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— ¡Esto es delicioso! —exclamó emocionada al probar el dulce.

— ¿Verdad que sí? Como tú eres así, pues, supuse que te gustaría. —ella volteó algo confundida.

— ¿Soy así? —preguntó— ¿Así cómo? —Naruto se atragantó con el onigiri, su rostro enrojeció— ¿Estás bien?

— ¡Sí, sí! —expresó mirando hacia un costado. « ¡Vamos, vamos! ¡No sea cobarde, de veras! » — Hinata —inició algo dudoso sin mirarla, pero nervioso.

— ¿Sí?

— Te quiero... decir algo importante y, bueno, me gustaría que... Ya sabes. —rascó su nuca claramente incómodo. La miró, pero como sólo estaba descubierta su boca lo primero que le vino a la cabeza fue lo que salió de sus labios— Tienes sucio aquí. —ella reaccionó para limpiarse la boca, él se maldijo mentalmente— ¡Pe-pero no te ves mal! Digo, t-tus labios siguen siendo muy bonitos y, eh... ¿Hinata? —ella ocultó rápidamente su cara tras la máscara— ¿Dije algo malo? ¡No era mi intención, de veras! —ella negó con suavidad.

— Está bien Naruto-kun.

Ambos contemplaron el horizonte, a poco más de un kilómetro se podía apreciar una laguna donde antes acostumbraban a lanzar rocas o a pescar o hacer barcos de hojas... Desde hace mucho, y no mucho en realidad, ambos ya no jugueteaban por el bosque como un par de amigos. Simplemente se deleitaban por la presencia del otro por largos periodos de silencio. Apreciaban el cielo y el viento meciendo las ramas.

Volteó. Era tan extraño ver como había pasado el tiempo... para él y no ella. Había crecido al punto de que era ella quien ahora le llegaba al hombro —la primera vez que se vieron los papeles de estatura estaban invertidos—, había ensanchado su espalda y había agarrado musculatura —porque desde hace un año tenía la imperiosa necesidad de ir al gimnasio antes de llegado el verano—. A su lado ella lucía más femenina y tierna y bajita. Ya no le parecía una chica extraña que golpeaba con ramas a niños perdidos, sino una hermosa muchacha que lo escuchaba por horas y horas sin cansarse.

— Sabes, Hinata-chan —comentó— En un semestre terminaré la prepa y con ello finalizaré los estudios. —ella dejó de contemplar las montañas del sur para mirarlo hacia arriba, porque él había crecido mucho y el tiempo le parecía corto a pesar de llevar años juntos— Decidí venir a vivir acá con el viejo a tiempo completo. —ella lo escuchaba en silencio— Así no sólo pasaremos juntos verano sino todo el año. Podremos jugar a lanzarnos bolas de nieve, o a ver crecer los renacuajos en la laguna durante primavera y podríamos celebrar mi cumpleaños en otoño. ¡Sería fabuloso, de veras!

Naruto-kun...

— Ta... También pensé que, ¡si no te molesta, claro!, podrías quitarte la máscara por completo para verte. —ella pareció reaccionar a sus palabras con un pequeño brinco— ¡N-no pienses nada malo, si! Sólo quiero verte más seguido. ¡Nos vemos todos los días, lo sé! Es sólo que, pues, me gustaría ver tus ojos de nuevo. ¡No pienso que sean raros, de hecho me gustan, me gustan mucho pero, eh, ah... —empezó a rascar su nuca muy nervioso con las mejillas rosadas y ella regresó la mirada a los lejanos árboles— ¿Hinata?

— Naruto-kun... Hemos pasado mucho tiempo juntos y aprecio cada momento, pero no debes olvidar que yo soy un espíritu.

— Sí, claro que lo sé. —tomó aire sin poder dejar de lado el ardor en su rostro— Pero igual me quedaré a tu lado siempre, de veras. —ella bajó un poco la mirada y abrazó sus piernas. Pasaron dos eternos minutos hasta que tomó por sí misma la máscara y se la quitó. Sin duda ahora, después de tanto tiempo ya no le parecía llamativo, sino toda una belleza.

— Sabes, Naruto-kun. Yo no soy un espíritu —él abrió los ojos por un instante—, pero tampoco soy humana. —contemplaba la máscara con cariño— Hace muchos, muchos años, cuando era apenas un bebé, me dejaron en este bosque y Kiba-kun junto a Itachi-san e Ino-san me encontraron. El Dios de la Montaña gentilmente me permitió sobrevivir en este hermoso lugar gracias a un hechizo que tenía como única regla no permitir que un humano me tocase.

— ¿Por qué? —preguntó no muy seguro de si obtendría respuesta. Hace años intentó descubrir la verdad que ahora afloraba por sí sola.

