Disclaimer: Nada que reconozcáis es mío, solo lo uso para entretenerme en lugar de estar haciendo algo productivo o bien estudiando...

El halcón

Cuando los tres adolescentes llegaron a la sala común, tras haber recorrido todo el pasillo ignorando las quejas y la impaciencia de Sirius, se acercaron a los sofás que había frente a la chimenea, donde sus amigos les esperaban.
Era tarde y a causa del respeto que producía a la mayoría del alumnado, en especial a los más jóvenes, una McGonagall de peor humor que de costumbre, la sala común estaba prácticamente desierta. Apenas había un par de grupos de alumnos de los dos últimos cursos, entre los que se encontraban nuestros protagonistas.
Sirius fue el primero en llegar a los sofás, se sentó en el más grande y se cruzó de brazos mientras miraba a su novia y a su mejor amigo esperando, impaciente, una explicación. Andrew se sentó a su lado sin disimular una sonrisa al ver esa mirada. Y James, en contra de todas las estadísticas, en lugar de sentarse en el sitio que había libre junto a Lily se sentó en el brazo del sofá donde estaba Peter. Todos miraron al moreno y luego miraron el gran hueco que había junto a la pelirroja, volvieron a mirar al moreno y, tras un encogimiento de hombros general, decidieron ignorar ese detalle. ¿Quién podía entender a esos dos?

Sirius: Vale, no lo soporto ni un segundo más. O me lo contáis ya o reviento- aseguró el moreno taconeando con el pie a causa de su impaciencia.

Phoebe: ¿Qué tenéis que contarle?-preguntó la rubia, pero antes de que pudieran contestar Remus cambió de tema.

Remus: ¿Qué os ha dicho Dumbledore? ¿Cuál es nuestro castigo?

Sirius: ¡Alto ahí, amigo! De eso nada, primero me cuentan por qué McGonagall ha castigado más de una vez a Andrew y luego, si eso, os contamos de que va el castigo-interrumpió el moreno consiguiendo que las miradas de todos los presentes se centraran, de golpe, en Andrew.

Andrew: A ver, todos sabéis que Snape le tiene cierta… aversión a Lily, por todo eso de la sangre limpia y demás-todos asintieron mientras Lily se encogía de hombros-. El caso es que hará unos tres años se pasó de la raya. Hizo cierto comentario que molestó bastante a Lily y a mi me cabreó de una forma inimaginable, así que decidí vengarme de él. Fue entonces cuando, durante una clase de pociones, me tocó a su lado y vi como, en los márgenes de su libro, escribía instrucciones para mejorar la realización de pociones y algo que llamó mi atención, también escribía una serie de encantamientos inventados por el mismo mientras murmuraba ciertos comentarios referidos a James-esa última frase la dijo con una sonrisa, al recordar dichas frases-. Por aquel entonces James y yo apenas nos dirigíamos la palabra, pero sabía que teníamos en común esa manía hacia Snape, con lo que mi venganza apareció ante mis ojos. Una tarde me acerqué a él y le conté todo lo que había visto y le pasé los encantamientos que había leído. Y unos meses más tarde, durante los TIMOs si no recuerdo mal, estábamos Lily, Phoebe y yo fuera, descansando un rato al sol, cuando vimos como un corrillo de gente se formaba en torno a vosotros. En el momento en el que vi a Snape me levanté y me acerqué para disfrutar del espectáculo, con Lily y Phoebe tras de mi.

Sirius: ¡Ya lo recuerdo! Fue cuando hiciste que quedara flotando boca abajo en el aire ¿no? ¡Solo recordar esas imágenes aun me dan escalofríos!-exclamó el moreno estremeciéndose mientras el de gafas se reía.

James: Levicorpus se llamaba ¿verdad, Andrew?-preguntó y la chica asintió.

Sirius: Vale, pero eso no me aclara el que te castigaran más veces…

Andrew: Tras mi pequeña venganza contra el Slytherin James y yo nos "aliamos", por llamarlo de alguna forma, cada vez que se os ocurría alguna broma contra Snape o alguna otra serpiente me la contaba y yo le daba mi opinión. Por ejemplo, el hechizo que usáis cada vez que termináis una broma para dibujar vuestros nombres en el aire, es mío.

Remus: ¡Por eso te lo sabías!

Sirius: Vale, me estáis diciendo que la que, en ese momento, era mi futura novia y mi mejor amigo se habían aliado…¡¡Y no me dijisteis nada!! ¡¿Tú que clase de amigo de pacotilla eres?!

James: Andrew no te soportaba, no la iba a hacer algo así cuando mis bromas dependían, en parte, de sus geniales ideas.

Lily: Genial… Andrew ¿cuándo te diste el golpe en la cabeza que te hizo aliarte con este?-preguntó señalando a James, el cual puso los ojos en blanco.

Andrew: Bueno, nuestra alianza solo duró unos meses, mientras estábamos en 6º. Cuando intentó utilizarme para acercarse a Lily se acabó mi participación en vuestras bromas. No obstante, cada vez que algo que hacíais vosotros tenía algo que ver conmigo me encargaba de ir al despacho de McGonagall y contarle mi parte de culpa. Por eso conoce mis antecedentes delictivos.

Sirius: Increíble…

Phoebe: Vale, y después de esta increíble revelación… ¿seríais tan amables de decirme cual es nuestro castigo? Me quiero ir a dormir sabiendo lo que me espera.

Andrew: Pues lo siento en el alma Phoebe, pero Dumbledore nos ha dicho que necesita tiempo para pensar un castigo acorde a nuestra broma, con lo que te vas a dormir sin saber lo que te espera.

Phoebe: Genial…Tiemblo solo de pensar lo que se le puede ocurrir a Dumbledore…

Sirius: Pues yo no sé por qué os da tanto miedo, no creo que nos haga hacer algo mucho peor que limpiar los baños.

Andrew: ¿Hay algo peor que limpiar un baño?-preguntó con cara de desagrado al pensar en la posibilidad de que ese fuera su castigo y los tres merodeadores que aun permanecían despiertos –Peter se había dormido hacía un rato– se encogieron de hombros.

