Yo no invente la historia de Harry Potter, su increíble creadora siempre será JK Rowling y nadie más. Yo solo imagino y juego con los personajes que esa diosa creo. ¡Gracias JK Rowling!

¡Disfruten la lectura!

-¿Quién quiere leer el siguiente?-Dijo Dumbledore.

-Si no te molesta, yo lo leo Albus.-Dijo McGonagall estirando la mano.

El director le dio el libro a McGonagall quien se dispuso a leer el siguiente capítulo.

-El segundo capítulo se llama-Dijo McGonagall leyendo el titulo-En memoria.

La mayoría de personas en el comedor se preguntaban lo mismo ¿En memoria de quien?

Harry estaba sangrando.

-¿Que le paso?-Pregunto Lily alterada

-Estoy seguro que no es nada serio, tranquila.-Respondió James tratando de calmarla

-Si se pone así por eso, estás muerto compañero.-Le susurro Ron a Harry con una mano en el hombro de su amigo quien se estaba preocupando de las reacciones de su madre por las cosas que él hace.

Agarrándose la mano derecha con la izquierda y jurando por lo bajo, abrió la puerta de su dormitorio con el hombro. Hubo un crujido de porcelana rota. Había pisado una taza de té frío que yacía sobre el suelo fuera de la puerta de su dormitorio.
-Que demon…

Miró a su alrededor, el descansillo del número cuatro de Privet Drive, estaba desierto. Posiblemente la taza de té fuera la idea que tenía Dudley de lo que sería una hábil trampa cazabobos. Manteniendo la mano sangrante elevada, Harry reunió los fragmentos de la taza con la otra mano y los tiró dentro de la ya repleta papelera que apenas se veía dentro del dormitorio. Luego con fuertes pisadas fue hacia el baño para poner el dedo debajo del grifo.
Era estúpido, inconveniente e irritante más allá de lo creíble que todavía le faltaran cuatro días para poder hacer magia… pero tenía que admitir ante sí mismo que ese sinuoso corte en el dedo podría haberlo derrotado. Nunca había aprendido a curar heridas, y ahora que pensaba en ello –particularmente a la luz de sus planes inmediatos- este parecía un serio fallo en su educación mágica.

-Y uno muy grande, en estos tiempos de guerra.-Dijo Ojoloco de acuerdo con Harry.

-Creo que tendríamos que encargarnos de eso después-Dijo Dumbledore tomando en cuenta el comentario de su estudiante y un ex-auror.

Haciendo una nota mental de pedirle Hermione que le enseñara a hacerlo, uso un gran puñado de papel higiénico para limpiar tanto te como pudo, antes de volver al dormitorio y cerrar la puerta de un golpe tras de sí.

-Cornamenta creo que tu hijo saco el temperamento de tu dulce y bella pelirroja.-Dijo Sirius que conocía perfectamente el carácter de Lily.

-¿Qué hay de malo con mi temperamento?-Dijo Lily viendo amenazadoramente a Sirius.

Sirius no se hizo para atrás, en lugar de eso le dio una sonrisa de oreja a oreja a Lily sorprendiendo a todos.

-No imaginas como extrañe tus amenazas cuñada pelirroja.-Dijo Sirius recordando el apodo que el mismo le puso a Lily cuando se caso con él.

Lily le devolvió la sonrisa y lo abrazo. Muchos miraron a James preguntándose porque no sentía celos pero él estaba observando el abrazo de su esposa y su hermano con una gran sonrisa.

-Te extrañe mucho hermanita.-Le dijo Sirius cuando se separaron.

Lily lo vio con una sonrisa y le hizo una seña a McGonagall para que continuara leyendo.

Harry había pasado la mañana vaciando completamente el baúl del colegio por primera vez desde que lo había empacado seis años atrás.

-Y es tan ordenado como el padre.-Dijo Remus mirando burlonamente a su amigo. Harry y James se sonrojaron, Remus y Sirius se carcajearon, los dos Potter miraron mal a ambos hombres causando que estos se rieran más.

Tratando de ignorarlos McGonagall continúo con la lectura.

