El fin de semana por fin había llegado, la tortura escolar seria solo un recuerdo del pasado por los próximos dos días, todos en karakura, o al menos niños y adolecentes tenían una tarde perfectamente planificada, saliendo, leyendo, o simplemente durmiendo hasta tarde. Los mas "afortunados" tendrían importantes conciertos a los que asistir o citas del plan amoroso; justo como cierto shinigami y Quincy. Fue ese mismo día muy temprano en la mañana, después de que el sol diera por terminada la noche, pero antes sin duda de que alguien considerado "normal", se levantara un sábado; cuando el pelinegro contemplo con cierto horror y con la mitad del armario esparcido sobre su recamara que simplemente no tenia nada que ponerse. Los nervios simplemente no lo habían dejaron dormir, la emoción hacia un hueco tan grande en el estomago que el Quincy juraba que el mismo Grimmjow quedaría opacado ante el.
El chico se sentó en el montón de ropa que el mismo había confeccionado, hurgando entre los conjuntos pensando que quizá algo de ahí podría servirle, sin embargo, no importaba lo lindo o nuevo que estuviera, nada parecía gustarle. Suspiro cansado, tanto de buscar como de su propia actitud negativa, ahora; después de tanto tiempo comprendía la oración "no tengo nada que ponerme", no es que las mujeres no tuvieran en si algo que usar, si no que nada parecía ameritar la ocasión.
Un suspiro mas salió de sus labios, dándose por vencido, al mismo tiempo que su padre irrumpía en el cuarto, no le intereso moverse simplemente lo observo desde su cómodo lugar en al piso.
—Es acaso un berrinche de una chica de tu edad, o simplemente te has vuelto desordenado? —los fríos ojos azules se ocultaron detrás del reflejo de sus lentes.
—Lo limpiare en cuando termine— se defendió el pelinegro, el albino solo negó con la cabeza, refiriéndose a la reprobatoria actitud holgazán de la chica frente a el. Entro en el cuarto invadiendo la privacidad que la puerta le otorgaba al Quincy y se sentó entre los blancos edredones de la cama ya tendida del menor— Se puede saber a que se debe la rabieta de tu mascota esta vez, acaba de destruir el buzón. —el motivo de su visita salió a relucir y esta vez fue el Ishida menor quien escondió sus ojos detrás del un cristal.
—Esta molesto, porque saldré con Kurosaki— declaro la verdad, a medias, tanteando la reacción de su padre, usualmente sabría que de haber mencionado cualquier nombre el simplemente se hubiera dado media vuelta sin mucho interés. Pero la sola pronunciación de la palabra Kurosaki, le tensaba los músculos de la cara, Uryuu sabía que una vez dicha esta palabra, su padre no se quedaría conforme con la conversación inicial.
—Salir? A donde? — el padre miro dominante, preguntando con voz firme incluso aquello que no iba implícito en las preguntas.
—A ningún lugar en especial… solo tendremos una…cita— el volumen de su voz fue bajando a la par que el color de sus mejillas subía a un tono carmín.
Vio a su padre fruncir el seño, mirarlo como si le hubiera dicho una atrocidad para luego suspirar cansado— Me imagino que debe ser todo un duelo para ti, para que dejaras tu habitación como si un tornado hubiera pasado por aquí— recalco lo evidente, toda esa ropa contrastando con el orden que generalmente reinaba en el cuarto del Quincy menor.
— Es que no tengo nada que ponerme— rezongo el pelinegro, aun no creyendo del todo que esas palabras tan carentes de sentido salieran de su boca.
El mayor miro incrédulo el mar de ropa esparcido por el suelo — Si este montón de ropa es "nada", cuantos montones mas tiene que haber para que sea "algo"? — pregunto con cierto sarcasmo el mayor, logrando que el menor frunciera mas el ceño hacia su persona.
—Se que suena estúpido, pero no creo que lo comprendas aunque te lo explique— Refunfuño la chica subiendo el puente de sus lentes, sonrojado e incomodo.
—Hay pocas cosas que yo no puedo comprender, así que inténtalo— apresuro un poco exasperado por la actitud tosca de su hijo, pero intento ser paciente. Sacarlo a la practica después de tantos años de ausencia paterna le haría bien.
Ishida menor resoplo con una curiosa trompetilla, esto se ponía cada vez mas incomodo, nunca imagino que se vería a si mismo deseando que Ryuken fuera desatento y un poco hostil con el – como solía serlo- Un poco a regañadientes fue junto a el a la cama, ninguno quiso decir la primera palabra, después de todo habían sido años de total abandono de ambas partes, pero incluso ante el leve escepticismo de uryuu el realmente quería que su padre le prestara atención.
—Solo quería verme bien para Ichigo— confeso después de mucho pensar en sus palabras, sonrojado poso su mirada su padre que le miraba impávido.
