Mina.
Llevábamos todo el día en cama. Los celulares de Yaten sonaban cada cinco minutos pero él los ignoraba y decidía besarme en vez de responder a las búsquedas. Nos habíamos quedado todo el día en cama, desnudos, charlando, haciendo el amor, solo en silencio, y yo no lograba sentirme más feliz que entonces. Jamás había visto a Yaten tan despreocupado y sonriente, tan natural y feliz, como si le hubieran quitado un enorme peso de los hombros. Me le quedé mirando y él lo percibió, por lo que me devolvió la mirada y se acercó a mí.
-Parece que tienes algo en mente, ¿qué sucede?
-Es solo que… hay muchas cosas que no sé de ti…
-¿Cómo qué?
-Ayer en la fiesta… un hombre se nos acercó y te llamó "hermano"…
-Ya. Pues… sí, es mi hermano.
Me quedé callada para esperar a que él solito me platicara quién era su hermano y por qué yo jamás me había enterado de nada, como se dio cuenta de que yo no seguiría hablando, respiró profundamente y continuó hablando.
-Mi padre siempre fue un hombre muy poderoso, igual que yo, lo tenía absolutamente todo, justo como yo. Se casó con Amalia, mi madre porque los padres de ambos arreglaron el matrimonio. Entonces ella no tenía otra opción, pues su familia era de mucho dinero y no la dejarían casarse con nadie más que con Yaseiki Kou, el heredero de la fortuna y emporio de la familia Kou. Mi madre solía contarme que al principio se la pasaba llorando por su desastroso destino, ella se rehusaba a aceptar que así iba a terminar su vida pero que con el tiempo fue aceptándolo y que cuando al fin conoció a Yaseiki no le pareció tan malo después de todo. Tuvieron un par de meses para conocerse antes de la boda y ella, aunque no lo amaba, aprendió a admirarlo y a estar a su lado. En cuanto se casaron toda la gente comenzó a respetarla y a tratarla como si fuera la reina de Inglaterra, no le sorprendía ya que Yaseiki era el hombre más poderoso del país y su matrimonio no era un secreto para los japoneses. Mi madre también me dijo que conforme el tiempo fue pasando mi padre aprendió a amarla. Ella me confesó que mi padre la adoraba con toda su alma y que ella nunca logró sentir lo mismo, no porque lo odiara sino porque nunca pudo sentirse igual por él. Mi padre se desvivía por ella y le daba todo lo que deseaba. Cuando yo nací y cumplí cuatro años, recuerdo muy bien, no me preguntes por qué o cómo, pero recuerdo ese día como si hubiera sido ayer, un buen día mi padre recibió una visita de una mujer muy bella, se encerraron en el despacho por tanto tiempo que me parecieron horas. Mi madre no había salido de su habitación hasta ese momento y me vio sentado frente al despacho de mi padre, me preguntó qué sucedía y le conté. Ella entró sin tocar la puerta, lo que sucedió fue que un silencio invadió la casa. No supe cuánto tiempo pasó, solo supe que cuando esa mujer salió del despacho de mi padre mi vida cambió para siempre. La seguí a través de los pasillos hasta la puerta principal. La abrió y ahí fuera se encontraba un niño, como yo, lloraba, jamás olvidaré a ese niño llorando como si el mundo fuera a acabarse, y ahora entiendo que en ese momento debió acabarse para él. La vi besarlo en la frente y darle un fuerte abrazo, después de eso se alejó y jamás volvimos a verla. El niño me miró y vi el dolor en su mirada, casi creí que hubiera preferido irse con ella, pero era imposible. Mis padres se acercaron a él y lo ayudaron a entrar a la casa. Mi padre lo envió a una habitación y no volví a verlo hasta la cena. Fue entonces cuando mi padre nos presentó y me informó de que era mi hermano y que de ahora en adelante viviría con nosotros. Yo no comprendí nada en ese momento, no entendía por qué era mi hermano si esa mujer que lo dejó era su madre y no la mía. Años después me explicó mi madre que la mamá de Seiya estaba muy enferma, iba a morirse en cualquier momento y no podía dejarlo desamparado, también