Sí, lo sé. Me he retrasado un poco respecto al tiempo que os había prometido. Estamos prácticamente en mayo y se me acumula el trabajo, por así decirlo: exámenes, trabajos, etc. No quiero dejar esta historia en particular abandonada, así que pienso seguirla, pero no puedo prometeros que la tendré todos los domingos. Sin embargo, intentaré actualizarla cada dos semanas, hasta que termine todos mis asuntos pendientes.

Antes de dejaros con el capítulo, responderé a las reviews como es debido:

Koneko: ¡Me halaga que te haya gustado tanto! Tengo planeado contarla desde distintos puntos de vista, así que sí será posible para ti leerla "mil veces". Espero que disfrutes de este capítulo y siento la demora.

Beryl96: No esperaba una opinión tan positiva de mi historia. Al menos, no tan pronto, teniendo en cuenta que la pareja principal tardará su tiempo en desarrollarse. Sin embargo, me alegro, y descuida, Axel hará más apariciones en el futuro. Alguien tiene que hacer cambiar de opinión a Roxas, ¿no? Aquí tienes la continuación, espero no decepcionar.

Sin decir nada más, os dejo con el capítulo. No estoy del todo contenta, ya que parece más bien un capítulo de transición. Y tal vez así sea, pero prometo compensarlo con uno un poco más... activo. ¡Disfrutadlo!

Disclaimers: Kingdom Hearts y sus personajes son propiedad de Square-Enix y Disney.


Definiciones del Amor

El amor, por Roxas

Capítulo IV


Sector 5, Midgar –

31 de octubre, 10:29 a.m


Roxas despertó entre quejidos, llevándose la mano a la cabeza y abriendo pesadamente sus ojos. Las sábanas cubrían su cansado y aún sudoroso cuerpo desnudo, mientras que su último cliente aún dormía a su lado, también desnudo. El rubio aprovechó para observarle mejor.

Tez morena, un cuerpo muy bien formado, cabello blanco y una tranquila, pero al mismo tiempo amenazante expresión mientras dormía. Aún teniendo el cabello de ese color, no era un hombre especialmente mayor; como siempre, más que él, pero seguía siendo joven. Y, no iba a negarlo, bastante atractivo.

Al ojiazul se le escapó una débil risilla al pensar que, últimamente, tenía a demasiados hombres con ese curioso color de pelo en su vida.

Se levantó con cierta dificultad para buscar su ropa, que debía de estar tirada por algún lugar de aquella enorme y lujosa habitación de hotel. Sonrió. Tal vez podría darse un buen baño antes de marcharse, si es que se sentía capaz de hacerlo; tenía todo el cuerpo dolorido y muy cansado después de anoche.

–¿Es una costumbre entre vosotros ser tan poco cuidadosos? –le preguntó al hombre, aún sabiendo que no respondería.

Aún así, volvió a reír y siguió buscando su ropa, pero en lugar de ponérsela, se fue al baño, mirando a su fugaz amante nocturno una última vez antes de entrar.

El baño era enorme, aunque eso no era algo que sorprendiera al promiscuo rubio; Sephiroth siempre lo llevaba a los mejores hoteles de Midgar. Pero la última vez, el caprichoso peliplateado se presentó en su casa y le dejó con la ganas de un buen baño de burbujas, así que esta vez no podía desaprovechar la oportunidad. De modo que dejó su ropa apartada y preparó ese baño de burbujas.

Era un lugar enorme, con una ducha y la enorme bañera con forma circular. Los azulejos eran completamente blancos, impolutos, al igual que el resto de elementos del baño; la bañera, la ducha, el lavabo, el marco del espejo… Todo completamente blanco. Daba, sin duda, una limpia sensación de pureza.

Todo lo contrario a él, pensó Roxas. Sonrió divertido.

Mientras la bañera se llenaba de agua caliente, se tomó un tiempo en mirarse al espejo. Su cuerpo delgado y delicado, pálido pero saludable y, al parecer, libre de nuevas marcas esta vez. Su cliente no había sido tan desconsiderado como otros, y eso era toda una novedad. Pero aún quedaban algunas marcas casi imperceptibles de su última noche con Sephiroth; era de esperar.

