Disclaimer: De nuevo el recordaros que desgraciadamente carezco de la propiedad del mundo mágico de Potter y cia encabeza mi capítulo. Como bien sabéis lo que se pueda reconocer no es mío y no cobro millonadas por ello. Lo que no se reconozca si es mío y no, tampoco cobro millonadas por ello pese a si ser "made in me"


Capítulo 35: Como muñecos de trapo

Se acercó a la cama con paso lento y bastante inseguro, mientras la pequeña bola de pelo que tenía Andrew como mascota daba vueltas entre sus piernas maullando indignada por el poco caso que estaba recibiendo. Cuando el avance de sus pies fue detenido al chocar sus rodillas con la cama, se sentó sobre el colchón y miró los dos pequeños paquetes que había sobre esta y las dos rosas perfectamente colocadas en el centro.
El envoltorio era de lo más simple, papel de regalo de un tono carmesí intenso con un lazo dorado alrededor. Solo había una persona en ese castillo que sintiera tanto los colores de la casa de los leones como para utilizarlos en todo lo que hacía.
La pelirroja se llevó el dorso de la mano hasta la cara para acabar con una pequeña lágrima que había decidido escaparse de sus ojos por voluntad propia, y justo en ese preciso momento descubrió, para su desgracia, que no solo lloraba sino que sus labios sonreían temblorosamente.

Con un cuidado y una ternura propiciados por el momento y por la soledad en la que se encontraba, cogió el primero de los dos paquetes y lo desenvolvió sin romper ni un ápice el papel pese a que la pequeña gata saltase frenéticamente intentando coger el lazo que adornaba el paquete.
Se le encogió el corazón al mismo tiempo que los ojos se le empañaban irremediablemente al deshacerse del papel y encontrase con aquella muñeca de trapo de aspecto viejo y llena de remiendos. Su propio reflejo en cada hebra de lana de color rojo intenso que formaban las coletas y en cada uno de los dos botones verdes que hacían de ojos. Y la sombra de su pasado en esa sonrisa que permanecía imperturbable por mucho que pasara el tiempo.
No necesitó ni un segundo para reconocer esa muñeca que le había hecho su abuela cuando apenas tenía cuatro años. Esa muñeca vieja que había sido confidente y guardiana en las noches más oscuras. Esa muñeca que siempre la había representado a ella y, cuando creció, representó a la niña que un día fue.

Acarició la tela de la cara con infinita dulzura antes de dejar la muñeca sobre su regazo y coger el segundo paquete. Se sorprendió al levantarlo y encontrarse, bajo este, un sobre pequeño y de color blanco; pero optó por ignorarlo y abrir primero el segundo paquete como si le quemase en las manos al sujetarlo.
Fue imposible contener la nueva oleada de lágrimas que provocó el encontrarse con un segundo muñeco, este nuevo y bastante mal hecho. Sin duda obra de alguien con poca mano para la costura. Pero a su vez el muñeco más maravilloso que había tenido la chica en sus manos. Con lana revuelta y negra en la cabeza; dos botones negros y redondos que brillaban con el reflejo de la luz de la habitación, rodeados por el intento de unas gafas; una sonrisa divertida y dulce exactamente igual que la de el modelo que había servido de inspiración para el muñeco; y una pequeña pelotita dorada cosida a la mano derecha.
Enseguida dejó sobre la cama los dos muñecos, colocados de tal forma que la mano de la Lily de trapo quedara sobre la mano del James de trapo y tanto ella como el pequeño animalito que había conseguido dominar el escurridizo lazo entre sus pequeñas patas, se quedaron mirando aquella pequeña pareja. Después los ojos verdes de la pelirroja volvieron a reparar en el sobre blanco y con curiosidad lo abrió y sacó la pequeña tarjeta que este contenía para poder leer lo que había escrito en ella: "Nací para estar junto a ti", rezaba la tarjeta y aunque parecía que la frase salía de boca del muñeco, Lily sintió como si fuese James el que se la hubiera susurrado al oído.
En un impulso abrazó con fuerza el muñeco que representaba a James sin poder evitar que las lágrimas se mezclaran con una sonrisa. La primera sonrisa real que había sido capaz de esbozar en esos últimos meses.

