Mina.
Me sentía demasiado nerviosa. Lo que el doctor pudiera decirme de los estudios que me habían hecho me preocupaba mucho. No quería escuchar un "no podrá tener hijos" o un "su aparato reproductor está dañado de por vida". Lo único que deseaba era poder tener un hijo de Yaten, aún no me sentía nada bien de la pérdida del bebé y a pesar de que jamás iba a poder reemplazarlo con nada sabía muy bien que al tener otro hijo podría llenar ese vacío que sentía en mí. Tenía mucho miedo de no poder tener hijos, no poder sentirme mujer y no poder ser feliz con Yaten. Tenía miedo de que Yaten dejara de quererme por eso y a pesar de que podíamos adoptar yo deseaba con toda mi alma tener uno de mi propia sangre. Había tomado cinco revistas diferentes y había pasado las páginas una tras otra sin siquiera prestar atención a lo que decía. En la sala de espera del consultorio no había nadie más que la recepcionista y yo. De pronto se escuchó la campanita de la puerta al abrir y una mujer que parecía salida de una revista de modas entró. Tenía una cabellera densa, de un color aguamarina y algo alborotada, era esbelta y era muy, muy bella. Me quedé observándola porque estaba vestida con un traje que parecía ser muy caro y muy a la moda. Miré mis ropas que en comparación a las de ellas parecían haber salido de una tienda de segunda mano y agaché la mirada unos momentos antes de atreverme a mirarla otra vez. Cabía la posibilidad de que fuera alguien muy importante, incluso alguien famosa.
-Buenos días.-dijo la mujer.-Tengo cita con el doctor Natsuki. Michiru Kaiou.
-Por supuesto, señorita Kaiou, enseguida la paso, por favor tome asiento.
La mujer que respondía al nombre de Michiru se sentó justo frente a mí sin siquiera percatarse de mi presencia. Tomó una de las revistas y se puso a hojearla mientras esperaba. Era una de esas mujeres que llaman la atención demasiado, me fue casi imposible dejar de mirarla.
-¿Minako Aino?-dijo la recepcionista.-Puede usted pasar.
Justo después de que la recepcionista guardó silencio sentí la mirada penetrante de Michiru Kaiou sobre mí. Fue como si hubiera visto a un fantasma y no dejaba de mirarme ni de estudiarme de pies a cabeza. Yo fingí que no me había dado cuenta de ello y caminé rápidamente al consultorio.
Dentro del consultorio el doctor Natsuki me esperaba con un semblante serio como el de cualquier doctor. Me senté frente a él y le estreché la mano cortésmente.
-Me da gusto volver a verla, señora Kou. Tengo aquí los resultados de sus estudios.-el doctor me echó un vistazo y luego sonrió.-Pero no ponga esa cara, nada es tan malo como parece.
El doctor abrió un sobre con algunos papeles dentro y los sacó para entregármelos.
-No le voy a mentir.-continuó diciendo.-No voy a darle buenas noticias, pero tampoco malas. Sus estudios indican que al no haber recibido un tratamiento adecuado cuando recién tuvo el accidente causó algunos problemas en su sistema reproductor. En resumen, usted puede tener hijos, sí, pero será algo muy difícil de lograr. No puedo asegurarle que cuando sean sus días fértiles se embarazará, eso es algo que solo el destino sabe, pero si logra embarazarse tendrá que tomar todas las medidas necesarias para su cuidado. Tendrá que cuidarse en extremo. Lo que yo le recomiendo es que primero trate de embarazarse al natural, trate durante algún tiempo y si no hay ningún resultado entonces venga conmigo de nuevo y podemos tratar con otros medios.
El doctor y yo hablamos durante un largo rato más y luego nos despedimos. Me sentía un poco menos deprimida, pero deprimida de cualquier forma. Al salir del consultorio no pude evitar cruzar miradas con Michiru Kaiou, quien me miraba directamente sin ninguna contemplación. Salí rápidamente de ahí, necesitaba algo de tiempo a solas para pensar. Decidí que lo mejor era ir a tomarme un café y leer algún libro. Cuando llegué al café ordené un capuccino y me senté a esperar. En la mesita frente a mí había varias revistas y unos cuantos libros. Decidí que Orgullo y Prejuicio era lo mejor, pero cuando iba a tomarlo hubo algo que llamó mi atención. Bajo el libro había una revista que tenía como portada a la mujer que había visto en el consultorio del doctor Natsuki. "Michiru Kaiou, la escritora del año." Michiru lucía hermosa en la foto y sonreía ampliamente. Hojeé la revista hasta encontrar las varias páginas que estaban dedicadas a ella. Al parecer era un reportaje sobre ella y comencé a leer.
