Mina.

Después de varias semanas encerrada en el penthouse de Yaten ya solo me conformaba con mirar por la ventana y salir al balcón de vez en cuando. Realmente no estaba enojada con él, y eso era la parte más extraña de todas. No me sentía enojada ni infeliz por estar ahí, al contrario me sentía diferente, me sentía como si realmente perteneciera ahí y hacía mucho tiempo había dejado de pelear con él por retenerme ahí dentro. Yaten había cambiado un poco, o eso me parecía a mí, ya que ahora siempre trataba de llegar temprano de sus múltiples compromisos para estar conmigo y hacíamos cualquier cosa. Veíamos películas, jugábamos, hacíamos comida juntos entre otras cosas más interesantes…

Cada día que pasaba a su lado me llenaba más, era como haber estado vacía por mucho tiempo y de pronto me iba llenando de él y de todas las sorpresas que contenía. Poco a poco iba sintiendo que si no lo veía me iba a hundir en la depresión, y que no si no hablaba con él iba a volverme loca. También pasaba mucho tiempo con Rubeus cuando él no estaba, hablábamos de mi vida pasada, de cómo conocí a Yaten e incluso le platiqué mi versión del problema que tuvimos al comienzo de volvernos a ver. Podía confiar plenamente en Rubeus y lo agradecía, ya que extrañaba a Artemis con toda mi alma, pues era mi mejor amigo y no sabía nada de él y estaba seguro que él estaría preocupadísimo por mí.

Estaba dispuesta a tratar el tema con Yaten esa noche. Había días en los que Yaten desaparecía desde muy temprano y no regresaba hasta muy entrada la noche, yo nunca le preguntaba porque sentía que no era de mi incumbencia ni me concernía preguntarle dónde se metía. La mayoría del tiempo me sentía preocupada y tenías urgencias de saber qué hacía o dónde estaba. Esa era una de esas noches y yo lo esperaba pacientemente en la sala mientras veía una película francesa en la que una muchacha terminaba suicidándose porque el amor de su vida se había vengado de ella.

La puerta se escuchó al abrir y lo vi entrar con expresión de cansancio. Me acerqué a él y le di un abrazo fuerte, a lo que él respondió tomándome de la cintura, me dio un ligero beso en la mejilla y caminamos hasta la sala.

-Luces cansado.-dije acurrucándome a su lado.

-Tuve un día muy pesado, pero no te preocupes que estoy bien. ¿Querías decirme algo?

-Es solo que… mira… si estás cansado podemos hablar mañana.

-Estoy bien, tan solo dime qué quieres.

-Lo que sucede es que… hace semanas que estoy aquí y… seguramente Artemis estará muy preocupado por mí, me trajiste aquí y no puedo decirle nada, y…

-Ya. Creo que puedes ir a verlo, no veo ningún problema.

Sonreí de oreja a oreja y le llené el rostro de besos.

-¿Es de verdad? ¿Puedo ir?

-Creo que… me precipité un poco al encerrarte aquí, quizá soy algo egoísta y supongo que puedo dejarte ir. Pero… tengo una condición.

-Iré con el chofer lo sé…

-No es eso. Es solo que… te dejo ir con la condición de que no te quedes allá.

-¿A qué te refieres?

-A que quiero que sigas viviendo aquí.

Yaten me miró seriamente pero había algo más en sus ojos. Sonreí y le acaricié el rostro al tiempo que le daba un beso en los labios.

-Me quedaré si eso quieres. Tan solo quiero ver a Artemis, no me interesa nada más.

Yaten se me acercó y con su cuerpo me obligó a recostarme en el sillón, comenzó a besarme hasta robarme el aliento y luego me besó el cuello provocando ese cosquilleo que siempre sentía al besarme. Sentí su boca en mi oreja y comenzó a susurrar.

-Te haría mil cosas si no estuviera tan cansado…

Me estremecí de pies a cabeza y le acaricié el rostro.

-Entonces vayamos a dormir.

Al día siguiente Yaten ya no estaba en el penthouse. Me había dejado una notita que decía que llegaría por la tarde para que comiéramos juntos, así que me apuré para alistarme y poder ir a visitar a Artemis. Se pondría contentísimo cuando me viera después de semanas sin saber de mí. Encontré a Rubeus en el despacho de Yaten y decidió acompañarme para que no anduviera sola por ahí, ya que no estaba el chofer. Tomamos un taxi y llegamos hasta el departamento. Artemis iba saliendo cuando nos vio bajar del taxi y pegó un grito en el cielo al verme. Me abrazó hasta dejarme sin aire y un par de lágrimas se le salieron de los ojos.

-Pero Mina, mi hermosa Mina, ¿dónde estabas? ¡Tenía miedo de que algo te hubiera pasado! ¿Por qué no me llamabas o venías?

-Es una larga historia, Artemis, ¿por qué no vamos a tomar un café? Me urge estar al aire libre.

