10, Terra, Cooperación.

La puerta de cristal se deslizó con la identificación de otra persona y Ernst tuvo tiempo de fruncir el ceño, al ver quién entraba.

'De cómo Leslie Trent NO había ido a parar a la cárcel', habría sido un titulo para un mal libro.

Algo había hecho el pequeño camarógrafo, encargado de documentar el desalojo del Distrito 9, para conseguir lo que ninguna de las personas cercanas a Wikus Van de Merwe había logrado; permanecer como empleado de MNU y seguir andando libre por las calles, cuando el título mínimo que merecía, era el de traidor, por el sólo hecho de ser amigo de un mutante que había ayudado a que la nave alien escapara.

Ernst no se cuidó de ser amable. Trent en cambio, sonrió ampliamente, mirando sin mirar a los insólitos visitantes.

—¡Ernestito! Viejo! ¿Qué tenemos por aquí?

—Señor Trent.

—¿Quiénes son ellos? –señaló con el pulgar a los prawns y a sus acompañantes.

—Traslado al D10, supongo. Su representante está con la abogada NdiBon…

Trent se puso de inmediato en guardia. TShidi NdiBon estaba en París. Y Ernst, como todos los burócratas, era fácil de hacer tonto. Miró claramente a los visitantes (dos crustáceos demasiado bien alimentados, un MSF y un militar…con el uniforme muuuuy limpio) y no pudo evitar la sonrisa. Sus colores internos nunca lo engañaban y ahora, le daban tantas respuestas que le costaba frenar la excitación; no podía ser posible…pero tendría que confirmarlo. Había de ser cauteloso. Se acercó al rubio, notando sus galones militares y saludó sonriendo e inclinando la cabeza, cortésmente.

—Traslado al D10?

El Médico Sin Fronteras respondió.

—Así es, señor…

—Trent. Me llamo Leslie Trent ¿Dónde los hallaron?

Fue turno de Jim para responder.

—Al borde de Chiwelo, en la salida a Soweto…

Trent sopesó sus palabras. En la puerta 3 del D9, donde ya no quedaba casi nada, más que un terreno con muy pocas casuchas y arrasado por las aplanadoras en el resto.

Miró a los dos alien, sin recato alguno. Sabía que ellos estaban acostumbrados a eso y que portarse con consideración lo haría sospechoso.

Su mirada fue respondida de la misma forma y el presentimiento tomó color en delicadas espirales de color violeta. Y Leslie Trent SIEMPRE había hecho caso a sus colores, aunque los demás no fueran capaces de verlos o aunque dijeran que sí, que estaba loco y alucinando.

El elevador se abrió, dejando salir a una flamante Uhura, con varias carpetas y sobres en las manos. Trent no tuvo que pensarlo dos veces para darse cuenta; eran mapas para llegar a D10, a Ngubo y la guapa visitante con seguridad los había tomado del escritorio de TShidi, aprovechando su ausencia…

—Buenos días, señorita…

Uhura casi hizo ojos de espiral

—Penda. Inspectora de traslados al Campo Ngubo, señor…

Leslie se rascó estudiadamente una oreja.

—Trent. Leslie Trent. Que curioso; poca gente lo llama 'Campo Ngubo'.

Uhura sonrió fríamente.

—Poca gente tiene el nivel para llamarlo así. Y si nos permite, señor Trent, nos espera un viaje

largo.

Leslie sacó su carta bajo la manga.

—Mire nada más que casualidad! Yo me dirijo allá mismo…Ernst, ¿te dejaron algo para mí?

Y sí, sucedió que sí había un paquete para el camarógrafo, con la dirección 'Hermanas de la Misericordia, Campo Ngubo, Distrito 10'.

—Parece que ambos tenemos el mismo nivel, señorita Penda… y ya que vamos por el mismo camino, que tal si me permiten ser su guía? Los caminos locales son enredados y uno puede terminar en las playas del Indico antes de darse cuenta.

Trent le guiñó un ojo a Uhura y ésta decidió aprovecharse y le sonrió, tomándolo del brazo. De cualquier manera, Jim no bajó la guardia; ¿esta inesperada simpatía de parte de un desconocido que incidentalmente iba al mismo lugar, a la misma hora? Tsk…

Salieron del edificio, seguidos por M'Benga y los dos crustáceos.

—¿Cuál es su medio de transporte, señor Trent?

Preguntó Uhura, educadamente. Leslie señaló el aporreado jeep sin techo. Uhura decidió correr el riesgo y habló en klingon con Jim.

