Capítulo 5

Lo intenté y perdí. Me tomé muchas licencias e hice lo que quise en lugar de mantenerme dentro de la cerca, espero sean indulgentes.

Este capítulo es la prueba de que un review en el momento adecuado es fuerza motora suficiente.

Enjoy!

***

Contra su voluntad, incluso el Cnel. Fitzwilliam tuvo que admitir que una amistad con Tom Bertram no resultaría del todo beneficiosa. Tras una serie de investigaciones, pudo enterarse de sus hábitos respecto al juego y las apuestas. Sin embargo, no tenía el mismo concepto de su prometida. Creía que, obligada por la necesidad, había accedido a un matrimonio por conveniencia, lo que seguramente le causaría la más grande infelicidad a futuro.

Cuando comentó sus impresiones con su prima, para su sorpresa, obtuvo una respuesta gélida.

"Creo que le concedes mayor mérito del que merece."

De inmediato procedió a explicar que había sido invitada a tomar el té con los Sres. Palmer, donde se volvió a encontrar con la Srta. Dashwood, sus hermanos, los Sres. Ferrars, y el Sr. Bertram.

"Debiste verlo. Se dedicaba a ridiculizar al Sr. Ferrars quien, por un lado, es su hermano, y, por otro, un párroco, por lo que debería escuchar sus consejos, pero no lo hizo así. Y la manera en que desatendía lo que le decía su hermana –una mujer en extremo amable y educada - ¡qué muchacha tan insoportable! Incluso llegó a burlarse del propio Sr. Bertram."

"¿En serio?"

"Sí; si bien es cierto que él había bebido un poco, pero en lugar de guardar la compostura, ella se reía abiertamente de las incoherencias que decía."

"¿Estás segura que el Sr. Bertram no lo hizo a propósito para hacerlos reír?"

"¿Ponerse en ridículo frente a todos? Lo dudo."

"Eso hizo con nosotros y, visto en retrospectiva, podríamos decir que la humilló diciendo cosas inapropiadas, que resultaron ser falsas."

"Si ese fuera el caso, ella debería de exigirle respeto, pero, por el contrario, le encanta llamar la atención y hacer broma de cada cosa. Siempre es deber de la mujer marcar la línea del respeto. ¿Puedes creer que lo deja llamarla por su nombre?"

"¿Qué?"

"Sí, cuando creen que nadie los oye, él la llama Margaret y ella, a él, Tom. ¡Ni siquiera están oficialmente comprometidos!"

"¿Cómo que no están comprometidos?"

"Que su compromiso aun no se ha hecho oficial, me lo dijo su hermana, que está muy preocupada por la situación."

"Debe de estarlo, tal vez él solo quiera aprovecharse de ella."

"Pues ella hace poco por impedirlo."

"No todas tienen 30 mil libras para escoger marido."

"¿Qué insinúas?"

"Que la juzgas my duramente cuando desconoces sus circunstancias. Tengo entendido que vive en un chalet con apenas 500 libras al año."

"Por el contrario, me parece que tú la juzgas muy ligeramente. Su otra hermana se casó con un Coronel con fortuna, que, tengo entendido, le dará mil o dos mil libras para su dote, así que no está del todo desprotegida. En mi opinión, es de esas mujeres que gustan jugar con fuego."

"¿Tu opinión o la de Caroline Rushworth?"

"A decir verdad, Fitzwilliam, no entiendo por qué te esfuerzas tanto en defenderla si hay bastantes pruebas de su conducta errónea."

"Porque todos merecen el beneficio de la duda."

"Sin embargo, te niegas a dársela a Tom Bertram."

"Tom Bertram es un adicto al juego con una mala reputación, que solo desea casarse para heredar Mansfield Park y jugárselo todo en una ruleta, razón de más para sentir compasión por ella."

"De ser cierto, ¿no crees que ella ya está bien enterada de la situación? No obstante, sigue adelante con ese compromiso, por lo que no hace falta mucha evidencia para saber qué tipo de mujer es."

"Tengo que preguntarte ahora Georgiana, ¿Qué tienes contra Margaret Dashwood?"

"¿Yo?... Simplemente no me agradan ese tipo de mujeres."

***

Al día siguiente a la discusión con su primo, Georgiana se encontraba en una de las tantas reuniones para tomar el té de las que era objeto de invitación.

