Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.

.

¡Mayday!

"Noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno.

Anónimo."

.

Capítulo 3: La fiesta Beta.


— ¿Irás? —musitó Tanya mientras nos acercábamos a la salida de la facultad, donde se encontraban los demás chicos.

Suspiré por décima vez y evité hacer un puchero, cosa que le causó gracia a mi mejor amiga y yo me molesté un poco.

—No sé —hice una mueca—. Reneé no quiere que salga esta noche porque será la última antes que se vayan, no sé cómo convencerlos…

—Ruégales, yo tuve que hacer eso con mi padrastro y mi mamá ya me había dejado salir —la envidié, realmente lo hice. A ella y a mis amigos, los habían dejado sin ningún problema asistir a la última fiesta de la facultad de medicina, la cual se haría en conjunto con la fraternidad de los Beta. Jodida suerte—. Prometí cuidar a Irina por una semana si me dejaban —ambas soltamos unas risitas y continuamos caminando. De lejos podía ver a Emmett hacer estupideces y a Demetri hablando con Jasper y Riley.

—Realmente quiero ir, llevamos más de 1 mes sin salir como grupo por todo esto de los exámenes y es nuestro último año en la universidad, estaremos en la facultad y ya no tendremos tiempo ni para ir a hacernos las uñas —ella jadeó con fingido horror y volvimos a reír estúpidamente.

— ¿Y si llevas a Edward? —rodé los ojos y sonreí ante su mención—. Perra.

—No creo que quiera venir, le dije hoy en la mañana antes de salir y hubieras visto la mueca que hizo —suspiré al recordar cuán sorprendido e incrédulo me miró esta mañana cuando le propuse ir a la fiesta juntos.

Descarté la idea de inmediato, él no parecía querer codearse con mis amigos… y eso dolió como la mierda.

—¿Somos demasiado poco geniales para que nos juntemos con él? —su tono fue sarcástico y yo hice una mueca. Había pensado lo mismo cuando él dijo que no se sentiría cómodo con nosotros.

Flash back.

— ¿Por qué no quieres ir? —musité por tercera vez mientras terminaba de comer mi cereal con yogurt. Edward estaba sentado frente a mí, mientras que Charlie se había ido a su Bufet para terminar los papeles que tenía pendiente antes de irse con Reneé mañana a Seattle.

—Bebé, no me sentiría cómodo —pronunció despacio las palabras, como si yo fuera una estúpida y nos la entendiera. Evité gruñirle, pero mi ceño se frunció perceptivamente. Él lo notó—. No es que no quiera salir contigo o tus amigos, pero no es mi estilo, Bella.

— ¿No somos tu estilo? —bufé y me levanté para dejar mis trastos en la lavavajillas. Oí como suspiraba y lo imaginé pasando su mano por su cabello, el cual ya estaba creciendo, haciéndolo lucir más sexi de lo común.

—Sabes que no dije eso, pero yo no soy de andar en fiestas… —se calló y yo esperé pacientemente—. Bueno sí, pero no de fiestas universitarias —rodé los ojos y pasé por su lado para tomar mi bolso y los papeles que necesitaba hoy en la universidad. Era último día y tenía que pedir el certificado a mi jefe de carrera.

—Bien, sólo di que no quieres y no me mientas —gruñí y salí de la cocina. Alcancé a tomar las llaves de mi jeep y mi celular antes de sentir como me seguía.

—Vamos, Bella —lo ignoré y salí hacia el garaje—. No seas malcriada y no confundas las cosas, simplemente no quiero ir.

—No las confundo, Edward, simplemente quería ir a mi última fiesta universitaria del año contigo, pero veo que no podrá ser así. Adiós —gruñí y me subí al jeep antes de que pudiera decir algo. No lo miré mientras esperaba que el portón automático se abriera y evité mirarlo también cuando tocó mi ventana con sus nudillos.

Estás complicándolo todo —rodé los ojos, encendí el estéreo y antes de salir le levanté el dedo de en medio. Idiota.

Fin flash back.

—Lo último que quiero ahora es verlo —Tanya asintió y pude ver como se había enojado un poco al contarle lo que había pasado con Edward—. ¿Tú crees que lo exageré? Yo quiero venir con él, ¿Qué le cuesta acompañarme? —gruñí y los chicos me miraron sorprendidos. Alice entendió de inmediato al igual que Rose.