Michiru Kaiou, una exitosa mujer de tan solo 28 años de edad. Soltera, increíblemente, aunque muchos hombres quisieran ser los suertudos y desposarla. Michiru Kaiou comenzó su carrera hace 8 años y ya ha escrito tres libros que han sido un éxito entre los jóvenes de hoy en día. Recientemente acaba de publicar "Bajo el sol", una novela que trata sobre amores del pasado que no son nada fáciles de olvidar. La escritora confesó haberse inspirado en su propia experiencia para escribir este libro, ya que no ha podido volver a enamorarse. Es una mujer muy joven y ya ha hecho bastante dinero como para no volver a trabajar jamás. Es la envidia de muchas mujeres, ya que además de ser tan exitosa e inteligente a sus 28 años, es muy hermosa.
Había muchas más páginas que hablaban solo de ella y de su vida, pero la verdad era que de pronto dejé de sentir ganas de leer. Había leído lo suficiente para darme cuenta de por qué me había producido esa sensación al verla. Aún no podía olvidar la manera en la que me había mirado, pero decidí que lo mejor era no darle importancia. Todo tenía explicación, ella era una mujer muy importante que al parecer había logrado muchas cosas en tan poco tiempo. Un chico llevó a mi mesa el café que había ordenado y me sonrió mientras se alejaba. Mientras tomaba mi café comencé a leer el libro que había decidido leer desde el principio.
Regresé a casa por la tarde, Yaten aún no llegaba y decidí darme un baño. Tenía muchas ganas de verlo y lanzarme a sus brazos, las horas que pasaban sin hablar con él me parecían una eternidad. Al salir de bañarme me di cuenta de que tenía un mensaje de Yaten en el celular. "Hola mi amor, espero hayas tenido un excelente día. Quiero invitarte a cenar hoy en el restaurante Cumbres. Te veo en una hora allí, la reservación está a mi nombre. Te amo. Y."
"Genial." Pensé. Tan solo tenía 45 minutos para arreglarme. Me maquillé rápidamente pero asegurándome de quedar perfecta. Cepillé mi larga cabellera hasta que quedó seca y lacia, supuse que se veía bien y que no había necesidad de hacerle nada más. Opté por un vestido azul marino que se ceñía a mi cuerpo y tomé un saco negro del closet. Coloqué unos tacones negros también, tomé mi bolso y salí a encontrarme con el chofer.
Tardamos aproximadamente una media hora en llegar al restaurante, ya habían pasado quince minutos después de la hora que había acordado con Yaten y me bajé a prisa. Un mesero me condujo a través del restaurante hasta la mesa donde Yaten se encontraba y de pronto sentí que el estómago se me revolvía. Vi a Yaten sentado en la mesa junto a Michiru Kaiou, ambos reían y parecían muy felices, se encontraban demasiado cerca el uno del otro y se hablaban al oído. Michiru traía puesto un vestido hermoso y de pronto sentí que me veía horrible. Me quedé como estúpida ahí de pie esperando a que alguno de los dos se percatara de mi presencia. De pronto sentí sus miradas y Yaten se puso de pie para saludarme. Me tomó por la cintura y me dio un beso en los labios.
-Me alegra que hayas llegado, amor.-dijo Yaten sonriendo.-Te retrasaste.
-Sí, lo siento…
Michiru no dejaba de mirarme al tiempo que sonreía con desdén. ¿Era yo o es que así sonreía ella?
-Minako, te invité a cenar esta noche porque quería que conocieras a Michiru Kaiou.
Michiru se puso de pie y me estrechó la mano.
-Encantada de conocerte, Mina, ¿puedo llamarte así?
-Sí.-respondí mecánicamente.
Los tres tomamos asientos y Yaten tomó mi mano.
