Capítulo 2: Enter the Reaper
Existe, en el universo, una fuerza increíblemente poderosa. No mueve montañas. No arrasa la tierra. No hace germinar las semillas de la creación. No empuja a las personas por ciertos caminos sin que éstas sean conscientes siquiera de su influjo. Hay unos cuantos selectos que toman con seriedad esta fuerza, pero hasta ellos se encogen de hombros y se hacen a un lado mientras esta retuerce la realidad en estrambóticas maneras.
Se llama Ironía.
De hecho, sera la unica forma de describir la situacion de cierta personificacion antropomorfica de la suprema constante universal, junto con los impuestos. Invocado hacia un lugar que no había visto en su vid... digo existencia, en medio de una pelea entre dos brujas adolescentes irrisoriamente poderosas, por lo visto, estaba confundido. Y muy enfadado.
Eso de andarlo invocando a cada rato ponía de mal humor a cualquiera.
-¿ACASO ESTÁN SORDOS O QUÉ?
Al espectral grito, los aventureros giraron lentamente hacia el esqueleto encapuchado con guadaña que los estaba mirando con cara de estar muy, pero muy molesto. (cosa bastante sorprendente considerando que las calaveras no tienen expresión)
-Oye, Reena... e-ese tipo... ¿e-es quien creo que es?
-Si estás pensando lo mismo que yo, creo que sería mejor una retirada estratégica, Gaudy
-OK. A la de t-tres. U-uno... tres ¡CORRE!
Y se lanzaron en una loca huída. Bueno, se hubieran lanzado en una loca escapatoria de habérselos permitido el recién llegado, quien, con un simple gesto de su mano, los levantó en el aire y luego de zarandearlos un poco, los hizo aterrizar justo enfrente de él.
-¡Hey¡No tenías por qué ser tan rudo!
-ESCUCHEN MUY BIEN, MORTALES. TENGO ALGUNAS PREGUNTAS, Y ESPERO UNA RESPUESTA QUE ME SATISFAGA. Y CRÉANME, NO QUIEREN VERME REALMENTE ENFADADO. -con otro gesto de la mano alzó a Naga, quien trataba de escabullirse con más sigilo que nuestros héroes.
-ESPERO TENER SU ATENCIÓN. AHORA BIEN¡¿QUIEN FUE LA QUE ME INVOCÓ!?
Reena y Naga se intercambiaron enfurecidas miradas. Reena estaba rabiosa porque su eterna archirrival le había birlado el Necroteleconomicon ex Mortis, mientras que Naga estaba echando chispas porque Reena se había burlado de su esbelta figura...
-¡FUE ELLA! -dijeron ambas hechceras al unísono, apuntándose mutuamente.
-¡Robaste el Necroteleconomicón y usaste su poder para atraer a este, esta...
-PERSONIFICACIÓN ANTROPOMÓRFICA, SI NO ES MUCHA LA MOLESTIA.
-personificación antropomórfica para destruirme¿lo dije bien, señor Muerte?
-¡Mentira¡En su sed insaciable de poder, estaba tras el dominio de las fuerzas de la no-muerte!
-¿¡Qué dijiste!?
-¡Dije que eres una necrocolgada!
-¡Repite eso!
-¡Necrocolgada, Necrocolgada, NECROGOLGADA!
La Muerte suspiró. Al parecer esto tenía para largo, cuando...
-Eh... ¿Señor Muerte? -preguntó Gaudy.
-¿AHORA QUE SUCEDE, MORTAL?
-Creo que puedo darle una explicación razonable a lo ocurrido. -dijo Gaudy al mismo tiempo que Reena y Naga continuaban peleándose
-HABLA, MORTAL.
-Pues verá. Estábamos Reena y yo buscando un chisme mágico que del que nos había contado un viejo que no era un viejo, sino un demonio disfrazado. Pasamos un montón de obstáculos antes de llegar aquí, cuando encontramos esas ruinas. Al principio no había nada, hasta que... ¡ya me acordé! Reena tocó una figura muy fea y se abrió un pasadizo, donde no había nada. Buscamos por otras partes y tampoco nada, hasta que Reena usó el pergamino y encontró un librote muy grandote de páginas amarillas. Creo que era algo como Toloquepoquemón o algo así.
-NECROTELECONOMICÓN.
-¡Eso, eso! En eso estabamos cuando papareció la flaca tetona amiga de Reena y nos quitó el Telecopoquemon. Entonces Reena y la flaca tetona se pusieron a pelear, hasta que la flaca tetona empeszó a decir una palabras mu raras. Luego el cielo se obscureció y apareció usted... y ese otro tipo. -dijo, refiriéndose a la piltrafa humana que estaba retorciéndose en el suelo.
