Disclaimer: Echaba de menos recordaros que solo soy una aprovechada que utiliza los maravillosos personajes de J.K. para su propio goce y disfrute. No me demandéis, lo hago sin ánimo de lucro.

Resumen del capítulo anterior: (después de varios meses seguro que más de uno lo necesitáis) Las tres chicas, Lily, Andrew y Phoebe están en una estación de esquí francesa disfrutando de sus vacaciones de Semana Santa y de la libertad de unos días sin novios...o esa era la idea. Finalmente de libertad nada, los tres merodeadores aparecen por ahí para hacer de las suyas y para asegurarse que el único que sigue teniendo cuernos es James cuando se transforma en ciervo. ¿Qué pasará de aquí en adelante?

(Nota de la escritora: cambio de formato ya que el escribir el nombre para intrudicir los diálogos me tenía hasta las narices ya, guioncito y a correr que es más cómodo)


Capítulo 33: Orgullo herido

Tras un encuentro tan repentino como ese, bajaron a la cafetería para evaluar los daños que habían sufrido los tres chicos después de bajar toda una pista rodando.
Sirius se dejó caer en una de las sillas de color naranja que había por toda la cafetería quedando medio tumbado. Con esfuerzo se quitó las botas, puso los pies sobre ellas y se colocó las gafas de sol sobre la cabeza mientras cerraba los ojos y disfrutaba del placer de sentir los cálidos rayos del sol en su piel enrojecida por el frío.
Al verle, Andrew se colocó tras él y empezó a hacerle un masaje comenzando por la sien y descendiendo, por detrás de las orejas, hasta la nuca y después a los hombros. Sirius ronroneó de placer haciéndola reír.

-Me recuerdas a mi gata-murmuró y él abrió un ojo para mirarla mientras una pequeña sonrisa asomaba a sus labios.

-Te recuerdo que soy un perro, no me insultes.

Andrew soltó una pequeña carcajada mientras se inclinaba hasta apoderarse de los labios del moreno, notando como su sonrisa se ampliaba al recibir, con gusto, el beso.

-Tu pelo me hace cosquillas.

-Lo siento-. Se disculpó la peli-azul recogiéndose el pelo en una coleta. Sirius alzó las manos para impedírselo, dejando que los largos mechones de pelo de color azul cayeran de nuevo y le hicieran cosquillas en el cuello.

-Me gusta tu pelo ahora, tal y como está. Y me gusta que me haga cosquillas porque eso significa que te tengo cerca.

Andrew sonrió con ternura al escucharle y de nuevo le besó, pero esta vez el beso fue bastante más largo e intenso.

Ajenos a los arrumacos de la adorable parejita, Lily procuraba aislar su mente para no caer en la tentación de mirar a James y volver a ver como sonreía, como siempre, logrando que los ojos le brillaran de satisfacción tras el cristal de las gafas. Y para evitar embobarse al apreciar lo bien que le quedaba ese suéter ajustado de color crema.

Y Phoebe se dejaba abrazar por Remus, aunque la forma que tenía el chico de rodear su cintura con sus brazos le parecía un poco posesiva, en ese momento. Y agradecía el haber perdido diez galeones si eso significaba pasar las vacaciones con Remus. La idea de las vacaciones femeninas le gustaba pero las vacaciones femeninas con novio le gustaban aun más.

En ese momento un Matt sonriente llegó hasta donde ellos se encontraban irradiando felicidad y excitación. Sus ojos pasaron, uno por uno, por todos los miembros del grupo y se detuvieron en la pareja que, ajena a los demás, seguía sumida en su burbuja.

-Que tiernos-comentó con un pequeño suspiro y se acercó a ellos-. Hola preciosa-saludó a Andrew dándole un pequeño pico que hizo que todas las alarmas existentes en el cerebro de Sirius se activaran de golpe.

-¡Eh¡Eh¡Eh¡¿Qué te crees que estás haciendo¡Que es MI novia!-exclamó recalcando el "mi" mientras se levantaba de la silla y se enfrentaba al intruso rubio sin darle importancia al hecho de que estaba descalzo.