Lily: Bueno, por esta noche yo ya he tenido demasiadas revelaciones bastante incómodas-confesó mirando a su amiga Andrew- Con lo que, si no os importa, me voy a dormir.

Phoebe: Espera Lils, vamos contigo-anunció la rubia levantándose para ir tras la pelirroja tras despedirse de Remus.

Andrew: Buenas noches chicos-se despidió la morena tras besar a Sirius y las tres chicas desaparecieron de la vista de los merodeadores.
Una vez solos, los tres chicos miraron a Peter, el cual roncaba plácidamente, y luego se miraron entre ellos. Los labios del licántropo se movieron, estaba contando. 1…2… ¡3! Y los tres chicos se levantaron de golpe. Sirius y Remus miraron a James sonriendo ampliamente mientras el moreno suspiraba, había sido el último de los tres en levantarse.

James: Está bien-murmuró acercándose a Peter- Ya le subo yo…

Sirius: Ya sabes Prongs, el último en levantarse carga con el muerto. Y tú has sido el último.

Remus: Vamos Prongs, demuéstranos el fruto de tus duros entrenamientos-se burló el castaño mientras el aludido cogía a Peter en brazos, sin que este se inmutara apenas.

Al día siguiente, tras un desayuno abundante y consistente, los seis adolescentes se dirigían, temerosos, al despacho del director. Bueno, no todos, Sirius y James caminaban tan tranquilos. Después de pasarte los últimos seis años de tu vida castigado prácticamente todo el año tiendes a restarle importancia a los castigos. Por el contrario, Phoebe iba histérica, era la primera vez que se dirigía al despacho del director y se sentía como un condenado, minutos antes de la ejecución. Remus, al ver la cara de preocupación de la rubia la cogió de la mano, acariciando el dorso con el pulgar. Ella le miró extrañada y él sonrió.

Remus: Todo saldrá bien, no hay por qué preocuparse-la animó y ella se esforzó por sonreír, aunque mucha tranquilidad no sentía.

Una vez subidas las escaleras que conducían a aquella puerta de madera, tras la cual se encontraba el despacho de su director, Andrew alzó el puño dispuesta a llamar, pero la puerta se abrió segundos antes de que los nudillos de la chica rozaran la madera. Todos contuvieron el aliento mirándose entre ellos.

Sirius: Que siniestro… es como estar de nuevo en casa-bromeó consiguiendo arrancar una sonrisa de todos los presentes. O de casi todos

Peter: ¿Por qué estás en casa? ¿Qué tiene que ver tu casa con una puerta?

James: Olvídalo Peter, a esta hora tu neurona no está lo suficientemente activa como para conseguir entenderlo-le dijo mientras entraban en el despacho.

Seis sillas aparecieron frente a la mesa del director, y los seis chicos se sentaron en ellas, mientras esperaban la llegada de su director.

Dumbledore: Buenos días alumnos-les saludó mientras entraba en el despacho y se sentaba en su asiento-. Un desayuno delicioso ¿Han probado las tortitas? Estaban exquisitas.

Sirius: No estaban mal, aunque me quedo con los huevos revueltos y el bacon.-contestó el moreno poniéndose cómodo en la silla.

Dumbledore: Bien, por la cara que trae su amiga, la señorita Thomson, deduzco que no están aquí para discutir conmigo acerca de los distintos platos del desayuno.

Andrew: No señor, veníamos para saber cuál va a ser nuestro castigo por la inocente broma de ayer.

Dumbledore: Bien, en primer lugar me complace anunciarles que el trabajo de historia de la magia ha sido suspendido, ya que simplemente fue una medida para tenerles entretenidos.

Sirius: Genial, aun no había empezado.

Dumbledore: No señor Black, no me ha entendido. Ha sido suspendido para todos sus compañeros menos para ustedes seis, es parte del castigo. Señor Lupin, señor Pettigrew, ustedes dos terminarán juntos el trabajo para que, de ese modo, sus dos compañeras queden libres.

James: Intuyo que esa no es la parte dura del castigo-opinó el moreno mientras se colocaba las gafas, el anciano director sonrió.

Dumbledore: Intuye bien señor Potter. Como les dije ayer al señor Black y a la señorita Cullen, deberían utilizar su habilidad para algo más productivo. En eso consiste el resto del castigo. Hay una serie de alumnos en primer año, cuyos resultados no están siendo lo suficientemente satisfactorios. Dichos alumnos proceden de familias muggles, y les resulta bastante difícil adaptarse a las nuevas circunstancias de su vida. En eso consiste su castigo. Han de conseguir que esos tres chicos mejoren sus calificaciones.-les explicó el director.

Sirius: Pero profesor, eso es muy fácil-opinó.

Dumbledore: ¿Eso cree? Le sorprenderá darse cuenta de que no es tan sencillo como parece, señor Black-le avisó mirándole a través de sus gafas de media luna-. Su trabajo empieza una vez empezadas las clases tras las vacaciones de navidad. Y puesto que los alumnos en cuestión son tres trabajarán por parejas. Potter y Pettigrew, ustedes dos se encargarán de ayudar a una joven que pertenece a la casa Slytherin. Lupin, Thomson, ustedes dos ayudarán a un alumno de Gryffindor. Y por último, Cullen, Black, ustedes serán los tutores de una alumna de Ravenclaw. ¿Alguna duda?

Andrew: Ninguna señor-contestó la morena, ilusionada al saber que el castigo lo cumpliría junto a Sirius. Por lo visto él opinaba lo mismo ya que la cogió la mano y ambos se miraron sonrientes.

Dumbledore: Espero que cuando de comienzo el castigo el entusiasmo que demuestran ahora sea el mismo. Ahora será mejor que se dirijan a sus clases antes de que lleguen tarde. Muy buenos días.

Una vez fuera del despacho los seis chicos se miraron entre ellos. ¿Qué habría querido decir Dumbledore con eso de que esperaba que el entusiasmo fuera el mismo? ¿Qué tramaría el director?

