He explicado previamente, en El Amor, por Riku las razones de mi ausencia. Pero, por si acaso, lo repito por aquí: al final, quedé hasta arriba de exámenes y trabajos y no me vi capaz, no sólo por falta de tiempo, también de inspiración. Y no os imagináis lo muchísimo que me ha costado escribir este capítulo, a pesar de que tenía pequeños resúmenes de cada escena. Pero admito que, más o menos, he quedado contenta con el resultado. Aunque hay ciertos detalles que me dan... "miedo", por así decirlo, y que comentaré al final.

Paso con las reviews:

Surya Hatoway: No soy precisamente muy fan de Vocaloid, pero busqué en Youtube el vídeo y, oh vaya, ¡idéntico! Aunque sí es verdad que, físicamente hablando, siempre he dicho que Len es un clon de Roxas. Pero seguro que Len no sabe manejar dos llaves-espada, ¡já! De veras muchísimas gracias, tus reviews siempre me animan muchísimo, de verdad, sobre todo porque soy muy insegura y muchas veces pienso que mis historias son demasiado mediocres para continuarlas, ¡de veras gracias por seguir leyéndome! Y sí, a mí Xigbar me da muchísima grima, pega como "villano" de mi historia.

Roxo Kirizame: Ya con esa primera frase, de verdad, has hecho que me emocione. Me alegra que te guste tanto la historia, como mi forma de escribir; no sabes lo mucho que me anima leer algo como eso. También por la relación de Axel y Roxas, me da algo de miedo que disguste por ser algo lenta, por así decirlo. Respecto a Riku... bueno, ya verás lo perdido que está...

AlhenaSmile: Ya sabes, pequeño guiño a Effy, aunque me temo que todavía no lo ha leído. Poco que responderte, sólo te adelanto que tal vez te guste mucho este capítulo o me odies. Ya me contarás.

Nanndo: En serio, muchísimas gracias. Respecto a las historias, confieso que, dependiendo del fandom, a mí también me cuesta encontrar buenas historias, pero me pasa como a ti, no navego taaanto en FanFiction como hace años. De todos modos, me alegra muchísimo saber que mi historia te parece tan buena como pararte a leerla. Y, en serio, puedo decir que tu review es justo el que necesitaba. Me preocupaba muchísimo la forma en la que avanza mi historia, a veces demasiado lenta o con escasa intriga, pero tu punto de vista me anima bastante y me hace pensar que tal vez no lo estoy haciendo tan mal como creía. Yo también disfruté mucho del capítulo 5, confieso que quedé muy satisfecha. Aún así, ¡espero que este también sea de tu agrado!

Koneko: Muchísimas gracias por la review y por tus ánimos. Espero no decepcionarte con este capítulo, ¡y no volver a estar ausente sin avisar!

RoseHenderson: ¡Muchas gracias! Siempre es bueno tener nuevos lectores. Yo también adoro a Sephiroth, aunque me da algo de miedo sacarlo demasiado de su personalidad base (por llamarlo de alguna manera). Espero que te guste este capítulo, y que no sufras demasiado, porque no sé decir si es más alegre que los demás, o por un lado más triste...

¡Y ya está! Gracias a todos, de verdad, y espero que os guste.

Disclaimers: Kingdom Hearts y sus personajes son propiedad de Square-Enix y Disney.


Definiciones del Amor–

El amor, por Roxas

Capítulo VII


Midgar, sector 7 –

29 de noviembre, 4:41 p.m


—"El número al que llama no se encuentra disponibl-"

Colgó, soltando un bufido y lanzando el móvil al otro lado del sofá.

—Riku, imbécil, cógeme el teléfono. –suspiró al aire, tumbándose y volviendo a coger el teléfono, mirándolo como si su amigo pudiera escucharle.

Habían pasado ya casi tres semanas y, desde entonces, había sido incapaz de contactar con él. Siempre que llamaba, recibía la misma respuesta. Y empezaba a preocuparse, ¿y si le había pasado algo? No supo a dónde fue después, solo, borracho y, para colmo, pensando una vez más en su mejor amigo.

Porque Roxas sabía que Riku no había pensado en otra persona más que en ese atolondrado castaño cuando miró sus ojos aquella noche. Porque más de una vez le había mencionado lo mucho que le recordaba a Sora.

—…Gilipollas. –bufó.

