Kitty Love
Por Phoenixmaiden13
Traducción por Alyssa S.
Capítulo 12
Tom se movía de un lado a otro frente a su trono; sus mortífagos estaban reunidos delante de él, esperando nerviosos a que tome la palabra y dicte el castigo que sabían que tendrían por haber permitido que Harry Potter, el amante de su señor, haya sido secuestrado. Y esto último era la razón por la que Tom estaba completamente furioso.
No podía creer que esa bola de inútiles que tenía por seguidores haya permitido que suceda. Y en sus propias narices. Pero la furia que tenía con ellos no era tanta como la que tenía consigo mismo por no haber escuchado nada, por no ir a ayudar a Harry cuando más lo necesitó. Sin embargo, no había sentido nada.
Después de haber llegado a la conclusión de que Harry no se encontraba en la casa, Tom había pensado por un breve momento que el moreno se había ido por voluntad propia, pero al instante lo descartó. Harry le había dicho que lo amaba, y Tom le creía, porque de no hacerlo, hace ya mucho rato se hubiera ido. Pero eso sería ignorar los papeles que cubrían el pasillo, y él no lo hizo. No, Harry había sido secuestrado. Y quien quiera que lo hizo no había dejado rastro.
Ya había hecho una revisión con su magia el lugar y solo pudo detectar la firma mágica de Harry… y un rastro que Tom no podía reconocer; era obvio que el secuestrador tenía hechizos protectores dado que no dejo residuo mágico de un silenciador y aturdidor. Lo cual, sería la razón por la que nadie escuchó absolutamente nada. Sin embargo, cuando encuentre a la persona responsable de alejar a Harry de su lado, se las iba a cobrar muy caro.
Tom detuvo su andar y, poco a poco, volteó hacia sus mortífagos que se habían tensado, aterrorizados. —¿Cómo es posible…—soltó con lentitud— qué nadie fue capaz de detectar un intruso entre nosotros? —preguntó, más nadie le respondió.
»¿O acaso uno de ustedes lo dejó entrar? —reflexionó para sí. Esta vez, sus seguidores reclamaron al instante.
—Jamás, mi señor.
—Nunca haríamos algo así.
—…jamás lo traicionarí-
—¡SILENCIO! —Tom gritó. Y una vez más, el silencio se presentó.
»Sí nadie lo dejó entrar, ¿por qué nadie vio que se estaban llevando a Harry? ¿Hmm? —Se detuvo, y el silencio fue una vez más su respuesta—. ¡Avery! —gritó repentinamente.
Un mortífago de complexión robusta que se situaba en el centro del grupo levantó su cabeza al instante. —¿S-Sí, mi señor?
—Estabas a cargo de esa sección de mi mansión, ¿no?
Avery tragó saliva y volteó a sus congéneres en busca de ayuda. No encontró ninguna.
—¡Avery! ¡Respóndeme! —Tom gruñó.
—S-sí, mi señor. Lo estaba.
—¿En serio? ¿Entonces puedo saber por qué no lo detuviste?
—Y-yo… no vi nada.
—¿No viste nada? ¿No viste a un intruso adentrarse a la casa y caminar a tu lado? ¿No viste a nadie secuestrar a mi Harry y desaparecer?
Avery se estremeció, aterrorizado. —N-no, mi señor.
Los rojizos y oscuros ojos de Tom brillaron de forma peligrosa que solo aumentó cuando sacó su varita. —¡Crucio! —bramó, haciendo que el mortífago comenzara a gritar y retorcerse en el suelo. Después de tres segundos, levantó la maldición. —¡Petersón! —llamó a otro, su furia aumentaba con el pasar de los minutos.
—Tú eres el encargado de vigilar la entrada, ¿no es verdad?
—Sí, mi señor.
—¿Viste algo?
—N-no, mi señor.
—¿Y por qué diablos no? —Tom preguntó mientras sus ojos se tornaban más profundos.
—E-estaba cuidando la entrada, mi señor, pero n-no vi a nadie entrar.
—¡Estabas en el único lugar en el que alguien podía entrar! ¿Cómo no viste nada? —Tom exclamó con fuerza.
—N-No lo sé, mi señor. Por favor, p-perdóneme.
El mago oscuro le envió una maldición, y una larga cortada apareció en el rostro del hombre. —No perdono la desobediencia —siseó. Tom miró alrededor de la habitación—. ¡¿Me están diciendo que ninguno de ustedes, bola de inútiles, no percibió nada?!