Desde el comienzo de los años de internado escolar, hasta ahora apenas había tocado las tres cuartas partes superiores y las había reemplazado o renovado, dejando una capa de restos varios en el fondo, viejas plumas, ojos de escarabajo disecados, calcetines sueltos que ya no le servían. Minutos antes Harry había hundido la mano en esa porquería, experimentando un dolor punzante en el cuarto dedo de la mano derecha y al sacarla había visto un montón de sangre.
Ahora procedió con algo más de cuidado. Arrodillándose junto al baúl, tanteó el fondo y después de retirar una vieja insignia que cambiaba débilmente entre "Apoyen a CEDRIC DIGGORY y POTTER APESTA"

-Hey, ningún Potter apesta.-Dijo James

-No opino lo mismo.-Dijeron Snape y Malfoy al mismo tiempo.

-Cállate Quejicus/Hurón.-Dijeron James y Harry fulminando a los mencionados.

Solo se necesito una mirada de la profesora McGonagall para que nadie volviera a abrir la boca.

Un resquebrajado y gastado chivatoscopio y un relicario de oro dentro del cual una nota firmada R.A.B habían estado escondida.

"¿R.A.B?" pensaron Remus, Tonks, Moody, Sirius, James, Lily, Harry y Hermione.

Finalmente descubrió el borde afilado que había causado el daño. Lo reconoció enseguida. Era un fragmento de dos pulgadas de largo del espejo encantado que su padrino…

-Mi espejo.-Dijo Sirius Feliz por ser mencionado en l libro.

McGonagall jadeo al leer lo siguiente, lo leyó varias veces y aun así no lo podía creer, una lágrima cayó por su mejilla, todos estaban expectantes, preguntándose que tenía que seguir en el libro para que la profesora más estricta de Hogwarts reaccionara así.

Remus y James se miraron preocupados preguntándose si le había pasado algo a Sirius.

McGonagall continuo con voz rota.

Era un fragmento de dos pulgadas de largo del espejo encantado que su padrino, ahora muerto, Sirius, le había dado.

-¡NO!-Gritaron Remus, James y Harry.

-Sirius…-Lily estaba sollozando pensando en la muerte de su hermano al igual que Tonks que se había encariñado mucho con Sirius desde que se había unido a la Orden.

-No, no, no, no…- Harry no lo quería creer, no lo podía creer. Sirius al notar el comportamiento de su ahijado se acerco y se arrodillo frente a él para verle la cara.

- Estoy aquí y no pienso irme a ningún lado. No importa que no me alejare de mi familia cuando la acabo de recuperar, lo evitaremos cueste lo que cueste -Le dijo muy seguro de sí mismo. Harry vio la determinación en los ojos de su padrino.

-Esta maldita Guerra está destruyendo todo.-Gruño James deseando poder matar a Voldemort en ese mismo momento.

Sin ninguna explicación Sirius y James levantaron sus cabezas abruptamente y voltearon a ver a Remus como si sus mentes estuvieran conectadas. Remus veía la mesa perdido en sus pensamientos.

-Remus.-Susurraron los dos al mismo tiempo, los únicos que escucharon fueron el trió dorado, Tonks y Lily. Remus levanto la cabeza lentamente hasta encontrarse con dos pares de ojos, uno color chocolate y el otro color gris. Una solitaria lágrima salió de los ojos color miel de él.

-Estoy solo.-Dijo con voz rota.

-No lunático, esto no ha pasado y no va a pasar, lo evitaremos a toda costa.-Dijo James-Pero como vamos a saber que tenemos que evitar, si no sabemos qué paso.- termino, usando la lógica.

Antes de que cualquiera pudiera decir algo más otra carta apareció al frente de Ojoloco, quien se dispuso a leerla.

Las cosas sucedieron así, a finales del quinto curso Voldemort haría creer a Harry que tenía secuestrado a Sirius para que fuera al Departamento de Misterio. Harry y un grupo de estudiantes muy bien entrenados fueron hasta allí con la intención de rescatar a Sirius, pero él nunca fue secuestrado realmente. Cuando el grupo llego iniciaron una batalla contra los mortifagos que esperaban a Harry. Terminaron luchando en una habitación con un velo en el centro

Todos claramente se preguntaron como unos simples estudiantes se enfrentaron a unos mortifagos mas experimentados. Los únicos que suponían quienes eran pertenecían al ED. Algunos de los que trabajaban en el ministerio se preguntaban dónde estaba la habitación con el velo y para que era. Dumbledore supo que Voldemort quería que Harry tomara la profecía y se arrepintió de no haberle informando al joven de cabello azabache sobre la causa de toda su desdicha.