Alzó el brazo, dispuesto a lanzar ese maldito aparato contra el suelo o lo que encontrara más cerca. Pero éste comenzó a sonar, y se apresuró a cogerlo sin mirar quién era la persona que llamaba:

—Ya era hora, ¿no? ¿¡Se puede saber dónde te has metido!?

—"Vaya, vaya, Roxy. Si ya nos vimos hace dos días. Sí que me echabas de menos…"

El rubio reconoció al instante el tono jocoso de esa melodiosa voz. Por no hablar de esa especie de mote que le había otorgado sin ninguna clase de consentimiento. Sin embargo, fue incapaz de controlar el amago de sonrisa que amenazó con aparecer en sus labios.

—Pensaba que eras otra persona. –se explicó con un suspiro.

—"El chaval del local, ¿verdad?"

—No quiero hablar de ello.

—"Lo sé." –respondió el mayor. —"¿Hace un helado de sal marina? Tengo algo que enseñarte."

Todo lo que se escuchó por unos segundos fue la débil carcajada de Roxas.

—Axel, estamos a dos grados. –le recordó, aún entre risas.

—"Eso lo hace más interesante. ¡Vamos!"

—Nos vemos allí a las seis. –respondió el ojiazul, sin pensarlo mucho y con una sonrisa. —Como tardes, te rapo el pelo, ¿entendido?

Cuando el pelirrojo colgó tras una breve risa, Roxas suspiró y se dirigió al baño. Necesitaba una ducha caliente, además de evitar pensar en el hecho de que llevaba con esa sonrisa tan poco burlesca y estúpida desde que había escuchado la hipnotizante voz de su nuevo mejor amigo.

Durante las últimas semanas, había estado viéndose con Axel prácticamente todos los días, o casi todos ellos. No hacían nada en especial; iban a la tienda de siempre, compraban un helado de sal marina para cada uno para después ir a casa del rubio o a cualquier parque a hablar del primer tema de conversación que surgiera. Y podían pasarse horas y horas únicamente haciendo eso.

Ni siquiera en sus mejores momentos con Sephiroth, Roxas se había sentido tan cómodo y natural hablando con alguien. Y eso le asustaba, de alguna manera.


Midgar, sector 5 –

29 de noviembre, 6:33 p.m


El rubio estaba esperando en aquella tienda de productos variados. Miró una vez más la hora en su teléfono móvil y suspiró, aunque no precisamente fastidiado; la débil pero sincera sonrisa que se dibujó en sus labios lo desmentía. Conocía ya lo suficiente a su nuevo amigo como para saber que se retrasaría y, de hecho, comenzaba a pensar que lo hacía a propósito, pero no le importaba.

Sin embargo, ese articular sonido de un motor averiado que ya era capaz de reconocer muy bien hizo que cambiara rápidamente su expresión. Frunció ligeramente el ceño y se cruzó de brazos, esperando a que ese desastroso puercoespín bajara de su moto y le saludara con ese particular gesto con la mano.

—¿Qué pasa, Roxy?

—Que llegas media hora tarde. –le recordó el joven, entrecerrando sus ojos. —Te advertí de que te raparía el pelo, ¿recuerdas?

Sonrió de manera triunfal al ver la expresión de sorpresa en el rostro de Axel, con sus ojos ligeramente más abiertos de lo normal y sus labios formando una "o".

Lo que no esperaba, era que éste dejara escapar una sonora carcajada segundos después. Carcajada que tardó un par de minutos en detener, mientras que el joven ojiazul esperaba, aún de brazos cruzados y alzando una ceja.

—Sí, hombre. Avísame cuando llegues, enano.

—Vete a la mierda, capullo.

Entre risas, ambos entraron a la tienda y fue el pelirrojo quién se adelantó a buscar esos helados de sal marina que nadie, excepto ellos, compraba. Algún día comprenderían por qué, entonces, no dejaban de venderlos. Axel cogió ambos y los llevó rápidamente hasta el mostrador.

Roxas le observó con atención y en silencio; el pelirrojo parecía tener bastante prisa, a pesar de que no habían hablado exactamente de qué iban a hacer durante la tarde. Volvió a cruzarse de brazos, intrigado.

—¿Incluso en otoño, chicos? –comentó el anciano encargado de la tienda. —Sí que sois extraños…

—Me pasaré por Navidad, espero que los siga vendiendo. –advirtió el pelirrojo, pagando ambos y ofreciéndole uno de ellos al rubio. —¡No deje de venderlos, que no conozco otro lugar dónde encontrarlos!

