Disclaimer: Todo esto no me pertenece, si no a la genial J.K. Rowling.
Este fic participa del reto temático de Diciembre "Hufflepuff" del foro "Amor de Tercera Generación"
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LEALTAD
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—Uhm… uhm… ¿Qué es esto? Veo valor, fortaleza y ferocidad —dijo la vocecita en su oído en tono divertido—. Eres como tu madre pero más libre, también tienes tanto valor como un Gryffindor, pero el valor no te caracteriza, ¿eh?
Nymphadora Tonks se removió en su sitio con inquietud, aún tenía las mejillas un tanto rosadas después de que la profesora McGonagall dijera su nombre en voz alta, haciendo patente lo ridículo que era. Algunos se habían reído, y Tonks pensó con resentimiento en su madre: ¿Cómo había podido hacerle eso a su propia hija? Por fortuna, su nombre ridículo pasó a segundo plano en cuanto el sombrero seleccionador cayó sobre su cabeza y empezó a murmurar en su mente.
Estaba ansiosa, aquel momento era el más importante en la vida de un brujo al entrar en Hogwarts. Decidía todo un camino que tomar o al menos los primeros pasos en la vida que tendrías. Su madre, Andrómeda, había sido una Slytherin, una Black en realidad, un hecho descubierto con desencanto al aprender la historia oscura de esa familia. Su padre, por otro lado, había sido un Ravenclaw, y brilló por su inteligencia y carisma. Con esos antecedentes Tonks no sabía a donde iría a parar, ¿cómo se las arreglaban los niños con padres de diferentes casas? En el tren solo había oído comentarios tipo "mis padres estuvieron allí" o "tradición familiar". Los únicos tan perdidos como ella eran los nacidos de muggles y uno que otro mestizo.
La posibilidad de decepcionar a alguien con su selección la aterraba. Sus padres le habían dicho una y otra vez que no importaba, que lo válido e importante eran sus acciones buenas o malas. Pero seguía teniendo once años, y Tonks era un manojo de inseguridad, angustia y nervios.
Su cabello de un brillante tono marrón perdió tanto color como su rostro. A Tonks le gustaban los colores brillantes, pero la profesora McGonagalla le había ordenado con severidad arreglarse. Un color apagado y simple como el marrón fue lo único que pudo ofrecerle, aunque ya no quedaba rastros de este.
—¿A dónde? —pensó impaciente y temerosa, aferrándose a los bordes del taburete donde estaba sentada.
—Valiente, astuta también si lo deseas —continuó el sombreo tomándose su tiempo—, pero no lo suficiente. Nada es suficiente en esas cualidades. Puedes ser formidable si lo quieres… ¡Ajá! Eso es… eres perseverante, peligrosa si te enfadan, pero más que nada persistente. No te rindes con facilidad y si algún día enfrentas la muerte no será por impulsividad, tampoco le darás la espalda con astucia ni la sortearás con inteligencia, sino que le darás la cara para proteger a quien amas, a aquel que seas leal. Eso es lo que más brilla en ti.
Tonks lo supo justo al tiempo en el que terminó de susurrarle.
No iría a la muerte por impulsividad. Adiós, Gryffindor.
Tampoco le daría la espalda con astucia. Bien, Slytherin fuera.
No la sortearía con inteligencia. Tampoco amaba estudiar así que no lamentaba excluir a Ravenclaw.
Eso solo dejaba una opción. ¿Persistencia?
—¡HUFFLEPUFF!
La mesa más alejada a la izquierda respondió con entusiasmados aplausos. Cuando el sombrero se retiró de su cabeza, Tonks tenía el cabello de un tono claro, no estaba feliz aunque tampoco decepcionada, más bien se sentía aturdida. No había quedado en ninguna de las casas de sus padres, en cambio estaba en la que sus compañeros más desagradables amaban burlarse. Se encogió de hombros y fue a sentarse inmediatamente al lado de uno de sus nuevos amigos.
Una muchacha de cabello rubio y amable sonrisa la saludó, tenía una placa de prefecto en el pecho y parecía lista para comenzar a guiar a los nuevos. Unos cuantos nombres más, y la selección terminó. Había otros ocho compañeros en su misma mesa, tres niñas y cinco niños.
El discurso del director Dumbledore fue relativamente corto, abrió los brazos y les invitó a cenar.
