Roxas vuelve a casa por Navidad. Sí, lo sé, no he subido capítulo desde verano y es un delito, pero juro que no ha sido por pereza. Estoy muy, muy, muy ocupada, como ya he mencionado en mi perfil o en alguna de mis historias. Me puse a escribir un regalo para una muy buena amiga y resultó ser un Fan Fic que me llevó más tiempo de lo que esperaba, mi horario de clases me roba más tiempo del que esperaba, demasiados trabajos, etc. Estoy aprovechando las vacaciones para ponerme un poco al día, y espero que después de tanto sin escribir no haya bajado la calidad con este capítulo, aunque no estoy muy convencida del resultado.

Paso a las reviews.

Surya Hatoway: ¡Me alegra que te gustara! La verdad es que estoy muy contenta con cómo estoy llevando la relación de Axel y Roxas, espero no cagarla. Siento la demora y aquí tienes el capítulo.

Nanndo: Sí, la verdad es que incluso a mí me gustó el detalle de la felicitación de Axel (lo de cómo lo sabe, bueno, uno siempre termina sabiendo el cumpleaños de un amigo, sale en alguna conversación, la verdad es que no quise ponerle demasiado detalle a cómo lo sabe). Espero seguir llevando bien esta relación, mi mayor preocupación es llegar a forzarla en algún momento o que peque de demasiado lenta. Y respecto a Riku y Sora... bueno, puedo decir que si yo estuviera en la situación de Riku reaccionaría como él en muchos aspectos; hay amistades que da mucho miedo estropear. Y poco más, mil gracias por tus review y espero que te guste el capítulo, después de tanto tiempo.

RoseHenderson: Es evidente que las cosas no irán bien para Roxas si vuelve a algo así, pero yo no puedo decir nada, mis labios están sellados. Y nada, espero que te guste el nuevo capítulo y lamento la demora.

AlhenaSmile: Siempre es un buen momento para recordar Doomsday. Y nada, me alegra que te gustara y si lees el siguiente, ¡espero que te guste también!

WarriorCM: Me dejaste dos, ¡así que gracias por duplicado! Siempre que escribo a Riku siendo estúpido te imagino lanzándole cosas encima, la verdad es que es una imagen mental divertida. Respecto a Axel, la verdad es que al no tener publicada aún su versión de la historia es más difícil de comprender en lo que a sentimientos se refiere; después de todo, a pesar de no estar escritas en primera persona, cada historia se centra más en los sentimientos del protagonista que en el resto. Sin embargo, Axel tiene muchas sorpresas, apenas está empezando a tener protagonismo. Y eso, ¡gracias por tu review! Y lamento muchísimo haberme retrasado tanto.

Kari McCartney: Más que Cloud, era Seifer, aunque tampoco es demasiado relevante que sea él o no, así que... bueno. Yo también enrollo bien los spaghettis, aunque tengo una amiga que tiene ciertas dificultades para eso y me odia muchísimo por soltarle esa pullita con ese comentario de Axel. Debo mencionar lo mucho que me halaga que alguien a quién no le gusta el yaoi lea mis historias; en serio, es increíble y significa mucho para mí. Y sí, sé lo que es encontrar buenas historias... ¡espero que la mía siga pareciendo lo suficientemente buena! Y, de nuevo, disculpas por haberme retrasado tanto.

Birds Ate My Face: Jo, jo, jo. Esperaba que lo notaras. También me alegro que te haya gustado el capítulo, aunque creo que ha dejado el listón muy alto y este os parecerá horrible en comparación, pero bueno. Barcos y putas y disfruta del capítulo.

Uf, por fin. ¿Soy yo o cada vez sois más? O tal vez, después de tanto sin responderos, he perdido la práctica. Bueno, no me enrollo más, ya lo haré al final para comentar un par de cosas importantes. Hasta entonces, ¡disfrutad del capítulo!

Disclaimers: Kingdom Hearts y sus personajes son propiedad de Square-Enix y Disney.