-Sirius, cálmate. Recuerda lo que pasó la última vez que te dominaron los celos-murmuró Andrew con voz monótona y el moreno la miró con la expresión desencajada.

-Te acepto que lo de James fuera infundado pero te acaba de dar un beso delante de mis narices. Ponme los cuernos si quieres pero que no sea algo tan descarado que yo también tengo mi dignidad-imploró y Andrew negó con la cabeza sin poder evitar sonreír. Después volvió a besar a Matt riendo ante la expresión horrorizada y torturada de su novio.

-Mi amor, deja de preocuparte. Debería estar yo más celosa que tú- se acercó a él y le empujó haciendo que volviera a sentarse en la silla para poder sentarse ella sobre sus piernas. Sirius la miró sin comprender.

-Ah- no se le ocurrió nada más que decir, puesto que entender lo que Andrew quería decir le llevó su tiempo-. ¡Ah!-exclamó triunfante al adivinar lo que la chica había insinuado.

Andrew y Matt negaron con la cabeza mirándose el uno al otro, después la chica acarició la cabeza de Sirius.

-Muy bien, bebé. Te ha costado pero lo has conseguido-le felicitó con tono jocoso y el moreno puso un mohín.

-¡Matt! La competición es esta tarde, a las dos y media. Van a aprovechar que la mayoría de la gente estará comiendo o en la cafetería para cerrar las pistas y dar comienzo la contrarreloj-anunció Alex acercándose a Matt, haciendo ruido con las botas al caminar.

El grupo, separado levemente por unos metros, se unió al despertar la curiosidad por aquella competición. Los tres merodeadores se fijaron en aquel nuevo personaje que había hecho su aparición y, mientras a Remus le hervía la sangre al ver como devoraba a su novia con la mirada y le sonreía como si quisiera deslumbrarla con la blancura de sus dientes, los dos morenos se miraron entre ellos corroborando que ambos tenían la misma idea de lo que hablaba el chico. Vease: ninguna.

-¿Una competición de qué?-preguntó James mirando a Alex con curiosidad. El interpelado miró al de gafas considerándole un crío molesto incapaz de mantenerse erguido sobre los esquís e hizo rodar los ojos pensando como huir de la pregunta.

Finalmente fue Matt el que se prestó a contestar.

-Pues verás, es una contrarreloj que se celebra esta tarde. Se trata de bajar la pista esquiando. El que menos tarde gana-fue una explicación un tanto resumida pero les bastó.

-¿Y vosotros vais a participar en ella?-preguntó Sirius y ambos chicos asintieron con la cabeza-. ¡Yo también quiero participar!-exclamó ilusionado y las tres chicas no pudieron evitar la carcajada que provocó dicha exclamación.

-Sirius, no seas ridículo. Habéis bajado la pista rodando ¿cómo vas a competir en una contrarreloj de un nivel tan alto?

Miró a su novia decepcionado por la falta de confianza, pero crecido en su interior. Ganaría esa carrera, estaba más que convencido. Él era Sirius Black y a un Black nada de lo que se propusiera le salía mal.

-Voy a ganar esa carrera-aseguró aumentando las risas, ahora hasta sus propios amigos se reían de su afirmación.

-Sirius, por favor, solo vas a hacer el ridículo-le advirtió Andrew y él arrugó el ceño.

-¿Te apuestas algo a que participo y gano?

La morena le miró altiva y le tendió la mano.

-Esclavitud eterna-contestó y él estrechó la mano cerrando la apuesta sin mediar palabra, mientras ambos se miraban desafiantes.

Aprovechando que toda la atención estaba puesta en la pareja y en una apuesta que hubiese logrado una audiencia indescriptible si eso se tratara de un concurso de televisión. James se acercó, por la espalda, a cierta pelirroja a la que aun era incapaz hasta de mirarla temiendo que sus ojos coincidieran con aquel color esmeralda que le dominaba completamente.
Colocó las manos sobre los brazos de la chica y notó como esta daba un pequeño respingo a causa del susto. No estaba pendiente de lo que él hacía y la había sorprendido.