— Porque habían sido los humanos quienes me dejaron abandonada y para el Dios de la Montaña yo era un ser puro, los humanos no merecían tocarme si me habían dejado abandonada. Por ello Kiba-kun me llevó ante él y a cambio de crecer lentamente entre la belleza del bosque, soy guardiana de la tranquilidad. ¿Lo sabías?

— Me había hecho una idea hace años, cuando me cantaste. —ella sonrió de perfil y dentro de su pecho el corazón aceleró a mil. Verla sin máscara era perfecto, pero ver su sonrisa lo dejó sin aliento.

— Sí. Esa noche estaba buscando a Ino-san y sentí tu presencia. Te veías indefenso, solo, triste, pero más que todo me acerqué a ti porque eras un humano. Nunca había visto uno tan de cerca y me sentía mal el verte así. —ella todavía no despegaba sus grandes ojos de la máscara, pero el corazón de Naruto quería escapar por la boca— Cuando te presentaste y dijiste que volverías me sentí feliz porque había hecho una amistad por mi cuenta y cada día que nos divertíamos era más y más hermoso.

Una fuerte brisa revolvió sus cabelleras.

— En algún momento ya no te vi como un amigo, ni como un niño, y desde hace algún tiempo he querido abrazarte para consolarte como es debido, pero... pero creo que es momento de despedirnos.

— No. —por fin sus ojos lo observaban directamente a él— No me despediré. Hazlo si quieres, pero yo regresaré día a día y te buscaré por todo el bosque con o sin ayuda de Itachi y Kiba y esa Ino que aún no conozco.

— Pero...

— Dejemos de hablar de eso. —expresó ya más infantil que serio— Vamos a ver a los patos. ¡O lancemos piedra en la laguna, de veras! —Naruto se levantó con prisa, rebuscó algo entre los arbustos cercanos y regresó con las manos en la espalda y una sonrisa tan brillante como el sol. Sacó de atrás una rama. — Yo sujeto un extremo y tu el otro. ¿Sí? —ella lo observó confundida.

— Pero ya no te pierdes. —respondió recordando los primeros veranos en los que, mientras jugaban a las escondidas, Naruto terminada en medio de la nada clamando su nombre y terminaba extendiendo una ramita hacia él como medida de seguridad para regresar a las escalinatas.

— Sí, pero como no te puedo tocar podemos fingir que nos tomamos de las manos. —expresó rascando la nariz y sonriendo estúpidamente. Ella sonrojó. Era la primera vez que él la veía hacer eso, pero aquello sucedía desde hace un par de veranos atrás; solo que con la máscara pasaba inadvertida. Se levantó de la alfombra verde y con la máscara en la mano extendió la otra en su dirección para ir juntos al lago.

— ¿Haz ido a un festival, Naruto-kun? —preguntó luego de varias horas pescando, mojándose los pies, rebotando rocas.

— No. —respondió— ¿Por qué? ¿Quieres que investigue y te cuente de ello mañana? —no sabía cuando habían empezado con ello, pero si ella tenía alguna duda con respecto a la ciudad o algún tema que había escuchado de visitantes en otras épocas del año, Naruto se encargaba de aprenderlo y luego narrarlo con mucha energía y dinamismo.

— No, no. Yo sé lo que son. Voy a ellos cada año.

— ¿Aquí hacen festivales de esos? —preguntó interesado y asombrado, pues nunca había ido a uno, ni había escuchado de ello.

— En realidad es un festival... para espíritus. —un escalofrío recorrió su espina.

— ¿Ha-hablas de... de que sólo asisten fa-fan... —la miró de perfil sin que ella lo notase— e-espíritus?

— Sí. —tiró otra roca— Mañana por la noche se celebrará el de verano y, pues... ¿Te gustaría venir? —antes de responder un "Sí" tragó grueso y pesado, pero esa respuesta iluminó el rostro de la muchacha— Que bueno. La verdad quería invitarte desde hace un par de veranos, pero como no te llevas bien con otros espíritus...

Dejó la frase incompleta porque en realidad Naruto sólo había conocido a Itachi y Kiba —con quienes no tenía muy buena relación— y aunque el siempre negaba que no le tenía miedo a los habitantes del bosque, claramente así era; si anochecía sin darse cuenta, los sonidos de las ramas en los troncos le ponían el cabello de punta.

— Van a, eh, a haber sólo espíritus, ¿verdad? —ella asintió.

— Aunque a veces los niños de la aldea logran entrar y eso siempre le causa dolores de cabeza a Kiba-kun. —sonrió incómoda.

— S-si los niños van, ¡yo también, de veras! —fingió una sonrisa coqueta y animada. Ella lo contempló por un segundo.

— No te preocupes, Naruto-kun. El festival de verano es una imitación del que realizan los humanos, así que será como estar rodeado de ellos.

