Ha sido un largo retraso, pero poco a poco, me pongo al día. Música de este capi "Lost but won" del soundtrack de Rush, una peli magnífica. Cada quien reconoce sus razones para actuar, sus miedos para hacerlo y se prepara, sin saberlo. Millones de gracias adelantadas por leerme. s'FA
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—¿Significa entonces que tengo una oportunidad?
—No me estas tomando en serio.
—Por el contrario, Nyota. Quiero saber por qué no funcionaron las cosas con el Vulcano.
Nyota se acercó al ventanal del Deck de Observación, donde se había citado con el embajador, después de la reunión con el capitán y fuera de su turno de trabajo. Vestida con su ropa africana, a Kraal le pareció espléndida en su belleza y contradictoriamente, fuerte y frágil al mismo tiempo.
—Era lógico, Kraal. "Es eminentemente lógico". Eso fue lo que me respondió Spock cuando le pregunté el por qué a sostener una relación conmigo. ¿Has visto la pasión en su mirada, cuando habla con Jim? No pude soportarlo. Quiero a alguien que esté tan enamorado de mí como él lo está de Jim. O quizá la realidad no es así, no debe ser así. No lo sé. Soy humana y tengo mis errores, déjame tenerlos.
El insectoide le guiñó un ojo.
—Siempre me he preguntado, mi querida Nyota, por qué los Terranos usan su 'humanidad' como pretexto para cometer errores o para disculparse por ellos. No lo comprendo. Yo soy alien para ti, para tu cultura, tu planeta y sin embargo, habría hecho lo mismo y entiendo tu razonamiento. Sólo me pesa una cosa.
—¿Cuál?
—Que nos has hecho perder el tiempo, enterrando lo que siento por ti…
Uhura se abrazo a sí misma, como si sintiera escalofríos, sin despegar su mirada del cristal. Dejó pasar los segundos, tensos. ¿Era verdadero aquello?
—Kraal, por una vez querría que no estuvieras hablando en broma.
El insectoide tomó el holopic que la africana le había llevado, donde se veía a una hermosa Gaila, sonriente y viva. Excesivamente, cómo sólo la orionita podía serlo. Rió en voz baja.
—Tal vez estoy siendo pretencioso. Nosotros atribuimos nuestros errores a los genes de nuestra madre o a la tierra de la que comemos, pero no a nuestra especie. Supongo que es cultural. Y si, si hablo en serio…
Alzó su enorme mano y con la punta de sus dedos, acarició la perfecta mejilla de Nyota. Esta notó los ojos amables, el elegante caparazón, de color negro y azul agua, la distinción que tenía como caballero y recordó todas sus similitudes; la poesía, la risa, hasta los cocteles que se inventaban con Gaila. Y las infinitas bromas.
—Kraal… sabes que no es posible.
—Sé que los sueños hay que perseguirlos, querida mía. Déjame consentirte, sí? Déjame cortejarte como no lo ha hecho nadie, humano o insecto.
Nyota lo miró, el rostro ladeado; especies aparte, Kraal era alguien excepcional, no meramente un embajador de su mundo y nacido entre la nobleza. Y hablaba absolutamente en serio. Nyota había errado antes con un alien pero algo le decía que había más humanidad de la que podría predecir, tras el caparazón de Ncwengo. Ella se acercó y tomó su mano, extraña, diferente, pesada, entre las suyas.
—Tal vez es hora de perseguir esos sueños juntos, querido amigo…
Ncwengo sintió acelerarse su doble pulso; Nyota no era solamente hermosa. Era inteligente y terca, cualidades que defenderían asombrosamente bien sus genes y que la volverían una reina, si fuese de su misma especie. Era asertiva y tenía una gran capacidad de negociación y de orden. Y, por sobre todas las cosas, tenía compasión, una característica humana que compartían los poleepkwa y de la que se sentían orgullosos.
Por un momento, Kraal se dio cuenta de que era lo mismo que el ingeniero Xyrella le había dicho, sobre su pareja terrana, Wikus. Ambos eran excelentes, genéticamente hablando.
Ahora, estaba dentro del área de trabajo de Kraal el rescatar no sólo al tal Wikus, sino a todos los descendientes atrapados en la otra alternatividad terrana.