— ¿Es verdad que no irás hoy, Bells? —preguntó Riley y yo asentí con la cabeza. Jasper me miró sorprendido y yo hice un puchero. Eran recién las 2 de la tarde y tenía que ir al almuerzo que Reneé había preparado.

—Reneé no quiere que salga siendo su última noche acá, Charlie la apoya como siempre, así que no podré salir esta noche —mis amigos hicieron una mueca pero asintieron. Ellos sabían cómo era mi madre.

—Cuando nos vayamos de viaje no podrá decirte qué hacer, así que tranquila que en 3 semanas más mandaremos todo a la mierda —todos sonreímos ante las palabras de Rose y nos abrazamos ansiosos.

¡Europa nos esperaba!

Y por primera vez eso no me sabía tan dulce como antes…

.

.

.

— ¡Vamos, mamá! —rogué por tercera vez y supe que ya había perdido todo orgullo y dignidad.

Mi madre me miró enojada y negó con la cabeza antes de volver a su trabajo en el jardín. Sentí mis dientes rechinar y traté de contar hasta 10… mejor hasta mil.

—Mami, por favor, déjame ir —ella negó nuevamente y yo di una furiosa patada en el piso antes de volver hacia la cocina.

Sentía como mi respiración se aceleraba y mis ojos se llenaban de furiosas lágrimas. Estaba emputecida.

— ¿Qué pasó? —preguntó Edward cuando me vio pasar furiosa por sala. Lo ignoré y gruñí comenzando a subir con rapidez las escaleras.

Seguía enojada por lo de esta mañana y más encima él había hecho como si nada cuando llegué para almorzar. Imbécil.

Saqué mi celular de mi bolsillo y marqué el número 3, donde tenía a Rosalie como llamada rápida. Tal vez debería colocarla de las primeras y sacar a mis padres, no lo merecían en estos momentos.

— ¿Irás? —fue lo primero que me dijo y yo gruñí frustrada. Cerré la puerta de mi habitación con un portazo y le eché pestillo para estar sola. No quería ver a nadie.

— ¡Diablos, no! —escuché su jadeo y sentí ganas de llorar. Realmente quería ir. Había estado toda la tarde, desde que llegué de la universidad, rogándole y portándome ultra bien. Pero ella lo ignoraba y Charlie realmente no contaba.

— ¿¡No irás!? —chilló y yo suspiré lanzándome a la cama. Ella aún no aceptaba que me quedara en casa esta noche. Toda una santa.

—Reneé dijo no y Charlie la apoyará como siempre, no necesito llamarlo —Maldición, realmente quiero ir.

— ¿Y Edward? —mi mandíbula se tensó y supe que ella lo notó—. ¿Qué pasó?

—Él volvió a decir que no iría porque no quería ver a chicos detrás de mí, luego se enojó y me ignoró —expliqué y mi amiga rio—. No sé por qué se enojó… otra vez. Pensé que cambiaría de opinión después de esta mañana, pero está decido a no acompañarme. Casi no hemos hablado, mierda.

— ¡Escápate!

—Dios, no, mamá me matará si me descubre.

—Trata que no te descubra, con los chicos te pasamos a buscar a una cuadra y tú haces lo demás —nunca me había escapado. Lo había pensado, sí, cientos o miles de veces, pero nunca lo había llevado acabo. A veces era realmente una cobarde.

— ¿Y si me pillan? No me dejarán ir a Europa —suspiré y me levanté para mirar por el ventanal. Traté de maquinar un plan.

—Inténtalo, Bells, además si tú no vas yo no voy. Así que sal hoy —rogó y yo hice una mueca. Eran las 5 de la tarde y hacía un calor de infierno. Podía esperar a que mis padres y Edward se durmieran y salirme por al patio trasero. Sí.

—Lo haré, te llamaré cuando vaya a salir y todo —ella chilló y yo sonreí nerviosa. Mierda.

— ¡Bien, maldición! —jodida mal hablada.

—Bien, me iré a bañar en la piscina para provocar a cierto marino, así que te llamo cuando esté lista esta noche.

—Te esperaré cerca de la casa de los Newton como a las 1 a.m. —asentí y me sentí idiota porque ella no me veía.

—De acuerdo, nos vemos.

