Cap. 11, Órbita de Terra; Enterprise. Ngubo, D10.

La Almirante Nechayev había sobrevivido a mucho; la discusión con el Comando Central, para abandonar el proyecto absurdo del Sistema Laurenciano, la destrucción de Vulcano, el ataque a Qo'nos y la casi guerra contra el Imperio Klingon… gracias a un traidor en primera fila de la Federación; todo eso propiciado por el incidente de Khan, la sombra de Marcus y sazonado con la muerte de Christopher Pike, algo más que un entrañable amigo.

Y, al igual que Chris, no estaba dispuesta a que Komack, Nogura y los demás conservadores, restringieran a los chicos del Enterprise.

Sin embargo, a veces el joven Kirk salía con cada barbaridad fuera de toda regla que Irina Nechayev se resistía a cuestionarse a sí misma su aprobación del cadete como Capitán de la nave insignia. Porque no podía llamársele de otra forma el vestir a su cuadro mayor de piratas para ir a rescatar Vulcanos de una nave orionita. O congelar un volcán para salvar un mundo, siendo vistos por los nativos, violando la Primera Directiva y otra veintena de regulaciones de la Flota…y seguir a bordo del Enterprise.

Y el ala conservadora del Comando Central se había confiado en la prudencia del Primer Oficial de Kirk, el Vulcano Spock, quien también había sido Primer Oficial del difunto Chris y de quien se esperaría que guiase de alguna forma por lo menos lógica al joven y nuevo capitán.

Y, por el nombre de Baba Yaga, que no habían sido así las cosas y ese par parecían más bien haber conspirado contra todos los almirantes y quienes esperaban que Spock lograra desterrar de La Silla al joven Kirk, se habían llevado una amarga desilusión.

Irina suspiró y cerró cinco segundos los ojos, frente al monitor, donde el Primer Oficial de la Enterprise permanecía prístino y sin expresión, esperando su respuesta.

—Veamos, Comandante Spock, ¿quiere repetirme la propuesta de su capitán?

Spock se irguió más y frunció levemente el ceño. Irina se permitió sonreír y negó con la palma de la mano frente a su rostro.

—No ponga esa cara, Comandante. Le entendí perfectamente. Quiero saber cuál es su opinión personal en este asunto…

Spock suspiró, haciéndose de paciencia.

—En respuesta a su primera petición, Almirante, el Capitán Kirk sugiere que colaboremos con los Poleepkwa, utilizando su tecnología de nanobots, a fin de que ninguno de los técnicos del Enterprise, que se vean obligados a bajar a Terra para colaborar en el rescate, tengan aspecto humano. De esa forma, la Primera Directiva quedará protegida y aunque los terranos de ésta línea temporal ya saben que no están solos en el universo, siguen sin conocer la existencia de la Flota Estelar ni la Federación Unida de Planetas. En respuesta a la segunda, considero el plan del Capitán Kirk como uno factible, lógico y sencillo de seguir.

Irina no vaciló al responder.

—¿De cuántos técnicos estamos hablando?

—20 enfermeras y nuestro médico en jefe, el Comandante McCoy.

—¿Qué hay de su médico suplente?

—El Doctor M'Benga bajó con el Capitán a Terra, Almirante; incidentalmente, es sudafricano y conoce el área. Y en cuanto a la estrategia diseñada por el Capitán Kirk y aprobada por mí y por la tripulación de Comando, debe tenerla ya en su terminal.

Su Majestad Poleepkwaan, Niara, coincide con el planeamiento del Capitán. Sin embargo, dado que estamos hablando de modificaciones genéticas temporales, el procedimiento de acuerdo a la norma 22 E, 2o inciso de la Legislación de la Primera Directiva, nos obliga, como nave de exploración, a solicitar el permiso del Comando General de la Flota o de su representante de parte del Almirantazgo…

Y eso, Irina ya lo sabía. Ella había dado luz verde a Jim Kirk y ahora, ella tendría que cargar con la vajilla entera y cuidar que no se convirtiera en un montón de platos rotos.

Miró a Spock como si quisiera atravesarlo y el Vulcano recordó que el mismísimo Pike le había dicho alguna vez que no cometiera el error de toparse con 'la ira de Irina'.

—Cuáles son los riesgos, Comandante?

—Un 0.000006% en contra. La transición será controlada vía teleportador, Almirante. El Doctor Tafari, el Comandante McCoy y el Señor Scott están diseñando un algoritmo que adapte el proceso de los nanobots en un término de diez segundos. Además, el teleportador hará indoloro el proceso.