Y fue entonces cuando llegó hasta sus oídos una voz rasgada y terriblemente desafinada que, llena de un profundo sentimiento, trataba de explicar cada sentimiento que sentía el dueño de aquella voz entre rimas y melodía. Frente a ella, donde antes no había absolutamente nada, se deslizó una tela invisible dejando en su lugar a un James que seguía cantando mientras le tendía otra rosa más a esa pelirroja de ojos hinchados y nariz congestionada que, sentada en el colchón de su cama, se abrazaba con fuerza las rodillas.

Al terminar la canción James esperó, inmóvil y en silencio, mientras Lily se enjugaba las lágrimas que empapaban sus mejillas.

-Por lo que más quieras, no hagas de la música tu vida, el delicado oído de la inocente población mundial no podría soportarlo-le rogó metiéndose con él sin intención de hacerle daño. James torció el gesto y la miró con los ojos entrecerrados.

-Gracias por tu observación, me gustaría verte a ti en mi situación, doña perfecta-replicó mordaz retirando la rosa cuando la chica estaba a punto de hacerse con ella.

Ambos se miraron en silencio, sin saber que decir ni como romper esa gruesa pared de hielo que les separaba. Finalmente fue James el que habló tras fijarse en el muñeco que Lily sostenía entre las manos.

-Que malo soy cosiendo-admitió vagamente avergonzado-. No sé como he sido capaz de darte eso.

-Admito que no, coser tampoco es lo tuyo, pero me encanta. Es igual que tú, perfectamente imperfecto-le regaló una amplia sonrisa junto al elogio mientras James se sentaba en la cama junto a ella y le daba la rosa que correspondía a la canción, el decimosexto regalo que Lily había recibido ese día.
De nuevo un incómodo silencio se asentó entre los dos, haciéndoles sentir cada vez más estúpidos mientras decenas de frases sin sentido se arremolinaban en su cabeza con el único pretexto de acabar con ese silencio.

-Gracias por todo...

-Siento mi comportamiento, yo...

Esa vez ambos hablaron a la vez y sonrojados y sintiéndose aun más estúpidos desviaron la mirada cada uno hacia un lado de la habitación mientras recuperaban una respiración normal y el errático latido de ambos corazones volvía a la normalidad.

-Muchas gracias por cada regalo, James. Odio mi cumpleaños y odio tanta pantomima pero admito que has logrado que esta vez sea, cuanto menos, especial-confesó la pelirroja volviendo a mirar al chico con timidez. Él sonrió.

-Me alegra saber que al menos ha sido especial a fin de cuentas. Pese a que estoy seguro de que, aunque no sabías que era yo, cada vez que recibías un regalo querías matarme.

La carcajada de Lily resonó por toda la habitación.

-Si, es cierto-admitió viendo, horrorizada, como James dejaba su capa sobre la cama y descubría un nuevo paquete con su correspondiente rosa-. James, más no por favor, me da vergüenza.

-Solo quedan dos, lo prometo. Dieciocho años, dieciocho regalos.

La pelirroja cogió el paquete y, con manos temblorosas lo desenvolvió igual que había hecho con los anteriores.
Esta vez descubrió lo que parecía un libro, de duras tapas forradas con cuero. Lo abrió con timidez, sorprendida al encontrarse con una historia escrita a mano por el propio James con su caligrafía elegante y alargada. Y no pudo evitar sumergirse en la lectura de lo que era su vida desde el punto de vista del moreno, mientras rozaba con las yemas de los dedos cada una de las fotografías que adornaban el relato.

-Cuando volvamos a casa en verano recuérdame que tenga una charla con mi madre acerca de a quién puede dar información acerca de mi vida, mis gustos y mi infancia-comentó Lily mientras seguía pasando hojas.

-No sé que hubiese sido de mí sin tu madre, la mayoría de los regalos son idea suya-admitió el moreno y Lily sonrió con cierta melancolía.

-Si te ha contado tantas cosas y te ha ayudado tanto debe ser que te considera buena gente. No me preguntes por qué pero creo que mi madre tiene como un sexto sentido a la hora de juzgar a la gente.

-El que no me soporta es tu padre, o al menos su cara cada vez que me veía era la clara demostración gráfica de un "fuera de mi casa ¡ya!"-bromeó haciendo reír a la pelirroja y logrando que el ambiente fuese bastante más relajado.

-No me sorprende. Si no fuera por mi madre, me sometería a su régimen de nulo contacto con el sexo masculino hasta los treinta y cinco años-comentó poniendo los ojos en blanco-. Soy su niña pequeña y se vuelve bastante sobre protector. Pero es un encanto de hombre.