Suspiró y siguió mirándose en el espejo, toqueteando su alborotado cabello rubio hasta que su ansiado baño de burbujas estuvo listo. Se estiró, con un bostezo, antes de meterse con cuidado, dejando escapar un nuevo suspiro cuando sintió esa cálida y agradable sensación.

Cerró los ojos, disfrutando de aquellos minutos de tranquilidad. Necesitaba relajarse.

Aunque no tardó en pensar en todo lo que había ocurrido durante el día anterior: por fin, había conocido al amor platónico de su amigo, Sora, quién había ido a ver a Riku al trabajo y, seguramente y teniendo en cuenta el estado de ánimo de su compañero peliplateado, las cosas no podían haber acabado muy bien; iba a tener que hablar con Riku, llevaba semanas sin saber de él y estaba convencido de que lo necesitaría.

Pero, por otro lado, recordó a aquel extravagante puercoespín pelirrojo. Axel, si su memoria no le traicionaba. Nunca nadie le llamaba la atención lo suficiente y, sin embargo, aquel desconocido había logrado desconcertarle, y no era sólo por el hecho de ser la única persona que conocía –aparte de él mismo– a la que le encantaba el helado de sal marina, sino por su forma de reaccionar al descubrirle. Había algo en ese hombre que le resultaba interesante.

Sin embargo, nunca volvería a verlo.

–Qué lástima… –suspiró, aún con los ojos cerrados.

Tampoco quiso pensarlo demasiado; tenía unos minutos para relajarse en el baño, pero su cliente pronto abriría los ojos y siempre le resultaba tedioso tener que lidiar con ellos cuando despertaban. Siempre acababan pidiendo más, y hoy tenía bastante prisa: tenía que hablar con Riku.

Así que terminó de lavarse y salió de la enorme bañera. Se vistió y aprovechó para peinarse un poco –o más bien despeinarse– antes de salir.

No le sorprendió ver a ese hombre ya despierto, sentado en la cama y esperándole. Suspiró.

–¿Sigues aquí? –fue lo único que preguntó aquel hombre moreno.

–Necesitaba un baño. –respondió Roxas sin más, sonriendo al ver los billetes sobre la mesilla de noche. –Pero ya me iba.

Le dedicó una sonrisa al que había sido su cliente hace unas horas y cogió su generosa recompensa de la mesilla para guardarlo cuidadosamente en su monedero. Sabía que, durante todo el proceso, estaba siendo observado por el moreno, pero no le dio ninguna importancia; ya estaba acostumbrado a esas lascivas miradas, e incluso a comentarios –en incontables ocasiones– sobrepasaban el límite de lo desagradable.

Así que agradecía que sólo fueran miradas.

–¿Podré repetir?

Roxas miró al hombre. Nunca podía negarse si le pagaban, y tenía que admitir que no le resultaba desagradable la idea de repetir lo de anoche: era un hombre atractivo, aunque algo bruto.

–Tienes mi número, ¿no? –respondió con una sonrisa coqueta. –Si puedes pagarlo y avisas con antelación…

La amplia y, de alguna manera, maliciosa sonrisa del mayor fueron suficiente respuesta para el rubio, que todo lo que hizo fue asentir antes de dirigirse hacia la puerta.

–Hasta la próxima, Roxas. –se despidió con voz ronca.

–Hasta pronto. –se despidió el menor, deteniéndose un momento. –Disculpa, no recuerdo tu nombre. ¿Era…?

–Xemnas.

Lo primero que pasó por la cabeza de Roxas fue cómo demonios alguien podía tener un nombre tan sumamente extraño. Aunque, antes de hacer un comentario sobre el pésimo gusto de sus padres a la hora de elegirle el nombre, recordó el de varios de sus clientes, entre ellos Sephiroth, además de suyo o el de su hermano gemelo y sólo pudo reír.