Definiciones del Amor–

El amor, por Roxas

Capítulo X


Midgar, sector 5 –

13 de diciembre, 4:37 a.m


La casa de Axel era, a pesar de que el pelirrojo lo defendiera como hogar coqueto y transgresor, un completo desastre. Cuando Roxas entró, pudo ver ese estrecho salón completamente desordenado, con el pijama encima del sofá, tirado de cualquier manera, y esa caja con restos de pizza que ni siquiera se había molestado en tirar a la basura, junto a un pequeño montón de folios que imaginó que serían partituras o letras de las canciones de su grupo. Sin embargo, no era la primera vez que visitaba la casa del mayor, de modo que se limitó a suspirar, cruzándose de brazos y con una sonrisa de cierta suficiencia.

—Eres un jodido desastre, ¿lo sabías?

Pero el pelirrojo no le estaba escuchando. Se encontraba en la cocina dónde, al parecer, estaba preparando la cena. A pesar de que Roxas le dijo que no era necesario y que ya era demasiado tarde para cenar, Axel insistió, escudándose en que era una ocasión especial y en que "estaba demasiado delgado". El rubio arqueó una ceja al recordar esas palabras.

—¡Ya está lista la cena!

Roxas casi echó a reír cuando vio a su amigo llegar con dos boles de ramen precocinado como si se tratara de la mejor cena del universo.

—Así que la gran cena que preparas por mi cumpleaños es ramen precocinado. –observó, aún de brazos cruzados sin dejar de mirarle.

—Intenté hacer lasaña, pero se quemó. No veas lo que apesta esa mierda…

Y, entonces, Roxas no pudo reprimir una breve carcajada.

—Eres un jodido desastre. –repitió.

—¡Pero la tarta de Oreos sigue viva! –continuó el pelirrojo con cierto entusiasmo. —Cuando termines la cena, la traeré.

—Como me cantes el "Cumpleaños Feliz" te comes los dientes. –amenazó, frunciendo levemente el ceño, aunque incapaz de hacer desaparecer esa amplia sonrisa de sus labios, que comenzaba a inquietarle y molestarle.

Era increíble que alguien como Axel hubiera conseguido mejorar su humor con tanta facilidad, y sabía que, por su salud mental, no debía pensar demasiado en ello.

—Venga, que me muero de hambre.

Axel le dedicó una sonrisa, y el ojiazul se sorprendió al pensar que ésta era realmente… bonita. Siempre amplia, con esos finos labios y ese aspecto a veces casi malicioso que, sin embargo, no evitaba que parecía completamente sincera. Y Roxas quiso golpearse por pensar algo tan cursi y estúpido como que una sonrisa era bonita.

Estuvo tanto tiempo pensando en ese gesto tan insignificante, que dio un pequeño bote cuando vio la mano del mayor moverse delante de él, como comprobando que estaba consciente. Un débil pero perceptible color rosado tiñó sus mejillas, haciendo que desviara la mirada, esperando poder disimularlo.

—Hey, ¿puedes despejar un poco la mesa? –pidió el mayor, aún sosteniendo la improvisada cena.

Roxas parpadeó un par de veces antes de volver a mirar ese trozo de madera prácticamente invadido por papeles, cartones y restos de comida.

—Eres un jodido desastre.

El resto de la cena transcurrió con normalidad. Roxas aprovechó para mofarse una y otra vez de su amigo y de su torpeza a la hora de comer con palillos mientras ambos veían la programación de la televisión, realmente horrible a aquellas horas y qué básicamente constaba de programas de teletienda y alguno sobre tarot.

Cuando por fin terminaron, Axel se incorporó, casi emocionado.

—¡Ha llegado el momento de la tarta! –anunció, y el rubio juraría que estaba más entusiasmado con ello que él.

—Me pregunto si habrá dejado de ser una tarta para convertirse en una masa sin identificar…

—¡Oye!

A pesar de la expresión ofendida, más fingida que real, que se dibujó en el rostro de Axel, el rubio no andaba mal encaminado; cuando el cantante sacó lo que pretendía ser una tarta del frigorífico y la llevó al salón, Roxas se quedó mirando aquella masa casi indefinida durante un par de segundos para, después, echarse a reír a carcajadas, dejándose caer sobre el sofá y sosteniendo su estómago mientras Axel lo fulminaba con la mirada.