Sin embargo, estaba ausente de toda plática, asintiendo solo por cortesía, pues las palabras intercambiadas la jornada anterior aun sonaban en su cabeza.

"¿Qué tengo en contra de ella? ¿Qué hay a favor de ella? Esa es la verdadera pregunta."

Estaba inmersa en sus pensamientos cuando una joven en sus veintes se sentó a su lado sin que se diera cuenta. Giró extrañada, pues no recordaba que hubiesen sido presentadas al inicio de la velada.

"Disculpe mi atrevimiento Srta. Darcy", se excusó con maestría, logrando reflejar en su rostro una mezcla de vergüenza y sufrimiento, de tal modo que su interlocutora no pudo menos que preguntarle por su salud y ofrecerle pedir ayuda a los dueños de la casa, que en ese momento jugaban cartas.

"No recurriría a usted, una completa desconocida, si mis circunstancias no fueran verdaderamente apremiantes. Mi nombre es María Bertram y vengo a pedirle, por favor, que interceda por la felicidad de mi hermano."

Sobraría explicar el estado de Georgiana, por lo que sólo resumiré el único punto fundamental para la historia: la picó el insecto de la curiosidad.

"¿A qué se refiere, si apenas conozco al Sr. Bertram?"

"Si me permite decirlo, usted puede hacer bastante. El momento que atraviesa Tom es crítico. Si pudiese hablar con usted en privado, sé que entendería todo y se compadecería de mí."

Georgiana recorrió la habitación con la mirada, dando a entender que nadie las escucharía pero la otra se negó a decir algo bajo el argumento de que no podía poner en juego el bueno nombre de su hermano, que en cualquier momento corría el riesgo de comprometer su felicidad para siempre.

Insistió de tal modo y tan fervientemente, que la menor de los hermanos Darcy terminó por invitarla a su casa al día siguiente para conversar. El gesto de gratitud de la Srta. Betram fue demasiado efusivo, como si en ese mismo instante todos sus problemas se hubieran resuelto.

El jueves a las cinco, fecha de la cita, apareció en la puerta con el mismo rostro demacrado y lleno de desesperación, mas la presencia de su anfitriona pareció aminorar el efecto.

"No sabe lo infinitamente agradecida que estoy, Srta. Darcy, por un momento pensé que cambiaría de opinión y no desearía recibirme."

"¿Por qué haría semejante cosa, si le di mi palabra?"

La otra se mordió los labios y apretó sus manos bajando la mirada.

"Sin duda alguien tan respetable como usted desconoce las infames cosas que se dicen de mí en Londres. Verá, hace no más de dos años estuve casada con el Sr. Rushworth."

Su interlocutora no atinó a decir palabra alguna, por lo que dejó a la otra seguir.

"Comprendo su turbación. No estoy orgullosa de mi pasado, pero puedo asegurarle que padezco el fruto de mis errores, que son los mismos que deseo evitar que cometa mi hermano.

"Verá, en aquel entonces, en el afán de complacer a mi padre, me comprometí y desposé con el Sr. Rushworth convenciéndome de estar enamorada. Sir Bertram, mi padre, sería el más excelente de los hombres si no fuese tan rígido con sus hijos. Toda mi infancia y juventud fui instruida a creer que el bienestar financiero supera al del corazón. Ay, Srta. Darcy, cómo viví engañada. Me vi atrapada en la peor de las ilusiones, un matrimonio sin amor o respeto."

"Fue el año más desdichado de mi vida. Mi desesperación era tal que caí presa de un rufián, un vivido, que, aprovechándose de mi situación, me sedujo y engatusó para alimentar su ego. ¡Fui una tonta! Ninguna mujer de buen juicio y educación habría caído en una trampa tan evidente."

Georgiana tragó saliva al escuchar lo último, pues le venía a la mente las promesas de Wickham cuando éste la engañó y convenció de fugarse juntos.

"Pero, comprenda" continuó la otra, dándose cuenta del efecto que tenían sus palabras en la anfitriona "vivía en un estado perpetuo de infelicidad del que sólo quería escapar por lo que, tontamente, y sin contemplar el daño irreparable que le hacía a mi familia, accedí con la esperanza de disfrutar verdaderamente del amor. Sin embargo, se rehusó a casarse conmigo y, cuando pensé que mi desdicha no podría aumentar, me vi desterrada del favor de mi padre."