El mayor con el mismo tic de ansiedad que mostraba su retoño, subió sus lentes y suspiro sonoramente por segunda ocasión, quizá, no debió preguntar. Se levanto de su lugar de forma calmada y camino hacia la puerta, Ishida que para ese entonces se sentía por demás ridículo se sorprendió cuando su padre se detuvo en el arco y señalo el pasillo con su dedo pulgar — Sígueme.
El menor tardo un poco en reaccionar y para cuando se hubo levantado, el peliblanco ya había recorrido la mitad del pasillo. Se dirigieron a la habitación del mayor, rara era la vez que Ishida entraba en aquel lugar, de pequeño; recordaba, solía hacerlo mucho, iba corriendo con sus pequeños pies hacia su padre pidiéndole que le dejara dormir con el en algún ridículo ataque de miedo propio de un infante. El accedía siempre por mas cansado que estuviera, accedió por meses después de la muerte de su madre y por otros tantos meses por la muerte de su abuelo. Lo hacia sentirse menos solo.
Rememoro el recuerdo con nitidez, tratando de contener el impulso de lanzarse a la enorme cama matrimonial, del lado izquierdo, donde solía dormir su madre, quería comprobar si aquella fragancia a sándalo seguía ahí.
El mayor lo trajo de vuelta con el ruido tajante de las cajas apilándose una tras otra en el suelo. Las sacaba de lo mas profundo una tras otra y no se detuvo hasta dar con un pequeño baúl de madera. El cofre solo era un poco mas grande que una caja de zapatos, a pesar del tiempo el barniz color caoba brillaba como si fuese nuevo bajo los débiles rayos del sol que atravesaban la ventana. Los remaches cobre estaba oxidados pero solo le daban cierta elegancia al estilo vintage.
Se lo ofreció al menor y este lo tomo como si la madera pusiese convertirse en cristal de repente. Lo llevo despacio a la cama, permitiendo que el peliblanco pusiera en orden todas las cajas que había sacado de su lugar, lo deposito suave en la cama, dándose cuenta que el nombre de su madre estaba tallado en la tapa. "Kanae" relucía en letra cursiva, algo su mente le impidió abrirlo, quería ver un poco mas aquel nombre, hace tanto que nadie lo mencionaba en esa casa que por un momento sintió que lo había olvidado.
Ryuken cerró el armario y se paro detrás de el —Ábrelo— ordeno sin brusquedad, el pelinegro lo hizo.
Tan rápido como miro dentro, regreso su vista a su progenitor, este solo se limito a explicar mientras Ishida sacaba con delicadeza el regalo que su padre le daba— Tu madre lo llevo en nuestra primera cita, ella estaba nerviosa y me llamo de último minuto para decir que no tenía algo digno que ponerse para aquella ocasión, a pesar de que le dije que lo que usara iría bien ella se negó a salir de su habitación.
El chico escucho atento, el peliblanco jamás hablaba de su madre era como un tabú, y mucho mas lo era la relación afectiva que había tenido con ella. — Aunque pensé que era ridículo lo que estaba haciendo, algo en mi cabeza me dijo que tenia que arreglarlo, tome prestado el coche de mi padre y entre a la primera tienda de ropa que encontré, le dije a la empleada " deme el vestido más bonito que tenga y hágalo rápido" la empleada mas que ofendida parecía sorprendida, y solo se limito a hacerme una pregunta "de que color?" la respuesta fue algo brusca pero no lo dude mucho, lo pedí blanco, siempre creí que era el color que representaba a tu madre y aunque suene extraño viniendo de mi, creo que también va contigo, póntelo estoy seguro que de haber sido una chica tu madre era tan sentimental que te lo hubiera dado para tu primera cita.
El pelinegro aun sin palabras observo a Ryuken minuciosamente, estaba seguro de que jamás lo había escuchado hablar tanto, hablar de su madre, hablar de que alguna vez la amo. Se relajo un poco abrazando la prenda blanca olía tal y como la recordaba a sándalo y calor maternal, sonrió sin poder evitarlo y miro por ultima vez a Ryuken antes de salir del cuarto — Gracias papá.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
El centro siempre era muy concurrido, esta no era la excepción, y ahora, siendo un sábado a medio día el estar cerca de tanta gente podría parecer sofocante. La enorme plaza; estaba llena de familias que se dirigían al cine, bancas con parejas que se llenaban de arrumacos, técnicamente no había zona adoquinada que no hubiera sido pisada ya ese día.
Ichigo miro una vez mas entre la gente, buscando, sintiéndose cada vez mas nervioso ante la hipotética teoría de que el pelinegro pudiera dejarlo plantado anqué el hubiese llegado mas temprano. Y es que, los minutos corrían mas lento que una tortuga con pereza.
Decidió relajarse, soltó el aire contenido y camino un poco para perder el tiempo, miro las tiendas que circundaban la plaza, sin prestar realmente atención a lo que llenaba las vitrinas por mas grande o brillante que fuese. Apenas avanzo por cinco tiendas cuando regreso sobre sus pasos, acomodándose el rebelde cabello naranja y la chamarra negra a detalles blancos que compro exclusivamente para ese día.
