—Ok… voy intentar asimilar esto… muy bien… no puedo asimilar esto…

El silencio era denso, tan obvio que ambas personas sentadas frente a frente en la pequeña mesa de la cocina tenían tantas cosas hirientes de que decirse, pese a la incomodidad que sintieran se miraban retadoramente uno pidiendo respuestas y el otro negándose a dárselas. No era necesario buscar palabras adecuadas para expresarse pues ambos sabían que siempre terminarían diciéndose cosas hirientes al final.

En un muy pequeño resumen el menor de los Ishida había contado lo sucedido, la noticia le cayo como balde de agua fría, pero lo peor ya había pasado, ver a su hijo convertido e chica si lo había impactado mas no lo había dado a relucir. ¿Cómo tenia que reaccionar uno cuando se entera que su hijo ahora e una mujer? Se acomodo los lentes, si había algo que Uryuu hubiera sacado de el a parte de la miopía era ese incesante tic de mover sus lentes de lugar cuando no sabían que hacer.

El mayor respiro profundamente poniendo en alerta al otro. Intentando asimilar aun la pequeña historia con lujo de detalle que acababa de oír, no crean por lo difícil que era aceprat que su varón ahora fuera una niña, no eso era el menor de sus problemas. El debate se hallaba entre si dejar vivir o no al primogénito de su compañero de universidad. Ese idiota de Isshin solo criaba pervertidos, pensaba.

Soltó el aire —Vaya imbécil que no pudo ver venir eso— soltó con la frialdad que lo caracterizaba, mientras buscaba sus cigarrillos. El Quincy menor solo se sonrojo un poco al oír eso, mas por ira que por vergüenza.

—Claro debí verlo venir, es tan común que pase, por que no lo pensé— respondió fingiendo culpa

—Te devolví tus poderes con la condición de que no volver a tratar a eso s seres, creo que ahí tienes tu consecuencia— remato lo mas calmado que pudo

—Intentaba salvar a mi amiga! — se justifico

—Claro hiciste tan bien tu trabajo que terminaste perdiendo un brazo y ahora eres mujer— eso callo al menor

—Esto no tiene nada que ver contigo — intento responderle el menos, parándose de donde estaba, apoyando amabas manos en la mesa de madera. —El tipo contra el que peleamos era muy fuerte, apenas Kurosaki tuvo oportunidad! —grito, el enojo del menor era bastante fuerte y se pudo ve runa vez la energía empezaba a canalizarse—Yo realmente puso todo lo que tenia, no vengas a decirme lo inútil que soy! — siguió gritando, la mesa comenzó ante al atenta mirada del peliblanco a desfragmentarse en pequeños pedazos de energía espiritual que se teñían de un bonito color azul eléctrico y rodeaban a la chic—no quieras parecer un buen padre que intenta advertir tu lo único que quieres es joderme la vida por que no fuste tu el que se murió en vez de mi abuelo! — no solo estaba a punto de acabar con la mesa, si no con Ryuken, pues la energía que se desfragmentaba después de rodear al pelinegro iba a pararse en algunas zonas del peliblanco, este sintió el leve cosquilleo que generaban las partículas tan llenas de energía que inminentemente explotarían.

—Uryuu cállate y ve lo que estas haciendo— hablo firmemente con un tono de voz lo suficientemente alto para que el pequeño Quincy le prestara atención. El pequeño observo como al distraerse y calmarse un poco las granos de energía volvían a su estado natural acomodándose perfectamente para volver a formar parte de la mesa —Podrás tranquilizarte o eso también es difícil para ti?

El menos miro mal a su padre pero decidió calmarse antes de que algo malo fuese a suceder. Volvió a sentarse y agacho su cabeza cual niño pequeño después de hacer una travesura, aunque pensar en explotar a Ryuken iba mas haya de una simple travesura.

—y te quedaras así para siempre? — pregunto el peliblanco encendiendo un cigarrillo.

