Mina.
Los primeros días fueron los más difíciles. Me levantaba muy temprano a desayunar, luego pasábamos a terapias grupales en las cuales todos compartían experiencias y problemas personales, luego nos daban algo de tiempo libre y para finalizar cada quien recibía sus terapias con el doctor Zafiro. Le conté todo a Zafiro. Cada detalle de mi vida desde que había abierto los ojos después del accidente. Le conté todos los problemas que había tenido al recuperar a las personas cercanas a mí, le conté sobre mi hermana, sobre Yaten… le dije que por más que lo intentaba no lograba sentir lo mismo que las demás personas sentían hacia mí y que eso me estaba matando. Duré horas platicando con él, encerrados en el consultorio y de pronto se convirtió en mi confidente. Zafiro me dijo que todavía no era conveniente la hipnosis hasta no conocer bien mi caso para saber cómo proceder.
Reika, la mujer que había conocido el primer día, ahora era mi amiga. Después de ese día se me acercaba y conforme el tiempo fue pasando nos hicimos amigas. Ella me platicó por qué estaba allí, a pesar de no tener ningún problema médico, pero ella deseaba reformarse de todas las cosas malas que había hecho y quería comenzar de nuevo. Era un poco reservada pero me caía bien y era mi única compañía además del doctor Zafiro. Cada día me sentía mejor y casi no pensaba en las personas que había dejado en Tokio, ya que no tenía tiempo por todo lo que tenía que hacer.
Salí de mi habitación esa tarde porque deseaba ir al jardín a leer un poco. Bajé por la escalera principal y saludé a un par de enfermeras que se encontraban subiendo al mismo tiempo que yo bajaba. Al salir al jardín encontré un sillón vacío y tomé el lugar. No me di cuenta de cuánto tiempo había pasado allí afuera hasta que de pronto vi una rosa frente a mis ojos que era sostenida por Zafiro. Él sonreía ampliamente mientras me ofrecía la rosa, la cual acepté tras unos instantes de duda.
-Gra…cias…-dije confundida pero contenta. Esbocé una ligera sonrisa y él se sentó a mi lado.
-Me hizo pensar en ti cuando la vi.-dijo mirándome a los ojos.-Se te ha hecho tarde para tu terapia.
-Pero…¿qué horas son?-dije confundida.
-Son más de las seis de la tarde.
-¡Perdón!-dije poniéndome de pie.-Lo siento… podemos ir ahora…
-Tranquila, Mina.-dijo Zafiro tomándome de la mano y obligándome a sentarme de nuevo.-Hoy tomaremos la terapia aquí afuera, ¿te parece?
Volví a sentarme y lo miré confundida.
-Dime algo, Mina.-dijo tras un largo silencio.-¿Cómo te sientes hoy?
-Me siento bien, supongo.
-¿Lo supones? Yo creo que es el día perfecto para hacer tu primera hipnosis.
-¿Tú… crees?-dije dudando de mi misma.
Zafiro asintió y colocó el sillón justo frente a mí y me pidió que me recostara en el mío.
-Quiero que te relajes totalmente, que no prestes atención a nada más que a mi voz y que cierres los ojos. Estamos prácticamente solos en el jardín, así que solo cierra los ojos.
Lo obedecí. Me recliné sobre el asiento y cerré los ojos.
-Concéntrate en mi voz, Mina, escucha solo el sonido de mi voz y del viento. Quiero que camines por un sendero verde, lleno de plantas, árboles, flores, siempre verde…camina lento, pausadamente, percibiendo cada olor, cada sabor, sintiendo el viento suave y fresco sobre tu piel… sigue adelante y ahora te internas más en el bosque conforme te sientes más cómoda y encuentras un lindo río que va a una velocidad constante. Te sientas en la orilla y tocas el agua helada con tus pies descalzos. La brisa despabila tu cuerpo y te concentras en el ruido que hace el río al chocar contra las rocas. Quédate allí, sentada, tranquila, observa el agua y ahora… ahora mira hacia el otro lado del río. Quiero que te concentres y te fijes muy bien en lo que ves. Tienes diez años, eres una niña y quiero que me digas qué es lo que ves del otro lado del río…
Me encontraba inmersa en aquella voz pasiva y suave que me guiaba a través de lo que parecía ser un sueño increíble. La voz me guiaba por ese bosque hermoso e irreal que solo podía existir en mi imaginación y sin embargo podía sentir los olores y las texturas, podía sentir el agua bajo mis pies y entonces miré hacia el otro lado del río, tal como la voz me había dicho. Vi mi reflejo en el agua y vi a una niña rubia con vestido azul cielo, ella me sonreía y me di cuenta de que era yo misma a los diez años. Escuché una voz que me llamaba a gritos y la vi. Vi a una niña un poco más pequeña que yo, tenía el cabello largo y violeta, unos ojos enormes y me saludaba con una enorme sonrisa en el rostro. De pronto me sentí feliz y la saludé también, detrás de esa pequeña niña había un hombre adulto que la tomaba por los hombros y también sonreía al mirarme. Vi a lo lejos que una mujer se acercaba a ellos, tardé en darme cuenta de que la mujer iba en una silla de ruedas. Me quedé perpleja. No comprendía por qué aquella mujer iba en silla de ruedas, pero aun así la sonrisa no se le borraba del rostro. "¡Ven, Mina! ¡Ven con nosotros!" gritó el hombre que sostenía a la pequeña. Algo me impulsó. Salté al río y nadé contra la corriente, nadé, nadé y nadé hasta alcanzar la orilla. El hombre me jaló fuertemente hasta tenerme en sus brazos y me abrazaba. Entonces la mujer llegó a nuestro lado y extendió su mano temblorosa hacia mí. Me acerqué a ella con temor, era una mujer sumamente bella y me di cuenta de que éramos muy parecidas. Cuando nuestras manos se tocaron lo comprendí todo. Esa mujer que me miraba con dulzura era mi madre, era mi madre y me amaba. El hombre que tenía a la niña pequeña era mi padre y la niña pequeña era Hotaru. Lo recordaba. De pronto todo cambió. Algo en el ambiente cambió repentinamente y el cielo despejado se llenó de nubes negras. Mi padre apenas podía sostenerse por sí solo y cayó al suelo colocándose las manos sobre el pecho, como si no soportara el dolor. Sus gritos inundaron todo el lugar y tapé mis oídos. Hotaru lloraba desesperadamente y mi madre solo lo miraba retorcerse.
No pude soportarlo más. Abrí los ojos desesperadamente mientras las lágrimas caían de mis ojos a borbotones. Tenía la respiración entrecortada y sentía que todo mi mundo se derrumbaba. Zafiro se acercó a mí con aspecto asustado y lo abracé sin pensarlo. Él me envolvió en sus brazos mientras trataba de calmarme.
-Tranquila, Mina, nada de eso fue real, ¿qué fue lo que sucedió si estabas tan tranquila? Dime… tranquila…-decía mientras acariciaba mi cabello.
-Zafiro… yo… vi a mis padres…-dije entre sollozos.
-¿A tus padres?-preguntó Zafiro extrañado.-¿Qué fue lo que sucedió que te hizo llorar?