Aun podía recordar las burlas de Karin (como desaprovechar la oportunidad) la siempre tierna curiosidad de su hermana Yuzu (comprensible, pues era la primera vez que Ichigo mostraba interés por el tema amoroso) y su fastidioso padre felicitándole por convertirse en un hombre mientras metía una tira de condones en su chaqueta.
—Ese maldito viejo— susurro rencoroso el peli naranja arrugando la tira plástica en la bolsa de su chaqueta.
—Quien?
No podría decir que no se sorprendió cuando lo vio, las sensaciones se acumularon simultáneamente en su cuerpo dejándolo descolocado, fue como un pinchazo, su corazón corrió desbocado y aun así sentía que fuera a pararse en cualquier momento, sintió que sus piernas le fallaban sin embargo permanecía firme en e l piso, en su corta vida había sentido tremenda emoción, la inquietud o las ganas ansiosas de estrechar a alguien en sus brazos ni siquiera a sus hermanas y eso que solo había visto sus ojos.
La joven le sonrió algo tímida haciendo hacia atrás el cabello que caía hacia el frente con facilidad debido al nuevo corte. Ichigo la volvió a mirar esta vez toda ella. Vestía un vestido blanco largo hasta las rodillas, con encaje enmarcando el escote redondo y formando los tirantes, llevaba una cinta azul claro formando un pequeño moño en el costado lateral derecho que el de ojos cafés podía asegurar y casi jurar que era el toque personal de Ishida, no se podría apreciar pero pequeñas flores perladas yacían estampadas por todo el tejido, como acompañamiento traía puesto un delgado suéter blanco que combinaban con las pequeñas flores del vestido y sus zapatos bajos.
—wow! — Se veía de lo mejor y el shinigami no tenia reparo alguno en decirlo—Es… te ves… quiero decir… estas muy bien— termino por comentar mientras trataba disimuladamente de no sonrojarse
—G…gracias tu también te vez bien— respondió de igual forma que el sustituto y no mentía. Kurosaki siempre había tenido una aire de masculinidad marcado, atractivo y esa no era una excepción. Aun con los jeans de mezclilla (Ishida supuso nuevos por el tejido), la camisa negra (también nueva), la sudadera gris (quizá no nueva pero si algo cercano) y la chamarra negra (eso resaltaba a luces que era nuevo), se veía bien, le daban un toque informal pero eso si, jamás desarreglado.
Ambos se quedaron en silencio, sintiéndose tontos e incapaces de romper el silencio que habían formado. Fue Ichigo que metiendo las manos en uno de los bolsillos de su chamarra hablo primero sacando de ella una pequeña bolsita en color azul—Yuzu dijo que debería traerte algo, por… la cita— susurrando la ultima palabra, como si decirla fuese un pecado— Pensé que te quedarían bien
El pelinegro recibió el pequeño regalo, sintiendo una repentina y desbordante felicidad que le hizo sonreír en forma de agradecimiento, Ichigo pensó entonces que debería hacerlo mas seguido, la sonrisa borraba todo ápice de amargura que acostumbraba tener permanentemente el Quincy .
De la bolsita saco un par de pasadores metálicos en cuyos extremos destacaba una pequeña cruz de plata, los miro y luego volteo sus ojos al shinigami que esperaba atento alguna reacción de su parte. Eran hermoso no podría negarlo y que le regalase algo lo alegraba pero el recuerdo de que era algo que la pelirroja solía usar lo lleno de inseguridad.
El peli naranja tomo entonces los pasadores y con una suave caricia tomo el cabello que caía por el ojo izquierdo del Quincy y lo llevo detrás de su oreja colocado ambos pasadores de ese lado no sin antes aprovechar la situación para recorrer de forma tierna la mejilla de la chica.
—Siempre estas haciéndote el cabello hacia atrás durante las clases, pensé que te estorbaba y por eso los compre para ti— se explico el shinigami mirando hacia otro lado una vez terminada su tarea. El Quincy lo imito; así que Ichigo lo miraba durante las clases, se dijo sintiéndose cada vez repentinamente feliz y eso que apenas iniciaba la cita.
—Entonces… nos vamos? —pregunto el sustituto volviendo su mirada hacia el.
—Si— asintió también con su cabeza y comenzó a andar junto al mas alto. —A dónde iremos? —curioseo el ojiazul.
—Bueno... — dudo en responder, le había dado tantas vueltas a la situación que incluso sus hermanas decidieron el lugar por el en un arranque de desesperación. —... Al acuario... —susurro pesimista, sabia de antemano que era un mal lugar pero sus hermanas y Rukia dijeron que seria perfecto.
—Acuario? — Uryuu miro a Ichigo desconcertado, entonces el sustituto entendió (o quiso entender) que no era una buena idea, ¿por que no se le ocurrió algo mas común? —Hay un acuario en karakura? — el chico volvió a mirarlo incrédulo.