—Y la reversión?

—Un 99.999 % garantizada.

Irina suspiró, desconfiada.

—Qué hay después del tercer 9 bajo el punto decimal?

—Estamos hablando de nanobots, Almirante. Podría quedar un número irrelevante de ellos funcionando, dentro de los organismos del cuerpo de Enfermería, pero el doctor Tafari cuenta con un algoritmo extra, de autodestrucción, pasadas 72 horas. Estamos dando un margen de 24 horas, después de la extracción total de la población poleepkwa cautiva en Terra.

Irina consideró la propuesta. Los poleepkwa convertirían en insectos al cuerpo médico de la Enterprise, bajarían por los suyos a Terra y luego, volverían a todo el mundo a su piel original. Fantástico. Si todo salía bien, claro.

—Qué hay del mutante que están buscando?

Spock suspiró.

—El último reporte de la teniente Uhura comenta sobre la ayuda de…un informante.

Irina frunció el ceño.

—Comandante Spock, no necesito recordarle las implicaciones de romper la Primera Directiva.

—Si me disculpa. Almirante, las hemos contemplado todas.

—Quiero imaginarme que no tendrán que asesinar a nadie…

La mirada del Vulcano fue de indignación ¡Qué transparente era este chico! Pensó Irina ¡Con razón Pike le había querido tanto!

—Almirante…

Irina soltó la carcajada.

—Queda aprobado el proyecto, Comandante Spock. Espero sus reportes en 72 horas. Nechayev fuera.

La pantalla se oscureció y Spock contó dentro de su cabeza los proverbiales 10 segundos para controlar su desconcierto.

Quizás Irina Nechayev apoyaba a Jim Kirk…pero no faltaban almirantes que lo querían fuera del Enterprise y Spock sabía que si este rescate fallaba en algo, no sería la Almirante a quien terminarían culpando.

Una vez más, se encontró extrañando el apoyo ciego de Pike. Él habría puesto en su lugar las cosas. Y ahora, tenía que hablar con Tafari sin dejarle saber que no confiaban en él, ni en Jim ni en Scotty…

¿Qué le había dicho la Almirante a Jim antes de salir de Terra? "Por el amor de Dios Jim, no nos metas en una guerra".

Ashayam, regresa a mí en cuanto puedas, por favor. Sé que no debo permitirme pensar ni temer por ti; se que eres un guerrero bravo y valiente…

El Enlace Mental brilló en tono azul y oro, detrás de sus ojos. Sí, Jim también lo extrañaba. Pero su deber ahora era salvar a estos cautivos de los mismísimos terranos.

Spock se concentró y controló sus miedos, para meditar sobre ellos más tarde.

—Señor Chékov, tiene el mando.

—Aye aye, Kapitánn…

El Vulcano tomó el turbolift hacia la Bahía Médica. El reloj estaba corriendo…

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McCoy se frotó el rostro, exasperado, frente a la diminuta pantalla del comunicador después de escucharlo atentamente por cinco minutos.

—Esto es un absurdo que acabará por matarnos a todos, Geoff…

M'Benga se limitó a sonreír y a negar con la cabeza.

—Órdenes del capitán, Len ¿Qué quieres que te diga?

—¡Soy un médico, no un maldito insecto! Y no es una ofensa, Tafari…

El poleepkwa se dignó poner ojos de espiral.

—Leonard, la mutación será indolora, instantánea y dada la protección de la Primera Directiva, absolutamente indispensable. Te necesito en el Distrito 10, antes de hacer el transporte de nuestras 'bolas de hormigas' a cada nave y eso, es precisamente por el hecho de que eres un maldito médico y no un insecto, carajo!

McCoy se atragantó y se quedó sin habla.

Tanto Adanna como Geoffrey contuvieron a duras penas la risa.

El plan de Jim, después de todo, era genial. Aunque con algunos bemoles…

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Jim se encaró a Trent, por encima del asiento.

—Muy bien, amigo terrano. Déjeme decirle que ESTOS DISFRACES SON, POR LO MENOS, INCÓMODOS… y no me gusta su aspecto. Y por cierto, la señorita Penda, con la que ha estado coqueteando todo el camino, es esposo del señor aquí presente—señaló a Kraal— Ni siquiera es una hembra, de modo que yo me iría con cuidado…

Tanto a M'Benga como a Uhura les tomó una décima de segundo reaccionar; claro que era un bluff de Jim.

Tenía que proteger la Primera Directiva.

