Un capi largamente retrasado, lleno de deseo físico, de angst, de escenas nc-17 y de encuentros y reencuentros. Gracias, por vuestra paciencia.

5

Con algún trabajo, el huevo se deslizó fuera de su cuerpo, entre sus piernas. Charlie lo recuperó rápidamente, colocándolo sobre un trapo limpio y enjuagándolo de inmediato. Wikus estaba más allá del shock; no sólo era increíble.

Era algo absolutamente horrendo, sacado de una vieja película serie B. Otro trapo cayó sobre sus labrum.

—Sécate. Estás tirando un montón de agua y sangre. Presiona contra tu vientre o te desmayarás.

Wikus obedeció por puro automatismo, asombrado del latir del huevo, en su funda de cuero oscuro. Charlie sacó una lámpara y revisó al crío en su interior; se veía bien formado, aunque más pequeño de lo normal.

Era de esperarse; los nano-robots habían reconstruido a Wikus, pero no podían sacar materia de donde no existía y habían conseguido un prawn con la estatura de un ser humano. Su bebé entonces, era igualmente pequeño.

—No creo que resista la dieta de los otros críos, Wikus. Tendremos que ponerte un tubo en el brazo…

El boer se limitó a asentir, confuso; al ver el huevo, sus instintos se partieron en dos. Una mitad quería huir de ahí, olvidarse de semejante espanto y no pensar más en ello. La otra mitad le urgía a protegerlo y dar la vida por aquel extraño trozo de sí mismo. Ni su corazón ni su mente sabían por cuál decidirse y tuvo que hacer un esfuerzo supremo por mantenerse consciente y sin pánico.

Habían pasado sólo tres meses desde la partida de Christopher; el huevo tardaría otros tres en crecer, desarrollarse y reventar.

Y ¿Luego?

Wikus ni siquiera estaba bien adaptado a su nueva piel, a su forma de caminar o de comer, a la sed infinita que padecían todo el tiempo o al cansancio y el agotamiento inducidos por el sol y el polvo.

Era como si de repente, hubiera ido a parar a otro país –a otro mundo, en realidad- y no a su ciudad natal; todo le era incómodo, extraño y nuevo. Los olores y vibraciones le suponían un tormento y la novedad de reconocer a cada uno de los habitantes del Sector, meramente por un cloqueo y su cifra de feromonas, no dejaba de asombrarle.

Quizá lo más raro era lo Otro. Wikus no sabía cómo llamarlo. Habiéndose convertido en uno de ellos, el resto de los prawns guardaban a duras penas, un secreto. Y no lo mencionaban por nada, manteniéndolo al margen.

Quizá era algo que sólo los nacidos en el mundo origen comprendían. O una marca genética que Wikus no podía tener, dados sus orígenes humanos. En su mente nueva, aparecía como un hueco oscuro, como algo que no lograba explicarse y que pasado el tiempo, dejó de intentar comprender.

Ahora, con el recién nacido a unos pasos, sus preocupaciones eran otras ¿Cómo iba a mantener vivos a ambos, si ni siquiera podría salir a recoger carne o comida de gato? Charlie inclinó las antenas, en simpatía

—No debes preocuparte. Ya te dije que eres uno de los nuestros; vas a alimentar a tu crío por unos días y Thomas y los otros te traeremos comida y agua. Después, conseguiremos una vaca. Por ahora, lo importante es que descanses.

Wikus no supo qué responder. Pese al agotamiento, el shock lo mantuvo despierto toda la noche…

-00-

Aire seco. Polvo por todas partes. Los gritos y los derrumbes, un ruido negro, lejano en la mente de Spock. Su corazón, taladrando sus costillas bajas intentando escapar de su propio cuerpo, para correr más rápido, más rápido, a una velocidad poco realista e ilógica, su sangre inundada de ¿Qué? No podía reaccionar y era un mero animal preso de sus reacciones, de sus sentimientos…

El silbar del flotador basurero, viajando a toda velocidad sobre un San Francisco destruido, el dolor intenso tan profundo y tangible, la sangre brotando de su frente, de un esmeralda brillante cayendo en reguero sobre el uniforme y el polvo y Spock no sabía si el dolor venía de afuera, del intenso sol y el hermoso día o de dentro de él, como un relámpago, un cortocircuito excelso de pena…

La aparición, pálido el rostro, como la muerte misma, como el frío de Delta Vega, como el vacío que había quedado en el lugar de Vulcano. Pálido Khan.