'Me parece que podemos confiar en él.'

'Confiaría más en la resurrección de Khan, Nyota'

'Jim, hay una red de caminos rurales que nos obligarán a usar el tricorder. No quiero usarlo; podríamos ser vistos por otro de estos terranos. Al enemigo hay que tenerlo cerca…'

'Está bien. Pero no esperes que sea simpático con tu nuevo amigo'

Uhura se encaró a Leslie…quien estaba realmente desconcertado al no reconocer el idioma como alguno del montón de dialectos africanos ¡Que individuos tan interesantes!

—Muy bien, señor Trent, lo seguimos.

Leslie se cruzó de brazos al ver el flamante humvee.

—Mire señorita Penda, comandante, si me permiten ¿Qué tal si viajo con ustedes en su vehículo? De todas formas voy a estar varios días por allá y cualquiera de los chicos de las ONG puede traerme de regreso ¿Cómo ven?

Jim hizo la más falsa de sus sonrisas, una que habría puesto en guardia al mismísimo Spock y asintió.

—Muy bien. Le llevaremos.

Trent dio casi saltitos de alegría. Casi.

—Bueno, déjeme estacionar mi viejo trasto en el subterráneo y les alcanzo sobre la acera…

Nada mas Trent darse la vuelta, Jim frunció el ceño.

—Uhura, ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?

Nyota elevó una ceja.

—Capitán, pensé que usted no creía en los escenarios sin salida…

A una señal de Jim, todos subieron a la humvee.

-0-

Wikus se despertó más relajado que de costumbre; el catre olía a limpio y las sábanas de manta eran rasposas al tacto, pero cálidas y agradables. Notó a Frieda dormida en la otra camita y tuvo un sobresalto repentino, al recordar la tarde anterior. Había soñado con Chris y había perdido a Frieda, a su hija, en el mismo sueño.

Nunca se había sentido tan aterrado, ni siquiera cuando Koobus lo enfrentó, al salir del biotraje y terminó hecho pedazos, por los otros poleepkwa.

Se frotó el rostro con las manos y se sentó en la cama; el amanecer se aproximaba y era notorio en el cantar de las aves y el olor a hierba mojada. Escuchó desde lejos la pequeña campana de la misión.

De repente, alguien entró a su tienda, en la semioscuridad y Wikus se puso en guardia.

Pero no era otra más que la hermana Estela, quien le hizo señas de que guardara silencio y la siguiera, a fin de no despertar a la pequeña.

Fuera de la tienda y en murmullos, sor Estela le dijo;

—Espero que te encuentres mejor, Wikus, buenos días. La Madre Aurora quiere verte, antes de desayunar. Es para hablar sobre tu hija…

Wikus negó con la cabeza.

—Qué fue lo que hizo Frieda ahora, sor Estela?

La monja sonrió.

—No es lo que hizo, Wikus. Es lo que va a hacer…

Wikus siguió a la monja al gran refectorio, instalado por los voluntarios de una de las muchas ONG's; habían adaptado un viejo hangar, dividido en partes por dentro, iluminado por todas partes y bien ventilado. Había cuatro mesas largas donde no sólo había poleepkwa tomando el desayuno de sorgo cocido y comida de gato; también había refugiados nigerianos, voluntarios venidos de todo el mundo y religiosas de la Misión. El aroma a rooibos y café y pan recién hecho hicieron recordarle a Wikus que no había comido nada desde la tarde anterior.

La monja lo llevó a un rincón de una de las mesas, donde Madre Aurora revisaba algo en su laptop, junto a una taza de café y una canastita llena de Bessan Laddou, esas galletas dulces de garbanzo y almendra. La religiosa cerró su computadora al verlo llegar, la hizo a un lado y le sirvió café a Wikus.

—Buenos días, hijo, espero que te sientas mejor hoy.

Wikus asintió.

—Me disculpo por lo de ayer, Madre. No sé que diab…no sé qué efecto me hizo la cerveza.

—Uhm…tal vez estaba un poco pasada. De repente nos llegan donaciones de las cosas más incoherentes…

Y a Wikus le constaba eso; una ONG de Japón había enviado (con la mejor voluntad) un contenedor completo de ropa interior femenina de color rojo. Sor Estela, quien tenía excelente ojo para las finanzas, lo había intercambiado por comida de gato, con un hotel de Las Vegas y así se había resuelto el desaguisado.

Madre Aurora esperó a que Wikus probase el café y tomara una de las galletas y fue al grano, como siempre lo hacía.