Fue entonces cuando la Muerte se dió la vuelta para ver al recién llegado (o mejor dicho, el recien caído)
-LO QUE ME FALTABA. METERME EN UNO DE LOS LÍOS DE RINCEWIND. -gruñó en tono espectral.
-Disculpe señor Muerte, pero... ¿Lo conoce?
-DESGRACIADAMENTE SÍ. - respondió la personificación antropomórfica, al tiempo que las dos magas adolescentes seguían en su duelo de "quien tenía el insulto más ridículo-ingenioso para lanzar a la contraria" -SERÁ MEJOR QUE TRATES DE CALMAR A ESAS LOCAS AMIGAS TUYAS.
-¿Calmarlas¿A ellas? No soy tan estúpido como para meterme en las peleas de Reena con su amiga. No quiero morir tan joven. -respondió el rubio espadachín, en un momento de inspiración.
-NI MODO. TENDRÉ QUE HACERLO YO SOLO. COMO SIEMPRE- dijo la personificación antropomórfica para luego dirigirse hacia las dos brujas adolescentes y cortar por lo sano esta discusión, en el sentdo más literal de la expresión. Bueno, todo lo literal que puede ser que una guadaña muy bien afilada aparezca de la nada y se plante entre las dos rivales enconadas que vieron cortados (nunca mejor dicho) sus argumentos.
-¿TUVIERON SUFICIENTE, SEÑORITAS? PUES VOLVAMOS A LO NUESTRO ¿QUIEN LANZÓ EL CONJURO QUE ME INVOCÓ?
Silencio
-VAMOS ¿ES TAN DIFICIL PARA USTEDES DAR UNA RESPUESTA COHERENTE?
Silencio
-MIREN. SE LOS VOY A PONER FÁCIL. ME DICEN QUIEN FUE LA QUE ME INVOCÓ, ARREGLAMOS NUESTRO ASUNTO Y TODOS FELICES. SIN RESENTIMIENTOS.
Reena Naga se miraron de hito en hito. No sabían si el esqueleto estaba diciendo la vedad. Podía arreglar el asunto así sin más o ponerse rudo y condenarlas a las dos a un infierno de tormentos, engendros tentaculares de líbido incontrolable y programas de televentas. Hasta que al fin, Reena se decidió:
-OK, señor Muerte. Ud. gana. La que leyó el conjuro del Liber Paginarium Fulvarium y le trajo hasta este lugar fue...
KABOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMM
No alcanzó a terminar la frase cuando una explosión cercana lo cubrió todo de polvo Todos se pusieron en guardia (excepto Rincewind, quien aún seguía comatoso), pero jamás hubieran esperado lo que se les vino encima.
Era una monstruosa, corrupta y pestilente montaña de putrefacta carne en movimiento. A ojo de pájaro mediría limpiamente sus veinte metros de alto. Era una infame, blasfema, bizarra y horrorosa mezcla entre un troll, un dragón... y un cefalópodo. Las piernas y brazos, singularmente delgados, no parecían coincidir con el abultadísimo vientre, cubierto de escamas translucidas. De entre los tentáculos de la cara surgía un ruido como el aullido del viento sobre un abismo sin fondo de almas condenadas. Y sobre su hombro... adivinen, estaba el jefe de los pelados de voz viperina a los que Reena supuestamente había vaporizado junto con La Gaita Desafinada un par de días antes.
-¡¿Acasssso creissssste que te libraríasssss tan fasssssssilmentesssssss?
Naga vio al bicho y luego a Reena, y meneó la cabeza. Hay cosas que NUNCA cambian
-Déjame adivinar: Otro culto maligno que quiere vengarse de la Asesina de Ladrones ¿Cierto?
-Ajá.
-Aunque esta vez creo que se han lucido con el bicho¿No?
-Ajá
-Bueno, no es mi problema -dijo Naga encogiéndose de hombros. -Me retiro, con vuestro permiso. -remató con tono sardónico.
-ESO SI QUE NO. ¡NADIE SE VA HASTA QUE YO LO DIGA! -restalló una voz espectral.