—¡Tiene una pinta fantástica! —celebró Tonks, saltando de hambre en su sitio cuando los platos se llenaron de comida. Su cabello cambió al instante respondiendo a sus emociones y se tiñó de un lila pálido haciendo resaltar la blancura de su piel.
Sus compañeros bufaron.
—¿Cómo hiciste eso? —chilló la niña de cabello oscuro que estaba sentada a su lado. Se veía emocionada.
—¿Cambiar de tono de pelo? —Tonks bulló tanta energía que contagió a los otros. Con rapidez comenzó a meterse comida en la boca, en el tren había estado tan nerviosa y absorta que no compró nada del carrito, ahora eso le pasaba factura—. Es muy fácil… —La prefecta arqueó una ceja divertida e incrédula—…para mí —añadió divertida. Siempre le encantaba las expresiones de todos cuando veían lo que podía hacer.
—¿Eres una metamorfomaga? —preguntó la prefecta ante la mirada atenta de todos.
Asintió con una sonrisa orgullosa y para comprobarlo hizo muecas graciosas, transformando sus facciones y arrancando carcajadas de todos. Sonrió de oreja a oreja mientras comía sin parar y conocía a quienes serían sus compañeros de año mientras durara su educación mágica. En realidad, estaba bien, bastante bien, se dijo cuándo todo concluyó y fueron a sus habitaciones. Era mucho más que bien, era excelente. Había crecido oyendo sobre Hogwarts y ni los relatos ni las anécdotas que recordaba le hacían justicia, la magia estaba en el ambiente, en cada cosa que habitaba el castillo y aquello le emocionaba mucho más de lo que podía imaginar.
Aquella noche durmió completamente tranquila y feliz. Su más grande miedo había sido decepcionar a sus padres, no encajar, pero ese día pasó y le siguieron muchos más, sus padres estaban contentos con su selección, y ella estaba radiante.
Escuchó muchas cosas también sobre las otras casas. En cuestión de días comprendió que los Gryffindor siempre estaban en problemas si es que no los buscaban primero, los Ravenclaw paraban en la biblioteca y respondían el noventa por ciento de las preguntas hechas en clase, los Slytherin eran astutos, feroces y maliciosos de desearlo. ¿Y los Hufflepuff? Todos decían que eran unos inútiles, que eran la sobra de los otros talentosos estudiantes.
El cabello de Tonks solía ponerse rojo de la furia cuando escuchaba aquello y, generalmente, luego de eso se metía en muchos problemas que merecían la pena. Porque aquellos que murmuraban esas ofensas obviamente no los conocían de ningún modo, no tenían derecho a opinar, jamás harían algo por otra persona, nunca podrían sentir tal grado de compasión como lo hacían sus compañeros, no luchaban por el día a día sino que solo se regodeaban de logros aun no alcanzados. Aquellos que susurraban no conocían el esfuerzo que hacían, la bondad de sus amigos o las sonrisas y las palabras adecuadas que tenían para los peores y los mejores momentos.
Los Gryffindor eran valientes, pero ¿acaso ellos no lo eran? La diferencia estaba en que pensaban antes de actuar.
Los Ravenclaw eran inteligentes pero ¿no tenían buenas notas también ellos? Simplemente se preocupaban por otras cosas también.
Los Sltyherin eran astutos, pero todos lo eran, el abismo entre unos y otros era la malicia que embargaba su astucia, los medios que utilizaban para alcanzar lo que querían.
Y ellos ¿qué? ¿Solo eran la sobra? Tonks podía jactarse de halagar a sus amigos y compañeros, porque conocía a muchos que eran valientes como leones, inteligentes como las águilas y astutos como las serpientes, pero estaban en su casa y no solo poseían esas cualidades, sino que la utilizaban para beneficiar también a los demás, porque eran leales como los tejones y aquello valía más que cualquier cualidad.
Y por eso lo que al principio fue desconcierto se convirtió en feroz orgullo.
Era una Hufflepuff y moriría defendiendo esa verdad, cuando se enfrentara a la muerte lo haría por las personas que amara, lo haría por lealtad.
No huiría ni sortearía nada.
Sería una Hufflepuff hasta el final.
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Tonks es uno de mis personajes favoritos :3, espero que esto haya sido como esperaba.
Gracias por leer.
Besos, Bella.