Ichigo soltó la respiración, eso había sido un alivio al menos no pensaba que la idea era ridícula -Esta a las afueras de la ciudad cerca de la playa— explico el chico, el de lentes trato de hacer memoria, pero no recordaba haber ido nunca antes a aquel lugar, aunque, tampoco es que como si saliese mucho de casa, además el había empezado a conocer lugares poco después de conocer a Ichigo y sus amigos. —Te gustara — le aseguro el peli naranja con su nuevo deje de confianza recién adquirido mientras guiaba a su acompañante a la estación, definitivamente, no volvería a menospreciar a sus hermanas.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Tomo al menos media hora llegar y en cuanto puso un pie fuera del autobús y miro por primera vez el lugar no pudo hacer otra cosa que quedar encantado. El edificio estaba hecho completamente de cristal en un tono verde oscuro que formaban una estructura amorfa, pero bien estructurada, hermosa a simple vista, que con otras edificaciones formaban un conjunto de pequeños domos dándole la representación de una chica ciudadela, la entrada estaba formada por un hermoso jardín en donde se alzaban flores tropicales de todos los colores, estas daban hacia dos enormes arcos que se cruzaban entre si con la apariencia de dos delfines.
—Entremos— sugirió el shinigami satisfecho con la creciente emoción que mostraba el Quincy.
Ishida no recrimino la oferta, se dejo capitanear por el shinigami que lo llevo dentro del lugar, que si por fuera era imponente por dentro lo era todavía mas. En lo que parecía ser un edificio de cristal estaba instalado un museo, lleno de esqueletos marinos; laminas y fotografías acerca del impacto ecológico, de los ecosistemas, de los animales marinos que habían vivido miles de años atrás, salas; ambientadas por completo en donde replicas de animales flotaban por todos lados dando una sensación de tranquilidad que solamente puede tener estando en el fondo del mar, la que más le había llamado la atención era aquella estrella de mar rosada que parecia estar adherida a la pared de cristal y cuya única compañía era un cangrejo ermitaño con un caparazón por el cual fácilmente podría caber hasta Sado.
—Ven por aquí— pasaron de largo el museo, llegando hasta el final de la habitación donde tres salidas les esperaban. Todas ellas sin iluminación alguna por lo que Ishida no podía ver más allá de la obscuridad. —Elige una—ordeno amablemente el peli naranja dejando que el pelinegro diera el primer paso a una de las tres entradas al negro que parecía infinito.
Uryuu avanzo no muy convencido hasta la puerta de en medio, parándose justo debajo de ella intentando ver algo pero le era imposible. La repentina indecisión del menor fue confundida por miedo por el sustituto, que en un impulso tomo la mano de su acompañante y la enlazo con la propia. Los ojos de Ishida se abrieron grande por la repentina acción, viéndose incapaz de mirar a su izquierda donde se encontraba su acompañante, mientras era jalado a la oscuridad, preguntándose como es que una sola persona podía ocasionar tanto caos en su cuerpo.
Poco a poco el camino se fue iluminando dando a conocer los primeros vestigios de un mágico pasillo que se curveaba hacia la izquierda. La luz, se notaba verdosa al principio, con pequeñas sombras obscuras moviéndose alrededor, sin embargo, con forme iba avanzando y la luz se tornaba mas clara, ahora azul, daba paso a las sobras adquirieron formas y colores de todos los tipos.
Ishida, dejo de concentrarse en el calor de la mano de Ichigo que aun sostenía la suya, permitiendo asombrarse una tercera vez ahora que podía verlo mejor. Estaban en un largo pasillo, un túnel, cuyas paredes y techo no eran mas que una enorme pecera que se extendía mas allá de su vista con un tono azul profundo característico del agua. Las formas, ahora eran representadas por peces de varios tamaños, cada uno con un color bonito y llamativo.
Le soltó la mano y se acerco hasta donde el barandal le permitió, sintiendo de improviso la enorme necesidad de tomar el vidrio con la yema de sus dedos como si así fuese capas de sentir el agua, el tacto frio y relajante que proporcionaba, como si asi pudiese fundirse con ella para poder ser capaz de sentir a todos esos pequeños animales nadando en ella.
Ichigo avanzo hacia su lado, justo en el momento que un banco de peces mariposa, hacía gala de sus colores -algunos completamente de un amarillo brillante, otro rayados y uno que otro con manchas azules en su ojos que solo resaltaban su color original- todos ellos nadando entre las algas y el coral.
—Son muy bonitos— comento el Quincy siguiendo al conjunto de peces con la mirada.
—Es el recorrido de los peces tropicales, es el favorito de Yuzu— siguió la conversación el shinigami perdiendo la vista en el agua donde Ishida la tenia, en donde los peces de diferentes especies convivían, cada uno con sus características únicas.
—Cuantas veces habías venido a este lugar? — pregunto curioso el Quincy
—Solo dos, una cuando mi madre aun vivía y otra con mis hermanas, antes de entrar al instituto— explico caminando por el pasillo— No te quedes ahí, tienes todo el mar para ver— Ichigo sonrió de forma cálida, una de esas sonrisas que le iluminaban el rostro y lo hacían ver mas joven y guapo de lo que solía ser, Ishida dio gracias por tener en sus manos el barandal pues sus rodillas estaban empezando a fallarle.