Y su puño, golpeando sordamente el rostro del mutante, una y otra vez, incansablemente y los gritos de Uhura, desde el borde mismo del sistema solar o eso le parecía a él, de tan lejano. Ella intentando pararlo. Ruido sordo. Pánico. Los ojos de Jim, vacíos…

Spock despertó, el corazón acelerado, la respiración agitada.

Soñar, para un Vulcano, era algo extremadamente raro. Y McCoy lo atribuía a la muerte de Jim, una herida síquica que, pese a haber salvado a Kirk, tardaría en repararse en la mente de Spock.

Respirando despacio, hizo un esfuerzo por serenarse. Mucho contribuyó el cuerpo cálido junto al suyo. Jim roncaba suavemente y Spock se volvió a mirarlo; tan joven y hermoso. Lo besó, ligeramente, en los labios, conteniendo la angustia. El miedo tenía ese sabor de sal, el de sus propias lágrimas al verlo morir en el contenedor de radiación, injustamente cercano al sabor salado de la piel de Jim…

La pena por su muerte y el horror por perderlo habían sido más que una prueba. Spock no había llorado por la pérdida de su mundo. No había llorado frente a la muerte de su madre, la persona que más había amado y a quien jamás se lo dijera. Y sin embargo…

Y sin embargo, lloró de horror frente a los encristalados sellos del corazón warp —Jim preso, muriendo tras ellos- y lloró en ira cuando gritó el nombre de Khan y lloró veinte noches seguidas, sin hacer ruido, calladito, junto a la cama del hospital, allá en la Sección Médica de la Flota, esperando que Jim saliera del coma y los experimentos de McCoy con la sangre de Khan hicieran el milagro, rezándole a dioses en los que no creía y privándose ilógicamente de comida y sueño.

Las lágrimas terminaron por hacerle surcos en la delicada piel y una Nyota aterrada por su aspecto, le obligó a comer después de tres días de vigilia, de pié frente a la cama de Jim.

En algún momento, Leonard McCoy comprendió que si no anestesiaba al Vulcano, cuando Jim despertara la cosa se volvería un verdadero drama y él no era aficionado a esa clase de teatros.

Fue esa decisión y el trance que siguió, lo que permitió a Spock presentarse al dia siguiente con un rostro fresco, a esperar que su Capitán –su vida misma, más allá de lo que hubiera podido prever o pensar- despertara.

Últimamente, las pesadillas se habían retirado. Quizá las de esa noche se debían al relato de Christopher, más que otra cosa. Jim lo percibió.

—Ahmm… ¿Spock? ¿Estás bien?

El Vulcano lo envolvió en sus brazos y en sus besos, por toda respuesta: labios, el borde de su rostro, las cejas, los ojos, las mejillas las orejas, una lluvia casi frenética y llena de ternura. Jim se dejó hacer, sonriendo, los ojos cerrados. Se separó de él, después de un beso particularmente intenso.

—No sé qué soñaste, pero si ésta es la respuesta, ojalá y sueñes lo mismo más seguido…

Spock se deslizó sobre el cuerpo de su esposo, frotándose contra él sin parar de besarlo. En algún momento, Jim se dio cuenta de dos cosas; el tamaño de su erección y Spock montándose sobre él, hundiéndolo, abrazándolo con todo su cuerpo. Jim lo tomó de las nalgas, agarrándolas con fuerza, hasta marcarle los dedos y Spock gimió, masturbándose al mismo ritmo de Jim entrando y saliendo de él. Una de las manos de Jim subió hasta uno de los tres pezones izquierdos de Spock y luego, bajó hasta las manos de éste, sobre el verdoso pene, tomando una de ellas y llevándosela a la boca, lamiendo los dedos lascivamente. Spock llegó al clímax en un momento, chorreando el estómago y pecho de Jim con una carga de semilla ardiente. Después, se dejó caer sobre Jim, sin importarle si quedaban embarrados y pegajosos.

