Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.

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¡Mayday!

"Aprende a disfrutar la compañía de la gente que amas y notarás que el tiempo pasa volando y los momentos se vuelven imborrables.

—Myrka."

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Capítulo 2: ¡Se irán!


— ¡No! —jadearon las 3 al mismo tiempo mientras que yo alzaba mi mirada hacia el maestro de anatomía, el cual nos miraba irritado y divertido a la vez.

—Cállense —rogué y sonreí feliz cuando el Sr. Banner volvió la vista hacia su computadora, donde estaba sacando nuestro promedio final. Era ahora o nunca.

— ¡Bella, te acostaste con él! —chilló despacito Rose y me sonrojé, algo totalmente fuera de lo común.

—Sí —ellas volvieron a soltar risitas y nuestros compañeros nos miraron raro. No estábamos haciendo nada en clases, ya que esta era nuestra penúltima semana y sólo se tenían que sacar los promedios.

— ¿Cómo fue? —preguntó Tanya.

— ¿Dónde fue? —Inquirió Alice.

— ¿Fue bueno? —todas miramos ceñudas a Rose y ella rodó los ojos—. ¿Qué? Yo les cuento de mis cosas con Emmett, no me vengan a mirar raro ahora —era verdad. Rose no tenía filtro con respecto a las relaciones sexuales que tenía con Emmett, de hecho hasta nos contaba sus posiciones… Iugh.

—Ha pasado mucho las últimas 20 horas, ¿no? —susurró Alice y yo asentí.

Después de salir del cine, ante la atenta y picara mirada de la mitad de los empleados, recorrimos un poco el centro comercial. Hablamos, tonteamos, nos besamos y todo fue mágico, hasta que llegamos a la casa.

No sabíamos si mis padres lo aceptarían, ellos prácticamente lo veían como un hijo y no sabíamos qué hacer.

—Explícame de nuevo cómo es que creen que tus padres no lo aceptaran —todas miramos atentamente al salón y vimos que nadie nos colocaba atención, incluso Banner, por lo que me di de lleno en explicarles detalladamente nuestra historia.

—Los padres de Reneé, Adam y Lorain, se separaron cuando mamá tenía 2 años —comencé y mis amigas prestaron atención—. Adam formó otra familia, al igual que mi abuela. Mi abuelo tuvo 2 hijos con su otra esposa, Charlotte; ellos son Peter y Brandon Dwayer Nelson —mis amigas asintieron. Ellas habían conocido a mis "tíos" y a sus hijos. Tenía casi nula relación con ellos, excepto mis padres.

—Jane y Alec —dijo Alice con un bufido. Ellos eran mis primos, los hijos de mis "tíos".

—Exacto —ellas asintieron y yo continué—. Mi abuela se casó con mi otro abuelo —sonreí. Los adoraba—. Tuvieron a Garret y Esme Masen Jones —mis amigas sonrieron con tristeza al recordar a mí tía. La había querido tanto—. Esme se casó con Carlisle Cullen, y tuvieron a Edward —finalicé y ellas asintieron, ya sabían lo que venía después.

—Bien, chicos, diré quiénes pasaron mi ramo —todos miraron atentamente al profesor y yo sólo pude suspirar recordando el accidente.

Carlisle y Esme habían fallecido hace 8 años, cuando yo tenía 14 años y Edward 16. Había sido trágico para toda la familia, mi mamá adoraba a su hermanastra y su cuñado. Habían salido a una convención de medicina, Carlisle era cardiólogo, y los había pillado la tormenta en medio camino. Habían muerto casi instantáneamente.

Ellos habían dejado en el testamento que como Edward era menor de edad se quedara con nosotros, no confiaba en los otros como para dejarles a cargo a tan valiosa persona.

— ¡Aprobaste! —chillaron las chicas y yo las miré confundida hasta que el profesor me confirmó que no había reprobado.

—Aprobé —susurré y ellas me abrazaron.

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—Nos pillarán —gemí cuando mordió mi cuello, succionándolo a su placer. Noté que negó con la cabeza e ignoró mi advertencia metiendo sus manos por mi musculosa—. Edward —jadeé al sentir su lengua entre mis pechos. Llevé mi mano hacia su corto cabello y lo jaleé provocándole un gruñido.

Apoyé mi otra mano en la pared que estaba junto a mi ventanal y traté de ordenar un poco mis pensamientos. Dios, era excelente con esa boca. Y esa lengua…

—Mierda —Siseé cuando llevó una de sus manos a mi trasero y me acercó a su erección—. Bebé… —jadeé y traté de respirar con normalidad, cosa imposible debido a que su lengua estaba causando estragos en mí.

—Relájate, amor —murmuró y me besó de lleno en los labios.

