Cap. 12. Órbita de Terra, Enterprise.

Geoffrey no supo cómo se dio cuenta…pero lo identificó de inmediato, entre el grupo de poleepkwaan de color azul rey. No era más alto que los otros y ni siquiera tenía el ceño fruncido…pero indudablemente, se trataba de Leonard. SU Leonard. Se abrió paso a codazos entre el grupo, para abrazarlo.

La reacción para McCoy fue tan intensa que terminó por abrumarlo; las feromonas de M'Benga, el sabor de su piel y la misma disposición de sus genes le eran legibles, gracias a sus nuevas antenas.

Ambos se abrazaron tan fuerte que Geoffrey tuvo que apartarse, so riesgo de que Len le rompiera las costillas. McCoy le acarició el rostro con las antenas y rozó las mejillas del joven médico con sus palpos.

—¿Cómo diablos…?

Geoffrey sonrió ampliamente.

—¿Supe que eras tú? -Le besó en la mejilla— Tonto. Eres inconfundible. Hasta con esa piel de insecto luces atractivo…

McCoy guiñó los ojos y se sintió tan inundado de alegría como si estuviese ebrio. Y a la vez, comenzó a excitarse sexualmente, sin poder frenar lo que sentía.

Ajá, eso era.

Con razón Christopher había perdido toda sombra de control, al ver a Wikus y sentir su transformación en uno de ellos.

El aire se electrizó frente a la entrada de Niara y todo el equipo médico reaccionó a su presencia. ¿Cómo podían conseguirlo, por dios? La lealtad hacia la reina era poco menos que automática y el afecto recibido de vuelta era como una manta cálida en un día helado.

—Majestad… -se adelantó Geoffrey y la reina tendió una de sus largas manos y se la dio a besar, palpándolo con las antenas.

—Doctor M'Benga, espero que pueda explicar a sus colegas cuál es la situación en el Distrito 10.

Geoffrey se dirigió a todos los enfermeros y paramédicos, incluidos Tafari y su esposa.

"Christopher Johnson tiene una hija. La niña tiene una mezcla de genes terranos y poleepkwaan. El problema es que se trata de una reina en potencia…"

Tafari le interrumpió.

—Lo que nuestro joven amigo trata de decir es que ésta pequeña no ha sido entrenada para contener o controlar sus feromonas y El Pueblo que se encuentra en el D10 ha crecido bajo su dominio involuntario. Si ella sufre algún daño, el Distrito 10 entero, dos millones de habitantes, nos atacarán, haciendo imposible su rescate.

—Pero ¿cómo podríamos dañarla, Majestad?- dijo McCoy.

—Apartar a la pequeña de su pueblo será tomado como un intento de secuestro. Sólo tenemos en realidad dos caminos; que ella acepte su salida de la Tierra y me permita entrar a su territorio. O Tafari podría utilizar los genes de su padre y volverla humana. Eso dejará atrás sus capacidades insectoides y nos permitirá seguir con el plan original, utilizando mis feromonas de dominio.

McCoy bufó, indignado.

—¿Su 'territorio'? Por Dios, de qué me habla! Es apenas una criatura!

Niara alzó sólo la mitad de las plumas de su antena izquierda y el temor inundó a McCoy hasta convertirse en angustia. La imagen de la reina cambió de alguien profundamente amable en lo que en realidad pareció a los primeros exploradores; un insecto enorme, terrorífico y profundamente peligroso, con una serie de mandíbulas duras como el diamante y cuatro pares de pinzas capaces de partir fácilmente en dos a un ser humano. Niara siseó, en voz baja.

—Es una persona como yo, doctor McCoy, capaz de infundir el mismo afecto y el mismo temor, la misma obediencia y la misma lealtad… con la diferencia de que yo sé cómo hacerlo, sé cuando aterrar a los enemigos de mi tribu y cuándo recibir amablemente a los amigos leales. Ella no. No hubo madre, hermanas, familia, nadie que la guiara. No hubo compasión para con ella. Sólo un padre que es a medias humano y que aún está muy asustado con sus propios cambios.

Y si esa pequeña se asusta, esto que le he hecho sentir será poco, en comparación con lo que la hija de Christopher Johnson puede hacer, ¿Soy clara?

McCoy tragó en seco.

—Como el cristal, Majestad.

Geoffrey alzó la mano.

—¿Qué es lo que nos sugiere entonces?

Niara suspiró.