-¿Podemos hablar?-preguntó en un susurró acercando los labios a la oreja de Lily.

Ella asintió con la cabeza considerando que lo mejor era dejar de huir como una cobarde y enfrentarse a él de una vez por todas.
Lily siguió a James hasta la habitación de Sirius y Remus. La pelirroja jugueteaba, nerviosamente, con sus manos, viendo como sus dedos se entrelazaban y evitando así la mirada de James.

Cada uno se sentó en una de las dos camas y el silencio se convirtió en un incómodo compañero. Lily seguía absorta en el baile de sus manos y James la miraba a través de sus gafas, pensando como hacer para romper el hielo. Apoyó ambas palmas de las manos sobre el colchón y se impulsó hacia arriba para poder echarse hacia atrás, pero un agudo pinchazo le recorrió la mano derecha y gimió de dolor captando la atención de la pelirroja que levantó la cabeza de inmediato.

-¡Joder!-musitó agitando la mano con rudeza. Al ver esto Lily se levantó de la cama en la que estaba sentada y se sentó junto a su novio, deteniendo el frenético movimiento de la mano de este con las suyas propias.

-Para, para, o te harás más daño aun-le rogó masajeándole suavemente la mano dolorida-. ¡Normal que te duela¡Tienes los nudillos hinchados¿Qué te ha pasado?-preguntó preocupada y el moreno giró la cabeza para escapar de la profunda mirada de esos ojos verdes.

-Nada-murmuró sin mover apenas los labios.

-¿Qué ha pasado?-insistió cogiendo el mentón del chico y obligándole a mirarla.

-Le rompí la nariz a tu querido Snape...-escupió las palabras haciendo que la expresión de Lily se tornara de repulsa.

Se levantó mirándole acusadoramente y apretando los puños tratando de controlarse.

-¡¿Por qué has hecho algo así¿Quién te has creído que eres? Maldito animal inconsciente y celoso...retrógrado machista...cavernícola...

-Le aticé porque me provocó, según él tú has dicho que soy un cobarde que aparenta lo que no es, que soy un crío y que salir conmigo es la peor decisión que has tomado nunca-explicó hablando con un tono monocorde, ignorando la retahíla de insultos que salían de boca de Lily.

-Salvaje incivilizado... ¿cómo¿Que Severus dijo qué?-preguntó abriendo los ojos con incredulidad y James se encogió de hombros.

-Ya me has oído...solo espero que lo que dijo no fuera verdad-la vista de James estaba clavada en una esquina de la habitación, evitando a Lily, mientras abría y cerraba la mano para calmar un poco el dolor.

-¡Pues claro que no es verdad!-volvió a sentarse junto a él-. No eres ningún cobarde y aunque a veces si que me pareces un poco crío, inmaduro, prepotente y demasiado impulsivo-le cogió la mano dolorida y él la miró, sin poder evitar una pequeña sonrisa de culpabilidad-. Pero jamás me arrepentiría de haber estado contigo.

Ambos se miraron con cariño y complicidad mientras sonreían inconscientemente.

-Y eso nos lleva de vuelta al tema por el cual estamos aquí solos...

-Nos estamos comportando como un par de críos idiotas ¿verdad?-dijo tratando de mantener la sonrisa pese a que le costó un gran esfuerzo.

-Lily yo... sabes que te quiero con toda mi alma pero estoy confuso-apoyó los codos sobre sus rodillas y se frotó la cara con las manos para luego echarse el pelo hacia atrás-. Verás...la afinidad que tengo con Lau me confunde demasiado, de la que estoy enamorado es de ti pero me encanta estar con ella, compartimos muchas cosas y...no sé, congeniamos mucho. Y eso me lleva a pensar que quizá empiece a gustarme como algo más que una amiga. Esto me resulta tan rastrero, no tiene ni comparación lo que siento por ti con lo que siento por ella pero soy un egoísta y no puedo prescindir de ninguna-admitió afligido y Lily le acarició el pelo tratando de mostrarse comprensiva aunque los celos empezaban a aflorar en su pecho.

