Seiya.
Cuando abrí los ojos batallé un poco para adaptarme a la luz que se filtraba por la ventana. A juzgar por la poca luz que había supuse que apenas estaría saliendo el sol. Escuché el insistente sonido del monitor cardiaco y me di cuenta de que tenía conectado también oxígeno. Traté de incorporarme pero en cuanto me moví sentí un dolor tremendo en mis costillas y en mi abdomen. Una enfermera entró en ese momento y al verme me pidió que no me moviera. Me quitó el oxígeno y me puso alguna inyección para tranquilizarme. Se retiró y minutos después vi a Yaten entrar a la habitación. Al verme dibujó una sonrisa en su rostro y se acercó a mí.
-Seiya, no sabes el gusto que me da verte despierto.-dijo sentándose en la orilla de la cama.
-¿Cuánto tiempo tengo así?-dije preocupado tratando de recordarlo todo.
-Tres días. Nos habías asustado.
Las imágenes venían a mi cabeza atropelladamente. Me seguí sintiendo inquieto pero no podía moverme mucho.
-Tú… y Taiki… ¿están bien?
-Todos estamos bien, pero…
-¿Mi madre?-pregunté de pronto.-¿Dónde está ella?
Yaten me miró sin decir palabra. Parpadeó unas cuantas veces y luego abrió la boca.
-Ella está… muy grave.-sentenció.-Lo siento mucho, Seiya…
-No… ella no puede estar mal… tienes que ayudarla, Yaten, tienes que hacerlo.-dije agarrándolo fuertemente de la camisa.- ¡Ella no puede estar mal!
-Seiya, cálmate, por favor.
Comencé a hiperventilar y el monitor cardiaco comenzó a sonar con más frecuencia. Yaten salió de la habitación mientras que yo con las pocas fuerzas que tenía me arranqué todos los cables que tenía conectados y me levanté sintiendo cada punzada en mi cuerpo. Las piernas me temblaban y apenas podía moverme, pero tenía que encontrar a mi madre y verla una vez más. Logré salir de la habitación y para mi suerte no había nadie. Caminé sosteniéndome de las paredes hasta llegar al pasillo que llevaba a terapia intensiva. Caminé lo más rápido que pude pero cada vez que daba un paso sentí que algo dentro de mí se rompía. Tenía que encontrar la habitación de mi madre rápido. Revisé en cada puerta sin éxito hasta que la encontré en la última habitación. Las persianas estaba cerradas y no había luz. Ella tenía los ojos cerrados y el monitor cardiaco marcaba latidos muy lentos y pausados. Me acerqué lentamente temiendo lo peor. Ella abrió los ojos cuando sintió que alguien se acercaba y al verme esbozó algo parecido a una sonrisa. La ayudé a quitarse el oxígeno y tomé sus manos entre las mías.
-Mamá… qué te hicieron…-dije mientras lloraba.- Perdóname… por favor…
-Seiya… mi amor… te estaba esperando.-dijo tocando mi rostro.
-¿Para qué?-pregunté asustado.
-Seiya… tienes que ser fuerte… hay muchas personas que necesitan de ti ahora. Yo… yo debo irme y solo esperaba verte una última vez.
-No puedes, mamá, luché mucho por ti y no puedes irte…
-Sé que dedicaste tu vida a mí, pero ahora es tu turno, ahora debes disfrutar de tu propia vida y ser feliz. Ya no tendrás que sacrificarte por mí y será tu oportunidad de liberarte. Conocí a Serena… y sé que te ama… tienes que dedicarte a ella ahora y hacerla feliz… mereces esto más que nadie, Seiya…
Yo no podía hablar porque las lágrimas me lo impedían. Mi madre también había comenzado a llorar.
-Gracias por todo lo que hiciste por mí… te amo, hijo mío…
No podía aceptarlo, no podía y de pronto ella se desvanecía.
-¿Mamá?-dije desesperado.- ¿Mamá? Por favor… contesta…
La tomé entre mis brazos para darme cuenta de que su cuerpo no respondía. A pesar de que tenía los ojos abiertos no se movía, ni respiraba. El monitor cardiaco ahora hacía un sonido constante al igual que la línea que dibujaba los latidos del corazón. Ese sonido me atormentaba y me recordaba que mi madre acababa de morir.
-¡Seiya!-escuché la voz de Yaten al entrar a la habitación.
Un par de enfermeras me separaron de mi madre mientras que otra de ellas le ayudaba a Yaten a subirme a una camilla. Serena también estaba ahí y lloraba al ver aquella escena. Me tomó de la mano y me llevaron de vuelta a mi habitación. Trataban de mantenerme pegado a la cama hasta que llegamos a la habitación y volvieron a inyectarme. Instantáneamente me sentí más tranquilo pero no podía dejar de llorar. Serena y Yaten se encontraban a mi lado.
-Seiya… estás muy lastimado, tienes las costillas rotas no debiste moverte… esas heridas tardan mucho en curar y…
-¿Por qué, Serena? Ella no tenía que haberse ido… no…
-Hermano.-intervino Yaten.-Tienes que pensar que ahora ella estará más tranquila, estará descansando y no tendrá que sufrir más por su enfermedad. Ella solo esperaba poder despedirse de ti…
-No estás solo, amor, tienes a tus hermanos, me tienes a mí…
-Viví por ella… ella era toda mi razón de ser…
-Entiendo.-dijo Yaten.-pero no debes ser tan egoísta, ella estará mejor descansando porque de cualquier manera esto iba a pasar, ¿preferirías que siguiera aquí sufriendo? Ella te amaba y siempre lo hará… es tiempo de que seas libre y feliz… ella hubiera querido eso.