—No entiendo qué tiene de divertido, Roxy. –murmuró el pelirrojo, fingiendo un puchero y dejando la tarta sobre la mesa. —Lo importante es el sabor, ¿no? ¡Qué más da si no se parece mucho a una tarta!

—Estoy seguro de que saldrá un alien de ella si me atrevo a tocarla.

—¡Menudo desagradecido! –gruñó Axel, reprimiendo alguna que otra risilla mientras el ojiazul aún parecía incapaz de contener las suyas.

Aprovechando que el joven rubio se encontraba demasiado ocupado con sus continuas carcajadas, Axel aprovechó para hacer impactar la tarta contra el rostro de Roxas, provocando su inmediato silencio. Esta vez, sólo el de ojos esmeralda reía, ante la fulminante mirada del menor, quién permaneció en silencio durante un par de segundos antes de lanzarse sobre él, buscando vengarse.

Al final, ambos terminaron sobre el sofá, completamente manchados de migas de galletas Oreo, nata, e incluso algún que otro resto de ramen. Ninguno de los dos podía parar de reír; Axel, tumbado bocarriba en el sofá, con su cuello apoyado en uno de los brazos del sofá, no dejaba de mirar a Roxas quién, apoyado bocabajo en él, poco a poco hacía cesar su sonora carcajada.

Y se sorprendió al pensar que, a pesar de encontrarse sobre el cuerpo de otro hombre, se sentía cómodo, sin esperar nada más. Sólo eso, un par de risas juntos y el tranquilo silencio después. Uno que, lejos de ser tenso o incómodo, le resultó increíblemente relajante. No se sentía observado, ni obligado a hacer nada, tampoco tenía esa sensación de que lo estuvieran devorando con la mirada. Y, a pesar de que el promiscuo joven adoraba sentirse deseado hasta extremos lujuriosos, fue todo un alivio.

Axel era como una ráfaga de aire fresco, y eso le resultaba ciertamente agradable.

—No dejas de quejarte, pero estoy seguro de que es el mejor cumpleaños del mundo mundial. –replicó el pelirrojo, rompiendo aquel silencio, con la mirada clavada en el techo.

Roxas, por otro lado, había dirigido la suya hacia el suelo. La sonrisa que había quedado en sus labios después de tanto reír comenzó a desvanecerse lentamente.

—Probablemente, sí. –confesó. —Antes tenía que compartir mis cumpleaños con Ven.

Sí, aún recordaba sus últimos cumpleaños con su hermano gemelo antes de marcharse a estudiar a Midgar. En cada uno de ellos, Ventus traía a su pareja del momento. Al principio, no le importaba. Pero, con los años, comenzaba a resultarle incómodo tener que aceptar que un desconocido –prácticamente distinto cada año– irrumpiera en su casa. No iba a negarlo, amaba ser el centro de atención y, con la presencia de su pareja del año, Ven siempre le robaba el protagonismo. Sonrió de forma algo amarga. Bueno, con su pareja del año y con su actitud siempre más dulce y, por así decirlo, carismática que la suya.

Pero, por primera vez desde que conocía al pelirrojo, no se atrevió a decirlo en voz alta.

—Todo lo que recuerdo de mis últimos cumpleaños son todos sus nuevos novios.

La risilla de Axel le sorprendió.

—¿Celoso?

Roxas arqueó una ceja, dirigiéndole una mirada cargada de escepticismo.

—¿Por qué iba a estarlo?

—Bueno, tú nunca has llevado ni a una tía ni a un tío a tu cumpleaños en posición de pareja, ¿no?

Casi como si hubiera accionado alguna clase de botón oculto, el rubio se levantó, sentándose al otro extremo del sofá y reprimiendo una risa. Negó varias veces con la cabeza, dedicando después al mayor una sonrisa de suficiencia.

—Por supuesto que no. Yo no necesito eso.

—¿Ah, no? –insistió Axel, respondiendo con una sonrisa ladina y juguetona. —No es la impresión que has dado al hablar de ello, ¿sabes?