-No lo dudo. La que creí que me fusilaba con la mirada era tu hermana. ¡Madre mía! Tengo yo una hermana así y la doy en adopción, te lo juro-de nuevo logró que Lily se riera y esta vez él rió con ella, no se limitó a disfrutar de esa risa llena de vida que tanto le gustaba oír.

Lily siguió pasando las hojas de su libro hasta que, se encontró con las últimas dos páginas donde solo había una frase escrita en el centro: "Déjame seguir escribiendo tu historia"
Ambos se quedaron en silencio mirando la frase con cierta incomodidad palpable, hasta que James trató de cambiar de tema para distraerla.

-Bueno...qué... ¿cuál es el regalo que más te ha gustado?-preguntó precipitadamente y Lily vio en esa pregunta su oportunidad para poner a prueba al moreno.

-Mmmm el colgante de plata, creo. Ha sido el más bonito de todos-contestó cogiéndole las manos para añadir dramatismo a su puesta en escena. James agachó la cabeza, entristecido.

-Un colgante... yo no... Pero... ese no...-cogió aire tratando de calmarse-. Lily, yo no te he regalado ningún colgante de plata, ha sido Snape

-Ya lo sé-le tranquilizó llevando la mano hasta la fría mejilla del chico para levantarle la cabeza-. Traía una nota donde había puesto sus iniciales. Solo quería comprobar una cosa.

-¿El qué?-preguntó de inmediato buscando los ojos de Lily que huían de él a causa de la vergüenza.

-Quería saber si seguías siendo mi James, pese a todo-confesó sintiendo cierta debilidad y el chico sonrió agradecido mientras pellizcaba con dulzura esa pequeña nariz que tenía en frente.

-Siento como me he comportado estos dos últimos días. Sé que llevo siendo un imbécil desde hace bastante tiempo pero sobretodo entre ayer y hoy me he pasado un poco. Yo solo quería...fue básicamente por los regalos, por mantener la sorpresa hasta el final-trató de explicarse innecesariamente. Lily ignoró la explicación por completo.

-Te necesito conmigo James. Yo, como la muñeca, no puedo estar sola.

El de gafas se quedó sorprendido al oír precisamente esas palabras. Se esperaba tener que arrastrarse hasta conseguir el perdón de la pelirroja y de pronto resultaba que era ella la que confesaba que sentía lo mismo que él.
Tras reponerse del shock estiró la mano hasta coger la Lily de trapo que descansaba sobre la cama y la tendió hacia su homónima en absoluto silencio. La pelirroja, que seguía sosteniendo el muñeco James hizo lo mismo que el moreno y ambos muñecos unieron sus manos como si su destino fuera estar unidos el uno al otro.
James se levantó de la cama, donde estaba sentado, y se arrodilló frente a Lily cogiendo sus manos.

-Por favor Lily, dime que tú también estás harta de ese distanciamiento por nuestro bien que nos impusiste-rogó sobreactuando y Lily sonrió mientras se levantaba y tiraba de él.

-Gracias por el cumpleaños más odiosamente especial de mi vida-le abrazó con fuerza volviendo a sentirse confortada entre esos brazos entre los que encajaba a la perfección-. Por cierto ¿qué es eso de ocho y medio que grabaste en la esclava?-preguntó con curiosidad haciéndole reír al recordarlo.

-La mejor nota que me han dado en mi vida-contestó besándola en la cabeza y ella sonrió mientras su mente volvía atrás en el tiempo, a cierta tarde lluviosa de octubre en la sala común.

Tras permanecer un buen rato abrazados disfrutando de la anhelada cercanía carente de prejuicios. James se volvió a sentar en la cama atrayendo a Lily consigo y sentándola sobre sus piernas. La pelirroja acomodó los brazos alrededor del cuello de James y echó hacia atrás la cabeza para deshacerse de los mechones de pelo que le caían, de forma incómoda, por la cara.

-¿Qué haces?-preguntó James con curiosidad al ver como Lily empezaba a contar con los dedos.

-Si mis cálculos no fallan me has hecho diecisiete regalos, me falta uno. No irás a dejar ahora el cumpleaños a medias ¿verdad?-le lanzó una penetrante mirada con sus ojos verdes y el pobre James sintió como un nudo difícil de tragar se formaba en su garganta.