Amor. Me había dicho así 2 veces ya. Hoy cuando llegué de la universidad y me acorraló contra la puerta del garaje antes de ingresar a la casa, y ahora.

—Nos descubrirán —susurré cuando su mano izquierda subió hasta mis pechos dentro de la musculosa.

—No lo harán —respondió y llevó ambas manos hacia el dobladillo de mi musculosa, sonreí cuando comenzó a sacarla pero esta se congeló cuando sentí cómo llamaban a la puerta.

— ¿Bella? —ambos abrimos nuestros ojos desmesuradamente y yo oculté un chillido ante la impresión. ¡Mi madre!

—Te dije —siseé y comencé a arreglarme la ropa mientras él miraba hacia todos lados tratando de buscar un lugar dónde esconderse.

—Lo siento —susurró y yo lo pesqué del brazo para llevarlo al baño.

— ¿Hija, estás acá? —sentí que llamaban y yo cerré la puerta del baño con pestillo mientras que la puerta de mi habitación se abría.

—Mierda —susurré y Edward se rio bajito—. ¡No te rías! —jadeé histérica. Él asintió y se sentó en el retrete.

— ¿Bella? —sentí que golpeaban la puerta del baño y juro que mi corazón dejó de latir por un segundo.

— ¿Sí, mamá? Estoy ocupada —carraspeé para normalizar mi voz y noté que Edward negaba con la cabeza. Jodida suerte.

— ¿Has visto a Edward, cariño? —noté que trataba de abrir la puerta por lo que rápidamente insté a Edward para que escondiera dentro de la ducha.

—Métete y no te muevas —susurré y noté que estaba un poco pálido, algo raro debido a su notable bronceado.

Me alejé y tiré la cadena para disimular un poco, mientras me acercaba al espejo y me mojaba exageradamente la cara. Abrí la puerta y mi madre estaba mirándome confundida, por lo que me giré para lavarme las manos.

—Creo que me hizo mal tu jalea, mamá —sentí una pequeña risita y yo me tensé, pero luego miré a Reneé y ella hizo un puchero.

—Eres la única que ha dicho eso, Charlie y Edward no se quejaron —respondió acercándose a dónde yo estaba y arregló su improvisado moño.

—No somos iguales —rodé los ojos y ella se mojó un poco el cuello. Miré disimuladamente a la oscura cortina del baño y me sequé con la toalla.

Que no lo vea, que no se acerque. Rogué.

— ¿Te bañarás? —preguntó y se apoyó en la pared. Dios, estaba ardiendo, necesitaba ir urgente a la piscina.

—Uhm… sí, estoy algo acalorada —me sonrojé un poco y me sentí mal por estar haciendo esto frente a sus narices. Me sentía como una perra.

— ¿Bañémonos juntas? Le iba a decir a Edward que nos acompañara pero no lo encuentro —hizo una mueca y yo asentí.

—Debió salir a correr, mamá, tú sabes que es como un loco con su entrenamiento —solté una risita ante eso y mi madre asintió. Ambas salimos del baño y yo junté un poco la puerta para que no volviera a entrar—. ¿Te colocaste el bañador, ya? —ella asintió y yo sonreí. Me acerqué hacia mi armario y saqué mi biquini.

—Ponte el tuyo, iré a prepararnos limonada y te esperaré junto a la piscina —indicó y yo asentí. Cuando se iba caminando hacia mi puerta me saqué la musculosa y quedé sólo con mi brasier—. Lleva el protector solar, hace demasiado calor.

—De acuerdo —ella cerró la puerta y yo suspiré mientras me saca el brasier.

—Casi nos pilla —salté cuando lo sentí abrazarme por detrás y él se rio.

—Yo te dije, nunca me haces caso —musité y tomé la parte de arriba del biquini. Me abroché la parte que iba en la espalda y luego tomé mi cabello con mis manos—. Abróchame la parte de arriba, bebé —hice un puchero y él lo besó rápidamente.

—Parece que ya no haremos nada —susurró y yo giré un poco mi cabeza para mirarlo sobre mi hombro de nuevo—. Quedé con las ganas, cariño —reí ante eso y solté mi cabello. Me giré y besé castamente sus labios.

—Caliente —él rodó los ojos y yo comencé a quitar los shorts.

—Contigo, siempre —esta vez fue mi turno de rodar los ojos. Noté como tragaba saliva con dificultad al verme sólo en bragas y yo sonreí. Me las quité despacio, mirándolo en todo momento e incitándolo a continuar algo que no terminaríamos—. N-no hagas eso —enarqué mis cejas y comencé a colocarme la parte baja del biquini.

— ¿El qué? —terminé de colocármela y él me abrazó por la cintura hasta dejarme completamente pegada a su cuerpo.