Sin pensarlo dos veces, Roxas le lanzó uno de los cojines del sofá contra su rostro, escuchando esa risa ronca pero melodiosa después, que no dudó en acompañar con la suya, esta vez algo tímida. No entendía por qué, de repente, se sentía –de alguna manera– incómodo. No era una novedad. Después de todo, en los últimos días había comenzado a sentirse extremadamente expuesto ante ese irritante puercoespín de ojos verdes. Especialmente cuando su voz lo dejaba hipnotizado de esa manera, como en ese mismo instante.

—Por supuesto que no. Yo nunca me he enamorado, ni he querido enamorarme.

Volvió a desviar la mirada, con esa extraña sonrisa en sus labios.


Midgar, sector 2 –

1 de diciembre, 11:04 p.m


—Imaginarás que las cosas han cambiado un poco desde que te marchaste.

Roxas se limitó a asentir con la cabeza, observando al hombre del parche que un día fue su jefe pasearse por el despacho con ambas manos detrás de su espalda y esa desagradable sonrisa que jamás había augurado nada bueno. Tragó saliva, pero mantuvo esa expresión de suficiencia, casi impasible, mientras continuaba escuchándole. Dirigió su mirada hacia el fondo de la sala, dónde un hombre de piel morena y cabello plateado guardaba silencio, de brazos cruzados. Cuando levantó su cabeza, pudo ver esos brillantes ojos dorados.

—Y no es casualidad que este tío tuviera tanto interés en reclamar mis servicios, ¿me equivoco? –comentó Roxas, aún mirándole. —¿Cómo te llamabas? ¿Mansex?

Xigbar dejó escapar una sonora carcajada, mientras que el tercero sólo frunció levemente el ceño, en silencio. Roxas, sin embargo, miraba a su anterior jefe con cierta desconfianza. Había algo que no le gustaba en todo aquello.

—Su nombre es Xemnas, es mi nuevo socio. –explicó. —He estado haciendo unos cambios en el club. Ya sabes, siempre he sido muy ambicioso.

—Y lo mandaste conmigo. –prosiguió el menor, entrecerrando los ojos. —¿Por qué crees que iba a aceptar ahora que sé que llevas buscando esto durante semanas?

—¡Vamos, Roxas! Ambos sabemos que te estás echando a perder.

—¿Echarme a perder? –el rubio dejó escapar una ronca risa. —¿Desde cuándo te preocupa eso a ti?

—Nunca ha sido tu estilo eso de pertenecer a una sola persona, ¿no crees?

Roxas sólo desvió la mirada, en silencio.

—¿Depender de que Sephiroth siga interesado en ti? No parece propio de alguien como tú, siempre tan independiente…

—Y lo soy.

Incluso él se dio cuenta de la duda en sus palabras. Pensó en Sephiroth, a veces ausente, siempre exigiendo cuándo y cómo verse. Pensó en Riku, quién ahora sólo iba a visitarlo para desquitarse con él mientras recordaba a su mejor amigo. Y pensó en Axel. Sobre todo, en Axel. Y fue eso lo que le aterró; descubrir que, sin darse cuenta, comenzaba a necesitarle cerca con más frecuencia, a pensar en él en sus momentos de debilidad. "Seguro que un helado de sal marina con Axel me hará bien", "Seguro que Axel está practicando con su grupo y no le importa que vaya a verlo", "Seguro que Axel…"

—¿Por qué me has llamado, Roxas?

Los ojos dorados de ambos hombres se clavaron en esos orbes azules, brillantes y ahora demasiado cargados de terror. El rubio, simplemente, desvió la mirada, guardando silencio.


Midgar, sector 5 –

13 de diciembre, 5:14 a.m


—¿Y qué hay de ti? –preguntó Roxas, aún con el ceño ligeramente fruncido, apoyando en uno de los brazos del sofá sin dejar de mirar al pelirrojo con especial interés. —¿Te has enamorado alguna vez?

Cuando vio la duda reflejada en esos orbes esmeralda y la breve pausa que hizo el mayor, sintió una extraña sensación de desasosiego que le resultó inquietante e insoportable. No lo entendió, o más bien no quiso entenderlo. Guardó silencio, esperando la respuesta de su amigo, que finalmente resultó ser un encogimiento de hombros que no supo interpretar hasta que pronunció su respuesta:

—Por supuesto. –fue lo que dijo, tumbándose despreocupadamente en el sofá, llevándose las manos detrás de la nuca. —Todos nos enamoramos, al menos una vez.