James apartó la cabeza queriendo evitar la caricia que no hacía sino que se sintiera aun más culpable. Se giró, envolvió las manos de Lily con las suyas y la miró directamente a los ojos.

-Lily, la he besado-confesó con seriedad y ella le miró durante unos segundos tratando de aceptar lo que acababa de oír.

En el momento en el que a su mente llegó la imagen de su novio y esa niña besándose prefirió levantarse y caminar hacia la ventana para huir de él y no darle la bofetada que se merecía.

James respetó esa lejanía durante unos minutos mientras aprovechaba para poner en orden sus ideas. Pasado un tiempo y al ver que Lily seguía dándole la espalda, se levantó y se acercó a ella y se quedó de pie a su lado, sin rozarla siquiera.

-Lo siento Lily, no sabía lo que hacía...no fue más que un impulso...yo...de verdad que lo siento.

La pelirroja asintió levemente con la cabeza pero continuó en la misma posición, sin mirarle. Apoyada en la pared y con la mirada perdida en la compacta masa blanca que lo cubría todo en el exterior.

-Esta bien James, al menos has tenido el valor de decírmelo.

-¿Significa eso que me perdonas?-preguntó para cerciorarse mientras, con algo más de confianza en si mismo, cogía las manos de la chica y la hacía girar para estar cara a cara de nuevo.

Lily asintió con la cabeza por segunda vez y una amplia sonrisa iluminó la cara de James. Tiró de ella y la atrajo hacia si para poder abrazarla como si temiese que alguien se la pudiera arrebatar.

-Gracias-murmuró con voz queda antes de separarse un poco para intentar besarla. Lily apartó la cara antes de que los labios de James rozaran los suyos.

-No James

Colocando las manos sobre el pecho del chico le apartó con suavidad y después fue a sentarse sobre una de las camas. James la miraba desde donde le había dejado, completamente helado.

-¿Por qué? Me has perdonado ¿no se supone que me has perdonado?-preguntó nervioso una vez consiguió reaccionar. Se sentó en la misma cama, frente a ella y cogió sus manos mientras la miraba implorante.

-Si James, te perdono. Pero como bien me has dicho antes estás confuso y yo también lo estoy. Pienso que lo más sensato es darnos una tregua.

-Pero Lily yo...

La pelirroja colocó su dedo índice sobre los labios de James. Necesitaba decir lo que pensaba de carrerilla y sin interrupciones o no sería capaz de decirlo.

-James, últimamente no hacemos más que discutir por cualquier tontería y además tú tienes a Laura que en parte hace que se te divida el corazón-le explicó e hizo una pequeña pausa antes de continuar considerando que lo mejor era dejar el tema "LAura" a parte-. No es algo definitivo, solo te estoy pidiendo que nos separemos durante un tiempo y que cada uno siga su vida solo. Si realmente estamos hechos el uno para el otro al poco tiempo nos necesitaremos mutuamente. Ya les pasó a Andrew y a Sirius, acuérdate.

-Entonces me estás pidiendo que lo dejemos, aunque sea temporalmente-resumió mirándola con frialdad a través de las gafas. Ella asintió con la cabeza.

-James, entiéndelo, es lo más sensato. Ahora mismo solo nos estamos haciendo daño-el moreno agachó la cabeza y Lily le cogió la barbilla y le obligó a mirarla-. Por favor-rogó.

-Está bien Lily, lo entiendo, pero no me pidas que lo acepte. De momento no-se levantó y se quedó quieto, con los ojos cerrados y pellizcándose el puente de la nariz

Lily esperó a que James dijera algo pero este se limitó a mirarla de nuevo y a salir de la habitación negando con la cabeza y golpeando todo lo que pasaba por su camino.

