Disclaimer: Carezco de importancia a nivel mundial y de la millonada que se suele cobrar por los derechos de autor. Estos personajes no son míos, lo que podáis reconocer no es mío, y Coca-Cola y Rubik son marcas registradas que solo uso para darle sentido al argumento de mi historia con el único fin de entretenerme yo y entretener a mis lectores/as. Que nadie me demande que soy una chica humilde sin recursos para pagarse todo un bufete de abogados que la defiendan.

NA. Me he leído el séptimo libro de Harry Potter con lo que sé de sobra que el cumpleaños de Lily no es después de Semana Santa pero ¿qué queréis que os diga? Por algo tan insignificante no voy a desaprovechar una idea. Disfrutar del capítulo!


Capítulo 34: Increíbles 18.

La actividad en el colegio Hogwarts de magia y hechicería volvía a la normalidad y las vacaciones de Semana Santa quedaban relegadas a un segundo plano en la memoria de los chicos cuya mayor preocupación consistía en salir triunfantes tras una dura y estresante jornada de exámenes donde se evaluaría su valía y habilidad mágica.

Alumnos con una piel parcialmente morena y marcas de gafas alrededor de los ojos se estiraban en los sofás de todas las salas comunes y miraban con recelo la pila de libros y apuntes que tenían frente a ellos mientras recordaban con añoranza las horas bajo el tenue sol que anunciaba el próximo comienzo de la primavera sin más preocupación que la temperatura ambiente.

Por el contrario alumnos de rostro pálido y ojeras marcadas habitaban la biblioteca cual ermitaños entregados por completo a las palabras escritas con letra irregular e difícil de descifrar que les supondría el éxito absoluto en los exámenes a la vez que su vida se desarrollaba entre estanterías repletas de cientos de libros, noches en vela y silencios desquiciantes.

Sirius Black llegaba a la sala común cargando con dos libros del tamaño de su antebrazo y el grosor de media mano cada uno. Se dejó caer en el hueco que aun quedaba libre en el sofá donde su amigo James estaba sentado.
Miró a su mejor amigo y confirmó sus sospechas: el moreno ignoraba su llegada. Las manos del buscador estaban sobre una serie de pergaminos que reposaban sobre sus piernas mientras su cabeza de pelo revuelto mantenía en precario equilibrio sus gafas y sus ojos, carentes de su habitual pantalla de cristal, reflejaban el baile de las llamas de la chimenea que había frente a él.
Sirius negó con la cabeza y después reparó en el enorme libro del cual salían un par de piernas, que estaba situado en el sofá que estaba junto al que él había elegido para sentarse. Oculto tras esas tapas duras con extrañas formas impresas en ellas, Sirius supuso que se encontraría su amigo Remus. El mayor de los Black cada vez estaba más seguro de que su amigo licántropo disfrutaba haciendo alarde de su infinita responsabilidad.
Un exagerado suspiro logró que los ojos de Remus asomaran por uno de los costados del libro y que James volviera al planeta tierra de nuevo. Satisfecho por la atención que al fin había logrado, Sirius se dispuso a desahogarse como había planeado.

-Me asquean los exámenes. Os juro que cuanto más miro la pila de libros que tiene Remus en la habitación más ganas tengo de aplastan a Binns con ellos. Además no me dejan tiempo para disfrutar de lo bueno de mi juventud como el pasar tardes sin hacer nada admirando el paisaje mientras disfruto del calorcillo primaveral que empieza a hacer fuera-se quejó abiertamente echándose el pelo hacia atrás y apoyando, después, los brazos en el respaldo del sofá y la cabeza sobre ellos-. ¿No he demostrado suficientes veces durante estos siete años que soy uno de los pocos alumnos que tendrá un futuro brillante tras salir de estas cuatro paredes?

-Y a mi me sorprende que seas capaz de creerte la cantidad de chorradas ególatras que sueltas por esa linda boquita-murmuró Remus volviendo a centrarse en su libro y dejando a Sirius un tanto descolocado.

-¿Chorradas ególatras? Venga ya Remus, mira mis calificaciones a lo largo de todos estos años, mi habilidad con los hechizos y las pociones...

-Tu historial de actos de vandalismo que llenan hojas y hojas en tu expediente-añadió con sorna el castaño interrumpiendo a su amigo.

-No son actos de vandalismo, son bromas-le corrigió mirándole con cierto rencor-. Y además, si mal no recuerdo ambos tenéis un historial tan largo como el mío.

-En ese caso nos depara un brillante futuro encerrados en una confortable celda en Azkaban. Seguro que ahí nos dejan seguir realizando inocentes bromas contra los seguidores más radicales del chalado ese que se hace llamar Voldemort-pronosticó el castaño sonriendo ante su propia ocurrencia.

-Tú ríete Remus pero a mi ese tío me tiene preocupado-admitió James incorporándose a la conversación y captando la atención de sus dos amigos.

-Tranquilo James, está mal de la cabeza y me sorprendería que encontrara el apoyo suficiente como para suponer una amenaza para los aurores del ministerio-James miró a Sirius con incredulidad al escuchar la mención de los aurores-. Vale, no me mires así. Todos sabemos que últimamente en el ministerio no son capaces ni de contarse los dedos de los pies pero tío. ¿Has oído hablar del tal Alastor Moody? Será el único auror que valga la pena pero estoy seguro de que no necesita a nadie más para neutralizar a los imbéciles que se hacen llamar mortífagos.

-Vaya Sirius, si que sientes admiración por Moody-murmuró James tratando de contener la risa temiendo que su amigo se ofendiera pero el moreno estaba demasiado centrado en sus ensoñaciones.