La mirada del rubio se desvió hacia la televisión, a cualquier programa de teletienda al que, en realidad, no estaba prestando ni la más mínima atención. Se sintió repentinamente de mal humor, el mismo que llevaba teniendo en los últimos días. Y mientras esa extraña opresión en su pecho continuara, así como la repentina desgana que lo invadió en cuestión de segundos, seguiría deseando destrozar lo primero que tuviera delante. Y, al mismo tiempo, salir corriendo de allí y esconderse, solo, bien lejos.

No estaba dispuesto a admitir que lo que estaba sintiendo eran celos. Nunca había sido celoso. Y, ¿qué demonios? ¿Cómo iba a sentir algo así, si Axel y él no eran más que amigos? Unos buenos amigos, quizá, más cercanos de lo que debería ser sano para el ojiazul, pero sólo eso.

Roxas no se enamoraba.

—Debo de ser la excepción que confirma la regla. –murmuró, entre risas, teniendo que encogerse, flexionando sus rodillas, mientras Axel invadía todo el sofá con sus largas piernas. —Y, bueno… ¿sigues con esa persona? –se atrevió a preguntar.

El mayor se limitó a negar con la cabeza, en silencio. En aquel momento, Roxas juraría que había visto un atisbo de tristeza en esos ojos.

—¿Qué pasó?

—Hay veces que el amor tiene fecha de caducidad, ¿lo captas? –a pesar de esa pesimista respuesta, Axel le había sonreído. —No en todos los casos dura para siempre.

—Si tenía fecha de caducidad, como dices, no sería amor. –fue la tajante opinión del menor.

—O sí. Nada dura para siempre, Roxy. Salvo los recuerdos y la experiencia. –añadió, incorporándose ligeramente para mirar a su amigo. —Si puedes conservar unos buenos recuerdos de ello, o si has aprendido algo importante, mereció la pena.

—Si esa persona se cansa de ti cuando ve las cosas feas, no te quería de verdad. –insistió, cruzándose de brazos.

—Siempre estamos en continuo cambio. Si alguien te dice que nunca ha cambiado su forma de ser, ni en el más mínimo detalle, probablemente te esté mintiendo. Y, por consecuencia, no siempre estamos rodeados de las mismas personas. No puedes atar a una persona contigo para siempre si ya no desea estar contigo, eso no es amor, ¿no crees?

Roxas quedó en silencio por nos segundos, sin saber qué decir.

Cuando conoció a ese despreocupado e irritante puercoespín pelirrojo jamás habría imaginado que podría llegar a tener y compartir pensamientos e ideas tan personales, profundas y trascendentales. En boca de otros, esas palabras no habrían tenido ningún valor para el ojiazul; sólo sería el argumento de cualquier adolescente con pájaros en la cabeza que aún no se había dado el golpe contra la dura pared de la realidad. Sin embargo, cuando la melódica voz de Axel pronunciaba esas palabras, Roxas llegaba a cuestionarse todo lo que siempre había sabido y defendido. Ni siquiera le contó su historia o le explicó cómo fue ese amor que ya había caducado —como Axel había puntualizado—, pero podía creer, viendo el brillo de sus ojos y la melancolía en sus palabras, que Axel realmente había amado a esa persona y que, lejos de guardar rencor o resentimiento, sólo se había enfrentado a ello con dignidad, sin dejar de creer. Y esos orbes verdes, con esa cariñosa sonrisa en su rostro, no formaban la expresión de alguien que sólo buscara un pretexto para llevarse a otra persona a la cama.

La idea de que, tal vez, Axel fuera diferente a todo lo que había visto anteriormente le provocó escalofríos. O, más bien, lo hizo la idea de que realmente estuviera pensando que ese joven al que conocía desde hace apenas unos meses fuera distinto y especial. "Ni que fuera una adolescente con sobredosis de películas de Disney", pensó para sí.

—Nunca… lo había pensado así. –admitió, aún pensativo.