-¿A dónde vas?-preguntó antes de que James atravesara la puerta.

-¡A la mierda!-exclamó con rabia dando un portazo.

Lily se quedó en la habitación, sentada donde estaba. Echó la mano hacia atrás y cogió la almohada, estaba blandita y era agradable abrazarla pero estaba fría, tan fría como se había quedado su corazón al ver a James salir de aquella manera. Las dudas inundaban su cabeza mientras su cara se hundía sobre la suave tela blanca que cubría la almohada. Ignoraba si su decisión había sido la correcta o si lo único que conseguiría, a largo plazo, sería alejar a James definitivamente. Lo único que tenía claro era que en ese momento lo único que les proporcionaba esa relación a ambos era la sensación de estar fallándole al otro y no saber exactamente en qué.
Se dejó caer, de costado, sobre el colchón. Y clavó su mirada en la helada luz que entraba por la ventana mientras seguía abrazando la almohada fuertemente contra ella.
Ni siquiera había barajado la opción de llorar como si todo estuviese perdido. Solo dudaba entre dos opciones, salir de nuevo y enfrentarse a sus amigos o quedarse en la habitación y dormir profundamente hasta que alguien la despertara.
Claramente ganó la opción de dormir y se entregó a ese deseo permitiendo que el mundo de los sueños liberase su mente de las últimas horas que había vivido.

El reloj de la plaza del pequeño pueblo de montaña daba las dos y media y, arriba, en la estación de esquí, el público se arremolinaba alrededor de las vallas de protección colocadas por los organizadores del tan sonado evento. En lo alto de la pista, donde solo el rugido del viento llenaba sus oídos mientras dejaban de tener sensibilidad en las orejas, las mejillas y la nariz; los corredores se ajustaban las correas de los bastones a las muñecas tras haber encajado los guantes a la perfección. Abrían y cerraban las manos un par de veces mientras hacían rotar la cabeza sobre sus hombros antes de ajustarse las gafas de ventisca y entrar en un estado de absoluta concentración antes de que diesen la salida.
Uno por uno los concursantes iban bajando por la pista realizando movimientos sorprendentes, dignos de profesionales, y envidiados por cualquier esquiador de nivel medio. Mientras que los records iban siendo pulverizados a medida que cada corredor llegaba a pie de pistas y cruzaba la meta.

Remus, Phoebe y Andrew estaban entre el público, en primera fila. Esperando a que Matt y Alex hicieran el recorrido y deseando que lograran alcanzar el primer puesto. O al menos las dos chicas si que deseaban eso, Remus tenía sus reservas en cuanto a Alex.
Y en un rinconcito de su mente aparecía el ferviente deseo de que cierto moreno de ojos azules no hiciera demasiado el ridículo en la competición.

El público estalló en vítores y aplausos cuando le tocó el turno a Alex de descender. Por lo visto en chico no pasaba desapercibido en la estación y la gran mayoría de las esquiadoras francesas suspiraban cada vez que le veían aparecer. Bajó la pista marcando un tiempo increíble y poniéndose, claramente, en primera posición. Sonrió triunfante al ver su nombre en lo alto del improvisado marcador y después buscó a Phoebe con la mirada, dedicándole un guiño que hizo las delicias de la chica y que, por otra parte, logró que los puños de Remus se crisparan peligrosamente.

Pero la satisfacción no le duró demasiado. Apenas un par de corredores después Matt se lanzó al desafío y con movimientos tan elegantes que parecía una danza perfectamente ejecutada llegó al final de la pista batiendo el record de su amigo Alex por unas centésimas de segundo.

Y en último lugar Sirius Black recibió la salida y saltó a la pista deslizando por la nieve con vergonzosa inseguridad. Al contrario que el resto de los participantes, cuyo descenso fue veloz y de apariencia agresiva, Sirius fue bajando la pista con la velocidad de un principiante y los movimientos de un niño de cinco años acostumbrado a bajar las pistas entre las rodillas de su padre.