—No saldrás de la habitación —murmuró contra mis labios, mordiendo mi labio inferior.

—Tengo que —contesté y me alejé de él, sólo para verlo con una tentadora erección en sus shorts—. Podrías acompañarnos —tomé el protector solar que estaba en mi velador y comencé a caminar hacia mi puerta, dejándolo a él junto a mi cama y frustrado.

Mierda, yo también estaba frustrada, pero podía disimularlo.

— Me vengaré —gritó cuando salí de la pieza y yo sólo le lancé un beso.

Necesitaba meterme a la piscina urgente.

Bajé rápidamente las escaleras y salí al patio trasero, dónde Reneé me esperaba tumbada en una de las tumbonas que papá había comprado hace unos meses. A su lado estaba la mesita de té que mantenía en el patio y sobre esta había una jarra de limonada, la cual transpiraba por lo helada que estaba.

—Aquí está el protector solar, mamá —se lo pasé cuando ella estiró la mano y yo me tumbé a su lado, colocándome los lentes de sol y sonriendo por los fuertes rayos que impactaban contra mi piel.

—Señoritas —sonreí ante eso y mi mamá chilló cuando Edward apareció frente a nosotras sólo con sus shorts y su toalla. Sentí como mi respiración se atoraba y como empezaba a hiperventilar, cosa que él notó ya que sonrió y tomó una tumbona para colocarla justo a mi lado.

— ¿Dónde estabas, corazón? —preguntó Reneé dándose vuelta y quedando de guata para quemarse por detrás. Tomé el protector solar y me senté en la tumbona para aplicarlo.

—Fui a trotar, soy un poco maniático con mi entrenamiento —me miró burlón ante eso y yo reí suavecito.

—Tienes que mantener ese cuerpo, cariño —por favor sí, mantenlo no más, bebé.

—Es la costumbre —jadeó cuando paseé mis manos con bloqueador por mis piernas y yo evité la sonrisa que quería surgir, por lo que lo provoqué un poco más y las subí hasta mis muslos, acariciándolos suavemente y apretándolos.

Lo miré de reojo y su mandíbula estaba tensa, al igual que sus brazos, pero rápidamente se sentó, ocultado su exquisita erección, y me entrecerró los ojos.

— ¿Te ayudo? —enarqué mis cejas y él me quitó la botella de las manos. Miré a Reneé y ella sonreía feliz. Ella se sentó, tomó un poco de limonada y se acercó a la orilla de la piscina, dejándonos solos—. ¿Te gusta provocarme, bebé? —jadeó en mi oído y pasó sus manos por mi espalda, aplicándome bloqueador.

—Ajá —susurré y amarré mi cabello en un desordenado moño para dejarle al descubierto mi cuello, el cual besó con rapidez cuando mi madre se lanzó a la piscina.

—Me vengaré —musitó y continuó aplicándome protector solar. Estuve a punto de gemir cuando rozó mis costados, e incluso más cuando aplicó cerca de mi trasero, pellizcándolo un poco en el proceso.

—Listo, estoy lista —jadeé y me levanté con rapidez, causando que riera y se acostara en la tumbona con una sonrisa burlona.

Dios, quería comerlo y no podía porque mi madre estaba a sólo unos metros de distancia.

Maldición.

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—Nadie nos pillará, bebé —susurró a mis espaldas, mientras acariciaba mi vientre mojado, al sentirme tensa.

—Lo sé, nadie vendría a molestarme al baño, de nuevo —jadeé cuando sus manos bajaron a mi clítoris y comenzó a acariciarlo lentamente, provocándome.

—He deseado esto desde la mañana —asentí en acuerdo, Reneé nos había arruinado el momento y ahora no podría ya que estaba haciendo la cena para cuando Charlie llegara del bufete—. Deseaba tocar tu piel, besar tus labios, hacerte gemir… —murmuró besando mi cuello y acariciando mi centro humedo—… quería hacerte gritar mi nombre, ver tu cara al acabar y sentir como tu estrecho centro me tomaba por completo y me hacía llegar a la cima junto a ti.

—Edward —gemí y agradecí que estuviéramos en la ducha de mi habitación, bastante lejos de cualquier contacto con mi madre, y que nadie pudiera escucharnos—. Te deseo.

—Me tienes, bebé —introdujo un dedo en mi interior y mi vista se nubló, por lo que me apoyé en su pecho desnudo y me afirmé en sus muslos bronceados.

—Dios —bombeó suavemente y metió dos dedos más, tratando de hacerme sentir completa, pero eso era imposible si no tenía su erección en mi interior.