— ¿I-insinúas que así fueran vestidos de e-espíritus me daría miedo? —se levantó del pasto y saltó sobre una roca que sobresalía de la superficie de la mansa agua cristalina; adoptó una pose de héroe— ¡Porque yo n-no le tengo miedo a nada, de...! ¡Agh! *SPLASH*

Cuando emergió del lago, empapado y con un nenúfar sobre la cabeza, sus oídos fueron atrapados por la dulce melodía de su risa. Lo primero que hizo fue buscarla y, efectivamente, ella se estaba riendo de su torpe caída, pero en lugar de darle rabia se sentía en el paraíso y compartió el gesto con aprecio para atesorar el momento dentro de lo más profundo de su corazón.

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Aquel día, o más bien noche porque el festival era nocturno, me levanté en la madrugada. Estaba nervioso no sólo porque era nuestra primera cita oficial, sino porque no sabía como impresionarla. Me probé cada atuendo que había adquirido con el paso del tiempo, pero nada era apropiado porque no sabía como iría ella y no quería verme como un patán a su lado. ¡Demonios, tiré del cabello tanto ese día que casi me quedo calvo, de veras! Entonces pasó algo que jamás en la vida olvidaré: el pervertido de mi abuelo me ayudó.

Después del almuerzo, el cual comí casi en dos segundos para seguir con mi búsqueda infructuosa, el viejo se asomó en mi habitación con un rostro serio que solo había visto una vez: cuando le dije a una de tantas citas que mejor consiguiera una chica de su edad. Obvio me castigó y debí limpiar la casa hasta el último rincón, y desde entonces no volví a meterme con sus visitas. — "Naruto" —Me dijo— "Ven un momento." —Al inicio lo ignoré porque creí que quería que le lavara la ropa o qué se yo... segundos después el dolor de su sandalia de madera en mi cabeza me hizo maldecirlo y giré enojado, pero él sólo repitió. — "Date prisa, niño, antes que me arrepienta." — Lo seguí intrigado por la bondad en su voz, entramos a su recámara y sacó del último cajón de su armario una yukata negra y anaranjada. Me dijo que la había usado una vez para impresionar a la única mujer que jamás se fijó en sus feos piropos de cuarta y desde entonces lo guardó como recuerdo de lo perdedor que era en el amor.

Yo no lo vi con agrado porque si la yukata estaba maldita, Hinata no se fijaría en mí o terminaría haciendo el ridículo y lo negué... recibí el golpe de su otra sandalia en la frente. — "¡La suerte no está en la ropa, sino en el esfuerzo proporcionado, mocoso tarado!" —me gritó. Me dijo que él no había conseguido que ella se fijara en él porque creía que estando con otras le daría celos y resulta que si en lugar de provocar celos, hubiera sido atento y cariñoso, quizá ahora estarían juntos. Acepté el regalo con mucho asombro, pero más con aprecio. Supongo que como no era muy afectuoso no supo como consolarme aquella vez con la muerte de mis padres y cuando se dio cuenta que cada día del verano pasaba alegre desde que me había perdido, se imaginó que era por una chica y decidió no entrometerse.

En fin. Me puse la yukata que estaba en muy buenas condiciones, apliqué un poco de colonia, peiné mi cabello, luego me despeiné, me volví a peinar y al cabo de varios minutos me di cuenta que con el cabello corto no se nota si uno está peinado o no y tomando aire a toda capacidad, salí de casa rumbo a las montañas.

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Ocultó con rapidez un pequeño trapo rojo que encontró en las viejas cajas de su padre. Llegó al templo y dobló por la izquierda... En ese momento perdió la respiración y su corazón retumbó en el pecho como un tren descontrolado. No podía cerrar los ojos.

— Buenas noches, Naruto-kun.

Tenía el cabello recogido en un costado con una pequeña vincha en forma de mariposa, llevaba un kimono celeste con flores bordadas en la base y el obi de tono azul creaba un suave realce de su cintura y pechos. Ella también llevaba sandalias de madera y cuando lo saludó situó la máscara en su costado izquierdo para mostrar que llevaba un ligero retoque en los ojos y sus labios brillaban con la luna.

— ¿Naruto-kun? —sacudió la cabeza para recobrar el sentido antes de que la saliva rodara.

— Sí, este, yo, sí... ¡Sí, estoy bien! ¡Bien, de veras! —caminó hasta ella con prisa y sacó de la manga el pequeño pañuelo— Ten. —expresó al extender la cinta. Ella lo observó confundida. — Átala así, mira. —levantó la manga de su yukata para mostrarle que él tenía el otro extremo del pañuelo rojo amarrado a la muñeca. Ella imitó.

— ¿Esto para qué sirve, Naruto-kun?

— Para que no alejes de mí. —expresó con sinceridad y una mirada cálida que la sonrojó. Permanecieron quietos bajo el torii y cuando una fuerte brisa los hizo tiritar por simple reflejo, no por frío, ambos emprendieron el camino al sur de las montañas con el corazón tan emocionado en su interior que temían que el otro los escuchase en el silencio del bosque.