—Kurotsuchi busca una solución— el mayor no pudo evitar reír

—y tu tienes fe en eso? — el meno negó con su cabeza

—Urahara-san dijo que buscara una solución alternativa

—Tu confianza en los shinigamis es bastante ridícula, y tendré que comprarte ropa— Ishida lo miro extrañado pero aun así contesto

—No, tengo alguna que hice algún tiempo para la clase

—Que bien, no quería hacerlo— aclaro y se levanto de la mesa apagando el cigarrillo en el encendedor frente a el. —solo ve a tu habitación.

—Pero…— el mayo se detuvo y volteo a ver a su hijo, mentiría si dijera que no se veía adorable con sus ojos esperanzados y apunto de pedirle algo. —Urahara –san dijo que debo dormir con Kurosaki…—Una venita broto en la frente del peliblanco mas no movió ningún musculo facial — por que…la energía…que sale— el menor sabia que Ryuken se estaba enfadado, no en balde había vivido tantos años con el. —..de mi…cuerpo… puede…provocar…

—que Kurosaki-kun arregle sus problemas de hormonas el solo, tu te quedas aquí— sentencio en tono molesto

—No tiene nada que ver con eso! — grito totalmente enrojecido— Es…por los hollows…

—Yo me encargare de eso, así que no tienes que ir a ninguna parte— el menor quiso seguir objetando pero por primera vez en mucho tiempo obedeció a Ryuken

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Sabia que era un sueño su mente se lo decía y repetía una y otra vez pero su cuerpo se negaba a entender la situación, su cuerpo era el de una mujer ya se había acostumbrado a ese cuerpo que hasta lo soñaba, vestía un lindo vestido blanco sin mangas ceñido en la cintura y suelto de abajo, el largo le llegaba hasta debajo de las rodillas, la parte del pecho era adornado con encaje del mismo color. Su cuerpo estaba tendido a las orillas del mar, sus manos, acomodadas sobre su pecho su cara con vista al cielo que se teñía de colores rojos y naranjas.

Quiso moverse pero no pudo hacerlo , intento hacerlo una vez mas pero nada, otra mas esta vez intentando mover la parte mas pequeña de su cuerpo como un dedo pero tampoco, lo único que al parecer tenia movilidad eran sus ojos, con los que recorrió a pocas miradas toda la playa. Una extraña desesperación comenzó a esparcirse en su mente y surgió aumentando conforme a la marea iba subiendo, pues la marea había empezado por mojarle sus pies y ahora cubría hasta la rodilla. Pasaron unos cuantos minutos mas y el agua llego un poco mas arriba de las rodillas mojando el hermoso vestido blanco, provocando que ondeara bajo el agua por la corriente.

La luna se pasaba en el punto mas alto y una vez más la marea subió azotando la costa enterrando aun mas el cuerpo del pelinegro, hasta su pecho, bajando por su cuello, su largo cabello negro flotaba por encima de las aguas. No falto mucho para que el agua cubriera en mayor parte su cuerpo, siendo lo único que sobresalía sus hermosas facciones.

Pretendió gritar, pedirá ayuda pero sus labios permanecieron sellados, por medio de su nariz tomo todo el aire que pudo, el agua sin miramientos cubrió lo último que quedaba fuera, término por sepultarlo y arrastrarlo hasta el fondo. La presión que ejercía el liquido sobre el fue basta haciéndolo expulsar el poco oxigeno que quedaba de sus pulmones. Parecía ridículo, como si el mar hubiera golpeado su estomago para obligarle a respirar.

Aquel liquido cristalino cambio repentinamente su color, de ese tranquilizante azul a un tono rojo casi negro más denso, muy parecido a la sangre, este entro a su cuerpo rápidamente, era inminente que moriría ahogado, desesperado dio un ultimo vistazo a aquel mar que seria su tumba, después de eso su vista se fue y todo se volvió negro.

Logro por fin moverse una vez despierto, su respiración agitada resonaba haciendo eco en su habitación, estaba cubierto por el sudor y con una extraña sensación recorriéndole el vientre. Ahora que lo pensaba, no solo su vientre, todo su cuerpo se sentía extraño. Pesaba como si estuviera agonizando de cansancio y no hubiera dormido en días.

