Andrómeda. Éste no posee DNA ni nada que lo emparente con ninguno de los virus 'normales' que tenemos en nuestro humilde planeta. No necesita atacar al huésped ni le quita recursos; simplemente se reproduce exponencialmente y acaba por invadir el cuerpo del infectado, hasta matarlo, en unas pocas horas. Una vez que se adapta, comienza a mutar y pierde su capacidad de asesinar. De haber recibido la alimentación e hidratación correcta, los Poleepkwa del crucero se habrían salvado. Pero no llegaron a la Tierra correcta…