Le siguió admirando junto a el las maravillas del océano, platicando a ratos sobre su familia incluso de la sociedad de almas, de los extraños hobbies del pelinegro y banalidades sin sentido que sacaba el sustituto de repente –ciertamente Ishida no creía que debatir acerca de por que los peces payasos no deberían aparecer en películas infantiles tuviera mucha relevancia en el mundo-
Caminaron por un buen tiempo, perdiéndose entre los pasillos del mar, recorriendo la sección del mediterráneo donde los colores de los peces se volvían mas terrosos; la sección de la Antártida donde pingüinos y los tiburones boreales, peleaban por el salmón blanco con el que compartían habitad; la sala de los tiburones donde como su nombre lo indicaba, convivían todas las diferentes especies de tiburones, el ojiazul rezaba por que los vidrios no se rompieran y aquellos seres terminaran comiéndose su cabeza o la del sustituto, aunque Ichigo aseguraba que Karin le había dicho que no eran tan agresivos como todos especulaban.
Un recinto mas fue el de las profundidades, un lugar donde la iluminación era escasa, incluso mas clara que una vela que esta apunto de apagarse. Quizá un poco terrorífica, pero igual de hermosa, donde lo peces ofrecían la luz que faltaba pues todos tenían elementos fluorescentes o brillantes en sus cuerpos, aunque, debían admitirlo no eran exactamente bonitos; iban desde un clásico jonhsonii, con su lámpara brillando en lo alto de su cabeza; pasando por un martensia, un extraño animal parecido a una medusa; hasta un muy extraño pez bioluminicente que asemejaban a las lámparas chinas. Si le preguntaban, Ichigo había adquirido un reciente gusto por ella pues el pelinegro no había dejado de sostener su brazo por la expectación que tenia.
Fue hasta el final que pararon a comer, en un restauran propiedad del acuario en donde se mostraba una cúpula mas grande con varios peces, manta rayas, tiburones pequeños y para sorpresa de ambos (pues Ichigo no recordaba que eso estuviese la última vez que lo visito) una pequeña familia de ballenas; mancho, hembra y su cría; nadando en circunferencia del domo. Deleitando a los turistas que comían justo en el centro de la sala.
—Nunca imagine que comería en el fondo del mar— expresó felizmente el ojiazul — Es una experiencia agradable— siguió mientras tomaba un poco del té que había pedido
Ichigo presto atención a la sonrisa de su acompañante, a pesar de que la sensación de sentirlo cerca le revolvía el estomago de forma agradable no dejaba de comer — Si, es agradable— repitió Ichigo sin mucha voz mirándolo fijamente.
El sentirse observado le resultaba incomodo, pero peor era sostenerle la mirada, le resultaba casi imposible. Pese a todo lo intento, el azul y el café chocaron, sintiendo un leve escalofrió y batiente de vergüenza que sonroso las mejillas de ambos. Kurosaki sin despegar la vista de aquel azul (el azul mas hermoso del que habían contemplado cabe aclarar) tomo por sobre la mesa la mano del Quincy, acariciándola lentamente con la punta de sus dedos; como le gustaban esas manos, finas, delicadas tan suaves y cálidas que le removían un "algo" en el pecho, tan encantador que pensar en soltarlas le resultaba caótico. Lo único que le impedía acercarse a los labios del pelinegro era la mesa de cristal negro entre ellos.
Ishida se sintió repentinamente sobre pasado por las emociones que recorrían el momento, sintió miedo y eso le hizo alejar su mano de la de su compañero quien le miro con una mezcla de desaprobación y desilusión— S…s… será mejor que sigamos— recomendó levantándose de la mesa, tratando de recobrar su compostura habitual. El shinigami se levanto a regañadientes, era mejor continuar al menos esperaba otra oportunidad para poder rosar su mano.
El paseo siguió hacia un escenario para un pequeño espectáculo de delfines al aire libre -solo hasta ese momento ambos jóvenes notaron que el frio empezaba a hacerse mas evidente, llevando consigo nubes grises que empezaron a tapar el sol, llovería, sin duda. Y termino con una visita muy rápida a la tienda de recuerdos, demasiado concurrida para llevar algo.
Para su fortuna, empezó a llover poco después de que subieran al bus, tal aguacero que incluso el sonido de las gotas cayendo era mas fuerte que el del propio trasporte. Y pese a que estuvieron dentro de el por aproximadamente media hora, no dejo de llover y ambos tuvieron que salir corriendo en su parada para refugiarse a uno de los techos de los diferentes locales que había.
—De donde diablos salió este diluvio?! Es primavera maldición!— pregunto sarcástico y molesto el sustituto, ahora estaban empapados
— No lo sé, pero parece que no acabara pronto — contesto Ishida frotándose los hombros con sus manos mientras se abrazaba a si mismo tratado de darse calor.