Todos miraron al esqueleto con guadaña. Si antes estaba enojado, ahora estaba a pocos pasos de estar definitivamente furioso. Quien lo conociera, habría puesto muuuuuuuuuuuuuuucha distancia entre ellos. El brillo verde de los ojos estaba pasando a un tono púrpura oscuro tirando a negro. Zarcillos de no-luz rodeaban su túnica, y un aura perfectamente visible de entropía y destrucción lo rodeaba haciéndolo verse miles de veces más terrible de lo que normalmente era (y eso es mucho)
-¡PRIMERO, ME INVOCAN SIN PERMISO, LUEGO TENGO QUE SOPORTAR A ESAS DOS NIÑATAS CON SUPERPODERES Y AHORA ESTO!
-¿¡A quien llamaste niñatas!?
-¿Ein?
El lider sectario estaba confundido. El venía a destruir a la Asesina de Ladrones y ahora un tipo muy flaco con una guadaña le gritaba. A EL. Al poderoso e siniestro K'lar Kash-Thon, señor de los Hechiceros de la Hermandad Purpura, bendecido por los Señores del Abismo, amo de las Cavernas Innombrables y vicario en la superficie del infame culto del Inconmesurable Gran Pulpo.
Porque si algo enfadaba hasta la cólera a K'lar Kash-Thon, señor de los Hechiceros de la Hermandad Purpura, bendecido por los Señores del Abismo, amo de las Cavernas Innombrables y vicario en la superficie del infame culto del Inconmesurable Gran Pulpo, era que lo gritonearan.
-¡ATACA, TRULULHU!
Y con un rugido inconcebible por la mente humana, la gigantesca mole se lanzó contra nuestros héroes.
En la cabeza de la piltrafa que cayo mas o menos al mismo tiempo que Mr. Bones:
Rincewind se sentía...
Confundido.
Bueh, no precisamente confundido. Tanta experiencia con los viajes interplanares involuntarios lo había curtido, por decirlo de cierta forma, ante el trauma de encontrarse a sólo Diox sabe cuantas dimensiones de su hogar.
No, no era eso lo que lo confundía, así como tampoco el que dos brujas adolescentes, un guerrero y una personificación antropomorfica se vieran enfrentados a un bicho que no tenía nada que envidiarle a los engendros de las Dimensiones Mazmorra, en opinión de Rincewind.
Lo curioso era que no sentía miedo. Tal como leen. NO sentía miedo. Eso SI que era algo, tratándose de Rincewind, sumamente raro.
De pronto, un singular ruido llegó a los oidos del intento de hechicero. Unos "crunch", seguidos de un par de "glum, glum". Y otra y otra vez. Se volvió hacia el recien aparecido, para encontrarse con la sorpresa de su vida.
-¿Quieres palomitas, Rincewind? Están muy buenas.
El que estaba comendo palomitas de maiz como quien ve imágenes en acción... era Rincewind. O casi, porque era algo más alto, estaba limpio y vestía ropas en tonos grises y blancos. Y colgado al pecho llevaba un colgante en forma de pirámide invertida con un ojo wadjet en cada una de sus caras.
-¡¿Q-quien rayos eres t-tu?!
-Sé que es algo complicado de explicar, pero yo... soy tú.
-¿¡QUEEEEEEEEEEEEE!?
-Rayos, debí ser un poco más cuidadoso al decirlo. Disculpa, Rincewind. -respondió apenado el sujeto de túnica blanca al ver como cierto patetico intento de mago movia los brazos y caminaba de un lado a otro cual gallina decapitada...
-¡Hey, cuidado!
Y de pronto, un monstruoso pie gigante se plantó detrás de Rincewind, quien se quedó de piedra al ver que casi lo convierten en pulpa, de no ser por un detalle: que en realidad estaba todavía en el suelo en el cráter que dejó en su caída, junto con el Equipaje, que estaba poniéndose de pie, un poco mareado al parecer.
-Experiencias extracorpóreas. Realmente las odio. -gruñó. Y luego giró hacia su contraparte de ropas grises y suspiró. -Y bien¿Quien demonios eres y que está pasando aquí?
-Ya te dije, Rincewind. Soy tu, o mejor dicho tu encarnación, tu anterior yo. Bueno, la forma más correcta sería decir que tú eres mi reencarnación, un avatar.
-Tiempo fuera, tiempo fuera. ¿No se supone que sólo los dioses y las entidades mayores pueden tener cosas como esas?
-¿Cosas como que?
-Avatares y cosas por el estilo.
El sujeto de ropas blancas se rascó la cabeza y respondió. -Bueno... si. De alguna forma resultaste ser mi avatar. Y a decir verdad, no estoy precisamente satisfecho de la situación. -respondió en tono sarcástico al ver las desastrosas pintas de su actual encarnación
-Hay algo que no capto. ¿Cómo es que apareces justo ahora?