me contó que mi padre conoció a esa mujer antes que a ella, eran jóvenes, habían tenido relaciones y ella se embarazó. Mi padre nunca se enteró de que tenía un hijo hasta ese día que llegó con Seiya a la casa, ella jamás se lo dijo y jamás le pidió dinero ni cosa alguna para mantenerlo. Seiya es mayor que yo dos años, de niños siempre fuimos muy unidos, pero conforme fuimos creciendo algo dentro de él comenzó a cambiar. Ya no era el mismo, prefería quedarse solo, casi no comía, no salía de la casa y de pronto era todo lo contrario, jamás estaba en casa, no quería estudiar y era rebelde. Le causó muchos disgustos a mi padre y se peleaban demasiado. Mi madre aprendió a quererlo y Seiya también a ella, pero Seiya nunca obtuvo lo que tanto necesitaba, y jamás pareció comprender el por qué su madre lo abandonó. Yo siempre traté de acercarme a él, y aunque de niños éramos inseparables, cuando crecimos él se alejó de mí y comenzó a despreciarme. A veces me culpaba de todos sus males y odiaba que yo fuera todo lo contrario a él. Cuando Seiya era lo suficientemente mayor para hacerse cargo de las empresas no quiso, terminó peleado con mi padre y se fue a viajar por varios meses. Mi madre murió cuando yo tenía 20, mi padre quedó devastado y después de su muerte comenzó a decaer él también. Seiya regresó cuando se enteró de la muerte de Amalia y le dijo a mi padre que no estaba dispuesto a trabajar, mi padre enfermó gravemente por varias complicaciones y murió, dejándome a mí a cargo de todo su emporio. Seiya y yo nos peleamos mucho por el dinero, yo estaba muy enojado con él y no estaba dispuesto a darle nada si él no hacía algo para ayudarme, pero después comprendí que sería inútil hacer algo con él, por lo que llegamos a un acuerdo de que le daría una cantidad de dinero al mes con tal de que no arruinara los negocios familiares y aceptó. Desde entonces nos separamos tanto que dejé de saber de él. Tenía mucho tiempo sin verlo hasta hace poco que regresó a Tokio, no comprendo por qué lo hizo, pero sé que está metido en malos pasos y no tengo idea de cómo ayudarlo. He dejado de saber de él y de su vida, ya no sé cómo piensa o qué es lo que quiere, pero me asusta pensar en qué planes tiene en la cabeza.
Me quedé en silencio total al escuchar toda esa historia, no podía creer todo lo que no sabía de la vida de Yaten y no me quedó más que abrazarlo fuertemente. Trató de sonreír y luego se aclaró la garganta.
-Pero bueno, ya hablé demasiado de mí, hablando de hermanos… ¿deseas ver a Hotaru?
-¡Por supuesto que sí!-grité casi sin pensarlo.-Quiero verla en este preciso momento.
-Ya. Pues tendremos que esperar hasta mañana, porque es domingo y no creo que a estas horas de la noche vayan a querer abrirnos.
-De acuerdo… solo esperaré unas horas hasta mañana, pero mañana mismo veré a mi hermana.-besé a Yaten en las mejillas.- ¡No puedo creerlo!
-Me alegra saber que no la verás como la vi yo, ahora está mucho más recuperada y contenta, las terapias la están ayudando mucho y no creo que tenga que pasar mucho tiempo más ahí encerrada.
-¿Tú crees? ¿Qué te ha dicho el doctor?
-La última vez que lo vi me dijo que la adicción ya había salido completamente de su cuerpo, pero que todavía estaba en peligro de recaer si no se cuidaba, pero me ha dicho que Hotaru tiene una grandiosa fuerza de voluntad. También me dijo que ha avanzado mucho en sus terapias psicológicas y que le caería muy bien verte ahora, se siente culpable por lo que te hizo y piensa que no la perdonarás. También me dijo que… yo le he ayudado bastante con mis visitas…
-Y no sabes qué feliz me siento de que la estés ayudando. Debe de sentirse tan sola… has sido su único amigo estos meses y jamás terminaré de agradecerte todo lo que hiciste por ella.
-No lo digas, Minako, por ti haría cualquier cosa, cualquier cosa…
-¿Me dejarías alguna vez?-pregunté acurrucándome junto a él.