—Te cité porque es importante que hablemos de Frieda, Wikus.

Éste asintió.

—Sor Estela me lo dijo, Madre. También pensé que Frieda había hecho alguna travesura, pero todos insisten en que no es nada de eso ¿Qué es lo que ocurre?

Madre Aurora tomó una de sus manos, la que estaba mutilada.

—Frieda no ha hecho nada malo, no te preocupes. Sin embargo, creo que ya has notado que tu hija ejerce un efecto…digamos, tranquilizador, sobre todo el campo 10.

Wikus sintió pánico. No quería que los humanos notaran ese efecto y sin embargo, notorio era una palabra que no alcanzaba a describir el orden en el que se hallaba el distrito 10, bajo la influencia de la niña.

—Madre, por favor, no me diga que quieren llevársela o algo así…

La religiosa sonrió, con sinceridad.

—Lejos de mi una idea semejante. No es eso, Wikus. Es que tu hija no sólo parece ser…la reina de la colmena. Y te pido que por favor, no me tomes a mal ese comentario. Todos saben que es hija de InDuna. Y todos esperan que Christopher Jonhson regrese por su pueblo a nuestro mundo. Todos, excepto tú y ella. Ella nació aquí, es terrestre, como Sor Estela, como Josef, como cualquiera de los chicos de las ONG. Y como muchos otros del Pueblo al que ahora perteneces, Wikus.

Wikus puso ambas manos sobre la mesa, soltándose de la religiosa.

—A dónde quiere llegar, Madre?

—Tu hija necesita una educación, Wikus. Y entiendo que aprendió a leer por sí misma y puede desarmar y volver a armar cualquier aparato que le pongas enfrente y lograr que funcione, sin haberle dado instrucciones. No sólo eso. Escribí a un especialista en Entomología y me comenta que las colonias de insectos tienen ciertos rituales, ciertos comportamientos. Tu hija es una guía para su propio pueblo, nada más por su mera presencia. Pero ni tu ni ella saben cómo utilizar sus feromonas o las señales que se hacen entre si los otros poleepkwa, con sus antenas. Ustedes dos son una clase de mestizos. Y tu hija debe ser educada, ya sea en los modos de la gente de su padre o como los del hombre que la dio a luz. Y bajo ésa caparazón, hay un ser humano, Wikus, una criatura de Dios, no muy diferente de todos los poleepkwa en el alma pero sí en lo físico.

Quiero que supongas por un momento, que Chris no regresa, que jamás vuelve. En este momento, hay dos millones de Poleepkwa aqui, en Ngubo. Al menos la mitad de ellos, han nacido aquí, como tu hija. Suficientes para reclamar un trozo propio de terreno, y siguiendo las leyes de su pueblo. Suficientes para hablar de igual a igual con los humanos y para crear granjas e industria que los sostengan, a modo que no tengan que depender de la caridad humana.

En suma, quiero que me ayudes a educar a Frieda, para que ella llegue a ser lo que tu pueblo necesita; una líder, mitad humana, mitad poleepkwa, que consiga el trato justo que la gente a la que ahora perteneces se merece…

—Pero Madre—Wikus rió, con tristeza—No tenemos una forma de negociar eso.

Aurora alzó un dedo en su dirección.

—Madre Teresa de Calcuta tenía muchos menos recursos de los que ustedes tienen ahora, Wikus. Y logró una revolución a lo largo de todo el planeta…

El mestizo suspiró.

—Los humanos no son compasivos, Madre. Tu misma sabes que yo tengo que estar escondido ahora mismo o me utilizarán para crear armas. Y le harían lo mismo a Frieda.

La religiosa asintió.

—Te concedo razón. Pero no has hablado con los otros. InDuna dejó a varios comandantes... y no pongas esa cara; los dos lo sabemos desde hace mucho. Ellos saben cómo negociar y a quiénes dar órdenes; la tecnología que tu nuevo pueblo tiene puede ser usada a favor de ustedes. Tú sabes bien que esas armas no son tales. Tu nuevo pueblo son mineros, los dos sabemos eso. Pueden llegar a sacar riquezas de la tierra a donde los humanos nunca han llegado ¿Te imaginas?

Wikus miró por un momento a la monja.

—Madre… ¿Qué ganas tú con esto?

Aurora sonrió, con fiera dulzura.