-Jamás dejaré que te quedes solo, Seiya, te prometo que tú y yo, juntos podremos salir adelante…
Ya no logré escucharla porque perdí el sentido.
Yaten.
Salimos de la habitación de Seiya porque el doctor no lo pidió. El sedante había hecho efecto y ahora tendrían que revisar si no le había hecho daños el haber caminado. Serena se encontraba muy mal y ahora también tenía que hacerme cargo de Ari. Arreglé todos los papeles para su incineración y tenían que esperar unas horas antes de hacer nada con el cuerpo. Le informamos de todo a los demás y le pedí a Andrew y Hotaru que se llevara a Amy y Minako al penthouse, pues no tenían que estar ahí ya.
-Te irás con tu hermana, Andrew y Amy al penthouse, Taiki, Serena y yo nos quedaremos aquí a ver qué pasa con Seiya.
-Pero… es decir… ¿necesitas algo?
-No, Minako, Seiya estará bien. Tú y Amy deben irse a descansar.
Minako me miró una vez más y luego se retiró junto con Amy y los demás. Horas después el doctor nos informó que Seiya estaba bien, pero que no podía moverse hasta que sus costillas estuvieran mejor, pero no había peligro. La herida de la bala tardaría en cicatrizar unas cuantas semanas y que le dolería. Tendría que quedarse en el hospital mínimo una semana más. Nos quedamos toda la noche en el hospital y por la mañana dejé a Taiki y Serena ahí para ir a darme un baño. Tenía que ir a los juzgados porque sería el juicio contra Kakyuu y el señor Nishimura. En el penthouse encontré a Minako en la cocina y al verme se asustó.
-¿Yaten? ¿Qué haces aquí?-preguntó dejando su vaso en la mesita.
-Vine a darme un baño porque tengo que ir al juicio de esa mujer.-dije mientras me detenía a servirme un vaso de agua.-Disculpa si te dejo tengo que apresurarme.
Mina.
Cuando Yaten se metió al baño me sentí extraña. Al verlo metido en tantos conflictos me hizo sentir que necesitaba ayuda pero yo no podía hacer nada por él. Decidí que si no podía ayudarlo al menos podría hacer algo por él. Mientras él se bañaba yo me dediqué a prepararle el desayuno. Hice un par de huevos con algo de tocino y pan tostado, en realidad no era nada impresionante pero era lo que había aprendido en Karogu cuando vivía con Amy y a ella le encantaba. Al cabo de un rato Yaten regresó a la cocina al tiempo que yo dejaba el plato en la mesa junto a un vaso de jugo. Yaten paseó la mirada del plato a mí y viceversa, noté que esbozaba una ligera sonrisa.
-¿Tú… cómo…?
-¿No te agradan los huevos? ¿el tocino?
Yaten emitió una risita que no logré interpretar.
-Minako…-dijo al tiempo que se sentaba frente a su plato.-Este es mi desayuno favorito, ¿cómo… lo supiste?
-Yo… no sé… simplemente me vino a la cabeza.
Me senté en la silla frente a él.
-Cuando vivía en Karogu, la primera vez que decidí preparar algo de comer en casa de Amy, fue algunos días después de haber salido del hospital, y lo único que me vino a la mente fue este platillo. Por alguna razón siempre que pensaba en el desayuno pensaba en huevos con tocino y pan tostado.
Yaten se llevó una cucharada a la boca y sonrió.
-¿Te das cuenta?-dijo al cabo de varios minutos.-Podría… podría ser algo muy bueno.
-No comprendo.
-Tú… tú siempre me preparabas esto, cada mañana… lo hacías porque sabías que yo adoro este platillo y siempre lo hacías para mí…
-¿Lo hacía?-pregunté sorprendida.-Qué extraño…
-Quizá… quizá es que hay cosas que recuerdes sin saberlo… no lo sé… habría que preguntarle a Amy.
-¿Preguntarme qué?
Amy acababa de levantarse y se tallaba los ojos. Al vernos esbozó una sonrisa y se recargó en la alacena.
-Al parecer Minako tiene ciertos recuerdos, es decir, me confesó que cuando estábamos en Karogu siempre preparaba este platillo porque era lo único que le venía a la cabeza y no sabía por qué, y le acabo de decir que ella solía prepararme este platillo cada mañana…
Amy abrió los ojos un poco y luego sonrió.
-Eso es algo muy, muy bueno. Es un indicio de que tienes lagunas mentales, hay cosas que no sabes por qué las sabes… ¿me explico?
-¿Crees que… en algún momento dado podría… recuperar mis recuerdos?-pregunté nerviosamente ante la mirada esperanzada de Yaten.
-No quisiera prometerte nada…
Yaten ya se había terminado su comida y segundos después de la respuesta de Amy, Yaten se levantó como si no quisiera escuchar nada al respecto y dejó el plato.
-Debo irme.-dijo con seriedad.
Antes de salir se detuvo a mi lado, se agachó un poco y mirándome fijamente me plantó un beso en la mejilla. Yo me puse roja como un tomate y agaché la mirada. Yaten se fue sin decir nada más y nos dejó solas. En cuanto escuché que la puerta se cerraba sentí cómo las lágrimas se acumulaban en mis ojos y exploté.
-Mina…-dijo Amy abrazándome.-No llores.
-Ya no lo soporto, Amy, no puedo más… no soporto que todos se emocionen al verme, me cuenten cosas que no recuerdo, no lo soporto. Lo que más me duele es ver todo el cariño que Yaten me tiene y no poder corresponderle, odio no poder sentir lo mismo por los demás…
-Quisiera poder ayudarte, Mina, pero tus estudios… yo no soy la doctora indicada para ello, y aun así, es improbable que…
-¿Cuál es el doctor indicado, entonces?-dije limpiándome con un paño.
