Capitulo 4.- ¿Amor?¿Capricho? Deseo...
Ante las tan inesperada palabras del peliblanco, la joven se sonrojo y aparto su mirada de él. Jiraiya se extraño por la reacción ella, pero al ver ese tintado rojo en sus mejillas comprendió; desde esa mañana tenia la sensación de que algo cambiaba en Tsunade y ahora tenia una leve sospecha de que era, pero el riesgo de su equivocación...el Hospital.
De forma lenta, el peliblanco se fue acercando a la sannin, ella aun tenia el rostro girada y mantenía los ojos cerrados en un esfuerzo por aparentar enojada. El levanto su mano y la coloco en la barbilla de ella, obligándola sutilmente a girar el rostro, para cuando ella estaba encarada y veía los ojos del sannin se dio cuenta que las distancias entre ellos eran apenas milímetros. Sus respiraciones, agitadas pro el nerviosismo, se fundieron en un compás simple, ambas al mismo ritmo y instante.
Podía notar su aroma, la fragancia que el cuerpo de él desprendía, esa fragancia que con el tiempo habia cambiado de infantileza y dulzura de algodón de azúcar, a hombría y olor a caramelo.
Dios, es olor...ese maldito olor a fresas y libertad, esa fragancia que cada día lo llenaba y vaciaba a la vez con un sentimiento ambiguo, una parte de su ser le decía que debía amarla y darle todo su amor, pero por otra parte, también le decía que era peligroso y que ser rechazado seria doloroso.
El tan solo vislumbraba una cosa ya en esos instantes, esos ojos ocre que lo observaban de forma entre dulce y sorprendida. Esas esferas en las que tantas veces se habia querido sumergir del mismo modo que ahora lo hacia.
Esos pozos negros, esos precioso cristales opacos que lucia, que tan bien se veían junto con esas marcas tintadas de rojo...Aquel lugar misterioso donde nunca se habia atrevido a buscar nada, pero que tantas veces habia deseado investigar; unos ojos en los que una podía perderse con facilidad, una mezcla de emociones que dibujaban en ellos una terrible inocencia.
Pero en un instante toda sensación se boro de su ser, todo pensamiento se esfumo como si de un suspiro se tratara. Un contacto, un leve contacto pero a su mismo tiempo intenso. Un beso, nada mas, un simple beso.
Lentamente, ambos se separaron, no por deseo sino por falta de aire. Se miraron fijamente por segundos, ambos se observaban de forma caprichosa, dulce y hasta cariñosa, nunca algo parecido habia pasado y menos entre ellos.
El le soltó la barbilla lentamente, a lo que ella respondió con un sonrojo, el a su vez no pudo mas que sonreír, su deseo se habia vuelto realidad, la habia besado y ella se lo habia correspondido.
En el paladar de ambos se habia alojado un sabor dulce y a la vez extraño, mariposas revoloteaban en sus estómagos y su pecho era movido con brutalidad; la respiración agitada y el corazón en taquicardia.
De pronto algo inesperado sucede, ella cae sobre el inconsciente, el le toma la temperatura, ¡Diablos tiene fiebre! La acoge entre sus brazos y la eleva, tras ello la mete entre las sabanas y la cubre con tal de que no se enfríe. Realmente no es nada preocupante, la joven una vez en su cama suspira aliviada, el repite el gesto y descubre para su grata sorpresa que la fiebre le esta bajando, ¿Demasiadas emociones para un solo día?
Tras asegurarse de que ella estará bien, le deposita un beso en la frente, de manera dulce y se dirige de nuevo a la ventana, antes de salir por ella voltea para poder ver una vez mas a la dueña de su corazón.
- Que duermas bien, mi preciado ángel...
Son las ultimas palabras que se oyen en la habitación y que son acompañadas por un leve soplido de viento, marcando así la desaparición del shinobi que robo el corazón de la princesa.
Los primeros rayos de sol invaden y bañan la habitación, una joven empieza a abrir sus parpados, entonces recuerda algo, algo que la sobresalta y la obliga a incorporarse de forma precipitada y casi podríamos decir que torpe.
- ¿¡ Jiraiya!?
Grita ella, mientras con al mirada busca en cada rincón, para darse cuenta que esta sola y en su cama; se da cuenta que a dormido toda la noche, que nada raro a sucedido y que todo esta como ella lo habia dejado.
- ¿Un sueño?
Susurra para si misma, a la vez que coloca sus dedos en los labios, aun recuerda ese sabor y ese sentimiento de fogueo, ¿Podía ser todo eso un sueño?¿Todo lo ocurrido y sentido una simple imaginación?
- ¿Hasta tal punto he llegado por no querer reconocer...que te amo?
sonrió irónica para si misma, podía ser cierto que con tal de admitir o de hacerse adimitir a si misma que realmente amaba a ese chico, a ese hombre, a su compañero, al mayor pervertido de la historia...¿Tuviera que crearse alucinaciones?
- Tsunade...debes centrarte, no puede ser me ocurra esto por un chico, y menos por él. O quizás...¿Por él valga la pena? ¿Que perdería por intentarlo? No, es algo impensable.
((Continuará))