-Lo puedo recordar.-dije de pronto separándome de él y limpiándome las lágrimas.-Puedo recordar a mis padres y a mi hermana, puedo… puedo recordarlo… mi padre… mi padre murió de un paro cardiaco y yo… yo lo vi, recuerdo el día en que murió y también recuerdo… recuerdo que mi madre tenía una enfermedad en las piernas ella no podía… no podía caminar… desde que recuerdo ella siempre estuvo en silla de ruedas y… y puedo recordarlo…
Fue entonces cuando a pesar de que seguía llorando dibujé una sonrisa en mi rostro. No podía creer que lograra recordar mi infancia en nuestra pequeña y humilde casa. Recordaba cómo siempre cuidaba a Hotaru y cómo mi padre jugaba con nosotras, pero él había muerto cuando yo tenía diez años, habíamos estado solas por demasiado tiempo y mi madre estaba en silla de ruedas.
-Mina…-dijo Zafiro.-Eso es algo muy… muy bueno. Siempre es bueno comenzar por la niñez, normalmente son recuerdos fáciles de encontrar y con esto… con esto podremos proseguir con más tranquilidad de ahora en adelante.
-¿Vamos a continuar?-dije emocionada.
-No. Por hoy ya fue suficiente para ti, no debemos exaltarte demasiado. Pero quiero que esta noche cuando vayas a tu habitación escribas todo lo que recuerdas ahora, escríbelo todo, absolutamente todo.
-Muchas gracias, Zafiro… ahora siento que tengo esperanzas.-sonreí.-No puedo creerlo…
-¿Por qué no salimos un rato?-dijo Zafiro poniéndose de pie.-Celebremos que estas progresando muy bien.
Zafiro y yo salimos de la clínica y me invitó a subirme a su auto. Recorrimos un gran camino hasta adentrarnos en el centro de la ciudad. Después de estacionarse caminamos un rato por las calles hasta encontrar el restaurante que Zafiro quería. Nos sentamos en una mesa junto a la enorme ventana y ordenamos un par de bebidas.
-Todavía no puedo creerlo, Zafiro, eres realmente bueno en esto. No puedo creer que de pronto… como si se tratara de una iluminación yo lograra recordar algo tan… especial para mí, ¿pero por qué no he podido recordar todo?
-Bueno, Mina, es un proceso bastante complicado. Hay personas que no logran recordar nada hasta muchas sesiones después, hay otras que lo recuerdan todo de un golpe, y hay otras, como tú, que recuerdan por partes. Tu golpe fue demasiado fuerte y tu cerebro está reparándose poco a poco. Cuéntame de lo que recordaste, quisiera saber más de ti…
-Bueno yo… mi familia… siempre fuimos muy pobres.-dije de pronto.- Solo recuerdo tener juguetes hechos por mi padre. Él era herrero y carpintero y en realidad nos alcanzaba para poco. Mi padre me contó cuando estuve un poco más grande, que mi madre tuvo un accidente cuando yo era muy pequeña, y ella jamás logró volver a caminar. Pero ellos se amaban demasiado, yo puedo recordar eso a la perfección… la forma en la que ellos se miraban… eso era amor.-sonreí.-Mi hermana, Hotaru, apenas tenía unos meses de nacida cuando sufrió el accidente. Yo la ayudé a cuidarla siempre porque ella batallaba mucho, pero entre las dos logramos sacarla adelante. Mi padre era un hombre muy trabajador, nos cuidaba y nos amaba mucho, pero ese día… ese día fue horrible. Fue tal como lo vi en la hipnosis… él… comenzó a retorcerse en el suelo y nosotras no podíamos hacer nada. Incluso recuerdo que mi madre, desesperada, saltó de la silla de ruedas y se arrastró hasta él. Pero fue demasiado tarde y él ya dejó de moverse.-dije dándole un trago a mi bebida.-A partir de entonces mis recuerdos se esfuman en el aire, apenas logro recordar que mi madre se la pasaba día y noche llorando, casi no nos hacía caso y yo… yo tenía que hacer comida, cuidar a Hotaru, tratar de cuidar a mi madre y… mis recuerdos se esfuman.
-Has tenido una vida muy difícil, Mina.-dijo Zafiro.-Pero no te preocupes que siempre llegan cosas buenas.
-No lo sé, Zafiro, no recordaré nada pero lo que sí sé es que antes del accidente todo estaba bien para mí, y ahora… ahora todo está mal otra vez.
-Dejemos de hablar de cosas tristes.-dijo de pronto poniéndose de pie y tomándome de la mano.-Vayamos a caminar para que conozcas un poco la ciudad.
Salimos del restaurante y caminamos entre el mar de gente que se encontraba en ese lugar. Los edificios eran muy bonitos y un poco diferentes a los de Tokio. La ciudad parecía más tranquila y las personas menos apresuradas. Caminamos durante un largo tiempo mientras charlábamos. Zafiro me contó sobre su vida mientras paseábamos bajo la luz mortecina. Zafiro me hacía reír y me mantenía alejada de malos pensamientos. Llegamos hasta el canal que cruzaba por el centro de la ciudad. Nos quedamos un buen rato viendo la gente pasearse en el canal.
-Quisiera algo de beber, iré a aquella tienda de la esquina, ¿quisieras algo?-dijo Zafiro.
-Solo agua, por favor.-sonreí.
Zafiro se alejó a pasos largos mientras que yo continué observando a la gente que paseaba por el canal. Había varios muchachos caminando muy cerca de donde yo me encontraba y entonces hubo algo que llamó mi atención.
-¡Armand!-gritó uno de los hombres.-Armand, ven aquí.
El hombre que respondía al nombre de Armand se acercó. Era un hombre alto, bien parecido y con cierto aire de altanería. Me le quedé mirando porque llamó mi atención su forma de ser, su personalidad altiva y distante. Lo seguí con la mirada y conforme avanzaba sentía que tenía que seguirlo y saber qué haría. De pronto, de tanto que me había acercado a la orilla, provoqué que un par de piedritas cayeran por la borda y cayeron justo frente a esos hombres. El único que miró hacia arriba fue el que se llamaba Armand y fijó su mirada en mí. Su mirada me puso nerviosa y él, segundos después de mirarme, cambió su semblante y pareció ponerse nervioso. Me miró durante un largo rato y yo sin poder apartar la mirada de él. La cabeza comenzó a dolerme fuertemente y tuve que sostenerme de la barda. Zafiro llegó a tiempo para sostenerme y me detuvo. Cuando volví a mirar, el hombre ya no estaba.
-¿Qué sucede, Mina?-preguntó Zafiro alarmado.
-Estoy…bien… tan solo me sentí un poco mareada, es todo.
-Será mejor que regresemos a la clínica.
Yaten.
Cuando miré por la ventana me di cuenta de que ya había anochecido. El tiempo se me pasaba volando en la oficina porque prefería pasarme el día entero trabajando. Regresé a los papeles que tenía en la mano y entonces la puerta se abrió bruscamente y vi a Unazuki entrar con unas bolsas en la mano.
-Yaten.-dijo mientras se acercaba a mi escritorio.
-Señor Kou, ¿cuántas veces te lo tengo que decir?
-Sí, sí… como digas, Yaten.-sonrió al tiempo que dejaba las bolsas en la mesa.
-Deberías de estar en tu casa, ¿no? Hace más de una hora que te pedí que te fueras ya.
Unazuki sacó un par de hamburguesas y refrescos de las bolsas.
-Bueno, sí…-dijo sonriendo maliciosamente.-Pero resulta que cuando iba caminando hacia la paradas del autobús me di cuenta de que no quería irme a mi casa sin saber si ibas a cenar, y como estoy segura de que planeabas quedarte aquí hasta muy tarde, no iba a permitir que te quedaras aquí sin comer.
-Qué inteligente, pero gracias.-dije tomando mi hamburguesa.