—Fuuuuuu—silbó Jim —¿Que fue lo que pasó, 'shayam?

El Vulcano tardó un minuto en responder; tanto tiempo que Jim pensó que se había dormido de nuevo… y lo malo era que Spock no pesaba poco. Al fin, el Vulcano alzó el rostro, escondido en el cuello de Jim. Y a éste le bastó una mirada de los ojos húmedos del alien en sus brazos, para saber lo sucedido. Lo besó con fuerza, en los labios.

—No puedo prometerte que no va a pasarme nada, Spock. Lo sabes.

El Vulcano desvió la mirada, avergonzado. No podía controlar bien el temor a la pérdida y ahora, lo sabía y ello lo afrentaba contra su disciplina vulcana y hasta con sus genes terranos.

—Solicito tus discul…

—No tienes por qué disculparte, amor.

—Mi actuación es ilógica.

Jim se rió, acariciando la mejilla de su esposo con un dedo, borrando la lágrima que pugnaba por deslizarse.

—Me gustaría más ilogicidad de esa clase, ¿Sabes? Y no hablo de las pesadillas.

El beso siguiente fue suave, convirtiéndose en una lluvia sobre el rostro del Vulcano, sus orejas, su cuello, sus hombros. Esta vez fue turno de Spock para recibir, hasta que Jim los hizo rodarse y quedar encima de él, comiéndoselo a besos…

—¿Listo para una segunda ronda?

El silbo del despertador —0600— vino a interrumpirlos. Jim apoyó la frente sobre un Spock despeinado, las mejillas enverdecidas aún y los ojos semicerrados.

El joven Capitán acarició los labios de su comandante, perdiéndose un momento en su mirada.

—Te amo.

Spock tragó saliva. Le costaba afirmarlo, su educación en cuanto al dominio de los sentimientos estaba metida hasta el fondo de sus átomos. Pero no era esa la causa, no. Afirmar sus sentimientos por Jim sólo lo llevaban a maximizarlos, en caso de su pérdida. Y ya había ocurrido. Si a Jim le pasaba algo ¿Qué haría Spock con esta inmensidad enterrada en sí mismo, que sentía por él? Por el horror que había tocado, le costaba decirlo. Besó a Jim, coin los dedos y la boca.

—Lo sé.

—Entonces, no lo olvides. Todo el tiempo presente es nuestro; Surak diría que no te preocuparas por el futuro—le guiñó un ojo— ¿Me acompañas a bañarme?

Le dio un beso en la punta de la nariz y se levantó de la espaciosa cama (¡Gracias a todos los dioses por la experiencia de Scotty y los diseños de Gaila!), dirigiéndose a la ducha y dándole a Spock un verdadero espectáculo con su cuerpo, desnudo y marcado aún por los besos del Vulcano.

El ruido del agua, la temprana hora y la invitación de su amado eran más que una tentación. Afortunadamente, el Enterprise podía darse el lujo de reciclar toda el agua y ya no sufría el racionamiento de otras naves, destinadas a la mera ducha sónica.

Spock se dejó llevar por la lluvia tibia como un manto y las caricias de Jim borraron sus temores de la noche…

-00-

El swirll del teleportador terminó, así como sus luces. Scotty se puso en pié, sonriendo enormemente.

—Mira nada más— un silbido—mi madre me bendiga, junto con los productores del mejor Glennfidich, fuera de la Tierra…

El alto insectoide bajó de la plataforma, una caja sugestiva en la mano derecha, los ojos muertos de risa (no era posible ver si sonreía, a causa de los labrum que cubrían su boca) y la mochila en la otra mano, ignorando al ayudante de su embajada, una chica humana morocha y muy bonita.