—Solicito que teleporten a Xyrella y a Wikus a esta nave, doctor M'Benga. Y a su capitán. Pueden dejar como rehenes a Kraal y a su experta en comunicaciones. Trataré de hacerles comprender la situación.

Geoffrey negó con la cabeza.

—La situación es más complicada de lo que cree, Majestad. El informante que nos ayudó a localizar el D10, avisó a la esposa de Wikus y ella está en el campo ahora…

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—No puede ser…

La voz de Tanya fue apenas un suspiro. Pero no dejó de enfrentarse a los dos metros de altura de Christopher, resueltamente. El alien había vuelto, con los suyos. Iba a llevarse a los que quedaban en la Tierra. Y a cambio, tendría que cumplir con la promesa hecha a su esposo.

La hermosa joven vestida de blanco (Uhura? Penda? En este momento de shock, no lograba ubicar su nombre) le había relatado la historia entera en menos de quince minutos.

No era eso lo más extraño de todo, sino la pequeña figura aferrada al insectoide blanco.

Era hija de Christopher. Y de Wikus. De su esposo. Las palabras se repitieron dentro de su mente hasta perder todo sentido. Madre Aurora le alargó una taza de rooibos.

—Esto te calmará, hija.

Irónicamente, Tanya sorbió el té con calma, sin temblor en las manos, sin más que la dulzura que la había caracterizado siempre. Wikus se soltó de la mano de Chris y se arrodilló a sus pies, alzando su mano mutilada y sin atreverse a tocarla.

—Tanya…soy yo, ¿Puedes creerme?

En el acento y los rasgos nerviosos, la mujer reconoció de inmediato a su marido; la única prueba que quedaba de él, era un ojo aún humano, de color azul. Tanya asintió, mientras las lágrimas resbalaban por su rostro, alzando una mano, para tocar la mejilla de Wikus, al lado de sus palpos, tropezando con la dura quitina de la coraza. La antena derecha de Wikus bajó hasta la frente de su esposa y el reconocimiento fue aún más completo y de repente y sin ningún temor, ella lo abrazó, ahogando los sollozos.

El joven rubio que venía en el grupo, vestido de militar —y que, Tanya sabía ahora, tampoco era un humano— aclaró su garganta.

—Señora Van de Merwe, quisiéramos hacer la extracción lo más pronto posible y no queremos poner en riesgo a nadie en su mundo. Pero existe la cuestión de la hija de su esposo y Christopher Johnson.

Jim hizo una seña a madre Aurora y ésta trajo de la mano a Frieda, quien miraba con recelo a Tanya. El aire comenzó a ponerse tenso y Christopher reconoció las feromonas; Frieda no tenía control sobre ellas y si seguía diseminándolas en el aire, más pronto que tarde se presentaría un montón del Pueblo para hacer trozos a los humanos.

Sin embargo, algo en la expresión de ambas mujeres, la niña insecto y la humana, pareció cambiar.

Tanya se soltó de los brazos de su esposo y se arrodilló hasta quedar a la altura de Frieda. Alzó la mano, como se hace, despacio, con un cachorro que es nervioso o con un animal salvaje que podría atacarnos en cualquier instante y acarició con cuidado las plumas de las antenas.

—Pero…qué linda eres—Tanya sonrió entre las lágrimas—¿Cómo te llamas?

Frieda inclinó sus antenas sobre el rostro de la humana y permitió que ésta acariciara sus pequeños palpos, analizando al ser frente a ella, los ojos de color gris y los cabellos rubios.

Estaba triste y agitada y nerviosa y sobre todo, muy confusa. Hum…eran así todos los humanos? ¡Se parecía a su padre! Decidió calmarla.

—Frieda Van de Merwe, señora.

—Tanya. Soy Tanya. Soy la esposa…humana, de tu padre.

Frieda pestañeó con curiosidad. La tensión en el aire se rompió y tanto Kraal como Christopher volvieron a respirar.

—Oh…entonces ¿Tú vienes a convertirnos en humanos?

Tanya miró a todos los presentes, esperando ayuda. Jim asintió con la cabeza, animándola a continuar.

A nadie se le había ocurrido esa respuesta.

—Tu…querrías serlo?

Frieda agitó los palpos, en el gesto de sonreír.

—Así todo sería más fácil, Tanya. Tú serías mi mamá y Wikus volvería contigo y Christopher podría llevarse a todo El Pueblo y nadie quedaría sufriendo.