La menor de los hermanos Darcy, para quien la familia lo era todo, se tapó la boca sin atreverse a creer lo que escuchaba.

"Ahora vivo de la caridad de mi buena tía, quien fue la única que se atrevió a dejar Mansfield Park para acompañarme; sé que Tom también lo habría hecho pero se encontraba delicado de salud, al punto que no podía poner un pie fuera de la cama."

"Pero, ¿cómo es posible? ¿Y el resto de su familia? ¿sus hermanos, su madre?"

"Todos le temen demasiado a Sir Bertram para hacer algo. Salvo mi querido Tom, ninguno se ha dignado a escribirme desde entonces."

"No es posible, usted cometió un error obligada por sus circunstancias."

"Nunca había salido de Mansfield Park y Londres resultó muy diferente de lo que creí."

"¿Será posible que semejantes cosas pasen?", dijo en voz alta, incrédula; le parecía que escuchaba la trama de una novela en lugar de la vida real.

"Y ahora, Srta. Darcy, sin aprender de sus errores, mi padre obliga a mi hermano a contraer matrimonio a riesgo de perder todo si no acata su voluntad, y Tom no puede darse el lujo de quedarse sin soporte económico, pues su salud no es la misma luego de aquella terrible enfermedad que casi lo mata. Estoy segura que el ejército, o incluso el comercio, sería demasiado para sus fuerzas."

"¿Le preocupa su relación con la Srta. Dashwood?"

María asintió.

"Tom está en una posición vulnerable de la que cualquier mujer sin fortuna podría aprovecharse. Además, dios mío, me hiere horriblemente lo que estoy a punto de decir, pero la necesidad me ha mostrado el lado obscuro de la gente. Mi otro hermano, Edmund, ha intentado durante años convertirse en el heredero principal de Mansfield Park."

"¿No es él un pastor?", interrumpió su interlocutora, el sentido común amenazando con romper la mentira; había tenido el placer de conocerlo a él y su esposa y le habían parecido de lo más agradables. Sin embargo, María estaba preparada para todos los contratiempos.

"Hace algunos años, durante la época de desenfreno de Tom, sus deudas ascendieron a tanto que hubo que vender el puesto de la parroquia de la propiedad, que implícitamente sería para Edmund, razón por la que le guarda un gran resentimiento. No conozco a la Srta. Dashwood pero la relación con su familia me hace sospechar…"

"¿Está insinuado usted acaso…?"

"Deseo que todas mis fuerzas equivocarme, que todos sean maquinaciones de mi propia mente. Mi hermano y Fanny han cortado toda comunicación, nunca nos invitan a sus reuniones y siempre reniegan de nosotras. He enviado varias cartas a mi querido hermano durante su estadía en Londres y casi puedo asegurar que ni se ha enterado. Temo que apoyen este matrimonio de manera unilateral y no le den la oportunidad de reflexionar si hace lo correcto o no?"

"En caso de que fuese cierto" comentó Georgiana, al recordar lo satisfecha que se veía la pareja con el supuesto compromiso "Pero, ¿qué podría hacer yo?"

"Toda una serie de cosas. Usted tiene es respetable y su familia tiene gran estima en Londres. La casa Bertram nunca le cerrará sus puertas. Lo único que le pido es que sirva de intermediaria entre mi hermano y yo. Si pudiera arreglar un encuentro o si pudiese hacerlo entrar en cordura."

"No sé si deba."

"¡Por favor Srta. Darcy! No le pediría esto si no fuera mi último recurso. Ya todas las puertas se me han cerrado, ¿no arriesgaría usted todo para salvar la felicidad de su hermano?"

Georgiana guardó silencio, meditando cada palabra dicha. Lo que acababa de oír encajaba a la perfección con lo contado por Caroline, excepto que había sido tan ciega y prejuiciosa como para juzgar mal a María Bertram la primera vez. Bajo esta nueva luz, sus propios principios la urgían a intervenir ahí donde el resto del mundo se hacía de la vista gorda.

"Está bien."

La sonrisa recibida denotó auténtica felicidad.

Continúa

***

Gracias a todos por leer; en esta ocasión y de manera particular, SaymeProud, cuyo review fue como un jalón de orejas =D

Intentaré actualizar pronto.

Saludos