La Orden del Fénix participo en la lucha, en un momento Sirius empezó un duelo con su prima

Bellatrix Lestrange que duro bastante, entonces Bellatrix le lanzo un hechizo aturdidor que le dio en el pecho a Sirius, este cayo para atrás y atravesó el velo de la muerte.

Todos se quedaron en silencio

-NOO- Gruño Sirius- De todas las personas, de todos los asquerosos mortifagos, porque tenía que ser esa maldita la que me matara.-Grito furioso.

-Realmente no te mato, solo te aturdió.- Le menciono Remus quien conocía el gran odio que Sirius sentía por su familia.

Aunque fue poco, al parecer el comentario de Remus animo a Sirius al pensar que era tan buen luchador que nadie podía matarlo.

-Bueno ya sabemos que no hay que ir al departamento de misterios.-Comento James feliz de evitar a muerte de su hermano.

-Pero aunque no haya pasado, mi primita descubrirá que es un duelo de verdad.-Dijo Sirius- Pero esta vez la muerta va a ser otra.-Finalizo con un brillo asesino en sus ojos.

Muchos se asustaron al verlo así, pero conociendo las atrocidades que ha hecho esa bruja nadie lo contradijo.

McGonagall quien había llorado en silencio ya que le tenía un cariño especial a los merodeadores, tomo el libro de nuevo para continuar con la lectura.

Harry lo dejo a un lado y tanteó cautamente en el baúl buscando el resto, pero no quedaba nada más del último regalo de su padrino salvo vidrio pulverizado que se adhería como arena brillante a la capa más profunda de restos.
Harry se sentó derecho y examinó el mellado pedazo con el que se había cortado, sin ver nada más que sus propios brillantes ojos verdes reflejados en él.

-Los mismos hermosos ojos de tu madre.-Dijo James, viendo a Lily con ojos soñadores, a distancia se notaba el amor que le tenía.

Lily le respondió con una sonrisa y un tierno beso en los labios.

Luego puso el fragmento sobre El Profeta de esa mañana, que descansaba sobre la cama sin leer, e intentó contener el repentino flujo de amargos recuerdos, las puñaladas de añoranza y nostalgia que el descubrimiento del espejo roto habían ocasionado, atacando el resto de la basura que había en el baúl.
Le llevó otra hora vaciarlo completamente, tirar las cosas inútiles y clasificar las restantes en pilas de acuerdo a si iba a necesitarlas o no a partir de ahora. Los uniformes del colegio y de Quidditch.

-¿Juegas Quidditch?- le pregunto James a Harry con un extraño brillo en los ojos, este simplemente asintió.- ¿En qué posición juegas? ¿En qué curso entraste? ¿Ya eres el capitán del equipo? ¿Cual es tu escoba?

Harry pensó en las respuestas después de tratar de entender a su padre ya que estaba tan emocionado que hablo demasiado rápido.

-Soy Buscador.-Dijo

-Genial.-Respondió su padre encantado.

-Entre en primer curso al equipo.-Continuo Harry.

-¿Que?-Preguntaron James y Sirius con los ojos como platos

-Los de primero no pueden estar en el equipo.-Dijo Sirius anonadado

-Si, nosotros lo intentamos todo el curso pero Minnie nunca nos dejo.- Termino James viendo con reproche a su profesora favorita.

-Disculpen señores Potter y Black, pero hice la excepción con el joven Potter ya que un talento así no puede retenerse.-Dijo McGonagall firme y orgullosa de su decisión.

-Descuide profesora no hay nada que me haga más feliz que saber que mi hijo es el jugador más joven en cien años.-Dijo James orgulloso de su hijo.-Harry continua.-James parecía niño en navidad con esa sonrisa en la cara.

-No aun no soy capitán.-Dijo pero antes de que James comentara algo continuo con la última pregunta.- y tengo una Saeta de Fuego que me regalo Sirius.

-Gracias Hermano.-le dijo James a Sirius ya que el no pudo comprarle a su hijo sus cosas de quidditch. Sirius suponiendo los pensamientos de su mejor amigo se limito a pasar un brazo por sus hombros y sonreír.

El caldero, pergaminos, plumas y la mayoría de los libros de texto fueron apilados en una esquina, para ser dejados atrás. Se preguntaba que harían su tía y su tío con ellos; probablemente quemarlos a altas horas de la noche como si fueran las pruebas de algún horrendo crimen.