Al sábado siguiente, a falta de un par de días para la entrega de los trabajos de historia de la magia, Andrew y Sirius se encontraban en la sala común de Gryffindor, ocupándose de los últimos retoques de sus trabajos. O al menos esa era la teoría, en la práctica, cada uno estaba más pendiente del otro que de los montones de pergaminos que había frente a ellos.

Sirius: Con que Drácula ¿eh?-murmuró mirando a la morena mientras esta copiaba un párrafo de un libro que acababa de traer James de la biblioteca- ¿Es verdad eso de que cuando te mordía te convertías en vampiro?

-Tenía que morderte tres veces para convertirte en un no muerto-le explicó sin levantar la vista del pergamino en el que estaba escribiendo.

El moreno dejó la pluma en la mesa, junto a su trabajo, se inclinó hacia ella, acercando sus labios al cuello de la chica, y en el momento en el que rozó su piel la mordió cariñosamente.

Andrew: ¡Sirius! ¡Estate quieto! Tengo que terminar esto si no quiero que James me mate-le reprochó, pero no pareció que al moreno le importara demasiado.

Sirius: Una, me faltan dos- dijo cogiendo las manos de la chica entre las suyas y volviendo a inclinarse hacia su cuello, mordiéndola de nuevo. Ella se rió-. Dos, ya casi eres una no muerta-la avisó para morderla después por tercera vez-.Tres ¿Ahora se supone que eres una no muerta?-preguntó y ella lo pensó un momento, luego sonrió mientras cogía la cara del chico entre sus manos.

Andrew: Mmm creo que si, y estoy sedienta-le dijo antes de besarle en los labios, mordiendo con suavidad el labio inferior del chico.

Un carraspeo a su espalda hizo que ambos chicos terminaran con el juego y se giraran, ella vagamente sonrojada, y él muy molesto.
Delante de ellos se encontraba un chico de su misma edad, bastante alto y de cuerpo atlético. Era bastante guapo, de facciones aun un poco aniñadas, un pelo de un color rojo intenso y portador de unos inquietantes ojos azul claro. Su nombre era Daniel, Daniel Fraser.
Sirius le miró interrogante, durante sus siete años en Hogwarts apenas había cruzado dos palabras con ese chico. Por el contrario Andrew parecía conocerle bastante porque esbozó una amplia sonrisa al verle.

Andrew: Hola Danny-le saludó y él inclinó la cabeza devolviéndole la sonrisa.

Daniel: Andrew, me he encontrado con Lily en la biblioteca y me ha pedido que te diga que necesita hablar contigo.

Andrew: ¿Lily? ¿Hablar conmigo? ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?-preguntó extrañada y el chico levantó las manos, con las palmas abiertas, pidiéndola que parara.

Daniel: A ver, de una en una. Si, Lily, quiere hablar contigo, ¿por qué? Ni idea, tampoco sé lo que ha pasado. Solo sé que me ha dicho que ahora está terminando un trabajo de pociones y que te espera en una hora en vuestra habitación.

Andrew: Me pregunto que habrá pasado-murmuró y el chico se encogió de hombros.

Daniel: No lo sé, yo solo soy el mensajero.

Andrew: Bueno, luego me contará. Muchas gracias Danny.

Daniel: De nada. Ahora me voy en busca de Phoebe, el mensaje también va para ella.

Andrew: La he visto con Remus hace un rato, se iban fuera a tomar el aire.

Daniel: De acuerdo, voy a ver si la encuentro-dijo dando media vuelta y alejándose de la pareja.

Cuando Andrew se giró para mirar a Sirius este tenía los brazos cruzados delante del pecho y la miraba enfurruñado.

Sirius: ¿Y bien?-preguntó y ella alzó las cejas sin comprender.

Andrew: Y bien… ¿qué?

Sirius: ¿A qué ha venido que Daniel te mirara de esa forma?

Andrew: ¿De qué forma me ha mirado?

Sirius: ¡Venga! Ahora no te hagas la inocente. Te ha devorado con los ojos, lo sé, soy experto en ese tipo de miradas. Y no me gusta que miren así a mi novia.

Andrew: ¿Debo interpretar eso como que estás celoso?-preguntó sin esconder la gran sonrisa que asomaba a sus labios.

Sirius: ¡Pues claro que estoy celoso! Si de mi dependiera dejaría ciegos a todos los alumnos de este colegio para que nadie, salvo yo, pudiera mirarte.

Andrew: Tiene gracia, el chico por el que todo el sector femenino de Hogwarts suspira está celoso… ¿Cómo se supone que debo estar yo entonces?

Sirius: No es lo mismo-se defendió y ella enarcó una ceja-. Yo soy casi patrimonio de la humanidad, prohibir que me admiren es como prohibir que admiren una obra de arte. Por el contrario tú no eres patrimonio de la humanidad, eres exclusivamente mi patrimonio y aquí el único que tiene derecho a mirarte soy yo-aseguró, totalmente convencido de lo razonable que sonaba su teoría. Por su parte, Andrew, abrió la boca impactada y luego se levantó, recogió sus cosas y empezó a andar.

Sirius: ¿A dónde vas?-preguntó levantándose tras ella.

Andrew: A buscar a mi abuela para que me diga lo maravillosa que es su nieta, me has desmoralizado completamente-contestó mientras traspasaban el retrato de la dama gorda. Sirius se rió.

Sirius: Mira el lado positivo, nunca antes había sentido celos por nadie, y cuando ha aparecido ese cretino los he sentido. Eso tiene que ser bueno ¿no?

Andrew: No te puedes hacer una idea de lo halagada que me siento-murmuró escéptica mientras apretaba el paso.

La mirada del moreno recorrió el pasillo por el que estaban caminando, y una idea surcó su mente. De pronto, aprovechando que la chica estaba más pendiente de huir que de lo que él podía hacer, la cogió en brazos y entró en el baño de chicas, el cual se encontraba a pocos pasos de ellos. Ignoró los ruegos y amenazas por parte de la morena y solo la volvió a dejar en el suelo cuando ambos estuvieron escondidos tras una de las puertas, y el reducido espacio dificultaba la huida de la chica.

