Lo decidí, iba a declararme, hoy, al final de las clases. Estuve el resto del día pensando que le iba a decir, no podía darme el lujo de estar nerviosa y sonar como una idiota. Al parecer no era la única enamorada, cuando estaba acompañando a Amber y a Li a la salida me encontré con Karla, espiando a Jade.
-Que haces, Karla?
Al parecer no esperaba que hubiera alguien más allí, porque se sobresaltó y cayó al piso sentada. Me miro un poco asustada y empezó a tartamudear, hasta que se calmó lo suficiente para pararse y hablar normalmente.
-Nada importante, solo... - Miró hacia atrás, donde estaba Jade, con algo de tristeza. Suspiramos al mismo tiempo, cerrando los ojos.
-Te entiendo.- Esa frase causó suficiente impacto como para hacerla levantar la vista y mirarme curiosa. Esa mirada curiosa que siempre muestra, atenta a todo lo que pasé para ir y contárselo a Amber. Nunca le doy importancia, pero ahora me molesta mucho esa mirada. Suspiré y me di vuelta.- No me conviene hablar contigo sobre eso, no quiero que nadie se entere por ahora.
Di un par de pasos hacia el instituto pero me detuve al sentir la mano de Karla tirando de mi manga. La miré sobre hombro, tenía la cabeza gacha y pude ver que estaba un poco sonrojada.
-No se lo digas a nadie, por favor. Haré lo que quieras.
-...Lo tendré en cuenta, recuerda tu promesa.
Sonreí y deshice su agarra con un movimiento rápido entrando al instituto. Luego de asegurarme que Karla no me seguía, fui al pasillo donde estaba segura que estaba Armin. Y no me equivoqué. Ahí estaba, sonrojado y, curiosamente, sin jugar a su PSP... con Sucrette. Me acerqué un poco, asegurándome que no me vieran, para escuchar su conversación.
-Que pasa, Armin? Le prometí a tu hermano que iríamos de compras juntos y sabes que no le gusta esperar.
-M-Me gustas... -Sentí un enorme nudo en mi garganta al escucharlo, todas mis pequeñas esperanzas se fueron al caño cuando lo vi abrazándola. Tapé mi boca al sentir lágrimas correr por mis mejillas, así evitaba que se escucharan mis pequeños sollozos. Abracé mi carpeta rosada con mi mano libre y esperé la respuesta de Sucrette, quien estaba quieta en su lugar sin pronunciar palabra.
-Armin... lo siento, me gusta alguien más.- Lo empujó levemente y se fue, pude ver a Armin golpear su cabeza contra la pared y sollozar. Lo vi temblar un largo rato, hasta que él también se fue, llorando.
Un gran odio empezó a crecer en mí. Armin lloraba por su culpa, no se lo iba a perdonar jamás, le haría la vida imposible... Pero eso también lastimaría a Armin, ya que él la quería. Caminó a su casa con la cabeza gacha, viendo sus lágrimas caer una tras otra. Entró a su casa dando un portazo y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta de la misma manera. Al cabo de unos minutos, mis hermanos tocaban la puerta y, al ver que no contestaba, entraron y me abrazaron. Comencé a llorar otra vez y ellos se quedaron conmigo, sin decir nada. Era lo que más me gustaba de ellos, cuando no sabían que decirme (lo cual era casi siempre) me abrazaban esperaban hasta que les cuente. Aunque tardara semanas, ellos esperaban e intentaban hacerme reír.