-Eh...bueno, en su momento me pareció una idea genial el último regalo pero ahora mismo creo que lo mejor es no dártelo y fingir que cumples solo diecisiete-comentó esbozando una temblorosa sonrisa y Lily enarcó una ceja.

-No sea cobarde, señor Potter, y déme el último de mis regalos-ordenó fingiendo autoridad y, resignado, James alargó la mano para sacar una camiseta de entre los pliegues de la capa de invisibilidad.

La pelirroja cogió la camiseta y la miró interrogante, teniendo en cuenta como habían sido el resto de regalos, este era, cuanto menos, curioso. En el preciso momento en el que la desdobló y la estiró sobre sus piernas descubrió el por qué de la resistencia de James a la hora de dárselo.
De pronto se encontró con una camiseta tres veces más grande que ella con una frase de lo más egocéntrica escrita a la atura del pecho y bajo esta una enorme fotografía del moreno.

-¿Yo amo a James Potter?-leyó incrédula mientras miraba a la camiseta y al chico alternativamente-. Por tu bien espero que sea una broma.

-No es ninguna broma Lily. Además, yo tengo una exactamente igual-aseguró algo dolido.

-¿Tienes una camiseta con mi foto en la que pone que me amas?

-No, tengo una camiseta con mi foto donde pone lo mucho que me quiero a mi mismo-la corrigió y la pelirroja se levantó molesta y le tiró la camiseta a la cara.

-Eres el ser más pedante, egocéntrico, presumido, prepotente, engreído, presuntuoso y pedante que he tenido la desgracia de conocer-le acusó rabiosa y el chico se limitó a tumbarse en la cama sin poder contener las carcajadas al ver a la chica tan sumamente furiosa.

Ante tal reacción Lily optó por catalogar a las palabras de elementos inservibles y se decantó por usar los puños, lanzándose sobre el moreno con habilidad. Con lo que la pelirroja no había contado era con los duros años de entrenamiento de James y con que físicamente era el doble de grande que ella, lo cual significó que en menos de un minuto fuese ella la que estuviese inmovilizada sobre el colchón y con James tumbado sobre ella sonriendo con ternura.

-Eres ridícula Lily-aseguró besándola en la punta de la nariz-. Soy un merodeador y el que te ame no implica que no te pueda gastar una pequeña e inocente broma.

-Esa camiseta es estúpida e infantil-le dijo arrugando la nariz en un gesto de reproche y James aumentó su sonrisa al ver el gesto.

-Es posible, yo solo espero que no mienta-comentó mientras entrelazaba sus manos con las de Lily por encima de la cabeza de la pelirroja, la cual no pudo disimular una sonrisa.

-Bueno, digamos que algo de razón tiene-la sonrisa de la pelirroja se volvió de lo más sugerente y James se inclino hasta que sus labios y los de la pelirroja se rozaron.

-¿Solo algo de razón?-murmuró contra la boca entreabierta de la pelirroja, y cuando vio como la chica tomaba la iniciativa se alejó de ella impidiendo que el roce de labios fuera algo más. Lily le miró con las cejas alzadas y los ojos apenados-. Dime cuanto Lily. Dime cuanto me quieres-ordenó con una sonrisa volviendo a inclinarse y mordiendo con suavidad el labio inferior de la chica.

Lily le empujó y cuando ambas caras estuvieron mínimamente separadas elevó la cabeza para susurrarle al oído.

-Te quiero tanto que a veces duele-confesó sintiendo como, en el pecho de James, el corazón le daba un vuelco.
Se rió disimuladamente volviendo a recostar la cabeza sobre la almohada y en ese preciso momento, al ver el deseo reflejado en los ojos de James, decidió que era hora de jugar un poco con él.
Sin pensárselo dos veces el moreno fue en su busca, en busca de esos labios que tanto había echado de menos, pero la pelirroja no estaba por la labor de ponérselo fácil y justo cuando parecía que James iba a lograr su cometido Lily movía la cabeza soltando una risita inocente e infantil. Recibió besos en las mejillas, en la barbilla, en la nariz, en la frente, incluso en los ojos. Besos tan tiernos como una caricia. Y el juego siguió hasta que James se cansó y sujetó esa cara juguetona con sus propias manos logrando, al fin, apoderarse de esos labios en un beso anhelante, que buscaba afianzarse en esta nueva y agradable realidad huyendo de la inseguridad de la soledad a la que ambos se habían sometido.
A medida que la intensidad iba en aumento James deslizó las manos hasta la cintura de la chica, introduciéndose por dentro de la camisa para acariciar la suave piel de la pelirroja y disfrutar al sentir como eran sus manos las que conseguían que esa piel se erizara con cada caricia.