—Verás Wikus, recuerdas cuando Jesús echó a patadas a los mercaderes del templo? A veces, la fe debe demostrarse con un poco de indignación, no con mera mansedumbre. Y no me refiero sólo a mi fe; tengo presente a Thich Quang Duch y a Gandhi y por favor, esta tierra es hogar de Madiba Mandela, quien prácticamente, está cambiándola. Y ustedes son amables y civilizados, como toda criatura del Señor. No merecen ser tratados como los míos lo han hecho. Lo menos que puedo hacer es apenas ayudar un poco a que tengan un lugar en este mundo. Si Dios permitió que nosotros existiéramos en esta tierra y también le dio lugar a mas criaturas en el universo, es entonces cierto que todos somos hermanos y yo hice votos de misericordia por todos nuestros hermanos, tengan caparazón o piel, me explico?

Wikus no supo que responder.

Madre Aurora hablaba con él como si se tratase de un héroe o del padre de una futura monarca…y él era –o había sido- nada más un hombre común y corriente, con una esposa y un empleo de oficina, con un futuro de lo más normal, mutado por unas pocas gotas oscuras de quien sabe qué cosa.

Ella le tomó de la mano, nuevamente

—Piénsalo, por favor, Wikus. Tu hija lo merece. Los tuyos, también.

-0-

Leslie resultó ser un conversador interminable y pasados 100 kilómetros, Jim estaba a punto de bajarlo del auto y llegar a Ngubo preguntando de casa en casa.

En un momento dado se detuvieron, arguyendo que Leslie debía tomar 'sus medicinas' y el pequeño hombre hizo todo un show, deteniendo la humvee, sacando varias píldoras de su chaleco de safari y bebiendo una botella entera de agua.

—La realidad es que padezco sinestesia.

El dato no pareció sorprender a nadie de los ocupantes, mientras la carretera rodaba bajo ellos, al fin. Jim respondió, distraídamente.

—¿Ah sí?

—Si. Así es como pude darme cuenta de varias cosas. Por ejemplo; no entiendo por qué entendemos a los crustáceos. Dicho sea sin ofender—Trent sonrió a Kraa'l y Chris y volvió su vista a la carretera— sucede que yo, soy sordo a su idioma. Por eso, tuve que aprenderlo. Pero me di cuenta de ello en cuanto llegaron.

Si Jim hubiera escuchado el claxon de alerta de la Enterprise, no habría saltado más rápido. El y Uhura intercambiaron miradas, por el retrovisor, los rostros tensos.

—¿De qué?

—De eso. Todos los comprendían. Entonces, nos estaban haciendo tontos; utilizaron algo para que todos los comprendieran. Y ellos no podían, no pueden ser los retrasados mentales, los insectos sin organización que nos han hecho creer. Pero nadie los descubrió. En realidad son muy inteligentes. Mucho más inteligentes de lo que nos han hecho creer…

Jim sintió un escalofrío. Este pequeño terrano era mucho más listo de lo que aparentaba.

—Oh.

—¿Sólo 'oh'? No me cree, señorita Penda.

La risa de Uhura. Uhura mirando por el retrovisor a Jim. Hum. Algo no iba bien.

—Claro que le creo. Lo que dice suena… extraño.

—No. En absoluto. Fíjese bien; su amigo rubio. No nada más los comprende. Él sí habla su idioma. Él sí lo entiende. Él no está fingiendo. Lo que me lleva a una sola conclusión…

Trent detuvo el humvee dramáticamente.

Uhura pensó en desnucarlo…pero sin él, tardarían mas en llegar al Distrito 10 y como ya lo habían confirmado antes, la red de caminos vecinales era bastante confusa. Se esforzó en seguirle la corriente.

—Y ¿Cuál es esa conclusión, señor Trent?

Leslie Trent miró a todos los ocupantes del humvee.

—Ustedes son cómplices de ellos –señaló a Chris y a Kraa'l— y hasta me atrevería a decir que están a sus órdenes…

Le guiñó un ojo a M'Benga.

Uhura soltó una risita, negando con la cabeza.

Vaya que este personaje, encantador, bajito y sonriente (y siniestro) andaba cerca. Uhura sabía que Trent sabía más de lo que les estaba diciendo y decidió darle cuerda, para ver hasta dónde llegaba. Le sonrió, mirándolo a los ojos, con coquetería.

—Y ¿Cuál es su teoría?

—Bueno, yo creo que vienen en una nave. O del futuro.

Todos soltaron la carcajada.

—¿Del futuro?—dijo Jim.