Ambos se despidieron del vendedor y Roxas seguía mirando a su amigo con curiosidad. Caminaba prácticamente a zancadas hacia su moto, sin decirle absolutamente nada. Al menos, hasta que le lanzó un casco que casi se le cae al suelo.

—¡Eh! ¿Qué pasa?

—Vamos, póntelo. Vamos a llegar tarde.

—¿Se puede saber a dónde me vas a llevar?

—Es una sorpresa. ¿Lo captas?

El rubio torció los labios, sin pedir más explicaciones. Ya conocía lo suficientemente bien a ese irritante puercoespín para saber que no le diría absolutamente nada por mucho que insistiera. "Mantener la intriga", o algo así era lo que siempre decía. Suspiró, negando un par de veces con la cabeza y poniéndose el dichoso casco, obedeciéndole.

—¿Ni siquiera vas a dejar que me tome el helado? –preguntó el menor, mostrándole aún el envoltorio de éste, intacto.

Casi gruñó cuando Axel se lo arrebató, guardándolo junto al suyo en una mochila con la que cargaba, llena de imperdibles, pins y parches de diferentes grupos de música y que le entregó al menor para que la cargara en su espalda.

—Porque segurísimo que se derriten con este calor infernal, ¿no, Roxy? –ironizó, señalando el cielo, completamente nublado.

—Ja, ja, ja. Vete a la mierda, puercoespín. –bufó el rubio, montándose detrás de él. —Date prisa, anda.

—A sus órdenes. –respondió con sorna. —Agárrate fuerte, princesa.

El aludido tuvo que reprimir el imperioso deseo de golpear a Axel en las costillas, o en la primera zona de su cuerpo que alcanzara antes. Se limitó a gruñir de nuevo, aferrándose a su espalda durante todo el trayecto y arrepintiéndose de haber accedido; por un instante, había olvidado lo temerario que era su nuevo amigo en la carretera.

Cuando al fin llegaron, Roxas se deshizo del casco y amenazó con lanzárselo al mayor en la cabeza, que ya había bajado de la moto y tenía ambas manos en su estómago mientras reía a carcajadas.

—¡El día menos pensado te vas a matar, imbécil! ¡Y me vas a matar contigo!

Sin embargo, las palabras del histérico ojiazul no intimidaron a Axel, que se apoyó en la pared más cercana, observándole y reprimiendo otra sonora carcajada. Roxas tardó en ser consciente de cómo estaba actuando y, cuando al fin se dio cuenta, dejó el casco y volvió a bufar, cruzándose de brazos y apartando la mirada.

Odiaba cómo la presencia del pelirrojo conseguía relajarle tanto. O, más bien, alterarle. Siempre había sabido controlar sus emociones e impulsos, mantenerse impasible sin importar lo que otros hicieran o dijeran. Demonios, había escuchado a Riku criticar su forma de vida, a sus clientes decirle auténticas groserías y jamás había perdido el control de sus emociones tanto como con Axel.

Y aquello, conseguir mostrarse tan abiertamente ante un completo desconocido, era algo que le asustaba.

—Eres peligroso, ¿eh? –murmuró para sí, con una débil sonrisa.

—¿Eh? ¿Decías algo, ojitos azules?

Como respuesta, ojitos azules se encargó de enseñarle el dedo más largo de su mano.

—¿Y bien? ¿A dónde me has llevado? –preguntó, observando el lugar.

No era más que un calle cualquiera, no muy concurrida y con las paredes repletas de grafittis, especialmente en la puerta de un garaje, dónde había un nombre escrito en una tipografía bastante extraña, al que no prestó demasiada atención.

—Espera un poco, todavía es pronto. –respondió Axel, con una sonrisa en la que mostraba todos sus dientes y que Roxas tradujo como un "espera a que haga esperar un poco más a quién sea que nos esté esperando".

—Eres un poco cabrón, ¿lo sabías?

—¿No querías tu helado?

Roxas se apresuró a abrir la mochila sin protestar, cogiendo ambos helados y lanzándole uno de ellos a su amigo. Abrió el envoltorio y suspiró al encontrarlo, aún sin derretirse. Lo llevó rápidamente a su boca, sintiendo ese frío sabor, salado y dulce al mismo tiempo, mientras se apoyaba en la moto del pelirrojo.