-Como me gustaría que le diese su merecido a la desequilibrada de mi prima Bellatrix y a todo su clan-sonrió con maldad al imaginarlo-. Yo mismo me haría auror solo por poder hacerlo...

-¡Ja¿Tú¿Auror tú?-preguntó Remus sonriendo incrédulo mientras apoyaba el libro sobre sus piernas-. Sirius Black, el mayor trasgresor de las normas junto a James Potter, trabajando bajo las órdenes del ministerio. Serías capaz de hacerlo volar por los aires.

Sirius le dedicó una desagradable mueca tras escuchar su encantador comentario.

En ese preciso momento una encolerizada melena pelirroja bajó las escaleras de caracol que llevaban hasta los dormitorios soltando una inteligible retahíla de palabras a un volumen bastante más alto del considerado normal por toda la población.
Los tres merodeadores alzaron la cabeza y centraron su atención en una Lily que se acercaba a Remus con una aureola de peligrosidad a su alrededor y con los ojos ardiendo de rabia.

-¡Remus¡Estoy harta¡Soy incapaz de convocar un patronum! Habitualmente me salen con los ojos cerrados pero hoy no puedo, no me sale ¡O me ayudas o es probable que le clave la varita en un ojo a alguien!-exclamó estresada y justo cuando el castaño iba a ofrecerle su ayuda James se puso en pie, adelantándose.

-Si quieres yo puedo ayudarte Lily. No es por presumir pero el hechizo patronus lo controlo de maravilla...

-¡¡Métete en tus asuntos, Potter¡No estoy hablando contigo!-le chilló crispada y esperando el ofrecimiento de Remus.

El castaño señaló la puerta con la cabeza y ambos salieron de la sala común con paso rápido dejando, tras de sí, a los dos morenos.

-No soporto cuando a las mujeres se les revuelven las hormonas y su mala leche alcanza límites insospechados-opinó Sirius con inocencia mientras sus dedos tamborileaban sobre la tapa de uno de los libros que tenía sobre sus piernas.

-De verdad Sirius, tienes la sensibilidad de un ladrillo.

-¿Tú también estás en uno de esos días?

-¡Vete a la mierda!-espetó dándole una colleja al moreno justo en el momento en el que Andrew hacía su aparición en la sala común.

-James, agradecería que dejaras de golpear a Sirius en la cabeza sus procesos mentales no son muy satisfactorios que digamos, no estropees la escasa conexión entre sus neuronas- la morena se sentó en el sitio que había ocupado Remus y le lanzó un beso a Sirius al ver como el moreno le dedicaba una mirada bastante envenenada-. Créeme no le quiero solo por su físico, a sus dos neuronas también les tengo cariño.

-¿Sabes que narices le pasa a Lily, Andrew?-preguntó James y la interpelada sonrió.

-Claro, mañana es su cumpleaños y odia ese día. Es la única persona que conozco que aborrece ser el centro de atención en un día tan señalado, los regalos le parecen algo efímero e irracional y considera que el estar un año más cerca de ser una pasa humana no es motivo de celebración-explicó detalladamente y ambos chicos la miraron estupefactos.

-Lo que yo suponía, Lily es de otro planeta-confirmó Sirius, el cual carecía de otra explicación lógica que le ayudara a entender los razonamientos de la irascible pelirroja.

Andrew y James se miraron de forma cómplice sin poder disimular la pequeña sonrisa que solía preceder a la carcajada. Finalmente James optó por levantarse y subir a su habitación. Sirius solía elegir los peores momentos para ser absurdo y no quería estar presente si por casualidad Lily volvía por la sala común y llegaba a sus oídos que según Sirius era prima hermana de lo que ella denominaba hombrecitos verdes. Además, la mención del cumpleaños le había recordado que tenía un asunto pendiente.

Una vez solos Andrew se levantó del sofá en el que se había sentado y se acercó a Sirius deteniéndose previamente frente a él para poder quitar los dos gruesos libros que estaban ocupando precisamente el sitio que ella misma había elegido para apoyar su cabeza.

-¿Estás cómoda?-preguntó el moreno con ironía una vez la chica estuvo tumbada y con la cabeza apoyada sobre sus piernas.

-Hombre, podría mejorar-comentó con fingida inocencia sonriendo de forma angelical. Sirius sonrió y empezó a acariciar la cara de la chica con dulzura.

-Lily angustiada porque no puede convocar un patronus y tú aquí sin un solo indicio de nerviosismo ¿Sabes que tenemos los exámenes encima?

-Por supuesto que lo sé pero aun queda tiempo y yo solo funciono bajo presión-argumentó en su defensa cerrando los ojos para disfrutar de las caricias-. De todas formas tú estás en la misma situación que yo y estás tan feliz.

-No por ser prepotente pero seamos claros yo soy de los mejores de la clase con dos noches de estudio tengo más que suficiente-presumió y Andrew se rió levemente mientras entreabría un ojo.

-Yo soy mejor que tú, Sirius Black-aseguró aprovechando la distracción que había logrado al poner en tela de juicio la superioridad de su novio, para coger la varita que llevaba oculta en uno de los bolsillos internos de la túnica del uniforme.

-Permíteme que...

Antes de que pudiera siquiera pronunciar las dos últimas palabras se vio cegado por un fugaz rayo de luz que surcó la sala común logrando que todas las miradas se centraran en ellos.
Un silencio sepulcral se adueñó de la sala. Silencio que se rompió con la leve carcajada que Andrew no pudo evitar al ver la cara de dolor que ponía Sirius mientras alzaba las manos y se tocaba su adorada cabellera ahora completamente tiesa y de punta.