Las risas llenaron cada rincón donde Andrew optaba por no mirar y evitarse el sufrimiento de ver aquello que causaba cada carcajada. Hasta el propio Alex reía a placer observando y evaluando la destreza del merodeador.

-¡Menudo payaso! Un crío lo haría muchísimo mejor-murmuró cuando el chico llegó abajo quedando, evidentemente, en última posición-. ¡Miradle¡Esquía como si tuviese dos pies izquierdos!-se burló y Andrew se enfrentó a él llena de rabia.

-¡El único payaso que hay aquí eres tú! Y además no eres quién para criticar los pies de nadie cuando en comparación contigo un bigfoot tiene los pies pequeños.

De pronto Alex bajó la cabeza y observó, horrorizado, como sus pies aumentaban de tamaño, lo mismo que sus botas.

-¡¿Qué estás haciendo¡¿Qué le has hecho a mis pies?!-increpó mirándola furioso y ella se limitó a sonreír con inocencia.

-Yo no estoy haciendo nada Alex, si tu madre te parió con los pies grandes yo no tengo la culpa...

-¡Mis pies son normales¡Esto es...

-¿Magia?-adivinó el final de la exclamación y hasta el propio Alex vio que era absurdo-. Por si nadie te lo había dicho nunca, las brujas no existen-se mofó la morena optando por alejarse de aquel individuo antes de que su humor fuera peor y la varita que guardaba en el bolsillo volviese a ser el utensilio perfecto para dejarle, a ese imbecil, las orejas a juego con los pies.

Remus y Phoebe se fueron tras ella, Remus sonreía triunfal, regocijándose de placer al recordar la carra de horror de aquel presumido y Phoebe, aunque sentía cierta debilidad por aquel chico que con ella había sido tan encantador, también era cierto que se había reído de Sirius y la rubia era de las que pensaban que ninguna cara de niño bonito estaba por encima de un amigo.

Evidentemente Andrew fue la primera en llegar al sitio donde Sirius se ocultaba de la multitud. Sentado tras uno de los múltiples porta esquís que había colocados, estratégicamente, por toda la estación.
Se arrodilló frente a él quitándole las gafas de las manos, dejándolas a un lado y apoyando los brazos, y la cabeza sobre estos, sobre las rodillas de su novio.

-¿Alguna lesión grave además de un orgullo herido?-bromeó con un tono de voz dulce y protector. Sirius giró la cabeza para no mirarla-. Vamos Sirius, has hecho el ridículo en una competición por no saber esquiar ¿y qué? Al menos te has atrevido a salir ahí sin saber esquiar. Nadie es perfecto y tú eres un auténtico Gryffindor-trató de animarle y él sonrió y la miró con ironía.

-Es el consuelo más estúpido que he oído en mi vida-aseguró contagiándole la sonrisa a ella.

-Es que vengo a cobrar una apuesta y si estás de mal humor no creo que me pagues.

-Creo que tampoco estoy de humor como para cumplir una eternidad de esclavitud-musitó y ella se acercó hasta que la punta de ambas narices se rozaron.

-Seré benevolente y te permito cambiar la esclavitud eterna por una cena y un beso.

Sirius amplió la sonrisa y besó a su novia tal y como ella había pedido.

-¡Por Dios¡¿Qué clase de beso casto y puritano es ese¿Tanto ha afectado al alumno más deseado de Hogwarts el hacer el ridículo frente a toda una estación de esquí? Y tú que presumías de arte al besar...-se burló de él para provocarle y al final las cosas aumentaron de intensidad.

-Creo que en este momento ninguno de los dos nos necesita- murmuró Remus al oído de la rubia y esta se mostró de acuerdo con la observación de su novio.