Y Kraal dio gracias a las Diosas Hermanas por la presencia de Nyota Uhura, como guía de sus sueños, cimentando la confianza de lograrlo, pese a las dificultades que indudablemente, se iban a presentar…
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—¡De ninguna manera me parece una buena idea!
Geoff cerró los ojos y apretó los generosos labios, contando del uno al diez, frente al estallido de McCoy.
—Escúchame bien, Leonard…
—Dije que no y basta.
—Las órdenes del capitán son muy distintas, Len.
McCoy se acercó al escritorio y apoyo ambas manos sobre éste, negando con la cabeza.
—¿Por qué demonios nadie me hace caso nunca, eh? El riesgo de que te capturen y te pase algo es altísimo. ¡Jim corre menos peligro que tu, carajo!
Geoffrey siguió sin alterarse.
—Nací en JoBurg, Leonard. Hablo bien todos los dialectos de la zona. Y alguien tiene que quedarse en las otras naves, con el resto del equipo médico, viendo a los supervivientes. Soy perfecto para la búsqueda de Wikus.
—¡Por mí el tal Wikus puede irse al demonio! ¡No voy a permitir que uno de mis mejores médicos en mi equipo sufra algún daño sólo por la necedad de un chiquillo y un par de insectos!
—Ese chiquillo es tu capitán y los insectos son representantes de un pueblo que es un aliado poderoso de la Federación. Si Jim te oye te mandará al calabozo…
Christine casi soltó la risa frente a la confrontación.
—Len, Geoff tiene razón. Jim necesita a un médico experto y no sólo a Uhura. No sabemos con qué van a encontrarse.
—Van a bajar en plena Sudáfrica del apartheid, no en cualquier época, sino en una donde pueden meterlos a la cárcel por mirar a un blanco y donde pueden matarlos por alzar la voz. Eso es lo que van a encontrarse.
—No irán solos y ambos están bien entrenados.
McCoy alzó una ceja incrédula, el gesto adusto.
—¿En verdad? Geoffrey no sabe distinguir entre un phaser y una hipo y Uhura…
—No te sugiero que termines esa frase, doctor.
Por supuesto. Nyota Uhura, Jefe de Comunicaciones, acompañada del embajador insecto, un tipo alto y peligroso a todas luces, invadiendo la Sickbay. SU Sickbay.
—Teniente Uhura, yo…
—Estás aterrado, como de costumbre.
—No estoy de acuerdo en la forma de rescate que quieren hacer. Scotty bien puede usar los teleportadores.
Uhura hizo ojos de espiral, incrédula.
—Estamos hablando de dos millones y medio de poleepkwa, Doctor. Se necesitarán lo menos diez naves, para poder evacuarlos de la Tierra. Y hablamos de lanzaderas de aterrizaje y no solamente teleportación. Va a ser una maniobra enorme.
—Precisamente. Necesito a todo mi personal médico en semejante operación.
—Geoffrey y yo tenemos que rescatar a alguien en particular, Leonard. Ese alguien es pariente directo del ingeniero Christopher Johnson y de paso, hay que mantener la Primera Directiva vigente y con toda seguridad, tendremos que borrarle la memoria al planeta entero.
Hubo un instante de silencio.
—¿Ha comentado sus objeciones con el capitán Kirk, Doctor McCoy?
El Traductor Universal hacía clara y grave la voz del embajador poleepkwa; McCoy tenía que admitir que en otras circunstancias, el tipo le habría caído bien. Al parecer, había hecho amigos rápidamente, por no contar a Scotty y a Uhura.
—Señor…
—Kraal, doctor.
—Muy bien, Kraal; entiendo que nuestro trabajo es peligroso, pero no quiero asumir ni un punto más de riesgo. ¿No pueden buscar a Wikus con su esquema de ADN?
Kraal suspiró.
—No tenemos un esquema de ADN para esta persona, doctor. Es un híbrido humano/poleepkwa. Un desgraciado accidente. Y no podemos cometer errores con él.
—¡Dios mío! ¿Cómo ocurrió eso?
Kraal suspiró.
—Larga historia. Pero lo necesitamos a usted. Y el capitán quiere hacer una búsqueda personalizada. Bajarán él, la teniente Uhura, el doctor M'Benga y yo les acompañaré, como su guardia personal ¿Eso le basta?
McCoy miró a Geoffrey.
Carajo diez mil veces. Apenas estoy teniendo un poco de tiempo contigo y ¿Me haces esto?