Y era mil veces mejor que Leslie creyera algo que de todos modos su mente era capaz de procesar; si un humano se podía transformar en un poleepkwa ¿Por qué no podría pasar lo contrario?

Uhura reaccionó rascándose los brazos bajo el vestido y suspirando de alivio.

—¡Gracias, Capitán! Pensé que tendríamos que seguir fingiendo…

Kraal se permitió reírse, junto con Geoffrey.

Quizá al único que le tomó más tiempo entender el engaño fue al mismísimo Christopher.

Trent los miró con cuidado. Jim acercó su rostro al del camarógrafo, a unos centímetros.

—Y no busque feromonas en el aire, señor Trent. Estos malditos trajes no sólo son incómodos y feos. También son impermeables. Sólo podrá ver el olor de humanos corrientes. Ahora, ¿Qué clase de cooperación nos ofrece?

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—Perdone, Capitán, ¿puede repetirme lo que dijo, para el registro de la nave?

Jim tomó aire; le había advertido a Spock vía el Enlace Mental que no permaneciera frente a la pantalla, a modo de no ser visto por Trent.

—Sí, comandante Spock. Nosotros, El Pueblo de las Siete Lunas, hemos venido a recoger a nuestra gente extraviada en este mundo. Solicito la autorización de Su Majestad, Niara, para iniciar las operaciones…

La voz de Jim era afectada y seca…y Spock logró percibir, a través del Enlace Mental, que su t'hy'la se traía algo entre manos y más valía seguirle la corriente. A una seña de Spock, Niara ocupó la pantalla, intrigada. Jim sonrió ligeramente. Hizo una pequeña reverencia.

—Majestad, hemos localizado el sitio donde tienen a los nuestros. De acuerdo a sus órdenes, los transportaremos a las coordenadas señaladas…

Y entonces, insólitamente, Spock tomó la mano de la reina, fuera de la vista de la pantalla. Las palabras llegaron claramente a ella, como si Spock las hubiera pronunciado.

"Es un truco, Majestad, tiene que seguir al capitán en lo que dice"

Niara notó entonces a Trent, de pie tras Jim.

—Me alegra escuchar esas noticias, Capitán. Puede decirme ¿Quién es el terrano que le acompaña?

Leslie no pudo aguantarse. Además, al no hacer contacto directo con la reina y dados los disfraces humanos que portaban los otros tres pasajeros del humvee, su sinestesia no funcionaba y no podía hacer más que confiar en ellos…que era lo que Jim esperaba.

Trent se encaró a la figura.

—Mi nombre es Trent, señora. Leslie Trent. Sé dónde está el distrito 10; ahí han llevado a los suyos, lejos de los humanos.

Niara decidió portarse como alguien a quien había que temer; elevó su barbilla y extendió las plumas de sus antenas, de forma siniestra.

—Debo agradecerle por su cooperación, señor Trent. Y supongo que no tengo que advertirle lo que hacemos con quienes nos traicionan. Hay cinco mil millones de seres humanos en su mundo en este momento. Nadie notará la ausencia de uno. Espero ser clara.

Y, pese a que Leslie no podía ver sus feromonas y entendía el idioma claramente, también sabía percibir una amenaza verdadera.

Esta no era una mujer o una poleepkwa común, achaparrada por la gravedad y deformada por el ambiente de la Tierra.

Era una REINA y le estaba hablando desde su propia NAVE, la cual no lucía como el cacharro enorme que se había posado sobre Johannesburgo hacía 28 años, no, sino como algo plateado, brillante, funcional…

Fue entonces cuando Trent comenzó a sentir verdadero temor e involuntariamente, tragó saliva, asintiendo servilmente. Jim cerró el comm.

La helada mano de Nyota se posó sobre su nuca.

—Bueno, Leslie, querido, ahora que hemos puesto todo en claro, ¿Serías tan gentil de llevarnos al Distrito 10? Tenemos cierta prisa…

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La vista de las hileras de tiendas, ordenadas y limpias, desde el borde de la colina fue lo primero que impactó a Christopher. Si, eran un pobre refugio en comparación con las casuchas y cabañas del Distrito 9, pero parecía que hubieran sido recién instaladas. Y los edificios en el límite de la cerca, chatos y sin ventanales, cubiertos por el techo del enorme hangar, rodeados de tiestos de flores y de aspecto inmaculado y hasta alegre.

Sus dos corazones latían aceleradamente.