El resto de las vacaciones fueron de lo más agradables. Con un Alex que se negaba a acercarse a Andrew después de haber pasado un día entero con unos pies de la longitud de sus propios esquís, los seis chicos acompañados generalmente de un Matt encantado con el premio que había ganando con el sudor de su frente.
Saber que Alex evitaba al grupo a toda costa devolvió la sonrisa a la cara de Remus ya que no tenía nada que temer en cuanto a lo que su estable y magnífica relación se refería. Y el relato del encantamiento de Andrew lograba arrancarle carcajadas de lo más contagiosas a un Sirius que había logrado ignorar su pequeño espectáculo producto de un exceso de orgullo.
En cuanto a James, después de meditarlo mucho y de pasarse toda una noche en vela consiguió aceptar que Lily tenía razón y optó por la opción más madura. Respetar la distancia que Lily le pedía y esperar a ver que ocurría sin tratar de adelantar acontecimientos. Él sabía que sin Lily no podía vivir y esperaba que ella descubriese que le pasaba lo mismo pronto.

Como suele pasar habitualmente, cuando estás de vacaciones el tiempo pasa más rápido de lo normal. Esto lo pudieron comprobar nuestros protagonistas, y cuando empezaban a disfrutar de la Semana Santa esta llegó a su fin y los seis chicos se encaminaron, cargando con mochilas, maletas y esquís, hacia la estación de ferrocarril...bueno, al menos cinco de ellos si que estaban en la estación.

-¿Dónde narices se ha metido Andrew?-preguntó Sirius impaciente mirando hacia su alrededor.

Phoebe dejó sus maletas en el suelo y se estiró.

-Ahora vendrá, no te preocupes Sirius.

La peli-azul había decidido irse con Matt al pueblo a comer mientras los demás aprovechaban su último día de esquí. Habían quedado en la estación a las seis menos cuarto, pero por ahí no había rastro de ninguno de los dos.

-¡Chicos!-exclamó una chica corriendo hacia ellos por toda la estación.

Al fin Andrew y Matt habían aparecido pese a llegar un par de minutos tarde. En cuanto les vieron, los cinco se quedaron impresionados. Lo que anteriormente era una larga y lisa melena ahora era un corte de lo más gracioso a la altura de la nuca y con las puntas disparadas hacia fuera, lo mismo que el azul que había coloreado su pelo anteriormente había desaparecido de golpe y ahora el pelo de la chica volvía a ser negro con alguna que otra mecha roja colocada estratégicamente.
Pero no solo ella había decidido darle un cambio radical a su imagen. El propio Matt había hecho desaparecer su rubia melena rizada y la había sustituido por un corte más elegante con el flequillo por encima de las cejas exquisitamente despeinado y con la parte de atrás de punta, de color caoba.

-¿Qué os parece mi nuevo corte de pelo?-preguntó coqueta moviendo la cabeza y sus dos amigas sonrieron encantadas.

-Está guapa ¿verdad?-Matt abrazó a su nueva amiga de forma fraternal y el resto observó la escena sin poder reprimir las sonrisas.

-Bueno venga, menos abrazos que nos tenemos que ir-dijo Sirius apartándoles con muy poca delicadeza y en ese preciso momento Matt vio oportuno el demostrarle a ese chico que no todos los hombres eran una amenaza para su maravillosa relación.

Con un descaro propio de él cogió la cara de Sirius y le plantó un buen beso en los morros dejándole, a él, horrorizado, y a los demás sin aliento.

-Para que veas que no tengo intenciones de quitarte a la novia.

-A mi no vuelvas a acercarte ¿me has oído? Nunca más...-le advirtió mientras huía, literalmente, de él.

La carcajada fue general, solo Sirius seguía con expresión altiva y lo más lejos que podía del pobre Matt.

Llegado el momento de las duras despedidas Andrew fue, sin pensárselo, a abrazar a ese chico tan maravilloso. Ambos amigos se fundieron en un emotivo abrazo casi sin poder resistir las lágrimas.

-Tienes mi dirección, prométeme que me escribirás-Matt asintió con la cabeza prometiéndolo y de pronto reparó en un colgante que la chica llevaba al cuello.

