Saludos gente,
Este capítulo está dedicado a missy, quien fue la única que se animó a publicar un review, el pan de cada día del escritor. Nada que advertir, salvo mi pobre intento de imitar el lenguaje austeniano.
Capítulo 2 (parte 1)
Toda la ciudad de Londres bullía al ritmo de la comidilla. Una nueva dama había sido presentada en sociedad. Un ángel, era la palabra que usaban todos para describirla. De una belleza simple, pero clásica; elegante en sus maneras, pero sin amaneramientos. Además, heredera de 30 mil libras.
"Una pena, de veras" Decía la Sra. Jennings "Ella acabará con las oportunidades de la Srta. Dashwood. Todos estarán muy ocupados en agradarle que no le prestarán a la muchacha, una verdadera pena", se lamentaba.
"Y debo decirte, mamá, que no puedo excluirla de mi lista para pasado mañana. Su hermano se ha portado tan bien con el Sr. Palmer".
"Querida Charlotte, por favor, no dejes que mis asuntos interfieran con tu deber de esposa. Es que me pone tan triste, todo el trabajo del viaje, ¡para nada! Dentro de no menos de once meses tendrá diecisiete ¡Diecisiete! Y sin propuestas de matrimonio.", decía la mujer al borde de las lágrimas.
"Ya mamá, tal vez encuentre a alguien después, recuerda a qué edad se casaron sus hermanas".
"Pero ellas son diferentes, recatadas, prudentes, calladas. No es de mí hablar mal de nadie, lo sabes bien Charlotte, pero la Srta. Dashwood dice las cosas más impertinentes a veces. Podría estar comprometida en este mismo momento con Tom Bertram".
"¿Tom Bertram? Mamá, tú sabes que a mí tampoco me gusta hablar mal de nadie, pero ese hombre es un libertino de la peor clase, que se la pasa de fiesta en fiesta apostando, mortificando a su buen padre, que ya ha tenido que sufrir la imprudencia de sus hermanas, sin hacerse cargo de sus obligaciones".
"Exacto. Él podría estar aquí y ella allá, como señora de Mansfield Park. Además Charlotte, le das muy poco crédito al muchacho. Los hombres cambian una vez casados, ve al Sr- Palmer, cómo solía quejarse de las fiestas, y ahora hasta te presiona para que las organices".
"Tienes toda la razón mamá"
"Recuérdame Charlotte, ¿cuál es el nombre de esta señorita prodigio que tiene a todo Londres de cabeza?"
"Darcy, Georgiana Darcy".
***
La fiesta en casa de los Palmer, ya una costumbre entre la sociedad de la capital, no podía encontrarse más concurrida. Bajo la noticia de que la Srta. Darcy asistiría, todos los invitados – y por consecuencia los amigos de estos – se aseguraron de no faltar.
Margaret observaba divertida como la Sra. Palmer, estresada a causa de todo, sufría ataques de histeria que, por alguna razón, creía que sólo podían ser resueltos por su esposo, lo que, aunado a su carácter poco amigable, hacía que éste se enfureciese.
"Que malo es Sr. Palmer, si yo todo lo hago por usted", lloraba la mujer.
"Por favor contrólate, no puedes recibir a los invitados así", pero su esposa lloraba desconsolada, "Discúlpame, no ha sido mi intención gritarte".
"Pues si no ha sido, no lo hubiera hecho"
Así seguía la charla durante varios minutos hasta que llegaban a un arreglo, solo para que momentos más tarde la Sra. Palmer encontrase otro trivial e insignificante motivo para importunar a su esposo.
Gracias a esto, Margaret se hallaba libre del ojo vigilante de la Sra. Jennings, quien sustituía a su hija cuando estos ataques de histeria acontecían. Había logrado, además, zafarse de Edward y Elinor, que la seguían a todos lados con una preocupación que rayaba más en lo patológico que en lo paterno.
"Deberían ocuparse de sus propios hijos" pensaba mientras recorría el salón algo aburrida del espectáculo.
"Srta. Dashwood" oyó a su izquierda, topándose con la figura de Tom Bertram, "¿Me permite esta pieza? A menos que todavía no me haya perdonado".