Rubeus tosió un poco mientras Artemis y yo nos encontrábamos en lo nuestro.

-Pues entonces te veo más tarde, Mina, yo iré a…

-A ningún lado, tu vendrás con nosotros, pero qué tonta soy…-dije acercándome a Rubeus.-Él es Rubeus, el asistente y mejor amigo de Yaten, y también un muy buen amigo mío.-sonreí.-Y él es Artemis, mi mejor amigo de todo el mundo.

Ambos se dieron la mano y se sonrieron. Los tres caminamos hasta el centro y nos metimos al Crown para platicar y tomar café. El rato pasó tan rápido charlando y riendo que ni nos dimos cuenta. Rubeus y Artemis se cayeron tan bien que de pronto había momentos en los que yo no comprendía sus conversaciones y me olvidaban por completo. Me alegró saber que podían ser buenos amigos de ahora en adelante.

Mientras regresábamos al departamento, unas cuadras antes de llegar Rubeus y Artemis se detuvieron en una boutique para hombres, les dije que yo me adelantaría al departamento porque tenía ganas de ir al baño. Mientras caminaba de pronto escuché una voz a lo lejos, como un grito. Ajusté mis oídos y comprendí que alguien gritaba mi nombre, me giré para saber quién era y vi a Andrew aproximándose hacia mí con gran velocidad. Intenté no lucir confundida o temerosa, pero no quería tener problemas con él ni quería tener que lidiar con sus palabras, pero no hubiera sido correcto huir de él, tenía que explicarle y hacerle entender que no podía estar con él de ninguna manera.

-¡Mina! Por Dios…-dijo mientras me abrazaba.-Tenía tanto tiempo buscándote… qué te pasó, por Dios…

Cuando Andrew tenía intención de abrazarme nuevamente, todo pasó muy rápido. Un hombre altísimo y musculoso se acercó hasta nosotros y apartó a Andrew de un solo golpe. Andrew trató de incorporarse pero estaba tan lastimado que no lo lograba, por lo que el hombre lo tomó con sus dos brazos y lo alzó como si Andrew no pesara nada en lo absoluto. Yo estaba demasiado sorprendida para reaccionar, no tenía idea de quién era ese hombre y mucho menos por qué lo había golpeado.

-Señor, ¡basta! No tiene derecho a hacer eso, basta por favor.-grité.

-Usted tiene estrictamente prohibido volver a acercarse a la señorita, ¿me entiende?-le dijo el hombre a Andrew.

-¿Quién es usted para impedirlo?-respondió con dificultad.

-Pare de una vez.-dije tratando de separarlos.

El hombre soltó a Andrew y lo ayudé a mantenerse de pie.

-Andrew.-dije avergonzada.-Por favor, vete ya, no quiero que te hagan daño solo por mí, por favor vete.

-Pero Mina… ¿quién es este hombre?

-No lo sé… te juro que no sé… Te dije que no era bueno que estuvieras persiguiéndome, pero vete ya. Prometo que yo misma te buscaré para explicarte todo, te buscaré lo prometo.

Andrew sacó una tarjetita de su saco y me la entregó con sangre.

-Si me dices qué sucede y por qué todo es muy raro entonces quizá pueda comprender, Mina, quiero saber por qué no puedo acercarme a ti.

Andrew siguió caminando mientras se alejaba de allí y yo me guardé la tarjetita en el bolso.

-¿Quién es usted?-dije enojada.-Dígame de una buena vez, ¡dígame!

Rubeus y Artemis llegaron en ese momento a mi lado.

-Te escuchamos gritar.-dijo Artemis.- ¿Qué pasa?

-Este hombre…

-¿Tu guardaespaldas?-preguntó Artemis.

-¿Guardaespaldas? ¿Es usted mi guardaespaldas?

-Sí, señorita.

-¿Y desde cuando tengo guardaespaldas? ¿Quién lo contrató? Porque yo no…

Entonces supe de inmediato que todo eso seguramente lo había planeado Yaten.

-¿Ya sabías que un hombre me seguía día y noche, Artemis?-dije enojada.

-Pues no lo sabía a ciencia cierta, solamente lo deduje pues lo vi tras de ti siempre, pero no te dije nada porque supuse que lo sabrías.

Miré a Rubeus quien seguramente ya lo sabía también y lo vi sonrojarse.

-Tú seguramente ya lo sabías, por supuesto, ¿me equivoco?

Rubeus negó con la cabeza.

-Mina… Yaten dijo que no te dijera nada, no tenías por qué saber…

Exploté. No podía soportar que todos supieran cosas de mí que ni siquiera yo estaba al tanto, no podía soportar que Yaten quisiera controlar mi vida sin mí permiso y mucho menos que golpeara a otras personas solo porque querían acercarse a mí.

-Es todo.-dije apretando las manos.-No voy a dejar que Yaten Kou se salga con la suya. Y ustedes no pueden seguir ocultándome cosas, ¿me entienden? No se comporten como él.