—¿Y bien? ¿Novedades de tu amigo? –preguntó Axel antes de probar su helado.

El suspiró del rubio fue respuesta suficiente, pero se encargó de aclararlo:

—Es un cobarde.

Cuando aquellos ahora fríos orbes azules miraron de reojo a su compañero, se sorprendieron al observar aquella amplia y divertida sonrisa en sus labios.

—¿Qué te parece tan gracioso?

—Dime, Roxy, ¿por qué te parece un cobarde?

El refunfuño del menor sólo ensanchó aquella mueca jocosa.

—¿Por dónde quieres que empiece?

—Por dónde quieras. –respondió, encogiéndose de hombros. —Aún tenemos unos minutos.

—No se ha atrevido a cogerme el teléfono en todos estos días. Ni siquiera tiene valor para dar la cara. –comenzó, frunciendo el ceño y mordiéndose el labio inferior con cierta rabia. —Nunca se enfrenta a los sentimientos que llevan torturándole durante años. Huye de ellos y lo deja pasar; piensa que viniendo día tras día a mi casa a lloriquear se arreglarán las cosas. Me pide soluciones como si yo pudiera cambiar su vida, pero rechaza todo lo que le propongo.

—El amor no correspondido es doloroso, ¿no lo sabías? –suspiró el mayor.

—Si es masoca, no es mi maldito problema. –espetó Roxas. —Le gusta sufrir por amor, y eso es realmente patético. Va a arrastrarse por su mejor amigo toda la vida por un sentimiento absurdo.

El semblante de Axel, siempre jovial y risueño, cambió a uno frío, distante, serio; un Axel que joven rubio no había conocido hasta ahora. Observó con atención esos afilados ojos verdes que parecían analizarle con excesiva atención y que comenzaban a incomodarle.

—Por curiosidad, ¿has estado enamorado alguna vez?

—No. –declaró con una sonrisa triunfal.

—¿Cómo puedes hablar de algo que desconoces?

—No necesito conocerlo. Sobreestimáis el "poder del amor". –ironizó aquellas últimas palabras, simulando las comillas con los dedos de su mano libre. —Es egoísta, interesado y fugaz. Te convierte en un ser débil y patético; te destruye hasta abandonarte cuando ya no queda nada de lo que eras. Y eso, Axel, es algo que sólo puede verse desde fuera. Porque los enamorados siempre están ciegos.

Tras su breve discurso, el ojiazul continuó tomando su helado, convencido de que aquel confiado puercoespín no iba a ser capaz de rebatirle. Nadie lo hacía, jamás. Ni siquiera su amigo peliplateado, que defendía firmemente sus sentimientos hacia el famoso Sora, era capaz de contradecirle cuando le recordaba aquellas palabras.

Tras unos minutos de silencio, Axel se levantó, aún con el palo sobrante de su helado entre los labios, caminando decidido hasta el rubio. Sostuvo el trozo de madera con sus dedos y lo apartó, mostrando de nuevo esa amplia sonrisa que sorprendió al menor.

—Y después de decirme todo esto, ¿de verdad crees que tu amigo está huyendo de sus sentimientos? ¿De verdad piensas que no lucha contra ellos día a día, aún sabiendo que va a fracasar?

—Llorar no es luchar.

—Te equivocas. –lo corrigió. —Tu amigo es muy valiente, Roxy. Sin embargo… sí tienes razón en una cosa.

—¿En cuál?

La sonrisa de Axel se volvió aún más amplia, mostrando sus dientes.

—Sí que hay un cobarde en esta historia.

Aquellas palabras lograron alterarlo, una vez más.

—¿¡De quién demonios estás…!?

Sin embargo, sus palabras fueron interrumpidas por el estruendoso sonido provocado por la puerta de un garaje abriéndose. Aquella que se encontraba tras el pelirrojo.

Roxas alzó la mirada para encontrarse con un hombre de alta estatura, cabello largo y azulado, ojos anaranjados y un semblante serio y amenazante. Pero, sin embargo, lo que más le llamó la atención fue aquella cicatriz en su rostro, en forma de "X".

—Axel, llegas más de media hora tarde. ¿Acaso te parece normal? –preguntó la voz del desconocido, ronca y cortante. —Incluso Demyx ha sido más puntual que tú.

—¿Te imaginas que lo hiciera a propósito? –preguntó el ojiverde con jocosa ironía.

