A/N: Buenas :) Este capítulo no es como tenía planeado, pero era demasiado pronto para que Swan Queen pasara. En el próximo no seré tan mala. Espero que os guste. Los comentarios son siempre agradecidos ;)
Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes y blablabla.
Teléfono desconectado
Estaba medio dormida, no había podido pegar ojo en toda la noche pensando en la cena con Regina. Se había regalado un desayuno en Granny's sabiendo que se iba a pasar todo el día haciendo papeleo, y con suerte, sin ver a Regina. Las intenciones de la alcaldesa nunca habían sido aguas claras para ella, pero ahora estaba más confusa que nunca, era imposible que hubiese interpretado mal todas las señales. Si algún talento tenía, era el de reconocer cuando alguien tenía interés en ella, aunque esta vez se tratase de una mujer, no era la primera.
Su alarma se habían disparado en el momento en el que Regina le había dejado quedarse a cenar. Eso de ser civilizada no le iba mucho a la alcaldesa, saltaba a la primera, aunque había que reconocer que cuando Henry estaba presente se controlaba más. Luego estaba la frasecita, esas palabras que le habían dado esperanzas a la rubia de que pasase algo, aunque le avergonzase admitirlo, la estirada de la alcaldesa era alguna que otra vez la protagonista de sus fantasías. Por lo demás, la cena había trascurrido con normalidad, exceptuando algún que otro comentario ofensivo seguido de un querida sarcástico y acompañado de una sonrisa de superioridad haciendo que Emma tuviese que suprimir las ganas de arrastrarla del pelo por el suelo delante de su hijo.
El problema, por llamarlo de alguna forma, llegó a la misma vez que el postre. Emma era consciente de que si quería poner a prueba los límites de la alcaldesa, tendría que actuar rápido y cuando Henry se fuese a dormir. Estaba tan nerviosa mientras se terminaba su porción de tarta que no se había dado cuenta de la pregunta que había repetido varias veces la morena. Al bajar de las nubes, casi se atraganta. Por poco muere por falta de aire en la mansión Mills y no precisamente por las ideas que tenía en mente. Emma, se te da de fábula eso de ser sexy. Ni falta hace decir que Regina no se movió a salvarla haciéndole el boca a boca como habría pasado en su fantasía. Después de ese percance y de que Henry se fuese a dormir, Regina le había cerrado la puerta en las narices. Tal cual. Había bajado las escaleras, la había acompañado hasta la puerta y sin siquiera decir buenas noches, le había sacado fuera de su casa. 'Espero que no piense conducir hasta su casa, Sheriff. Mi licor de manzana es más fuerte de lo que parece.' – Esas fueron las palabras de la morena antes de cerrar la puerta, tirando por tierra todas las esperanzas de una Emma fantasiosa que había aprovechado la corta ausencia de esta para comprobar que llevaba ropa interior a juego.
Recordar la noche anterior no había sido su plan cuando decidió desayunar en Granny's, y esto solo había hecho que tuviese menos ganas de empezar el día, si es que era posible. Una voz le sacó de sus pensamientos.
'Em, Estirada Mills te llama.' – Ruby se había acercado a la mesa donde Emma estaba sentada terminando su desayuno para tres personas y le extendía su móvil. Por su expresión se podía intuir que algo no iba bien. – '¿Qué has hecho esta vez?' – Sin hacer esperar más a la alcaldesa al otro lado de la línea y dirigiendo una mirada de resignación a su amiga, la joven Sheriff contestó al teléfono, solo para oír a una alcaldesa bastante enfadada. 'Sherrif Swan, espero que tenga una buena excusa para mantener su móvil apagado en horas de servicio. Dentro de cinco minutos la quiero en la puerta de mi casa.' – Genial, ahora tenía sueño y le pitaba un oído. A esta señora lo que le hace falta es un buen polvo, pensó.
Odiaba tener que contar con la rubia para tratar temas de su hijo, pero parecía que Henry no se lo iba a poner fácil. La cena de ayer no había sido suficiente para él, quería que Emma le acompañase a la parada del autobús, lo cual ya era imposible dado que se había negado a levantarse de la cama a no ser que llegase su verdadera madre, eso había dicho, y el autobús ya se había ido sin Henry dentro.
El tiempo que Regina había tardado en ceder junto con el teléfono apagado de la Sheriff, que no era una gran sorpresa, habían hecho que Henry fuese a llegar tarde a clase. Para cuando Emma llegó, a la alcaldesa le faltaba poco para empezar a tirarse de los pelos. El sonido de motor quemado que hacía el trasto de Emma, porque eso no se podía llamar coche, avisaba de que iba a llegar a dos manzanas de distancia, y antes de que la Sheriff llegase a la puerta, el pequeño Henry ya había salido corriendo para subirse al escarabajo.
Los segundos que Emma tardó en volver a dirigir su mirada hacia la morena fueron suficientes para encontrar la entrada vacía y la puerta de la casa cerrada. Esa tarde tendría una conversación con Miss Estirada, que le cerrasen la puerta en las narices dos veces en menos de 24 horas no le hacía ninguna gracia.