Dicho eso me alejé de ellos y paré al primer taxi que vi en la calle. Me subí en él y le pedí que me llevara al penthouse. Vi la camioneta de Yaten y agradecí que ya estuviera ahí. Subí por las escaleras porque estaba tan enojada que necesitaba sacar todo lo que sentía en esos momentos. Abrí la puerta y lo vi en la sala leyendo. Me paré frente a él y le tiré el libro que tenía entre las manos, él se puso de pie y me miró extrañado.

-¿Qué te sucede?

-No puedo creer que hayas contratado a un gorila que esté detrás de mí todo el tiempo.-dije roja del coraje.-No puedes controlar mi vida, Yaten, no puedes.

-¿Quién te lo dijo?

-¡Nadie! Él mismo se acercó cuando golpeó a un pobre hombre.

-¿Pobre hombre? ¿Ese hombre acaso es rubio y bien parecido?

-¿Y eso qué?-dije exaltada.-No puedes alejar a todos de mí, Yaten, ¿qué pretendes?

Esta vez fue Yaten quien cambió de actitud. Ahora él era el enojado y se dirigió a la puerta y la cerró con llave.

-Ahora menos que nunca vas a poder salir, ¿me entiendes? Si te puse a un guardaespaldas fue precisamente para que ningún hombre se acerque a ti, y yo ya he visto a ese tratando de estar contigo. No voy a permitir que nadie se acerque a ti mientras yo esté contigo, porque tú eres mi esposa, mi mujer y solo puedes estar conmigo. Ningún hombre va a seducirte ni…

-¡Basta! Yo no soy ni tu mujer ni tu esposa, solo soy tu objeto, tu juguete que manejas a tu antojo y que solo usas cuando quieres. Creí que podía confiar en ti, que podía ser…

-No hablemos de esos temas, porque entonces podría recordarte muchas cosas, ¿oíste?, te recuerdo que tú eres la zorra que me engañó, que solo quería mi dinero y que jamás te interesé.

No soporté sus palabras y le di una cachetada tan fuerte que la mano me quedó roja. Creí que me golpearía o que me gritaría, pero tan solo clavó sus ojos endemoniados en los míos y guardó silencio unos segundos.

-Puedes golpearme, o hacerte la digna, Venus, pero jamás olvidaré tus acciones, y si yo digo que no quiero que nadie se acerque a ti, entonces nadie lo hará.

-Y yo voy a demostrarte que no estoy dispuesta a seguir con tus malos tratos ni dejaré que me sigas controlando.

-¿Y qué harás al respecto?

No respondí, tan solo caminé hasta el balcón y abrí los ventanales. Miré hacia abajo y vi que eran demasiados pisos, pero podía bajar si lograba llegar hasta la escalinata que se encontraba junto a la ventana de enseguida. Me quité los zapatos y antes de que Yaten pudieran agarrarme me salí del balcón y con un temor terrible llegué a la siguiente ventana sosteniéndome solamente del marco. Yaten me miraba con furia y temor al mismo tiempo y lo vi meterse al penthouse de nuevo. Logré llegar a la escalinata y bajé tratando de no mirar hacia abajo. Una vez que llegué hacia abajo vi que los hombres de Yaten venían hacia mí con prisa, por lo que corrí lo más que pude y me subí al primer camión urbano que iba pasando por esa calle.

Llegué al departamento por la noche. No traía zapatos y no había dejado de llorar en todo el día. Artemis me abrió la puerta y me abrazó, me ayudó a recostarme y se estuvo a mi lado hasta que me quedé dormida. Durante toda la noche tuve pesadillas y vi a Yaten en todos mis sueños. Soñé que regresaba por mí, luego que me volvía a dejar y luego que me pedía perdón. No podía seguir soportando toda esa situación.

Yaten.

No había salido de mi casa durante todo el día. No podía dejar de pensar en Minako y en lo que había pasado. No dejaba de recordar su rostro y sus palabras, la manera en que había huido y cómo me había resignado a perderla. Me sentía vacío y sin ningún propósito, como si ya no me interesara nada de lo que pasara a mí alrededor. Por primera vez desde que había vuelto a ver a Minako sentía miedo de perderla para siempre. Por primera vez sentía miedo de no estar con ella y de no volver a verla, sentía miedo…Rubeus había entrado y se encontraba sentado a mi lado en silencio. Yo no hablaba y tan solo dejaba que el tiempo pasara sin ningún propósito.

-Yaten…-dijo Rubeus rompiendo el silencio.-Búscala.

-¿Qué está pasando?-fue mi respuesta.-Es la primera vez que tengo miedo, es la primera vez que siento que si no hago algo voy a perderla.

-Es que la quieres.-dijo Rubeus.