-Quería que conocieras a Michiru porque…
Pero antes de que Yaten pudiera seguir hablando Michiru lo interrumpió.
-Porque Yaten y yo somos amigos desde que éramos unos pequeñines.-rió.-Nos conocemos desde que teníamos unos cinco años, ¿o algo así?
-Sí.-continuó Yaten sonriendo.-Nuestras madres eran muy amigas y siempre nos ponían en las mismas escuelas, estudiamos juntos siempre, incluso en la universidad, es solo que Michiru decidió salirse del camino de las empresas para escribir, siempre le gustó escribir.
-Entonces… ¿eres empresaria?
-Sí. Soy empresaria porque el papel lo dice, pero yo soy escritora de corazón.
-Yaten nunca… nunca me habló de ti.-dije de pronto sin pensar.
-¿Ah no?-dijo Michiru con tono irónico y mirando a Yaten.
-Bueno, han pasado muchas entre tú y yo.-dijo Yaten.-Aún hay muchas cosas que no sabes de mí, por eso las invité a ambas hoy. Michiru vive en Inglaterra, y vino a Japón a promocionar su nuevo libro. Teníamos muchos años sin vernos, ¿cierto?
-Sí, más de cinco me parece.-sonrió.-Cuando vine a Japón hace algunos días me enteré de que Yaten estaba de regreso y lo contacté, aunque realmente no me esperaba que estuviera… casado.-dijo de pronto mirándome con seriedad.-Lo cual me alegra. No me lo esperaba.
Tragué saliva.
-Promocionar mi nuevo libro ha sido muy cansado… me alegra estar aquí.-dijo sin dejar de mirar a Yaten.
De pronto las palabras que había leído en esa revista vinieron a mi mente con lentitud. Recientemente acaba de publicar "Bajo el sol", una novela que trata sobre amores del pasado que no son nada fáciles de olvidar. La escritora confesó haberse inspirado en su propia experiencia para escribir este libro, ya que no ha podido volver a enamorarse. Tanto Yaten como Michiru se miraban sin dejar de sonreír y entonces una terrible sensación me recorrió la espalda. No. Solo era mi mente jugando con mis sentimientos, solo eran suposiciones mías, todo estaba en mi cabeza.
-Yaten y yo siempre fuimos los mejores amigos.-dijo Michiru interrumpiendo mis pensamientos.-Lo hacíamos todo juntos, ¿cierto, Yaten? ¡todo!
-Sí.-continuó él.-Hacíamos la tarea, jugábamos, luego cuando crecimos más íbamos al cine cada fin de semana, íbamos a la universidad juntos, en fin… éramos inseparables.
-Aunque Yaten de pronto me ignoraba, porque por obvias razones todas las mujeres estaban tras de él y se creía demasiado.
-¿Y tú qué? ¡Todos los estudiantes de la universidad se morían por ti!
-Por supuesto, yo era la más bonita.-bromeó Michiru. Ambos rieron.
Yo me encontraba ahí, observándolos en silencio sin atreverme a hablar.
-¿Y tú, Mina?-dijo Michiru de pronto dirigiéndose a mí.-¿Tú qué haces?
-Yo… eh…
-¿Cuántos años tienes?
-24…
-Eres muy joven todavía.-sonrió.-Me gustaría mucho conocerte y ser tu amiga.-añadió.
No pude responder nada, solo logré sonreír fingidamente y tragar saliva.
La cena transcurrió lentamente. Los minutos me parecían eternos y apenas había abierto la boca en toda la noche. Michiru y Yaten no dejaban de hablar y de recordar viejos tiempos. Reían, de pronto se ponían serios y yo cada vez sentía más que no pertenecía a ese momento. Tras una larga espera, Yaten pidió la cuenta y luego nos pusimos de pie para irnos. Realmente deseaba regresar a la casa y estar sola con Yaten, las ansias se apoderaban de mí lentamente. Cuando salimos del restaurante el chofer me esperaba pacientemente en el exterior y miré a Yaten suplicante.
-Llevaré a Michiru a su hotel, ¿te veo en la casa?