-Lily estás...¡Mi madre!-con la misma eficacia que un jarro de agua fría el abrirse la puerta y aparecer Andrew en el quicio con los ojos como platos y la boca abierta logró que toda la magia que tenía la intimidad del momento desapareciera.

-¿Qué pasa?-Sirius también apareció de pronto, absorto en el cubo de Rubik que aun seguía teniendo entre manos. Alzó la mirada para averiguar que había dejado en shock a la chica y su reacción fue bastante similar-. ¡Pero bueno¿No se suponía que vosotros estabais enfadados?

-Y yo preocupada porque pensaba que estabas en la cama llorando desconsoladamente.

-¿Os importa? Estábamos disfrutando de nuestra reconciliación-murmuró James mirando a la pareja con impaciencia, Andrew no pudo reprimir una sonrisa al percibir claramente un "Largo" en la cara de James. Por su parte Sirius negó con la cabeza cual padre decepcionado.

-Prongs deja la camisa de Lily en su sitio y pon las manos donde yo pueda verlas. Eres un cúmulo de hormonas alteradas y voy a tener que empezar a vigilarte-le advirtió y James aprovechó el mar de zapatos que tenía la pelirroja en el suelo, junto a su cama, para tirarle uno a su amigo.
Sirius atrapó el zapato haciendo gala de unos envidiables reflejos mientras lucía una brillante sonrisa llena de orgullo.

-Venga pura y casta hermanita de la caridad, deja de controlar las hormonas de los demás y dejemos a la dulce parejita reconciliarse con tranquilidad-fue Andrew la que habló dedicándole una sonrisa a su amiga mientras cogía la mano de Sirius y se lo llevaba de allí cerrando la puerta tras ella.

James y Lily se miraron a los ojos sin poder evitar sonreír.

-¿Por dónde nos habíamos quedado?-preguntó el moreno acariciando la mejilla de Lily con el pulgar. Ella se limitó a seguir sonriendo pero desvió la mirada huyendo de ese color almendra que tenía la capacidad de desestabilizarla por completo.
El semblante de James se volvió serio y sus cejas se juntaron formando una graciosa arruga entre ellas.

-¿Qué ocurre?-preguntó captando su atención de nuevo y Lily, al verle la cara, alzó la mano y acarició esa pequeña arruga de preocupación haciéndola desaparecer.

-Necesito estabilidad James-confesó con voz calmada y el chico se puso de pie de golpe dándole la espalda.

Lily se levantó con tranquilidad, aprovechando para recogerse el pelo en una coleta en el tiempo que recorría la escasa distancia que les separaba. Se colocó frente a él sin sorprenderse porque los ojos de James la evitaran, y le abrazó apoyando la frente en su pecho. James se mantuvo rígido, con los brazos colgando a ambos lados del cuerpo.

-No te lo tomes a la tremenda, nunca volveré a pedirte que te alejes de mi. No puedo vivir sin mi corazón-el silencio les envolvió durante los segundos que Lily tardó en respirar hondo una vez antes de seguir hablando-. Tengo la cabeza demasiado estructurada y me gusta ser así. No me resulta fácil acostumbrarme a cambios bruscos en mi vida y últimamente tú eres el causante de todos esos cambios.

-Lily, no entiendo nada de lo que me quieres decir-confesó agachando la cabeza para mirarla pero solo se encontró con su cabeza.

-No puedes decirme que no puedes vivir sin mi y al día siguiente no dirigirme la palabra para terminar haciéndome diecisiete regalos maravillosos y uno estúpido logrando que se me revolucione la progesterona y no sea consciente de mis actos-le acusó mirándole con fingida indignación y él sonrió-. Solo te pido una relación normal, no que pasemos de ser el modelo de enamorados perfectos a tirarnos los muebles a la cabeza con la misma facilidad con la que cambia el clima. Vas a conseguir agravar mi trastorno mental y acabaré encerrada en San Mungo por loca.

La carcajada de James resonó por toda la habitación.

-Que fácil es decirlo cuando no tienes que lidiar con una pelirroja con trastornos de personalidad que consigue volverte completamente loco-se defendió rodeando la cintura de Lily con sus brazos. Ella le miró algo molesta mientras alzaba una ceja.