-En estos casos un psiquiatra podría ayudarte. Es probable que con regresiones y terapias logres llegar hasta tus recuerdos.
-¿Y tú… conoces a alguno?
Amy asintió con parsimonia.
-Conozco a varios, pero el único que se me viene a la mente perfecto para esto es un compañero de la universidad que además de psiquiatría logró especializarse en hipnoterapia, él sin duda podría evaluarte y decirte si puede ayudarte.
-¿Sabes dónde está?
-No exactamente, tendría que averiguarlo pero… ¿por qué?
-¡Porque quiero recordar!-dije casi gritando.-Necesito recordar, Amy, no puedo hacerle esto a Yaten…
-¿Lo quieres hacer por Yaten?
-Quiero hacerlo por mí… porque quiero sentir…
-Te prometo que lo buscaré… saldremos de esto, Mina, ya verás… pero tienes que ser fuerte y tener en cuenta que así como hay probabilidades de que logres recordar, también existe la posibilidad de que jamás lo hagas…-dijo Amy arrastrando las palabras.- Y tienes que aprender a vivir con ello o será algo que te atormentara siempre.
-Si jamás recupero mis recuerdos será como si no hubiera vivido y entonces… entonces no seré capaz de quedarme al lado de Yaten.
-¿Jamás has pensado en que podrías volver a enamorarte de él?-dijo Amy asustada.
-¿Y si no? Y aunque fuera así… jamás lograría recompensar todo lo que Yaten siente por mí. Años y años, no creo que él pudiera soportar el hecho de recordar cada momento juntos y yo no.-sentencié.-Por eso tengo que recordar…-lloré una vez más.
-Te prometo que te ayudaré.
-Pero esto tiene que ser un secreto entre tú y yo, quiero… quisiera que fuera una sorpresa para Yaten.
Nos abrazamos durante largos minutos y luego desayunamos.
Yaten.
Durante todo el trayecto no podía apartar de la cabeza el pensamiento de Minako recuperando la memoria. Ella recordaba el desayuno a pesar de no saber por qué, pero lo tenía en su mente. No deseaba hacerme ilusiones pero por dentro moría cada vez que Minako me hacía un desplante. No soportaba que yo me le acercara ni reaccionaba ante mis besos. Su mirada me hería cada vez un poco más.
Cuando llegué al juzgado toda la prensa estaba allí. Unos guardias me ayudaron a entrar al edificio y ya dentro entré a la enorme sala donde serían juzgados. Había mucha gente dentro pero yo no miré a nadie. Me senté junto a mis abogados y vi a Kakyuu esposada y de pie entre varios hombres que la custodiaban. Ella me miraba fijamente con los ojos inyectados en sangre y con el mismo orgullo y altanería de días antes.
El juicio transcurrió lentamente para mí. El juez leyó todos los cargos y mis abogados entregaron las pruebas suficientes para hundirla eternamente en la cárcel. Llamaron a varios testigos a declarar, a mí entre ellos, y para finalizar dejaron que Kakyuu declarara. No podía hacer nada para negarlo y así fue. Se declaró culpable de cada delito cometido y acto seguido dictó su sentencia. Me hicieron firmar algunos papeles y luego fui libre de irme.
Decidí regresar al hospital y encontré a Serena y Taiki comiendo algo en la cafetería. Me uní a ellos y comimos todos juntos. Seiya se sentía mejor pero aún estaba muy afectado por la muerte de su madre y no quería ver a nadie. Por la tarde los demás regresaron al hospital y estuvieron un rato acompañándonos pero al anochecer se fueron. Taiki se fue con ellos y yo me quedé al lado de Serena. Así transcurrieron los días, Taiki, Serena y yo dormíamos en el hospital mientras que los demás iban y venían. Yo me retiraba de vez en cuando para atender asuntos de negocios debido a que estaba recuperando el control sobre mis empresas así que tenía muchas cosas que hacer. Tenía poco tiempo para ver a Minako y a decir verdad necesitaba alejarme de ella. Si estaba a su lado no podía controlarme y necesitaba muchas cosas que ella no podía darme. Me sumergí en el dolor de Seiya y en el mío propio. Seiya decidió vernos y entonces fue recuperando su habitual cordura. A las tres semanas lo dieron de alta y lo trasladamos al penthouse.
En el penthouse era cuidado por Amy, Serena y Minako mientras que Taiki y yo nos hacíamos cargo de los negocios. Poco a poco fui recuperando el control de todo y me fui poniendo al tanto de la situación. Me dio gusto saber que Seiya había cuidado bien los negocios a pesar de todo y que no había problemas. Taiki comenzó a familiarizarse con su nuevo trabajo y con la gran responsabilidad que ello conllevaba. Pasaba poco tiempo en el penthouse y Seiya se recuperaba. Una distancia entre Minako y yo fue creándose sin que nos diéramos cuenta y yo decidí que debía darle tiempo. Con tantos problemas y obligaciones no podía dedicarle el tiempo que requería. Amy también tomó el control de una de los hospitales más importantes de Tokio y comenzó a trabajar. Serena fue quien se rehusó a dejar a Seiya hasta que no se repusiera completamente y Minako les hacía compañía.