Ni siquiera pude responder. Dejé que Yaten me besara en la mejilla y lo vi alejarse al lado de Michiru. El miedo y las ansias que se apoderaron de mí en ese momento eran indescriptibles. Apreté los puños con fuerza y me metí a la camioneta. Durante el trayecto a casa me dediqué a mirar por la ventana, dejé que las luces de la ciudad me bañaran el rostro, dejé que las personas en el exterior del vehículo me distrajeran y cuando al fin hube llegado a la habitación me tumbé sobre la cama a llorar.
¿Qué me estaba pasando? La sola idea de pensar en esa mujer y en Yaten solos en un hotel me aterraba y me destrozaba por dentro. Esa mujer, Michiru Kaiou, era todo lo que yo no era y lo que tal vez nunca sería. Era hermosa, famosa, exitosa, conocía a Yaten desde que eran unos pequeños, lo conocía tal vez incluso mejor de lo que yo lo conocería, sabía todo de él, todo. Y yo… yo no era nadie. Era una mujer que Yaten había encontrado en la calle, pobre, ni siquiera había entrado a la universidad. Sin Yaten yo no tenía nada, y por supuesto era nadie.
Yaten.
Cuando llegamos al cuarto de Michiru ella se colgó de mi cuello y me dio un fuerte abrazo. Le respondí el abrazo y nos quedamos en silencio durante un largo rato.
-Realmente me dio mucho gusto verte hoy, Mich, te extrañaba mucho.
-No seas mentiroso.-dijo ella separándose de mí y sonriendo.-No creo que me hayas extrañado en estos años con tu mujer…
-Siempre se necesita a los amigos, ¿no?
Michiru de pronto se puso seria y se cruzó de brazos.
-¿Por qué nunca me hablaste de ella, Yaten?
-No estabas en Japón.
-Sabes que ese no es un pretexto… tú sabías muy bien dónde encontrarme y nunca… nunca me buscaste.
-Tú sabes mejor que yo por qué nunca te busqué, además no creo que sea el momento de hablar de eso. Ni hoy, ni en otro momento.
-¿No crees que merezco una explicación?
-No hay nada que explicar, Michiru, yo siempre fui muy claro contigo. Tengo una esposa, Minako, ella es mi esposa. Esa es tu explicación.
-Nunca cambias, Yaten Kou, siempre serás un monstruo frío.
Sonreí.
-Y tú siempre serás una bruja.
-Eres mi mejor amigo, Yaten, a pesar de todo.
Michiru se acercó a mí y colocó una de sus manos sobre mi mejilla.
-Vine a Japón para verte, necesitaba verte y qué es lo que me encuentro… que estás casado. Tú, Yaten Kou, casado.
Quité cortésmente la mano de Michiru de mi rostro y me alejé de ella con cuidado.
-Tengo que regresar, Mich, nos vemos pronto.
Me di la vuelta sin esperar respuesta. Michiru había sido importante en mi vida durante muchísimos años, pero entre ella y yo no podía haber nada. Estaba consciente de que ella me quería, pero no podía corresponderle. Mucho menos ahora que había encontrado al amor de mi vida, a la persona con la que deseaba pasar el resto de mis días.
Cuando regresé a casa y entré en la habitación había demasiado silencio. Las luces estaban apagadas y distinguí el cuerpo de Minako en la oscuridad. Se encontraba tendida sobre la cama en dirección a la ventana y estaba hecha un ovillo. Me desnudé para poder ponerme el pijama y cuando me metí en la cama me acerqué a ella todo lo que pude y la rodeé con los brazos. Ella abrió los ojos lentamente y luego hizo una expresión que no logré comprender muy bien. La besé tiernamente en los labios pero ella parecía no responder.
-Parece que algo me cayó mal en la cena.-dijo en un susurro.-No me siento bien.
Acto seguido se giró a la misma posición en la que se encontraba y el silencio invadió nuevamente la habitación. Me quedé mirándola durante un largo rato hasta que el sueño se apoderó de mí también. De pronto sentí un extraño frío que se abría entre ella y yo, y aunque quise acercarme algo me decía que no era bienvenido.
Mina.