-La quiero…-repetí.-No la quiero, Rubeus, no la quiero. Cuando me fui de aquí hace tres años la odiaba. La odiaba porque ella no me quería, porque no había logrado lo que yo quería. Cuando me fui de aquí me sentía destrozado por no tener su amor, yo estaba enamorado de ella profundamente y no soporté su engaño. Pero ahora… ahora todo cambió. Desde el momento en que volví a verla supe de inmediato que no había logrado olvidarla, supe que seguía queriéndola y ahora más que nunca estoy enamorado. No estoy dispuesto a seguir haciéndole daño, ya no…

-Siempre supe que seguías queriéndola, pero debes decírselo, no debes darte por vencido ahora, Yaten, aun estás a tiempo.

-No… no lo creo…

-Vete a descansar, Yaten, necesitas dormir y pensar. Mañana es un día importante, es el evento que muchas personas están esperando. Recuerda que hay tratos que cerrar y tú debes lucir muy bien, que nadie sepa que estás mal, nadie debe verte vencido.

Obedecí a Rubeus y me fui a mi cuarto. Ni siquiera me quité la ropa y así me metí a la cama. No lograba dormir ni dejar de sentir un espacio vacío que no podía llenar con nada.

Mina.

Artemis me despertó para que comiera algo. Llevaba horas sin probar bocado y me animó a pararme de la cama. Mientras desayunábamos me alegró un poco al decirme que recibiríamos la visita del detective que le había pedido que contratara para buscar a Hotaru. Me sentía feliz de que al menos tuviéramos noticias de él y de saber que venía con excelentes noticias para mí. Me bañé y esperamos a que llegara.

A eso del mediodía llegó el detective quien no lucía muy contento y me asusté. No quería recibir malas noticias con respecto a mi hermana, que era quizá la única razón por la cual yo podía seguir viviendo.

-Mucho gusto en conocerla, señorita Aino, me da gusto poder responderle personalmente este asunto.

-Adelante, detective.

Los tres nos sentamos en la salita a esperar.

-¿Tiene usted noticias de mi hermana, señor? Por favor, dígame que sí…

-Tengo muchas cosas que decirle, señorita Aino, que quizá no le van a parecer normales. Hace ya casi dos meses que comencé con esta investigación, y realmente no fue difícil llevarla a cabo, pero hay cosas que no me cuadran. Lo primero que supe de su hermana es que vivía en un pueblo llamado Nakoto al norte, es un pueblo muy pobre y ella trabajaba para un señor.

-¿Trabajaba?

-Ella se… prostituía…

Sentí un nudo en la garganta al escuchar esas palabras. Comencé a llorar en silencio mientras seguía escuchando al detective.

-Cuando fui a buscarla me dijeron que ella ya no vivía allí, que se había ido hacía algunas semanas o algún par de meses con unos hombres que habían venido a buscarla. Nadie sabía quiénes eran esos hombres ni por qué habían venido por ella, incluso muchos creían que se la habían llevado por todas las deudas que tenía con varias personas del pueblo. Como nadie supo decirme dónde estaba o a dónde se la habían llevado decidí localizar al señor que manejaba el prostíbulo. Cuando hablé con él me aseguró que no tenía idea de dónde estaba y que ya no le interesaba para nada, los hombres que fueron a buscarla le habían pagado bastante bien para que no la buscara más. Después tuve serios problemas para saber a dónde tenía que ir. Tuve que hablar con mucha gente del pueblo para saber si la habían visto a ella o a los hombres con quien iba. Afortunadamente una mujer que trabaja en una tienda de abarrotes a las afueras del pueblo me dijo que ella vio una camioneta negra que había pasado por ahí e incluso se habían detenido a comprar algo de tomar en su tienda. Me dijo que tomaron la carretera que va hacia Yokohama, por lo que decidí ir hacia la ciudad, no me quedaba otra opción. En Yokohama fue más difícil saber de ella, pues aunque no es una ciudad tan grande, es lo bastante como para perderte. Para asegurarme de que la camioneta había llegado hasta esa ciudad, decidí pedir ayuda a la policía local para que me dejaran ver los archivos de la caseta de cobro y las cámaras de seguridad que se encuentran distribuidas por todas las calles de la ciudad. Efectivamente corroboré que la camioneta ingresó a la ciudad y que no salió hasta el anochecer. Estuve días revisando los videos para encontrar la camioneta y cuando al fin la encontré fue difícil ver por dónde se movió. Al final tuve resultados de algunas calles, la camioneta no había salido de esas calles pero no tenía idea de qué había hecho en esos lugares. Era una colonia grande, por lo que estuve hablando con las personas que habitaban por ahí, hablé con los que trabajaban en los negocios pero lo que más llamó mi atención fue que en esa colonia se encontraba uno de los centros de rehabilitación más importantes de todo Japón, no tenía nada que perder así que después de varios fallos con los vecinos decidí preguntar ahí por la camioneta. Uno de los guardias me dijo que recordaba vagamente una camioneta negra muy bonita que había llegado algunos meses con una muchacha y sentí que estaba más cerca que nunca. Decidí preguntar en la recepción por Hotaru Aino y… me dijeron que sí, que efectivamente ella estaba hospitalizada en ese centro pero que no tenía permitido las visitas, tan solo al único pariente que la había traído al centro. Me pareció raro que dijera que era su pariente, y como no quería seguir dándome información, tuve que pagarle a un enfermero para que me informara de su situación. Me contó que Hotaru Aino había sido traída en contra de su voluntad hacía unos meses, que tenía una situación crítica y que era adicta al crack, pero que estaba mejorando poco a poco. Estaba desnutrida y tenía problemas psicológicos aunque no muy graves. Me dijo también que el hombre que la había llevado a ese lugar era muy famoso y que se veía que la quería ayudar mucho ya que había pagado muchísimo para poder internarla ahí. El centro de Yokohama es el mejor de todo Japón, señorita Aino, y es carísimo, según el enfermero no puedes ingresar a menos que un doctor te haya mandado, pero el señor que la trajo pagó muchísimo para saltarse todos esos pasos. Me dijo que Hotaru estaba muy mal cuando llegó, pero que iba mejorando considerablemente y también gracias a las visitas que le hacía el señor.