Taiki y yo hablamos con Seiya ya que no podíamos vivir todos en el penthouse, casi no cabíamos. Taiki decidió que se iría a la casa que le había asignado y Amy aceptó irse con él, yo también decidí que debía irme a la mansión de mi padre y tuve que hablar con Minako. Ella aceptó irse conmigo pero no la vi muy convencida. A pesar de que ya cada quien se había establecido en un lugar, Minako seguía acompañando a Serena en el penthouse. Hotaru también las acompañaba porque no quería separase de su hermana y trataba en vano de retomar una relación perdida con ella.
Artemis y Rubeus me buscaron y yo me sentí muy feliz de reencontrarme con mi mejor amigo. Les ofrecí trabajo y felices aceptaron, aunque Artemis se sumó a la lista de personas que Minako había olvidado. Iba a visitarla pero Minako no lo recordaba, a pesar de eso ella lo aceptó y Artemis no la dejaba sola y siempre le hablaba de sus momentos juntos y de todo lo que habían vivido juntos.
Casi tres meses después de que habíamos vuelto a Tokio, me encontré recostado en la cama de mi habitación. Minako me había pedido dormir en otra habitación y no había tenido más remedio que aceptar. Cada noche escuchaba mi propia respiración y recordaba lo mucho que la necesitaba. La cama me parecía inmensa y cada minuto que transcurría sabiendo que ella se encontraba del otro lado del pasillo me moría lentamente. Trataba de ocuparme lo más que podía para olvidar un poco que la mujer que amaba no se dignaba a acercarse a mí pero era una simple tortura. Eran las dos de la madrugada y no lograba conciliar el sueño. Decidí ir a la cocina a servirme un vaso de agua. El silencio inundaba la casa. Ya me había acostumbrado a vivir en un lugar pequeño adecuado para mis necesidades. Desde que mi padre había muerto yo no pisaba esta casa y había tenido que contratar algo de servidumbre. Sabía que era bastante grande para Minako y para mí, pero por lo pronto no teníamos otro lugar a dónde ir en Tokio. Bajé las escaleras cabizbajo y traté de recordar el camino a la cocina en la oscuridad. Antes de llegar a la cocina escuché un ruido que provenía de dentro y abrí la puerta con cuidado.
Minako se giró al escuchar la puerta rechinar y tuvo que sostenerse de la alacena para no desmayarse del susto. El color se había escapado de su rostro y tuvo que respirar profundamente antes de hablar.
-Lo siento yo… me asusté.
-No sabía que estarías aquí.-dije caminando hacia el refrigerador de donde saqué una jarra de agua helada.
-Solo quería beber un poco de agua.
-Pues estás en tu casa.-respondí sirviendo dos vasos. Le entregué uno y yo me bebí de un solo trago el mío. Mientras me servía por segunda vez sentí la mirada de Minako sobre mí y me atreví a mirarla también.-¿Sucede algo?
Ella negó con la cabeza.
-Es solo que me parece extraño verte a estas horas, cuando es normal que no te vea en el día.
Dejé el vaso vacío sobre la barra y esbocé una media sonrisa.
-Podrías ir a visitarme a la oficina.
Ella guardó silencio unos instantes.
-Lo siento.
-¿Por qué? Tu puedes ir a la oficina cuando quieras y…
-No, Yaten, lo siento.-agachó la mirada.
-¿Qué es lo que sientes?
Noté que sus ojos se llenaban de lágrimas y trató de sonreír.
-Siento no recordar nada.
Las lágrimas resbalaron por sus mejillas lentamente. Ella dejó el vaso de agua en la barra y se limpió los ojos. Me acerqué a ella instintivamente y le sequé las lágrimas. Sus mejillas se habían encendido y de pronto mis manos se encontraban sosteniendo su rostro que temblaba ante mi contacto.
-Perdóname tú a mí. Perdóname porque me siento enojado, no contigo sino con todo esto. No tienes idea de lo mucho que quisiera estar contigo, de lo mucho que quisiera compartir. Perdón por quererte tanto.-dije con un nudo en la garganta.
Minako agachó la mirada nuevamente y yo no pude resistirlo. Acerqué mis labios a los de ella y cuando me aseguré de que no iba a detenerme, rocé mis labios contra los de ella. Mi cuerpo se encendió al instante como si no lo hubiera hecho en años. Los apreté más y cuando mis manos resbalaron por su cuerpo hasta posarse en su cintura, ya la había acorralado contra la pared. Mis manos juguetearon con su ropón para dormir pero cuando intenté rozar su piel sentí cómo se tensaba y se alejaba rápidamente de mí. Sentí una punzada en el pecho y apreté los puños con fuerza.
-Yaten… no puedo… no puedo.
Sin decir palabra le di la espalda y salí de ahí sintiendo cómo la ira se atenazaba en mi cuerpo herido. Subí rápidamente las escaleras y me encerré en mi habitación.
Mina.
Apenas había logrado dormir un par de horas en toda la noche. La mirada con la que Yaten me había taladrado en la madrugada me había perseguido por horas. Jamás lo había visto enojado de esa manera, o al menos no lo recordaba y desde que nos habíamos encontrado en Karogu, jamás lo vi en ese estado. Cada hora que pasaba me sentía peor y peor y no lograba apartar de mi cabeza la fría mirada de Yaten.
Yaten siempre salía de la casa a las nueve de la mañana después de desayunar pero esa mañana salió una hora antes y ni siquiera me había avisado que se iba como usualmente lo hacía. En cuanto vi su auto salir me sentí terrible. Me quedé en mi habitación por horas hasta que una de las muchachas me avisó que Amy me buscaba y le pedí que pasara a mi habitación. Amy me miró con ojos de preocupación al ver mi estado. Ojeras, pijama, ojos hinchados por las lágrimas. Me dio un abrazo y luego se dispuso a abrir las cortinas para que entrara algo de luz. Le conté lo que había sucedido y se quedó en silencio por algunos minutos.