Intento removerse entre la sabanas para volver a dormir, notando que había algo húmedo en ellas, se incorporo sentándose en su cama, fue ahí cuando descubrió que no solo estaban húmedas, si no completamente empapadas, no pudo evitar sonrojarse ante la idea de que como un niño pequeño tras una pesadilla, había mojado la cama. Quito las sabanas rápidamente viendo con miedo y horror como una enorme mancha de sangre cubría las sabanas y la ropa blanca con la que dormía.

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El mayor de los Ishida se encontraba en la cocina, bebiendo una gran taza de café bien cargado, caliente y sin nada de azúcar. Había pasado una noche terrible, pues, si bien había calculado que su hijo expulsaría una gran cantidad de reiatsu no imagino que fuera tanta. A penas el pequeño se había ido a dormir varias extrañas presencias habían invadido la casa, no fue mucho trabajo para el pues había sido pan comido eliminarlos a todos, pero después de 15 minutos la casa estaba rodeada nuevamente. Hasta esa shinigami enana había venido a ayudarle.

Le ofreció hacer guardia mientras el velaba por el pelinegro. Hace mucho tiempo que no hacia eso, verlo dormir ahí le hizo recordar lo frágil que llegaba a ser y eso lo puso a pensar. El jamás había sido un muy buen padre que digamos y eso cualquiera lo sabia, pero a su manera había hecho a Ishida -menor- un hombre de bien. No le había importado mucho cuidar de el, para su suerte o al menos eso se decía, Uryuu había nacido varón, sinceramente el mundo seria mas fácil, podría cuidarse el solo, ser autosuficiente, no lidiaría con problemas hormonales, en entrevistas de trabajo su cuerpo no seria factor de contratación, no tenia que gastar dinero en maquillaje, el mundo estaba pensado y hecho para hombres, podía sentarse con las piernas abiertas sin importar que usara, gracias a que el era hombre su cuenta de teléfono era de lo mas barata, pero eso se había acabado.

Ahora el pobre, no aguantaría sus pies por usar tacones, no podría salir solita a altas horas de la noche, tendría que estar constantemente al pendiente de su apariencia, tenia que usar sostén –según le había comentado su esposa que en paz descanse era bastante incomodo- no podría confiar en los taxistas!... o cualquier otro hombre de hecho, tendría que volver a tener "la charla" versión femenina, si había una ventaja tal vez no tendría que preocuparse por la calvicie. Pero el punto era que ahora tendría que actuar como un buen padre, preocuparse y estar al pendiente de que no necesitara o le faltara algo.

El reloj marcaba las 6 de la mañana, la shinigami se había marchado hace una media hora dejando todo en manos del peliblanco. Este se encamino a su cuarto con el propósito de dormir de menos una hora pues le tocaría el turno de toda la noche ese día, al menos dormiría con su nueva y recién restaurada autoestima de padre. Justo cuando iba a entrar a su habitación, sucedió algo que acabo por quitarle el sueño.

—AAAAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaahhhh!

Se escucho el frito del Quincy por toda la casa y tal vez por todo la calle, el mayor sin pensarlo dos veces corrió hacia la habitación de su ahora hija y sin pedir permiso abrió la habitación. El pequeño lo miro asustado con las manos llenas de sangre, pues, en su torpeza el chico había palpado la zona ensangrentada de su ropa en busca de alguna herida o algo similar.

Siendo medico Ryuken no tuvo que analizar mucho para saber cual era el padecimiento, si es que se le podía llamar así, pero como padre primerizo de una niña no tenia ni mas mínima idea de que hacer. Con cuidado se acerco a la chica le puso su mano sobre el hombro y la cubrió en lo que pareció un abrazo. La chica pareció sorprendida mas no aparto en ningún momento a su papá.

—Q…que…esta…pasando? — pregunto temeroso de saber la repuesta

—Que en las escuelas no les dan biología? — a pesar de que no quería sonar duro no puedo evitar volver a su vieja conducta. Respiro hondo y prosiguió antes de acabar con la paciencia de su hijo— Veras, es un cíclico fisiológico que pasa cuando una niña entra en madurez alrededor de los 12 a los 19 años que ocurre con una cadencia media aproximada de 28 días… aunque el 90% de las mujeres tiene ciclos entre 23 y 35 días. Se produce un sangrado vaginal fruto de la descamación de la brusca deprivación hormonal al final del ciclo femenino que se presenta en caso de no haber implantado un blastocito — el menor lo miro mal, pero entendió perfectamente daba gracias el tener un amplio vocabulario, suspiro aliviado al menos el susto le había pasado mas no así el malestar que sentía, al menos el tener a Ryuken acariciándole el cabello le reconfortaba un poco.