Yaten me tomó el rostro con las manos y me obligó a mirarlo.
-Te dejé una vez, porque estaba dolido, porque jamás había sentido tanto dolor en la vida y sentía que tú no me querías en tu vida. Pero ahora… ahora todo ha cambiado y tienes que saber de una vez que eres el amor de mi vida y que jamás voy a dejarte, por nada, por nadie… tendría que pasar la muerte o algo muy grave para separarme de ti, pero aun así estoy seguro de que volvería a encontrarte.
Comencé a llorar sin proponérmelo. Todo lo que Yaten me decía me hacía sentir la única mujer en el mundo y al mismo tiempo me hacía sentir muy mal por todo lo que había pasado entre nosotros.
-¿Por qué llorar, Minako?-dijo Yaten tomándome la mano.-No debes sentirte mal.
-Yaten…-dije entre sollozos.-Jamás te he explicado lo que sucedió hace tres años y…
-No. No quiero que me expliques nada.
-Pero quiero hacerlo… necesito hacerlo, Yaten, necesito decírtelo porque si no jamás voy a dejar de sentir que hice algo malo. Necesito que sepas todo porque quiero que te quede claro que mi amor por ti es sincero y no quiero que haya más barreras entre nosotros.
Yaten me miró y aunque no dijo nada supe que quería que continuara.
-Tú sabes muy bien que lo mío con Armand terminó hace mucho tiempo… terminó incluso antes de conocerte, pero acepto que cuando te conocí yo aún no lograba olvidarlo. Ahora que analizo mejor las cosas, que sé que te amo ti me doy cuenta de que lo mío con él jamás fue de verdad, que jamás lo quise ni sentí amor por él. Yo no sabía lo que era amar hasta que estuve contigo y… cuando comenzamos a salir, confieso que no estaba segura, yo no sabía lo que hacía y necesitaba ayuda, estaba desesperada. Hice lo posible por aprender a quererte, pero no te conocía, y entonces nos casamos… me parecía que eras el hombre más bueno del mundo y no tenía alma para romperte el corazón. Cuando Armand se enteró de que nos habíamos casado, me buscó… me buscó solo para extorsionarme y comenzó a tratarme bien solo para hacerme creer que me seguía queriendo. Me pidió mucho dinero con mentiras y engaños que yo creí, me amenazaba diciéndome que si no lo ayudaba mi madre y mi hermana sufrirían las consecuencias. Yo tan solo quería alejarte de mis problemas y no me atrevía a contarte, tenía miedo de que te enojaras conmigo y ese día…ese día fui a su departamento para darle el dinero, yo no tenía idea de que me estarías siguiendo y entonces nos viste besándonos, pero te juro que él me besó a la fuerza, quería meterse conmigo y yo no provoqué nada… nada…
-Basta Minako.-dijo Yaten tomándome de los hombros fuertemente.-Te creo, te creo todo lo que dices pero ya no quiero saber más, no me interesa. Lo único que me interesa eres tú y nuestro presente. De ahora en adelante si alguien intenta lastimarte tendrá que vérselas conmigo antes, yo no dejaré que nadie te amenace ni te engañe, el que se atreva tendrá que pagarlo. Perdóname, por favor, por haber reaccionado como lo hice. Hui como un cobarde y me escondí de ti por años, cuando la realidad era que te seguía amando como un loco porque desde la primera vez que te vi me enamoré y supe que quería pasar mi vida entera a tu lado. Te confieso que al principio me dolía el hecho de que tú no te sintieras igual, pero deseaba enamorarte y conquistarte y soñaba con el día que sintieras lo mismo por mí. Cuando estuve en Europa… jamás pude sentir nada con ninguna mujer. Trataba de buscar en ellas a alguien como tú y nadie me interesaba porque no salías de mi cabeza. Cuando volví a verte en el club sentí que el mundo entero se me movía y recordé lo que significaba mirarte a los ojos. No encontraba la manera de acercarme a ti sin dejar de lado el coraje que sentía. Fui un tonto pero ahora… ahora no pienso dejarte ir, Minako, porque no puedo explicarte con palabras todo lo que me haces sentir.