-Mina…-dijo mientras se llevaba un mechón hacia atrás de la oreja.- Quiero que sepas que no estoy de acuerdo con esto pero… encontré a mi amigo el psiquiatra, sé dónde está, conseguí todos sus datos. Pienso que deberías hablar con Yaten al respecto antes de hacer cualquier cosa.-dijo extrayendo un trozo de papel de su bolso.
Sonreí un poco.
-Por favor, Amy, ya ves cómo está la situación. Si continuo así Yaten terminará por odiarme… primero dejará de tomarse molestias conmigo, como esta mañana, luego me dejara de hablar hasta que simplemente ya no soporte mi presencia. Si hubieras visto cómo me miro cuando no quise me siguiera tocando… jamás me había sentido tan detestable. Tengo que ir con este doctor.
-El problema es que él está en Osaka, Mina, está lejos de aquí… no podrás ocultárselo a Yaten.
-¿Osaka?-pregunté leyendo el trozo de papel.-No importa… es decir, tengo que hacer esto y es mi única salida. No importa dónde esté yo tengo que hacer esto.
-¿Y qué le dirás a Yaten?
-No le diré nada. Esta misma tarde arreglo todo para irme, estoy segura de que Yaten no regresará en todo el día.
-¿Estás loca? Y qué crees que hará cuando no te encuentre…
-Escucha, Amy, no le diré nada por el momento. Arreglaré todo y me iré hoy mismo si es preciso, si é te busca y te pregunta por mí… puedes decírselo pero lo que no quiero que le digas es en dónde estaré. Puedes decirle lo que haré pero no dónde estoy porque no quiero que se interponga en mis planes, no quiero que me busque, no… ¿comprendes?
Amy guardó silencio mientras me lanzaba una mirada reprobatoria.
-Por favor, Amy, necesito hacer esto. Si Yaten sabe dónde encontrarme quizá quiera quedarse conmigo, o peor aún, quizá no esté de acuerdo y me obligue a regresar. Después de todo soy su esposa, ¿no?, puede hacer conmigo lo que quiera…
-Está bien…-dijo al cabo de un rato.- ¿Y ya pensaste cómo le harás con el dinero? Esa clínica es muy cara y…
-No te preocupes por eso.-la interrumpí.-Cuando llegamos a Tokio, Yaten me informó que antes del accidente habíamos arreglado todo para que yo tuviera una cuenta de banco propia en la que él no tuviera que intervenir. Yo tenía dinero ahorrado y luego fui ahorrando más, tengo dinero suficiente, él me entregó mis tarjetas y estados de cuenta, además de que cuando regresamos hace tres meses me dijo que me depositaría una determinada cantidad por mes.
-¿Y si deja de hacerlo porque te fuiste?
-Que lo haga… lo que ya tengo es más que suficiente.
-Hay, Mina…
Amy me ayudó a hablar a la clínica. Hablé con la secretaria particular de la clínica y me sentí feliz al saber que sí había un lugar para mí ya que recientemente habían egresado a un paciente. Amy tendría que enviar mis estudios, análisis y demás historiales clínicos a su amigo y él me evaluaría y me diría si podría ayudarme o si era un caso perdido. Después de arreglar todo en la clínica, Amy y yo nos metimos a internet y compré un boleto de avión a Osaka para esa misma noche a las 9:30 en punto. Amy se despidió de mí y me hizo prometerle que al menos con ella sí tendría contacto. Empaqué ropa y demás menesteres necesarios. Comí algo a eso de las seis de la tarde y mientras esperaba me dediqué a leer un poco. A eso de las 7:30 le pedí a una de las muchachas que pidiera un taxi para mí. El taxista me ayudó a echar mis maletas al carro y nos fuimos. Sentía que mi corazón explotaría en cualquier momento pero era algo que tenía que hacer.
Yaten.
Lo último que deseaba hacer era llegar a la casa. Sabía que no soportaría una vez más un rechazo de Minako, pero no tenía otra opción. La lluvia había comenzado a caer y ya eran casi las doce de la noche. Me di cuenta de que había luces encendidas en el piso de abajo y cuando entré encontré a Kumiko sentada en la sala.
-¿Qué haces despierta tan tarde, Kumiko?-dije mientras dejaba mi portafolio en el sillón.
-Lo estaba esperando, señor.
-¿Qué sucede?
-La señora Mina…
-¿Le ha sucedido algo malo?-pregunté asustado.
-No, no… es decir, no lo sé… ella… se fue…
-¿A qué te refieres con que se fue?
-Hizo maletas… se fue…
De pronto sentí que el piso se movía debajo de mí y tuve que sostenerme.
-¿Te dijo a dónde iba?-pregunté tras haber recobrado el aliento.
-No, señor, pero la señorita Amy estuvo aquí gran parte del día.
-Ya veo. Tengo que irme, Kumiko, ve a dormir, no hay por qué preocuparse.
Dejé sola a Kumiko y regresé a mi auto. Minako seguramente estaría en casa de Amy y Taiki. Manejé tan rápido como pude en la oscuridad. Toqué la puerta con parsimonia y Taiki fue quien me abrió.
-¿Yaten? ¿Qué haces aquí?
Entré sin que me lo dijera y miré hacia todos lados.
-¿Está Minako aquí?-pregunté.
-¿Mina? No… ella no está aquí, ¿qué sucede?
Vi a Amy acercarse a la sala y entonces noté en su mirada que sabía el motivo de mi visita.
-¿Dónde está?-le pregunté apretando los puños.