— ¡Te amo! —reí y le lancé un beso.

—Yo más.

Lancé mi teléfono a mi cama y me giré hacia el armario. Saqué mi biquini azul y unos shorts. Me los coloqué rápidamente y en la parte superior sólo me dejé puesto la parte de arriba del biquini. Tomé una toalla, mi protector solar, mis gafas de sol y bajé las escaleras.

—Bella —dijo Edward en cuanto pasé por su lado en el sillón. Lo ignoré y salí por el ventanal del comedor hacia la piscina. Vi de lejos a Reneé y sentí ganas de gritarle algunas cosas, pero me controlé y lancé mi toalla, mis chalas y mi protector solar a la tumbona. Me quité lentamente los shorts, consciente de que cierta persona estaba mirando a mis espaldas y decidí jugar un ratito con él.

No lo miré en ningún momento y creí haber escuchado un gruñido, por lo que sonreí y me incliné para levantar el short del suelo, dando mi mejor vista. Lo doblé y lo coloqué en la otra tumbona. Tomé el bloqueador en mis manos y me eché lentamente la crema en la pierna izquierda, apoyándola en el borde la tumbona e inclinándome hasta llegar a mis tobillos y luego volviendo hasta mi muslo. Repetí la misma acción un par de veces hasta asegurarme que mi pierna estaba completamente cubierta e hice lo mismo con la otra. Luego pasé mis manos por mi trasero y le eché protector, tocándolo y masajeándolo suavemente.

Sentí la necesidad de mirar por mi hombro pero la controlé, no quería que él supiera lo que estaba haciendo, aunque fuera más que obvio. Me eché protector en los brazos, el estómago y mis pechos, pero cuando iba a comenzar con mi espalda sentí la presencia de alguien más detrás de mí.

— ¿Quieres que te ayude? —Mierda. Su voz sonaba ronca y excitada, pero evité demostrar cualquier signo de lujuria y lo ignoré.

—No, gracias —sentí como suspiraba y sonreí un poco, sólo un poco.

Tomé mi cabello en una desordenada coleta y luego me eché crema en las manos. Las pasé por mis hombros primeros y después por lo que alcanzaba de espalda. Salté graciosamente cuando sentí sus manos en mi cintura y yo me alejé.

—No alcanzas, yo te ayudo —susurró y lo sentí acercarse más a mí. Lo ignoré y continué echándome la crema por la espalda, la pasé por mi cuello y cerré los ojos—. Vamos, bebé, no sé por qué estás enojada —me tensé y continué ignorándolo. Se me daba bastante bien esto. Lo sentí suspirar, como por tercera vez y me sentí un poco perra. Yo no podía obligarlo a hacer cosas, pero realmente quería que él me acompañara. Quería lucirme con él, mostrarles a todas que Edward es mío.

Pero no lo es. Él no es mío.

—Bebé… —susurró y yo apreté mi mandíbula enojada.

—No, Edward, ahora no —dejé el envase del protector sobre la mesita y me recosté en la tumbona, evitando la creciente y desesperada necesidad de mirarlo y lanzarme a sus brazos por un beso suyo.

Ten dignidad.

—Eres realmente infantil, Isabella —alcé mis cejas sorprendida y lo miré enojada.

—Eres realmente amargado, Edward —él me miró furioso por unos segundos y se dio media vuelta para ingresar a la casa. Por lo lejos noté que Reneé nos miraba fijamente a ambos, pero al notar que la miraba se giró e ingresó por la cocina.

Dos semanas.

.

.

.

—Jodida suerte —susurré mientras gateaba un poco con las llaves en mis manos. Coloqué mi celular en silencio cuando comenzaron a llegarme los múltiples mensajes de las chicas, quienes estaban felices de mi decisión.

Tomé la silla de madera larga que estaba en el patio trasero y la coloqué al lado de la pandereta. Menos mal que mis vecinos no estaban. Traté de subirme pero el taco se dobló y de no ser porque estaba afirmada a la muralla casi me caigo de bruces al suelo.

—Joder —Traté de calmarme y pensar en otra manera de salir de la casa—. Por la ventana —sonreí para mí misma y volví a entrar por la puerta de la cocina, dirigiéndome lentamente hacia la ventana que daba hacia la parte delantera.

