7 Prawnkus

Niara X, hija de Candake, hija de Kimya, hija de Makena, hija de Zunduri VII La Clarísima, Capitán de la nave Mwanga mKali, Nación Buntu, esposa de los Seis Guerreros y comandante de 100 mil obreros, terminó su ligera comida de pan, miel y pétalos de flores.

Los Terranos eran casi podía decirse que galantes, en sus atenciones hacia ella, y aunque su nave –la USS Enterprise- era pequeña y poco impresionante, el especialista en botánica la había suplido con un almuerzo delicioso. Era curioso que ese mismo especialista –Sulu, se llamaba- era también el encargado de timonear la nave.

Suspiró, por dentro; era de suponerse que los mamíferos necesitaban varias especialidades cada uno, dado el reducido espacio de su nave. Como si fuesen nanobots…

Se hallaba en el Enterprise para poder coordinar el rescate de la nave de su fallecida hermana mayor, la Ilustre Maisha.

Y Niara no era ninguna tonta; sabía que su hermana había sido una reina inteligente y la peste que había asolado su nave y que había terminado perdida en la singularidad, no eran más que las ocurrencias de su destino como exploradoras, pese a los comentarios de las otras princesas, en el Parlamento.

Su hijo, Xyrella, se le parecía enormemente; sus genes demostraban inteligencia, bondad, terquedad y fuerza de voluntad. De no haber sido su sobrino directo, Niara lo habría considerado seriamente para su propia provisión de Seis Guerreros, los príncipes zánganos elegidos como consortes, tomados de las otras colmenas.

Y, después de los hechos presentados a su abuela Zunduri, Niara vería que se le diera tratamiento de héroe y la sub-comandancia de alguna de sus muchas naves. Xyrella se lo merecía, sin duda alguna.

Ahora, tenía que reunirse con el Capitán del Enterprise, sus Oficiales científicos y el ingeniero que se haría cargo de la estrategia de transporte. Revisó su propio PADD; las provisiones de su nave eran las mínimas necesarias, en beneficio de mantenerla vacía, para poder admitir el mayor número de sobrevivientes posible. Checó los números; 120 mil sanadores y cuatro millones de vacunas. 10 millones de raciones de balance, para recuperar a los rescatados de la severa desnutrición en la que se hallaban. Agua suficiente para un pequeño planeta y los recicladores necesarios. Y todo eso, bajo el comando de un especialista con la furia de un obrero de perforación y las manías de todos los sanadores, un terrano llamado McCoy.

Niara recordó la ira con la que el hombre la había mirado al principio…y su repentina amabilidad, cuando le mostró las enormes salas médicas de la nave poleepkwan, provistas en exceso, con suficiente personal dispuesto a obedecer sus órdenes. De hecho, Tafari, su Jefe de Sanadores, era muy parecido y cuando les vio ponerse de acuerdo, tuvo que contener la risa.

—¿Sucede algo, su Majestad?

Sulu la miraba, atentamente, mientras hacía señas a un joven ayudante, para que retirase los platos. Niara tuvo que sonreír, bajo sus palpos labiales.

—El Sanador de esta nave, McCoy, es verdaderamente gracioso en sus manifestaciones de ira, señor Sulu.

Hikaru soltó la carcajada.

—Majestad, no se imagina cuánta razón tiene.

Niara inclinó amistosamente sus antenas plumosas sobre el terrano y Sulu se dejó tocar, de acuerdo a las instrucciones de Uhura, compartiendo la diversión.

—¿En cuánto tiempo más veremos a su capitán, señor Sulu?

—Si me permite llevarla a la Sala de Juntas del Puente, Su Majestad. Deben estar esperándola.

Niara enrojeció un tanto.

—¡Oh! ¡Qué descortesía de mi parte el hacerles esperar!

Sulu negó con la cabeza.

—De ninguna forma, Su Majestad. Christopher… el ingeniero Xyrella nos hizo saber que no había usted descansado ni tomado sustento desde su salida de Tellycan. Su comodidad es importante para nosotros.

Christopher. Que nombre tan extraño le habían puesto a su sobrino y cómo se interrumpían cada vez que lo nombraban así. Como si les avergonzara. Ella no había leído el resumen de lo ocurrido en Terra; sólo sabía que había sido algo terrible, tan espantoso que las reinas habían decidido mandar de inmediato la misión de rescate.