Sujeto su vientre fuertemente al sentir una horrible punzada atravesar su estomago, casi obligándolo a retorcerse , pudo sentir en ese momento algo de lo mas extraño, el liquido salir lenta y tediosamente por su partes mas privadas y caer en sus pantis. Por un momento se sintió tentado a llorar ante las nuevas y horrible sensaciones corporales femeninas.

Su padre lo noto así que agarrándolo firmemente de la cintura lo llevo al baño de la recamara dejándolo suavemente dentro de la tina, prendió la llave del agua caliente y dejo que las gotas de agua fría mojaran a su hijo. Uryuu sintió el agua fría reprimiendo un quejido, ya se sentía lo bastante mal como para prestar atención al agua fría. El agua se encontró con la sangre, disolviéndola poco a poco de entremezclarse.

Poco a poco el agua se volvió mas calidad dándole una sensación de tranquilidad a pesar de que debes en cuando una gotitas de sangre salían no las sentía del todo, Ryuken le dejo solo un momento, le pidió que se desvistiera para que pudiera bañarse mejor el regresaría en unos minutos después de ir a la farmacia.

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Mas tarde en otro lugar.

Los alumnos de la escuela preparatoria karakura estaban envueltos en el pánico, sudaban por la tensión, el miedo los había petrificado en su lugar, sin mover ni un solo musculo o si quiera tragar saliva por el miedo a atraer la atención de su nuevo profesor suplente. Simplemente no podían quitarle los ojos de encima. Aquel sujeto era de lo mas raro y aterrador.

El sujeto era atractivo para que negarlo, mas de una señorita en el salón había quedado embobada al verlo pasar, de cabello azul, corto y brillante, ojos color miel que miraban fijamente casi atravesando el cuerpo, como si pudiera leer hasta tus más íntimos pensamientos y si se molestaba era como si miles de espadas te atravesaran al mismo tiempo y lo que a vista de muchos quitaba el encanto de su rostro e infundía temor en todos. Su sonrisa, que se ensanchaba a lo largo de su rostros, era falsa eso cualquiera podía notarlo pero era aterradora.

Se había presentado a trabajar con un elegante traje de color negro, camisa blanca sin fajar. Se presento como Kurotsuchi-sensei, su maestro suplente, ya que su maestra había…"desaparecido" misteriosamente y sin decirle a nadie. En el momento de su presentación, Rukia, Chad y Orihime habían intercalado miradas preocupadas sin saber si era bueno o malo que aquel tipo estuviera dando clases aquí. En cuanto a Ichigo un simple "me es familiar" había cruzado por su cabeza, pues el estaba entretenidamente pensando en otras cosas.

No había sabido nada del Quincy después de que su padre lo corriera tan amablemente de su casa, no había llegado ni a la primera ni a la segunda hora de clases, lo que hizo que se preguntase si el mayor de los Ishida había hecho algo malo con el menor. Muchas suposiciones habían pasado por su cabecita naranja, unas coherentes otra de lo mas absurdas.

La primera era que, el peliblanco ni siquiera notaria el cambio, pero a vista de todos seria bastante obvio. La segunda fue que tal vez el mayor solo lo echaría de la casa, mas sin embargo si eso hubiera ocurrido estaba casi seguro de que hubiera recurrido a el o a orihime pero ninguno sabido su paradero. La tercera era que papi Ishida había golpeado Quincy hasta la muerte… pero eso era una exageración y el peliblanco no se veía del tipo que golpeaba niñas. Quizás la había violado?... es decir Ishida no estaba nada mal en esos momentos… pero en que demonios pensaba eso ni siquiera venial caso .