Pasaron varios segundos interminables en los que me di cuenta de que Amy no respondería, por lo que me acerqué a ella y la tomé por los hombros con desesperación.
-¿Dónde está, Amy?
-Debes tranquilizarte, hermano.-dijo Taiki separándome de su novia.
-¿Sabes qué ha sido de Mina?-esta vez fue Taiki el que preguntó.
-Ella…-titubeó.-Ella se fue por un tiempo.
-¿De qué hablas, Amy? ¿Por un tiempo?-dije atropelladamente.
-Escucha, Yaten, Mina me pidió que no te dijera dónde está, ella no quiere que lo sepas, pero no me impidió decirte las razones por las que lo hizo.
-Escucho.-dije mientras sentía que la sangre se me iba a la cabeza.
-Mina tenía la inquietud de saber si podía recuperar su memoria, le dije que quizá con terapias podría suceder pero le dije que para eso tenía que ir con un psiquiatra, que yo no podía hacerlo. Entonces me pidió que buscara a uno y pues resulta que uno de mis compañeros de la universidad es psiquiatra, y uno muy bueno, él se especializó en hipnoterapia y es un método muy efectivo para hacer regresiones y recordar. Después de lo que sucedió ayer entre ustedes… bueno… ella se sintió muy mal, odia no poder recordar nada así que me pidió que la ayudara. Se fue porque quiere tomar terapias y tratar de recordar, odia tener que ser así contigo…
Me quedé sopesando las palabras de Amy varios minutos. No podía creer que Minako se sintiera así y que además hubiera querido hacer eso sola. No sabía qué pensar o sentir, me sentía confundido y triste, muy triste.
-Debo estar con ella, Amy, tengo que…
-Yaten.-me interrumpió.-Ella no quiere que la acompañes, necesita hacer esto sola, sin presiones ni ataduras. Necesita de una vez por todas dejar de atormentarse con este problema. Y tú… entiendo que te preocupes y que desees estar con ella, pero te aseguro que el lugar en donde está es muy seguro, es competente y nada le sucederá. Ella estará bien y por lo pronto tú debes preocuparte por ti. Comprendo que también has sufrido y mucho más que ella, esto te afecta más a ti, así que podrías aprovechar para liberarte de esa opresión y para ocuparte de tus cosas y asuntos… te prometo que si algo malo sucede yo seré la primera en informarte.
-Amy tiene razón.-intervino Taiki.-Creo que Mina hizo muy bien en tomar esa decisión, y tú también mereces pensar en cosas positivas también. Piensa que por ahora tú estás muy ocupado retomando el control de tus negocios y que esa tarea requiere de toda tu atención, el problema con Mina solo incrementa tu estrés y deteriora tu estado de ánimo.
Me quedé en silencio por un largo rato y suspiré profundamente.
-¿Qué sucederá si ella vuelve y… y esas terapias no ayudaron en nada?-pregunté casi sin aliento, la sola idea me torturaba.
Amy y Taiki se miraron antes de volver la atención a mí.
-Si eso sucede entonces tendrás que enfrentarlo y seguir adelante. Tampoco es sano que sigas al lado de una mujer que no te ama. Mereces ser feliz.-respondió Taiki.
Me puse de pie repentinamente y sentí cómo el corazón palpitaba al ritmo de la incesante lluvia.
-Les dejaré algo claro, a los dos.-dije mientras daba vueltas por la sala.-Si eso sucediera… si eso sucede yo no seré capaz de perderla por tercera vez. Ya la perdí una vez, cuando creí que me había engañado, fueron tres años terribles en los que creí que moriría de dolor, luego la perdí en el accidente y ahora… si la pierdo ahora yo no podré… les aseguro que yo no seré capaz de enfrentarlo. Minako es la única mujer a la que he amado, y si no puedo tenerla entonces yo… yo no puedo vivir en un mundo donde la mujer que amo no me corresponde.
Tras decir esto salí de la casa sin siquiera despedirme. Me sentía destrozado, herido, me sentía traicionado y desesperado. No lograba describir todos los sentimientos que se acumulaban en mi pecho y solo deseaba salir corriendo y reventar. Mientras vagaba por las calles de la ciudad en el auto no dejaba de pensar en ella. No dejaba de pensar en lo que había sucedido por la madrugada y me maldecía a mí mismo, pero no podía olvidar la forma en la que me había rechazado y sentía ira e impotencia al mismo tiempo. Me detuve en el primer bar que encontré en mi camino. Las horas pasaban con lentitud al ritmo de las cervezas que ingería. Ni siquiera recuerdo cómo logré regresar a casa, pero cuando desperté aún vestía las mismas ropas que la noche anterior.
Mina.
No había podido dormir en toda la noche. Había llegado a Osaka a eso de las once de la noche y llegué a un hotel en el centro de la ciudad. Le había marcado a Amy para avisarle que estaba bien pero me sentía realmente sola. A pesar de estar recostada en una cama muy cómoda no lograba conciliar el sueño.
Por la mañana me metí a la ducha y arreglé mis cosas para ir a la clínica. Tomé un taxi y en la entrada un par de enfermeros me ayudaron con mis maletas y entré al lugar. A pesar de ser una clínica no parecía para nada un hospital. Era una mansión muy grande con estructura del siglo XVIII. Tenía muebles de la época y solo los enfermeros iban de blanco. Había cuadros hermosos colgando de las paredes y plantas por todos lados. La recepcionista me recibió con amabilidad, le pagué mi ingreso y me indicó cuál sería mi habitación. Los enfermeros llevaron mis maletas hasta el segundo piso y las dejaron en mi cuarto. Me dediqué a acomodar mis pertenencias en los cajones y después me dirigí a la ventana para observar la vista. Mi habitación tenía una agradable terraza a donde podía salir a sentarme en un cómodo sillón a leer, y podía observar el inmenso jardín, verde y hermoso. Había varias personas en el exterior, algunas en grupo, otras en solitario. Fui interrumpida al escuchar golpes en la puerta.