-Harry

Apenas escucho a su madre decir su nombre volteo a verla.

-¿Si?

-¿Quería saber cómo te trato mi hermana mientras viviste con su familia?- Pregunto

-Pues...-Harry supo que no podría mentirle a su madre.-No muy bien.

Lily no respondió nada solo miro hacia abajo y cerro fuertemente los puños.

Su ropa muggle, la capa de invisibilidad,

-¿Tienes la capa?- Le pregunto James como un niño

Lily, Remus y Sirius sonrieron por su actitud aunque este último estaba igual de emocionado.

-Desde primero-Respondió Harry divertido por el comportamiento de su padre.

En la cara de James se formo una gran sonrisa.

El equipo para fabricar pociones, algunos libros, el álbum de fotos que Hagrid le había obsequiado una vez, un puñado de cartas y su varita había sido empacadas nuevamente en una vieja mochila. En un bolsillo delantero coloco el mapa del merodeador

-¿Tienes el mapa?-Otra vez pregunto James con los ojos brillantes

-Si, me lo entregaron en tercer curso-Dijo mirando a los gemelos con una sonrisa que ellos regresaron.

-Por cierto ¿Quienes te lo entregaron?-Pregunto Remus curioso

-Es verdad, nosotros lo perdimos en el último curso así que ¿quien lo dio?

Antes de que Harry contestara los gemelos lo hicieron.

-¡Fuimos Nosotros!-Gritaron emocionados.

-¿Porque no me sorprende?-Dijo Remus mirando con una sonrisa a esos que le recordaban a los merodeadores en el colegio.

James y Sirius se pusieron de pie y les dieron un fuerte abrazo a los gemelos.

Y el relicario con la nota firmada R.A.B. Al relicario le había otorgado ese lugar de honor no debido a su valor –era inútil en todos los sentidos prácticos- sino debido a lo que le había costado obtenerlo.

¨ ¿Que le habrá costado?¨ se preguntaron mentalmente Albus, Remus, Tonks, Moody, Sirius, James, Lily, Harry y Hermione.

Esto dejaba un considerable fajo de periódicos sobre el escritorio, al lado de su nevada lechuza, Hedwig. Uno por cada día que había pasado en Privet Drive ese verano.

James y Lily bajaron la cabeza al recordar que su hijo vivió con esos Muggles.

Se levantó del suelo, se estiró y cruzó la habitación hacia el escritorio. Hedwig no hizo ni un movimiento cuando empezó a hojear los periódicos, tirándolos a la pila de basura uno por uno. La lechuza estaba dormida, o lo fingía, estaba enfadada con Harry por la limitada cantidad de tiempo que en ese momento se le permitía pasar fuera de la jaula.

-Amo a tu lechuza Harry.-Dijo Ginny con una sonrisa que el respondió, varias personas asintieron, estando desacuerdo con la chica.

Mientras se acercaba al fondo de la pila de periódicos, Harry aminoró la velocidad, buscando un ejemplar en particular que sabía que había llegado poco después de haber llegado él a Privet Drive a pasar el verano; recordaba que en la primera página había habido una pequeña mención sobre la renuncia de Charity Burbage, la profesora de Estudios Muggles de Hogwarts. Al final lo encontró. Yendo a la página diez se hundió en la silla del escritorio y releyó el artículo que había estado buscando.

La profesora McGonagall jadeo al leer lo siguiente, pero solo pocas personas lo notaron.

ALBUS DUMBLEDORE RECORDANDO, por Elphias Dodge.

-¡NO PUEDE SER!-Fue el grito general por todo el gran comedor.

-Albus tu no puede morir...-Dijo la subdirectora llorando

-Profesor si usted muere el que no debe ser nombrado nos dominara a todos.-Dijo una Ravenclaw con voz chillona.

Muchos la fulminaron con la mirada pero una Gryffindor pelirroja no se pudo quedar callada.

-¡Asquerosa Interesada! el profesor Dumbledore ha sido el e se director más respetado y querido que Hogwarts ha tenido, el se gano el cariño de muchos como hombre, debería molestarte perder a un director tan noble que se preocupa por sus estudiantes y no el hecho que no estuviera para enfrentar a Voldemort.-Grito Ginny furiosa fulminando a la chica que tomo asiento asustada.