Cuando Roxas vio a aquel desconocido fruncir el ceño, supo que no era una persona con la que bromear. Y, sin embargo, Axel lo estaba haciendo.

Su cuerpo se tensó cuando la mirada del peliazul se detuvo en él. El rubio habría jurado que estaba siendo analizado con excesiva atención, como si aquellos extraños orbes anaranjados pudieran ver a través de él.

—¿Quién es ese? –preguntó, con un tono que Roxas consideró bastante despectivo.

—Un nuevo amigo. –aclaró Axel, sorprendentemente tranquilo, como si aquel misterioso hombre no fuera capaz de atemorizarlo. Y el rubio estaba convencido de que así era. —Roxy, este es Saïx. Saïx, este es Roxas.

Roxas frunció el ceño al ver que el tal Saïx se limitaba a asentir con la cabeza y a hacerles un gesto con la mano para que entraran con él. Lo primero que pensó, fue que aquel hombre era muy desagradable. Lo segundo, que –al parecer– no era la única persona a la que Axel disfrutaba irritando. Y, lo tercero, que saber aquello no le hizo ninguna gracia.

Acompañó a los dos jóvenes de cabello extravagante al garaje, dónde se encontró con otros dos hombres, algo más jóvenes y varios instrumentos de música. Uno de ellos, el que sostenía la guitarra, tenía el cabello de un color rubio ceniza, más apagado que el suyo, peinado con una cresta, ojos azules y amplia sonrisa. El otro, de una estatura más cercana a la suya, tenía el cabello azul grisáceo, oscuro y prácticamente ocultando la mitad de su rostro.

Los recordaba.

—¿No es tu grupo? –preguntó, mirando al pelirrojo. —Con el que tocaste en el local.

—¡Correcto! –respondió enérgicamente, acercándose a Roxas y empujándolo un poco para que se adelantara. —Chicos, este es Roxas. Roxy, estos son Demyx y Zexion.

—¡Aw! ¿Es este? –preguntó el tal Demyx, levantándose emocionado. —¡Es muy mono!

—¿Perdón?

Roxas no sabía dónde meterse. No esperaba que el guitarrista se acercara a él para tocar sus mejillas, ante la carcajada de Axel y las miradas indiferentes de Saïx y Zexion. Pero, lo que jamás habría imaginado, era que ese exasperante puercoespín ya le había mencionado con sus amigos.

Y eso le hizo sonreír inconscientemente.

—Tienes razón, ¡podría ser la mascota del grupo! ¡Tan pequeñito y mono…!

Su sonrisa se borró al instante para ser sustituida por una especie de mohín que sólo hizo reír más al ojiverde.

—Esta me la vas a pagar, Axel.

Fue el carraspeo del joven de la cicatriz lo que cesó la risa de Axel, al mismo tiempo que logró que Demyx dejara las mejillas de Roxas para volver junto a su guitarra.

—Axel, ¿vamos a ensayar ya o quieres perder más el tiempo? –preguntó, visiblemente irritado.

—Creo que perder el tiempo está bastante bien por ahora, pero gracias por el ofrecimiento.

Esta vez, fue Demyx quién estalló en carcajadas. Ni siquiera Roxas fue capaz de reprimir una débil risilla que tuvo que tapar con su mano. Aunque debía admitir que ese "marimandón amargado" se lo merecía. Y se dio cuenta de que el silencioso joven de la batería también estaba de acuerdo, porque pudo percibir cómo se le escapó una tímida sonrisilla.

Finalmente, cuando el atolondrado rubio pudo dejar de reír, Axel obedeció y se acercó al micrófono que se encontraba en el centro. Por otro lado, Saïx suspiró, exasperado, dirigiéndose al bajo que estaba situado justo al lado del pelirrojo.

—Toma asiento, Roxy. –lo invitó el vocalista, aunque realmente estaba señalando al suelo, unos pocos metros alejado del grupo. —¡Eres el invitado V.I.P del ensayo de hoy!

Roxas obedeció a su amigo y se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas y una media sonrisa. No podía negar que aquella invitación le halagaba; en alguna ocasión le había propuesto a Axel que le llevara a uno de sus ensayos, pero éste se negó, diciendo que su bajista era una persona demasiado especial, y con especial se refería a malhumorado, y que nunca invitaban a nadie a sus ensayos.