-¿Lo ves, Yaten? No sé qué harías sin mí.-rio.-Lo mejor que te pudo haber pasado fue contratarme.
-Te contrate porque aprecio a tu hermano y él me lo pidió.
-Sí, sí, pero ahora te das cuenta de que sin mí no podrías hacer nada.
-Yo solo incrementé la fortuna de mi padre en un 80% después de su muerte, niña, ¿crees que te necesito?
Rato después nos acabamos las hamburguesas y Unazuki limpió todo. El reloj marcaba las 10:30 y yo aún tenía algo de trabajo por hacer.
-Ya puedes irte.-dije cuando Unazuki regresó al escritorio.
-Pero…
-Ya, Unazuki, vete de una vez.
-Es tarde y…
-Llamaré a un taxi.-dije tomando el teléfono para marcar. –Ya viene para acá.
-Yaten…-dijo Unazuki acercándose.- ¿Por qué eres tan duro con las personas?
-Eso no te importa.
De pronto y sin pensarlo Unazuki se sentó sobre mi regazo y tomó mi rostro entre sus manos. Ella me miraba intensamente y yo no comprendía lo que estaba sucediendo.
-Por supuesto que me importa, Yaten, me importa porque tú… me gustas mucho… y no puedo resistirlo…
Acercó su rostro al mío y justo cuando estuvo a punto de besarme la agarré bruscamente y la obligué a ponerse de pie. Yo también me incorporé y comencé a juntar mis cosas.
-Que te quede claro algo, Unazuki. Tú eres una niña, estoy por cumplir 30 años y tú apenas tienes 22, eres una niña para mí. Segundo, no me gustas, eres una mujer muy bella pero no me gustas.
-¿Por qué no?-gritó Unazuki furiosa.-¿No soy tan bonita como tu esposa?
La miré con ira en los ojos.
-No te atrevas a decir nada de mi esposa.-dije seriamente.-Y en efecto, no eres tan bonita como ella… y yo… yo la amo y no le haría caso a nadie más, ¿me entiendes? A nadie.
-Ella tiene 25, Yaten, también es una niña.
-Pero ella… ella es madura, es centrada y sabe valorar las cosas, esa es la diferencia entre tú y ella.
Unazuki salió de la oficina golpeando la puerta. Yo recogí mis cosas para irme a la casa a terminar el trabajo. Me sentía muy enojado por aquella chiquilla que se creía muy inteligente. Sabía que yo le atraía pero jamás creí que intentara propasarse conmigo. Lo que más me había molestado era el hecho de que se había atrevido a nombrar a Minako. Ninguna mujer podía compararse con ella, no me importaba si Minako me quería o no, si estaba a mi lado o no, pero yo la amaba por sobre todas las cosas y por nada del mundo le haría caso a otra mujer antes que a ella. No había querido pensar en ella en todas esas semanas de su ausencia, pero ahora podía sentir que la extrañaba demasiado y que me seguía doliendo su indiferencia. No podía ir a buscarla porque Amy me lo había pedido, pero moría de ganas de verla y tenerla entre mis brazos. No tenía idea de cuándo podría volver a disfrutar de sus besos sin tener problemas, sin que ella lo impidiera. Me sentía fatal y anhelaba tenerla cerca.
Mina.
No lograba dormir. Por más que daba vueltas en la cama y que intentaba cerrar los ojos, el recuerdo de aquél hombre me atormentaba. Eran casi las dos de la mañana y yo no lograba sentirme tranquila. Los días siguientes fueron iguales o peores. Las sesiones con Zafiro no funcionaban, la hipnosis no había funcionado igual que la primera vez y yo me sentía cada vez más confundida. Casi no quería salir de la habitación a pesar de que Zafiro se portaba muy bien conmigo, me hacía compañía y todo lo posible por hacerme sentir mejor. Las semanas pasaban y yo seguía sin avanzar.
Un buen día decidí salirme sola de la clínica. No deseaba estar con nadie ni hablar con nadie, tan solo quería estar sola y aclarar mis pensamientos. Tomé un taxi hasta el centro de la ciudad y caminé sin rumbo fijo. Qué era lo que la mirada de ese hombre significaba, no podía descifrarlo y eso me volvía loca. Quería dejar de pensar en eso, quería poder recordarlo todo y regresar a casa. Quería que todo fuera como antes y no podía hacer nada para arreglar todos mis problemas. Me senté en una banquita junto al canal. Me sentía tranquila pero atemorizada. Tenía que saber por qué ese hombre me había mirado de esa manera, tenía que saber qué era lo que significaba y ya no soportaba aquella situación. Extrañaba a mis amigos… incluso extrañaba a Hotaru, tenía que decirle que la recordaba y que la amaba…
En la banca de enseguida había una pareja de novios. Ellos lucían muy felices mientras reían y de pronto el hombre se puso de rodillas frente a ella y sacó una cajita de su bolsillo. No podía dejar de mirar la escena y ella comenzaba a llorar mientras observaba a su novio. Él pronunciaba algunas palabras que yo no lograba distinguir y ella asentía con la cabeza al tiempo que se lanzaba a sus brazos.
De pronto sentí que me mareaba y miles de imágenes venían a mi cabeza atropelladamente. Lo primero que vi fue a Yaten frente a mí, de rodillas, igual que el hombre del canal. Él se encontraba frente a mí con un anillo hermoso entre sus dedos y me lo ofrecía. Yo lucía confundida y temerosa, pero le decía que sí. Yaten lucía feliz, sonreía abiertamente y me abrazaba con fuerza. Yo dejaba que me abrazara y entonces comencé a llorar. Sentí un dolor fuerte en el estómago y sentí que deseaba vomitar. Logré caminar unos cuantos pasos hasta un bote de basura en el que vomité al tiempo que una imagen de Yaten y mía firmando los papeles de nuestro matrimonio venía a mi cabeza. Luego… luego apareció Armand. El mismo hombre de semanas antes. Aparecía él en mis pensamientos y aparecía su chantaje, sus engaños, recordé a Yaten molesto, molesto como nunca lo había visto, y todo fue interponiéndose en mi cabeza poco a poco. La vista se me nubló y no recuerdo cuando me desmayé.
Al abrir los ojos tardé un poco en acostumbrarme a la luz. El dolor me taladraba la cabeza y una enfermera se acercó a mí y me inyectaba algo. Todos los recuerdos vinieron a mi cabeza poco a poco. Todos y cada uno de ellos me atormentaron. Recordé lo que le había pasado a mi hermana, el centro de rehabilitación, recordé lo que Armand me había hecho, recordé cada minuto de mi relación con Yaten. Recordé cómo lo había conocido, cómo se había enamorado de mí y cómo yo lo había rechazado, recordé cuando nos casamos, cuando Yaten pensó que lo engañaba con Armand, recordé cuando se fue y me dejó en Tokio, recordé cuando volvimos a encontrarnos tres años después en el table dance, recordé a Artemis, Rubeus, Andrew, Seiya… recordé las noches que pasaba con Yaten… recordé todo lo que me hacía sentir, recordé sus besos, sus caricias… recordé sus tiernas miradas y me estremecí de pies a cabeza. Recordé lo mucho que se me había dificultado enamorarme de él pero también recordé que una vez que me enamoré de él fue como si hubiera tocado el cielo. Recordé el accidente, lo recordé todo… incluso recordé a Reika Nishimura. No me había dado cuenta de que estaba llorando. Lloraba de alivio, de dolor, de tristeza y de felicidad. No podía quitarme de la cabeza a Yaten y todo lo que habíamos sufrido juntos. No podía creer todo lo que lo había hecho sufrir durante los últimos meses, yo lo había rechazado múltiples veces y pude imaginarme lo mucho que había sufrido sin mí. Yo misma estaba sufriendo en este momento todo lo que no había sufrido hasta ahora. Lo había alejado de mí y ahora… quizá ahora lo había perdido para siempre… no podía apartarlo de mi cabeza. Sentía cómo cada poro de piel lo recordaba y lo extrañaba. No podía dejar de pensar en todo lo que habíamos vivido juntos y en lo mucho que habíamos luchado por estar juntos. Todas las noches juntos… los besos… las caricias… recordé sus manos sobre mi piel y su cuerpo sobre el mío… Yaten… lo necesitaba… lo necesitaba desesperadamente.