Yo no podía dejar de llorar y necesitaba saber todo de una vez.

-¿Quién era ese hombre, detective?-pregunté pero ya lo sabía.

-Era el señor Yaten Kou, señorita. Cuando me dijo que era famoso y que lo había visto en la televisión y que era dueño de muchas cosas yo sospeché que podía ser él, pero quise asegurarme así que copié el número de placas de la camioneta y efectivamente estaban a su nombre. El enfermero me dijo que iba a visitarla todos los miércoles y que llegaba desde temprano y se iba tarde. Lo que no comprendo es por qué dicen que es su pariente, ¿acaso usted conoce al señor Kou? ¿qué es de usted?

Me limpié las lágrimas, aun en shock y respondí.

-Él es mi esposo.

El detective Zokka me miró extrañado y sorprendido al mismo tiempo, le expliqué brevemente mi situación y luego le pagué lo que faltaba por pagarle. Me dejó la dirección del centro y me dijo que si quería ver a Hotaru solo necesitaba pagarle al enfermero y él me dejaría verla sin un permiso. Artemis estaba igual de sorprendido que yo y se quedó a mi lado en silencio mientras yo trataba de asimilar todo lo que me habían dicho. Mi hermana… prostituta… adicta al crack y ahora encerrada en un centro de rehabilitación. Sentía como si me hubieran roto el corazón, me sentía culpable de todo.

-¿Te das cuenta?-dije al cabo de un rato.-Mi hermana me necesitaba tanto… ella estaba tan mal… tan perdida y Yaten… Yaten la ayudó… ¿por qué no me dijo nada?

-No lo sé, Mina, pero creo que lo que ha hecho es algo maravilloso. El detective tiene razón, en ese centro solo hay personas con mucho dinero y él hizo todo para poder ingresarla.

-¿Por qué crees que no me haya dicho nada?

-Quizá no quería que supieras que te estaba ayudando.

-Yo jamás le dije que quería buscar a Hotaru, no le dije nada, ni del detective ni nada.

-Mina, cuando uno quiere a alguien trata de ayudar a esa persona, y lo hace porque de verdad le interesa ayudarla, no porque quiere que la otra persona se dé cuenta. Yaten quería ayudarte de verdad, él no necesita presumir que puede hacerlo, él solo quería ayudarte. Él te quiere… de verdad te quiere.

-¿Crees que lo haga? Ayudó a mi hermana, no tienes idea de lo que eso significa para mí…

-Creo que se necesita demasiado amor para que alguien haga algo así por ti.

-Y yo… me porté tan mal… soy una estúpida…-comencé a llorar de nuevo.-No sé qué hacer, Artemis, no lo sé… todo este tiempo que he pasado junto a él, han sido cosas nuevas, diferentes. Cuando lo volví a ver después de 3 años sentí miedo, pavor de que pudiera hacerme daño en venganza, y aunque me hizo daño por mucho tiempo de pronto comencé a sentir cosas por él… mi corazón latía fuerte cuando estaba cerca, cuando me tocaba yo sentía que era la única mujer sobre la tierra y de pronto me vi desesperada por verlo. Me enamoré… me enamoré de Yaten y no me di cuenta.

Artemis me abrazó y dejó que llorara en su hombro hasta que logré calmarme un poco.

-No tienes por qué estar triste, Mina, enamorarse es algo bueno.

-Si me hubiera enamorado de él hace tres años…

-Las cosas suceden por algo, Mina, hace tres años tú tenías otros problemas.

-Me sentiría mejor si supiera que Yaten no me odia por lo de Armand, si me dejara explicarle todo lo que sucedió entonces, si me dejara decirle por qué… él jamás olvidará eso, jamás podrá perdonarme.