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Cuando llegamos al territorio del kibagami vi un festival colorido y festivo. Tenía los pelos de punta por... por... ¡por la emoción, obvio!, pero me llamó más la atención que estábamos rodeados de humanos. Bueno, espíritus que adoptaban esa forma —algunos se cubrían el rostro con máscaras como ella lo hacía siempre—, pero igual era impresionante la cantidad de habitantes que tenía el bosque. Admito que al inicio me miraban cuando pasaba junto a ellos y me daba un corrientazo en la espalda por el mi... el... porque no era como ellos, pero ninguno me lastimó y al cabo de las horas me sentía en completa confianza. Después era yo quien le decía a Hinata para visitar otra y otra y otra tienda. Habían máscaras de diferentes diseños y aunque quise conseguir una igual a la de ella, no la encontré.

Ta-también recuerdo que mientras observábamos a unos espíritus hacer payasadas en medio del camino, pasaron entre nosotros unos niños y empezaron a gritar frente a toda la gente que eramos pareja. Ah... Aún tengo el recuerdo nítido de su rostro ruborizado por la vergüenza y sus cortas palabras intentando negar, pero yo decidí verla todo lo que fuera necesario. Para la media noche lanzaron fuegos artificiales con formas llamativas y le pregunté si eso no atraía curiosos, pero ella me dijo que para eso estaba el kibagami; algo de que un perro guardián tiene habilidades para ocultar cosas y eso, pero no le presté mucha atención porque estaba perdido en su mirada vivaz con las luces.

¡Me sentía invencible, de veras! Era el día más perfecto que había pasado a su lado y... y también fue el último.

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Terminada la celebración ambos caminaron de regreso a la escalinata. Sin ponerse de acuerdo, ambos había escogido la ruta más larga que era bordeando el lago; en cuya noche austera se podía apreciar el reflejo de la luna sobre el agua con completa nitidez.

— ¿Por qué no vimos a Itachi o a ese kibagami? —ella sonrió suavemente.

— Se llama Kiba-kun y es un inugami. (Sí, como sea.) Ellos no asisten porque son los guardianes. Mientras Kiba-kun procura crear la barrera para evitar humanos curiosos, Itachi-san vigila el resto del bosque.

— ¿Entonces ninguno asiste contigo? —preguntó con una ceja levantada, ella negó con suavidad.

— No pueden dejar sus deberes a un lado. Son los guardianes principales después de todo.

— Ahhhh~ —aún mirándola de perfil y con la ceja levantada volvió a curiosear— Entonces... ¿Soy el primer chico con el que asistes a un festival? —ella abrió los ojos de par en par y bajó la cabeza con las mejillas rojas. Él sonrió emocionado y complacido. — Así que soy muy afortunado después de todo, de veras~ —expresó rascando su nariz con orgullo y ella sonrió. — Me hubiera encantado conseguir una máscara como la tuya. ¡Así estaríamos iguales, de veras! —Ella lo observó en silencio, caminaron otro poco, pero se detuvo y atrajo su atención por la cinta atada a sus muñecas. — ¿Hinata-chan? Te... ¿Te pasa algo?

— Pu... Puedes inclinarte un poco, Naruto-kun.

— ¿Qué, así? —dijo mientras llevaba el rostro a la altura de ella. Hinata apartó la máscara de su cabeza y la colocó en el rostro de él. A través de los agujeros era capaz de mirar solamente su rostro — Esto es muy práctico, Hinata, porque así sólo me puedo fijar en... en...

El corazón se le detuvo, dejó de respirar y sintió su rostro estallar en lava cuando apreció por entre los agujeros de la máscara como sus labios depositaban un tierno beso sobre la boca de la máscara. Si pudiera verse a sí mismo hubiera dicho que desprendía vapor a cantidades exorbitantes. Las palabras en su cabeza giraban en un torbellino de corazones y no podía expresar ni una solitaria vocal.

— Ahora será tuya. —expresó con esa hermosa voz gentil y una sonrisa cálida y el corazón latiendo con fuerza y las mejillas rojas mientras continuaba el trayecto tirando él con suavidad. Él se irguió de forma mecánica y empezó a caminar como pisando nubes. Escuchó unas risillas aproximándose pero no les prestó atención hasta que el tirón súbito de Hinata lo trajo de regreso a la realidad.

— ¡Gracias, onee-saaan! —expresó un pequeño no mayor de ocho años acompañado de un par de amigos alejándose rumbo al bosque. Naruto sonrió recordando lo torpe que él era a su edad y que también acostumbraba a caer con las rocas al correr. Emocionado por contarle una aventura graciosa de su niñez giró en dirección a ella, pero todo a su alrededor se congeló cuando apreció la mano de Hinata brillar con intensidad mientras se desvanecía como pétalos llevados por la brisa y su mirada de asombro la colmaba con lentitud.