-¿Mina?-escuché la voz de Zafiro al entrar en la habitación. Él me miró con preocupación y se sentó en el borde de la cama.- ¿Mina… te encuentras bien?
Lo miré con los ojos llenos de lágrimas y no quise responder. Pasó algo de tiempo hasta que se dio cuenta de que no hablaría y dejó que la enfermera me atendiera hasta que varias horas después me dejaron salir del hospital. No hablé durante todo el trayecto del hospital a la clínica. Zafiro trataba de hablar conmigo y yo solo podía pensar en Yaten. Había entrado en depresión instantánea y no podía evitar sentirme fatal. Zafiro me acompañó hasta mi habitación y cuando llegamos a la puerta me miró una vez más.
-Por favor, Mina, dime qué te sucedió, ¿por qué te encontraron en la calle?-dijo tomando mis manos.
Lo miré antes de responder.
-Lo recuerdo.-dije sin dejar de mirarlo.-Lo recuerdo todo.
Zafiro abrió los ojos como platos.
-¿Pero… cómo…?
-Déjame sola.-dije tras darme la vuelta y encerrarme.
No logré dormir en toda la noche. Muchas veces estuve tentada de llamarle a Yaten, pero no me atrevía. Cada minuto que pasaba pensando en él me sumergía en llanto y en tristeza. Anhelaba sentir sus brazos desesperadamente.
A la mañana siguiente me metí al baño muy temprano. Alisté todas mis cosas en las maletas y escuché que alguien golpeaba mi puerta. Me acerqué a ella y al abrirle encontré a Zafiro preocupado mirándome. Lo dejé entrar y me dirigí a la cama donde me encontraba acomodando todo en las maletas.
-¿Qué sucede?-preguntó Zafiro mirando las maletas.
-Me voy.-dije tratando de parecer relajada.-Tengo que regresar
-¿Me dirás qué es lo que sucede? Ayer estabas… realmente mal.
Lo miré severamente y luego continué con mi trabajo.
-Lo recordé todo.-dije de pronto.-Tengo que regresar.
Zafiro se acercó a mí y me obligó a mirarlo. Me tomó por los hombros y me miró por un largo rato a los ojos.
-Mina… ¿cómo puede ser que hayas recordado todo…? No… no puedes irte…
-¿Por qué no?-pregunté sin preocupación.-Tengo que irme.
-No.-dijo apretando más fuerte.-No puedo dejarte. Yo… te… quiero…
Lo miré perpleja y lo obligué a soltarme.
-Zafiro…-dije al cabo de un tiempo.-Lamento que te sientas así pero… pero he recordado todo y yo… yo amo a mi esposo.-dije mirándolo a los ojos.-Tengo que regresar a decírselo, tengo que regresar a impedir que esto termine para siempre.
Después de un rato de un silencio largo y sepulcral, Zafiro me dejó sola en aquella habitación sin decir nada. Después de terminar mis maletas le pedí a un par de enfermeros que me ayudaran a llevarlas al taxi. Pagué lo que tenía que pagar, me despedí de ellos y subí al taxi. Llegué al aeropuerto desesperada, solo quería irme de allí cuanto antes y llegar a donde estaba Yaten y abrazarlo.
Las horas pasaron rápidamente. Al bajarme del avión supe que estaba en casa. Sabía que Yaten no estaría en casa todavía y le pedí al taxista que me llevara a la oficina central. Cuando llegué al enorme edificio le pedí al taxista que esperara. Cuando entré al edificio todos me miraban extrañados y sorprendidos al mismo tiempo. Yo tenía una sonrisa en el rostro y caminé por los pasillos despreocupada. Lo único que deseaba era llegar a su oficina y mirarlo nuevamente. Antes de entrar a su oficina dudé unos instantes y luego abrí la puerta un poco, pero de pronto vi dos siluetas y me detuve al instante para escuchar un poco. Una de las siluetas era de mujer y distinguí a Yaten entre las sombras. Era una mujer bella y joven y abrazaba a Yaten por la espalda.
-Yaten…-dijo al tiempo que lo abrazaba.-Por favor… deja de rechazarme…
La vi besarlo en la mejilla y sentí cómo la sangre me ardía. Esa chica estaba demasiado cerca de Yaten y yo había abierto la puerta de par en par. Tenía el cabello rojizo y parecía no querer soltar a Yaten. Apreté los puños con fuerza y sentí cómo toda la sangre se me iba a la cabeza, sentía la ira apoderándose de mí y sin darme cuenta tiré la botella de agua que tenía entre las manos. Ambos se giraron al mismo tiempo y cuando Yaten me vio abrió los ojos como platos mientras que la chica se alejaba de él sin saber qué hacer. Me di la vuelta y caminé lo más rápido que pude. Bajé las escaleras rápidamente sin detenerme y supe que me seguía. Al llegar al primer piso llegué hasta la salida y me subí al taxi. Lo último que vi fue a Yaten persiguiendo el auto.
Varios minutos después, los cuales me parecieron eternos, llegué a casa. Una de las empleadas me abrió la puerta y le ordené que le ayudara al taxista a bajar mi equipaje. Subí hasta mi habitación y dejé que las lágrimas resbalaran por mis mejillas. No podía creer que después de todo sí hubiera perdido a Yaten. No lo culpaba, después de todo yo me había portado muy mal con él y no lo trataba bien…
Minutos después escuché su voz. Yaten había pronunciado mi nombre y se encontraba en la puerta de mi habitación. Me miraba sin moverse, sin respirar.
-¿Qué haces aquí?-dijo entonces sin comprenderlo.
-¿Quién es esa mujer?-pregunté con el miedo en la garganta que me consumía lentamente.
-Ella es… Minako… ¿qué es lo que sucede? ¿Por qué de pronto vienes, apareces de la nada y luego…. Y luego te enojas como si…?
-Yaten…-dije interrumpiéndolo.-Tú no comprendes nada.-le di la espalda.
De pronto sentí sus manos en mis hombros y me obligaba a girarme para mirarlo. Él clavaba sus ojos verdes en los míos y me exigía una respuesta. Yo no me atrevía a decir nada y fue entonces cuando me sentí tranquila. Al fin lo tenía cerca de mí… al fin…
Sin decir nada más lo abracé fuertemente y dejé que mis lágrimas empaparan su camisa. Él no sabía qué hacer o qué decirme y yo solo seguía llorando sin decir palabra.
-Lo recuerdo todo.-confesé entre sollozos.