-Escúchame, Mina, no puedes seguir lamentando eso. Estás enamorada de Yaten, eso es algo obvio, y no puedes perderlo. Él es tu esposo y puedes recuperar una vida a su lado, pueden ser felices juntos porque estoy seguro de que él te sigue amando como te amaba antes, sino cómo puedes explicar todo lo que hace, él quiere tenerte solo para él y por eso contrató al guardaespaldas, no soporta la idea de perderte. Tienes que recuperarlo.

-¿Y cómo…?

-Es hora de que todos estos secretos terminen.-dijo Artemis poniéndose de pie.-Me dijo Rubeus que esta noche habrá un evento muy importante en el Casino Royal debido a la unificación de varias compañías. El evento está organizado en honor de Yaten ya que él fue el que trabajó en eso por mucho tiempo. Tienes que ir a ese evento y decirle que lo amas.

-Pero Artemis, yo no tengo ropa adecuada para…

-Eso no es problema. Nos sobró un poco de dinero de lo del detective, con eso y con lo que tengo en la tarjeta podremos comprar un vestido hermoso. Vamos.

Artemis y yo fuimos al centro comercial y duramos horas viendo vestidos. Me probé muchísimos hasta que encontramos el perfecto para mí. Era un vestido largo de noche, corte griego en forma de A, el escote era de un solo hombro sin mangas con adornos fruncidos por todo el vestido. Era color turquesa y se me veía hermoso. Compramos unos tacones grises de plataforma número 15 y nos fuimos a casa. Solo me quedaban dos horas para alistarme y llegar al evento.

Reika.

Esta sería la noche en que tenía que atrapar y engatusar a Yaten Kou. Tenía que llevármelo a la cama de alguna manera y no podía dejar pasar la oportunidad. Me había puesto un vestido pegado color vino strapless y de cola de sirena, me había soltado el cabello y lo habían peinado ondulado. A eso de las 9 de la noche llegué a la recepción y había bastante gente, según me habían dicho Yaten ya había llegado y ahora solo tenía que buscarlo. La gente me miraba, como de costumbre, porque me veía hermosa y elegante. Tenía que atrapar de una vez por todas a Yaten, tenía que hacerlo o de lo contrario su fortuna jamás sería mía.

Lo vi a lo lejos entre la multitud y me acerqué a él. Se encontraba con Rubeus como de costumbre y le tomé el brazo con suavidad. Le sonreí discretamente y me miró de pies a cabeza.

-Reika.-dijo sonriendo.-Debo decir que luces excepcional esta noche.

Muchas gracias.-respondí.-Fue pensando en ti.

Yaten me miró con seriedad y le dio un trago a su whiskey.

-Ya. Pues te salió muy bien. Ahora si me disculpas…

-¿Por qué no bailas conmigo?

-Yo…

-Solo una canción.

Yaten aceptó y bailamos un par de canciones mientras platicábamos. Era la primera vez que no se portaba tan frío y eso me hizo sentir un poco segura. Tenía que acercarme a él de alguna manera pero era tan raro que no lograba encontrar cómo. Me dejó para ir a hablar con algunos invitados y me molesté. Mientras lo veía alejarse de mí sentí que alguien me tomaba por los hombros.

-Querida Reika Nishimura.

Seiya Kou le daba un trago a su copa de vino y luego me sonreía. Le dio la copa a un mesero que caminaba por ahí, me tomó de la cintura y comenzamos a bailar.

-No entiendo cómo mi estúpido hermano puede no notarte revoloteando a su alrededor.

-Es cuestión de tiempo.-dije tratando de defenderme.

-¿Ah, sí?

-A ti no te importa.

Seiya acercó su rostro el mío sin dejar de mirarme.

-Creo que a ti tampoco te importa, mi vida, creo que solo te importa lo que está en sus manos.

-¿Soy culpable? Tú eres su hermano y también quieres lo mismo.

-Tienes razón. Tú y yo estamos detrás de lo mismo, deberíamos ser amigos, ¿no crees?

Seiya se detuvo y me llevó hasta donde se encontraban los baños para acorralarme contra la pared, antes asegurándose de que no hubiera nadie.

-Escúchame, preciosura, tú y yo queremos lo mismo, ¿no?, así que debemos trabajar juntos para obtenerlo. Tienes que seducir a mi hermano, enredarlo y así le quitaremos todo.

-No es tan sencillo.-dije.

-Yo te ayudaré.-dijo acariciándome el rostro.-Cuando obtengamos todo eso, tú y yo vamos a disfrutar mucho…

Seiya me besó en los labios apasionadamente, me tomó de la cintura sin permitirme mover y yo enredé mis brazos en su cuello. Besaba tan bien que lo único que quería era quedarme ahí para siempre.