-Créeme que me siento igual que tú, Yaten, y no sé hasta cuándo dejaré de sentirme mal por haber hecho lo que hice, pero sin querer me di cuenta de que me enamoré de ti y de que en realidad siempre te quise, pero no me atrevía a aceptarlo. Debo confesarte que en los tres años que te fuiste jamás estuve con ningún hombre. No toqué a nadie y jamás dejé que alguien me tocara, porque no podía dejar de pensar en ti y no tenía idea de por qué. Ahora me doy cuenta de que era porque te quería y siempre te quise, y no podría imaginarme en los brazos de otro hombre. Tú me hiciste mujer por primera vez, y me sigues haciendo sentir igual cada vez que me haces el amor.-sonreí.
-Y por eso mismo te digo en este momento que ya no me interesa el pasado. Lo único que me interesa es la vida que ahora tendremos tú y yo. Te amo.
-Y yo más…
Seiya.
Habíamos terminado de tener relaciones por cuarta veces. Reika Nishimura era algo que había estado buscando hacía mucho tiempo, era rebelde, resistente, tenía sus metas claras, ambiciosa y de carácter fuerte. Era muy bella, además, pero no era eso lo que me interesaba ni tampoco lo demás. Lo único que me interesaba era llevar a cabo mi plan tan pronto como fuera posible. Por años estuve huyendo de mis problemas y de mi pasado, traté de aceptar algo con lo que no me conformaba y siempre tuve que estar escondido.
Reika tenía las mismas ambiciones que yo, pero la diferencia era que yo lo hacía porque era mi derecho y no estaba dispuesto a dejar que mi hermano me lo quitara, y ella solo deseaba ser millonaria. Me levanté de la cama para servirme un vaso de whiskey. Reika me miraba desde la cama mientras sonreía, realmente no comprendía muy bien por qué le gustaba sonreír tanto. Estaba dispuesto a pasar mi vida al lado de esa mujer si eso significaba obtener lo que deseaba, no realmente porque sintiera algo por ella o me causara algún efecto mayor. Me gustaba sí, pero estaba seguro de que jamás lograría sentir nada por ella.
-¿Me vas a decir ahora sí cuál es tu maravilloso plan?-preguntó Reika intrigada.
-Temo que si te digo vayas a asustarte, o algo peor. Te he dicho muchas veces que vine con todo y que no estoy dispuesto a esperar más. Ciertamente me tomó por sorpresa el hecho de enterarme de que mi hermanito tiene esposa. Jamás me lo imaginé, él y yo perdimos contacto pero por lo que estuve investigando tiene más de tres años casado con ella.
-Si tú te sorprendiste imagínate yo que me la pasé tratando de seducirlo para lograr ser yo su mujer y no esa gata.
-Aunque no hubiera tenido esposa, querida Reika, mi hermano no te hubiera hecho caso. Él es muy especial en cuanto a esos aspectos. Estoy completamente seguro de que esa mujer tiene que gustarle demasiado y tiene que amarla verdaderamente para haberse casado con ella.
-¿Piensas que ella va a interferir en nuestros planes?
-Por supuesto. Estoy casi seguro de que todas las acciones, las cuentas de banco, las empresas ahora están a su nombre.
-¿Por qué no al tuyo?
-Porque yo renuncié a todo eso hace bastante tiempo, pero he recapacitado y no estoy dispuesto a dejar que me quiten lo que es mío. Yo fui primero un Kou que Yaten, yo llegué primero a este mundo y por lo tanto yo debería estar en su lugar, no él.
-No comprendo entonces por qué decidiste irte y renunciar a todo lo que te tocaba.
-No lo entenderías por completo. Lo única que quería era llamar la atención de mi padre, la del mismo Yaten, necesitaba tiempo para mí solo y… bueno, no te contaré cosas tan personales. El caso es que durante toda mi niñez viví aislado, escondido, pobre, y a pesar de que cuando viví con Yaten lo tuve todo no puedo olvidar el hecho de que mi madre se haya muerto sin un centavo y enferma. Yo vine primero a este mundo y aunque mi madre no haya querido que yo estuviera con mi padre tuvo que ser por alguna razón, debo de obtener todo lo que debió ser mío desde el día de mi nacimiento.
-¿Y qué es lo que tienes en mente?
-Matarlos.