Sentí que los segundos se hacían eternos y ni siquiera me di cuenta cuando los brazos de Yaten me envolvían. Él me obligó a mirarlo y en sus ojos vi dolor, desesperación, tristeza… conforme su mirada se perdía en la mía todos esos sentimientos desaparecían y él esbozaba una tierna sonrisa. Me elevaba en el aire y me estrellaba contra la pared, aprisionándome con sus brazos. Me encontraba presa entre sus brazos y su aliento que golpeaba mi rostro y que no podía dejar de mirarme como si no creyera en mis palabras.
-Yaten Kou.-dije sin pensarlo.-Lo recuerdo todo y te amo… te amo con todo mi ser y te necesito… te necesito como jamás he necesitado a nadie… a nadie…
Pude percibir cómo sus ojos se empañaban pero sin dejar que las lágrimas salieran. Me miró intensamente tratando de encontrar en mis ojos la verdad. De pronto sentí sus labios humedeciendo los míos. Me besó como jamás lo había hecho y yo sentí cómo cada parte de mi cuerpo vibraba. Hacía tanto tiempo… tanto tiempo que no sentía toda esa pasión dentro de mí que ya no recordaba lo que era sentir el beso de alguien. Me aferré a él con desesperación y hundí mis dedos en su cabellera. Nuestras respiraciones se mezclaban y sentía el deseo incrementarse dentro de mí. Yaten se resistía a soltarme y yo tampoco lo hubiera deseado. Me separé de él unos segundos para tomar aire y vi sus ojos brillosos al tiempo que un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas. Tomé su rostro con mis manos delicadamente.
-Hazme el amor.-le dije susurrando contra sus labios.
Sin pensarlo, Yaten me tomó de la cintura mientras se desabrochaba el pantalón. Lo ayudé a quitarse el cinturón y cuando estuvo libre, con una mano me levanto el vestido y acarició mi entrepierna. Con la otra mano me alzo al tiempo que se introducía en mí con delicadeza. Sentí cómo su miembro se adentraba en mí y un dolor sutil subía por mi vientre hasta mi estómago. Yaten me besó al tiempo que me penetraba con firmeza. Yo me aferré a él mientras dejaba que me embistiera con fuerza. La pared detrás de mí estaba helada, pero no me importaba. Nada importaba comparado con la felicidad que se acumulaba dentro de mí. Sentí las manos de Yaten sobre mis pechos y su boca sobre la mía. Cada vez la velocidad aumentaba y sentía el placer crecer dentro de mí. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que explotara. Yaten me sostuvo fuertemente al tiempo que los dos llegábamos al clímax.
Yaten me llevó hasta la cama donde nos tumbamos el uno junto al otro mientras respirábamos entrecortadamente. Sentí su mirada sobre mí y lo miré también. Él sonreía como incrédulo y me giré sobre la cama para llegar hasta él. Yaten se colocó sobre mí mientras me acariciaba el rostro y me besaba en la comisura de los labios. Apartó mis cabellos del rostro y volvió a besarme pero esta vez en la mejilla.
-No tienes idea de todo lo que te he extrañado, Minako.-me dijo entre susurros.-Todo lo que te he necesitado… ha sido… ha sido muy difícil para mí no poder tenerte cerca, no poder tocarte… creí… creí que jamás iba a recuperarte. Te he perdido tantas veces que no iba a soportarlo una vez más.-dijo Yaten con los ojos llenos de tristeza.-No me dejes otra vez, no lo hagas, por favor.
-Perdóname.-respondí sintiendo las lágrimas acumularse en mis ojos.-Olvidé todo, lo olvidé y no podía hacer nada… pero ya no más. Ahora recuerdo cada detalle de mi vida, cada minuto a tu lado y lamento haberme portado tan mal contigo en estos últimos meses. Creí… creí que iba a perderte gracias a mi problema y lo único que quiero es poder tenerte entre mis brazos. No quiero volver a olvidarte jamás, Yaten, no quiero separarme de ti tampoco. Lamento…-no podía hablar muy bien.-Lamento haber perdido a nuestro hijo… lamento todo…
Yaten me besó tiernamente en los labios.
-Eso fue un accidente, Minako, y yo te quiero igual, no importa lo que haya pasado. Tienes que comprender que te amo, que te amo como nunca amé y como nunca amaré a nadie. Tú eres el amor de mi vida, eres mi esposa, mi mujer… y tendremos tiempo suficiente para estar juntos y para tener todos los hijos que nos de la naturaleza. Quiero estar contigo siempre, quiero dormir a tu lado todas las noches, sentir tu cuerpo junto al mío para poder hacerte el amor cada vez que se me antoje. No sabes lo infeliz que he sido sin ti, lo mucho que te he necesitado a mi lado en estos tiempos difíciles y no puedes ni imaginar cómo te extrañaba.
-Y yo no puedo creer todo lo que te hice falta, y jamás dejaré de sentirme mal por ello. Pero abrázame… abrázame muy fuerte, por favor. Solo quiero estar contigo, con nadie más.
Yaten me aprisionó con sus brazos y yo me apreté contra él. Poco a poco las lágrimas cesaron y me sentía más tranquila. Me sentía feliz, contenta, aliviada de estar a su lado. No quería separarme de él ni un instante. Entonces sentí su mano deslizarse por mi vientre hasta mi entrepierna. Comenzó a acariciarme con suavidad mientras no dejaba de mirarme a los ojos. Enredé mis manos en su cuello y dejé que jugara conmigo. Dejé que me levantara el vestido y sentí sus suaves dedos juguetear conmigo mientras la humedad se hacía cargo de mi cuerpo. Yaten me quitó el vestido y yo lo ayudé a quitarse la camisa. Se quitó el pantalón y pude ver su cuerpo, brillante y glorioso frente a mí. Tenía tanto tiempo sin ver su cuerpo, sin recordar cuánto me gustaba su pecho, sus enormes brazos… me hinqué sobre la cama y acaricié sus pectorales con delicadeza. Me dediqué a besarlo en el cuello, luego en los hombros hasta llegar su pecho. Mis senos se golpeaban contra su cuerpo y pude sentir su miembro endurecerse contra mí. Lo tomé entre mis manos y con movimientos suaves lo acaricie. Yaten me obligó a recostarme y me obligó a separar mis piernas. Me miró durante unos segundos y luego se agachó para poder juguetear con su lengua. Sentí cómo el placer viajaba por todo mi cuerpo al sentir la lengua de Yaten en mi entrepierna. Él me miraba intensamente mientras yo no podía evitar emitir gemidos a su tacto.
-Por… favor…-logré decir entre gemidos.
Entonces Yaten se colocó de rodillas y con cuidado se introdujo en mí. Tomó una de mis piernas y la elevó en el aire para poder penetrarme. Comenzó con movimientos lentos y pausados para luego aumentar la velocidad sin dejar de mirarme a los ojos. Con cada embestida sentía que me acercaba más al cielo. Después de tanto tiempo de no sentir el placer sentía que no podía existir nada mejor en el mundo que Yaten y su cuerpo. Podía percibir el deseo de Yaten en sus ojos, él me recorría el cuerpo con la mirada y de vez en cuando me tocaba los senos, jugueteaba con mi clítoris… yo jamás me había entregado a otro hombre. Yaten había sido el primero y en ese momento me di cuenta de que sería el único y que jamás podría dejar que otro hombre me tocara. Nadie podría tocarme como él, nadie me conocía mejor y nadie me amaba tanto como Yaten. Él se detuvo unos instantes y se separó de mí. Yo me incorporé con lentitud y luego lo obligué a recostarse para luego acomodarme sobre él mientras introducía su miembro dentro de mí con cuidado. Una vez que me acomodé comencé a moverme de arriba hacia abajo, luego hacia los lados… Yaten me sostenía firmemente de la cintura y podía ver sus ojos llenos de placer y excitación. Yo cada vez me sentía más excitada, más ardiente. Cada vez necesitaba más y me movía más rápido. Mi sudor se mezclaba con el de Yaten y nuestras respiraciones también. Yaten se había reclinado sobre sus codos y ahora se movía junto conmigo a una velocidad impresionante. Parecíamos querer terminar juntos, y me besó al tiempo que de un solo movimiento sentía que había terminado dentro de mí y yo sentía que todo mi cuerpo se paralizaba y vibraba al mismo tiempo. Sentí una relajación instantánea y abracé a Yaten con fuerza.