-Muchos planes para ti y para mí.-dijo al separarse de mí.-Ahora ver y búscalo, tú y yo nos veremos después de la fiesta.-Sonreí porque ansiaba tener a Seiya Kou en mi cama. Si era tan apasionado como al besar, no podía imaginarlo en cama…

Mientras buscaba a Yaten por el salón me detuve unos momentos. No lograba encontrarlo por ningún lado y entonces me senté unos momentos en el lobby. Mientras descansaba, una mujer entró en esos momentos al salón y comenzó a buscar con la mirada a alguien. Lucía preocupada y la estudié de pies a cabeza. El vestido que llevaba era hermoso y ella también era demasiado guapa, tanto que me dio envidia. Era muy bonita y el color que había escogido era demasiado notorio. Nadie más en la fiesta tenía un vestido color turquesa y la gente comenzaba a notarla demasiado.

-Disculpe, señorita.-dijo interrumpiendo mis pensamientos.- ¿Podría ayudarme?

Me puse de pie y quedamos a la misma altura.

-¿Qué está buscando?-dije molesta.

-¿Conoce usted a Yaten Kou? Lo estoy buscando…

De pronto sentí que la sangre me hervía y que la envidia me recorría el cuerpo.

-Todo mundo aquí conoce a Yaten, querida.-de pronto me aterró la idea de pensar que esa mujer estuviera involucrada con Yaten, no podría soportarlo.

-Pues qué bueno, porque necesito verlo.

Tenía que impedir que entrara y buscara a Yaten.

-Lo siento muchísimo pero no podrás entrar, ¿tienes invitación?

Ella negó.

-Entonces no podrás entrar. Yaten no puede verte ni hablar contigo, esta noche es muy importante, así que puedes irte de una vez.

-¿Quién es usted para decirme qué hacer?

-Soy una amiga muy íntima de Yaten, y no puedo dejar que le arruines la noche.

-¿De verdad?-dijo ella con ironía.-Pues yo soy su esposa, y lo voy a ver en estos momentos.

De pronto sentí que todo a mí alrededor temblaba. ¿Esposa? ¿Yaten Kou tenía esposa? La mujer me apartó del camino y entró a la pista buscando a Yaten. Decidí seguirla para saber si era cierto lo que me había dicho, me sentía tan engañada y estúpida que no podía soportarlo.

Mina.

Odiaba a aquella mujer que me perseguía por todo el salón, ¿quién se creía?, "una muy íntima amiga de Yaten", había dicho, pero yo no iba a permitir que me robaran a mi esposo. De pronto sentí unos celos tremendos de que aquella mujer se le acercara a Yaten y yo iba a demostrarle que con él no podía meterse. La gente me miraba tratando de reconocerme, los hombres se me quedaban viendo demasiado y al fin logré distinguirlo entre un grupo de personas.

-Yaten.-dije cuando llegué hasta él.

Yaten se giró y al verme abrió los ojos como platos. Me miró de pies a cabeza sin dejar de estudiarme una sola parte del cuerpo y al fin nuestras miradas se encontraron. No podía resistirlo más y me eché a sus brazos y lo besé frente a todos. Le tomé el rostro y lo besé como si nunca lo hubiera besado. Sentía todas las miradas en nosotros pero no me importaba. Yaten me tomó de la cintura y me acercó más a él. Cuando nos separamos lo vi sonreír por primera vez en mucho tiempo.

-Minako.-dijo sin dejar de mirarme.

-¿Cómo me llamaste?-pregunté sorprendida y sin dejar de sonreír.

-Minako.

-Dilo otra vez.-dije mientras volvía a besarlo.-Dímelo otra vez.

-Minako. Minako.

Volví a besarlo.

-Yaten… necesito hablar contigo.

-No puedo creer que estés aquí… no puedo creer que te veas tan… hermosa.

-Por favor, perdóname…

-Señor Kou.-dijo un hombre que se había acercado a nosotros.-¿No nos va a presentar a…?

-Disculpen.-dijo Yaten.-Ella es Minako Aino, mi esposa.

Era la primera vez que Yaten me presentaba a alguien como su esposa, todos los señores me saludaron de mano y me ofrecieron sus respetos y me alabaron. Jamás me había sentido con tanta atención y se sentía tan extraño. Entre el grupo de hombres que me miraban anonadados hubo alguien que me dejó confundida. Andrew se encontraba allí y parecía que había visto a un fantasma, había derramado su copa de vino y sudaba como si hubiera corrido 5 kilómetros. Trataba de sonreír pero no podía y Yaten lo miraba con orugllo, de pronto supe que Yaten sabía que Andrew quería acercarse a mí y que por eso había contratado al guardaespaldas.

-Vaya, vaya.-dijo alguien detrás de nosotros.-Así que mi querido hermano tiene una... guau... una esposa verdaderamente hermosa.

Un hombre de cabello negro me miraba de pies a cabeza y reía.

-Pero qué guardadito te lo tenías, hermanito.

Yaten decidió ignorar a ese hombre que yo no sabía quién era y se dirigió a los demás.