El alivio a su cabeza llego una vez que el timbre toco dando aviso a los alumnos que la hora de almorzar había llegado. Decidió ir a comer con su grupo de amigos, intentaría ir a buscar al Quincy mas tarde si no llegaba a la escuela. Mientras orihime buscaba su almuerzo, también preocupada por su amiga decidió preguntarle mas tarde al shinigami si la acompañaba e buscarla así tendría una escusa para estar un rato a solas con el sustituto.

Apenas desenvolvió su almuerzo y ya tenia parada a su pelinegra amiga Tatsuki parada frente a ella con brazos cerrados mirándola de forma seria. Si bien era del tipo serio orihime sabía perfectamente cuando iba a regañarla o decirle algo de lo que no se había dado cuenta. Y esta era uno de esas veces. La pelinegra agarro la silla que estaba atrás del escritorio del pupitre enfrente de su amiga, acomodándolo de tal forma que quedaba frente a ella.

—Orihime tenemos que hablar— soltó de repente, la pelirroja que hasta entonces había estado sonriendo, borro su sonrisa, intento disimular la preocupación que le causaban las palabras de su amiga y volvió a sonreír.

—Claro Tasuki, de que quieres hablar? es sobre nuevo profesor?.. .por que realmente es aterrador no es así jejeje

—Es sobre Ichigo— eso era algo que a veces le gustaba de Tasuki, que era directa no siempre era bueno, como ahora, cuando sabia que rumbo tomaría la conversación.

—Que tiene Kurosaki-kun? — se hizo la desentendida

—Cuando planeas decirle lo que sientes por el?

—…— la ojigris guardo silencio, ya le había confesado sus sentimientos a Kurosaki, peor este había estado inconsciente, preguntándole a cualquier persona le abrían dicho que eso no tenia ningún sentido, el chiste de una confesión era que tus sentimientos llegaran a la otra persona.

—Yo no creo que seas indiferente para Ichigo, tienes oportunidad, pero no pareces querer aprovecharla.

—para mi…con que Kurosaki-kun sea feliz, yo también lo seré

—No intentes consolarte con eso! Por que a pesar de quererlo tanto no haces nada por luchar por el? Que no vez que alguien podría llevárselo lejos de ti? No te sentirías mal de ni siquiera haberlo intentado?

—Ne, Tatsuki …sabes… yo amo mucho a Kurosaki-kun—La pelirroja sonrió tristemente— Pero…sabes… a veces creo que ese cariño que tengo por el me hace una horrible persona—confeso intentando aguantar sus lagrimas— Hace tiempo yo estaba celosa de Kuchiki-san, ella es hermosa, fuerte, pode hacer feliz a cualquier persona que ella desee, cuando la veía en la escuela no pensaba mucho en esas cosas, pero al llegar a casa y estar sola… no podía evitar pensar en lo mucho que odiaba Kuchiki-san por que ella tenia lo que yo no, la atención de Kurosaki, su tiempo, todo…

—…— la pelinegra permaneció callada entendiendo los sentimientos de su amiga

—Mentiría, si no dijera que me alivio cuando ella se fue por un tiempo, por que pude consolar a Kurosaki-kun, acercarme a el, ver que lo que había entre Kuchiki-san y el no era mas que una simple amistad… tu dices que no lo intento, pero si lo hago… a mi manera, cada día intento llamar su atención, soy la primera en saludarlo todos los días, a veces le llevo pan a su casa, cepillo mi cabello todo los días con la esperanza que el me diga que esta bonito, incluso invento cualquier escusa para quedarme un rato mas con el… pero mis sentimientos no lo tocan ni un poquito…

—Entonces debes intentar con mas fuerza, si ya viste que las acciones no le llegan, dile con tus palabras… tu también lo has visto no es así? —la pelirroja la miro un poco confundida y la pelinegra suspiro cansada— Orihime, yo se que Ishida-kun es una amiga muy querida para ti, pero tienes que abrir los ojos, tienes que ver como mira a Ichigo

—Ryuu-chan?...no creo que ella…

—Tu lo viste en la playa no es así, se que Ichigo es amable con todos pero sabemos que Ishida es borde con todos, el que aceptara jugar con Ichigo no te dice nada?— la pelirroja se mantuvo callada.