-Eres… la única mujer que me… excita tanto y… a la única que deseo con tanta potencia.-dijo Yaten en mi oído.-Eres… hermosa…-dijo jadeando.
-Dime que me amas.-respondí aun abrazándolo.
-Te amo. Te amo con todo mi corazón.-sentí cómo me apretaba más contra sí.-Te amo más de lo que cualquier hombre podría amar a una mujer.
Lo besé múltiples veces en el rostro y luego en los labios.
-Y yo a ti, mi amor… con toda mi alma.
No nos cansamos. Hicimos el amor durante toda la noche. Nuestro deseo no cesaba nunca y es que después de más de un año de no estar juntos, de no tocarnos… nuestros cuerpos lo exigían. Ni él ni yo nos cansábamos de besarnos y acariciarnos. No dormimos en toda la noche por estar platicando y por estar haciendo el amor. Me sentía tan feliz que no quería que la noche se acabara nunca. No deseaba separarme de Yaten nunca más, ni un minuto…
Yaten.
Minako se encontraba durmiendo cuando me levanté de la cama. Habíamos hecho el amor durante toda la noche, habíamos platicado toda la noche sin cerrar los ojos ni un instante. Eran casi las dos de la tarde y ella apenas acababa de quedarse dormida después de una larga velada y una mañana casi perfecta. Yo no quería irme ni dejarla sola, pero tenía que ir a la oficina a resolver unos asuntos. Le cubrí con las sábanas y me fui a bañar. Antes de salir de la casa le pedí a la servidumbre que se encargaran de atender muy bien a Minako cuando despertara.
Me sentía realmente bien. Me sentía diferente y sentía que podía lograr cualquier cosa con tan solo el hecho de saber que Minako era mía otra vez y que esta vez nada podía separarme de ella. Subí hasta mi oficina en donde encontré a Unazuki escribiendo en la computadora. Ella alzó la vista y al verme se puso de pie inmediatamente y yo pasé hasta mi escritorio.
-Yaten…-dijo mientras se acercaba.-Quiero pedirte una disculpa y…
-Escucha, Unazuki.-respondí tranquilamente.-No tienes por qué pedirme disculpas. Estuvo mal lo que hiciste sí, porque muchas veces te dije que yo no tenía ninguna intención contigo, te lo dije muchas veces y también sabías que a pesar de mis problemas con mi esposa, yo la amo. Quiero informarte que las cosas están mejor que nunca entre mi esposa y yo.-sonreí.-Y como no quiero tener problemas ni con ella, ni contigo y mucho menos con tu hermano, ahora trabajarás en la recepción. Ahí estarás mejor, y tu sueldo será el mismo, no te preocupes. Incluso tendrás más tiempo libre.
-Comprendo.-dijo ella agachando la mirada.-No era mi intención…
-Ya, descuida.-la interrumpí.-No tengo ningún resentimiento, es solo para que no existen futuros problemas y es mejor que tú y yo tengamos cierta distancia.
Unazuki estuvo a punto de abrir la boca cuando vi a Taiki entrar a mi oficina. Se detuvo unos instantes y luego continuó caminando.
-Puedes retirarte, Unazuki, tus compañeras ya están avisadas y te están esperando.
Unazuki tomó sus cosas sin decir nada más y salió de la oficina. Taiki miró la escena extrañado.
-¿Qué sucedió?-preguntó con ironía.- ¿Al fin te diste cuenta de que tener a esa muchachita cerca es peligroso?-rio.
-No.-dije sonriendo.-Me di cuenta de que amo a Minako y que no quiero volver a perderla por nada del mundo.
Taiki se quedó callado unos segundos y luego me miró sin comprender nada.
-¿Y a qué viene eso?-dijo sorprendido.-Hace semanas asegurabas que no ibas a soportar esta situación más.
Esbocé una sonrisa de oreja a oreja sin poder evitarlo.
-Yaten…-dijo confundido.-¿Ha sucedido algo de lo que no esté enterado?
-Ella regresó.-confesé sin poder ocultarlo más.
-¿A qué te refieres?
-A que regresó, Taiki, ella regresó y lo recuerda todo, ¡lo recuerda todo!-dije elevando la voz.
Me acerqué a él y lo abracé sin pensarlo.
-Pero… ¿cómo?-respondió sin poder creerlo.- ¿De verdad? ¿Lo recuerda todo, todo?
-¡Sí! Minako ha recobrado la memoria, ayer regresó y nosotros… yo soy muy feliz, Taiki, no puedo siquiera describirte lo feliz que me siento. No sabes lo increíble que fue tenerla de nuevo en mis brazos y escuchar de su propia boca que me ama.
-¡Qué increíble!-Taiki sonrió ampliamente y me devolvió el abrazo.-Me siento muy feliz por ti, hermano, tenía miedo de que pudieras cometer una tontería o de que te quedaras hundido en la depresión para siempre.
-Pero ella me salvó. Volvió a mí y también me ama. ¡Me ama!
-Tenemos que contarle a Amy, y a Seiya, ¡y a Serena!, ¡a Hotaru y Andrew! Todos deben saberlo.
-Vayamos al penthouse a ver a Seiya, y esta misma noche planeemos una cena en mi casa para que todos se enteren de una vez.
Taiki y yo salimos de la oficina y nos dirigimos al estacionamiento.
Mina.
Cuando abrí los ojos eran casi las cinco de la tarde. Apenas había logrado dormir unas pocas horas. Yaten no se encontraba a mi lado y el corazón me latió rápidamente. Me incorporé con lentitud y encontré una notita sobre la almohada.
"Hola, amor, tuve que ir a la oficina pero te veo por la noche. Les diré a todos que has vuelto para que podamos contarles lo que sucedió. Te amo."
Sonreí al leer la notita y me metí al baño. Tenía muchas ganas de ver a Hotaru y abrazarla. Cuando estuve lista le pedí a uno de los choferes que me llevara a casa de Andrew en donde supuse que ella estaría. La distancia era larga pero al no haber tanto tráfico pudimos llegar más pronto. Me sentía nerviosa pero al mismo tiempo feliz. Toqué la puerta un par de veces y pasaron varios minutos antes de que me abrieran la puerta. Vi a Hotaru cuando abrió la puerta y al verme sonrió. Me lancé sobre ella y la abracé fuertemente mientras la besaba en la mejilla.
-Pero… Mina…-dijo entre risas.-¿Qué es lo que sucede…?
-Hotaru… discúlpame, por favor. Perdóname por todo.-dije sin soltarla.
-¿Perdonarte por qué? No me has hecho nada…
-Te dejé sola demasiado tiempo… pero ahora lo recuerdo todo. ¡Lo recuerdo todo!
-¿Es… enserio?-preguntó mientras me miraba a los ojos.-Mina… ¡eso es genial!-gritó.- ¡He recuperado a mi hermana! ¡al fin!