A la mañana siguiente me desperté muy temprano. De hecho apenas había logrado conciliar el sueño. Yaten aún seguía dormida y decidí alistarme e irme antes de que él despertara. Salí de la casa sin desayunar y decidí que lo mejor era comer algo en el centro. No me sentía capaz de estar en el mismo lugar que Yaten en esos momentos, no me sentía nada bien. Entré a una cafetería y ordené algo de desayunar. Me había sentado en una mesa junto a la ventana y me di cuenta de que cruzando la calle había una librería. Sentí una punzada en el pecho. Al terminar mi desayuno crucé la calle decidida. Entré a la librería y vi un estante de libros lleno del nuevo libro de Michiru. Tomé el primero que vi y lo pagué. Necesitaba tiempo para leer así que caminé hasta encontrar una plaza que parecía tranquila y sin mucho ruido. Me senté en una banquita y me dediqué a leer.
Michiru era realmente buena para escribir, pero eso no era lo que me interesaba del libro. Leí sin siquiera detenerme a respirar. El libro hablaba sobre dos hombres que se enamoraban de la misma mujer, la mujer no sabía a quién elegir y cuando al fin había decidido a quién elegir ese hombre ya no la quería a ella y la dejaba. Ella por un tiempo se resignaba y aceptaba salir con el otro, pero con el tiempo se dio cuenta de que no podía olvidar al primero y decidió dejarlo para irse a buscar a su viejo amor. Al encontrarlo se dio cuenta de que ya estaba casado y de que vivía feliz, y no podía hacer nada al respecto. Era un libro de unas 300 páginas y había durado casi todo el día leyéndolo. Para cuando revisé el reloj ya eran casi las seis de la tarde y me espanté. El tiempo se me había ido volando y las palabras del libro aún estaban grabadas en mi memoria. Era bastante obvio quién era quién, pero había algo que no terminaba de convencerme.
Decidí regresar a la casa. Caminé durante mucho tiempo, no tenía ganas de llamar al chofer. Mientras caminaba me imaginé a Yaten más joven con Michiru, si lo que decía el libro era cierto me lo imaginé mirándola de la misma manera en la que él me miraba a mí y sentí un escalofrío, era algo que no podía soportar. Mientras iba caminando pasé por afuera del edificio de la Facultad de Danza y Artes Escénicas de la Universidad de Tokio. Me quedé mirándolo y vi a los estudiantes caminar, a otros ensayar y a otros solo charlar. Comencé a llorar sin proponérmelo. Yo también quería ser alguien, quería ser alguien importante, alguien que había decidido hacer algo por sí misma para superarse y ser mejor persona. Yo quería ser una esposa perfecta para Yaten, alguien de quien él pudiera sentirse orgulloso. Me limpié las lágrimas y cuando estuve a punto de seguir caminando me di cuenta de que había un hombre mirándome.
-¿Estás bien?-dijo acercándose a mí.
-Sí, sí.-me apresuré a decir.-Estoy bien, gracias.
Vi el rostro del hombre y clavé la mirada en sus ojos azules. El cabello rubio se agitaba con el viento y él sonreía.
-¿Te gusta bailar?-preguntó como si leyera mis pensamientos.
Asentí con la cabeza sin dejar de mirar la escuela.
-¿Estás ya en alguna facultad? Parece que eres muy joven, ¿cuántos años tienes?
-Son muchas cosas las que quieres saber.
-Tienes razón, pero no tiene nada de malo, ¿o sí? ¿Por qué no me acompañas a mi oficina allá dentro y te explico?
-¿Oficina?
-Así es. Trabajo aquí, soy profesor. Me llamo Haruka Tenou.
Él me extendió la mano y la acepté.
-Mina. Mina Aino.
Haruka y yo entramos a la facultad y lo seguí a través de los pasillos hasta su oficina. Me senté frente a él en su escritorio y me miró con impaciencia.
-Creo que ya soy grande para entrar a una universidad.
-Nunca es tarde para estudiar, Mina. ¿Cuántos tienes, 23, 24?
-24.-afirmé.
-La mayoría de las personas que estudian aquí tienen entre 20 y 28 años, no serás la única de tu edad aquí, te lo aseguro.
-Pareces ser muy joven para ser profesor.
-Parezco, pero ya no lo estoy tanto. Tengo 32 y tengo 5 años dando clases aquí.
-Vaya, eso es genial.
-Gracias. Y cuéntame, Mina, ¿por qué no habías decidido entrar a una universidad? Si no es indiscreción…
-La verdad es que es una historia algo larga y… y no te ofendas pero no te conozco.
