A/N: Hola :) Ya queda menos para Swan Queen. Espero que no me matéis con el final de este capítulo. Gracias por comentar y espero que os guste ;)
Disclaminer: No me pertenecen ni los personajes, ni la serie, ni siquiera mi imaginación.
Solo tienes que pedirlo, querida
Camisa blanca. Falda gris. Tacones negros. Pintalabios rojo. Antes de salir de su casa, la alcaldesa se había detenido en el espejo más de lo normal. Estaba de los nervios, como de costumbre. El pequeño problema con su hijo le había obligado a reorganizar su agenda por completo. Las tostadas se le habían quemado y poco le había faltado para hacerse una carrera en las medias con las prisas. Ya daba igual lo que hiciese, la rubia siempre se las arreglaba para ser un inconveniente. No sabía si esa mañana estaba más enfadada por eso o por el hecho de que a pesar de todas las oportunidades que había tenido de deshacerse de ella, nunca lo había hecho. Que no tuviese pleno control sobre sus poderes en Storybrooke no era excusa alguna. Sabía que si Emma desaparecía de repente alimentaría las ideas, no muy lejanas de la realidad, que Henry tenía, y no se iba a arriesgar a eso. Aún así, tenía la sensación de que había algo más, pero no estaba segura de querer conocer lo que era.
Con la cabeza hecha un lío llena de Emma Swan, Regina salió de su casa esperando no volver a cruzarse con ella durante el resto de día.
El universo se había puesto en su contra, se había empeñado en demostrarle que el día podía ir mucho peor. La incompetente de su secretaría le había perdido varios documentos pertenecientes al señor Gold y lo había tenido durante varias horas en su oficina molestando. Lo que le faltaba, ese hombre nunca traía nada bueno, y que lo pensase ella ya era decir. Después de que por fin saliese de su despacho había podido tener un poco de paz, la cual no había durado demasiado pues la rubia se había presentando en su casa seguramente con el único fin de molestarla.
'Señora Mills, la Sheriff continúa en la puerta.' – Además de maleducada e impertinente, la rubia no sabía aceptar un no por respuesta. Llevaba media hora intentando que le dejase entrar en su despacho. Hacía que la sangre le hirviese. 'Digale a la señorita Swan que o abandona ahora mismo mi casa o me veré forzada a llamar a la policía.' – Con una sonrisa le señalo la puerta a su secretaria. 'Oh, y no acepto un no por respuesta.' – Lo próximo que escuchó fue a una rubia malhumorada saliendo de su casa dando un portazo. Tras unos minutos, la pantalla de su móvil se iluminó.
Tonta Swan: Regina, a estas alturas deberías saber que yo soy la policía. Voy a recoger a Henry, tenemos merienda en Granny's.
Al leer el mensaje se arrepintió de no haber dejado entrar a la Sheriff, ahora poco podía hacer para evitar que su hijo pasase más tiempo con la rubia. Hoy es un día perfecto, se lamentó. Dejo que pasaran unos minutos antes de contestar.
Estirada Mills: Esa elección fue un fraude. Intenta no matar a mi hijo.
Parecía que esa tarde iba a volver a estar sola.
Fuera de la casa de Regina, la calle estaba casi a oscuras, la pequeña merienda en Granny's se le había escapado de las manos y prácticamente ya era la hora en la que Henry se solía ir a la cama. Para su sorpresa, no había recibido ninguna llamada de la alcaldesa, tal vez después de lo de esa mañana no tenía ganas de volver a pelearse con ella. Difícil de creer. Sigue soñando Swan.
Desde que había recogido al pequeño del colegio, no había parado de hablar, le había contado su día con pelos y señales, y ahora estaba abordando de nuevo el tema de la Operación Cobra, todo el secretismo que Henry se empeñaba en mantener hacía de la situación una experiencia muy divertida. 'Emma, Emma' – Una pequeña mano tiraba de la americana roja que siempre llevaba. '¿Qué pasa, chico?' – Al parecer, Henry acababa de acordarse de una información ultra secreta que su profesora le había confesado esa mañana en la escuela y había decidido que Emma era la adecuada para acompañarlo en su expedición. 'Claro que sí, alguien tendrá que protegerte.' – Los ojos de Henry se iluminaron y salto a darle un beso a su madre, para luego más tarde susurrar – 'Nadie mejor que la futura salvadora.' – Ante esto, Emma no dijo nada, alimentar las fantasías del pequeño no era algo que disfrutase haciendo, pero ya había podido comprobar que intentar acabar con su imaginación no era una opción viable, otra situación como la de la mina y Regina Mills la echaría de la vida de su hijo en un abrir y cerrar de ojos.