Ya había desactivado la alarma, esperando que mis padres y Edward no despertaran. No había hablado con él en todo el día, incluso cuando trató de acercarse antes de que me encerrara en la habitación para arreglarme. Maldito orgullo. No sé en qué estoy pensando al enojarme con él, lo resolvería cuando volviera.

—Mierda —susurré cuando casi me volvía a doblar el tobillo. Me afirmé y alcé mi pierna izquierda para pasarla hacia el otro lado, lográndolo y sonriendo con arrogancia para pasar la otra. Casi chillé de la felicidad cuando me vi frente a la ventana por el otro lado y la junté un poco antes de caminar lentamente hacia la reja que me faltaba antes de lograr escapar.

Me saqué los tacones y los tomé con mi mano izquierda antes de comenzar a andar lentamente. Saqué las llaves de mi bolsillo trasero y abrí lentamente el candado, mirando a todos lados para ver si mis padres estaban despiertos.

Lo saqué, abrí el portón lo justo y necesario para poder salir, y chillé un poquito cuando me vi afuera cerrando nuevamente el portón. Coloqué el candado y lo dejé abierto para después. Sólo iría unos minutos, era mejor que estar acá encerrada.

Caminé a hurtadillas hasta llegar a la casa de los Manson, donde me coloqué los tacones y encendí el sonido de mi celular. Marqué el tres y en menos de dos timbrazos la voz de mi mejor amiga sonó atraves de la línea.

— ¿Lo lograste, B? —sonreí estúpidamente y comencé a caminar con prisa hasta la casa de los Newton. No divisé el jeep de Emmett, que era en dónde me iban a venir a buscar. Eran 10 para las 1 y no se oía nada por el vecindario. Evité verme sospechosa, lo último que quería era que me pillara la policía.

— ¡Sí! —chillé despacito, pero ellas lo hicieron fuertemente—. ¿Dónde mierda están? —miré por todos lados y al doblar la esquina divisé el enorme jeep verde. Apagué el celular sin esperar que Rose contestara y troté hasta el auto.

La puerta se abrió, dejando en vista a todos mis amigos sentados incómodamente y no pude evitar reír.

— ¿Es que no hay más autos? —Emmett estaba al volante, con Rose de copiloto, y atrás iban Jasper con Alice en su regazo, Tanya en el regazo de Demetri y Riley. Suspuse que sería yo la que tendría que sentarse en su regazo.

—Los dejamos en la fraternidad de los Beta, pero algunos se colaron y tuvimos que acomodarnos para venir por ti —contestó Alice sonriente y yo rodé los ojos. Guardé las llaves y mi celular en mi cartera y me la crucé por el pecho. Me acomodé un poco la falda ajustada que traía y Riley sonrió abriendo los brazos.

—Tu asiento —todos rieron por su comentario y yo me senté encima de sus piernas sonriendo.

En el momento en que la puerta se cerró, Emmett aceleró y nos dirigimos hacia la fraternidad de los Betas.

—Dios, Bella, nunca pensé que lo harías —susurró Tanya y todos asintieron. Hice una mueca sintiéndome culpable, pero la alejé y sonreí.

—Era ahora o nunca —Rose se giró y alzó las cejas.

— ¿Y Edward? —gruñí y todos rieron nuevamente.

—Enojado —ellos asintieron y Emmett le subió volumen al estéreo. Todos chillamos contentos y en menos de 10 minutos estábamos bajándonos para ingresar a la enorme casa de los Beta.

—Voy a emborracharme hasta morir —sentenció Tanya y todos reímos en acuerdo. Yo no podía tomar mucho, no quería llegar borracha a la casa y que me pillaran.

Ingresamos a la casa y el ambiente estaba encendidísimo, todos bailando, riendo y tomando. Notamos que Brad guapote Larsen, el presidente de los jodidos Beta, se acercaba con una enorme sonrisa a nosotros.

— ¡Brad! —saludó Emmett, quien también era un jodido Beta, y ambos se abrazaron con una sonrisa.

— ¿Qué hay, chicas? —saludó y nos besó a todas en la mejilla, sonriendo coquetamente a pesar de que los chicos estaban a nuestro lado. Jasper, Riley y Demetri también eran de la casa, pero nunca estaban demasiado interesados en eso. A nadie le importaba, pero lo mejor era que teníamos completo acceso a las masivas fiestas que se hacían—. Hola, Bells —sonreí pícaramente y él me guiñó un ojo.