Andrew: Eres un enfermo-le espetó- ¿Se puede saber para qué narices me traes aquí?

Sirius: No es lo que piensas…bueno, un poco si-admitió sonriendo de forma infantil- Pero la razón principal es que he visto acercarse a Rachel y a sus amiguitas. No me gusta la carita que pones cada vez que ella está cerca.

Andrew: Discúlpame…la próxima vez, si lo prefieres, la daré dos besos y me colgaré de su brazo.

Sirius: Te aseguro que si haces eso no vuelvo a hablarte en lo que me queda de vida-la advirtió y la chica cogió aire dispuesta a gritarle lo primero que se le pasara por la cabeza.
Por fortuna el moreno, que ya la conocía bastante bien, tapó la boca de la chica con su mano evitando que gritara. Luego se inclinó hacia su oído.

Sirius: No grites, creo que viene alguien…-susurró y ella frunció el ceño prestando atención a los sonidos de fuera.

En efecto, la risa aguda y estridente de Rachel y otras chicas de su misma casa inundó el baño. Las cuatro chicas ignoraron todo lo que pudiera haber a su alrededor y se dirigieron, sin pérdida alguna de tiempo, al gran espejo que había tras los lavabos. Mientras se atusaba el pelo, Rachel comentó:

Rachel: Pues cómo os iba diciendo, chicas, no sé que clase de embrujo le habrá lanzado a mi Siri la mosquita muerta esa, pero a mi no hay quién se me resista, y os aseguro que en menos de una semana tengo al bombón de Black comiendo, de nuevo, de la palma de mi mano.

Chica 1: No estés tan segura Rachel, parece que ahora va en serio-opinó una chica rubia mientras se ponía brillo en los labios.

Rachel: Cariño ¿Cuándo ha ido Sirius en serio con una chica? A ese le pueden demasiado las faldas, y en cuanto ve una más corta que la que tiene en su poder se le nubla la visión. Y todas sabemos que aquí la falda más corta la tengo yo.-aseguró orgullosa y las demás acompañaron el comentario con un coro de risitas a la vez que salían del baño.

Sirius: Madre mía, juntas no forman ni media neurona-murmuró negando con la cabeza, mientras Andrew bajaba la mirada y apartaba la mano del moreno de sus labios.

Este la miró alzando una ceja y situó su dedo índice bajo el mentón de la morena haciendo que esta elevara la cabeza y le mirara.

Sirius: ¿Qué ocurre?-preguntó en un susurró preocupado por el brillo que había aparecido, de pronto, en los ojos de la morena.

Andrew: Que tienen razón… tu fama te precede y eso me asusta-contestó con voz temblorosa.

Sirius: ¿Qué es, exactamente, lo que te da miedo?

Andrew: Que me engañes…que me dejes…que lo que acaban de decir se cumpla…que todo esto se termine-precisó mordiéndose el labio inferior para que no temblara.

Sirius cogió la cara de la chica entre sus manos, vagamente molesto por la opinión y la fama que tenía y por el miedo que habían infundido en Andrew. La miró fijamente a los ojos y ella, aunque temerosa, le devolvió la mirada.

Sirius: Escucha Andrew, jamás te engañaré, nunca-comenzó tratando de controlar el torrente de pensamientos que fluían por su cabeza- La lealtad es algo muy importante para mi, y ante todo soy leal. Nunca he engañado a una chica.

Andrew: Nadie lo diría…

Sirius: Dime una vez, solo una, en la que me haya liado con una tía estando con otra al mismo tiempo-pidió y esperó un momento a que la morena contestara. El silencio por parte de la chica le bastó como respuesta-. No te voy a decir que no es verdad lo que ha dicho Rachel, es cierto que se me van los ojos cuando veo una falda, y hasta ahora nunca había sentido remordimientos de conciencia por ello. Pero cuando me comprometo con una chica es para estar solo con esa chica, en el momento que me canso de ella, sea pronto o tarde, la dejo antes de engañarla. La infidelidad es algo que no podría perdonar, por eso nunca seré infiel.

Andrew: De acuerdo, puede que no me vayas a ser infiel, pero tarde o temprano te cansarás de mí… No quiero quererte tanto, cuando llegue ese momento, como para sufrir por tu culpa. Eso es lo que me da miedo Sirius, que me hagas daño-confesó la chica ignorando las lágrimas que se acababan de desbordar de sus ojos humedeciéndole las mejillas.

Sirius: Puedo asegurarte que lo que me pasa contigo es algo que nunca antes me había pasado con ninguna otra chica. Evidentemente no puedo hacer que me creas, lo harás si quieres y si no quieres no lo harás, eso depende de ti. La única solución que veo a tu miedo a sufrir es que esto se termine aquí.-dijo apartando las manos de la cara de la chica y dejándolas caer a cada lado de su cuerpo.

Andrew: No lo entiendo Sirius. Dices que conmigo te pasan cosas que nunca te habían pasado pero me dices que lo mejor es dejarlo. No lo comprendo…

Sirius: No he dicho que lo mejor sea dejarlo-la corrigió desviando la mirada de los ojos negros de la chica- Pero no quiero verte sufrir, y menos por mi culpa, y si la única manera de que no sientas más cosas por mi, cosas que a la larga puedan hacerte pasarlo mal…si la única solución es dejarlo…pues de acuerdo.

Andrew: ¿Quieres dejarlo?-preguntó en un susurro.

Sirius: ¡Claro que no! ¿No lo entiendes Andrew? ¡No quiero dejarte! Yo… ¡Joder!-masculló golpeando con el puño la pared y luego saliendo de donde estaban escondidos.