–No creo que olvide un nombre así. –fue lo que comentó al final. –Oh, ¿quién te dio mi número?

–Xigbar.

El joven de ojos azules frunció el ceño al escuchar ese nombre. Recordaba perfectamente a ese hombre, casi anciano, con varias cicatrices en su piel y un parche en el ojo; Xigbar, quién, hace un tiempo, fue su jefe. Siempre se asqueaba al pensar en ese hombre, y creía que le había perdido el rastro hace un par de meses.

Al parecer, su desagradable ex jefe no se había olvidado de él.

–Hasta la próxima, Xemnas. –se despidió finalmente, saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras de él.


Sector 7, Midgar –

31 de octubre, 2:14 p.m


–Creí que no vendrías.

El joven peliplateado frunció el ceño. Aún estaba cruzado de brazos, apoyado en la pared de aquel establecimiento de comida rápida en el que le había citado su amigo. Tenía el ceño fruncido y sus labios no parecían dispuestos a moverse para formar una sola sonrisa al ver al rubio. Se veía realmente molesto y sin muchas ganas de estar allí.

Pero esas profundas ojeras que tanto destacaban en la pálida piel del chico no pasaron desapercibidas para Roxas.

–Una mala noche, ¿eh? –comentó, aún siendo el único que rompía con ese incómodo silencio.

–Podría decir lo mismo. –fueron, al fin, las primeras palabras de Riku, que no dejaba de mirar a su amigo de arriba abajo.

El rubio también tenía unas marcadas ojeras de su ajetreada noche, además de su cabello algo más alborotado que de costumbre. Pero, sin embargo y pese a que ambos sabían el significado oculto tras las palabras de Riku, las mejillas de Roxas ni siquiera enrojecieron ligeramente. Aunque sí se le escapó una risa coqueta, muy característica suya cuando hablaban de esa clase de temas. Risa que, en incontables ocasiones, irritaba a su compañero.

–Pero, en mi caso, fue divertido. –respondió sin más, mostrándole una amplia sonrisa a su malhumorado amigo.

Riku sólo gruñó y entró al local. Ambos guardaron un largo –y, por qué no decirlo, incómodo– silencio durante la cola, hasta que el rubio pidió lo que deseaban tomar y pagó, esperando a recibir su pedido y dirigiéndose a la primera mesa libre que encontraron.

Sólo entonces, cuando por fin estaban sentados, decidió romper el silencio:

–Llevo días sin saber de ti. –comentó, sin dejar de sonreír.

Riku desvió la mirada.

–No creía que quisieras verme.

Una nueva risa por parte del ojiazul. A pesar de que no eran amigos de toda la vida, conocía muy bien al que fue su compañero de clase; Riku era una persona muy reservada, hasta el punto de resultar irritablemente reservado. Siempre daba las cosas por sentadas y no solía disculparse sin más, por muy arrepentido que se sintiera. Le costaba hablar de él y, sobre todo, parecía incapaz de expresar sus sentimientos y preocupaciones.

Sin embargo, con Roxas, Riku fue capaz de hablar sobre Sora, incluso entre lágrimas, tratando de expresar sus sentimientos con palabras. Aunque, aquella vez, al rubio sólo le bastó con ver a alguien tan sereno como su amigo llorar.

Pero ahora no estaban en su apartamento, sino en una hamburguesería repleta de personas que podrían verle. No esperaba una explicación demasiado detallada.

–No estoy enfadado. –aclaró Roxas. –Me tenías preocupado, ¿sabes?

Ahora sí pudo ver cómo el peliplateado se encogía ligeramente, arrepentido, mirándole de forma disimulada; quería disculparse, pero su orgullo le impedía hacerlo.

–Está bien. Fui demasiado duro con el tema de… tu amigo. –continuó hablando. –Tendré más tacto la próxima vez.

Sólo recibió un asentimiento con la cabeza por parte del arrepentido joven, y ambos comenzaron a comer. El silencio aún resultaba algo incómodo.

–¿Qué has estado haciendo estos días? –preguntó Roxas, rompiendo ese silencio una vez más.