No es que no lo hubiera notado, es que no quería verlo. Ishida era lo que siempre había deseado en una mejor amiga, Tatsuki si era su mejor amigo pero era tan fraternal que parecía mas su madre que su amiga e Ishida no, ella la escuchaba sin regañarla, le aconsejaba como solo un cerebrito sin vida social lo haría, a diferencia de los demás no solo se sentía protegida por la ojiazul si no que se sentía capaz de protegerla, podía jugar con ella, hablarle horas de Kurosaki-kun sin hartarle, incluso comía su comida sin siquiera gustarle y alagarle por lo deliciosa que estaba aunque no fuera cierto.

—Realmente quieres rendirte así nada mas

—Yo…

—Piénsalo bien, yo se que puedes hacer feliz a Ichigo, la única que falta que lo crea eres tu— finalizo la pelinegra dejando a una pensativa Orihime con la mente llena de dudas.

La hora del almuerzo termino, dando inicio a la cuarta hora y ni luces del Quincy, no fue si no hasta la mitad de esta cuarta hora que la puerta se abrió, dejando ver como paso a paso la pelinegra entraba al salón. No tenia un buen color estaba mas pálida de lo usual si es que eso era posible, se veía su delgadas piernas temblar incesantes a cada paso, estaba un poco encorvado pues el dolor no le dejaba erguirse, para su muy lento andar apenas uno metro de haber entrado a la puerta. Miro a sus compañeros que la veían con pánico como si temieran que una extraña maldición se apoderada de su cuerpo, luego miro al pizarrón, un extraño sujeto estaba parado ahí mirándolo, sonriéndole de forma escalofriante.

A pesar de su malestar, se tomo el tiempo para analizar al sujeto, peli azul, ojos amarillos, sonrisa siniestra, guapo, bata de laboratorio, no había dudas, en especial con el nombre de kurotsuchi escrito todavía en el pizarrón. Los pequeños paso que había logrado dar hasta entonces los volvió a retroceder y mas rápido de lo que los avanzo, con miedo levanto su mano y señalo acusadoramente al peli azul.

—Que demonios haces aquí? — Grito a todo pulmón, no se podían ver sus ojos solo el reflejo que daban los mismos

—Realizo un trabajo como docente — respondió el maestro, todos sus compañeros habían desencajado la cara ante la osadía del ojiazul pues el tipo ahora tenia una sonrisa peor que con la que se había presentado.

—Eso no te lo crees ni tu, déjame decirte de una vez que si planeas algo malo puede irte a la… —antes de que pudiera terminar de hablar, y una mano se coloco firmemente en su cabeza obligándolo a hacer una reverencia.

—Lamento el comportamiento de mi inútil vicepresidente de consejo, por favor no lo juzgue mal — hablo rio haciendo una reverencia a lado de Ishida. La ojiazul no necesito mas para entender que la había regado así que permaneció callado

—No hay problema solo vayan a su lugar— su voz hizo un eco sepulcral, haciendo que cada uno de los alumnos tuviera un escalofrió. Las chicas obedecieron y se sentaron en sus respectivos lugares.

La tarde paso sin mas intervenciones, de vez en cuando el nuevo sensei preguntaba a Ishida para ponerle a prueba y este le respondía sin dudar, peor también sin muchas ganas, a pesar de la pastilla que su padre le había dado en la mañana el dolor no cesaba. De hecho era la razón por la cual no hubiera llegado temprano.

Ryuken había llegado de la farmacia con un monto de extrañas y curiosas cajitas. Leyendo bien todos los empaques se había dado cuenta que todas eran productos o bien tampones o toallas sanitarias. Tanto el como el peliblanco no tenían ni la más mínima idea de que era mejor. Optaron por la toalla pues no se veía nada tentador tener ese pequeño aparatito dentro de aquella parte, leyeron las instrucciones de uso y Uryuu se encargo de ponerla como creía que se ponía.