-Una pelirroja con trastornos de personalidad ¿eh¿Y a que viene el intentar conseguir mi perdón sobornándome con regalos?

-Humm...la carne, que es débil-contestó inmediatamente, robándole un beso a una Lily indignada y sorprendida-. Oh y porque, según creo, estoy completamente enamorado de ti.

Al parecer esa última coletilla fue del agrado de la pelirroja, ya que rodeó el cuello del chico fundiéndose de nuevo en un beso al más puro estilo de una película romántica. Un beso que se hubiera alargado indefinidamente si no hubiese sido porque la puerta volvió a abrirse entrando una Phoebe que se cubría los ojos con las manos.

-James, no quería interrumpir un momento tan adorablemente empalagoso pero tenemos un problema abajo. La mentalidad de tus dos mejores amigos es la de niños de cinco años y Sirius se ha enfadado porque ha perdido una partida de ajedrez y Remus no hace más que picarle. Es probable que esto acabe en un duelo en plena sala común-anunció de carrerilla ignorando cuales eran las expresiones de los dos adolescentes que seguían abrazados y mirándola.

-Phoebe, estoy disfrutando de una maravillosa reconciliación. Cuando se maten el uno ya iremos al funeral-decidió solemne y Lily se rió mientras se apartaba de él y le cogía la mano.

-Vamos a ver que pasa, no creo que quieras que lo que hasta ahora eran "Los merodeadores" pase a ser "El merodeador"-la dulzura en la voy de Lily era casi palpable y la rubia sonrió al poder escuchar de nuevo a esa Lily. James no estaba muy de acuerdo con la decisión de la pelirroja.

-En ocasiones como esta si que me gustaría ser el único merodeador-añadió como último recurso, pese a saber que sería completamente infructuoso.

Una vez llegaron abajo se encontraron, exactamente, con lo que Phoebe les había descrito a grandes rasgos.
Por suerte la sala común aun no estaba derruida ni en llamas, de hecho seguía igual que siempre, con la excepción de la amenaza de destrucción que estaba sembrando un Sirius Black plantado en medio de esta, con la varita en la mano y los ojos llenos de ira. El resto de los espectadores del triste espectáculo se mantenían expectantes, siempre manteniendo una prudente distancia de seguridad, mientras veían como su integridad peligraba a causa de ambos merodeadores. Lupin por su parte, también tenía su varita en la mano y miraba a su amigo con una sonrisa burlona. No podía evitar encontrar cómica dicha situación. Él que su amigo Sirius entrara en cólera por perder estrepitosamente una partida de ajedrez mágico no entraba dentro de los límites de racionalidad considerados por el castaño. Y por último Andrew estaba tranquilamente sentada en un sofá próximo a Sirius, completamente centrada en girar y recolocar cada una de las caras del cubo de Rubik de Lily, ignorando la tensión que la rodeaba.
James, Lily y Phoebe se quedaron en el umbral de la puerta que comunicaba la sala común con las escaleras para ir a los dormitorios, mientras contemplaban con curiosidad el panorama.

-Esto es absurdo-aseguró Lily mirando tanto a Remus como a Sirius.

-Estoy totalmente de acuerdo contigo Lils. Pero ¿qué esperas de dos seres mononeuronales y evolutivamente inferiores¿Qué solucionen sus problemas con diplomacia? No seas ilusa-dijo Andrew aun concentrada en la resolución del cubo.

-Veo que el hecho de que sea tu novio uno de los contendientes te importa más bien poco-murmuró James y Andrew se encogió de hombros.

-La que se preocupa es Phoebe que se ha encariñado demasiado con Remus, en mi opinión hombres hay a patadas y si tu amigo Sirius muere a causa de una pelea por perder jugando al ajedrez es cosa suya. Ya encontraré a otro.

-¡Vaya! Cuanta consideración por tu parte Andrew-musitó Sirius completamente indignado con el comentario de la que supuestamente era su novia. Esa distracción jugó a favor del castaño.

Expeliarmus!-gritó Remus apuntándole con la varita y logrando que la varita de Sirius escapara de la mano del moreno y volara por los aires.

-Hay que estar más atento Black. Ahora mismo, si quisiera, podría hasta matarte-se burló Remus haciendo oscilar la varita. Sirius le miró desafiante, dibujando una petulante sonrisa.