¿Una hija? Pero…estaba seguro que no se había anclado a Wikus, durante el apareamiento. Y sin embargo, sólo la presencia de una princesa, de una niña de sangre real, habría infundido semejante cantidad de orden en un lugar tan improvisado.

Chris no dejó de notar lo muy remendadas que estaban algunas de las tiendas, llenándolas de parches coloridos de plástico. Y los Poleepkwa que transitaban, visibles tras la cerca, no lucían anárquicos ni dementes ni había una nube de confusión en las feromonas que trascendían desde el campo.

Una hija. No podía parar de repetírselo.

Y ¿Qué era de Wikus? No podía pensar en él sin sentir una especie de dolor dulce, repartido en punzadas sobre la superficie interna de sus caparazones; añoranza, nostalgia y deseo ferozmente reprimido. Si tan sólo sus antenas pudieran distinguirlo entre los millones de los suyos… ¿Cómo iba a reaccionar? ¿Lo rechazaría? O al contrario, lo abrazaría, como él lo esperaba, como lo había soñado incontables veces? Pero no. Chris le había prometido volverlo a su condición humana, aunque tal vez, ahora, con una hija de por medio, Wikus comprendiera. Y Chris quería tener esperanza en esa comprensión, así fuera ilusa; la había visto en la fe del terrano, cuando éste los defendiera a él y a Oliver del salvaje ataque de Koobus y sus mercenarios.

De no haber sido por Wikus, Christopher no estaría ahí en ese momento y sin embargo, el alien no podía dejar las dudas atrás.

Quizá Wikus había llegado amarlo.

O quizá lo odiaba…

Ese –el odio- era un sentimiento familiar a Chris… tanto como el desaliento que inspira ser odiado sólo por tener una forma física distinta.

De cualquier forma, el deseo entre los dos había sido consecuencia de dos cosas; los nanobots y la identificación genética; una vez que los nanos habían borrado las aparentes diferencias en el humano, Chris no había estado a salvo de responder. Los Poleepkwa elegían a sus parejas por sus ventajas en los genes, legibles en la estructura de las feromonas y Chris había visto más allá en Wikus de lo que éste conocía de sí mismo; más allá del miedo, de las diferencias físicas, de las estructuras mentales, ambos eran muy parecidos. Tercos, decididos a proteger a los que amaban y leales a lo dicho.

Tanto como traidores y asustados.

¿O no?

Christopher Johnson recordaba e intentaba olvidar la horrenda intensidad de esas 72 horas, en las que su vida había cambiado para siempre, dejando atrás un mundo detestable y dejando en él a alguien de quien no habría querido separarse jamás.

Kraal puso su mano en el hombro del angustiado ingeniero y rozó sus antenas con las de él; confianza, paciencia, calma.

Los corazones de Chris se calmaron un poco. Kraal sonrió y le guiñó un ojo, alentándolo.

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Hay reacciones esperadas, inesperadas, plausibles y también, imposibles de creer.

Las puertas del Distrito 10 se abrieron a la humvee, custodiadas por voluntarios desarmados…y fue como una señal para todo El Pueblo que estaba dentro, una especie de oleada, un tsunami que se extendió por todo el campo, golpeándolo con un silencio completo, paralizando a todos en sus labores.

Podrían haberse escuchado los proverbiales grillos en el silencio.

Después, el rumor en las voces se extendió como un soplo de viento que levantara miles de hojas; InDuna.

Wikus estaba lavando las tazas de té, pensando en lo dicho por Madre Aurora y Josef acarreaba cajas por la cocina, los audífonos puestos y cantando como lo hacía siempre, como un día normal.

Sólo que no era un día normal y Wikus se sintió enervado en un instante y no supo si fue la letra, la música que alcanzaba a percibir o la reacción química en el aire, devolviéndole el recuerdo de una sola persona, identificada por ese olor.

Te he amado más que cualquier hombre

Pero algo se está interponiendo entre ambos

Se cayó una taza de las manos de Wikus, quebrándose contra la tarja y Josef, sin escuchar, siguió cantando…

…Y era yo tan delicado cuando empezamos

Tan tierno al decir tu nombre

Pero ahora solo soy partidario

De mi compulsión y mi vergüenza…

El mutante se volvió a Josef, enfurecido.

—¡Con un puto carajo! ¡Quieres dejar de oír eso?

Josef reaccionó de un salto, sacándose los audífonos y alzando ambas manos como si lo amenazaran con una pistola, tratando de pacificar al alien.

Sólo entonces, ambos notaron el silencio, afuera, dentro, en todas partes. Madre Aurora entró a la cocina, más pálida que de costumbre.