—Claro. Nunca has pensado en ello porque no crees en el amor, ¿no? –le recordó Axel, con una amplia sonrisa que hizo que el rubio no pudiera seguir mirándole.

Ni siquiera fue capaz de asentir.


Midgar, sector 2 –

1 de diciembre, 11:10 p.m


—Me he ablandado.

La maliciosa sonrisa de Xigbar no hizo más que ampliarse ante la confesión del rubio, quién parecía mirar a cualquier otro punto de la sala, evitando las miradas de los otros dos presentes. Después de todo, estaba avergonzado, y no sólo por haber vuelto al lugar del que había estado huyendo, evitando y temiendo durante meses, sino por, precisamente eso, haberse ablandado.

Pensó en Riku, en cómo llegó a depositar su confianza en él, en todas esas tardes que escuchó sus llantos y le ofreció su hombros para llorar; en cómo, de la noche a la mañana, se convirtió en el sustituto de Sora para aliviar sus deseos más impuros y desesperados. En cómo, en cuestión de una sola noche, pasó de sentirse querido e importante a poco más que un objeto.

También pensó en Sephiroth. No podía depender de él para siempre, ni esperar que siempre sucumbiera a sus encantos. No esperaba nada de él; nada, salvo que siguiera deseándole para poder mantenerlo. Esperar a que él llamara o se presentara en su apartamento distaba demasiado de esa idea de independencia que Roxas tanto defendía. No podía arriesgarse.

Pero, sobre todo, pensó en Axel. En Axel y sus persuasivas palabras. En el alivio que invadía sus sentidos cuando él aparecía, cuando llamaba, cuando lo buscaba. O en la sensación de protección que sentía cuando estaba junto a él, esa excesiva comodidad, la peligrosidad con la que actuaba frente a él, sin pensar, sin reprimirse. Ese joven pelirrojo adicto a los helados de sal marina comenzaba a convertirse en alguien demasiado importante. Y, lo que más le aterraba, era que ya no podía alejarlo de su vida. La sola idea le resultaba impensable.

Tenía que cambiar, otra vez. Volver a ser el que siempre había sido.

—Las cosas tienen que volver a ser como eran antes. –continuó.

Levantó la cabeza cuando sintió esa mano fría y áspera levantar su barbilla, mirando al que ahora era el único ojo de su antiguo jefe. Tragó saliva, aún dispuesto a mantener ese semblante decidido, tratando de ignorar el pánico que lo invadía. No quería hacerlo. En el fondo, no quería volver a aquello.

"Nadie te obliga a hacer esto, ¿verdad?"

Las palabras de Axel, aquel día, no dejaron de sonar en su cabeza, casi torturándole.

—Necesito asegurarme de que no te has ablandado demasiado. –dijo entonces Xigbar, aún con esa sonrisa que provocaba escalofríos en el menor.

Un jadeo escapó de los rosados labios de Roxas cuando sintió el aliento de aquel otro hombre tras él, peligrosamente cerca de su nuca. Su cuerpo se tensó mientras otras manos, algo más grandes, recorrían su cuerpo, subiendo desde su cintura, apoyándose en sus hombros. Ni siquiera pudo reaccionar.

—Xemnas quiere probarte una vez más antes de que te contratemos. Llámalo "control de calidad".

A pesar de que intentaba mantenerse impasible, el joven rubio no pudo contener su respiración, ahora más agitada. Y no era a causa del placer. Estaba aterrado. Y le aterraba aún más no tener ni idea de lo que le ocurría.

—Dime, Roxas, ¿hasta qué punto estás dispuesto a volver?

"Nadie te obliga a hacer esto, ¿verdad?"

Una vez más, aquella dulce voz en su cabeza.

Quería salir corriendo.

Todo lo que quería en ese instante era salir corriendo, llamar a Axel, tomar helados de sal marina juntos y olvidarse de todo aquello, de esa expresión lasciva en el rostro de Xigbar, de la respiración casi animal de Xemnas y de ese maldito y repugnante despacho. Y llamar a Sephiroth, disculparle y suplicarle que lo pusiera a salvo, que se asegurara de que aquel hombre del parche nunca más volvía a acercarse a él.