-No sabría decirte, pero tengo la impresión de que el Talismán del Ojo-que-Todo-lo-Ve tuvo algo que ver con mi despertar.
-¿Talismán? -se preguntó Rincewind al recordar el regalo de cumpleaños del Bibliotecario. -¿por casualidad no es uno igualito al que llevas puesto¿pirámide invertida¿muchos ojos dorados y todo eso?
-Si, concuerda. ¿Cómo es que reconoces el Talismán del Ojo-que-Todo-lo-Ve?
-Es que... era mi regalo de cumpleaños. -respondió Rincewnd al tiempo que su interlocutor soltaba una franca carcajada.
-¡Por todos los dioses¡Qué ironia! -decía entre risa y risa. No tardó mucho en recuperar la compostura y se quitó el sombrero. -Pues bien, he sido un descortés al no haberme presentado. -tomó el sombrero e hzo una exagerada reverencia. -Mi nombre es Zabiusmodias el Gris (tirando a Blanco), también conocido como Zabius... el Rechicero. Y, si me disculpas, creo que voy a necesitar tu cuerpo. Hay un engendro que liquidar.
Volviendo a la acción:
En tales circustancias, Reena normalmente saca la artillería pesada, cosa que sería bastante útil, de no ser por un detalle.
Necesitaba tiempo, y no lo tenía. Cosa bastante normal cuando se está entre un monstruo gigante que haría las delicias del club Lovecraft, una maga con el ego del tamaño de Rhovannion, un esqueleto con guadaña que no sabe usar las minúsculas y un espadachín tarado del que (aunque jamás lo admitiría) estaba enamorada.
Así que, haciendo uso de toda sus mañas, fullerías y trucos sucios, logró mantenerse lo bastante lejos como para empezar:
Mas negro que la noche
Mas rojo que la sangre...
Mejor dicho, lo habría continuado, de no ser porque una bola de luz golpeó al blasfemo y repulsvo engendro babeante, de cuya horrorosa piel surgieron zarcillos que se trenzaron en tentáculos que restallaban en el suelo, tratando de atrapar a nuestros héroes.
Y adivinen a quien agarró.
-¡Reena!
-¡Socorrooooooooo¡No me quiero morir todavía!
-!Reena, hazte a un lado!
-¿¡Cómo demonios quieres que me haga a un lado?!
-¡FUEGO¡ATIENDE MI LLAMADA Y ACUDE A TU AMO¡IGNEM... EX... ORBIS!
La megabola de fuego terminó de liquidar al bicho, quien soltó a nuestra pelirroja favorita, estrellándola en el suelo de forma parecida a cierto hanyou protagonista de otra serie de animé. Todos miraron al causante de la bola de fuego, que no era sino el esperpento fracasado intento de mago que había caído del cielo, quien miraba la escena como queriendo decir "¿En realidad YO hice eso?"
-BIEN. ES HORA DE JUGAR RUDO, CAPULLOIDE..
La Muerte ladeó la cabeza tronándole las vértebras, mientras ponía su guadaña en posición de ataque. La bestia respondío con un rugido (como si fuera capaz de hacer otra cosa que no sea rugir y aplastar) Y de pronto, un destello surcó el aire. En un segundo, las dos siluetas, la del esqueleto con guadaña y la del engendro gigante, se recortaron a la luz del atardecer. Ambos oponentes parecían paralizados, hasta que de pronto, el gigante se derrumbó, rebanado en infinidad de pedazos, rodajas y cubitos, al tiempo que un vapor verdoso salía de sus heridas. Al cabo de un rato, del engendro tentacular plagiado de Pi Eich, ni rastro. Sin embargo, el calvo si había logrado escapar a tiempo del megacombo, pero no de un bastante emputecido Muerte, quien lo agarró en vilo y lo estampó contra una columna de piedra.
-ES EL DILEMA DEL OGRO, CALVOROTA. MUERE RÁPIDA O MUERE LENTAMENTE.
-P-por favor, venerable y grandioso Avatar. N-no me haga daño -respondió cagado de miedo el sacerdote de los dioses oscuros.
-RESPUESTA EQUIVOCADA.
Si la Muerte tuviera facciones humanas, probablemente habría hecho una sonrisa demoníaca mientras hacía girar la guadaña y enviaba al entrometido al Aqueronte, sin boleto de regreso, al tiempo que Reena, algo más recuperada, miraba muerta de susto la escena, junto a un no menos asustado Gaudy. Naga no lo había mirado porque se habría desmayado al ver sangre.