Los primeros escalones de la entrada de la mansión le recordaron que tenía que solventar unos cuantos problemas con la alcaldesa. Todavía se acordaba de los botones de más desabrochados de la camisa de la morena por la mañana, estos le habían logrado mantener desconcentrada durante más de una hora. Estaba segura de que si alguna vez viese a la alcaldesa desnuda sufriría un ataque al corazón. Como si eso fuese a pasar, rió un poco preocupada por su propia salud mental.
A la segunda vez que tocó al timbre y no obtuvo respuesta, el pequeño sacó de detrás de una de las macetas una llave plateada. Era un sitio demasiado obvio para esconder una llave si quería que la gente no la encontrase. Su creencia de superioridad roza la estupidez, pensó. El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos, el sueño le estaba ganando la batalla a Henry y se iba a quedar dormido de un momento a otro. 'Sube a tu habitación y descansa pequeño. Yo le daré explicaciones a tu madre.' – Dándole un beso y un abrazo de buenas noches, el niño subió las escaleras de la mano de Emma y rápidamente se metió en su cuarto, todavía tenía un rato para jugar con sus dinosaurios y no pensaba desaprovecharlo.
No se oía nada en la casa, excepto un leve grrr que provenía de la habitación del pequeño de vez en cuando. Pensó en irse y no buscar a Regina, pero sabía que eso solo le causaría más problemas y no estaba dispuesta a darle más razones para que no confiara en ella, bastante con las que la alcaldesa se inventaba. Las luces del salón estaban encendidas, pero en la primera planta no había ni rastro de la morena. Su corazón dio un vuelco cuando comprendió que la alcaldesa debía estar en su habitación. No sabía si su mala suerte era más grande que la casa, o si esto era una señal para que hablase con Regina. Hablar. Algo que no le gustaba, y menos con la alcaldesa mirándola y juzgando, como si ella fuese mejor. A pesar de esto, que uno de los pasatiempos de Regina fuese ponerla en ridículo no le preocupaba tanto como el hecho de que en los últimos días, su mente le había estado jugando malas pasadas. Nunca podía salir de su casa sin ropa interior de recambio.
Vamos Emma, tú puedes. Darse ánimos a sí misma no estaba funcionando, pero la puerta medio abierta la invitaba a pasar. La habitación estaba oscura, la cama era casi igual de grande que su cuarto de Boston y la decoración contrastaba con el resto de la casa, aunque continuaba teniendo ese estilo impersonal y frío que tanto odiaba. Solo se filtraba la luz por debajo de la puerta del baño y el agua de la ducha se oía correr. Genial, tienes el don de la oportunidad, Swan. Encontrar desnuda a Regina en la ducha no era algo en lo que no hubiese pensado, pero no le iba a dar esa satisfacción de descubrirlo a la morena, así que continuó con su inspección.
Sobre la mesa de noche, supuso que esa sería la de Regina, solo había una foto. Henry sonreía a la cámara subido a los brazos de su madre que lo miraba con una sonrisa, nada lejos de la realidad, Henry sin duda alguna era el verdadero amor de la morena. La habitación ayudaba poco a descubrir a la alcaldesa, parecía que fuese una habitación de invitados. Cada vez comprendía menos el interés que había comenzado a desarrollar por la morena, no era que no fuese atractiva, Estirada Mills era una de las mujeres más misteriosas e insoportables que había conocido, pero en las otras ocasiones, no había tenido dificultades para llevarlas a la cama. Esta vez, su orgullo no estaba dispuesto a sucumbir a una morena que se alegraría por tener poder sobre ella, y que posiblemente le denunciase por acoso sexual, algo que no estaba dentro de sus planes.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no se dio cuenta de que el agua de la ducha había dejado de correr. 'Si me querías ver desnuda solo tenías que pedirlo, querida.' – Emma se giró justo a tiempo para ver como la morena dejaba caer al suelo la toalla que cubría su cuerpo. Esto tampoco estaba dentro de sus planes.