-Te odio-lloriqueó el joven intentando aplastar las púas que tenía como pelo.

-No te equivoques Sirius, me quieres por mi belleza mi ingenio y porque soy mucho mejor bruja que tú-y tras dedicarle una última sonrisa hizo que el pelo de Sirius volviera a su estado normal.

-De esta me vengaré, te lo advierto-aseguró golpeando con suavidad la nariz de la chica.

-Atrévete-le retó con deliciosa confianza en sí misma levantándose para mirarle fijamente con arrogancia.

-¿Chicos habéis... ¿hola¿Qué pasa aquí?

Phoebe bajó por las mismas escaleras por las que hacía un rato había bajado Lily con la misma fuerza devastadora que un huracán. Su paso se vio interrumpido en el momento en el que su campo visual abarcó la práctica totalidad de la sala común y más concretamente el sofá donde estaban Andrew y Sirius, nariz contra nariz, mirándose con una expresión inescrutable en cada rostro.

-Barajo dos opciones que expliquen esta escena-se situó entre el sofá y la chimenea y cruzó los brazos delante del pecho mientras apoyaba todo su peso sobre una sola pierna-. O bien os estáis preparando para una batalla cuerpo a cuerpo que destroce la sala común y a todos los inocentes que estén allí o bien la escena va a tomar ciertos matices no aptos para niños, bastante interesantes.

Andrew sonrió ante ambas posibilidades y se apartó del moreno recostándose en el sofá. Sirius por su parte miró a Phoebe con los ojos entrecerrados. Parecía pensativo.

-La segunda opción empieza a darme ideas-comentó con una sonrisa traviesa y Andrew le golpeó en el costado con el pie.

-¿Habéis visto a Remus?-preguntó Phoebe retomando la búsqueda que la había llevado hasta la sala común-. Estaba en el cuarto echándome una crema que compré este verano en Italia para que me dure este tono bronceado que he cogido en la nieve mientras Lily practicaba hechizos y de pronto ha gritado le ha dado una patada a la pata de la cama que tenía más cerca y se ha largado hecha una fiera. Lo mismo Remus puede ayudarla.

-Eso mismo ha pensado ella, Phoebe. Ha bajado y se ha llevado a Remus haciendo gala de sus dotes de mando

Ambas chicas se quedaron en silencio y Sirius se acercó a Andrew para susurrarle al oído.

-¿Tú ves que Phoebe esté morena? Yo la veo igual que siempre.

-Tú limítate a asentir y sonreír-le recomendó con una sonrisa

-En fin, voy a buscarles. Lo mismo me puede ayudar a mi también aunque conociendo el humor de Lily los días previos a lo que ella denomina su castigo social casi prefiero irme a bañar al lago-comentó algo decaída.

-Espera Phoebe, vamos contigo. Yo tengo que ir a por un libro a la biblioteca y luego quiero salir fuera a estudiar un rato-anunció Andrew levantándose del sofá y mirando a Sirius.

-¿Por qué me incluyes en esa frase?-preguntó el moreno esperando librarse de la sesión intensiva de estudio al aire libre. La mirada que le lanzó Andrew le hizo desistir y acabó levantándose con gesto derrotado-. De acuerdo, subo esos dos libros a la habitación y voy contigo.

Dicho y hecho, tras dejar los dos libros sobre su cama bajó de nuevo hasta la sala común, donde las dos chicas le esperaban donde él las había dejado. Ambas le miraron y vieron la expresión de extrañeza que predominaba en la cara del moreno.

-¿Qué ocurre?-preguntó Andrew cogiéndole la mano antes de ponerse en marcha.

-Juraría que James había subido a la habitación pero cuando he subido no estaba-contestó caminando pensativo-. En fin, da igual. Ya aparecerá.

Cuando llegaron abajo los tres se separaron, Andrew y Sirius se fueron directos a la biblioteca mientras Phoebe, que había visto a Remus y a Lily cuando miró por una de las ventanas de las escaleras, salió del castillo a paso rápido para encontrarse con Lily y con Remus.

-A ver Lily, otra vez. Concéntrate en un pensamiento alegre-ordenó Remus con infinita paciencia observando como la pelirroja respiraba hondo, cerraba los ojos y en su frente aparecía una pequeña arruga de concentración.

Expecto Patronum!-exclamó con fuerza pero de la varita solo salió una pequeña chispa de color plateada-. ¡Joder!-golpeó el suelo con rabia.

-¿Qué recuerdo estás escogiendo Lils?-preguntó el castaño extrañado al ver como su amiga era incapaz de lograrlo.

-¡No lo sé! Da igual Remus, piense lo que piense siempre me sale la cara del idiota de tu amigo James en la mente y luego veo a esa cría de Hufflepuff y en lugar de conjurar un animal de luz quiero ahorcarlos a los dos-se sentó en el suelo frotándose los ojos con rabia, enfadada consigo misma por llorar.

-Anímate Lils, esto es solo una mala racha, ya lo verás-la animó una voz bastante más dulce que la de Remus.

Lily levantó la cabeza y vio a su amiga Phoebe arrodillada frente a ella cogiéndola de las manos y sonriéndola con dulzura.
El problema vino cuando los ojos verdes de Lily se fijaron en una pareja que charlaba animadamente unos metros por detrás de la rubia.
James, acompañado por Laura, caminaba cargando con un par de bolsas de plástico de colores alegres y miraba a la chica mientras le decía algo y le sonreía.
Llena de rabia se levantó de golpe e intentó ir a por él con deseos de venganza reflejándose en sus ojos. Por suerte los reflejos de Remus eran asombrosos y fueron capaces de sujetarla antes de que cometiera cualquier locura que supusiese pasar una larga temporada entre rejas.