Que le invitara a sus ensayos, de alguna manera, hacía que se sintiera importante.

—¡Vas a ser el primero en escuchar nuestra nueva canción! La he escrito yo. –anunció Axel, señalándose y sonriendo triunfal.

—Deja de presumir y empieza. –exigió Zexion desde la batería, con un fingido bostezo.

—Vaaaale, vaaaale…

Los primeros acordes comenzaron a sonar, pero fue el momento en el que aquella voz profunda y melodiosa empezó a vocalizar cuando esa nueva canción invadió todos los sentidos de Roxas, que sólo podía observarlos con sus ojos muy abiertos, casi sin parpadear, incapaz de mantener una expresión neutra o indiferente. Exactamente igual que la noche que los conoció por primera vez.

La voz de Axel siempre era diferente cuando cantaba. Se volvía seria, más profunda y atrayente, capaz de hacer sentir hipnotizado a cualquiera capaz de escucharla. No era ese tono siempre burlón y despreocupado, no era ese insoportable pelopincho que parecía disfrutar irritándole; era un Axel diferente. Uno que no conocía, uno que le resultaba increíblemente misterioso, intrigante. Uno que ansiaba conocer y, por otro lado, que temía descubrir.

Sin embargo, no era eso lo único que le inquietaba. A pesar de sentirme completamente hechizado por la voz de su amigo, era capaz de prestar cierta atención a la canción. Y, por un momento, juraría que no se trataba de una invitación casual. El mensaje que transmitía, la forma en que esos orbes verdes no apartaban la mirada de él mientras cantaba…

Estaba dirigiéndose a él. Roxas lo sabía. Le estaba hablando.

Y no pudo evitar, por primera vez en toda su vida, sentirse especial de verdad.


Midgar, sector 7 –

29 de noviembre, 11:26 p.m


Al fin habían llegado al sector siete, pero aún quedaban un par de manzanas para llegar a la casa del rubio. Axel siguió conduciendo, mientras que Roxas se aferraba a su espalda, aún confundido por aquel extraño, aunque divertido día. Debía admitir que no recordaba jamás haber estado tan relajado.

Estuvo escuchándoles ensayar y, después, hablaron durante horas. Aunque el mayor peso de la conversación lo tuvieron Axel y Demyx, Roxas había tenido la oportunidad de conocer más cosas sobre su misterioso e inaguantable amigo. Al parecer, fundaron ese grupo hacía ya tres años y, aunque lo consideraban únicamente un hobby y no buscaban dedicarse a ello, ponían mucho empeño y disfrutaban de ello. Sí, "incluso el amargado de Saïx", o eso puntualizó Demyx durante la conversación.

También descubrió que Axel y Saïx eran amigos desde el instituto, y que conocieron a Demyx y Zexion más adelante. No entraron demasiado en detalles, pero al rubio le resultó muy curioso que alguien como Saïx hubiera sido capaz de aguantar a ese irritante puercoespín pelirrojo durante tantos años. Y viceversa.

Y, para qué negarlo, sintió cierta envidia. Riku tenía a Sora, mientras que Axel tenía a Saïx. Pero, sin embargo, él no tenía ese amigo íntimo que había sido capaz de soportarlo durante tantos años.

Por suerte para él, el pelirrojo se detuvo. Habían llegado a su casa. Roxas se apresuró a bajar, deshaciéndose del casco que el mayor le había dejado.

—Eh, ¿lo pasaste bien? –preguntó, con una sonrisa.

Y el ojiazul se dio cuenta de que no se trataba de una mueca de burla, sino de una sonrisa sincera.

—Por supuesto. Sois geniales. Aunque Saïx es un imbécil. –añadió, entre risas.

—Podré llevarte más veces si quie…

Roxas lo miró extrañado al ver que se callaba de pronto, y se dio cuenta de que observaba algo en particular. Dio la vuelta para mirar, y se encontró con alguien en su portal, sentado en posición fetal, como si tratara de esconderse.

Sin embargo, ese cabello liso, largo y entre un tono plateado y ligeramente perlado era inconfundible.

—Riku, ¿qué estás haciendo aquí? –preguntó, incapaz de sonar cortante o desagradable. Le resultó imposible no preocuparse.

Cuando el aludido levantó la cabeza y Roxas vio sus ojos enrojecidos y sus mejillas completamente cubiertas de restos de lágrimas, volteó para empujar al pelirrojo. Sabía que su excompañero jamás querría que lo vieran en un estado tan lamentable.