Y otra parte de él no dejaba de reprenderlo por esos pensamientos. Recordó Riku, recordó las palabras de Sephiroth cuando le habló de él. Recordó lo vacío que se sintió después, lo miserable que se sentía, y las palabras que siempre se había repetido. Recordó a Ventus, todas las noches que lo escuchó llorar.

Y, sobre todo, recordó a su madre.

—A todo. –fue, finalmente, su respuesta.

Todo lo que sintió después, fueron fríos labios y hambrientas manos recorrer su cuerpo, ensuciándolo, una vez más.


Midgar, sector 5 –

13 de diciembre, 5:38 a.m


—¡Roxas!

El rubio parpadeó, sacudiendo disimuladamente la cabeza cuando la voz y zarandeos de Axel lo sacaron de su breve trance.

—Perdona, he dormido fatal estos días. –se excusó, volviendo a sacudir la cabeza y tratando de alejar esos recuerdos de su cabeza.

Y sintiéndose imbécil cuando la risa del pelirrojo le hizo sonreír de nuevo.

—Toma. –le dijo el mayor, acercándole su teléfono móvil. El ojiazul ladeó su cabeza, sin comprender ese gesto. —Acaba de sonar tu teléfono, creo que es un mensaje.

Roxas asintió, aún demasiado ido como para formular una frase coherente, y cogió el móvil, buscando el mensaje para poder leerlo. Sólo necesitó leer el nombre de su hermano para saber qué sería lo que contendría: feliz cumpleaños, espero que no te hayas olvidado de que es también el mío, también espero verte pronto y…

Navidad.

—Mierda. Joder.

—¿Qué pasa, Roxy?

El menor se llevó la mano a la frente, dejando escapar un largo suspiro.

—Es mi familia. –respondió. —Quieren venir a mi casa para celebrar la Navidad juntos.

—¿Cuál es el problema? –preguntó Axel con una sonrisa burlona. —¿No quieres conocer al nuevo novio de tu hermanito?

Roxas suspiró, negando varias veces con la cabeza, aún con la mano en su frente.

—Axel, ellos no saben lo que estoy haciendo en Midgar.


Iba a advertir del lemon/lime/lo que sea, pero ni siquiera me ha parecido necesario porque realmente no lo he escrito. Pensé en hacerlo, al menos de forma superficial, pero lo veía innecesario y quería daros ya el capítulo. Si a alguna le interesa mucho podría subir una segunda versión con el lemon. Quería expresar muchas cosas en él, pero no es imprescindible puesto que ya tendré ocasión de hacerlo en otro capítulo según lo que tengo en mente.

Por otro lado, ¡tengo una sorpresa! Bueno, no será tan sorpresa si habéis revisado mi perfil estos días, pero habrá una doble actualización de este Fic. Además de este capítulo, tendréis un especial de Navidad en estos días. Al final, que me retrasara ha sido toda una suerte, porque el especial podrá coincidir con las fiestas. Más o menos, ya que voy a saltarme a Sora y Riku, pero a ellos les queda un poco más para llegar a eso y así tengo tiempo de recordar todo lo que tenía en mente respecto a sus tramas (demasiado tiempo ocupada sin poder escribir pasa factura...).

Y, finalmente, una mala noticia. Y es que no voy a actualizar de forma regular como intentaba hacer antes. No os puedo prometer que lo tendréis x día, porque tengo demasiado trabajo encima como para cumplirlo. Además de las clases, tengo que preparar una historia original para un trabajo de clase. Y la historia debe tener un mínimo de 100 páginas en Times New Roman a tamaño 9. Así que le tendré que dar prioridad a esta. Si sale bien, igual la publique en algún lugar para que podáis leerla.

Lo sé, lo sé, ¿cómo sabréis si actualizo o no? Iré actualizando mi perfil con un nuevo apartado en el que indicaré los próximos fics y sus próximos capítulos, así como un porcentaje aproximado de lo que llevo, para que os podáis hacer una idea de cuándo lo tendré (aunque indicaré una fecha aproximada también) o veáis que no estoy dejando nada abandonado.

Y eso, poco más. Espero que os haya gustado el capítulo aunque no me ha salido tan bien como me habría gustado. ¡Hasta pronto!