-Dicen que cuando le cuentas tus problemas a un desconocido parecen sanar más rápido. Sea lo que sea que tengas que decir tengo bastante tiempo libre.
Sin siquiera hacer un mayor esfuerzo, la sonrisa de Haruka me invitó a hablar. Hablé durante largos minutos y él me escuchaba atentamente. La verdad no tenía idea de por qué le estaba platicando todo a ese desconocido, le conté todo, desde que conocí a Yaten hasta hoy. Le platiqué todo sin miedo, como si estuviera platicando con un amigo de toda la vida y él tenía razón, de pronto me sentía más aliviada. El tiempo pasó con rapidez y él jamás me interrumpió, se limitaba a asentir con la cabeza de vez en cuando y a sonreír. Cuando terminé de hablar hubo un silencio prolongado. Él extendió una de sus manos y la posó suavemente sobre la mía unos segundos y luego la retiró.
-Tu historia es increíble, Mina… me quedé sin palabras.
-Sé que es complicado, y quizá hasta difícil de creer.
-Tal vez, pero te creo. Tienes una mirada que no miente y estoy seguro de que todo lo que dices es verdad. Me parece que el mejor consejo que puedo darte es que dediques algo de tiempo para ti. Por lo que veo, desde que te casaste con ese hombre no ha habías tenido oportunidad de saber qué ibas a hacer. Durante el tiempo que él se fue tú tuviste que trabajar y luego cuando volvió sucedió lo del accidente y… bueno, hasta ahora que su situación es más estable es cuando vienen todas estas ideas a tu mente. Lo mejor que puedes hacer es meterte a la universidad, estudiar, pensar en otras cosas y superarte a ti misma. Aún eres muy joven, tienes muchas oportunidades de salir adelante y no tienes que atenerte a vivir en las sombras de tu esposo. Si él te ama te va a apoyar, ¿cierto?
-Cierto…-sonreí.
-Si realmente decides estudiar, dentro de una semana son las audiciones. Sé que jamás te he visto bailar, pero estoy seguro de que bailas excepcionalmente. Si está en tu sangre entonces no dudes en seguir tus instintos.
De pronto vi el reloj y me di cuenta de que eran ya casi las nueve de la noche. Yaten seguro estaría enojadísimo y me levanté precipitadamente.
-Lo siento, es muy tarde y no me di cuenta. Debo de irme.
-Supongo que te veré dentro de una semana, ¿no?
Lo miré y sonreí.
-Al menos piénsalo.-me dijo antes de despedirse de mí.
Le di las gracias y salí corriendo de allí. Tomé el primer taxi que vi y me dirigí a la casa. Tardé unos veinte minutos en llegar y cuando entré a la casa escuché unas risas que provenían del comedor. El corazón me dio un vuelco y caminé lentamente. Encontré a Yaten y Michiru charlando en el comedor con restos de comida en los platos.
-Minako.-dijo Yaten poniéndose de pie para saludarme.-Te estuvimos esperando para cenar, pero como no llegabas…
-Ya veo.-dije tratando de sonreír.
-Hola, Mina.-dijo Michiru.-Qué bueno que llegas.
-¿Sí?-dije sin pensar. Ella dibujó una mueca en su rostro.-Si me disculpan… no tengo muchas hambre y me siento algo mal, necesito descansar cuanto antes.
Sonreí una vez más y me retiré a toda prisa. Cuando apenas me estaba desnudando para ponerme el pijama escuché la puerta de la habitación azotarse. La figura de Yaten apareció frente a mí y me miraba severamente.
-¿Me puedes explicar qué te sucede?-dijo sin dejar de mirarme.
Yo me encontraba en ropa interior y me cubrí instintivamente.
-No me sucede nada, Yaten, solo vine a descansar.
-Desde ayer te comportas así.
-Creí que no lo habías notado, como estabas tan ocupado…
-¿Y eso qué quiere decir?
-Quiere decir que estabas ocupado, Yaten eso quiere decir.
-Espera un momento.-dijo Yaten acercándose a mí.-Todo esto quiere decir que te molesta Michiru, ¿no es cierto?
Me crucé de brazos.