La morena, que permanecía en el mismo sitio, respiró hondo tratando de serenarse mientras se secaba las lágrimas con la manga de la túnica. Una vez más relajada salió en busca del moreno. No tardó mucho en encontrarle, estaba fuera del baño, en el pasillo. De espaldas a ella, frente a una ventana, con el brazo apoyado en la pared y la frente apoyada en el brazo. Se acercó a él dando pequeños pasos, y una vez a su altura apoyó la frente en la espalda del chico sintiendo su respiración acelerada. Sirius, al sentir el contacto, cerró los ojos con fuerza mientras apretaba los puños. Pero no se giró ni dio muestras de haberse percatado de la presencia de Andrew.

Andrew: Sirius…-le llamó y tan solo obtuvo un "Hum" grave como respuesta- Lo siento.

Sirius: No pasa nada-murmuró sin girarse, fue ella la que se interpuso entre el chico y la ventana. Los ojos azules de Sirius se clavaron en los de ella en el momento en el que la chica alzó la cara aparentando seguridad.

Andrew: Te quiero-dijo con la suficiente fuerza para que el temblor que sentía no se reflejara en su voz y lo suficientemente bajo para que solo lo pudiera escuchar él.

Los ojos del moreno se abrieron impactados al ver la seguridad en la mirada de la chica. Pese a que nunca antes se había enfrentado a esas palabras, ya que nunca antes había tenido una relación lo suficiente mente seria como para llegar a ese momento, ni tan peculiar como la que tenía con esa morena, era lo suficientemente intuitivo como para darse cuenta de la dificultad que había supuesto para ella decirlas, y que de su respuesta dependía la continuación o no de la relación. Era consciente de la promesa implícita en esas dos palabras, era consciente también de que, al decirlas, ella se había arriesgado a ese sufrimiento al que tanto temía por él. De lo que no estaba tan seguro era de si sería capaz de corresponder a algo así, dos palabras que de pronto lo superaban con creces y le hacían sentirse insignificante y temeroso. Sabía que ella merecía una respuesta, merecía que también él la dijera que la quería y, por primera vez en su corta vida, realmente existía ese sentimiento en su corazón. Pero, por desgracia, sabía el pánico que le producían.
Su mirada se apartó de la de la chica, tratando así de ayudarse a pensar con claridad. Ella no lo interpretó así, en el momento en el que vio como los ojos del moreno se apartaban agachó la cabeza, evitando que las lágrimas volvieran a caer por sus mejillas y sintiéndose terriblemente estúpida. Se apartó de él dispuesta a irse a su habitación y encerrarse allí hasta que terminara el curso, pero una mano aferrada a su muñeca se lo impidió. Giró al tiempo que Sirius la abrazaba, estrechándola contra su cuerpo, mientras apoyaba la barbilla en su cabeza.

Sirius: Yo también te quiero-susurró y una sonrisa apareció en la cara de ambos chicos.
Ella alzó la cabeza para mirarle a los ojos y vio verdad en ellos. Se le formó un nudo inmenso en el estómago al darse cuenta de que realmente Sirius la quería. Se puso de puntillas y le besó en los labios, deseando que la felicidad que la inundaba pudiese ser transmitida en ese beso. No sabía si a la larga las cosas empeorarían o no, ahora mismo solo era capaz de recordar las palabras del moreno y sonreír como una idiota entre beso y beso.

De pronto, el recuerdo de que Lily la esperaba en la habitación hizo que se alejara de él.

Sirius: ¿A dónde vas?-preguntó sujetando las manos de la chica para evitar que se alejara.

Andrew: Lily…quiere hablar conmigo ¿recuerdas?

Sirius: ¿Y si la dejas un ratito esperando? No creo que se vaya a morir…-dijo poniendo un enorme puchero.

Andrew: No puedo Sirius, es mi amiga y si me necesita será por algo.

Sirius: Yo también te necesito… ¿no te doy un poco de pena?

Andrew: Si no voy y se entera de que ha sido por tu culpa, y se enterará, si que me dará pena verte en la enfermería escayolado de pies a cabeza.

Sirius: Está bien, vete con Lily, yo me pasaré por la biblioteca a ver si encuentro algo que haga referencia a la…Revolución Francesa…creo que se llama así-accedió dándole más importancia a sus huesos que a pasar cinco minutos más con la morena.

Una vez ya en su cuarto, Andrew entró tarareando una canción, y con la sonrisa implantada en la cara. Tras el episodio que acababa de vivir se sentía feliz. Feliz como nunca antes se había sentido.
La habitación estaba vacía, ni rastro de sus amigas, y por supuesto ni rastro de los dos pares de piernas con pelo. Eufórica como estaba cogió a su gata y empezó a bailar con ella en brazos, mientras seguía con la canción en la cabeza y la gata maullaba, retorciéndose en un intento desesperado de saltar de los brazos de aquella adolescente enamorada. Cuando por fin el pequeño animal se vio libre de semejante tortura se escondió bajo la cama donde dormía Phoebe, mientras su dueña se tumbaba, boca arriba, sobre su propia cama, con los brazos en cruz y los ojos cerrados.
Así se la encontró Lily cuando entró en su habitación con los puños apretados y haciendo rechinar los dientes. Al igual que la morena, Lily también se tumbó en su cama, dándole patadas a todo lo que se interponía en su camino y murmurando todo tipo de maldiciones. Andrew se incorporó al oír el escándalo que armaba su amiga, y la miró en silencio con una ceja alzada.

Andrew: Te estaba esperando ¿Qué ha pasado?-preguntó, tras esperar durante un rato que fuera la pelirroja la que hablara por propia iniciativa.

Lily: Nada-contestó tajante, mientras se tapaba la cara con la almohada y gritaba con fuerza.

Andrew: Ya, es normal ir por ahí dándole golpes a todo, murmurando y gritando. Yo lo hago siempre cuando no me pasa absolutamente nada-dijo irónica y su amiga alzó la cabeza, tras quitarse la almohada, y la miró- ¿Potter?-tanteó y Lily volvió a dejar caer la cabeza contra el colchón.

Lily: ¿Quién si no?- dijo con un suspiro.

Andrew: ¿Qué ha hecho esta vez?