–Estudiar, trabajar… Ya sabes. Los exámenes serán pronto.

–¿Y Sora? ¿Cómo te fue ayer con él?

La forma en la que Riku arqueó una de sus cejas, con aquella confusa mirada, le hicieron pensar que se había equivocado.

–Sora y yo no nos vimos ayer. Me llamó, pero le dije que no podía ser. –respondió sin más, aunque sus ojos aguamarina estaban clavados en el rubio.

–Ah… ¿No fue a buscarte al trabajo?

–¿Sora? Nunca ha hecho eso. ¿Por qué has pensado algo así?

Riku estaba entre desconcertado e intrigado, mientras que Roxas no entendía qué había pasado; estaba convencido de que el alegre castaño había ido a buscarlo, preocupado por no saber nada de su mejor amigo en semanas. Entonces, ¿no fue a la cafetería a saludarlo? ¿Iba a ver a su con su novia? No parecía que fuera a ver a esa tal Kairi, y era toda una coincidencia que se hubiera bajado en esa parada cuando el rubio sabía que vivía bastante lejos de aquel lugar.

Sin embargo, ¿qué iba a hacer Sora en aquella cafetería si no era ver a su amigo? ¿Espiarlo entre las sombras? No parecía el tipo de persona que hacía esas cosas.

–Por nada. Supongo que tengo demasiada imaginación. –respondió finalmente, entre risas.

–Llevo… demasiados días evitándole. –confesó Riku, desviando la mirada de nuevo. –Quería verme, pero le dije que tenía cosas que hacer. Parecía decepcionado.

–Es tu mejor amigo, por supuesto que lo estaba. –lo reprendió Roxas, dándole un bocado a su hamburguesa. –Ya te lo dije, no podrás evitarlo para siempre.

–No quiero verlos juntos. –murmuró, y el rubio pudo fijarse en la forma en que apretaba sus puños al decirlo.

–¿Has probado a decírselo?

Esas palabras alteraron a Riku.

–¿¡Qué!? ¿Estás loco? –bramó, con el ceño fruncido y visiblemente molesto. –Sora me odiaría. –añadió, bajando el tono de su voz al ver que gran parte del local los estaba mirando.

Roxas suspiró. Había visto la forma en que aquel despistado muchacho había hablando a su amigo, esa decepción y esos suspiros al colgar el teléfono, su expresión… Por no mencionar lo excesivamente cariñoso que era con el peliplateado, o al menos por las cosas que éste le contaba. Y que se bajara en esa parada, justo a aquella hora…

Para alguien como Roxas, la amistad que tenían esos dos era demasiado extraña.

–¿Quién sabe? A lo mejor sólo es un reprimido y necesita un… empujoncillo, literal y metafórico.

–¡Roxas!

De nuevo, todo el local los estaba mirando. Riku había fruncido el ceño una vez más, apretando sus puños y aparentemente dispuesto a golpear a su amigo si seguía hablando de esa manera del joven castaño.

Sin embargo, el travieso rubio parecía estar disfrutando de esa situación.

–Sora no es así. Él siempre quiso estar con Kairi. –continuó. –Son… la pareja perfecta.

Roxas suspiró, cansado, como siempre solía hacer cuando hablaba con el peliplateado de aquel asunto. Siguió comiendo su hamburguesa, sin saber qué decirle y que no sonara demasiado rudo, despreocupado u ofensivo.

Cuando terminó de comer, sonrió a su amigo.

–¿Sabes qué? Salgamos la semana que viene. –propuso finalmente. –Hace tiempo que no nos despejamos un poco.

Su compañero pareció dudar. Jugó un poco con las patatas, intactas, desviando la mirada. Sabía perfectamente a lo que se refería su amigo; llevaba recordándole durante semanas, tal vez meses, que la mejor forma de olvidarse de Sora era salir y conocer gente nueva.

–Debería estudiar. –fue su única respuesta.