— ¡Era un niño humano! —exclamó alterado en dirección al bosque donde los pequeños había desaparecido entre los troncos.

— Ahora sí te puedo abrazar. —expresó con dulzura, extendiendo los brazos y sonriendo sin una pizca de tristeza o remordimiento.

Apretó los puños con fuerza, con impotencia. Su cuerpo cosquilleaba lleno de gozo y rabia al mismo tiempo. Tenía las lágrimas ocultas tras una sonrisa que dejó a la vista cuando apartó la máscara de su rostro para estrecharla entre sus brazos. Era tan cálida, tan fina, su piel tenía un dulce aroma a lavanda y el cabello era tan suave como la caricia de una brisa en primavera. Cerró los ojos con fuerza rogando permanecer así por siempre, que no se fuera, que la dejase a su lado quien quiera que se la estaba arrebatando. ¡Quería que dejara de brillar! Si se iba a ir, entonces debía llevárselo a el también porque sin ella a su lado no habría nada que lo atara al mundo. ¡No le importaba no poder tocarla jamás siempre que que ella estuviera a su lado! ¡Siempre a su lado!

Te amo... Naruto-kun. —susurró sumergida en su pecho.

— ¡Yo también te amo, Hinata, de veras!

Ella sonrió y entonces su cuerpo desapareció por completo. Ya no sentía su calor, ya no podía oler la lavanda, ya no estaba la caricia de su cabello... Lo único que rodeaba sus brazos era el kimono. No sintió las piernas. Cayó sobre el pasto y sus lágrimas rodaron por igual. Llevó la cabeza al suelo. Con un brazo sujetaba su ropa y con la otra golpeaba la tierra en puños para liberar el dolor mientras las maldiciones eran escuchadas únicamente por la austera luna y el manso lago. Rogó que regresara hasta quedarse sin voz, pero fue inútil.

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¿Que si la extraño? No tienes idea de cuanto me duele pensar en ella aún. Me quedé en ese lugar toda la noche y madrugada hasta que Itachi me encontró. — "Levántate" —me sermoneó— "Hinata estaría decepcionada de ti si te quedas a morir." —agregó mirándome a los ojos con la misma tristeza que tenía destrozado mi corazón. Entonces recordé cada uno de los momentos que estuvimos juntos y lo emocionada que siempre se mostraba por el mundo exterior. Tomé asiento y él me pasó su máscara. — "Estoy seguro que ella te la hubiera regalado." —comentó y sonreí. Sonreí porque era cierto. Ella me la había dado junto con un beso y no permitiría que su recuerdo me pusiera triste, porque ella no era así. Hinata siempre fue alegre y vivaz y cariñosa y no debía olvidar lo hermoso que era vivir... Aún si eso implicaba continuar sin ella a mi lado.

Sí, terminé la preparatoria y decidí inscribirme en la universidad; a ella le hubiera fascinado la idea. ¿Qué? ¿Que qué tengo en la mochila? Ah, pues, es su máscara. Creí que debía llevarla conmigo a donde fuese, pero lo pensé bien y mejor se la regresaré al kibagami. Él fue como su padre, o hermano, y pienso que merece tener una parte de ella como yo tengo su sonrisa y sus palabras frescas en mi mente. Además, será un buena escusa para visitar al anciano; después de todo es mi único pariente y creo que el mudarme a Tokio podría alejarme de él por un largo tiempo.

¡Ah, mira! ¿Si las ves? Esas son las montañas que solía recorrer con ella. Ha pasado sólo medio año, pero la primavera cambia muchísimo el paisaje. Nunca había estado aquí en otra época que no fuera verano. Es tan colorido...

« Estación Utano, arribo en cinco minutos. Estación Utano. »

Oh, aquí me quedo. Un gusto conocerte, mi nombre es Naruto por cierto, y el tuyo... Oh, okey. ¿Eh? ¿E-escribirla? No lo sé, sí, supongo. ¿Los nombres originales? Claro, así podré comprar la historia y leerla. ¡jajajajaja! Te diré algo más. En un comienzo creí que era una prueba de valor —¡aunque no le temo a los fa... fantasmas!—, pero luego de contarte creo que en realidad es una historia de amor. ¡Sí, escríbela, de veras! A lo mejor alguien se arma de valor con ella y aprovecha mejor el tiempo. Yo lo hice y no me arrepiento de nada.

« Estación Utano. Que tenga un buen día. »

¡Oh, oh, oh! Me tengo que bajar, aún estoy lejos del pueblo. ¡Adiós! ¡Un placer conocerte y esperaré la historia con ansias, de veras!

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— ¡Ya llegué~!

— Naruto, ¿trajiste el sake que te dije por celular?

— No. Te había dicho, anciano, que no compraré alcohol para ti. A tu edad te hace... ¡OUCH! ¡Con un demon...!