-¿Estás celosa, Minako Aino?
-¿Celosa?-respondí.-¿Cómo podría estar celosa de una mujer HERMOSA, exitosa, famosa y que además es la mejor amiga de mi esposo y parece que se conocen de toda la vida? No, no podría estar celosa de una mujer así.-dije con sarcasmo.
-No me hables así.-dijo Yaten tomándome fuertemente de los hombros.-Esto es una tontería.
-¿Tontería?-dije zafándome de sus brazos. Tomé el libro que había comprado en la mañana de mi bolso y lo lancé a la cama con brusquedad.-Dime que eso es una tontería.
Sentí las lágrimas acumularse en mis ojos.
-Eso es solo un libro, Minako, es ficción.
-¿Estás seguro que tan solo es un libro? Porque a mí me pareció que la descripción y personalidad de "Arthur" era exactamente igual a la tuya. Ella no es la única que te conoce, ¿sabes? Yo también puedo reconocerte en un libro. Todo esto.-dije tomando el libro otra vez y lanzándolo al suelo.-Es una historia que yo no conocía, y que al parecer pensabas nunca contarme. Realmente pensabas que el pasado estaba enterrado, ¿no?
-Escucha, Minako.-dijo Yaten mirándome.-Eso pasó hace mucho, mucho tiempo, yo logré olvidarlo, lo superé, te conocí a ti y ahora mírame.
-Tú lo superaste, al parecer alguien no lo hizo.-respondí.-Lo que quiero saber es qué tan apegado a la realidad es esa historia.
-Si realmente quieres saber qué pasó te lo diré. Michiru, Midori y yo éramos inseparables en la universidad. Como ya sabes, Michiru y yo nos conocíamos desde hacía muchos años, éramos mejores amigos y yo… bueno, yo obviamente la quería como algo más que mi amiga. Cuando Midori llegó a nuestras vidas yo no me di cuenta, pero todo cambió. Él y yo nos hicimos los mejores amigos, éramos como hermanos y él siempre supo que yo estaba enamorado de Michiru. Los tres salíamos y siempre estábamos juntos. Michiru parecía quererme de la misma manera, pero yo estaba equivocado. Un día los encontré besándose, los encontré en una cafetería a la que siempre íbamos juntos. Podrás imaginar cómo me sentí. Me sentí traicionado por ambos. Decidí alejarme de ellos y no hablarles. Al principio fue difícil, ambos trataron de acercarse a mí para explicarme pero yo me rehusaba. Michiru me buscó un día, me dijo que se sentía fatal porque no quería perderme, le confesé todo lo que sentía y el por qué estaba tan destrozado. Esa noche… esa noche ella no pudo regresar a su casa por motivos del clima y tuvo que quedarse en mi departamento. Tuvimos relaciones, yo no pude evitarlo y al parecer ella tampoco, yo creí que eso aclararía nuestra situación pero a la mañana siguiente ella se había ido. No supe nada ni de ella ni de Midori hasta casi cuatro años después. Yo me había convertido en el hombre que tú conociste. Cuando te conocí supe que ya no me importaría otra cosa ni otra persona en esta vida, supe que no necesitaba pensar en nadie más porque te había encontrado a ti. Cuando apenas tenía unas cuantas semanas de conocerte Michiru regresó a Japón. Me buscó para decirme que había cometido un error, que ella en realidad me amaba a mí, que siempre lo hizo pero que necesitaba asentar su carrera como escritora, y que aquí no lo hubiera logrado tan fácilmente. Me dijo que se fue porque no quería estar cerca de mí o no podría cumplir sus sueños, y que había dejado a Midori justo después de nuestro encuentro en el departamento esa noche. Era muy tarde, Minako, a pesar del tiempo que pasé sufriendo por ella, fue una pérdida muy grande en mi vida como podrás imaginar, pero cuando ella regresó yo ya te había conocido a ti… le dije que ya no me interesaba, que había conocido a alguien más y que era muy tarde. Ella lloró y sufrió mucho, luego se fue. No volví a saber de ella hasta hace poco, cuando regresamos a Tokio empecé a darme cuenta de que se había hecho muy reconocida y la busqué. No por lo que crees sino porque ella siempre fue una parte importante en mi vida, y después de todo yo ya la había perdonado y necesitaba cerrar ese ciclo. A pesar de todo ella es mi amiga, y yo solo quería estar en paz con ella. Tengo todo lo que necesito en ti, y muchísimo más. Aunque ella y yo tengamos una historia, no se compara lo que siento por ti a lo que sentí por ella alguna vez. Sé que parece difícil, que parece que ella y yo tenemos una historia estrecha pero tienes que creerme cuando te digo que ella no se compara a ti en nada.