Lily: Nada. Exactamente no ha hecho nada. No me mira, no me dirige la palabra, no se sienta a mi lado, no me acosa… ¡Pasa de mí! ¡Andrew, Potter pasa de mí!

Andrew: Pensaba que era eso lo que querías- comentó levantándose de su cama y sentándose en la de su amiga.

Lily: Y era lo que quería.-la morena cada vez estaba más perdida- Era lo que quería cuando sabía que no sentía nada por él.

Andrew: ¿Ahora sientes algo por él?

Lily: No…si… ¡No lo sé! ¡Ha conseguido hacerme dudar! Y ahora, como no me hace ni puñetero caso me paso el día pensando en él, pendiente de él… ¡Me duele la cabeza!

Andrew: A ver que yo me entere. Primero dices que odias que James te acose, luego te deja en paz, y ahora dices que te molesta que no te acose… ¿Lily, qué ha pasado?

Lily: No lo sé… solo sé que me molesta que no me persiga… ¿Y si se ha cansado de mi y ahora le gusta otra chica? ¡Este hombre va a arruinar mi vida!-exclamó apoyando la cabeza sobre las piernas de su amiga.

Andrew: ¿No crees que eso es exagerar un poquito?

Lily: No. Antes, cuando yo no sabía que le…que me…que estaba…cuando Potter me era indiferente, me concentraba con suma facilidad. Tenía un futuro brillante por delante, acabaría mis estudios con unas notas excelentes, encontraría un trabajo perfecto para mí, me casaría con un mago multimillonario que me adoraría y viviría feliz en una gran mansión. Ahora soy incapaz de pensar en otra cosa que no sea en la preciosa sonrisa de ese energúmeno, con lo que no me puedo concentrar, lo que nos deja por delante un futuro horrible. Si no puedo concentrarme no conseguiré unas notas excelentes, ni un trabajo perfecto, no tendré dinero ni me casaré y acabaré viviendo en una casa en ruinas cuidando de veinte gatos callejeros ¿Ves? ¡Va a arruinar mi vida!

Phoebe: Lils, no es que no me atraiga la idea de verte con sesenta años, en una mecedora, con tres gatos encima y agitando un bastón amenazadoramente cada vez que un adolescente pase por tu casa pero… ¿no crees que eres un poco exagerada?-preguntó la rubia entrando en la habitación y sentándose en la cama de la pelirroja junto a sus dos amigas.

Andrew: ¿Un poco? Se parece a mi abuela…

Lily: No es exagerar, es la cruda realidad…este hombre me amarga la vida.

Phoebe: No es verdad, te la amargas tú. En el momento que aceptes lo enamorada que estás de él se te pasarán todos los problemas.

Lily: ¡Yo no estoy enamorada! ¡Y menos de ese proyecto de hombre fallido!-aseguró y las otras dos chicas se miraron entre ellas.

Andrew: Lils…no cuela

Phoebe: ¿Qué fue, exactamente, lo que pasó en la casa de los gritos cuando estuvisteis solos?

Lily: Ahí empezó el problema. Me acarició y me besó, y luego me pidió que le dijera qué había sentido. Se lo dije y me contestó que ahora era mi turno de averiguar qué significaban esas sensaciones, y que no me preocupara, que hasta que me aclarase no me volvería a molestar. ¡Y lo peor es que está cumpliendo con lo que dijo! Yo no tengo ni idea de lo que me pasa cada vez que tengo las manos de ese estúpido encima y ahora que quiero que esté cerca de mí decide darme tiempo para pensar ¿quién le entiende?

Phoebe: ¡No me lo puedo creer! ¡James va en serio!-exclamó la rubia y la morena asintió con la cabeza.

Lily: ¿Cómo?

Andrew: Lily, a James le gustas de verdad. Y él te gusta a ti.

Lily: No es verdad…-murmuró dudosa.

Phoebe: ¿Sientes un cosquilleo en el estómago cuando piensas en él? ¿Cuándo ves que se acerca a donde estás tú pides que se fije en ti y haga alguna cosa para llamar tu atención aunque tú te comportes como una borde? ¿Sonríes cada vez que le ves hacer el ganso con sus amigos y sabes que él no te puede ver? ¿Te pasas horas pensando en él? ¿Cada vez que haces algo, enseguida te preguntas qué pensará él?

Lily: El que la respuesta a todas tus preguntas sea "si" es malo ¿verdad?

Andrew: No, únicamente nos da la razón a nosotras.

Lily: ¿Me gusta James?

Phoebe: Yo diría que si.

Lily: Genial… ¿No hay ninguna poción para que se me pase? Algo tiene que haber…

Andrew: ¡Lily! ¡Deja de decir tonterías!-exclamó golpeando a la pelirroja en la frente- Por primera vez en tu vida demuestra por qué eres una Gryffindor y enfréntate a tus sentimientos. Además, ¿por qué supones que todo lo que esté relacionado con James va a salir mal? Igual te llevas una sorpresa.

Phoebe: ¡Huy! Intuyo una buena racha con Sirius ¿no Andrew?-preguntó la rubia para cambiar de tema y la aludida se sonrojó de golpe mientras sonreía.

Andrew: Me ha dicho que me quiere-dijo con una gran sonrisa y Lily simuló una arcada mientras se apoderaba de su almohada dispuesta a golpear con ella a su amiga.

Phoebe: ¡En serio!-exclamó encantada inclinándose hacia su amiga a la espera de que esta soltara hasta el más mínimo e insignificante detalle, ignorando la cara de la pelirroja, que aun seguía tumbada y con la almohada en la mano.

Lily: ¡Sois un par de abuelas, cursis y cotillas!-las acusó golpeándolas con la almohada- Os falta sentaros delante de la televisión a ver culebrones.

Andrew: Y a ti te falta ir a buscar a James plantarle un buen beso y luego marcharte. Ya verías como dejabas de comerte la cabeza y empezaba a comérsela él.

Phoebe: ¿Y tú desde cuando piensas como Sirius?