Niara se levantó, poniendo en evidencia ser mucho más alta que Christopher y Sulu le tendió la mano. Ella no pudo evitar sonreír; la química del joven era agradable. Todo indicaba que el trabajo con los terranos sería miel de primera calidad. Las Diosas habían tenido razón en aconsejar a Kenya, la tatarabuela de Zunduri, para que aceptara la firma como aliados de la Federación…

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—¿Podrías hacer un esfuerzo y calmarte, mizungo?

Wikus temblaba como si estuviera cayendo nieve afuera, pese al intenso calor. Había sido toda una hazaña de Charlie –y de los demás del Pueblo- el mantenerlo oculto durante el traslado al Distrito 10 y ahora, su emisión química volvía molesto el aire que lo rodeaba y de no ser por sus deberes hacia la colmena, Charlie ya lo habría ahorcado. Varias veces.

Wikus lo miró de arribabajo, olfateando con las antenas los restos de la vaca aún colgados de las varillas del techo.

MNU seguía con la prohibición de procrear más hijos. Y tenían un método nuevo, que alguna vez Wikus había visto como teoría, desde su lejano escritorio; un gas que lanzaban desde los helicópteros, que volvía estériles los huevos y mataba los que ya llevaban un feto en desarrollo.

Los poleepkwa habían demostrado su tenacidad e inteligencia, sellando totalmente las tiendas dedicadas a cultivar los huevos e, irónicamente, los terranos les habían ayudado en ese objetivo; el material de las tiendas era impermeable y con sellar una tienda por todos lados, bastaba para defender a las crías.

Charlie sabía que la única fuerza de la colmena era la reproducción y mientras no hubiera una reina que pudiera guiarles…

Pero eso se antojaba muy lejano.

Para que dos obreros hermafroditas pudieran tener una hija, necesitaban una transfusión de sangre de alguna de las princesas.

Y, para que ésta pudiera ser una reina viable, por lo menos uno de sus padres tendría que ser un zángano.

Así, la niña que nacía con todas estas ventajas, desarrollaba dos cosas; las feromonas y la telepatía de campo necesaria a las reinas para mantener bajo control a todos los habitantes de su colmena. Ese control era normal a las especies insectoides; generaba un vínculo afectivo muy fuerte entre la reina, los obreros, los especialistas de la colmena y abarcaba desde los pequeños grupos familiares hasta sus mundos completos.

Un grupo de obreros sin control químico ni mental simplemente perdía la mitad de sus capacidades de organización…y eso, era lo que había sucedido en el Distrito 9. De ahí que los terranos tuvieran la idea errónea de que se trataba de retardados mentales.

Eso, sin contar con la Primera Directiva.

Una cosa era que los terranos se enteraran de que no estaban solos en el universo.

Otra, muy diferente, que supieran que la Tierra iba a ser parte de la Federación Unida de Planetas, algún día.

Y no cualquier parte, sino una de las partes definitorias de la Federación y la base central de la Flota Estelar.

Afortunadamente, al parecer, a éstos terranos sólo les había interesado ver cómo diablos utilizaban las armas del Pueblo y ninguno se había metido al corazón de la nave, a revisar el conjunto de corazones warp que la movía…pese a los veintitantos años que los poleepkwa tenían viviendo en Terra.

Y, en este momento, Wikus se dignaba comportarse como lo peor de los terranos que Charlie conocía; aterrado, a punto del colapso y con todos los reflejos de un animal que no sabe si huír o atacar.

Charlie casi contó del uno al diez, mientras cortaba cuidadosamente el pútrido pellejo de la vaca y liberaba totalmente al cachorro de la piel negra de su huevo.

Y, sin embargo, al ver al recién nacido, tuvo que admitir la misma cantidad de susto que el mutante terrano.

Porque, de ser normal, el cachorro habría tenido el aspecto primario de un grillo joven, antes de pasar por la primera metamorfosis y convertirse en un subadulto, de posición erguida.

Pero este cachorro tenía SOLO DOS PIERNAS y no las seis de uno corriente. Y su figura era grácil y se estiró sin caparazón que dificultara el acto. Charlie notó los triángulos drapeados en la cadera, los hombros estrechos y al sacudirse en las primeras inspiraciones, las antenas plumosas se desplegaron, de un color amarillo intenso.

En el santísimo nombre de las Diosas.

Una niña.