-¡Oye¡Yo de esto no tengo¿Te lo has comprado aquí¡Por qué no me has avisado¡Quiero uno!-lloriqueó y de pronto vio como la chica metía la mano en el bolsillo y sacaba uno igual que el que llevaba. Matt la volvió a abrazar-. ¡Eres divina!

Uno por uno todos se fueron despidiendo de aquel chico tan peculiar que habían conocido entre montañas, nieve y franceses cuyo dialecto era similar a hablar con una patata metida en la boca.
Y una vez ya en el tranvía el cansancio de los últimos días fue apoderándose de ellos poco a poco.

-No me has dicho nada de mi pelo-le reprendió Andrew a Sirius mientras se recostaba sobre el pecho del chico, dispuesta a quedarse profundamente dormida.

-Te recuerdo que, no hace mucho, te dije que me gustaba tu pelo largo.

-Ya-recordó sonriendo-. Pero me puse el pelo así cuando volvimos de Navidades y mi vida dio un cambio bastante importante, ahora que ha vuelto a cambiar, el pelo azul me traía malos recuerdos.

-Entonces me gusta tal cual está-concedió besándola en la cabeza y cerrando los ojos él también.

En el asiento trasero Lily y James no habían tenido más remedio que sentarse juntos. No habían vuelto a hablar desde que pusieron las cosas claras y ninguno de los dos sabía qué podía decir en una situación como aquella, en la que se veían obligados a hablar.

-¿Sigues enfadado por la resolución que he tomado?-preguntó Lily con timidez y curiosidad y James negó con la cabeza mirando por la ventana antes de enfrentarse a Lily.

-No, entiendo tu punto de vista y me parece lo más coherente separarnos un poco.

-Es lo mejor, así podremos aclararnos un poco y darnos cuenta de qué es lo que queremos realmente-aseguró la pelirroja sintiéndose mucho más relajada al comprobar que James había conseguido entender su postura. Pero de pronto, al mirarle y ver la decisión con la que esos ojos castaños la miraban se asustó.

-Lily, yo sé perfectamente lo que quiero-sentenció dejando a la chica confusa y sin argumentos-. Te esperaré el tiempo que necesites. Y ahora duerme, cuando lleguemos al traslador yo os aviso-añadió con un tono más suave permitiendo que aquella cabeza pelirroja se apoyara levemente sobre su hombro.


Vale, soy de lo peor que existe y lo tengo más que asumido. Además no intentéis justificarme diciéndome que acabo de empezar la universidad y que debo estar de trabajo hasta las orejas porque no es verdad. Llevo varios meses sin tocar esta historia por culpa de mi increíble vagancia y por otra que estoy escribiendo que me tenía completamente enganchada (escribir cosas que salen de tu propia imaginación es algo muy satisfactorio, mucho más que ir mangando por ahí personajes)

Pero lo mejor es que durante estos meses aun me seguían llegando e-mails avisándome de que un nuevo rr me había sido escrito, demostrándome que para vosotros, queridos lectores, mi historia seguía mereciendo la pena. Y por eso aquí estoy de vuelta. Compaginando esta historia, la otra y mis próximos exámenes, solo para daros un poco de guerra :D

Me encantaría poder contestar uno por uno los 22 maravillosos RR que me dejasteis en el capítulo anterior pero tengo el viernes un examen de historia que me requiere en estos momentos con lo que os doy un inmenso GRACIAS y solo espero que no os hayáis cansado de esperarme y que volváis a leer hoy también mi nuevo capítulo...y si encima dejáis rr pues mejor que mejor, para qué nos vamos a engañar.

MIL BESOS!

Pd: Ya que esta historia la escribo yo me permito el lujo de hacer publicidad de la otra que tengo entre manos. Solo os digo que se titula "Tu mirar" y os dejo el enlace para que, si queréis, echéis un vistazo. Si lo hacéis dejar algún rr comentándome que os parece. Graciassss