Andrew: Desde que me ha dicho que me quiere-dijo con voz cantarina abrazando la almohada con que Lily las había golpeado y tumbándose sobre el colchón.

Unas horas más tarde, cuando la oscuridad empezaba a cubrir el castillo y todos sus alrededores, Remus Lupin, acompañado por la enfermera Pomfrey y por Albus Dumbledore, pasó por el pasadizo que llevaba desde el sauce boxeador a la casa de los gritos. Un fuerte aullido desgarró el silencio que inundaba el lugar, mientras la luna llena brillaba, regia, en lo alto del cielo cubierto de oscuras nubes.
Era media noche cuando tres animales recorrieron el mismo camino que había recorrido el adolescente hacía escasamente unas horas. Tratando de hacer el menor ruido posible entraron por el hueco que había bajo una de las grandes raíces del árbol y fueron en busca del lobo que se encontraba en la casa de los gritos.
Una vez fuera, los cuatro animales se miraron entre ellos. Antes de la caída de la noche habían decidido inspeccionar la zona más profunda del bosque prohibido. Y a eso se disponían cuando, de pronto, pequeñas pelusas blancas empezaron a caer del cielo. El perro negro estaba encantado, y saltaba de un lado a otro tratando de alcanzar las pequeñas pelusillas con la boca. Todo lo contrario que el lobo, el cual lanzaba zarpazos contra ellas, bastante irritado. Mientras el ciervo negaba con la cabeza al ver el estúpido comportamiento de sus dos compañeros y, sobre el lomo de este, la pequeña rata tiritaba de frío. Justo en ese momento, el viento empezó a soplar con más fuerza, y lo que antes eran inofensivos copos de nieve ahora parecían pequeños proyectiles terriblemente afilados que impactaban contra la piel de los cuatro animales. Sin perder más tiempo, los cuatro se adentraron en el bosque, buscando refugio entre las ramas. Pero ni la espesura del bosque sirvió de escudo contra las afiladas agujas que les caían.
Molesto por el dolor que le producían aquellos copos de nieve el lobo empezó a revolverse embistiendo y arañando todo lo que se interponía en su camino. Tanto el perro como el ciervo se enfrentaron a él, tratando de aplacarlo, mientras la rata correteaba temerosa de que alguno de los tres animales la pisara.
Pese a lo desigual del combate no parecía que el lobo tuviese demasiado problema, de hecho parecía capaz de vencer a ambos animales, y estaba dispuesto a hacerlo cuando un resplandor plateado pasó ante sus ojos desconcertándolo y ayudando a que el ciervo y el perro pudieran detenerlo. Junto a ellos, tumbado en el suelo, descansaba un pequeño halcón, de cuyas plumas la luna arrancaba reflejos plateados. Cuando aquel pequeño animal consiguió levantarse, clavó sus ojos grises en el lobo, el cual se quedó totalmente quieto, presa de aquella mirada. Solo tardó unos segundos en extender las alas y emprender el vuelo, esquivando ágilmente todos los copos de nieve hasta desaparecer de la vista del lobo. Un gruñido le sacó de su ensimismamiento y se giró en busca de los demás animales, los cuales descansaban bajo las ramas de un grupo de árboles, a salvo de la ventisca. Se reunió con ellos, ya más calmado, y esperaron a que la ventisca amainara.

Aquel domingo Andrew se despertó temprano. Una molesta luz entraba en la habitación a través de un hueco entre las cortinas y la daba directamente en la cara. Se levantó frotándose los ojos, miró su reloj y al considerar que era una hora razonable para despertarse se puso en pie y se acercó a la ventana. Cuando vio aquel manto blanco y esponjoso que cubría todo cuanto alcanzaba a ver se le iluminó la cara.

Andrew: ¡Chicas! ¡Despertaros! ¡Ha nevado!-gritó acercándose a la cama de Lily y zarandeando a la pelirroja para despertarla.

Lily: ¿Qué pasa?-gruñó

Andrew: Ha nevado. La primera nevada del año.

Lily: Genial…nieve…mi gozo en un pozo. Buenas noches-y dio media vuelta y se cubrió la cabeza con la manta mientras la morena se dirigía hacia la cama de Phoebe.

Andrew: Phoebe despierta ¡Ha nevado!

Phoebe: Ya lo sé…Me desperté ayer para ir al baño y vi la ventisca.

Andrew: Significa eso que tú tampoco bajas a verla ¿no?

Phoebe: Muy intuitiva. Ya la veré, total, va a estar ahí los próximos cinco meses.

Andrew: Pues yo me bajo, el año pasado Sirius se me adelantó y pisó la nieve el primero. Este año pienso ser yo la primera en dejar mis huellas en la nieve.

Phoebe: Que te diviertas-la deseó cerrando los ojos de nuevo.

Tras ponerse unos pantalones de pana marrones, un jersey de cuello vuelto beige, unas botas aptas para la nieve y unos guantes, bajó corriendo las escaleras de todo el castillo hasta salir fuera. El paisaje era precioso, como recién sacado de una postal.

Hagrid: Buenos días Andrew, veo que has madrugado-la saludó el gigante sonriéndola mientras cogía una pala.

Andrew: Buenos días Hagrid. Si, quería ver como había quedado todo tras la nevada, y ser la primera en dejar mis huellas.

Hagrid: Es bonito, aunque me temo que me voy a pasar el día trabajando y quitando toda la nieve de los caminos.

Andrew: Me encantaría ayudarte pero me temo que tengo que terminar un trabajo para mañana.

Hagrid: No te preocupes, puedo con esto solo. –aseguró con una sonrisa y se agachó para empezar a recoger la nieve mientras la chica hundía sus pies en la esponjosa y fría nieve.

Mientras tanto, en la enfermería, Remus descansaba, tumbado en una cama y atiborrándose a chocolate a la vez que escuchaba las excusas que ponía Sirius acerca del arañazo que tenía en la cara.

Sra. Pomfrey: ¿Se puede saber cómo te has hecho esto?-preguntó examinando la herida con ojo crítico.