–¡Vamos! ¿Pretendes que me crea que estudiaras todo el fin de semana? –preguntó Roxas y, a juzgar por esas cejas arqueadas y aquella sonrisa burlona, aunque Riku asintiera no iba a creerse ni una palabra.

El joven peliplateado suspiró. Tanto él como su amigo sabían la verdadera razón por la que se negaba a salir una noche, pero ninguno de ellos la mencionó en voz alta; era como si se tratara de un tema tabú. Y, tal vez y teniendo en cuenta lo que sucedió la última vez que hablaron de ello, fuera cierto.

Pero, entonces, los primeros de "Slept so Long" interrumpieron la conversación de los dos amigos. Riku se apresuró a sacar su teléfono móvil, comprobado que estaba recibiendo una llamada… y frunciendo el ceño al ver que se trataba de su mejor amigo.

–Sora, ¿no es así?

El joven no respondió. Continuó mirando el móvil, dejándolo en silencio y viendo cómo la pantalla se iluminaba, dejando ver el nombre del castaño sobre una foto suya.

–¿No vas a responderle?

Riku se limitó a negar con la cabeza, mientras que el rubio dejó escapar otro suspiro. Puede que se equivocara pensando que, tal vez, Sora sintiera algo por su amigo, pero era evidente que estaba preocupado. Si, como decía Riku, su mejor amigo era despistado y muy poco atento, estaba mostrándose realmente insistente en retomar el contacto y saber de él.

Sin duda, incluso alguien tan despreocupado como Sora se estaba dando cuenta de que algo iba mal.

Al final, Riku decidió descolgar el teléfono y contestar a su amigo. Sin embargo, el rubio no pudo escuchar más que la alegre voz del chico, sin entender realmente lo que le estaba diciendo. Pero, a juzgar por la expresión de su amigo, debía de estar relacionado con aquella chica que le robaba tiempo con Sora.

–Ya sabes que tengo mucho que estudiar, Sora. –era la respuesta que Roxas sí pudo escuchar. –No. También tengo que trabajar, ¿recuerdas? A mí no me lo pagan todos mis padres.

"Eso ha sido bastante desagradable", pensó Roxas, que no dejaba de observar las expresiones del peliplateado, apoyándose con los codos en la mesa.

–No estoy enfadado.

Riku seguía hablando con su amigo, mientras que el ojiazul sólo reprimía breves carcajadas, junto a unas irresistibles ganas de reprenderlo por estar actuando de aquella forma.

–Estoy ocupado ahora. Ya hablaremos. –fueron las últimas palabras que le dedicó el joven de ojos aguamarina antes de cortar la llamada.

Roxas miró el teléfono, y después a su amigo, sin saber si dedicarle una sonrisa burlona o fruncir el ceño.

–Riku, creo que Sora sólo está preocup-

–¿Sabes? Creo que tienes razón. –lo cortó Riku. –Salgamos la semana que viene. Necesito… distraerme, conocer gente nueva.

Con un suspiro, el rubio optó por dedicarle una sonrisa que, lejos de ser malintencionada o acompañada de algún comentario jocoso e inoportuno, era cariñosa y, en cierto modo, triste.

Porque eso era para él toda esa situación: triste, frustrante. Sólo era una prueba más de lo que un sentimiento tan egoísta y tóxico como el amor podía destrozar una relación como la de esos dos amigos, que a Roxas siempre le resultó idílica e inalcanzable. Una amistad que, de no ser por esos oscuros sentimientos de su cobarde amigo, sería envidiable.

–Como quieras. –cedió. –Espero que no te eches atrás y me dejes tirado.

–No. Esta vez, será distinto.


Aclaración: El nombre de la melodía que tiene Riku en su móvil es, en concreto, Slept so Long, de Korn. ¿Alguna razón en especial? Sí, la hay. Más personal que lógica, un pequeño tributo que le hago a alguien. No hace falta que os comáis la cabeza con eso. Pero siempre está bien saber cuál es la canción para imaginarlo mejor, ¿no?

Hasta aquí llega el capítulo. Nos vemos, por ahora, en dos semanas, pero prometo que merecerá la pena.

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