A pesar de tener todo aparentemente listo, el Ishida menor apenas y podía salir del baño, por un momento se sintió tentado a quedarse sentado ahí todo el aire hasta que saliera todo lo que tuviera que salir. Pero las palabras de Ryuken eran ciertas "no podía detener su vida solo por un cosa de nada" así que decidido salió hacia la escuela, pero a medio camino decidió regresarse pues, empezó asentir un extraño bochorno, al no estar Ryuken se sintió en la libertad de volver a bañarse y estar en el baño media hora mas. Al considerarse listo partió la escuela con su uniforme habitual, pero sin suéter o saco ya sentía bastante calor como para sumarle los abrigos.

Con esfuerzos sobre humano había llagado a la escuela, el dolor apenas lo había dejado caminar y hecho de sentir la sangre bajar no ayudaba en lo más mínimo, como pudo subió las escaleras haciendo paradas cada vez que la sangre fluía. Y después había llegado al salón, ese había sido su día sin más.

Pasaron la sexta, la séptima y la octava hora, por fin su aquel largo día había acabado. Todos salieron prácticamente corriendo del salón, ya no querían pasar mas segundos de los necesarios con aquel nuevo sensei tan escalofriante. Quedaron únicamente algunos retrasados entre ellos una orihime que guardaba lentamente sus cosas y un Kurosaki que iba hacia al salida del salón hasta que fue interceptado por la pelirroja.

—Kurosaki-kun vayamos juntos a casa— ofreció algo apenada la ojigris

—claro, por que no? — había sido la respuesta del peli naranja— te veo en la puerta tengo algo que hacer— le sonrió y se dirigió hacia donde Ishida aun se encontraba sentado en su banca.

La pelirroja vio, la dirección del shinigami y sintió una presión en el corazón, no podía decir mucho, no estaba segura de nada, lo mas inequívoco era que el sustituto estuviera preocupado al no ver al Quincy durante sus primeras horas de escuela, ella misma lo estaba. Además así era Kurosaki tan amable y tan atento, decidió no darle mucha importancia y caminar hacia la salida para esperar al peli naranja. A ella le siguió el sensei que miro por última vez a sus dos únicos alumnos que quedaban en el salón y sonreír perversamente.

—Y que te paso, estaba preocupado— soltó sin pensar el Quincy lo miro sonrosado

—Nada… ralamente, solo…una pequeña… discusión…—Dijo pausando intentando controlar el sonrojo que iba en aumento.

—Oe te sientes bien? — pregunto notando el pálido color del Quincy que contrastaba mucho con el color rojo de sus mejillas. El chico medio asintió escondiendo sus ojos con el largo de su cabello y empanzando a temblar ligeramente. —Ishida? — intento llamarle pero este no volteo, decidió esconderse mas en su cabello, atento a todo en el, el sustituto logro escuchar los pequeños gimoteos que empezaba a soltar el ojiazul. —Oye…n…no…no creo que sea para tanto….so..solo discutieron…no? — el shinigami no sabia muy bien que hacer, volteo hacia todos lados buscando apoyo de personas que ya no se encontraban ahí.

—Va…vamos… si te corrió…aun puedes…ir a la casa de orihime…o …a la mía…—consoló, dándole pequeños golpecitos en la espalda

—No... es… eso— se medio escucho la voz del pelinegro tratando de reprimir el llanto.

—E…e...entonces? — la chica volteo a verlo por primera vez, tenia los ojos llorosos y estaba algo sonrojada por la vergüenza, no sabia muy bien que decir asi que dejo su boca entreabierta aun buscando las palabras adecuadas.

Ante la tentadora imagen el corazón de Kurosaki empezó a latir como loco, sentía que en cualquier momento le iba a dar un infarto y estaba mas preocupado por no saber como consolar al Quincy.

—Si no me dices el problema no podre ayudarte— hablo con voz tranquila colocando su mano en la pequeña cabeza del Quincy acariciándola para darle confort. Ishida solo enrojeció mas pero adquirió un poco de valor y con su voz aun cortada por las ganas de llorar respondió.

—C…cuando…una..mujer…ciclo…descamación…blastocito…—hablo entrecortado limpiando las lagrimas que se asomaban se sus ojos azules. La cara de Kurosaki era un poema, no había entendí absolutamente nada, solo tubo que ver su cara para comprender que tenia que repetirlo en términos mas simples.