Sirius: Era tarde, estaban todos durmiendo, no veía nada…tropecé con los libros de Peter, con tan mala suerte que choqué contra la mesa de James y me raspé con una astilla-mintió. Realmente el arañazo se lo había hecho Remus la pasada noche.

Sra. Pomfrey: ¿Con una astilla? ¿Seguro?

Sirius: No, estaba oscuro. Supuse que sería una astilla… ¡Auch! ¡Duele!-se quejó intentando apartar la cara, la enfermera se lo impidió.

Sra. Pomfrey: Déjate esta crema toda la mañana-le ordenó y después dio media vuelta saliendo de la enfermería.

James: Ha sonado convincente, no has estado mal-le felicitó mientras Sirius se daba la vuelta, quedando frente a sus amigos. Remus le lanzó un trozo de chocolate que atrapó al vuelo y luego hizo una reverencia propia de un exitoso actor de teatro que recibe los aplausos de su público.

Sirius: Uno, que tiene talento para las artes interpretativas-se jactó mordiendo el chocolate y luego miró hacia la ventana.- Por cierto Moony, te pediría encarecidamente que para la próxima luna llena te cortaras las uñas. Llevamos dos transformaciones y en las dos he acabado con arañazos.

Remus: Do ziento-se disculpó sonriendo.

Sirius: Y ahora mi adorado público, he de irme. Toda esa nieve espera que alguien la pise y ese soy yo-se despidió mientras salía de la enfermería con las manos en los bolsillos.

No tardó demasiado en salir del castillo y admirar el paisaje con una sonrisa. Después saludó a Hagrid, mientras este recogía la nieve que había caído frente a la entrada de su cabaña. El gigante le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza volviendo de inmediato a su trabajo.

Sirius: Bien Sirius, Otro año más estrenas la nieve-se dijo a sí mismo mientras se inflaba de orgullo.

Andrew: ¡Black!-le llamó la morena desde lejos y él la miró extrañado- Baja la cabeza- Obedeció de inmediato y allí las vio, pisadas en la nieve virgen que le dirigían hacia la chica. Tan sorprendido estaba de verlas ahí que no se dio cuenta de la gran bola de nieve que se dirigía hacia él hasta que impactó en su cabeza dejándole el pelo lleno de nieve. Levantó la cabeza y la miró furioso-. Este año la primera he sido yo-le informó sonriendo.

El moreno entrecerró los ojos llenos de una sed de venganza indescriptible. Después corrió hacia ella y cuando estuvo a su altura la tiró sobre la nieve cayendo él sobre ella.

Madre mía! El capítulo más largo que he escrito en toda mi vida! Bueno, en primer lugar informar a mis lectores que estoy en plena (y estresante) semana de exámenes. Véase cinco días en los que no me dejan ni acercarme al ordenador, y tampoco tengo demasiado tiempo como para ponerme a pensar en la continuación de la historia, con lo que me temo que el próximo capítulo tardaré un poco más ya que tengo que terminar los exámenes, pensar en cómo continuar y por último continuar. De todas formas intentaré hacer que la espera merezca la pena, aunque tampoco prometo nada…todo depende de mi inspiración las próximas semanas.
Bien, y ahora respuestas a los reviews.
Armella Potter: Hola! Gracias por tu rr. Me alegro de que te gustara el chap, he de admitir que tenía mis dudas acerca de la broma y del momento Lily/James pero si me dices que te gustó problema solucionado jeje. Y sobre lo de que Andrew parecía buena… las apariencias engañan. Besos!

Clau Malfoy: Hola! Me encanta que te encante el chap XD. Por cierto, no te lo dije en el chap anterior pero ¡Ole tú! ¿Toda la historia te leíste en un día? Ya son ganas ya, yo misma no soy capaz de leer dos capítulos seguidos y eso que es mi historia. Me dejas impresionada. Besos y espero que este chap también te guste.

Auroramor22: Hola! Primero de todo, me alegro de que te gustara el capítulo anterior y todo eso… Segundo, que sepas que tengo pensados un par de problemitas para las dos parejas que te gustan y ahora me da reparo escribirlas…me dices que te gustan tanto las escenas de amor que escribo que cualquiera la monta ahora entre las parejitas…No obstante soy mala por naturaleza y lo de "love forever" no me va, prefiero ver alguna que otra pelea, además así luego las reconciliaciones son mucho más bonitas ¿no? Bien, después de esto solo decirte que espero que te guste la escena entre Andrew y Sirius y que tengo medio pensada otra en la nieve, pero aun tengo que pulirla un poco más. Y tú di que si, quieran que no el ordenador es un medio de comunicación vital a día de hoy. Las horas pasadas ante la pantalla, está demostrado que siempre son productivas (y si no está demostrado lo demuestro yo que llevo aquí desde las 4:00 con el teclado, un día fundo las teclas…) Un beso enorme!

Mery M. Potter: Hola! Te he dicho alguna vez que me encantan tus rr? Bueno pues te lo digo ahora: ¡Me encantan tus rr! Me río muchísimo con ellos. "Y Lily... CMO Q NO SABE LO Q SIENTE X JAMES! Blanco y en botella..." Me reí con esa frase… aun así, como habrás comprobado Lily no sabía lo que sentía, la han tenido que ayudar bastante las otras dos, ahora habrá que ver cómo actúa la pelirroja tras su "gran descubrimiento" Que más… ¡Ah ya! Dumbledore…ni te imaginas lo que se esconde detrás de ese inocente castigo, de todas formas simplemente puedo decir eso, no me voy a traicionar a mi misma ¿no? Pero el castigo se las trae. En cuanto a lo de Remus y Phoebe…algún día se lo dirá, lo que no sé es cuando, no obstante algo ocurrirá con relación a ese tema. Espero que te guste el chap y trataré de actualizar cuanto antes aunque, como ya he dicho antes, no prometo nada. Hay que dejar un par de días a mis dos neuronas para que se recuperen de los exámenes ;-P Besos!

Baci Ciao!