El sustituto, en una rápida repuesta se quito la chamarra que llevaba con el y la puso sobre los hombros de Ishida, frotando sobre la tela para regalarle un poco de ese calor que intentaba darse solo. Fue en aquel momento, cuando accidentalmente noto como el agua había hecho estragos en el vestido de la ahora chica, pegándose a su piel y trasparentando el bra en color azul cielo sobre la tela mojada. Trago en seco, sonrojándose mientras recordaba las noches de sueños eróticos que el Quincy le había provocado. Se alejo rápidamente, asustado de su propia reacción cuando su "amiguito" trato de salir a jugar.
—S…será mejor que te lleve a casa, antes de que te enfermes— se ofreció el peli naranja tratando de no mirarle a los ojos.
Pero Ishida, se sintió ligeramente decepcionado, ¿la cita habría acabado ya? Por que el no estaba dispuesto a terminarla, llevaba tanto tiempo deseando estar de aquella forma con el sustituto que no quería que el recuerdo fuese tan corto, no; el quería mas, mucho mas. —Mi…casa queda muy lejos— hablo inseguro, dudando que lo que se proponía hacer fuera lo correcto —Llegaríamos en treinta minutos… no esta tu casa mas cerca? —
En el frio, el menor podía sentir incluso con mas claridad el calor reunirse en sus mejillas y apreciando a detalle como iba en aumento cuando el de ojos castaños asintió ofreciéndole de nueva cuenta su mano en un silencioso consentimiento a su invitación implícita.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Siete minutos, habían corrido por menos de diez minutos y al llegar a casa de peli naranja estaban escurriendo de agua. El sustituto actuó rápido, subiendo al Quincy a su habitación y buscando unas cuantas toallas para ambos, las saco del armario notando que Rukia no estaba al igual que sus hermanas y su papá, esos cuatro seguro que habían hecho eso a propósito esperando seguramente que el y su cita disfrutaran un momento a solas, ese pensamiento lo hizo sonrojar nuevamente.
Sacudió su cabeza tratando de alejar los impuros pensamientos, mejor apresuro el paso hacia el Quincy para cubrirlo con una de las toallas cubriéndolo del frio —Sécate bien o te enfermaras— advirtió el sustituto secándose el mismo con otra toalla.
Le miro de reojo, le gustaba como las gotas de agua resbalaban desde su cabello acariciando sutilmente su rostro, algunas en sus labios y otras más atrevidas bajan el recorrido hasta perderse en el escote del vestido, estaba agitada, igual que el pues su pecho se contraía en busca de aire por haber corrido tanto tan de repente y sonrojado, supuso por el frio todo en conjunto se le estaba antojando una imagen muy sensual.
Se acerco inconscientemente hasta estar de cerca, para cuando se dio cuenta de lo que hacia la toalla del Quincy había caído al piso y este le miraba expectante. No hubo rechazo alguno de su parte y aunque lo hubiese rechazado continuaría por que ya no aguantaba mas, necesitaba tocarlo, besarlo, grabarlo en su mente.
Alzo su rostro delicadamente, como si fuese a romperlo, recorriendo un lento camino desde la parte mas alta de su cuello hasta un poco mas arriba de sus mejilla solo para quitarle lo lentes y dejarlos en buro que había cerca de su cama para segundos después volver a colocar su manos en las mejillas rosas del contrario.
Se examinaron mutuamente con una mirada suplicante Ishida, deseando que continuara e Ichigo deseando continuar.
Fue entonces que la toalla de Ichigo le hizo compañía a la del Quincy en el piso, sus caras se fueron acercando, las grandes manos de Ichigo tomaron el control una de su cuello, asegurándose de que no escapara, la otra en su mejilla, haciendo pequeños círculos con su pulgar para mantenerlo relajado. El Quincy cerro los ojos y poco después el sustituto imito su acción.
Un ultimo jalón de parte del shinigami desato en un segundo un sinfín de sensaciones diferentes. Sus labios se unieron inminentemente por segunda vez, esta vez al menos ambos estaban sobrios.
Fue un contacto suave, electrizante, que llevaba consigo un agradable cosquilleo que se hacia sentir por todo su cuerpo. Se separaron un poco, apenas nada solo para poder mirarse nuevamente unos segundos y luego volver a besarse.
Esta vez el beso llevo consigo una oleada de calor abrazador provocando la necesidad de un contacto mas profundo, menos sutil, más salvaje. Ishida abrió sus temblorosos labios cediendo a la pasión del momento, dejando que Kurosaki probara cada rincón de su boca mientras sus manos inquietas se desliaban despacio, recorriendo el camino de la cadera a la espalda del sustituto.
Ichigo sintió las yemas de los dedos subir tímidamente hacia sus omoplatos, sujetando con fuerza y atrayéndolo hacia si, obligándole a gruñir placenteramente dentro de aquel húmedo beso. El también lo probó; dejo a un lado la mejilla del Quincy sin dejar de besarle, escurriendo sus grandes manos por la pequeña cintura del pelinegro, abrazándola por completo, juntándolos mas y ocasionando pequeños pero eróticos roces.