Nadie le respondió. Tom gruñó, enfadado, y colocó a cada uno de los presentes bajo el Cruciatus. Los observó retorcerse y gritar, pero no se sintió bien, no se sintió satisfecho, no cuando su Harry seguía sin aparecer.
Retiró la maldición después de dos minutos, dejándolos temblantes en el piso. —Encuéntrenlo —susurró—, encuéntrenlo y tráiganmelo de vuelta. ¡VAYAN! —gritó, y los mortífagos con dificultad fueron a cumplir su mandato.
xxx
Una semana más tarde, Tom se encontró solo en su oficina con Harry aún desaparecido. Nunca se había imaginado que el no tener al ojiverde con él podría dañarlo tanto, pero lo hizo. Harry había derretido su helado corazón en tan pocos meses, haciéndolo volver a sentir. Aunque la sensación de calidez y amor que compartió con Harry fue maravilloso, este nuevo sentimiento de desesperación y soledad era demasiado difícil de manejar. ¿Así estaba antes? ¿Cómo pudo vivir así? Odiaba este sentimiento, lo hacía sentir tan débil, y odiaba sentirse así. Por ello, necesitaba que Harry regrese una vez más a su lado.
Tom suspiró y recogió aquella bola de estambre abandonada, girándola en su mano. Estaba preocupado, cansado y frustrado. Estaba preocupado porque no sabía quién y dónde tenían a Harry y qué estaban haciendo con él; y frustrado porque sus mortífagos aun no tenían idea de su ubicación. Y estaba tan, tan cansado, no había podido dormir al no tener a Harry a su lado, ronroneando.
Toda esta espera lo estaba enloqueciendo. Torturar a sus seguidores no ayudó a aliviar su estrés, pero sí los asustó perfectamente para que no fueran a desobedecerlo. Los había dejado alertas, caminando en puntillas, temerosos de que alguno pudiese ser el siguiente receptor a la ira del Señor Oscuro. No era ningún secreto para ellos que el Señor Oscuro quería a Potter, y por más absurdo que suene, puede que incluso amarlo. Todo lo que sabían era que tener a Potter alrededor calmaba a su Señor considerablemente, y con eso, eran menos propensos a ser castigados. Pero ahora que se había ido...
Tom apoyó la bola de estambre contra su frente y la movió contra su cabeza. —¿Dónde estás, Harry? —susurró, entrecortado—. Te juro que quien sea que te haya alejado de mí lo lamentará. Y cuando todo haya acabado, no volveré a quitarte los ojos encima.
El mago oscuro levantó su vista cuando la puerta se abrió de golpe y uno de sus mortífagos se asomó por ella. Entrecerró sus ojos, su temperamento ya muy sensible rápidamente se encendió.
—Nott… —gruñó.
—Mi señor —saludó rápidamente—. ¡Lo encontramos!
Tom se levantó y apretó fuertemente la bola de lana en su mano. —¿Dónde?
—Hogwarts.
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Harry volvió a suspirar por cuarta vez consecutiva en los últimos dos minutos. Había estado sentado en la enfermería con Ron y Hermione intentando idear un plan para escapar. Pero era casi imposible. Ni siquiera podía enviar una carta a Tom; cuando lo intentó, Dumbledore lo había atrapado mientras la escribía y se la había llevado al igual que cualquier otra carta que hizo después. No había forma de decirle a Tom donde se encontraba. Tenía que regresar con el señor oscuro y decirle la familia que iban a tener. Una que Harry siempre había querido, y que sabía que Tom también.
Después de descubrir que estaba embarazado, todos parecían tratarlo con mucho más cuidado. Como si fuera a entrar en cualquier momento en una crisis nerviosa o algo así. ¡Y las mirabas que le daban! Eran llenas de pena y desesperación. ¿Por qué no podían ver que era feliz? Iba a tener al gatito de Tom, ¿por qué no lo dejaban irse? Parecían pensar que lo mejor para él era tenerlo aquí, especialmente después de negarle violentamente a Madame Pomfrey a deshacerse de su gatito.
Al menos Ron y Hermione lo habían apoyado en su decisión y estaban de acuerdo con Harry de que su bebé necesita a su padre. Bueno, eso fue luego que el pelirrojo haya calmado a Hermione. Para ella, el que un varón haya quedado embarazado iba en contra de toda su moral y, por más que se encontrase en el mundo mágico, era simplemente imposible. Pero Ron la convenció con una sola frase: cuando se trataba de Harry, todo era posible. Y eso la había calmado para gran disgusto del de ojos verdes -aunque no replicó contra ello. Lo imposible siempre parecía suceder alrededor de Harry.