Y sin decir más, se arrojó a los brazos de la humana y Tanya soltó la risa y el llanto. Una hija. Una extraña y rara hija, pero hija al fin y al cabo, en contraste con el bebé que había perdido. Una posibilidad de reconstruírlo todo…

Niara, quien contemplaba la escena desde la pantalla central de la Enterprise, sintió un dejo de orgullo y ternura; esta niña era en verdad una reina…

Y en el siguiente instante, Frieda se soltó del abrazo, sin dejar la mano de Tanya y se acercó a su padre, la sonrisa enorme.

Chris casi sintió el crack en sus dos corazones, frente a la escena.

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—Por ideal y gratificante que parezca, no podemos hacer eso, Tafari.

—¡Por todos los Dioses, Leonard! ¿Qué sugieres entonces?

—Que te des cuenta de la realidad.

—De lo que me doy cuenta es de que eres en verdad un terco.

—No menos que tú ¿Ya te fijaste que simplemente, no podemos convertir a Frieda y a Wikus en humanos e irnos como si nada hubiera pasado?

—Mira los modelos ¡Claro que es posible!

La pantalla tridimensional en la plataforma médica mostraba a una niña de ojos azules, cabello rubio y que no se diferenciaba en nada de una humana.

—Me refiero a su vida real, Tafari. La que estamos comprometidos a proteger, carajo…

—El doctor McCoy tiene razón, doctor Tafari…

Ambos médicos saltaron y McCoy se dio el lujo de silbar amenazante con sus agallas.

—¡Con un demonio, duende verde! ¡Ya le he dicho a Jim que te cuelgue un cascabel! Y ya sabes que no me gusta que me des la razón, caramba… no puede ser nada bueno.

Spock se dio el lujo de negar con la cabeza. Apenas.

—No voy a perder el valioso tiempo de los dos, justificando al doctor McCoy, doctor Tafari.

—O sea que no vienes a decirnos 'Se los dije'…

Spock elevó una elegante ceja frente a la respuesta de McCoy. Insecto o humano, seguía siendo igualmente molesto.

Tafari cruzó los brazos y suspiró.

—Explíquese, Comandante, si es tan amable.

—Con gusto, doctor. El señor Van de Merwe no puede regresar a su forma humana y recuperar su anterior vida. Es buscado por varias corporaciones especializadas en genética. Esas personas tienen en su poder muchas de las supuestas armas poleepkwan. Lo mismo se aplica en cuanto a su familia en Terra. Sería necesario cambiarlos de identidad y mudarlos de continente y aún así, su imagen es conocida en todo el planeta. La señora Tanya, por su parte, no puede ser trasladada a otro mundo, sin que su genética humana sea alterada. Y creo que pueden imaginar cuán serias serían las consecuencias…emocionales para el ingeniero Xyrellah.

McCoy miró al Vulcano y después, al poleepkwa, haciendo ojos de espiral.

—No voy a decirte que te lo dije, Tafari…

El médico insecto resopló, de disgusto, dando un manotazo sobre la biocama más cercana y maldiciendo en su idioma.

—¿Dónde nos deja eso, comandante Spock?

—He valorado la respuesta y contrapesado sus consecuencias. Pero no creo que sea del agrado de nadie, doctores.

Tafari agitó las antenas, inquieto.

—Spock, ustedes los vulcanos siempre van directos a por agua. No sé que lo detiene.

Spock NO contuo el suspiro.

—La joven Frieda se identifica como terrana; si su cambio se hace, Su Majestad Niara no tendrá que negociar y podremos usar sus feromonas directamente en El Pueblo que queda en Terra. Será necesario dejarla aquí, como tal, con la señora Van de Merwe a cargo de ella. Y el señor Wikus habrá de irse con los demás Poleepkwa, de vuelta a su mundo. Es la única forma que hay, de garantizar una vida larga y próspera para ambas partes…

Mccoy resopló disgustado por las agallas.

—Duende verde…

—Antes de que siga insultándome, doctor McCoy, le sugiero que revise la realidad presentada. Esta familia no puede ser rehecha tal cual, sino con el material que tenemos a mano

—Y ¿Cómo vas a garantizar la seguridad de ambas, abandonándolas solas en este mundo?

—La señora Tanya es, oficialmente, una viuda. Puede volver a casarse. Y…tengo lo que ustedes llaman 'un as bajo la manga'

Tafari se volvió hacia el ventanal.

—¿Así nada más, Spock?