Wikus lo miraba con ojos desorbitados, pasando del cachorro recién nacido al poleepkwa súbitamente enmudecido.

—¿Qué carajos está pasando? ¿Está bien?

Charlie tuvo que pensar rápidamente. El terrano no tenía idea de lo valiosa que era una criatura como la que tenían enfrente y, lo más importante, no debía saberlo. Trató de fingir indiferencia.

—Sí, mizungo. Claro que está bien. Es sólo que has tenido una niña…

El rostro de Wikus cambió y también su química. Charlie la separó totalmente de la piel del huevo y lavó a la pequeña con agua tibia. Sus pequeños chillidos de protesta fueron cómicos…pero Charlie no dejó de reconocer el campo químico que la rodeaba y que le daba una orden clara; "déjame en paz". Sonrió. Esta pequeña sería toda una reina, digna de su cargo. Se reprimió de besarla –habría sido algo raro- y la presentó a su padre/madre.

—Mizungo…Wikus, ésta es tu hija.

Envuelta en mantas limpias y con el clásico aroma de un bebé, Wikus la recibió en brazos, fascinado por la ligereza de su peso y el calor que despedía. En ese instante y sin poder evitarlo, cayó enamorado de ella, de una forma diferente en como había amado a Tanya y con seguridad, con una intensidad aún mayor.

¿Qué habría pasado de tener él y Tanya una pequeña? ¿Habría sido tan dulce y tierna como esta, que dormía ahora en brazos? Recordó la lista de nombres que habían hecho él y su esposa, una tarde de domingo, cuando el mundo aún no cambiaba y Wikus todavía era humano. ..cuando Tanya y él creían que todavía, podrían llegar a tener una familia. Algo que parecía haber pasado hacía millones de años.

Wikus tomó la decisión en un segundo.

—Frieda. Mi bella princesa…

La pequeña lo miró, los ojos azules brillando como dos turquesas y se quedó dormida en el siguiente momento, acariciando con sus pequeñas antenas el rostro de su padre. La ola de feromonas envolvió a éste y por primera vez en casi un año de terror constante y angustia sin freno, Wikus se sintió totalmente calmado.

Y ¿Dónde estaba Christopher? ¿Qué diría, de verlo ahora, totalmente mutado y con la hija de ambos, en brazos?

Wikus aspiró lentamente oxígeno, por las agallas del cuello. De alguna forma, la paz que nunca había tenido—ni siquiera como humano— se estacionó en su cuerpo, permitiéndole pensar con claridad.

Chris le había prometido regresar. Y curarlo.

Y Charlie y los otros del Pueblo estaban totalmente seguros de Christopher Johnson, el InDuna, el que estaba a cargo. Pero ahora, existía Frieda. Y Wikus tuvo que admitir que sólo tenía dos ideas fijas en el cerebro; la primera de ellas, volver con Tanya y la segunda; de alguna forma que no sabía si podría ser real, llevarse a su hija.

La esperanza, totalmente enterrada y que creía perdida, volvió a renacer en él, en ese extraño mar de calma.

Se quedó dormido, la bebita en brazos.

Charlie lo miró, adivinando sus pensamientos en la ola química que lo envolvía. Chris lo dejaría ir con seguridad, de acuerdo a su promesa, pero ¿Llevarse a Frieda? Huy. Charlie suspiró. El horizonte negro afuera y la escena dentro de la tienda prometían tormenta futura.

Se preparó para la lluvia presente.

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Kraal no sabía cómo continuar, pese a que ya conocía el final de la historia.

—Veamos, Xyrella…dices que Wikus era un terrano que estaba en MNU y que trabajaba para controlar al Pueblo en la Tierra. Es decir, se trataba de uno de los esclavizadores.

Chris asintió.

—¿Cómo fue que terminó ayudándote?

—Mtunza…Paul y yo conseguimos extraer fluído nanobot de diferentes piezas que habían caído de la Nave Madre. Usted sabe cómo funcionan los nanobots, Embajador; con una cantidad mínima, cualquier cosa que se ponga en contacto con el fluído, se convertirá en la cantidad necesaria para activar al menos uno de los corazones warp y eso nos permitiría salir de la órbita terrana. El día que conseguimos destilar el mínimo operante del fluído, fue también el día en que Wikus y la gente con la que trabajaba, decidieron desalojar a todos los habitantes del Distrito 9, para trasladarlos al Distrito 10, que está muy alejado de las ciudades, con el fin de no tener contacto con los humanos. Ya he dicho que no les gustaba tenernos cerca.