-¡Suéltame Remus¡Ese maldito hipócrita¡Déjame que lo mate lenta y dolorosamente¡O al menos déjame que le desfigure la cara!

-¡Lily relájate!-ordenó Phoebe cogiendo a su amiga por los hombros y girándola para que la mirara a ella y no a la pareja-. No tienes ni idea de por qué está con Laura y además te recuerdo que fuiste tú la que tomaste la decisión de terminar con él. Es libre de estar con quién le de la gana. Si estás tan celosa ve con él y pídele arreglarlo todo.

La pelirroja miró horrorizada a su amiga.

-¿Cómo? Si claro, después de verle tan feliz con esa niñata voy y le imploro que vuelva a salir conmigo-murmuró con sarcasmo.

-Pues si no vas a hacer eso deja de comportarte como una niña caprichosa y céntrate en el dichoso patronum de una vez.

Enfadada con James al verle con Laura cuando hacía unos días le había dicho que estaba locamente enamorado de ella; con Remus y Phoebe por no permitir que cometiera un homicidio; con la sociedad y esa maldita costumbre de celebrar año tras año el aniversario del nacimiento de cada uno; y enfadada consigo misma por permitirse tantos enfados a la vez. Al final la pelirroja optó por volver a la torre de Gryffindor y encerrarse en su cuarto bajo arresto voluntario hasta que se le pasara el cabreo y, lo que más le interesaba, hasta que pasara su maldito cumpleaños.

Remus y Phoebe vieron como su amiga caminaba hacia el castillo haciendo vibrar el suelo a causa de la fuerza con la que pisaba. Se miraron y la rubia puso los ojos en blanco mientras Remus sonreía con cansancio.

-¿Te apetece subir a la sala común? Podemos sentarnos en uno de los sofás cercanos a la chimenea y disfrutar del calorcito tranquilamente-propuso el licántropo logrando que el rostro de Phoebe se iluminara de ilusión al oír la propuesta.

Esa noche James llegó unos minutos tarde a la cena. Se sentó, jadeante, en el banco junto a Sirius y, con una sonrisa en los labios y los ojos brillantes de emoción, empezó a mirar uno a uno todos los platos que había a su alrededor sin percatarse de que las miradas de cuatro de sus cinco amigos recaían sobre él.

-¿A qué viene esa alegría tan palpable Prongs?-preguntó Sirius contagiándose de la sonrisa de su amigo.

-Es normal que esté así Sirius, se ha pasado el día con una niña. Está emocionado porque ha encontrado a alguien con su misma madurez mental-fue la pelirroja la que contestó con acritud sin dejar de mirar como la cuchara que tenía en la mano trataba de triturar varias lentejas a la vez. James la miró alzando una ceja.

-¿Qué pasa Evans¿Estás celosa?-trató de provocarla pero tan solo obtuvo una risa de lo más amarga.

-¿Qué dices Potter? Por mí como si te la tiras delante de todo el comedor.

-Increíble, cuantos más años cumples más insoportable te vuelves-comentó el de gafas negando con la cabeza y para cuando quiso darse cuenta tenía un plato sobre la cabeza y lentejas cayéndole por la cara hasta los hombros y las piernas.
Todas las miradas del comedor se centraron en la pareja. En una Lily que estaba de pie mirando a James con rabia y una sonrisa vengativa en el rostro mientras su pecho subía y bajaba al compás de su acelerada respiración. Y en un James que estaba simplemente ridículo con el plato en la cabeza y lleno de lentejas.

-No juegues conmigo Potter, saldrás perdiendo siempre-le aseguró antes de salir del gran comedor de forma altanera y orgullosa.

-Yo ya te avisé, te dije que no debías recordarle a Lily que mañana es su cumpleaños pero como nunca escuchas a nadie-le recordó Andrew bebiendo un poco de agua y volviendo a prestar atención a la comida de su plato.

-Tu amiga Lily es imbecil.

James también se levantó de la mesa, dejó el plato que tenía como gorro, sobre la mesa y decidió salir, dignamente, del comedor. Ignorando las escandalosas risas de las serpientes de Slytherin.

Un nuevo día daba comienzo en Hogwarts. El sol brillaba con fuerza a medida que iba ganando altura en el cielo y la ausencia de nubes permitía que un cielo azul y luminoso fuese el decorado de una nueva jornada que se presentaba tan agotadora y estresante como las anteriores, y mucho más para cierta pelirroja que, a sabiendas que la escandalosa felicitación de sus dos amigas estaba próxima, se había tapado la cabeza con la almohada, la sábana y la manta.
Andrew siguió su rutina habitual. Fue la primera en levantarse de la cama, darse una buena ducha y vestirse antes de despertar a sus amigas. Tras esto se acercó a la cama de Phoebe la cual enseguida abrió los ojos y sonrió a su amiga. Se levantó y ambas amigas se acercaron a la cama de Lily con sigilo, una a cada lado.

-¡Muchísimas Felicidades Lily!-exclamaron al unísono descorriendo el dosel de la cama de su amiga y sonriendo al ver como su amiga no cambiaba por mucho que pasaran los años. La ridiculez de cubrirse con todo lo que estuviese a su alcance se había convertido ya en una tradición cada cumpleaños.

-Vamos Lils, hoy es tu día. Levántate, sonríele al mundo y disfruta de tu primer día con dieciocho años-dijo Phoebe intentando destapar a su amiga. Le resultó imposible.