— ¡No estoy viejo, mocoso! —dejó la mochila sobre el sofá y las maletas a un costado— ¿Cuánto tiempo te tendré esta vez?

— Unos meses. —fue a la cocina por un poco de jugo— El semestre inicia en septiembre, pero tengo que estar un mes antes para orientación y esas cosas.

— No olvides el empleo porque ya no te pienso mantener. —agregó quitándole el vaso de las manos.

— ¡Pero qué! ¡Si nunca me mantuviste, viejo pervertido!

— Administrar las cuentas de un adolescente problemático no es fácil. —Naruto rodó los ojos. Se sirvió otro poco de jugo y lo bebió rápido para que no se lo quite. Fue al sillón por la mochila y caminó a la puerta— ¿Dónde crees que vas? Llegas ¡sin mi sake! y luego te vas por las mismas.

— Es algo importante, viejo. Prometo que de regreso iré al pueblo y te compraré jugo de uva y... ¡AH! ¡Estás loco! ¡Eso es vidrio!

— Con que vuelvas a insinuar que estoy viejo, lo próximo que tire a tu cabeza hueca será mi puño.

— ¡Sí, sí! ¡Nos vemos!

En la entrada del templo permaneció como otra de las estatuas por varios minutos, casi una hora. El corazón le latía rápido, pero dolía... aún dolía como la primera vez. Cerró los ojos, respiró profundo y dio el paso. El templo estaba concurrido el triple de lo habitual, en su mayoría parejas. Los cerezos eran hermosos en todo Japón, pero aquellos que crecían cerca de las montañas en Kyoto sin duda eran los mejores. Avanzó lento por la izquierda donde lo esperaba el torii y las escalinatas... pero no ella. Suspiró con melancolía. — ¡You, Hinata, vine antes! —comentó con una sonrisa. Sacó de la mochila la máscara y se la puso como ella siempre la llevaba y emprendió el camino hasta el sur.

Pasó las escalinatas, el espeso trecho de bosque donde se perdían turistas primerizos, la colina, el lago, la pendiente y llegó al riachuelo donde se quitó la máscara y la colocó sobre una roca sin atravesar el territorio del inugami.

— Vaya, vaya. —dio un brinco y la piel del cuerpo se le puso blanca— Regresaste solo, después de todo... mocoso.

— Te lo dije, Kiba-san.

— ¿Quién es este humano? —Naruto volteó.

— Él es el humano que nos quitó a nuestra Hinata. —expresó Kiba con tristeza en la voz, rabia en la mirada y una sonrisa amigable. Su aspecto ya no era completamente humano; tenía unas perrunas orejas y cola esponjosa, así como unos años más en el rostro. A su lado el tengu, Itachi, vestido con la túnica negra y el cabello recogido en una coleta, tenía una mirada cálida y apacible. Del otro extremo una hermosa mujer de unos treinta, rubia y de larga cabellera que cubría la mitad de su rostro maquillado y piel suave miró al humano con intriga. Vestía un kimono blanco. Era tan humana como él. — Hazlo si quiere, Ino. —expresó Kiba con malicia.

En ese momento la mujer sonrió y empezó a acercarse a él... pero sólo su cabeza, porque el resto del cuerpo seguía junto a los otros espíritus. Su cuello parecía estirarse infinitamente como una serpiente. El rostro se le puso azul cuando empezó a rodearlo. Permaneció tan estático y tieso como un árbol del bosque, cerró los ojos con fuerza y empezó a imaginar un hermoso lugar de paz. La estridente risa del mitad perro y la mitad serpiente resonaron hasta lo más profundo de su ser y golpearon su ego con fastidio. Abrió los ojos y vio al tengu impávido, pero ocultamente feliz.

— ¡Eso te pasa por arrebatarnos a nuestra Hinata! —reclamó Ino entre molestia y alivio.

— Lo que Kiba-san e Ino-san quieren decir es: gracias. —agregó Itachi dando unos pasos en su dirección. Kiba tomó la máscara de la roca y la observó con melancolía.

— ¿Qué?

— Lo que escuchaste, mocoso. —respondió— Nuestra Hinata era el espíritu más joven de las montañas y cuando supo que en un inicio fue humana lo único que siempre deseó con fuerza era sentir el contacto de un humano. —el temor de Naruto poco a poco desapareció— Nosotros y ella eramos familia, pero nosotros nacimos del Dios de la Montaña así que, en cierta forma, no podíamos expresar esa parte que sólo ustedes pueden; algo complicado de explicar. Ella siempre sintió que no encajaba en su totalidad.

— Nuestra pequeña Hina —expresó Ino con dulzura de madre— Siempre tan gentil, siempre tan atenta...

— Puede que los humanos la dejaran aquí —continuó Itachi— y ellos mismos nos la arrebataran, pero sabemos que tú la amabas, y ella a ti. Ellos te culpan no porque crean que la tocaste. —Itachi movió la cabeza con suavidad— Te culpamos porque en cierta forma estamos celosos de que fuiste el único que pudo darle lo que siempre quiso.