Una enfermera me avisó que el doctor me recibiría dentro de media hora y tuve que seguirla por los enormes pasillos hasta el primer piso en donde llegamos a su consultorio. Me pidió que esperara afuera hasta que él mismo saliera a recibirme. Varios minutos después la puerta se abrió y un hombre alto y fornido salió de allí. Tenía el cabello oscuro y espeso, brillaba con la luz y esbozaba una sonrisa natural.
-¿Minako Aino?-preguntó con una voz clara y grave.
Asentí sin decir palabra y me indicó que entrara. Ya dentro él tomó asiento detrás del escritorio y yo me senté frente a él, algo nerviosa.
-Minako.-dijo sonriendo.- ¿Puedo llamarte Mina?
-Sí.-dije avergonzada.
-Mina.-repitió.-He estado revisando tus expedientes desde que Amy me los envió. Son muy interesantes, si quieres saberlo, y aunque eres un caso difícil no creo que sea imposible. Soy una persona muy consistente, ¿sabes?, y no me cansaré hasta ayudarte. Amy me contó que recuerdas ciertas cosas aunque no estás consciente de que sean recuerdos, sin embargo están en tu subconsciente y eso le da esperanzas de que logres recuperar la memoria. Debo decirte que no es un factor esencial para recuperar la memoria, sin embargo es algo que no sucede todo el tiempo. Así que no temas en sentirte esperanzada por ello.
-¿Doctor…?-dije sin saber su nombre.
-¡Pero qué descortés!-rio.-No me presenté. Soy el doctor Zafiro Black, psiquiatra especializado en Hipnosis y psicoanálisis.-dijo ofreciéndome la mano.-¿Qué deseabas preguntar?
-Solo quería saber si… si usted podrá ayudarme.
-Puedo ayudarte, sí, pero no puedo asegurarte que vayas a recuperar la memoria. La mayoría de los pacientes que están internados en este hospital han sufrido problemas similares al tuyo, de un 100% el 85% de pacientes que han sido dados de alta de este hospital han logrado recuperar sus recuerdos. Muchos de ellos no tenían problemas tan severos, otros eran un caso perdido, pero la hipnosis ha logrado reformar la medicina y el psicoanálisis ayuda mucho en las terapias. A partir de ahora tú y yo tenemos que ser confidentes, debes de tenerme verdadera confianza y dejarme guiarte a través de este proceso. Mi secretaria te dará una libreta con todas tus actividades, horarios de comida, horarios libres y con tus horarios de terapia. Comenzaremos mañana mismo.
-Gracias…-dije casi sin palabras.
-Puedo notar que no has logrado dormir mucho últimamente, ¿me equivoco?-dijo mientras anotaba algo en una libreta.-Entrégale esta receta a las enfermeras que se encuentran en la farmacia junto a la recepción, con esto te darán una pastilla para que puedas descansar el resto del día y mañana puedas sentirte con más energías.-sonrió.
El doctor Zafiro sonreía demasiado y eso me turbaba un poco. Quizá era porque hacía bastante tiempo que no veía a nadie sonreír, desde que habíamos regresado a Tokio solo habían sucedido desgracias y todos estaban tristes o de mal humor. Me atreví a sonreír y el doctor Zafiro inclinaba la cabeza un poco.
Al salir de su consultorio me dirigí a la farmacia en donde me dieron la pastilla y regresé a mi habitación. Me sentía sumamente cansada y rogué porque esa pastilla me dejara descansar. Al poco tiempo de haberla ingerido sentí cómo mis músculos se relajaban y caí rendida sobre la cama.
Cuando abrí los ojos el sol se filtraba por la ventana y me moví lentamente hasta ver el enorme reloj de la pared. Eran casi las nueve de la mañana y no podía creerlo. La última vez, antes de caer rendida, el reloj marcaba las cinco de la tarde. Me sentía totalmente relajada y descansada. El dolor de cabeza había desaparecido y me metí a la ducha. Revisé la libreta con los horarios y solo tenía hasta las diez para bajar a desayunar. Cuando estuve lista bajé hasta el comedor en donde había mucha gente arremolinada alrededor de la comida y sentada en diferentes mesas. Me acerqué y me serví un plato con suficiente comida así como un vaso de jugo de naranja. Paseé la vista por las mesas para encontrar un lugar disponible y me acerqué a una mesa en donde solo había una mujer.
-¿Disculpa?-dije cortésmente.
La mujer levantó la vista y al mirarme noté cómo su mano comenzaba a temblar y el tenedor se le resbalaba de la mano.
-Lo… lo siento…
-¿Podría sentarme?
Ella asintió tras darle un largo trago a su bebida. Me acomodé en la silla y dejé la bandeja en la mesa. Mientras degustaba la comida noté cómo mi compañera me estudiaba minuciosamente hasta que decidí enfrentarla con la mirada.
-¿Cómo te llamas?-pregunté para romper la tensión.-Yo soy Mina.
Ella abrió aún más los ojos.
-Reika…-respondió tras un largo rato.-Reika Nishimura.
-Es un lindo nombre.
-Gracias…
-¿También perdiste la memoria, Reika?
-En realidad no.-respondió.-Estoy aquí por otros asuntos…
-Me alegro. Perder la memoria puede traer muchas, muchas consecuencias.