-Que disfrute de mi primer día con dieciocho años, si. Vuelve cuando deba disfrutar de los treinta y cinco y lo mismo estoy algo más receptiva-murmuró irónica y con la voz ahogada por las múltiples capas que la cubrían.

-Vamos Lily, no seas tan rancia. Todos están esperando abajo para poder felicitarte.

-Yuju...

-Deja de comportarte como una chiquilla-Andrew continuó pese a la interrupción-. Nos has repetido año tras año que odias este día, que odias los regalos y que odias ser el centro de atención pero es una soberana estupidez. Hoy es tu día chiqui- abrió las cortinas iluminando la habitación y logrando que la pelirroja se convirtiera en un bulto bajo las mantas.

-Como bulto eres muy graciosa Lils-comentó la rubia riendo mientras veía como Andrew volvía a acercarse a la cama.

-¿Cómo la sacamos de la cama?-susurró la morena mirando a Phoebe y esta sonrió confiada.

-¡Uy Lils! Hemos dejado tu regalo en la sala común y James y Sirius creo que están acabando con él-un gruñido desde la cama fue lo único que obtuvo como respuesta, pero no por ello desistió-. Era una tarta de chocolate blanco que tenía una pinta deliciosa pero me parece que ya no la vas a poder probar.

-¡¿Qué?!-exclamó quitándose las mantas de encima y saliendo de la cama de un brinco dispuesta a bajar en pijama a la sala común. Andrew la detuvo.

-Tranquila fiera, era un truco para sacarte de la cama.

-¡Me vuelvo a la cama!-aseguró la pelirroja tras oír esa confesión.

-Ni se te ocurra. Ahora mismo te vas a la ducha y no te atrevas a quedarte dormida bajo el grifo porque pienso cronometrar lo que tardas y como te pases entro y te saco yo misma-aseguró la rubia adoptando el rol de general del ejército y Lily gruñó mirando a sus dos amigas con un profundo rencor en sus ojos verdes.

-No nos mires así Lils, además este año no te hemos comprado nada-añadió Andrew tratando de calmar a su amiga y está se rió forzadamente.

-¡Menos mal! Estaba harta de tener que poneros buena cara mientras abría un regalo que seguramente sería relegado al olvido en lo más profundo de mi baúl-confesó ignorando las caras de asesinas en serie que pusieron sus amigas mientras cogía la ropa que debía ponerse y se iba camino a la ducha.

Al bajar al gran comedor Remus y Sirius ya estaban esperándolas sentados en sus respectivos sitios y ambos con sus platos hasta arriba de comida. Andrew y Phoebe se sentaron enseguida, sin poder disimular una amplia sonrisa que Lily catalogó como la sonrisa más estúpida que había visto en su vida y no pudo evitar preguntarse a sí misma si ella ponía esa misma cara cuando estaba con James.
Pensar en el de gafas hizo que se diese cuenta que no estaba sentado junto a sus amigos e, irremediablemente, dirigió su mirada hacia la mesa de Hufflepuff. Laura estaba allí sentada, charlando tranquilamente con sus amigas mientras desayunaba. Ni rastro de James.
Ya más tranquila se sentó junto a Phoebe y su atención y la de todos los que estaban cerca de ella se fijaron en pequeños puntos de luz que revoloteaban por la mesa de los leones juntándose ordenadamente sobre el plato de la pelirroja, formando una figura perfectamente definida: una rosa.
Una vez estuvieron todas las lucecitas juntas echaron a volar de nuevo dejando sobre el plato una rosa roja y finalmente desaparecieron dejando a todo el comedor asombrado y arrancando sonrisas y suspiros de envidia por parte de muchas de las chicas.

Lily cogió la rosa algo apenada. El espectáculo había sido simple y a la vez de lo más hermoso pero no le gustaba. No era sino un regalo de cumpleaños y la pelirroja se había cansado de repetir una y otra vez que el día de su cumpleaños quería pasar desapercibida. No le gustaba que le recordaran que era un año mayor a base de regalos.

-¿De quién es?-preguntó cogiendo la flor y mirando a sus amigos de forma acusadora. Los cuatro alzaron la palma de las manos en signo de absoluta inocencia.

Al final, tras examinar cada una de las cuatro caras en busca de algún signo de culpabilidad decidió darse por vencida y dejó la rosa en la mesa, junto a su plato, y empezó a comer. Ninguno tenía en la cara un cartel con letras brillantes en el que pusiera: "Culpable".
Empezó a mirar una por una cada una de las fuentes que tenía al alcance de la mano, sorprendida al descubrirse a sí misma con infinitas ganas de comer algo dulce. Por lo general por las mañanas le gustaba mezclar lo salado y lo dulce independientemente de qué alimento se tratara, por eso ese ferviente deseo por lo dulce le resultó extraño.
Un antojo lo tiene cualquiera con lo que de nuevo paseó la mirada por cada uno de los platos que tenía a la vista agradeciendo la variedad que permitía el tener algo de magia y unas cocinas de lo más productivas. Finalmente se decidió por un racimo de uvas, algo particularmente raro en ella ya que la fruta en sí no le hacía demasiada gracia, lo normal hubiese sido que la pelirroja escogiera un par de croissant con mucha mermelada de fresa y un gofre con nata y sirope de caramelo. Pero no, su mano se alargó para coger un racimo que parecía como si la llamara a gritos, y cuando lo dejó sobre su plato un resplandor la cegó y donde había dejado el racimo ahora había una maravillosa y suculenta cesta de dulces con una rosa roja enganchada en el asa.
Una sonrisa radiante apareció en la cara de Lily. Odiaba los regalos pero esto era su mayor debilidad y no podía negar que ver ahí todos esos caramelos la hacían la mujer más feliz sobre la faz de la tierra.