— ¡Ouch! —Kiba lo golpeó con la máscara en la nuca, la ató al cinto de su pantalón y Naruto en lugar de molestarse, sonrió cuando los otros seres hicieron lo mismo.

— Gracias, la atesoraremos por siempre. —agregó amistoso, como cualquier canino— ¡Y suerte, Naruto!

Kiba comenzó a correr, detrás de un arbusto se transformó en un lobo blanco con la máscara atada al lomo, al voltear sintió el viento de las alas del cuervo que se posó sobre una rama y antes de notarlo, la mujer se encontraba a poso centímetros de su rostro, en lugar de sonrojar se puso azul, pues sólo era su cabeza lo que tenía cerca. El cuervo graznó como un regaño, ella sonrió divertida y caminó hacia el bosque del lado oeste donde detrás de un tronco su silueta desapareció. El cuervo emprendió el vuelo y se dejó caer sobre el pasto, sudando frío, pero tranquilo y feliz de haber hecho lo correcto.

De regreso por el sendero, se detuvo frente al lago. Estaba habitado por pequeños renacuajos y los nenúfares florecían tanto como el sol. Tomó una flor roja de grandes pétalos que crecía en un arbusto, recogió unas cuantas ramitas y armó un pequeño bote que ella le había enseñado. Depositó la flor en él y colocó el barco de hojas sobre la superficie mansa del lago. Una suave brisa lo hizo avanzar. Su corazón palpitó, sonrió y recordó su sonrisa con cariño...

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¿Eh? —El viento venía del norte... igual que esa voz.

Después de casi dos horas acuclillado cerca del lago se levantó como un resorte, le cosquilleaban las manos y su corazón palpitaba feroz en el pecho, tan fuerte como un terremoto estremeciendo su interior. Empezó a correr cuando llegó a las escalinatas y la melodía del viento se volvía más fuerte conforme subía las gradas; en la cima sólo había un mirador corroído por el tiempo, pero necesitaba saber de donde venía esa voz. ¡Porque era una voz! Abrió los ojos de golpe, dejó de respirar, el corazón casi se le detiene cuando vio una silueta en la cima despejada de árboles. Pisó una rama, la melodía paró y la silueta volteó.

— ¿Naruto-kun?

Era ella... ¡Era ella! Las piernas lo tele-transportaron en su dirección y la envolvió en sus brazos rogando que no fuera una ilusión, rogando que no se fuera, rogando que no estuviera soñando como tantas veces. Apretó los ojos con fuerza. Sentía su calor, olía su perfume de flores, su barbilla palpaba la suavidad de su cabellera azulada; y cuando ella reaccionó al gesto y lo rodeó con timidez, Naruto dio un brinco suave y las lágrimas no se contuvieron más.

— ¡Sí eres tú! ¡De veras eres tú! —expresó sin querer soltarla un solo instante. Quería sonreír, sonreír sin parar pero las lágrimas no querían dejarlo disfrutar en su totalidad— ¿No estoy soñando, cierto? ¡Si esto es un sueño me quedaré dormido para siempre, de veras!

— No, no lo es. —agregó con ese perfecto tono tímido y gentil— Creo que... Que el Dios de la Montaña nos dio otra oportunidad. —agregó sumergida en su pecho, sin llorar porque él lo hacía por ambos.

— Entonces... E-entonces... ¿Te quedarás? —ella asintió— ¿Te quedarás a mi lado siempre? —ella volvió a asentir— ¿Si me aparto por un momento seguirás a mi lado? ¿No te irás? ¡¿De veras no desaparecerás?! —ella volvió a asentir. Colocó las manos en sus hombros, temblando, y lentamente empezó a separar sus cuerpos. Ella levantó la mirada. Su mirada dulce, sus ojos perla, aquellos labios rosa que brillaban de manera natural... Era exactamente como la recordaba. No había olvidado ni un solo detalle. Comenzó a reír, reír de una forma estúpida, pero alegre. Secó sus rojos ojos con la manga de su camisa. — ¿Cu... cuánto llevas aquí? —preguntó ya más calmado, pero su voz aún estaba entrecortada por el llanto de alegría.

— No lo sé. —respondió— Sólo aparecí aquí y... y empecé a cantar como solía hacer. —Naruto volvió a restregar sus ojos para eliminar el exceso de lágrimas sin dejar de sonreír. Entonces comprendió lo que iba a pasar y demostró su idea con asombro.