—Diablos, eres tan hermosa —musitó besando mi oído. Giré mi cara para que sus labios dieran de lleno en los míos y ambos gemimos mientras él me bombeaba con más rapidez y eficacia. Su mano izquierda se fue a uno de mis senos y comenzó a trabajar con mi pezón, apretándolo y acariciándolo con sus largos y finos dedos

Sentí que el agua fría que corría por mi ducha no era suficiente, me sentía arder y el calor en mi vientre comenzaba a desesperarme.

Sus dedos se doblaron y dieron con mi lugar, por lo que gemí fuertemente y Edward volvió a doblarlos para hacerme llegar en uno de los orgasmos más increíbles que sólo él podía darme.

—Te necesito, cariño —susurró antes de girarme y besarme con firmeza. Me tomó por los muslos y me alzó hacia él, por lo que instintivamente pasé mis piernas por sus caderas y su erección rozó mi centro, logrando que ambos gimiéramos violentamente.

—Hazlo —rogué y él me apoyó en la pared de la ducha, mirándome fijamente a los ojos antes de entrar con una sola estocada en mí. Dios, se sentía increíble.

—No puedo ser delicado, Bella —murmuró mientras me embestía con lentitud, por lo que yo terminé de cerrar mis piernas en él y lo acerqué violentamente a mí, sintiéndolo imposiblemente más profundo y duro.

—Más rápido —ordené y él me hizo caso, tomándome por mi trasero y embestiendo con más fuerza contra mí. Traté de concentrarme en sus ojos, pero con cada embestida se cerraban los míos y sólo veía blanco.

Besé sus labios con desesperación y él me correspondió de la misma manera, mordiendo mi labio inferior y haciéndome venir en otro orgasmo. Sentí como mis paredes lo atrapaban y él se vino también, derramándose por completo en mí. Era una sensación increíble, no me cansaba de ella.

—Te adoro —murmuró contra mis labios y yo sonreí respondiéndole.

—Yo también —bajé mis piernas con su ayuda y ambos sonreímos satisfechos—. Duchémonos antes que nos pillen de verdad —él asintió y comenzó a enjuagar mi cuerpo.

Tal vez podríamos tardar un poco más.

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— ¿Qué tal el Bufete? —preguntó mamá a Charlie mientras me pasaba la ensalada. Papá movió su bigote con disgusto y recibió la bandeja de panecillos que Edward le ofrecía.

—Horrible, tenemos un caso sobre un matrimonio que quiere divorciarse y sólo pelean todo el día —hizo una mueca y yo sonreí mientras me llevaba el trozo de pollo a la boca.

—Que terrible, por qué se casarán si después se van a divorciar —gruñó mamá y yo rodé los ojos. Ella era una fiel seguidora del amor verdadero y del matrimonio eterno—. Por cierto, chicos, tenemos que decirles algo —su rostro cambió inmediatamente a uno de felicidad y con Edward nos miramos sorprendidos. ¿Qué mierda?

— ¡Cierto! —Celebró Charlie y se desabrochó con pereza la corbata mientras miraba atentamente a mi madre—. Diles tú, cariño.

—Bien. Nos iremos por dos semanas a Seattle —chilló y yo me ahogué con el jugo que estaba tomando, al igual que Edward se atragantó con el trozo de pollo que estaba masticando.

— ¿Qué? —jadeé y sentí mi cara completamente roja. Joder, Dios.

Edward me miró atónito, mientras que mis padres sonreían felices.

—Tu padre pidió 3 semanas de vacaciones e iremos a visitar a los Black por dos semanas —¿Black? ¿Jacob? Dios, no, no quiero ir.

—Mamá, no quiero ir… —ella rodó los ojos y Charlie rompió a reír.

—No irás, bebé, te quedarás con Edward aquí —juro que sus ojos brillaron. Lo juro. La sonrisa tonta de mi cara era irreal, dos semanas con Edward. Noté que él también estaba sonriendo y que sus ojos se habían oscurecido.

Mierda.

— ¿Cuándo se irán? —inquirió Edward y todos volvimos a comer. Dos semanas, 14 días, sexo libre. Joder.

—Este sábado después de almuerzo —explicó papá y ambos asentimos. Mañana era viernes y mi último día de clases antes de pasar a la facultad.

Tendría a Edward por dos semanas sólo para mí, sin papá o mamá, podríamos ir a cualquier lado y no tendríamos que ocultarnos.

Lo miré y él sonrío guiñándome el ojo. Diablos.

—Genial —prometió y sentí que el aire se atoraba en mi pecho.

Genial. Dos semanas.


¡Hola!

No saben cuán agradecida estoy, sus reviews, alertad, favoritos y PM me llenaron de alegría y emoción. Las adoro y muchas gracias.

Espero les guste el capítulo y ahora viene la acción.

Quiero agradecer a Gabi, cariño, gracias por hacer la portada y dejar a nuestro Edward tan caliente y serio, lo amé.

¡Feliz año nuevo!