-No tienes lo que hay que tener, bolita de pelo mensual.

-Bueno, se acabó el espectáculo, muchas gracias por su atención, la semana que viene más y mejor-exclamó Phoebe tratando de alejar la atención de todos los Gryffindors que se habían arremolinado a su alrededor. Luego se acercó a Remus y le quitó la varita a la fuerza haciendo gala de autoridad-. Y a vosotros dos ya os vale, por un momento pensé que terminaríamos todos en la enfermería-les regañó con severidad frunciendo el ceño. Remus la abrazó y la besó en la mejilla. El enfado desapareció al momento.

-Serás la única que se ha preocupado algo por nosotros. Me sé de alguien que ya estaba barajando las distintas posibilidades que tenía si se veía en la obligación de sustituirme- replicó Sirius de manera mordaz y Andrew dejó el cubo sobre la mesita que tenía justo delante y se levantó, para acercarse a él.

-No seas bobo Sirius. No lo he dicho en serio y lo sabes. Pero teníamos que distraerte de alguna forma para que dejaras de mirar a Remus con intenciones asesinas y así pudiese desarmarte-le cogió las manos y se puso de puntillas para darle un suave beso en los labios-. Deja de mirarme con fingido odio y vamos a sentarnos, anda.

-Y después de este curioso incidente ¿nosotros qué hacemos?-le preguntó Lily a James sonriéndole y este sacó su varita del bolsillo trasero de su pantalón e invocó el cubo de colores.

-Vamos a tu cuarto otra vez, aunque en vista de cómo va la noche seguramente nos volverán a interrumpir-aseguró poniendo los ojos en blanco y Lily se rió mientras se dejaba guiar por James hasta su habitación.

Una vez dentro el moreno se tumbó en la cama de la pelirroja y después tiró de ella sentándola justo delante de él. Le tendió el cubo de colores totalmente deshecho pese al intento de Sirius y de Andrew por hacerlo y después apoyó la barbilla en el hombro de Lily.

-¿Cómo se hace?-preguntó con curiosidad rodeando la cintura de la chica con sus brazos mientras esta hacía girar el cubo entre sus manos para estudiarlo.

-Es muy fácil-aseguró con una amplia sonrisa-. Son siempre los mismos pasos independientemente de cómo estén colocadas las piezas al principio.

James la miró con curiosidad animándola a que lo hiciera, y ella empezó a girar cada cara con habilidad, sabiendo perfectamente que movimiento tenía que hacer en cada momento según se le fuesen colocando las piezas.
Tras un par de minutos alzó el cubo triunfante y el chico pudo admirar como las seis caras estaban perfectamente montadas.

-Ya lo he dicho siempre. Eres absolutamente perfecta-susurró James haciéndola reír mientras se recostaba en la cama atrayéndola a ella también.

Una vez tumbados Lily se colocó de forma que quedara frente a él, disfrutando de la calidez de la mano de James sobre su cintura.

-Te quiero-susurró acariciándole los labios antes de besarle por última vez y acurrucarse junto a él cerrando los ojos. James sonrió.

-Yo también te quiero.

Al cabo de un rato ambos chicos se quedaron dormidos con la sonrisa aun dibujada en la cara y con los dos muñecos de trapo que les representaban, juntos a los pies de la cama


Pese a que alguna que yo me sé ya me diera por muerta históricamente hablando, aquí vuelvo a las andadas. Con un año más y un capítulo más en línea :-D

Ahora entro un poco en crisis porque no sé muy bien qué más meterle a esta historia. Lo cierto es que me queda poquito ya para llegar al final a no ser que de pronto me venga la inspiración divina y se me ocurra algo maravilloso. Pero bueno, cuando acabe esta siempre puedo empezar otra XD

En cuanto al capítulo, ya habéis visto que si me lo propongo puedo ser aun más incoherente y absurda a la par de tremendamente predecible ¿alguien dudó en algún momento quién era el regalador anónimo? XD Y eso, os dejo que me tengo que arreglar que esta noche hay partido del Madrid y luego tengo una cena :-D Disfrutad del capítulo y si no es mucha molestia espero algún que otro review por ahí que sabéis que me animan mucho a seguir escribiendo.

Ah! Antes de que se me olvide! Muchas gracias a mi amiga Lau por enseñarme en su momento la técnica del cubo de Rubik XD sin ti este capítulo no existiría jajaja

Gracias por leer!! Mil besos!!