Reika abrió los ojos como platos y se incorporó. Vi en su rostro confusión y miedo, la vi varias veces tratar de responder algo y nada se le ocurría.
-Sin él ni la esposa no tendré problemas. Ellos no tienen hijos, no tenemos más familia, yo sería el único que tuviera que heredar todo lo que posee mi hermano.
-Pero, Seiya… él es… tu hermano…
-Eso ya lo sé, mujer, pero eso no importa ahora. Es la única manera que encuentro de obtener lo que quiero. Y la más fácil. Y quiero saber de una vez por todos si estas dispuesta a hacerlo. Estas de mi lado y lo tendrás todos. Millones. Serás mi mujer, trabajarás a mi lado y juntos obtendremos el Emporio Kou.
Reika se acercó a mí lentamente y me abrazó. La sentí temblar unos instantes y cuando al fin se calmó pudo responder.
-Está bien… lo que tú digas.
Le devolví el abrazo y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Sentí cómo mi sangre viajaba por todo mi cuerpo apoderándose de mis sentidos.
Mina.
Esperé en la salita por más de media hora hasta que la secretaria me indicó que podía pasar. Abrí la puerta con cuidado y vi a Andrew tras su escritorio sin prestar atención a nada más que a los papeles que tenía en frente. Caminé lentamente hasta las sillas de invitado y fue entonces cuando levantó la vista. En cuanto me vio abrió los ojos como platos y se puso de pie inmediatamente.
-¿Mina? ¿Qué haces aquí? De saber que eras tú la visita yo…
-Tranquilo, Andrew, no es necesario, no me importa esperar. ¿Puedo sentarme?
-Por supuesto.
Ambos nos sentamos y Andrew no dejaba de mover las manos.
-Andrew… mira, sé que han pasado muchas cosas y que yo no te he tratado muy bien. Sé que no es mi obligación darte explicaciones pero siento que debo hacerlo para que no te sigas sintiendo mal. No me conoces en nada, lo sé, pero creo que tus sentimientos hacia mí son sinceros y por eso mismo mereces saberlo.
-Mina, si realmente sientes que no debes, no puedes, no tienes que hacerlo. Fui un tonto al perseguirte de esa manera, al acosarte y… de haber sabido que estabas casada, con Yaten Kou… jamás me hubiera acercado.
-No digas eso, Andrew, primero debo pedirte disculpas por lo que Yaten hizo, no estuvo correcto y yo misma se lo hice saber. Tú no merecías ser golpeado ni ser expulsado del club…
-No te preocupes, Mina, por como lo veo ahora creo que de alguna manera concuerdo con Yaten… quizá yo habría hecho lo mismo si fueras mi mujer.-sonrió delicadamente.
Le devolví la sonrisa.
-Eres una persona muy linda y amable, Andrew, de verdad me siento muy mal de haberte hecho sentir tan mal.
-Jamás creí que pudiera sentir cosas por ti, no te conozco ni sé nada de ti, pero fue algo que no pude evitar. De ahora en adelante me mantendré al margen porque respeto a Yaten y respeto su matrimonio.
-Mi historia con Yaten es algo… complicada, Andrew, comenzó hace más de tres años ya y hemos tenido muchas dificultades. Afortunadamente hemos logrado sobrepasarlas, y yo lo amo, lo amo demasiado.
-Pero… no comprendo por qué entonces trabajabas en el club nocturno y…
-Lo sé… lo sé…
Andrew y yo hablamos por más de una hora. Le conté absolutamente todo, desde que conocí a Yaten hasta ese momento y él me escuchaba con atención. Decidí hacerlo porque algo me decía que podía confiar en Andrew y sabía que era buena persona y que no tenía malas intenciones. Me sentí bien de poder contarle a alguien mi historia que no fuera Artemis o Rubeus. Se sentía bien tener un amigo.
-No sé qué decirte, Mina… creo que has tenido una vida muy difícil.
-No importa, ¿o sí?, la vida se trata de eso…
-¿Por qué me cuentas todo esto? ¿No deberías alejarte de mí?
-No, Andrew, yo hablé con Yaten de esto y él dijo que no tenía problema. Quise contarte porque quiero que seas mi amigo y me conozcas. Empezamos muy mal pero siempre se puede volver a empezar.