Miró a las dos parejas regalándoles una agradecida sonrisa que murió en el mismo momento en el que vio la sorpresa en esas cuatro caras. No hacía falta ser de Ravenclaw para averiguar que ninguno de los cuatro había tenido nada que ver en ese regalo lo cual hacía que la pelirroja se preguntara, irremediablemente, quién podía estar detrás de este par de curiosos regalos.
Empezaba a barajar tres posibilidades: en orden de preferencias, en su mente aparecía un chico alto, apuesto, elegante y encantador que se dedicaba a agasajarla por su cumpleaños con maravillosos regalos ocultando por completo su identidad hasta el último momento. Sonriendo de forma soñadora negó con la cabeza eliminando esa remota posibilidad, no había en Hogwarts nadie tan maravilloso como el admirador que ella había imaginado en su pequeña fantasía.
En segundo lugar se le presentaba aquel chico introvertido, acomplejado y con serios altibajos en el carácter. Ese Slytherin que lo mismo se pasaba el día persiguiéndola obsesivamente o la insultaba en público y que al día siguiente era de las personas más dulces y leales que había conocido. La sonrisa que había provocado la primera posibilidad desapareció en cuanto se paró a pensar en la segunda y, sobre todo, en la tercera. Ese arrogante y estúpido Gryffindor incapaz de demostrar algún signo de madurez pero del que no podía negar que estaba irremediablemente enamorada.

De pronto se encontró en ese enorme comedor lleno de gente, con los ojos de sus amigos y de muchos de los alumnos del colegio fijos en ella y con una enorme cesta llena de dulces delante y sin pizca de hambre. Se levantó de la mesa dispuesta a subir a la habitación y encerrarse en ella hasta que pasara este fatídico día. ¿Que mejor que celebrar tu propio cumpleaños encerrada en tu cuarto atiborrándote a chocolate y acompañada por horas de infinita soledad?

Escuchó como Andrew y Phoebe la preguntaban por qué se iba sin probar bocado y al sentirse abrumada por la preocupación de sus dos amigas decidió seguir andando con la cabeza gacha y sin dar más explicación. Sabía que se comportaba de forma cobarde y extraña pero se veía incapaz de explicar el odioso alboroto que tenía en su cabeza y la férrea necesidad de acallar a su corazón.

Caminaba tan sumida en sus pensamientos y con pasos tan decididos que al salir del comedor no se fijó en si había alguien en su camino y de pronto su frente impactó con algo tan duro como un piedra.
A causa del impacto cayó hacia atrás siendo el frío y duro suelo el que recibió su caída mientras que la cesta caía y rodaba por el suelo echándose a perder. Frotándose la frente con gesto de dolor alzó la vista para ver con qué había chocado.

-Podrías tener más cuidado, Evans-siseó James pronunciando su nombre con cierto desprecio. ¿Desde cuando se había vuelto tan desagradable?

-Tenías que ser precisamente tú el que pusiera su cabeza en mi camino. Por tu culpa me va a salir un cuerno en la frente que voy a parecer un unicornio ¡Y encima has destrozado mi...

Reparo!-exclamó el moreno apuntando a la cesta con la varita y logrando que todo volviera a estar perfectamente antes de que Lily terminara la frase.

-...regalo-aprovechó la tregua que le concedía el hecho de poder agacharse a coger la cesta-. Gracias.

-¿De algún admirador secreto?-preguntó señalando la cesta con la cabeza mientras trataba de colocarse las gafas y se daba cuenta de que tenía una de las patillas dobladas.

-No lo sé, no sé quién me lo ha regalado-confesó viendo como el chico evaluaba el estado de sus gafas y con el mismo hechizo que había usado para su cesta arreglaba la patilla doblada-. Lo siento.

James restó importancia al problema de sus gafas con un movimiento de la mano y de pronto algo explotó al chocar contra la nariz de la pelirroja, sobresaltándola. Lily alzó la cabeza extrañada y, maravillada, pudo ver como una lluvia de pompas de jabón salidas de la nada caía sobre su cabeza.
Se permitió un momento de relajación y dejó de pensar en nada que no fuera en las pompas que estallaban con el más leve roce de su pelo, sus manos, su ropa o al llegar al suelo. La risa relajada de la pelirroja inundó la estancia y logró que hasta el propio James sonriera al verla mientras ignoraba como las pompas también explotaban al tocarle.
Una última pompa bailó en el aire hasta llegar a Lily, la cual alzó las manos para recibirla. Al estallar esta dejó en su lugar una nueva rosa, la tercera del día. Una rosa que Lily miró, haciéndola girar entre sus dedos. Suspiró antes de alzar la mirada para encontrarse con los ojos color café de James. La cara del chico denotaba indiferencia pero esta expresión era forzada, Lily le había visto sonreír como hacía unos meses mientras explotaba pompas. Sintió que el estómago se le encogía y decidió huir de James y de la oleada de sentimientos que en ese momento habían sobrepasado la barrera que ella misma había creado para contenerlos.

El camino hasta la torre de Gryffindor se le hizo eterno a causa de las ganas que tenía la pelirroja de llegar a su cuarto y tumbarse en la cama. El chocolate la estaba llamando a gritos pese a no tener hambre.
Una vez llegó hasta su cuarto, tras pasar por el hueco del retrato y cruzar la sala común, no pudo evitar romper a reír al ver los dos regalos que la estaban esperando junto a su cama. Dejó la cesta de dulces y las tres rosas sobre la mesa y se sentó sobre el colchón frunciendo los labios al reparar en las dos rosas nuevas que había junto a ella. De nuevo su atención volvió a los dos nuevos regalos: un gorro beige de lana y una hucha enorme de coca-cola. ¡Eran tan muggles! Sin duda, quién quiera que fuese la persona que estaba haciendo los regalos, la conocía bien. Y además estaba segura de que había estado hablando con su madre, de no ser así no sabría lo mucho que a la pelirroja le gustaban los gorros y la adoración que sentía por los originales productos de la marca de bebidas muggle.