Así que ahora estaban tratando de encontrar una manera de escapar de la enfermería. La última vez que lo intentaron no había funcionado. Harry se había quejado, no exactamente como tal, que estaba aburrido y que necesitaba salir y caminar, y rápido se le concedió un permiso.
Fue capaz de disfrutar el viento por su cabello, el cielo azul, y la plática con algunos amigos que estaban muy sorprendidos de verlo (incluyendo sus nuevas orejas y cola). Incluso le había dado las gracias a Malfoy por haber arruinado su poción porque, de no haberlo hecho, jamás habría conocido a Tom. La forma en que eso había dejado mudo a Malfoy no tenía precio, más cuando Harry descubrió que el rubio tenía que cumplir detención con Hagrid, limpiando todas las jaulas de las nuevas mascotas que encontrara el semi gigante. Había sido un día glorioso, un día tan lleno de actividades que sus guardias un día tuvieron que bajar la guardia. Y eso lo aprovechó para escapar.
Era bastante claro lo que había sucedido después de eso. Lo atraparon y no lo volvieron a dejar salir. Incluso llegaron a poner más guardias cuando intentó colarse por la ventana -había sido descubierto por uno cuando lo intentó-. Y las veces después de esa terminaron en fracaso.
Ron y Hermione actuaron su papel como buenos amigos que trataban de hacerle entrar en razón, rogándole que deje sus intentos de escape, por lo que se les permitió acompañarlo sin ningún tipo de sospecha. No obstante, Harry pasaba la mayor parte del tiempo solo dado que sus amigos tenían que ir a clase. Harry, al menos, podía tener sus libros con él y así tratar de ponerse al día con sus clases a pesar que no estaba asistiendo.
—Tiene que haber alguna manera —dijo Ron.
—La hay —aseguró el ojiverde, tomando el mapa del merodeador en sus manos—, pero hay mucha gente vigilando este lugar.
—¿Y de quién es la culpa? —preguntó Hermione.
Harry frunció el ceño. —No esperabas que me comportase como un buen gatito, ¿o sí?
—No, la verdad no —pensó por un momento—. Quizás podríamos distraerlos.
—Buena idea, pero ¿cómo? —preguntó Ron.
—Bueno… —Hermione cerró su boca cuando la puerta se abrió.
—No estarás planeando otro escape, ¿verdad, Harry? —Dumbledore cuestionó al entrar.
Harry solo lo observó. Por mucho que había admirado y respetado al director en el pasado, lo odiaba ahora. Él es quien no permitía que Harry se vaya, y lo obligaba a quedarse allí.
Dumbledore suspiró. —¿Cómo te sientes, Harry?
—Me encontraría mejor si estuviera con Tom —dijo secamente. No importaba lo mucho que intenten razonar con él y hacerle dudar de sus sentimientos, nada funcionó. Y no había nada de malo con él, así que tuvieron que aceptar la verdad: Harry estaba enamorado del Señor Oscuro.
—Estamos manteniendo un ojo sobre él, profesor —comentó Hermione.
—Muy bien. Sigan así. Harry… —El mencionado decidió desviar su mirada y enfocarla a la ventana. Dumbledore volvió a suspirar y se le acercó, colocando una mano en su hombro—. Solo estoy preocupado por ti, mi muchacho.
—Mi gatito necesita a su padre —Harry declaró rotundo, envolviendo sus brazos y cola alrededor de su vientre.
—Lo sé, Harry. Pero piensa en tu hijo, en lo que Tom podría hacerle.
—Tom no lastimará a nuestro gatito —exclamó Harry—. Él lo amará tanto como yo lo hago—. « ¿Cómo se atrevía a decir que Tom lo convertirá en un asesino? En un… ¡un monstruo!»
—Harry…
—No. No lo ha entendido. Tom me ama. No nos puede mantener separados. Él vendrá por mí, ya lo verá.
—Harry… —Dumbledore trató de razonar con él una vez más, pero fue interrumpido, esta vez por la súbita apertura de la puerta.
—¡Albus! —McGonagall exclamó rápido— ¡Voldemort está atacando Hogsmeade!