M'Benga bajó la mirada, los ojos azules apenados.
—¿Qué opina el duende verde?-dijo McCoy a Kraal.
—¿Duende verde?
—Se refiere al Comandante Spock…
Kraal tosió.
—Doctor, me asombra que alguien con tantos prejuicios raciales y de especie tenga el comando médico de tan prestigiosa nave. El señor Spock no hizo objeciones.
McCoy soltó una risita amarga.
—¿Va a decirme que Spock dejará ir a Jim así como si nada? Y por cierto, maldigo como se me da la gana. No soy un racista estúpido…
Geoff soltó la carcajada y habló en xhosa.
—Es cierto, Kraal; McCoy maltrata a todos por igual. Es un verdadero demócrata.
Uhura se acercó al médico y sonrió, con tristeza.
—¿Qué supones que va a decir? Es el trabajo de ambos, Len. Y conoces bien a Jim.
Leonard asintió y negó con la cabeza, a la vez, mirando al piso, furioso.
—Así que como siempre, voy a quedarme, rezando en todos los idiomas, en lo que ese tonto y todos ustedes me sacan canas verdes. Muy bien. ¿Dónde está el PADD de autorización, caramba?
Christine Chapel se lo extendió y Leonard tecléo algo y puso su huella.
Bueno, estaba hecho. Ahora, su médico sustituto estaba al mando de una operación en tierra y él tendría que coordinarse con los médicos que enviarían los poleepkwa y los demás de la Federación.
Y, también, el hombre del que estaba enamorado iba a meterse en un sinfín de peligros, arriesgando su vida y él, Leonard Horacio McCoy, no podría hacer absolutamente nada, mas que intentar acelerar al máximo aquel maldito rescate, para que Geoffrey regresara lo más pronto posible, preferiblemente a quedarse entre sus brazos.
Tsk.
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—¿Qué dijo Scotty?
—El manejo será extremadamente difícil, Capitán. El señor Scott plantea una alternativa a la propuesta que nos ha hecho Tellycan.
Jim miró a su esposo, cubierto sólo con la bata negra de meditación y las mejillas levemente enverdecidas, dada la actividad reciente. Habían llegado del gimnasio y se habían dado un buen baño –nada rápido- antes de la cena, que Jim estaba preparando en el replicador.
Ninguno estaba de humor como para ir al comedor, ciertamente. Y Jim notaba la demasiado perfecta indiferencia en su Vulcano, quien hablaba como si estuvieran en el puente y no en su camarote. Spock estaba enojado. Bueno, suspiró, sigámosle la corriente. Ya habrá mas de una forma de quitarle el enojo…
—¿Cuál es esa alternativa?
—Subir grupos de 100 mil en 100 mil a una plataforma en el Atlántico y de ahí, teleportarlos a las cinco naves que los Poleepkwaa proporcionarán.
—¿No es más fácil la teleportación directa?
—Con seguridad las fuerzas armadas sudafricanas intentarán intervenir en el asunto, Capitán. Y eso hará que el planeta entero imponga vigilancia en órbita. Scotty sugiere que los cruceros grandes se oculten tras la luna. Al mismo tiempo, el dispositivo de PEM que diseñamos dejará inoperantes las comunicaciones en todo el planeta, por no menos de 5 días. Y el océano creará una barrera natural. Christopher…el ingeniero Xyrella mencionó que los terranos no quieren dejarlos ir. Los poleepkwa representan muchas ganancias en cuanto a desarrollo de armamento para los sudafricanos…
Jim casi notó el 'ilógico' en la frase final de Spock.
—Debes pensar que somos unos irracionales estúpidos, pensando con que otra cosa podemos autodestruirnos.
Spock lo miró, sin expresión en el rostro.
—Ciertamente, no pienso eso, Jim. Surak se vió enfrentado con situaciones parecidas, en mi mundo.
Jim sonrió, poniendo sus ojos más dulces.
—¿Puedes decirme entonces por qué estas tan enojado?
—Capitán, me atribuye una emoción que no…
—¿"Capitán"? ¡Si eso no es enojo, entonces yo soy un pez frito!
Spock elevó una ceja y la comisura derecha de su boca, derritiendo el corazón de Jim en esa minúscula sonrisa.
—Tu parecido con un pez frito dista mucho de ser convincente Jim. Y, si te complace, admitiré mi preocupación. Pero no es enojo lo que siento.