Pese a haber deseado con todas sus fuerzas aislarse por completo del mundo y lograr, así, que el día más fatídico del año pasara sin pena ni gloría. Lily Evans no había contado con el gran corazón que anidaba en el pecho de sus dos mejores amigas, las cuales tenían una odiosa tendencia a acudir raudas al rescate de cualquier ser viviente al que ellas considerasen en peligro de sufrir una grave crisis causada por desajustes hormonales, odio cerebral a cumplir años y un ex novio con desesperantes cambios constantes de personalidad.
Así fue, media hora había disfrutado la pelirroja de su autocompasión acompañada por los chocolates que había recibido y su enorme y preciosa hucha, cuando sus dos amigas entraron en la habitación con cara de preocupación.

-Lils, cielo, no puedes estar así solo por ser un año mayor-susurró Andrew sentándose en la cama junto a ella.

-Imagínate si todos lo pasáramos tan mal, McGonagall debería estar en un psiquiátrico-comentó Phoebe logrando arrancar una carcajada de la garganta de la pelirroja-. Venga mujer, deja de añadir calorías a tu pequeño cuerpo, sonríe y baja con nosotras. Tenemos una maravillosa clase de pociones de esas que tanto te gustan y además hay una cajita roja esperándote abajo.

-¡No¡Más regalos no!-lloriqueó tapándose la cara con la almohada después de meterse el décimo bombón en la boca.

-Compórtate Lils, ya sé que tu nuevo admirador es un poco plasta pero digo yo que en algún momento se cansará de hacerte regalos. Baja, abre la dichosa caja y vamos a las mazmorras que los chicos nos están esperando.

Las sugerencias habían terminado y ahora todo lo que salía de esas dos caritativas bocas eran órdenes en toda regla con lo que la cabezonería de la pelirroja llegó a su fin y cedió. Ahora tenía un nuevo reto, descubrir pistas en los regalos que la ayudasen a descubrir quién era el estúpido que se empeñaba en recordarle que hoy era su cumpleaños.

Juntas bajaron hasta la sala común y, armándose de valor, Lily atravesó el corrillo de alumnas que se había formado junto a la pequeña caja que había en el suelo, justo en el centro de la amplia sala.
Decidida, cogió el pequeño paquete y lo abrió con rapidez esperando encontrarse algo material. Lo que no se esperaba era que de la caja saliese una llamarada de un intenso color rojo. Toda la sala miró las llamas con asombro y temor y no fue hasta pasados unos minutos cuando se pudo distinguir que aquel fuego tenía la forma de un hermoso fénix que cruzaba majestuosamente la habitación sin causar ningún peligro pese a que las llamas de sus alas rozasen cada mueble de la estancia.
Cuando el ave fue hacia Lily esta sintió el calor que el animal desprendía antes de realizar su última maniobra que le hizo alzarse hasta lo alto de la habitación para luego desvanecerse en una pequeña lluvia de chispas doradas que desaparecían antes de rozar cualquier objeto.
Tras recuperarse de la sorpresa que el regalo había causado los ojos de Lily volvieron a fijarse en el interior de la caja donde una solitaria rosa esperaba ser recogida por su dueña. De nuevo Lily volvió a suspirar con cansancio y, tras indicarle a sus dos amigas que subía a dejar la flor, salió de la sala común en dirección a su habitación.

Por suerte para la pelirroja no recibió ni un solo regalo más durante sus clases, lo último que necesitaba en ese momento era otro espectáculo como el último que había presenciado. Con los exámenes a la vuelta de la esquina los profesores no estaban demasiado receptivos, lo cual solía significar la ausencia de Sirius y James en la gran mayoría de las clases debido a su preocupante incontinencia verbal.
Pero tras terminar cada una de las clases de la mañana todos los alumnos se dirigieron a sus respectivas habitaciones para dejar las cosas antes de bajar a comer, lo cual significaba que a Lily le volviese a entrar ese cosquilleo en el estómago producto del temor que le producía encontrarse con más regalos. Por supuesto sus temores eran ciertos, y en el momento en el que llegó a la habitación vio como su cama volvía a ser ocupada por tres nuevos regalos.

-¿Pero por qué a mi? Si ya dije que no quiero regalos ¡¿Por qué no me deja tranquila?!-exclamó fingiendo estar entristecida pero sin poder negar cierta felicidad al sentirse tan bien atendida.

Fue Phoebe la primera que se acercó a ver los regalos, y antes de que la pelirroja se acercara a su cama esta ya los había abierto todos.

-Lils, ya sé quién es tu admirador, pero tienes que admitir que es un tío de lo más raro ¿Por qué te regala un cubo?

Tanto Andrew como Lily se acercaron a la cama de esta y Lily no pudo reprimir una carcajada al ver que el cubo que sujetaba Phoebe era, ni más ni menos, que el famoso cubo de Rubik. Uno de los juegos de ingenio más famosos del momento. Además de esto también había dos regalos más, una esclava de plata que enseguida captó la atención de la pelirroja, más al leer la frase que había escrita por detrás.

-¿Ocho y medio¿Lils, por qué pone eso?-preguntó Andrew leyendo por encima del hombro de su amiga y esta se encogió de hombros. Aun no había comprendido lo que quería decir pero intuía que ese número tenía importancia.