-ASUNTO RESUELTO. AHORA... ¿EN QUE ESTABAMOS?
-¿En que nos iba a dejar ir, señor Muerte? -preguntó tentativamente Reena, poniendo su mejor cara de "Soy la cosita mas linda y tierna desde que se inventaron los gatitos y los ositos de peluche"
-NO.
-¿En seeeeeeeeeeeeeeeeeeerio?
-ESTABAS A PUNTO DE DECIR QUIEN HABÍA SIDO EL TARADO QUE ME INVOCO.
-¿Alguien puede explicarme que está pasado aquí? -preguntó Rincewind.
-CUENTO LARGO, RINCEWIND. CUENTO LARGO
-Eeeeeeh, fue ella. -remató Reena, apuntando a Naga, quien estaba iniciando una discreta retirada, con el Necroteleconomicon a cuestas.
-¡Traidora!
Como por arte de magia (nunca mejor dicho), Naga y grimorio fueron zarandeados en el aire y depositados cuidadosamente frente a la personificación antropomórfica en cuestión. El tomo pasó a manos de Muerte, quien lo abrió en el aire y sin tocarlo lo hojeó hasta encontrar la página que buscaba.
-SOLO QUIEN HAYA INVOCADO A LA MUERTE PUEDE DEJARLA IR. -espetó secamente el esqueleto con guadaña antes de mostrar la página a Naga.
-¿Y yo q-que hago?
-LEE
-¿Está seguro?
-SI
-¿Seguro que está seguro?
-¡Tu deja de decir idioteces, Naga! Y tu Gaudy ¡Deja tranquilo ese baúl!
-¡Es que no me deja tranquilo a mi¡Baúl malo¡Baúl malo! -gritó Gaudy mientras trataba de arrancar del baúl con patas.
-No es por molestar, Huesos, pero... ¿Va a funcionar el portal dimensional?
-FUNCIONARÁ SI MANTIENES LA BOCA CERRADA, MORTAL.
Tragando saliva y más nerviosa que un estudiante en la prueba de Bachillerato, Naga tomó el grimorio y empezó a leer.
Aquello que separa a los vivos de los muertos
Abre la puerta hacia el mundo que te pertenece
¡Sombra infame, engendro de la noche!
¡Retorna al tenebroso reino al que correspondes!
¡MORTEM EXPELLERE!
Y con un veloz movimiento de su guadaña, la personificación antropomórfica rasgó el tejido de la realidad, creando un portal dimensional que lo sacaría de este desquiciado mundo y lo volvería a su insana realidad habitual.
-LISTO. RINCEWIND, ES HORA DE REGRESAR A CASA. -dijo la Muerte antes de entrar por el portal.
-OK, OK, eso es todo, amigos. Encantado de conocerlos. ¡Adioooooooooooooos!
Y el ridículo intento de hechicero se metió por el portal. Normalmente, uno esperaría que se cerrara con un estallido de luz, pero no pasó nada. El portal seguía ahí, y parecía agrandarse un poquito. Alguien con una buena dosis de sentido común se habría alejado, con la esperanza de que el portal se cerrara por sí mismo. Pero como todos sabemos, el trío de aventureros en cuestión no es precisaente un reservorio de sentido común.
-Guuuuauuuuuuuu. Se ve con lucecitas sicodélicas. ¡Ven Reena¡Mira! -dijo Gaudy mientras se acercaba al tajo en la estructura de la realidad.
-¡Gaudy, sal de allí¡Puede ser peligroso! -le gritó Reena.
-Me preguntó a que mundo habrá llevado este portal. -se dijo Naga a sí misma, cuando se dio cuenta que el Liber Paginarium Fulvarium estaba en el suelo, cerca del desgarrón de la realidad. Al tratar de cogerlo, empezaron a salir rayos y luces del portal, jalando el libro hacia él. Naga, ni tonta ni perezosa, comenzó a tironear del libro.
-¡¡SUELTA ESE GRIMORIO, ANORMALIDAD MULTIDIMENSIONAL!!
-¡Eso si que no¡No perderé ese valioso tomo! -gritó Reena y se sumó a la liza.
Desgraciadamente para nuestros héroes, el portal era demasiado fuerte.
-¡Con... más ... fuerza!
-¡No... puedo... sostenerlo... más!
Y pasó lo que tenía que pasar. El portal se llevó al grimorio, a Reena, a Naga y de paso, también a Gaudy, hacia un mundo desconocido y misterioso.
En el Mar del Caos, L-sama se sonrió para sí mism. Las cosas estaban yendo a pedir de boca.