—¿Entonces?
—Confieso que me inquieta que desciendas a este mundo, así sea el tuyo propio. Y mi inquietud aumenta, sabiendo que no puedo acompañarte –vaciló- sé que esa preocupación es poco profesional, pero no puedo evitarla…
Jim sonrió y besó la frente y la nariz de su esposo, descendiendo hasta su boca. El beso fue cálido, promisorio. Jim recargó su frente contra la de Spock, suspirando.
—Christopher hizo un compromiso con este humano, Wikus. Es su amigo. Tenemos que hacer honor a ese compromiso, curarlo y regresarlo a su familia. Y borrarle la memoria. Christopher y todos los otros poleepkwa que están en la Tierra han mantenido, a costa de sus vidas, la Primera Directiva, Spock. No podemos no ayudarlo.
—No me opongo a esa ayuda, Jim. Sé que los poleepkwa son una especie honorable y comprendo la extensión del compromiso de Christopher. Pero esta Tierra a la que vas a descender no es la que conoces, no es la que ambos conocemos. Y por más que confíe enteramente en tus capacidades e inteligencia…
—¿Temes que alguno de esos salvajes me haga algo?
Por toda respuesta, el Vulcano se puso en pie y envolvió a su esposo en sus brazos, escondiendo el rostro en el hueco entre su hombro y su cuello, pegando el cuerpo de ambos. Jim percibió su angustia no sólo en el gesto, sino a través del Enlace Mental.
—Hey…hey ¿Qué pasa? Estaremos juntos, estamos conectados. Tenemos cinco días para vaciar la tierra de insectoides y nos estaremos reportando todo el tiempo. Mírame, Spock, si?
Azul y marrón se encontraron en la mirada y Jim sonrió.
—Hemos estado en peores situaciones. Además, Geoffrey y yo no vamos solos; estaremos con Uhura y el embajador. Eso sólo debería tranquilizarte.
Jim consiguió la semisonrisa que necesitaba y Spock asintió.
—Ciertamente. Nyota es un buen argumento para desalentar a cualquiera que intente atacarles…
—Y no hagas menos al Embajador Kraal. No dejará a Uhura fuera de su vista ni un segundo y yo no me metería con él…
Spock miró a Jim con el gesto del gato que se ha tragado al canario.
—¿Qué?
—Entonces, lo has notado.
—¿Que él la sigue a sol y sombra? ¡Claro! Hasta parece que ha caído bajo los encantos de nuestra oficial estrella.
Spock casi hizo ojos de espiral. Casi. ¿Cómo era posible que alguien tan inteligente pudiera ser tan poco consciente a la vez?
—Jim, Ncwengo Kraal es amigo de Nyota, desde la Academia.
—¿Y?
—Y desde ese tiempo, está enamorado de ella…
Spock saboreó por un momento la cara de pez fuera del agua que ponía su esposo. De repente, Jim dejó ver una sonrisa maligna.
—¿"Sólo con animales de granja"? ¡Ja! Bien dicen los klingon que la venganza es un plato que se come frío…
Spock pestañeó, desconcertado. Pero Jim se limitó a besarlo y a desatarle la bata. Y Spock ya no se preocupó más por los animales de granja a los que Jim se refería. En ese momento, sólo le importaba la presencia de su esposo y la noche –demasiado corta- que tenían por delante.
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Ncwengo desconectó, ostensiblemente, el Traductor Universal, obligando a Xyrella a hacer lo mismo. Nyota comprendía perfectamente los matices de la diplomacia y, pese a comprender el idioma a la perfección, sabía que debía fingir oídos sordos.
Yanine, la ayudante del embajador en cambio, estaba azorada. Jamás había estado en una nave de la Flota y la actividad del Enterprise no era poca. La entrevista actual podía calificarse de histórica.
De paso, el contraste entre Christopher y Kraal era para verse con calma.
El alto insectoide había cambiado notoriamente su color, después de haber pasado por todas las curaciones de McCoy y, pasando de un amarillo sucio y deslucido, su caparazón era ahora brillante y las manchas negras contrastaban con el dorado de sus ojos. Ncwengo cruzó las manos móviles y sus dos manos alternas sujetaron el PADD con instrucciones.