"Si la que tiene que pedir disculpas soy yo, mis preguntas fuera de lugar nos forzaron a pasar una velada muy, pero muy aburrida, si me permite la confianza".
"Se la permito, si me permite esta pieza y la siguiente". Ella aceptó, "¿Está disfrutando del baile?"
"No del todo, pero espero que la celebridad de la tarde ilumine el salón en todo su esplendor", dijo, con cierta picardía. Tom la miró sin entender bien. "Sr. Bertram, por favor, ¿pretende que crea que ignora de qué hablo?"
"Le doy mi palabra de que desconozco a qué se refiere"
"Disculpe pero no puedo creerle. Si todo Londres sabe que un ángel asistirá hoy a la fiesta".
Tom la miró significativamente.
"Son las palabras de la Sra. Jennings, no las mías. Se trata de Georgiana Darcy, incomparable en fortuna, y por lo tanto, en belleza".
"¿Las palabras de la Sra. Jennnings?"
"Los pensamientos de todos, me atrevería a decir. Alguien, incluso, tuvo el mal gusto de bromear diciendo que salía comprometida de aquí".
Tom guardó silencio ordenando sus ideas; con razón Edmund y Fanny habían insistido tanto en venir. Su hermano lo había forzado diciéndole que hablarían del pagaré después de la fiesta.
"¿Se siente bien? Se quedó callado de repente".
"Recordé nuestra conversación el otro día. Hoy le voy a conceder que hasta los corazones más buenos son capaces de urdir trampas a sus seres queridos para lograr lo que se proponen".
"Todavía no hay visto lo que estas mujeres son capaces de hacer por ver a sus hijos unidos de manera favorable, será todo un espectáculo".
"¿No le preocupa?"
"En absoluto. Hace tiempo que resolví no casarme".
La afirmación sorprendió bastante a Tom, que, dentro de todo, era muy conservador en cuanto a sus propios valores, lo cuales, hay que señalar, estaban tan bien cimentados dentro de su psique que les era casi imposible intervenir en la toma de sus decisiones, por decirlo de un modo rimbombante.
"¿Habla en serio?"
Margaret asintió.
"Srta. Dashwood, si ese es el caso, y si tenemos en cuenta su situación y la mía, creo que ambos nos podemos beneficiar mutuamente".
***
Georgiana estaba muy nerviosa. Era su primer baile en sociedad y se encontraba sola, para colmo. Si bien su primo, el Cnel. Fitzwilliam, la escoltaba, habría preferido que Elizabeth estuviese a su lado. No podría preguntar al Coronel si su vestido se veía bien, si su peinado no era muy exagerado o cualquier otra cosa.
Tal vez lo mejor sería esperar al próximo año, cuando su sobrino hubiese crecido lo suficiente para prescindir de su madre por un par de meses. Mas ya era tarde, estaba en el coche camino a la fiesta de los Sres. Palmer.
"Podría fingir un dolor de cabeza, un mareo y enviarles una nota de disculpa. Pero, si voy a la fiesta de Caroline – y tengo que ir -, pensarán que los desprecié y me tomarán por grosera".
"Prima, ¿te sientes bien?"
Llegaron a su destino antes de que pudiera contestar. Al bajar, se intimidó al ver el número de carros y de gente que se aglomeraba en la entrada, por lo que, por inercia, tomó al coronel del brazo.
"Sr. Palmer"
"¡Ah! Cnel. Fitzwilliam" los saludó un hombre alto, cuya cara de dolor se había atenuado al ver a su primo. "Les presento a mi esposa y mi suegra, la Sra. Jennings".
"Un placer. Tengo el honor de presentarles a mi prima, la Srta. Georgiana Darcy".
"¡Qué gusto! Hemos oído tanto de usted Srta. Darcy, que teníamos muchas ganas de conocerla".
Georgiana solo asentía cortésmente, pero no podía evitar sentirse incómoda al saber que unos extraños estaban tan al corriente de su estadía en Londres. Además, tenía la impresión de que todos la observaban; seguramente la elección del vestido no había sido la correcta.
Continúa…