Con su mano le pidió al shinigami que se acercara, para contarle su pequeño secreto. Este obedeció y se agacho hasta que su oreja quedo a la altura de la boca del Quincy, pudo sentir su cálido aliento colarse por su oído provocándole un insólito escalofrió. El ojiazul comenzó a hablar, el sustituto, a cada palabra solo se sonrojaba mas y mas al igual que la chica que no sabia ni donde esconderse. Una vez terminado de hablar Kurosaki tomo su antigua posición y miro sonrojado a otro lado mientras la arquera escondía su rostro entre sus manos.

—Hubieras…empezado por ahí…—hablo después de unos segundos el shinigami. —Ti...Tienes un suéter o algo ¿— el Quincy negó escondiendo su cabeza, Ichigo suspiro, tenia que ser así de idiota el ojiazul— Vale...levántate…—Ishida le miro asustado, el tipo estaba loco? —No me mires de esa forma, solo, has lo que te digo…

No muy convencido el arquero obedeció, se levanto de su lugar parándose enfrente de Kurosaki, ya era suficientemente vergonzoso contarle su problema, menos quería que lo viera, se acomodo la falda de la parte trasera sintiendo en el proceso la humedad que había causando la mancha, sus mejillas tomaron nuevamente el color rojo. Miro al sustituto un rato esperando que hiciera algo, este se quito su saco escolar, lo agarro de las mangas y lo paso alrededor de la delgada cintura del pelinegro, haciendo que la parte del torso cubriera el trasero del Quincy, amarro sus mangas adelantes y se alejo un poco para admirar su trabajo (ósea le amarro el saco en al cintura - w-).

—Al menos así… no se vera la mancha hasta que llegues a tu casa— finalizo el peli naranja rascando su mejilla mientras veía a otro lado.

Caminaron juntos hasta la salida del edifico donde orihime estaba esperando al sustituto, las miradas de ambas se chocaron, azul contra gris, con la misma tristeza que sentían de verse una a la otra a lado de Kurosaki.

—Ya me..voy— aviso el ojiazul mientras se alejaba paso a pasito.

—Podrás llegar solo? — pregunto un poco preocupado el sustituto, Ishida volteo a verlo, pero solo encontró la mirada desesperada de la peli naranja por que se fuera de ahí, para dejarle tiempo con el shinigami, eso lo frustro.

—Claro que si shinigami, con quien crees que hablas? — alardeo a pesar de lo pálido que estaba—Por cierto… toma— se acerco al shinigami y le dio un bento, bueno casi se lo aventó. — Te dije que te daría un postre por los problemas que te cause… e s un pastel entero por que…no te lo había podido dar…no...no es la gran cosa, de…de hecho lo compre… pero… cómelo y se agradecido — sentencio subiendo sus lentes intentando ocultar su nerviosismo detrás de eso— Me voy— se despidió siguiendo su camino.

A pesar de que su orgullo era lo único que lo mantenía en pie, cualquiera se hubiera dado cuenta que estaba mal al verlo caminar tan despacito y encorvado. El sustituto miro el bento y luego a orihime, que lo recibió con una sonrisa, luego volvió su vista al ojiazul.

—Esta bien.. si lo dejamos para la otra? — pregunto a su compañera el sustituto.

—C…claro… ve con cuidado Kurosaki-kun— El peli naranja asuntito y hecho a correr hacia el pelinegro. La pelirroja solo pudo ver como se iban los dos juntos a lo lejos y por fin pudo entenderlo, lo entendió del todo al ver al sustituto cargar la mochila del ojiazul, al ver como le ayudaba a caminar un poco mas rápido. Sentía celos de Ishida y enojo consigo misma por ser tan inútil, apretando los puños miro mas decidida hacia el horizonte por donde ambos chicos se habían ido —Yo quiero…— susurro la pelirroja para si misma recordando la platica que había tenido con Tatsuki.

—Yo quiero…—negó con su cabeza levemente—Yo peleare por Kurosaki-kun — afirmo decidida