—Wikus, creo que es necesario que vengas…

El mutante salió al patio de entrada y el silencio esta vez fue completo, siniestro.

Pese al maquillaje naranja sobre el caparazón, a los extraños que lo acompañaban, al Poleepkwa junto a él, Wikus no dudó un solo instante.

Corrió hacia Christopher y antes de hacer nada, le soltó un golpe con todas las fuerzas de su mano mutilada.

—¿CÓMO DIABLOS DEL CARAJO TE ATREVES A VENIR SIN AVISAR? ¿CÓMO PUDISTE DEJARME AHÍ, TIRADO?

Ante el asombro y el silencio de todos, Chris lo abrazo en un crujir de caparazones y Wikus comenzó a llorar convulsivamente.

Sor Estela apareció por el extremo del edificio sur, donde se guardaban las despensas, con una personita de la mano.

—¿Wikus? ¿Papá? ¿Qué está pasando?

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Los caparazones de color azul rey identificaban a los miembros del Enterprise, sin que se hiciera necesario proveerles de nada más. Ni siquiera de uniforme. McCoy bajó un poco mareado, de la plataforma del teleportador. Sus ojos tenían una agudeza visual distinta y su olfato era…visible. O sensible de otra forma, ya que no había nariz que le comunicara las sensaciones; fueron las puntas de sus antenas las que le permitieron reconocer a Chapel –jazmín y estrógenos- y a Gutiérrez –menta y cloro, testosterona- y al resto de sus enfermeros y paramédicos, dado que todos eran demasiado similares, incluso en el color de sus caparazones; revisó sus manos de tres dedos y no tardó en checar, sobre el PADD, que no había perdido habilidad ninguna. Su peso no había variado mucho… pero sintió sed. Era inevitable, dado que el organismo que ahora lo portaba requería menos agua y esa sed era un resabio de su propia humanidad. Tafari aplaudió y soltó la carcajada y Adanna se llevó las manos a la boca, en un oh! de sorpresa.

—Por las siete lunas, McCoy! ¡Nunca pensé que lucirías tan guapo!

Y el aludido, quien se atragantó con semejante bienvenida, no supo que responder. Lo que propició la risa de todo su personal, de los Poleepkwa, de Scotty y hasta de Ho, el técnico a cargo del teleportador.

Pero McCoy tenía una reputación que mantener y de inmediato, frunció el ceño y resopló por las agallas de su cuello.

—Espero que estarán contentos. Y te juro, Tafari, que si no me regresas a mi forma humana original, encontraré un insecticida eficaz y mortal, diseñado personalmente para ti… ¿Qué diablos estamos esperando? Bájanos a Tierra, Ho.

Scotty entró corriendo y jadeante al área del teleportador

—Doctor McCoy...Len, espera, ha sucedido algo fuera de planes…

Huelga decir que todo el personal médico se cruzó de brazos y se escucharon suspiros y rezongos,

—¿Qué ahora, Scotty?

Y ante la sorpresa de todos, Niara ingresó al área del teleportador. McCoy tragó saliva. Ahora, bajo su caparazón poleepkwa, podía percibir la fuerza de las feromonas de la reina y el temor que lo invadió fue difícil de controlar. La reina sonrió con dulzura y McCoy, involuntariamente, se inclinó ante ella como si su cuerpo obedeciera una orden, en contra de su voluntad.

Y sin embargo, fue tan natural…

La recompensa no se hizo esperar; las feromonas cambiaron y la satisfacción lo inundó, así como una sensación de calidez y afecto que lo desconcertó profundamente.

Así que en esto consistía el ser insecto y tener lealtad a una reina. Niara inclinó sus antenas sobre todos ellos y negó la cabeza, con desaliento. Tomó una de las manos de Tafari y éste la miró con profundo afecto y respeto

—Mi buen doctor, ha pasado algo que no podremos controlar. Hay una joven reina en el Distrito 10…

Tafari pareció atragantarse y Adanna se llevó una mano a la boca

—Pero…¿cómo?

—Es la hija de Christopher. La tuvo con el mutante. Y ha logrado controlar a toda la colonia. Si los rociamos con nuestras feromonas, no habrá reconocimiento y si podría darse una carnicería…

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Agradezco infinito vuestra paciencia. Este capi se escribió a razón de dos o tres palabras por dia, a lo largo de un ciclo bajo y rodeada de compromisos en la Vida que no haya tardanzas para el siguiente. La canción es 'Bosco', de Placebo. Sochya bosh eh dif

s'FA