—Y entonces ¿Cómo mutó el terrano?

—Como se lo expliqué, Wikus requisó la cabaña donde vivíamos y aunque el tubo de fluído estaba escondido, dio con éste. Y en un error bastante torpe, se roció con él…

Chris esperó hasta que Kraal le hizo seña de que continuase hablando. Era extraño que le solicitaran que repitiera la historia. El ingeniero siguió.

"Al parecer, al principio Wikus no se dio cuenta. Pero los nanobots, al caer sobre el tejido humano, interpretaron sus lecturas como si ese tejido estuviera enfermo. Y concentraron su labor en sanarlo. De modo que lo convirtieron uno de los nuestros, en consecuencia. Y los otros terranos no lo ayudaron a curarse; al contrario; cuando advirtieron que la mano derecha de Wikus lograba accionar los aparatos de minería, decidieron viviseccionarlo, para ver cómo podían usar sus células y hacer que cualquier terrano utilizara los elementos de excavación, como armas. Creían que eran eso.

Wikus logró escapar…porque la transformación lo estaba volviendo más fuerte que un terrano normal. Estuvo con nosotros, mi hijo y yo, dos días y dos noches, antes de que lográsemos rescatar, ambos, lo que quedaba del tubo de fluído, que se hallaba en el sótano de MNU. Ahí fue donde aprendí lo que hacían con nuestra gente, con nuestros cuerpos. Prefiero no hablar de eso. Después de una persecución terrible y de casi la muerte de mi hijo, Wikus tomó uno de nuestros exotrajes y nos defendió de los otros terranos, ayudándonos a escapar. Le prometí que cuando regresara, lo volvería a su forma original. Para mí, fue terrible dejarlo en ese lugar, pero no tuve opción. Y, durante los días y noches que estuvo conmigo, me apareé con él. Varias veces."

Kraal recargó los codos sobre la amplia mesa de la Sala de Juntas, Uhura a su lado y el Capitán Kirk y el Comandante Spock, tras ellos. Se frotó el rostro con una mano, intentando ignorar el asombro y horror de los terranos junto a él. Sabía que para ellos, sería muy difícil comprender el golpe hormonal.

— ¿Por qué decidiste que Wikus era una pareja viable, Xyrella?

El poleepkwa bajó la vista, avergonzado.

—Podría decir que me abrumaron sus feromonas, Embajador. O que el impulso hormonal entre ambos fue muy fuerte. Pero eso es algo que haría un animal, alguien que no piensa en las consecuencias, de modo que afirmo que me apareé con él porque quise hacerlo. Todo en él me indicaba compatibilidad, afecto…y él me aceptó.

—¿Pese a que se trataba de un mutante? ¿Pese a que sabías que ibas a devolverlo a su estado original? Al menos, eso le prometiste…

—Pese a ello, Embajador.

Kraal tocó uno de los botones de la mesa y siguió hablando.

—Su Majestad, como puede ver, no nada más tenemos que desalojar a dos millones 750 mil de nuestro Pueblo, desde Terra. También tenemos que localizar a éste mutante, dado que fue él quien ayudó a que esta fuga se orquestara, en primer lugar.

Se podría decir que Chris saltó hasta el techo ¿Una reina? La química en su piel se volvió amarga, tensa.

Una reina escuchando implicaba juicio, implicaba que ni siquiera era digno de estar en presencia de ella. Chris bajó los ojos, totalmente desalentado.

La puerta se deslizó y la alta figura de Niara Décima entró por ella. Arrastrando el largo polizón de seda y sin hacer ruido, se acercó a Chris y éste se arrodilló en el piso.

En silencio, ella lo tomó de las manos, lo hizo erguirse y lo envolvió en sus brazos.

Y así fue como los humanos aprendieron que los Poleepkwa también lloran; Chris se deshizo en llanto convulsivo, mientras Niara lo consolaba, como a un pequeño.

Nyota no puedo evitarlo y se llevó una mano a la boca. Kraal en tanto, sujetó su otra mano.

Nadie en la Sala de Juntas se atrevió a decir una palabra más.