Se separaron una vez más viéndose nuevamente, como si encontrar miradas fuese tan vital como besarse, porque, ¿Quién necesita oxigeno cuando es preferible perderse en el limbo besando a una persona? Ishida definitivamente escogía el limbo, en el abismo de sensaciones que nublaban su juicio. Había besado a Grimmjow antes, sus besos eran sensuales, llenos de promesas lascivas pero sin duda era nada comparado con un beso de la persona que amaba, de la que llevaba años enamorado y con la que hora no podía contenerse.
Un beso mas, otro y otro; todos cortitos tiernos pero calientes, de aquellos que tornaban rojas las mejillas de los dos, esta vez sin cerrar los ojos mientras caminaban de tanto en tanto hasta el borde de la cama. Ishida se sentó suave, dando un último beso antes de que pasara a mas, un beso prolongado y sugestivo. Fue empujado delicadamente por el peso del sustituto, su cuerpo se relajo, se dejo caer, guiado únicamente por las manos del peli naranja que lo sostenían y depositaban con calma en la cama.
—V…Vamos a…?—quizá fuese una pregunta por demás obvia, pero algo en el necesitaba que Ichigo lo asegurara.
—Si…Bueno No…Es decir… solo si tu quieres— respondió apenado. El Quincy sonrió, ahí estaba el shinigami torpe que tanto le gustaba, con su gentileza y abnegación siempre antes de cualquier cosa.
—Si me duele te matare— bromeo serio aunque riendo por dentro.
El shinigami no puedo evitar sonreír, el realmente quería hacerlo también y escuchar una afirmación de Ishida (o algo así) lo había hecho feliz. —Entonces… nos desvestimos o algo así? — el ojiazul ahogo una risa, era de suponerse solo por ser ellos dos, que ninguno sabía a ciencia cierta como dar el primer paso.
Con una sonrisa ligera dedicada al shinigami poso su mano sobre la mejilla del chico —Solo, besemos de nuevo y que pasen las cosas— aconsejo con la mejillas rojas. El peli naranja le sonrió aparentemente de acuerdo, acercándose a el para besarlo de nuevo.
Se dejaron llevar por el instinto, las manos de Ichigo delinearon sutilmente el cuello del Quincy, desde la barbilla hasta el hombro, arrastrando consigo el ligero suéter blanco y húmedo hasta que estuvo fuera de su cuerpo pero apenas Ishida era cociente de aquello con los labios del otro sobre los suyos.
El Quincy hizo lo propio, acariciaba la espalda del mayor, recorriéndola con la punta de sus dedos, disfrutando de la anchura de su espalda, de los músculos marcados que podían sentirse perfectamente duros atreves de la tela, llegando hasta el borde de la camisa y chamarra, colando sus dedos por debajo de estas y sintiendo la piel que estaba caliente a pesar de su ropa fría y mojada.
Ichigo rompió el beso, simplemente para quitarse la parte inferior de la ropa, quería sentir de nuevo las manos de la chica sobre el, sentir el calor que dejaba ahí donde tocaba y que parecía extenderse por todas partes. El Quincy aprovecho para incorporarse, permanecer sentado mientras el sustituto incado sobre si mismo le miraba atento. Y él, valientemente recorrió con sus manos el torso del sustituto. Preguntándose si era permitido que alguien tuviera un cuerpo tan masculino y arrebatador.
Ichigo le abrazo, permitiéndole deleitarse su aroma (una agradable mezcla entre su jabón y su olor natural) mientras el cierre del vestido era bajado y su hombro era llenado de besos. Su pecho se sentía caliente, tantas emociones juntas en un solo día casi le habían echado a perder la razón, pero como mantenerse cuerdo cuando sustituto ocupaba todo sus sentidos en ese intimo momento, desde la vista hasta el tacto todo era Kurosaki.
Sintió el vestido deslizarse, por sus hombros hasta debajo de sus pies, Ichigo estaba siendo delicado, aunque era extraño para el pensar que aquel chico de mirada dura ahora le sostuviera de forma suave, que besara con una dulzura tan impropia de el.
Ahora estaba desnudo, mas bien desnuda enfrente de el, se sentía nervioso con la mirada del sustituto mirándole tan insistentemente, ¿es que era demasiado delgado? ¿Gordo? ¿Pálido? ¿Serian sus brazos? ¿O…
—Hey! deja de espantarte solo— le regaño el shinigami apretándole las mejillas, lo que le faltaba, parecer un pez —No me digas que no, lo tenias escrito en toda la cara— le rebatió antes de que pudiera decir algo—Estaba mirándote por que el conjunto que traes puesto lo elegí yo esa vez— señalo soltando su cara.
El color se apodero de sus mejillas apenas las manos de Ichigo le hubiesen soltado. No hacia tanto de eso, sin embargo esperaba que lo recordara —Solo… es una casualidad— mintió, pero eso Ichigo ya lo sabía.
—Ven aquí— pidió mientras jalaba de la muñeca al Quincy obligándole a sentarse en su regazo, el pelinegro sintió enseguida la dura erección del sustituto chocando contra su vientre saber que fuera el quien provocaba esas reacciones fisiológicas lo hacia feliz, pero eso no disminuía la vergüenza al contacto entre sus partes.