-Me imagino.-dijo ella mientras se ponía de pie.-Mina… lamento tener que dejarte pero tengo terapia y… no quiero llegar tarde.
-Descuida.-sonreí.-Nos veremos por aquí.
Reika se alejó rápidamente de allí y me quedé sola. De pronto escuché la voz clara y grave del día anterior.
-Buenos días, Mina.-dijo el doctor Zafiro al tiempo que se sentaba en el lugar que había ocupado Reika.-Me alegra ver que te ves mejor, ¿descansaste?
-Mucho.-dije felizmente.-Muchas gracias.
-No te preocupes, para eso estamos.
-¿Ya desayunó?
-Ya.-dijo él.-Desayuno muy temprano. Quería recordarte personalmente tu primera terapia.
-Claro.-dije haciendo a un lado mi plato ya vacío.-Solo debo ir a lavar mis dientes y…
-Te acompaño.-dijo el doctor poniéndose de pie y ofreciéndome su brazo.
Lo tomé con algo de duda y caminamos juntos por los pasillos mientras sentía su mirada clavada en mí.
Reika.
Me encontraba escondida detrás de una columna cuando la vi pasar al lado de Zafiro. Aun no podía creer que precisamente ella estuviera aquí. Mina no me recordaba, no tenía idea de quién era yo y eso me hacía sentir terrible. Había huido cuando Seiya me lo pidió y no tenía idea de lo que había sucedido después. Sabía que mi padre se había enfurecido, eso lo sabía perfectamente y después… después me había enterado de su encarcelamiento gracias a las noticias. A pesar de que me sentía mal por él también me sentía tranquila y relajada. Tenía ya casi cuatro meses en este lugar y no deseaba salir, pero al tener a Mina tan cerca me volvía a sentir una mala persona y odiaba sentirme así. Tenía que hablar de ello con Zafiro en mi terapia del día y él sabría qué aconsejarme.
Yaten.
-Yaten.-dijo Andrew al entrar a mi oficina.
Iba acompañado de una joven de cabellos rojizos que sonreía abiertamente.
-Ella es Unazuki, mi hermana.-dijo orgulloso.-Es tu nueva asistente.
Me puse de pie y le ofrecí mi mano. Ella la aceptó nerviosamente mientras sus mejillas se ruborizaban.
-Gracias, Andrew, no sabes cómo te agradezco que me ayudaras en esto. Espero que sea tan competente como me dijiste.-sonreí.
-No se arrepentirá.-dijo ella.
-Tengo que retirarme.-intervino Andrew.-Hay unos asuntos que debo atender en la fiscalía, nos vemos más tarde. Por favor, cuida a mi hermana, Kou.-dijo Andrew dándole un abrazo a Unazuki.
-Vete sin cuidado.-respondí.
Andrew salió de la oficina y Unazuki me miró aún con las mejillas encendidas, parecía muy joven.
-¿Cuántos años tienes?-pregunté de pronto sin pensar.
-22, señor.
-Eres muy joven para ser asistente.
-He trabajado desde que era aún más joven.
-Solo espero que seas competente.-dije mientras regresaba al escritorio.-Puedes comenzar por organizar la papelería que tengo en aquella mesa, es importante que lo hagas por empresas y negocios. En aquél cuarto podrás encontrar lo que necesites y…
-Señor Kou.-dijo ella interrumpiéndome.-Solo quiero que sepa que… que yo… que lo admiro mucho.-sentenció.-Lo he admirado siempre.-sonrió al tiempo que enredaba un mechón de cabello en su dedo índice y las mejillas se encendían por segunda vez.
Me quedé confundido por sus palabras.
-Claro…-respondí.-Gracias, Unazuki, puedes trabajar ahora.
Durante el resto del día Unazuki se dedicó a ordenar papeles. La vi salir y entrar del cuarto con carpetas, broches, calcomanías y de más. En algunas ocasiones ella tiraba todo cuando se daba cuenta de que yo la observaba y se apresuraba a levantar todo de nuevo. La sorprendí varias veces espiándome y la regañé para que continuara con su trabajo. En algunas ocasiones me sonreía tras las pilas de papeles y me sentía extraño con sus miradas encima todo el tiempo. Tenía que enviarla a entregar recados en algunas ocasiones para no sentir su presión por algunos minutos, pero ella volvía rápidamente y sus ojos verdes me miraban cautelosamente de nuevo.
Al terminar la jornada salimos juntos de la oficina y nos dirigimos al exterior del edificio en donde Andrew no estaba. Como ya casi todos se habían retirado del edificio me ofrecí a llevarla a su casa. Durante todo el trayecto sentí perfectamente cómo no dejaba de mirarme y cuando yo me giraba para enfrentarla ella se volteaba rápidamente y fingía mirar por la ventana. Cuando ya faltaba muy poco para llegar a su casa me sentí sofocado.
-Unazuki.-dije rompiendo el silencio.-Debes dejar de mirarme tanto, me pones de nervios.
-Lo siento, señor Kou… yo… no me daba cuenta que lo hacía…
Me paré frente a su casa y la miré.
-Hemos llegado.-dije a modo de despedida.
-Gracias, señor Kou.-sonrió tímidamente.-Nos vemos mañana.
Al salir del auto me miró una última vez y entro a su casa. Tomé aire y regresé a casa. Solo deseaba dormir, dormir y dormir, olvidarme de todo por algunas horas y tratar de esquivar al tiempo, pero ella… Minako no salía de mi cabeza y mucho menos la idea de alejarme nuevamente de ella, y esta vez… para siempre. Una punzada en el pecho me taladró la cabeza ante la sola idea y me rendí ante los recuerdos.