Piensa en Edward, piensa en Edward. Me repetí constantemente, pero todo se olvidó en cuanto noté que Brad nos llevaba hasta los chicos que servían las cervezas. Nos pasó un gran vaso rojo con alcohol y todos le agradecimos.

—Vamos a bailar, Bella —musitó Alice y me abrazó por la cintura, a la vez que todos nos seguían. Me giré y comencé a bailar con Riley animadamente, con la cerveza en mi mano derecha y la izquierda alrededor de su cuello. Él me sostenía con su mano derecha por la cintura y con la izquierda su cerveza.

Bailé animadamente por unos segundos y creí haber sentido vibrar algo, pero lo ignoré. Cambiamos de parejas y comencé a bailar con Jasper, quien ya había terminado su cerveza y podía abrazarme firmemente por la cintura. Me tomé mi tiempo con el primer vaso, no quería emborracharme tan rápido.

—Tengo que irme temprano, Jazzy —le susurré al oído a mi mejor amigo, quien asintió y besó mi frente con cariño.

—Espero no lo hagas de nuevo, Bella, no queremos saber las consecuencias de esto —hice una mueca y él sonrió—. Y arregla las cosas con tu chico.

—No es mi chico —gruñí y él se carcajeó. Tanya me miró por sobre el hombro de Dem y me señaló con los ojos la cocina, asentí y me despedí de mi mejor amigo y me ambas nos fuimos a la concina.

—Tengo sed —declaró y vimos a varios chicos haciendo competencias con los enormes barriles de cerveza. Noté que Emmett estaba ahí y que Rose le estaba haciendo barra.

— ¡Es Emmett! —chillé y ambas nos acercamos para ovacionar a nuestro amigo. Emmett estaba dado vuelta, apoyado por sus brazos en el barril y con la manguera en su boca, bebiendo descontroladamente y mojando su camiseta por completo. Todos nuestros compañeros estaban ahí y los Betas también, apoyando a Emmett y a Chris que estaban compitiendo. Sonreí con anticipación al ver como Chris se detenía un poco para respirar y como perdía el equilibrio de sus brazos, haciendo que sus ya no estiradas piernas se fueran hacia atrás. Todos jadearon y varios chicos se colocaron detrás para evitar que se callera de golpe al suelo.

— ¡Ganaste! —chilló Rose y todos chillamos en conjunto. Emmett se alzó y se limpió rápidamente la cerveza de la boca, sonriendo con arrogancia y besando ferozmente a Rosalie.

—Necesito beber… y tener sexo —murmuró Tanya al ver como los chicos se devoraban la cara. Reí fuertemente y ambas nos servimos cerveza en los vasos. Noté que Seth, un chico que estaba en 2do de medicina, estaba haciendo mezclas en la encimera con varios chicos rodeándolo.

— ¿Probemos? —tenté y Tanya miró ansiosa el lugar. Nos bebimos lo más rápido posible la cerveza y nos acercamos para pedir un trago—. ¿Qué ofreces, Seth? —el chico me miró sonriente y alzó la botella de tequila con unos trozos de limón.

—Shots —sonreí y con Tanya asentimos—. ¿Ambas? —volvimos a asentir y él comenzó a servirnos. Nos pasó ambos vasos con tequila y nos ofreció la sal.

—¿Hacemos lo mismo que en la fiesta de Jasper? —la miré sorprendida y luego sonreí traviesa.

—Por supuesto, cariño —ella sonrió y tomó la sal entre sus manos. Me tomé el cabello y lo amarré en una desordenada coleta, dejando completamente descubierto mi cuello, a excepción de mi collar. Ambas sonreímos y ella se inclinó para comenzar a besar y lamer mi cuello, logrando que riera suavemente y me calentara un poco.

Escuchamos varios jadeos y noté que varios se acercaban para mirarnos. Hice mi cabeza para atrás y le di mejor acceso, lo que le facilitó para lamer más mi cuello y rociar lentamente la sal en él. Me pasó el limón y yo lo coloqué en mi boca, apretándolo con mis dientes por la parte trasera en la cáscara.

Tanya sonrió y colocó el shot de tequila dentro de mi blusa, dejándolo entre mis pechos.