-Entonces cuenta conmigo.-sonrió.-Ahora tienes a un buen amigo al que puedes acudir siempre que lo necesites.
Nos levantamos para darnos un abrazo y luego nos despedimos. Me sentía bien de haber ganado a un buen amigo y me sentía aún mejor de tener a Yaten a mi lado. Salí de la oficina de Andrew y encontré a Kino esperándome en la camioneta con Yaten adentro.
-Hola mi amor.-dijo Yaten en cuanto entré.- ¿Lista para visitar a tu hermana?
-Por supuesto.-respondí dándole un beso en los labios.
El viaje se me hizo eterno, no porque estuviera muy lejos el lugar pero porque no podía creer que vería a Hotaru después de estos años. No podía creer que podría hablar con ella y darle un abrazo. Cuando al fin llegamos al centro, me di cuenta de que todos los empleados sabían exactamente qué hacer cuando llegaba Yaten. Nadie le hacía preguntas o lo molestaba, todos parecían respetarlo demasiado y a mí me trataban demasiado bien. Una vez que llegamos hasta la habitación de Hotaru, Yaten me miró y sonrió.
-Te dejaré a solas con ella, merecen esto. Por lo tanto yo iré a hablar con el doctor para que me informe de Hotaru. Te veo en un rato.
Me besó en la frente y desapareció en el pasillo. Tuve que tomar unos minutos para respirar profundamente. No podía creer que estaba a punto de verla y entonces tomé coraje y entré. La vi sentada en el borde de su cama con un libro en la mano. Caminé nerviosamente y la vi levantar la mirada en mi dirección. Cuando me vio se puso de pie como si estuviera asustada y luego comenzó a llorar. No pude contenerme más y yo también comencé a llorar descontroladamente y corrí a abrazarla. No supe cuánto tiempo duramos abrazadas y llorando, pero luego nos separamos y esperamos a que pudiéramos articular palabras.
-Mi Hotaru… mi hermanita… no sabes cuánto te he buscado…
Nos sentamos ambas en la cama.
-Mina… realmente no tengo idea por dónde empezar… hay tantas cosas que debo explicarte y…
-Hotaru, no me tienes que explicar nada, ya Yaten me lo dijo todo y créeme que lo único que deseo es que estés bien. No tienes nada de que disculparte, lo único que importa es que te encontré y que ahora no pienso separarme de ti.
Duramos bastante tiempo hablando sobre tantas cosas. Hotaru me platicó todo lo que había hecho en el centro, sobre sus terapias, sobre lo difícil que había sido dejar el crack, sobre sus compañeros, sobre Yaten y sus visitas. Aunque la vi muy delgada me di cuenta de que estaba mejor que nunca, pero que tenía que seguir trabajando para recuperar la persona que era antes. Yo también le platiqué todo lo que había pasado entre Yaten y yo desde que nos habíamos reencontrado y aunque ella ya lo sabía porque Yaten se lo contó, le dio gusto escuchar mi versión y darse cuenta de que sí nos amábamos realmente. No nos dimos cuenta cuando Yaten entró por estar inmersas en la conversación, pero cuando Hotaru lo vio prácticamente corrió a abrazarlo.
-¡Yaten!
-Hola, pequeña.-sonrió.
Al verlos ahí abrazados me sentí de pronto completa. Lucían como hermano y hermana y se notaba a leguas que habían creado una conexión muy fuerte.
-Les tengo excelentes noticias a ambas.-dijo Yaten.-El doctor me acababa de decir que dentro de una semana le darán a Hotaru la oportunidad de tener una alta de prueba de un mes.
-¿Alta de prueba?-preguntó Hotaru.
-Sí. Se refiere a que podrás salir de aquí un mes. Si en ese mes no recaes y al contrario tienes mejorías, te darán de alta por completo. De lo contrario tendrás que ingresar nuevamente.
Hotaru sonrió de oreja a oreja y volvió a abrazarlo.
-No debes preocuparte, Hotaru, estarás bien. Lo único que tienes que hacer es ocuparte en algo para que no tengas tanto tiempo de pereza. Vendrás con nosotros a nuestro penthouse.