— ¡Ahora eres humana! —exclamó en su dirección y ella sonrió con ternura por su actitud debido al reciente hallazgo— ¡No puedes vivir en las montañas! ¡Para un humano es peligroso el clima de aquí! —ella lo escuchaba atenta y cariñosa— ¡Vivirás conmigo! —ella reacción con asombro y sonrojó— ¡Te llevaré conmigo a Tokio, conseguiré un trabajo, alquilaremos un departa... no, mejor una casa, estudiaré duro y nos casaremos y tendremos dos... ¡No, tres niños, de ve...! ¿Hinata? —ella ocultó su rostro tras las manos lo que lo preocupó— ¿Te encuentras bien? ¡Debo llevarte al mé...!

Al bajar a su altura se quedó callado cuando comprendió que ella no estaba enferma, sino avergonzada. Entonces repasó cada una las palabras que habían escapado de su boca y sonrojó tanto o más que ella mientras desprendía vapor.

— ¡N-no creas que me e-estoy aprovechando de ti, ni nada pa-parecido, eh, Hinata! Vi-viviremos en la misma casa, pero no-no te haré nada hasta que nos casemos... ¡C-cuando tú lo digas, obvio! —apresuró a decir rascando su nuca. La miró de perfil, respiró para calmarse, pero sus mejillas seguían rosadas, sujetó sus manos y cuando ella levantó la mirada la contempló profundamente. — De ahora en adelante me aseguraré de que estés segura y no permitiré que desaparezca de mi lado nunca.

Ella, todavía ruborizada, sonrió por esas bellas palabras.

Lentamente sus rostro se acercaron, lentamente cerraron los ojos y lentamente se dejaron llevar por esa emoción que ambos cultivaron por años. Aquella emoción que los humanos llaman: AMOR.

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Epílogo

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— ¡Oh, oh, oh! ¡Hinata, Hinata! ¡HINATA!

— ¿Sí, Naruto-kun?

— ¡Mira, es la historia! ¿Recuerdas que te lo dije? La mujer del tren y...

— Oh, sí. La portada es muy bonita.

— ¡Pero no nos parecemos!

jejejeje...

— ¿Qué es eso, papi?

— Mira, Hima-chan. Esta es la historia de como papi y mami se conocieron.

— ¡Mamaaa~! ¡No encuentro mi chaqueta, en serio!

— Está acá, Boruto.

— Gracias, mamá... ¿Qué es eso, viejo? ¡Ay! ¡OYE!

— ¡No me digas viejo, que soy tu padre, de veras!

— ¡Vi-e-jo! ¡Wah! ¡WAH! ¡Ayúdame, Hima! ¡HIMAAA!

— ¡Ven aquí, demonios!

— Mami.

— ¿Si?

— Mami, ¿me lees el cuento?

— Claro, bebé. Dejemos a tu padre y a tu hermano jugar juntos un rato.

¡VEN AQUÍ, BORUTOOO!

¡WAAH! ¡MAMA! ¡HIMAAA! ¡HIMAAAAAA!

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~ FIN ~

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Holis. (^u^)/ No acostumbro a hacer fics NaruHina, pero... ¡Ero aquí! Debo decir que en el mismísimo instante en que terminé la película empecé a escribir este fic. Tengo un horrible bloqueo en las otras historias —e incluso en el mugroso libro— por ello creí que si despejaba mi mente con algo de romance con mi OTP (la otra ya saben que es SasuHina!) podría liberar presión o un poco de imaginación. *Alerta de SPOILER* Para quienes vieron la película, y son lloronas como yo seguro pensaron lo mismo: ¡Por qué no revivieron a Gin-saaaan! Pero bueno, como tengo el poder de escribir una adaptación con un final feliz... ¡Lo hice! JUAJAJAJAJA!

Como en toda adaptación, el fin de esto es que ustedes busquen la obra original y la vean —o la lean en caso de un manga— porque si escribo esto es porque AMÉ la obra principal y deseo que otros piensen igual. Dejando de lado si es trágico o no, es bueno apoyar a otro y creo que también me doy un empujoncito de paso. ;D

¿Que por qué dice "trágico" en el género si terminan juntos? ¡Por que quiero! BUAJJAJAJA! Es una forma de darle un giro a vuestras lágrimas y que al terminar de leer digan, o piensen: "Malditan Da-chan, la amodio!" jejejeje... Además no quería hacer algo trágico porque... como que luego me acostumbro a matar personajes y me terminaría odiando si lo hago muy seguido. ¡ADEMÁS! Ya lloré con la original y no quería llorar con mi propio escrito... ¿No sé si me entiendan? :/

Les cuento también que todo el fic me lo imaginé tipo manga y cuando la maté... terminé llorando. :'( ¡Vaya llorona soy, eh! ¡COMO SEA! Espero vuestro review, su parte más favorita (?) su opinión de la obra original (si la han visto, y si no véanla y luego me cuentan) y que... bueno... también la pueden encontrar en W4TTP4D para quienes prefieren ese formato.

Espero verlos y verlas pronto en otro OS o en los fic pendientes. ¡Ya'nne!


Besos y abrazos en papel... :3