—Sí, del futuro. Mire a su médico. Tiene los ojos tan azules como usted, comandante. O sea que su madre es una boer. Y eso, no va a pasar en Sudáfrica sino hasta dentro de cien años; así que ahí tiene la respuesta; forzosamente tiene que venir del futuro. Además, si ustedes los comprenden, vienen en esa nave precisamente para rescatarlos. Christopher Johnson no era ningún tarado y todos con quienes he hablado de él, en Ngubo, en el D10, se refieren a él como InDuna, El QueManda. Y esta la cuestión de la niña.

El silencio se hizo de piedra. Jim fue el que preguntó.

—¿Niña? ¿Cuál niña?

—La hija de Chris; Frieda. La tuvo con el pobre de Wikus Van de Merwe, el mutado. Si su esposa, Tanya, se entera que su marido tuvo un hijo con un alien, jamás querrá recibirlo de nuevo. Pero en todo caso, eso no es lo importante, sino que NADIE, ni en el distrito 9 ni en el 10, ha sido capaz de tener una hija mujer, valga el pleonasmo. Y ya verán cómo están las cosas en Ngubo; es como si Frieda fuera una especie de reina de la colmena y todos los crustáceos le obedecieran sin que ella ordene nada. A diferencia del D9, Ngubo está limpio como un quirófano, ordenado y los crustáceos no dan problemas…

Y Trent sabía jugar sus cartas, porque la tensión en el aire se hizo evidente y las feromonas de Chris cambiaron al grado que el aire se perfumó a lilas. Kraa'l miró a su compatriota y le hizo una señal con una de las antenas.

Leslie señaló hacia el techo, girando un dedo.

—Eso también.

—Eso… qué?

—Lo que les dije al principio; padezco sinestesia. Entonces, puedo ver los olores; cambian de color, cuando el crustáceo, el prawn que los exhala, cambia sus feromonas. Y estos dos –señaló de nuevo a los poleepkwa- están aterrados o están mintiendo…

Jim se enderezó en el asiento, pensando en su estrategia. Ciertamente podían usar los tricorders para llegar a Ngubo. Y entonces, tendría que desintegrar a Trent... y no le faltaban ganas.

—Y ¿Cómo sabes eso, amigo?

—Las feromonas… son amarillas, las miro de ese color, es como si una nube los rodeara. Es temor o mentira. Tengo 28 años de tratar con ellos, comandante…

—Kerk. Van Kerk.

—Fuerzas Especiales, eh?

—Recce, así es.

—Es pariente del capitán Van Kerk? Jules?

Jim sabía que Trent estaba poniéndolo a prueba. Si decía que si, seguramente no habría un Van Kerk en todo el ejército. Si decía que no, el camarógrafo saldría con un Van Kerk realmente notorio. Y no habían creado una biografía compatible más allá de una presentación, porque ninguno había pensado en meterse en semejante trampa. Decidió enfrentarlo.

—¿Qué es lo que quiere, Trent?

Leslie miró hacia el horizonte, sonriendo.

—Quiero la verdad, 'comandante Van Kerk'. Sé que uno de estos dos prawns es Christopher. Y sé que ustedes los comprenden. Y creo que todo lo que les dije es cierto. Y sé dónde está Wikus y les aseguro que mi cooperación, les conviene…

Jim miró a Uhura y ésta elevó una ceja, copia precisa del gesto de su ex novio Vulcano. El joven capitán hizo ojos de espiral. Y en medio de ese intercambio en silenció, Kraa'l se aclaró la garganta y se llevó una mano a las agallas…activando el TU.

—¿Desde cuándo…notó el problema con el idioma, señor Trent?

Leslie soltó la carcajada.

—¿Ven? ¡Se los dije! ¡Necesitan aparatos especiales para comunicarse! —y, de repente, respondió en perfecto poleepkwa— entiendo su idioma, amigo. Lo he estudiado todos estos años…

Kraa'l se limitó a asentir y apagó el Traductor Universal. Se dirigió a Jim.

—Capitán, creo que podemos confiar en él…

Uhura habló en klingon

'Está el asunto de la Primera Directiva, Embajador'

Jim respondió, en estándar

—Creo que es algo tarde para eso…

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No slash en este capítulo, el cual fue más difícil de escribir de lo que os imagináis. De todas formas, el resto está ya delineado. Este cacho tuve que hacerlo casi a dos o tres palabras por día y corregir como veinte o treinta veces. Pero nos vamos a cercando a un encuentro climático; Christopher y Wikus. Y a una definición de quien es quien, en realidad, en todo esto. No me olvido de ninguna pareja, eh?

Espero que os agrade.

Sochya bosh eh dif.

s'FA