-Si me disculpan, caballeros, tengo que hablar con mi esposa.

No podía creer que Yaten se refiriera a mí frente a todos como su esposa. Caminamos hasta unas puertas que daban a un jardín y nos miramos durante unos minutos sin hablar.

-Yaten… tenía que verte.

-¿Qué sucede? Creí que estarías enojada.

-Sé todo sobre Hotaru.

Yaten cambió de expresión.

-Yo no…

-No estoy enojada.-dije abrazándolo.-Al contrario, no puedo creer que hayas hecho todo eso por mí… no sabes lo que todo eso significa para mí.

-No quería que vieras a tu hermana en las condiciones que yo la encontré.

-Dime, Yaten, dime por qué haces todo esto… yo creí que tú me odiabas, creí que…

-Minako.-dijo interrumpiéndome.-No quiero que la noche se arruine.

-Yaten… escucha… Tengo semanas sintiéndome diferente, cuando estoy contigo todo es diferente, es mejor. Nunca llegué a imaginar podría llegar a sentirme así… a pesar de que eres serio, cerrado… no lo sé… creo que tenía que conocerte mejor para darme cuenta de que… estoy enamorada de ti…

Yaten se puso tenso al escuchar mis palabras. Ni yo ni él podíamos creer lo que acababa de decir y me tomó el rostro con ambas manos.

-Minako… ¿estás segura de lo que estás diciendo? Porque no podría soportar una mentira así, no podría soportar perderte. Ayer que te fuiste creí que te había perdido para siempre y que ni siquiera a la fuerza iba a poder mantenerte a mi lado. Cada vez que te veo no puedo evitar quererte más, porque te quiero igual que hace tres años a pesar de todo, y eso es lo que me da más coraje, que jamás dejé de quererte, nunca… En Europa no dejaba de pensar en ti, no dejaba de ver en todas las mujeres tu rostro y las rechazaba, no dejaba de imaginarme cómo es que te vería otra vez. Te amo como siempre, porque no puedo olvidarte y no sé qué me hiciste. Soy un egoísta, soy un egoísta porque no quiero que nadie te toque, ni que se acerquen a ti, solo quiero que seas para mí porque solo yo quiero acariciarte y besarte. Tú eres mía, eres mi esposa.

Lo besé fuertemente y comencé a llorar sin quererlo. Me sentía tan mal de no haber valorado a Yaten en todo este tiempo, pero al mismo tiempo me sentía la mujer más feliz del mundo.

-Por favor no vuelvas a tratarme mal.-le dije mientras lloraba.-Te amo… y eres el amor de mi vida, no importa lo que haya pasado antes, te quiero a ti y te aseguro que no me iría con ningún hombre jamás. Solo soy tuya.

-Minako Aino, tú eres mi mujer, jamás te dejaría por nada. Quiero vivir contigo el resto de mi vida, quiero abrazarte mientras duermo, hacerte el amor… en todos lados…-dijo mientras me besaba el cuello.-Me vuelves completamente loco y no puedo soportarlo…

-Vámonos de aquí… ahora…-propuse al sentir su boca en mi cuello.

Yaten me llevó por los jardines por donde nadie nos viera y logramos salir a donde estaba la camioneta. El chofer nos abrió la puerta y subimos. Durante todo el trayecto nos tomamos de la mano y nos besamos. Al llegar al edificio subimos desesperadamente en el elevador y en cuanto entramos al penthouse Yaten me tomó en brazos y me llevó a la cama. Comenzó a besarme como si no lo hubiera hecho nunca mientras me desvestía, y yo trataba de desabrocharle el saco y la camisa.

-Te amo.-me dijo mientras me besaba los senos.-Mi amor…

-Dímelo mil veces.

-Mi amor. Mi amor. Mi amor.-me besaba las piernas, los muslos, la entrepierna…

Yaten me hizo el amor toda la noche. Todo mi cuerpo vibraba bajo su encanto, me hacía sentir plenamente feliz y yo no tenía fuerzas para separarme de él ni para levantarme de la cama. Cada vez me hacía sentir mejor, él sabía dónde tocarme y cómo, sabía lo que me gustaba y sabía cómo besarme. Ya no estaba dispuesta a separarme de él nunca más.


Gracias a Adileyne, sheleydekou, usagi13chiba, usagi210, feerw, patty ramirez, ariana usagi, marie choi whinchester kou, tatily, daliivenuskou, mafer chiba, naty, verecanedo, tsukihimeprincess, rouse kou, demencia, a todas ustedes que me inspiran muchas gracias.

Espero les haya gustado, al fin estos dos se confesaron todo, ahora solo faltaría que Mina le explique lo de Armand a Yaten, pero soy feliz porque al fin se aman demasiado:B solo falta ver qué onda con todos los demás, y no se preocupen aun no se acaba, todavía le faltan muchas cosas a esta historia:3 gracias a todas!