Hotaru me tomó la mano y también a Yaten, comenzó a llorar nuevamente.
-Me da tanto gusto que ustedes dos estén juntos. Estoy segura de que se aman y eso me hace muy feliz. Veo en ambos a mis hermanos y nada me hace más feliz que verlos juntos.
Duramos un rato más con ella hasta que nos interrumpieron porque le tocaba terapia. Me despedí de ella y prometí regresar en una semana por ella. Durante todo el camino de regreso no podía dejar de pensar en todas las cosas buenas que vendrían ahora. Yaten a mi lado, mi hermana a mi lado, mis amigos… todo parecía estar favoreciéndome y no podía creer lo feliz que me sentía.
Dos semanas después…
Hotaru.
Desde que me habían dejado salir de la clínica, me la pasaba con Mina de arriba abajo mientras Yaten trabajaba. Ella no me dejaba ni un momento sola pero estaba consciente de que tenía que buscar algo que hacer o me harían ingresar nuevamente al centro. Habíamos llegado a ese edificio hacía unos minutos y la secretaria nos indicaba por dónde ir.
Entramos a una oficina en donde Mina saludó a un hombre rubio efusivamente. Miré al hombre y noté de inmediato la manera en que miraba a mi hermana y me pareció extraño. Parecía como si un sentimiento muy profundo lo invadiera al ver a mi hermana. Luego posó sus ojos en mí y me sentí completamente débil. Sus ojos tenían el verde más hermoso que había visto nunca y su sonrisa iluminaba su rostro de una manera muy particular. Me saludó con la mano y de pronto sentí como si las palabras se me hubieran terminado. Mi corazón latía rápidamente.
-Ella es mi hermana Hotaru.-dijo Mina.-Y tanto ella como yo veníamos a pedirte un enorme favor.
-Mucho gusto, Hotaru.-respondió.-Yo soy Andrew Furuhata.
Nos sentamos frente a él y conforme mi hermana hablaba me fui dando cuenta de que él no le quitaba la vista de encima y apenas me notaba. Comencé a sentirme rechazada e incluso insultada, no entendía por qué se comportaba así pero de pronto me sentí celosa de Mina.
-Y es por eso que quería pedirte que le dieras trabajo por un tiempo.-finalizó Mina.
-Pues… no tengo un puesto disponible para ella, pero lo que puedo hacer es contratarla de mi asistente.-sonrió.- ¿Te parece?-dijo esta vez dirigiéndose a mí.
Asentí sin decir palabra y noté que Mina sonreía también.
-¡Muy bien! Me parece perfecto. Creo que ambos se llevarán muy bien.
-Entonces te espero mañana, Hotaru, a las ocho en punto.
Salimos de ahí y me sentí extraña. Tener que verlo todos los días iba a ser una tortura, pero no estaba segura si una tortura buena o mala.
-Te noté muy callada ahí dentro.-dijo Mina interrumpiendo mis pensamientos.
-Oh, lo siento.-respondí.-Solo estaba… meditando.
-¿No quieres trabajar aquí?
-Sí, sí… es solo que todo esto es nuevo para mí, recuerda, y tengo miedo de ser juzgada.
-Andrew es una buena persona, él no juzga a nadie, ya verás que te agradará mucho.
-Es a lo que le temo.-dije balbuceando.
-¿Perdón? No te escuché.
-No, nada… dije que eso espero…-mentí.
Seiya.
Abrí la puerta después de varias llamadas. El hombre se quitó el sombrero y me siguió a través de los pasillos hasta la oficina. Le serví una copa de vino y otra para mí.
-Todo está listo, señor. La próxima semana viajarán hacia Kyoto y ya tenemos todo planeado. No llegarán.
-Tienes que asegurarte de que vayan ambos, ¿me entiendes? No podemos fallar…
Dejó su copa de vino después de bebérsela toda y sonrió.
-Yo nunca fallo.
Salió sin despedirse y me dejó completamente solo. Apresuré mi copa hasta el fondo y observé los restos en el vidrio. Mi corazón latía pesadamente y una enorme preocupación invadía mi cabeza. No había tiempo ni espacio para preocupaciones ni para sentimentalismos. Yaten me había robado todo, y ahora yo le robaría todo a él.