—Y yo no podría olvidarme de traerte nuestro mejor whiskey, Montgomery Scott, rata mañosa de barco…

Dejando la botella sobre los controles del teleportador, el humano de uniforme rojo se acercó al poleepkwa impecablemente vestido y ambos se abrazaron y golpearon mutuamente las espaldas, riendo, en el más puro goce.

—No sabía que te extrañaba, cucaracha!

—las plagas de barco somos indispensables, rata de sentina!

Sólo Uhura y Riley se quedaron con los ojos de plato, mirando al fino embajador y al rupestre ingeniero, sin decir nada. Ncwengo Kraal soltó a Scotty y miró a su vieja amiga, poniendo una de sus altas rodillas en el piso, inclinándose ante ella.

—Ikuska, Kandake…no, ninguna de ellas ha igualado a tu belleza, Nefertari mía—se inclinó galantemente y tomando la mano de Nyota, la acarició con su antena izquierda, el equivalente de un beso. Ella lo miró con ternura, la sonrisa divertida y negó con la cabeza, sin decir palabra. En ese momento, entró Jim al área de teleportación, seguido de su Primer Oficial.

—¡Embajador Kraal! ¡Bienvenido al Enterprise!—Jim puso un rostro de diversión— Veo que ya ha hecho amigos…

Nyota se volvió a su Capitán y lo fulminó con sus ojos de 'siguessiendounrudogranjeroparami,Kirk' y fue Scotty quien le respondió

—Ncwengo ...es decir, el Embajador Kraal y yo hicimos juntos un trimestre de Ceramización del corazón warp, una técnica de protección muy refinada que…

—Protege los cables donde se hace la mezcla materia-antimateria, Scotty, si conozco esa especialización— Jim alargó la mano—me da mucho gusto tenerlos entre nosotros, Embajador. Parece que tenemos algo gordo. Embajador, permítame presentarle a mi Primer Oficial, quien es también mi Oficial Científico.

—Y su ninkaaga, según tengo entendido, qeybtii kale ee wadnaha, cierto? ¡Mis felicitaciones! Es un verdadero placer conocer a tan distinguida pareja de guerreros— alzó la mano, en un ta'al perfecto gracias a sus tres dedos.

Nyota se adelantó.

—'La otra mitad de su corazón', ¿Eso fue lo que quisiste decir?

Ncwengo se volvió a ella y levantó una guedeja de los cabellos de Nyota, amarrados en la coleta, asintiendo.

—Una traducción impecable, querida. No sabes cuánto gusto me da verte.

Nyota le guiñó un ojo.

—No sé si pueda decirte lo mismo Kraal…

—Te he extrañado.

Lo he hecho como si fueras una de mi especie y eso, no está bien. Pero nada me prohíbe hacerlo y me encanta sentir que te extraño. Eres un dolor querido a mis corazones.

Sólo Nyota entendió, e hizo un sobresfuerzo para mantener la compostura. De haber sabido Jim que las frases y el roce de las antenas del poleepkwa sobre la frente de su Oficial en Comunicaciones implicaba un beso tan serio como el roce de sus dedos con su Vulcano esposo, habría enrojecido de inmediato. O se habría reído, dado que implicaba una forma más de molestar a Uhura.

El 'Ahem!' de la ayudante del embajador vino a interrumpir el momentáneo silencio extendido sobre los presentes. Ncwengo no se dignó mirarla, meramente la señaló con una de sus manos alternas.

—Mi atelier, la doctora…

—Yanine De Vong Yoosen, a sus órdenes-interrumpió ésta.

Jim se adelantó, tan galante como siempre.

—Bienvenida a la Enterprise doctora, y ¿Su especialización es..?

—Relaciones Políticas Interespecies, Capitán.

Fue turno de Spock.

—Nuestros náufragos nos esperan, Embajador. Sean tan amables de seguirme…

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Headcanon; Los humanos, como descendientes de monos, tenemos dos pezones. Los Vulcanos, como descendientes de gatos, tienen 6.