—Todo está bien. Yo me quedo con él, ¿vale? –le susurró. —No se sentirá cómodo contigo delante.

El ojiverde arqueó una ceja, y a Roxas le extrañó volver a verlo tan serio.

—¿Estarás bien?

—Es él quién no se siente bien. No te preocupes, estoy acostumbrado. –añadió con una confiada sonrisa.

Axel suspiró, cediendo.

—Llámame, ¿vale? Y ten paciencia con él. –advirtió antes de marcharse.

Sólo entonces, Roxas volvió a dirigirse a su amigo, suspirando al ver que volvía a esconderse en sus rodillas. Cogió uno de sus brazos y tiró de él.

—Vas a coger un resfriado si te quedas aquí. Vamos, quédate esta noche en mi casa.

Por suerte para el rubio, el silencioso joven obedeció, levantándose. Habría sido muy problemático intentar cargar con él hasta su casa. Roxas dejó que se apoyara un poco en su cuerpo y subió las escaleras hasta su piso.

Durante todo el trayecto, nadie dijo nada. Riku parecía haber enmudecido y Roxas aún no entendía cómo, después de lo que había pasado en aquella fiesta y de no responderle a sus llamadas durante tantos días, no le había despachado sin más.

Suspiró. Definitivamente, Sephiroth tenía razón. Se estaba ablandando.

—Ya estamos, tranquilo.

Abrió la puerta de su casa y entró, dejando a su amigo en el sofá y observándole durante unos segundos. No parecía estar borracho, ni drogado, por lo que podía quedarse tranquilo, más o menos. Pero no decía ni una palabra, sólo se escondía tras su largo flequillo.

—¿Quieres cenar algo? –preguntó.

Riku negó con la cabeza.

—¿Darte un baño? Estás helado…

Nuevamente, aquella negativa silenciosa.

—¿Lavarte la cara? Tienes un aspecto horrible.

Esta vez, se limitó a encogerse de hombros. Y Roxas le respondió con un largo suspiro, llevándose la mano a la frente y negando un par de veces con la cabeza.

—Mira, Riku. Me lo estás poniendo jodidamente difícil, y si no me dices nada después de todo lo qu-

—…más… no puedo…

El joven rubio parpadeó, confundido.

—¿Riku…?

Lo siguiente que escuchó, sólo fueron sollozos.

—Vamos… vamos a dormir, ¿vale? –propuso, sin saber cómo reaccionar. —Duermes conmigo, y ya me cuentas mañana, ¿qué me dices?

Esta vez, suspiró de alivio, con una débil sonrisa, al ver cómo el peliplateado asentía tímidamente con la cabeza.

Roxas le ayudó a levantarse de nuevo. Primero, le llevó al baño para que se lavara la cara y, después, a su habitación. También le ayudó a tumbarse. Empezaba a resultarle incómodo que todo fuera tan silencioso, pero tampoco sabía qué decir; eran los sollozos de su amigo los que rompían el silencio, y no sabía cómo reaccionar ante el llanto. Menos si era de alguien al que jamás había visto llorar.

Se sentó en la cama, observándole. Estaba tumbado, dándole la espalda, encogido. Seguía abrazando sus rodillas, y parecía querer contener los espasmos que le provocaban los sollozos.

Jamás, desde que se conocían, había visto a Riku llorar. Nunca de esa manera. Parecía un niño pequeño buscando cobijo y, aunque su primer instinto fue abrazarlo, no se atrevió a hacerlo. Parecía que fuera a romperse en cualquier momento.

No sabía que hacer.

—No tengo ningún pijama que pueda servirte, lo siento.

Una vez más, la única respuesta que recibió fue aquel movimiento negativo de cabeza.

El rubio volvió a suspirar, exasperado, moviendo el brazo de su amigo para hacer que lo mirara, y tuvo que morderse el labio al volver a mirar esa expresión de profunda tristeza.

—Mira, Riku, se acabó. –dijo, tratando de manterse firme. —Todo el asunto de Sora te está destrozando, ¿no te das cuenta?

Silencio.

—Mira, a partir de mañana vas a borrar su número de teléfono, ¿has entendido? No vas a relacionarte con él hasta que no superes esto. Sal, busca a otra persona, a quién sea. Céntrate en tus estudios. No puedes seguir así.