—Xyrella Meshimiwa, Comandante de Ingeniería de la nave Ukutufu wa Malkia, de la Nación Buntu, Tercer planeta del sistema Tellycan, bajo el gobierno de Su Majestad Zunduri VII La Clarísima y…decimoséptimo hijo de príncipe, según veo. ¿Eres un zángano? ¿Candidato a las princesas?
Xyrella asintió, dignamente.
—Sí, Embajador. Pasé las pruebas genéticas para el principado y mi madre, la ilustre Maisha, falleció durante la pérdida de nuestra nave.
—Tu madre era reina de una colmena menor.
—Efectivamente.
—Bueno, todos los obreros…
—…son hijos de la reina.
Kraal sonrió.
—Veo que tuviste un hijo. Oliver Johnson. No lo nombraste como uno de los nuestros.
Christopher pareció avergonzarse por momentos.
—Sinceramente, Embajador, no creí posible que lográsemos regresar a nuestro mundo. Los terranos no podían conocer nuestros nombres verdaderos, así que los dejamos nombrarnos como quisieron y usaron palabras que ellos podían comprender.
Kraal levó una antena y Chris reconoció sus feromonas; asombro y disgusto.
—El padre o madre de tu hijo, Paul ¿Qué fue de él?
—Padre, embajador. Paul…Mtunza era un sanador y amigo mío, en la nave. Lo mataron poco antes de que Oliver hiciera volar la nave, nuevamente. Cuando nació Oliver, yo tenía una hija entonces, de los recién nacidos que bajamos de la nave. Se llamaba Sherryl. Paul pensó que si formábamos una unidad familiar, sería más difícil que nos agredieran y podríamos sobrevivir por más tiempo.
—Pero no tenían plasma de su Reina.
—Efectivamente. Por eso todos los huevos que los sobrevivientes eclosionaron, produjeron machos, exclusivamente. Mi hija había sido concebida mucho antes, en la nave.
—¿Qué fue de ella?
Chris-Xyrella bajó la mirada y Nyota pensó en cuán similares eran los comportamientos entre insectoides y humanos; la pena en Chris era evidente.
—Habría sido una gran princesa y una reina magnífica, Embajador… verá, usted sabe cómo son las hembras. Quizá los demás obreros y los especialistas que aún vivíamos estábamos desorientados, no sabíamos bien a bien cómo actuar o a quienes obedecer. Pero Sherryl tenía muy claro el asunto; había que unirnos y enfrentar a los terranos y sabía eso, pese a su edad. El Distrito 9 estaba lleno de gente muy mala, uno de ellos, Obesandjo…
Ella es diferente, InDuna- dijo la bruja- si la comes entera, seguro sus fuerzas pasarán a ti. Obesandjo revisó a la joven frente a él. Las antenas plumosas, la cintura drapeada y los hombros angostos a mas de la faz delicada, con los palpos coloreados, definían a la prawn frente a él como hembra. Y las hembras eran cosa rarísima. Obesandjo lo pensó largamente.
—¿Y si tengo hijos de ella? ¡Ellos podrán manejar las armas!
La bruja lo miró de frente.
—Ella podría matarte, InDuna. Es mejor que la comas…
Obesandjo asintió y saboreó la sangre negra, pocos minutos después. Sacrificio inútil, que ni siquiera sirvió para mover sus paralizadas piernas. El nigeriano ordenó matar a cien prawns, por semejante fraude…
"La emboscada fue muy sencilla, Embajador. Y yo aun estaba recuperándome del parto de Oliver. Sherryl había ido con las Hermanas de la Misión a traerme comida de gato. Y ella era diferente, se daba a notar. Paul estaba comprando una vaca, para tener comida ese fin de semana. En el revuelo que se hizo en el mercado, no buscamos a Sherryl. Pensamos que volvería a casa. Uno de los nuestros, que trabajaba con los nigerianos en la compra venta de comida de gato, fue el que nos avisó."
Kraal alzó la mano derecha. Basta, no más, hasta aquí. Kroykah, habrían dicho los vulcanos. Podía sentir la pena de su igual, al saborear la mezcla química que expelía desde su piel y sus antenas.
¡Tanta muerte inútil! ¡Tanta pérdida de inteligencia y genes! Se recompuso en instantes.
—¿Quién es este Wikus?
Christopher palideció. De verdad cambió de color; tanto, que Nyota consideró llamar a McCoy. La voz del insectoide sonó quebrada.
—Wikus van de Merwe, Embajador, es otra historia…