El comedor se quedo en silencio un minuto mientras varios sentían un nuevos respeto por la pelirroja, otros se avergonzaban por pensar lo mismo que la chica y le enviaban una mirada de disculpa al profesor.

Los Weasley miraban con orgullo a la menor de su familia quien se sentó en su lugar más calmada. Hermione y Harry miraban a la pelirroja con sonrisa al igual que Sirius, Remus y los Potter.

-Gracias por las palabras joven Weasley pero creo que exagera.-Dijo Dumbledore ligeramente ruborizado.

-Hay profesor no sea modesto.-Dijo Ginny con una gran sonrisa mirando al director.

Varios se sorprendieron y sonrieron por la confianza de la pelirroja con el director. Antes de que este contestara McGonagall hablo.

-La señorita Weasley tiene razón, no seas modesto Albus.-Dijo con los ojos rojos y llorosos lamentando la muerte de alguien a quien considero un hermano. Antes de que pudiera continuar con la lectura una carta apareció al frente de la profesora, quien puso el libro a un lado y el tomo para leerla en voz alta.

Les dejamos el artículo siguiente para que lean después del capítulo y lo puedan examinar bien, lo mismo pasara con un artículo que viene más abajo en la lectura.

Al frente de cada estudiante, profesor o invitado apareció un pedazo de papel que varios apreciaron.

-Los artículos los leeremos al final del capítulo por separado, ahora continuemos.-Dijo la McGonagall un poco recuperada pero con los ojos rojos. Ella se dispuso a continuar con la lectura.

Harry terminó de leer pero continuó mirando la foto que aparecía acompañando el obituario. Dumbledore lucía su acostumbrada sonrisa gentil, pero como miraba por encima de sus medias gafas, daba la impresión, incluso desde el periódico, de que miraba a Harry con rayos X

Muchos reconocieron que sentían lo mismo cuando Dumbledore los miraba.

, provocando que la tristeza se entremezclara con una sensación de humillación.
Él había creído conocer a Dumbledore bastante bien, pero desde que había leído el obituario se había visto forzado a reconocer que apenas si le conocía. Ni una sola vez se había imaginado la niñez y la juventud de Dumbledore, era como si hubiera nacido tal como Harry lo había conocido, venerable, con el cabello plateado y anciano. La idea de un Dumbledore adolescente era sencillamente extraña,

-En eso mi ahijado tiene razón, no te ofendas Albus pero sería raro verte adolecente.-Dijo Sirius sonriéndole a su antiguo director, este le devolvió una pequeña sonrisa, contento de ver de nuevo el brillo del Sirius adolecente en adulto.

-Te lo imaginas de niño.-Dijo James tratando de imaginarlo.

-Mejor cuando era bebe.-Dijo Remus haciendo lo mismo que James pero sin mucho excito tampoco.

Los tres merodeadores se vieron haciendo lo mismo y se carcajearon. La escena emociono a varios que extrañaron al grupo-

-Podrían hacer silencio señores, compórtense.-Dijo severa pero mirándolos divertida, se puso el libro frente la cara para que no la vieran sonreír.

como tratar de imaginarse a una Hermione estúpida

Mucho rieron por eso y Hermione golpeo juguetonamente el hombro de Harry.

o a un escrituro de cola explosiva amistoso. Nunca había pensado en preguntarle a Dumbledore acerca de su pasado. Sin duda se hubiera sentido extraño, impertinente incluso, pero después de todo era de común conocimiento que Dumbledore había tomado parte en ese legendario duelo con Grindelwald, y a Harry no se le había ocurrido preguntarle cómo había sido eso, ni acerca de ninguno de sus otros famosos logros. No, siempre habían hablado de Harry, el pasado de Harry, el futuro de Harry, los planes de Harry… y a Harry le parecía ahora que a pesar del hecho de que su futuro fuera tan peligroso e incierto, había perdido irremplazables oportunidades al haber omitido preguntarle a Dumbledore más cosas acerca de su vida. Aunque sospechaba que la única pregunta personal que jamás le había hecho a su Director era también la única que Dumbledore no había respondido honestamente.
¿Qué ve cuando mira en el espejo?
¿Yo? Me veo a mi mismo sosteniendo un grueso par
de calcetines de lana.

Muchos se confundieron con esa conversación pero Harry y Dumbledore se sonrieron con complicidad.