Nos abrazamos un largo rato más y luego nos fuimos a la sala.
-No puedo creer todo el tiempo que hemos estado separadas.
-Hay, Mina… lo importante es que has regresado, que ya lo recuerdas todo y que ahora nuestras vidas pueden continuar tranquilamente. Tenía mucho miedo de no recuperarte pero eso ya no importa. Ahora mi felicidad está completa, primero contigo y ahora con Andrew…
-Desde que sucedió el accidente no había tenido oportunidad de hablar contigo… ni siquiera tenía idea de que tú y Andrew…
-Es una larga historia.-respondió avergonzada.-Yo me enamoré de Andrew cuando lo conocí. Siempre discutíamos y yo estaba enojada porque él te quería a ti y no a mí… cuando ustedes desaparecieron Andrew me ayudó mucho, pero era tanta su desesperación por ti que comencé a sentirme muy mal a su lado y entonces me fui. Incluso yo… tuve una recaída…-dijo agachando la mirada.-Me fue muy mal… me sentí asquerosa, me sentí débil y tonta, pero Andrew me ayudó nuevamente. Y a partir de entonces él y yo nos acercamos hasta que Andrew me confesó que también estaba enamorado de mí. Nos casamos y pues ahora… ahora estamos muy felices. Él me trata muy bien, es bueno conmigo, me consciente, me ama… y yo no podría sentirme más feliz. Él era todo lo que yo quería en la vida.-sonrió.
-Me da mucho gusto por ustedes dos.-respondí.-Me da gusto que Andrew te haya ayudado y que ahora esté contigo y siempre estaré agradecida con él.
-¿Qué hay de Yaten y tú…? Yaten ha estado destrozado por todo esto…
-Ya no más.-sonreí.-En cuanto me recuperé decidí regresar para decirle que lo amaba. Tenía mucho miedo de perderlo pero no fue así. Yaten siempre me ha querido a pesar de todos nuestros problemas y jamás se atrevería a dejarme incluso aunque yo no lo amara. Pero ayer… fuimos tan felices y de verdad que me siento tan enamorada de él como nunca. No sabes lo mal que me sentí cuando recordé todo y me di cuenta de que lo había dañado demasiado. Siento que esta vez… que esta vez podemos ser realmente felices.
-¡Por supuesto que sí! Ya no hay nada ni nadie que los separe, ni personas, ni problemas, ni mentiras, ni un pasado rencoroso… nada.-sentenció Hotaru.
-Alístate para poder ir a la casa. Yaten tiene pensado hacer una cena para decirles a todo que he regresado. Llámale a Andrew y dile que nos encuentre allá.
Yaten.
Taiki y yo llegamos al penthouse. Serena no estaba y entramos hasta la habitación de Seiya. Cuando entramos no había nadie en la cama y de pronto vimos a Seiya salir del baño. Al mirarnos esbozó una sonrisa y nos saludó.
-Seiya.-dije sorprendido al verlo de pie.-No tenía idea de que ya pudieras levantarte de la cama.
-Sí.-dijo sentándose en la orilla.-Desde hace un par de días que me he sentido mucho mejor y he estado caminando dentro de la casa. Serena me ha ayudado bastante pero ya estoy cansado de estar en la cama y ya quiero salir de aquí y trabajar. He tenido tiempo suficiente para sanar mis heridas… mi madre y mis heridas físicas.
-Me alegra escuchar eso.-dije recargándome en el escritorio.-Pero tampoco debes apresurarte porque no me gustaría verte enfermo de nuevo.
-Descuida.-respondió.-Amy vino el otro día a revisarme y me aseguró que mientras no corra ni cargue cosas pesadas no tendré ningún problema. Por eso he estado caminando porque ella me lo recomendó, además me dijo que mis heridas ya cicatrizaron así que no corro riesgo. ¿Podré presentarme a trabajar mañana?
Sonreí.
-Nada me daría más gusto.
-Te ves demasiado alegre el día de hoy, hermano, ¿qué es lo que sucede?
-¿Todos se sorprenden de verme feliz?
-No es por nada, Yaten, pero en los últimos meses has estado de un humor…-intervino Taiki.-Pero te comprendo.
-Eso se ha acabado, es por eso que venimos a verte, Seiya, será mejor que te cambies porque todos iremos a cenar a la casa.
-¿A qué se debe el festejo?
-Minako regresó.
-Me alegra, pero…
No pude evitar dibujar una sonrisa de oreja a oreja.
-No me digas que…
-Sí.
-¡Pero qué bien!-dijo poniéndose de pie.-Me alegro mucho por ambos.
-Anoche… anoche fue genial. La pasamos como nunca. Creo que algo sirvió el hecho de que tuviéramos más de un año separados…-reí.
Taiki y Seiya se rieron conmigo.
-Entonces me cambiaré y enseguida estoy con ustedes.
Taiki y yo esperamos a Seiya en la cocina mientras bebíamos algo y rato después salió de su habitación. Nos subimos a mi auto y nos dirigimos a la casa. Cuando llegamos, las chicas ya estaban ahí, también Andrew, Artemis y Rubeus. Le pedí a la servidumbre que arreglaran la mesa y sirvieran la cena.
-Hola, mi amor.-dijo Minako al tiempo que enredaba sus brazos en mi cuello y me daba un beso en los labios.-Te extrañé.
-Y yo más…-dije dándole un beso en la mejilla.
De pronto sentimos las miradas de todos sobre nosotros y cuando nos giramos, ellos sonreían.
-Lo siento.-dijo Minako reprimiendo una sonrisa.
-Ahora que estamos todos reunidos, supongo que Minako ya les ha dicho todo. Quería que estuviéramos todos juntos para decirles lo bien que me siento y que espero que pronto todos estemos trabajando en conjunto y quiero que todos seamos una familia. Ahora pasemos todos al comedor para poder cenar.
El comedor de invitados ya estaba preparado. Todos cupimos perfectamente en la mesa y comenzamos a cenar mientras cada quien iniciaba una conversación. Justo cuando ya nos habían servido el postre, Taiki se puso de pie.
-Quiero aprovechar que estamos todos reunidos para decirles algo muy importante.-dijo tomando la mano de Amy y mostrándonos un anillo brillante y hermoso.-Amy y yo nos hemos comprometido y vamos a casarnos.-confesó orgullosamente.
Todos nos pusimos de pie y aplaudimos mientras sonreíamos y nos sentíamos felices. Todo parecía ser perfecto y Amy y Taiki se dieron un gran abrazo.
-Quiero que ustedes sean mis damas de honor.-dijo Amy mirando a Minako, Serena y Hotaru.
-En ese caso…-dijo Seiya elevando la voz.-Nosotros también tenemos una noticia que darles.
Todos los miramos sorprendidos.
-No me digas que también le propusiste matrimonio a Serena.-dijo Taiki.
-No.-dijo.-Bueno, en realidad sí se lo pedí.-sonrió.-También vamos a casarnos, pero esa no es la mejor parte.
Serena se sonrojó y le tomó la mano a Seiya.
-Serena está embarazada.
-¡Serena!-dijo Amy dando un brinco.- ¡Pero qué felicidad!
-Ya casi tengo cuatro meses.-confesó sin soltar a Seiya.-Con todos los problemas ni siquiera me había dado cuenta…
-¡Podríamos hacer una boda doble!-dijo Amy emocionada.
-Eso sería interesante.-intervino Taiki.-No tengo problemas.