—Así tuvimos que reconstruir nuestro mundo, doctor Tafari.

—¿Cuál es tu as, Spock?—cuestionó McCoy

—Durante mi servicio en la Hood, acompañé al Capitán Pike a una misión clasificada, sobre un embajador de la Federación, situado en Terra. Debe estar viviendo aún en ésta época. Y tiene contacto con las dos naves vulcanas que vigilan Terra en este momento.

McCoy elevó una antena, cruzando los brazos.

—¿No rompe eso la Primera Directiva?

—En absoluto, doctor. Sólo necesitamos la autorización del Almirante Nechayev y la de Su Majestad Niara…

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El interccom sonó y Tarman sintió la vibración, dejando salir una mueca. Se dirigió a Tandy, la belleza rubia y de lacio cabello frente a él.

—Mi querida Tandy, este viaje parece haberme agotado ¿Podemos hablar de esta entrevista mañana?

La muchacha sonrió. No podían negársele privilegios al Hombre que Cayó a la Tierra.

—Con todo gusto, David…

Salió de la habitación y más pronto que tarde, Tarman respondió la llamada; uno de los vulcanos de la Federación…pero no alguien que él conociera.

—Llef aquí.

El joven casi sonrió, lo que asombró mucho al tusdarian.

—Embajador Tarman Llef, de Tusdar.

—Sí, soy yo mismo, señor..?

—Spock. Sch'n T'Gai Spock, Embajador, soy el Primer Oficial de la nave insignia Enterprise.

Llef abrió mucho los ojos, de diferente color y tamaño de pupilas.

—La Enterprise? No recuerdo esa nave…

El Vulcano en la pantalla asintió.

—Efectivamente, Embajador. Aún no la conoce.

Llef alzó dos dedos frente a su boca, en el gesto de silencio.

—Jovencito, dígame que no está usted llamando del Futuro y que no está violando la Primera Directiva que ambos estamos obligados a respetar…

Spock tomó aire y Llef casi sonrió ¡Cuán expresivo era éste Vulcano!

—No. No estoy llamando desde el futuro, aunque nuestra nave sí proviene de un futuro alterno. Y no, no estamos violando la Primera Directiva, Embajador.

—Y…su capitán? ¿Por qué no es él quien está hablando conmigo?

—Porque usted y yo vamos a conocernos en unos años, Embajador. Usted es amigo del Capitán Christopher Pike. Será él quien lo recoja en Terra, en el año 2016.

Y claro que Llef recordaba a Pike y las dos veces que ambos habían parrandeado –una en Risa y otra, en Terra- y lo bueno que era Chris con la guitarra.

—Mi capitán se encuentra en éste momento en la superficie, Embajador. Cerca de Sudáfrica y no le es posible atender de momento ésta llamada. Vamos a requerir de los talentos que distinguen a su señoría para proteger a uno de los nuestros…

Y claro que a Llef le encantaban esa clase de líos; su labor como observador de los terranos podía ser un poco aburrida, de cuando en cuando.

Alguien abrió la puerta de la habitación: la hermosa mujer que entró definitivamente opacaba a la mismísima Uhura. Spock inclinó la cabeza, ligeramente.

—Lady Iman, es un placer verla…

Y Llef advirtió el reconocimiento en los ojos de su esposa Yrillian, de la misma especie de la esposa de Chris Pike, Número Uno.

—Spock? ¡Spock! ¡En el nombre de los Preservadores! ¡Cómo has crecido! ¿Cómo se encuentra Amanda? ¿Y Sarek?

El joven Vulcano contuvo la expresión; no podía decirles nada y no podía negar la amistad entre esta bella mujer y sus padres; Iman Somali había logrado avances en el Traductor Universal gracias a Amanda Grayson e Iman recordaba al pequeño Vulcano, recién rescatado de la Gran Forja, cuando la muerte de I-Chaya, su sehlat. Iman le había regalado al jovencísimo Spock la copia de peluche que aún estaba en su recámara de la Embajada Vulcana, en San Francisco.

Tarman Llef miró a su esposa y al joven e hizo una perfecta 'o' con la boca y luego;

—Bueno…parece que yo soy el único que no está enterado de los chismes…¿En qué podemos ayudarle, Comandante Spock?

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Puede ayudaros leer 'En realidad, retornó a su mundo'. Así sabréis quién es el Embajador Tarman Llef... pero no es indispensable.

Sochya bosh eh dif. s'FA.