Después de considerarlo unos minutos, Harry arrancó el obituario de El Profeta, lo dobló cuidadosamente y lo metió dentro del primer volumen de Defensa Mágica Práctica y sus Usos Contra las Artes Oscuras. Luego tiró el resto del periódico a la pila de basura y se giró enfrentando la habitación. Estaba mucho más ordenada. La única cosa fuera de lugar era El Profeta del día de hoy, aún tirado sobre la cama con el trozo de espejo roto encima.
Harry cruzó la habitación, corrió el fragmento de espejo sacándolo de encima de El Profeta del día, y desdobló el periódico. Cuando esa mañana temprano había recogido el periódico enrollado traído por la lechuza repartidora, apenas le había echado un vistazo al titular y después de advertir que no decía nada acerca de Voldemort lo había hecho a un lado. Harry estaba seguro que el Ministerio estaba presionando a El Profeta para que suprimiera las noticias sobre Voldemort. Por lo que ahora mismo cuando vio lo que se había perdido.
Atravesando la segunda mitad de la página principal había un titular más pequeño colocado sobre una foto de Dumbledore caminando a zancadas, con aspecto apurado. Dumbledore ¿Al fin la verdad? La próxima semana la conmocionante historia del imperfecto genio considerado por muchos el más grandiosos mago de su generación. Despojándole de la imagen popular de serena sabiduría bajo la barba plateada, Rita Skeeter revela la trastornada infancia, la desenfrenada juventud, las eternas enemistades, y los secretos culpables que Dumbledore se llevó a la tumba. ¿POR QUÉ el hombre hecho para ser Ministro de Magia se contentó con ser un mero Director? ¿CUÁL era el propósito real de la organización secreta conocida como la Orden del Fénix? ¿CÓMO encontró verdaderamente Dumbledore su final?
La respuesta a estas y muchas otras preguntas serán exploradas en la nueva y explosiva biografía, Vida y Mentiras de Albus Dumbledore, por Rita Skeeter,

Varios hicieron una mueca conociendo a la mujer.

exclusivamente entrevistada por Barry Braithwaite, página 13 en el interior. Harry abrió el periódico de un tirón y encontró la página trece. El artículo estaba encabezado por una foto que mostraba otra cara familiar: una mujer que usaba gafas enjoyadas con el cabello peinado en rizos rubios muy elaborados, los dientes sobresalían en lo que claramente se veía que era una sonrisa triunfal, meneando los dedos ante él.

¨ ¡Que Horror!¨ pensaron la mayoría de hombres en el comedor.

Haciendo lo que pudo por ignorar esa nauseabunda imagen, Harry continuó leyendo,

Al frente de todos apareció el otro artículo. Todos la dejaron a un lado siguiendo la orden de McGonagall.

-¡Mentiras! -gritó Harry, y a través de la ventana vio como el vecino de la casa de al lado, que había hecho una pausa mientras segaba el césped, miraba nerviosamente hacia arriba.
Harry se sentó en la cama con fuerza. El pedazo roto de espejo danzó lejos de él; lo levantó y le dio vuelta entre los dedos, pensando… pensando en Dumbledore y en las mentiras con que Rita Skeeter le estaba difamando…
Hubo un relámpago de brillante azul. Harry se quedó congelado, el dedo lastimado deslizándose sobre el mellado borde del vidrio otra vez. Debía habérselo imaginado, seguramente. Miro por encima del hombro, pero la pared lucía el enfermizo tono durazno que su tía Petunia había elegido. No había nada azul allí que pudiera ser reflejado por el espejo. Volvió a mirar el fragmento de espejo nuevamente, sin ver otra cosa que sus brillantes ojos verdes devolviéndole la mirada.

¨Hermosos Ojos Verdes¨ pensaron James y una pelirroja que se castigo mentalmente recordándose a si misma que tenia novio.

Se lo había imaginado, no había otra explicación. Lo había imaginado por haber estado pensando en su director muerto. Si de algo era seguro, era que los brillantes ojos azules de Albus Dumbledore, nunca le atravesarían otra vez.

-Bueno ese es el final del capítulo.-Dijo la subdirectora dejando el libro en la mesa.

-Les daré veinte minutos para leer y comentar los artículos.-Dijo Dumbledore empezando a leer el mismo los papeles

En las mesas aparecieron unos bocadillos que los invitados y estudiantes empezaron a comer mientras leían.

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