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El escándalo en el pasillo distrajo a Geoff y a Nyota. Ambos terminaban de cambiarse los uniformes por ropa acorde a la misión que pronto desempeñarían. La puerta se deslizó, dejando entrar a un Oliver muy agitado y a la Oficial Darwin, persiguiéndolo

—¡Geoffrey! ¡Voy a ir con ustedes!

Darwin lo alcanzó y lo tomó del brazo, pero el niño se zafó con violencia y se escondió detrás de Uhura

—Nyotoyaaa! ¡No dejes que me lleve!

—¡Oliver Johnson! ¡Ven acá en este mismo momento!

Geoffrey silbó –una técnica que había aprendido del difunto Pike- y eso terminó con el escándalo.

—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿De que estas huyendo, Oliver? ¿Y por que la Jefe Darwin te está persiguiendo? Eso no se hace en los pasillos de la nave…

Oliver miró a los tres adultos y rompió a llorar en brazos de Nyota. Darwin puso ojos de espiral.

—¿Qué pasó, Aisha?

—El Embajador y Christopher le dijeron a Oliver que no podría bajar a la Tierra con ustedes. No sé por qué pensó que él debía ir. El Capitán me ordenó que lo lleváramos al área de Deportes, para que jugara un rato y para nadar. Pero se escapó y nos ha hecho perseguirlo por tres pisos, al menos…

Aisha Darwin tomó su comunicador y lo abrió.

—Hendorff, Ramírez, ya lo encontré. Suspendan la búsqueda. Darwin fuera.

Geoff se encaró a la formidable mujer.

—Oficial Darwin, entiendo sus órdenes pero tampoco hay que asustar innecesariamente a un niño…

Aisha soltó la carcajada.

—Muy bien, doctor M'Benga. Sólo estoy cumpliendo órdenes del Capitán.

—Oliver Johnson es un huésped, no un prisionero.

—Y tampoco es un angelito, con todo respeto, doctor.

Oliver miró a la mujer y en un gesto absolutamente humano, le arrojó la pelota que traía en la mano, pegándole en la frente. Eso bastó para que Nyota reaccionara.

"¡Jovencito! ¡Qué clase de comportamiento es ese!"

Oliver no se esperaba que Nyota lo regañara en su idioma y se soltó de sus brazos y se quedó de pié, mirándolos con sus enormes ojos azulgrises y los brazos cruzados, furioso. Nyota le tocó la frente entre los ojos con el dedo índice.

"Y no intentes tus trucos conmigo, jovencito. Poner ojos de cachorro no te va a servir"

Oliver respondió en estándar.

—Pero Nyota…

—Ningún pero, Oliver. Golpeaste a un oficial de la nave. Desobedeciste una orden del Capitán y a Jim no le va a gustar. Y menos a tu padre, cuando se entere.

Oliver hizo un inconfundible puchero.

—¡Pero quiero ir con ustedes!¡Como van a encontrar a Wikus eh? ¡No lo conocen! ¡Yo sí!

M'Benga se inclinó hasta la altura del joven poleepkwa.

—Oliver, ha pasado mucho tiempo. Con seguridad, la mutación de Wikus ya avanzó y no queda nada de su aspecto original.

El niño arrugó el ceño.

—No soy ningún tonto, Geoffrey, Wikus tiene los ojos azules. Y los del Pueblo, son amarillos. A-ma-ri-llos, eh?

Geoffrey tomó un PADD y tecleó en él.

—Quiero que mires esto. Lo tomaron las cámaras de la nave, la nave que tú hiciste despegar. Son las últimas fotos de tu amigo Wikus. Ah, y usa el acercamiento…

Era también la foto que había usado Spock para hacer una reconstrucción aproximada de lo que sería el aspecto actual de Wikus, ayudado por Christopher.

Y en ella, claramente, se notaba un enorme ojo dorado, en el rostro humano, lleno de heridas. Si uno de los ojos había mutado, era de esperarse que el otro también lo hubiera hecho. Oliver miró las fotos con el más absoluto desconsuelo. Miró a Geoff y se lanzó a sus brazos.

—¿Cómo…cómo…?

—¿Cómo lo hallaremos?

Oliver asintió, el rostro oculto en el hombro de Geoffrey. McCoy entró en ese momento y su mirada se suavizó al ver al pequeño en brazos de M´Benga. Habiendo escuchado lo último, se acercó al niño.

—Señor Johnson, permítame.

Oliver alzó la cara, mojada en llanto. McCoy se puso serio.