Y por último cogió el último paquete, este contenía una cadena de plata con un pequeño colgante en forma de gota, el cual tenía grabado a su alrededor lo que parecía una serpiente. Curiosamente ese último regalo si tenía una nota con tan solo dos letras en ella "S.S"
Inmediatamente las tres supieron quién estaba detrás del regalo, pero lo curioso era que pese a ser tres los regalos que acababa de recibir solo había dos rosas sobre la cama. Tan solo Lily se percató de ese detalle pero el vergonzoso sonido de sus tripas causado por el hambre que le causaba no desayunar hizo que se olvidara de la incógnita de las rosas y optara por salir corriendo de la habitación con destino al comedor seguida de Phoebe y de una Andrew que se había apropiado del cubo de Lily y que trataba de montarlo sin obtener demasiados resultados.

-¡Eh¿Qué es eso de colores?-preguntó Sirius mientras los seis se encaminaban al gran comedor.

-Es un cubo de Rubik, un juego muggle. Consiste en lograr formar las seis caras de colores-explicó la pelirroja encabezando el grupo.

-Andrew déjamelo, yo quiero intentarlo-pidió con la misma ilusión que un niño de cinco años y la morena se lo ofreció sin dudarlo.

-Todo para ti, no hay quien consiga hacerse ese endiablado cubo-aseguró entregándole el cubo y cruzando los brazos molesta. Ante tal afirmación James sacó la varita.

-Yo lo resuelvo, ya verás-y presumiendo de habilidad logró solucionar el cubo ante los entristecidos ojos de su amigo Sirius.

-Joder James, quería hacerlo yo sin magia. Eres un prepotente-le acusó enfurruñado volviendo a deshacer el juguete hasta que de nuevo parecía imposible lograr que cada color estuviese en su sitio.

El cubo de Rubik mantuvo a Sirius entretenido a lo largo de todo el día mientras Lily siguió recibiendo regalos a lo largo del día. Durante la comida apareció frente a ella una suculenta tarta de chocolate blanco con una rosa de caramelo encima.
Por la tarde, mientras las tres chicas pasaban horas repasando sus apuntes de las diferentes asignaturas de las que se verían obligadas a examinarse para los E.X.T.A.S.I.S, un marco doble con dos fotos, una de su familia y otra de ella con sus amigas apareció dentro de uno de los libros que había escogido, acompañado de una rosa. Y minutos después, al cambiar de libro, un nuevo regalo que consistía en un dibujo absolutamente perfecto de ella misma con su respectiva rosa, apareció entre las páginas del nuevo libro.
Eran ya doce los regalos que había recibido y todos se preguntaban cuando terminaría esta locura.

Esa noche, en la sala común de nuevo le esperaba otro regalo más, otro al más puro estilo muggle. Ni más ni menos que un reloj que curiosamente había sido embrujado, y cada hora su fondo mostraba una fotografía distinta. Este nuevo regalo también venía acompañado de su respectiva rosa, exactamente igual que el regalo que recibió según llegó al comedor para cenar.
El cielo mágico que caracterizaba al Gran Comedor del castillo esa noche estaba completamente despejado y las estrellas brillaban con más fuerza que de costumbre. De pronto, mientras las distintas charlas inundaban la estancia y la atención de la mayoría de los presentes se centraba en la comida, la iluminación se atenuó y las estrellas empezaron a moverse hasta formar una imagen. Un partido de quidditch, sin duda. El primer partido que había disputado la pelirroja como guardiana de Gryffindor.

Ese último espectáculo tan sumamente escandaloso logró que la pelirroja decidiera huir de la multitud de alumnas que la miraban con envidia deseando recibir ellas también tantos regalos. Cansada de ser el centro de atención ese día dejó a sus amigas en la sala común y fue hacia su cuarto donde, por supuesto, esperaban dos regalos más. Los dos que hicieron que la pelirroja descubriera quién era el culpable de tanta parafernalia.


Bueno nuevo capítulo en línea :-D que orgullosa me siento de mi misma. Pese a la escasa inspiración que tengo últimamente tampoco he tardado tanto esta vez ¿eh?
Lo cierto es que cuanto más leo este capítulo más incoherente me parece pero bueno, tiene su gracia XD ¿quién será el "regalador" anónimo de Lily¿Qué significará eso de "Ocho y medio¿A qué vienen tantos regalos¿Logrará Sirius hacer el cubo de Rubik¿Me perdonará mi amiga Iciar por aprovecharme de su odio a los cumpleaños para escribir mi nuevo capítulo? (su grado de odio no es tan alto como el de Lily, no os asustéis XD)

En fin, os puedo asegurar que es muy muy tarde con lo que mañana prometo contestar uno a uno cada review que me ha llegado esta vez lo mismo que iré respondiendo los que me vayan llegando sobre este nuevo capítulo, que por cierto ESPERO MUCHOS!! Y eso es todo, mis queridos lectores, en el próximo capítulo se descubrirá el pastel. Lo que no sé es para cuando lo tendré listo.

Por cierto, me planteo el cambiar el título y el summary del fic ya que lo que tengo me parece lo más horrible del mundo. Así que si algún día veis que ha cambiado no os asustéis, es la misma historia :-D

Mil gracias por leerme independientemente de que me dejéis o no rr (preferiblemente si que tampoco cuesta tanto) y sed felices!!!

Mil besos, la humilde autora que no puede dormir debido a que tiene tendencia a levantarse a las 2 de la tarde y luego por las noches se emociona cuando le llega algo de inspiración.