Más silencio. Roxas imaginó que debía agradecer que, al menos, aquellos enrojecidos ojos aguamarina estuvieran devolviéndole la mirada. Pero, sin embargo, Riku parecía completamente ausente. Como si le estuviera hablando a la maldita pared.

Gruñó.

—¿¡Me estás escuchand-

Lo que no esperaba, era que los labios de su amigo silenciaran sus palabras. Una vez más, ese tacto suave y tímido. Desagradable.

Se apartó apresuradamente.

—Riku, ¿¡eres imbécil!? ¡No tiene ninguna gracia, joder!

Al sentir la mano del albino, temblorosa, en su mejilla, tuvo que morderse el labio para contener la rabia. Sin embargo, fue incapaz de seguir gritándole. Aquella mano acariciaba su rostro con delicadeza y cariño. Y, a pesar de ello, era incapaz de sentirse bien por algo así.

Porque no era su mejilla la que estaba acariciando.

—Tus ojos… se parecen tanto…

—No soy Sora, Riku. –le cortó, desviando la mirada. —Mira, mejor que descanses, y mañana hablamos.

Iba a levantarse y dormir en el sofá, pero el peliplateado se adelantó, abrazándole y tirando del ojiazul hasta que quedó tumbado sobre él. Roxas intentó revolverse, dejando escapar algún que otro improperio, pero su amigo no parecía dispuesto a soltarlo.

—Por favor, Roxas… –murmuró, suplicante. —Ayúdame, por favor.

Al escuchar aquellas palabras, roncas, débiles y dolorosas, se detuvo. No respondió, no dijo absolutamente nada. Estando así, podía escuchar la respiración de su amigo, agitada, junto a aquellos débiles gimoteos. Ni siquiera se atrevía a preguntarle qué demonios había pasado esta vez; era como si estuviera completamente destrozado, roto. Como si ese atolondrado amigo suyo le hubiera pisoteado y aplastado.

¿Y aún así se atrevía a llamarle amor a eso?

Sin darse cuenta, dejó escapar una histérica carcajada. Lo suficientemente alto como para que Riku dejara de sostenerlo con tanta fuerza. Fue entonces cuando se apartó, aún entre risas, escondiendo su rostro con una de sus manos, ante la atónita mirada de Riku.

—¿Qué te ayude? –repitió, con un escalofriante tono de voz. —Muy bien. Como desees…

Antes de que Riku pudiera pronunciar palabra, posó sus labios sobre los suyos, apenas dejándole tiempo para reaccionar. Continuó ese beso, que distaba mucho de ser tierno y cariñoso; era lujurioso y desesperado. Y, durante unos segundos, el albino fue incapaz de reaccionar.

Pero, cuando lo hizo, se limitó a llevar sus manos a las caderas del rubio, respondiéndole del mismo modo, algo más torpe y violento.

No era Riku el único que lloró durante ese beso. Y a Roxas le importó. Porque ahora, todo le daba igual. Ya le daba igual.

Porque tenía razón. Y no volvería a dudar de ello.


Drama, drama, DRAMA.

Bueno, hasta aquí el capítulo. A pesar de haberme retrasado tanto, creo que he dejado un capítulo bastante extenso. De calidad, depende, hay escenas con las que estoy más satisfecha que con otras. Por un lado, ha sido un capítulo menos amargo y deprimente que el resto y, por otro, esta esta última escena con Riku. Tengo dudas respecto a ello, porque sé que puede ser malinterpretable y espero ser capaz de describir y expresar bien los sentimientos de los personajes más adelante.

También tengo dudas porque no sé si debería añadir el lemon en el siguiente capítulo o directamente omitirlo: por un lado, es Rated M y podría hacerlo sin problemas, además, es un reto para mí, porque considero que me cuesta escribirlo, pero quiero aprender y quiero transmitir muchas cosas con ese tipo de escenas, no sólo por ponerla y ya. Pero, por otro, no sé si tal vez es innecesario. Sigo considerándolo.

Y bueno, poco más. Advierto que en las próximas semanas puede que esté de viaje y me retrase con las actualizaciones. Tengo que escribir un regalo de cumpleaños y continuar Amigo Imaginario,además de ciertos asuntos personajes de papeleo que tal vez me quiten bastante tiempo. Sin embargo, intentaré que el retraso sea de los menos días posibles.

Nada más que añadir, ¡nos leemos!