-¿Cómo puedes decir eso?-dije en voz baja.-Por supuesto que no… ella es cien veces mejor que yo… es inteligente, hermosa, exitosa, sabe manejar a las personas, sabe buscar su propio rumbo, no necesita de nadie, y yo… ¿yo qué soy, Yaten? Soy una don nadie a quien encontraste en la miseria, a quien quisiste resolverle la vida, a quien después encontraste trabajando en un club nocturno bailando desnuda frente a otros hombres… eso soy yo…
Yaten se acercó a mí bruscamente y me tomó el rostro con las manos fuertemente.
-Tú eres la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto. Tú eres la mujer más buena, amable y linda del mundo, tienes hermosos sentimientos, te preocupas por los demás, eres más inteligente que la mayoría de las personas que conozco. Si crees que por ir a la escuela eres más inteligente, estás equivocada. La inteligencia viene del corazón, Minako, y tú la tienes. Eres muy fuerte, más de lo que cualquier persona podría ser. Has soportado tantas cosas y sigues aquí, ¿cuántas personas pueden decir eso? No importa de dónde vienes, importa lo que eres ahora. Una persona no vale más que otra solo porque es exitosa o famosa, una persona vale por lo que lleva dentro y por lo que hace. Tú, Minako Aino, eres el amor de mi vida. El único amor de mi vida, el único verdadero amor que he tenido y nada podrá cambiar eso, ¿me entiendes?
Antes de que pudiera responder me plantó un beso en los labios con desesperación y me aferré a su cuerpo. Él llevó sus manos hasta mi cintura y me colocó sobre la cama mientras yo le desabrochaba la camisa con agilidad. Se quitó la camisa y me dejó ver sus músculos y los besé con cariño. Luego se quitó el pantalón y cuando estuvo desnudo posó su cuerpo con cuidado sobre el mío. Mientras me quitaba el sostén me susurró al oído.
-Jamás vuelvas a privarme de tu cuerpo, Minako, jamás. Te lo prohíbo.
Luego me quitó las bragas con brusquedad y comenzó a acariciarme la entrepierna.
-No tienes idea de cuántas ganas tenía de tocarte ayer, y luego esta mañana y tú no estabas…-dijo sobre mis labios mientras me acariciaba y yo jadeaba. –Pero hoy me voy a desquitar…
Volvió a besarme y luego se acomodó entre mis piernas y se introdujo en mí. Sentí un dolor en el vientre y luego me aferré a Yaten. Su boca cubrió la mía antes de que pudiera emitir cualquier sonido y me penetró lentamente hasta que me hizo suplicarle por más. Luego Yaten se movió con cuidado y me colocó encima de él. Me acomodé con lentitud encima de él, sabía que eso le encantaba y noté que dibujaba una sonrisa mientras llevaba sus manos a mi cintura. Comencé a moverme con lentitud en círculos y luego hacia delante y hacia atrás. Sus manos me sostenían fuertemente de la cintura y yo no podía pensar en nada más que en su cuerpo. Después de un rato me detuvo y me obligó a colocarme de rodillas sobre la cama y luego se colocó detrás de mí con cuidado. Sentí cómo sus manos me agarraban fuertemente de las caderas y me embestía una y otra vez. Comenzaba a sentir que esa punzada subía por todo mi estómago y cuando Yaten comenzó a moverse con más rapidez ya no podía soportarlo más. Tanto Yaten como yo explotamos al mismo tiempo y nos tumbamos el uno encima del otro. El sudor del pecho de Yaten se adhería al mío y mis senos se aplastaban contra su pecho. Me besó en los labios y luego me besó el cuello.
-Te amo, Yaten.-le dije a oído.-Soy una tonta.
-Eres mi tonta.-respondió él antes de besarme otra vez.