Todos los felicitamos y luego nos fuimos a la sala para poder seguir platicando. Minako estaba a mi lado y me di cuenta de que todos sus músculos se habían tensado y que estaba muy seria. La detuve para poder hablar un momento lejos de los demás.
-¿Qué es lo que sucede, amor?-le pregunté acariciándole la mejilla.
-No es nada…-respondió agachando la mirada.-Es solo que… aun no me recupero del impacto que fue saber que estaba esperando un hijo y… y pues la noticia de Serena embarazada me turbó un poco, pero estoy bien.
La abracé tiernamente y le di un beso en la mejilla.
-No te pongas así.-le dije al oído.-Yo te quiero a pesar de todo, me siento muy mal de haber perdido un hijo pero… aún tenemos mucho tiempo para esperar a otro, ¿no crees?
-¿Y si no puedo concebir más…?
-Si eso sucediera… a mí no me importa adoptar, ¿y a ti?-sonreí.-Yo te voy a querer con o sin hijos, siempre te voy a querer igual, ¿me entiendes?
Minako me volvió a abrazar fuertemente mientras se limpiaba las lágrimas.
-Entonces regresemos con los demás.-dijo tomando mi mano.
Mina.
Ya era tarde cuando todos comenzaron a irse. Serena y Seiya ya se habían despedido al igual que Andrew y Hotaru. Taiki y Yaten se separaron para hablar un momento a solas y yo aproveché para hablar con Amy.
-Amy, necesito que me hagas un enorme favor.-dije algo nerviosa temiendo que regresaran.
-¿Qué sucede? Luces agitada.
-Me gustaría que me hicieras una cita con algún ginecólogo, el mejor que conozcas en Tokio o que puedas encontrar.
-Pero…-dijo Amy mirándome.-¿Estás segura?
Asentí.
-Tengo que hacerlo, Amy, tengo que saber si voy a poder tener hijos algún día otra vez, y si no…-dije mirando hacia el suelo.
-Hay, Mina… no te preocupes, lo haré. Pero tienes que prometerme que no te vas a atormentar por eso… no quisiera que volvieras a sufrir un colapso nervioso o algo peor o que tú y Yaten otra vez…
-No, no… ni lo digas. Yaten y yo estamos muy bien ahora y ninguno de los dos podría soportar otra situación así, sin embargo yo… necesito saberlo, Amy, este no es un asunto de amor, es un asunto de maternidad. Tú deberías de entenderme, te imaginas no poder tener hijos… no quiero ni pensarlo.
Amy me abrazó fuertemente.
-No te preocupes, mañana temprano te llamo para decirte todo.
Taiki se despidió de mí y después de algunos segundos se fueron. Yaten me abrazó por la cintura y me dio un beso en la mejilla.
-Yo no dormí nada.-dijo mientras besaba mi cuello.-Vamos a descansar.
Subimos las escaleras jugueteando hasta la habitación en la que Yaten estaba durmiendo.
-Todas mis cosas están en la otra habitación.-dije mientras me quitaba los zapatos.
-Mañana ordenaré que las traigan aquí.-sonrió.-Mi cama es más cómoda.
Me quité el vestido que llevaba puesto y dejé que resbalara por mi cuerpo al tiempo que sentía la mirada de Yaten sobre mí.
-No tengo mi pijama aquí, iré…
Pero antes de que pudiera moverme, Yaten ya me había agarrado por la cintura.
-A mí me parece que no necesitarás el pijama por hoy.-exclamó susurrando en mi oído.
-Y… ¿por qué no?-dije con un falso tono de ingenuidad al tiempo que me pegaba sugestivamente contra su cuerpo.
-Señorita Aino… ¿acaso me está provocando?-Yaten sonrió.
-No lo sé…-dije mientras desabotonaba su camisa dejando su pecho expuesto.-Creí que no se podía provocar a un hombre como usted…
Deslicé mis manos por su enorme pecho hasta llegar a su cintura en donde le desabroché el cinturón con agilidad.
-Mucho cuidado, señorita Aino… está jugando con fuego y podría…
Pero no pudo continuar hablando porque le había desabrochado la bragueta y le acariciaba su miembro con delicadeza. Sentí cómo se endurecía bajo mi tacto y sonreía maliciosamente.
-Alto, señorita Aino.-dijo Yaten deteniendo mi mano bruscamente.-Si usted creyó que podía provocarme… pues tenía razón, me provocó demasiado y ahora no podrá escaparse de mi furia…
Yaten me tomó fuertemente de la cintura y me colocó sobre el escritorio que se encontraba cerca. Abrió mis piernas y comenzó a acariciarme la entrepierna, primero con suavidad y luego con rapidez. Yo comencé a acalorarme rápidamente y a jadear con fuerza. Sentí cómo introducía primero un dedo dentro de mí, luego dos y los movía para dentro y para fuera con ritmo acelerado. Tuve que sostenerme de sus anchos hombros y sentía cómo la humedad de mi entrepierna aumentaba.
-Por…favor…-dije jadeando.
Yaten se detuvo unos momentos para quitarse por completo el pantalón y luego se acomodó entre mis piernas. Con una mano tomó mi rostro para poder besarme un los labios y con la otra se acomodaba para poder penetrarme. Sentí su embestida y luego la segunda. Yaten se movía rítmicamente y yo me apretaba contra él. Mis senos rozaban su cuerpo y sentía sus manos en mi ingle. Sentía que el placer crecía dentro de mí con cada embestida y sus manos me acariciaban con urgencia. Yo había enredado mis brazos alrededor de su cuello y de pronto sentía cómo me elevaba en el aire para luego estrellarme contra la pared. Yo había enredado mis piernas en su cuerpo y Yaten ahora me penetraba fuertemente mientras yo ahogaba mis gemidos en su boca. La pared estaba fría detrás de mí y Yaten tenía sus manos en mis glúteos.
-Más…rápido…-logré decir entre jadeos.
Yaten comenzó a moverse con mayor rapidez al tiempo que me besaba bruscamente en los labios.
-Te… amo…-dijo Yaten en mi oído.-Más… que nunca…
Me penetró por última vez y sentí cómo todo mi cuerpo temblaba de pies a cabeza. Ambos sudábamos demasiado y Yaten me sostuvo fuertemente para echarse hacia atrás y recostarnos cansados sobre la cama. Mi cuerpo se encontraba sobre el de Yaten y solo se escuchaban nuestras respiraciones entrecortadas. Lo miré a los ojos y le acaricié el rostro con cuidado. Pasé mi mano por su largo cabello y luego lo besé en los labios.
-Me encantas.-logré decir después de un rato cuando ya nos habíamos calmado un poco.-Me encanta tu cuerpo…-dije mientras dibujaba las líneas de su pecho con mis dedos.-Tus ojos…tu boca…-capturé sus labios con los míos con parsimonia.
Yaten me tomó tiernamente de la cintura para poder besarme de nuevo.
-No me dejes nunca, Minako, nunca… te amo... podría hacerte el amor por siempre...
Sonreí.
-No…no podría dejarte, pero sí podría dejar que me tocaras para siempre.
Hola chicas:) aquí les dejo el capítulo nuevo muchas gracias a minako, daliivenuskou, usagi13chiba, marialeramirez, , adileyne, ferw, sheleydekou, por leer y comentar, y gracias a las que no comentan pero leen que sé que hay varias n.n
Ahora, como podrán darse cuenta a esta historia ya no le queda mucho por delante :c les confieso que me cuesta trabajo dejarla ir y terminar la historia, pero bueno, todo tiene que acabar, ¿no?, díganme sus opiniones , muchas gracias nuevamente :)