—Este aparato que ve aquí, es un tricorder. Lo preparamos especialmente para buscar los genes de su amigo Wikus. El doctor M'Benga y la Teniente Uhura llevaran uno. El capitán Kirk y el Embajador Kraal llevarán otro. Es un detector especial para localizar a Wikus. Así es como daremos con él.

Oliver lo miró, con sospecha.

—y ¿Van a revisar a todos los que se quedaron en Terra? ¡Son miles de millones!

McCoy contuvo la sonrisa y siguió hablando en tono serio.

—Wikus es diferente a todos esos millones, señor Johnson. El fluído no puede transformarlo en alguien del tamaño de su padre o de la altura del embajador. Así que sólo hay que buscar a un poleepkwa con la estatura de un ser humano. Y eso, no será tan difícil.

Oliver miró a los terranos y pareció quedar convencido.

—¿Por qué puto carajo no puedo ir?

Nyota enrojeció y Geofrey se atragantó. McCoy frunció el ceño.

—¿Quién te enseñó a hablar así?

—Wikus. Él lo hacía todo el tiempo…

McCoy se cruzó de brazos.

—En primer lugar, señor Johnson, uno no puede hablar así, enfrente de las damas. Y en ninguna circunstancia, para acabar pronto. Es mala educación, un poleepkwa no lo hace y un humano tampoco y ya habrá tiempo de enseñárselo a su amigo Wikus, cuando lo hayamos rescatado. Y en segundo lugar, habrá millones de poleepkwa, como usted mismo lo dijo. Y un niño de su tamaño se puede perder fácilmente. Además, los terranos son gente peligrosa y las cosas pueden ponerse muy feas…

Oliver asintió.

—Sí, ya sé como es. Fue horrible cuando llegó Koobus. Y Obesandjo y sus guerrilleros eran horribles también.

—Bueno, entonces prométame que irá a nadar con la Oficial Darwin y que va a obedecer las órdenes del capitán Kirk, para que podamos bajar pronto a la Tierra y todos regresemos temprano a cenar.

Oliver asintió, derrotado y tomó la mano de Aisha Darwin. McCoy se aclaró la garganta.

—Señor Johnson? ¿No debería usted decir algo?

Oliver hizo ojos de espiral y miró a la mujer.

—Lo siento, Aisha. No debí haberte pegado.

—Y te escapaste.

—Bueno, también lamento eso.

—Y le pegaste a Hendorff dos patadas…

Ofuscado, el pequeño pareció hacerse más pequeño. Su padre iba a armársela en grande si se enteraba.

—Llévame con él y me disculparé igual, si?

Aisha no se aguantó la sonrisa y lo alzó en brazos.

Tan pronto se cerró la puerta tras ellos, Nyota miró a McCoy, divertida.

—Así que esas son cosas que no se dicen delante de las damas, eh? Geoff, recuérdame decírselo a tu jefe, la siguiente vez que se suelte maldiciendo…

Les guiñó un ojo a ambos y salió de la Sala de Juntas.

McCoy se acercó a Geoff; los pantalones ligeros y la camisa floreada así como las sandalias de goma le sentaban bien a Geoffrey. Leonard no perdió tiempo en abrazarlo

—Más vale que te cuides

—Llevamos transpondedores, Len

—Sólo indicarán donde se encuentran, no si están vivos o no…

Geoff lo calló, besándolo. McCoy le mordió el labio inferior y se separó de el, dejando pegada su frente

Regresa, por favor. No quiero pensar más. Sólo quiero tenerte aquí, conmigo, saber que estas a salvo…

Jim entró en ese momento a la Sala de Juntas, seguido de Spock. McCoy notó su uniforme de Recce, las Fuerzas Especiales del Ejército Sudafricano, la boina roja calada y el escudo de la gacela. Y tras ellos, Kraal, forrado de harapos y Christopher, en igual estado.

El silencio fue instantáneo.

El momento, había llegado.

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Bien, esta nota irá incluída en el texto, en el ao3, dado que los enlaces no funcionan en esta página. Como anécdota curiosa; una vez, en un retén militar (sí, hablamos de México) los soldados detuvieron a mi papá, porque llevaba una engrapadora de clavos como la que veran en la foto…y costó mucho convencerlos que no se trataba de un arma. Esto es para subrayar que la nave de Chris era una nave minera y no de guerra…pero los terrestres no lo vieron así. Y pensaron que eran armas. Tan listos…