Siguió su trabajo, acariciando los brazos de la chica desde la muñeca hasta los hombros al mismo tiempo que besaba su cuello, justo en el clavícula siguiendo un camino hasta su tráquea. Las manos del sustituto viajaron entre caricias hasta la espalda, los nervios le encorvaron la espalda, las contracciones le retorcían deliciosamente el estomago, el aire se escapo de su boca en forma de un suspiro al sentir tanta conmoción en su cuerpo.
Llego entonces hasta el broche de su sujetador y entre besos en el cuello desabrocho uno a uno los sujetadores. Al final cedieron, dejando que la gravedad llevara levemente sus pechos hacia abajo , las toras de color azul cayeron hacia los lados, dejando una leves marcas rojas que habían ejercido por la presión del peso. Ishida termino por sacarlo dejándolo a un lado.
Ichigo pensó por un momento que a pesar de no ser la primera chica que veía desnuda sin duda era la persona mas hermosa que había podido ver. Sonrió para si pensando que debería grabar esa imagen para siempre, ahí sonrojada, era la dulce persona que a veces ocultaba ser.
La levanto contra el con suavidad y la beso, su aliento era cálido contra sus labios sus manos temblorosas tentaban apenas la piel de sus senos. Sin darse cuenta la fue llevando de nuevo a acostarse rompiendo el beso para hincarse en medio de sus piernas.
El Quincy lo miro tragando saliva; era hermoso, sus ojos , sus labios, su rostro y su cuerpo; el cuerpo que había bocetado centenares de veces para hacer sus diseños. Tendió la mano para acariciarlo, pasando los dedos con suavidad entre los músculos planos y duros de su estomago remarcando apenas las líneas del musculo recto.
Ichigo trago aire, cerrando los ojos mientras el Quincy franqueaba los dedos por la cintura de sus pantalones con el corazón acelerado sin saber muy bien quien estaba haciendo cerro la mano sobre la cintura haciéndolo bajar. Un nuevo beso por parte del shinigami le impidió ver del todo lo que estaba guardado dentro del pantalón.
Los besos continuaron y las caricias bajaron, Ishida pensó por un breve momento justo quizá cuando el sustituto hacia lo propio con sus pantaletas, que no había un momento mas perfecto que este, que cada segundo en que las manos del otro lo llevaban hacia el cielo tenia que guardarlos en su alma por que el día de mañana al caer de la nube, se daría cuenta que era un error.
Pensó también en ese nulo instante en su pelirroja amiga, ella también lo amaba incluso podría decirse que mas que el. ¿Cuántos días no había pensado en ella? En que estaría tan desesperada deseando desde el fondo de su corazón que el sustituto la rescataría aun que ella lo haya hecho por salvarlos a ellos (y lo hizo). ¿Cuántas veces también había llorado ella en sus brazos, por la guerra, por lo heridos, por él? Y el de forma hipócrita le aseguraba que todo estaría bien.
Las lágrimas empezaron a salir, sentimientos y hormonas combinados. Orihime era la chica que estaba en el corazón del sustituto no él, lo sabia y aun así estaba entregando su cuerpo a esta persona. Se sintió terriblemente mal, era una mala persona y una mierda de amigo. Ahora tenía miedo, miedo de perderlo todo.
De repente, un pequeño y agudo dolor lo trajo a la realidad, dolía mucho pero no era mas que un raspón comparado a tener una espada atravesada en el torso. Ichigo estaba entrando, podía sentir una extraña presión, caliente, palpitante y dolorosa.
Besos cayeron alrededor de sus mejillas, hasta la esquina del ojo —Por que lloras? — pregunto atento, angustiado de haber hecho algo incorrectamente, le acaricio el cabello separándolo en su espalda en pequeños mechones tratando de enmendar su error.
Ishida sonrió, la ternura en el peli naranja sin dudas era una de sus mejores cualidades aunque casi nadie la conociera. —Es que eres muy brusco— le reprendió con las letras entrecortadas, suspirando cada letra y sonriendo apenas.
—Lo siento —se disculpo besando su frente para seguir con cada parte de su rostro hasta llegar a sus labios. Con las manos bien aferradas a su cintura se dedico a moverse.
Lo amaba era tan simple como eso, ese sentimiento de unión y compañía no quería recibirlo de nadie mas, no quería dárselo a nadie mas que importaba que ella lo amara tanto, el lo hacia también mas o quizá menos pero como comparar lo adoraba con la vida era todo lo que necesitaba saber, este era su momento, esos minutos, segundo u horas eran solo para el. Quería quedarse junto a el… si se podía, para siempre.
—Ishida… te quiero
Solo pudo aferrarse a el tan fuerte, las lagrimas que se habían detenido un momento volvieron ¡como podía ser tan idiota?, ahora su cuerpo se sentía lleno, todo era Ichigo, sus labios, su piel su corazón.