—Ahora sí —me guiñó el ojo y ambas miramos brevemente la multitud que nos rodeaba. Se inclinó y lamió lentamente la sal de mi cuello, logrando que se me erizara un poco la piel y que me diera calor. Succionó suavemente y lo limpió por completo, para luego inclinarse y tomar el shot de tequila con su boca, afirmándolo con sus labios y echando la cabeza hacia atrás para beberse de golpe el licor. Sonreí como pude cuando se acercó y tomó el limón entre sus labios, rozándolos castamente con los míos y mordiendo el limón hasta dejarlo sin jugo.

Ambas sonreímos y nos giramos hacia los chicos, y chicas, que nos veían atónitos. Sonreímos y tomamos nuestros vasos de cerveza y yo me bebí el shot de un tirón antes de rellenar con cerveza el vaso rojo e irnos hacia la sala. Nos reímos fuertemente al notar cierto problema en la mayoría de los chicos y nos abrazamos para comenzar a bailar con dos Betas que se acercaron a nosotras.

.

.

.

—Ll-llé-llévame a ca-sa —balbuceé borracha a Jasper, quien estaba bailando animadamente con Alice. Estaba un poco mareada, pero seguía completamente consciente y estaba un poco ebria. Me reía por todo y me había tropezado un par de veces con los tacones al bailar. De no ser por Brad, con quien había bailado la última hora y media, me habría caído de bruces al suelo.

—Vamos —me tomó por la cintura y me acercó a él, mientras que con el otro brazo llevaba a una muy encendida Alice. Nos acercamos a Emmett y Rose, quienes estaban bailando sensualmente en medio de la sala y también se nos unieron. Rose estaba bastante ebria, casi como nunca. Vimos a Tanya y Demetri besándose en la parte delantera de la casa y nos fuimos hacia allá, pescando de paso a Riley que se estaba sacando la ropa en el sillón de la sala.

—Va-vamos —traté de decirle a Tanya y ella asintió. No sé cómo llegamos al jeep, pero era obvio que el que iba a conducir sería Jasper. Agradecía que Emmett se quedara con Rose esa noche, así nadie tenía que conducir de más.

Dejamos a Riley primero en su casa, quien fue recibido por su hermano James, quien le sonreía burlón. Luego dejamos a Demetri y Tanya en casa del primero, ambos se despidieron con risotadas y respondiendo los estúpidos chistes de Emmett.

—Déjame en la casa de los Newton —logré decir. Estaba recuperando la lucidez pero no el equilibrio. Me despedí de mis amigos y quedamos en juntarnos el domingo, para celebrar que tenía la casa para mí sola.

Con Edward.

—Nos vemos —susurré para que nadie me escuchara, algo completamente estúpido pero como no estaba 100% lúcida me dio lo mismo. Mis amigos rieron suavemente, tapándose la boca con la mano para evitar que los oyeran. Sí, estúpido.

Caminé lentamente hasta mi casa, tambaleándome ligeramente. Llegué hasta la reja y la abrí con suavidad, apretando los dientes para no reírme ante esto. Cerré el candado, me quité despacio los tacones y caminé de puntillas hasta la ventana de la cocina. La abrí y agudicé el oído para identificar algún movimiento en la casa: nada. Perfecto. Pasé con suavidad, algo completamente difícil, y mi pie chocó contra el marco, haciendo que soltara un suave alarido de dolor.

—Mierda —sollocé sin lágrimas y monté la ventana, inclinándome hacia la izquierda para poder pasar la otra pierna. Agradecía ser alta, osino nunca lo hubiera logrado. ¿Cómo lo habría logrado Alice? Dios, no lo habría hecho.

Miré para todos lados, cerré la ventana con el seguro y casi chillé de la felicidad. Hice como si nada, dejé los tacones al lado de la puerta que daba al patio, la cual también cerré con pestillo. Encendí la luz de la cocina y la luz me desenfocó la vista.

—Joder —murmuré y me acerqué al refrigerador, el cual abrí y miré con ansiedad. De verdad tenía hambre. Creo que eso se llamaba bajón.

Miré con anhelo la torta de chocolate que Charlie había traído por la cena, en la cual no comí nada como huelga, y la saqué para cortar un trozo.

Me quité la cartera, saqué el celular y dejé ambas en la encimera. Dejé la torta y con un cuchillo corté un gran trozo para mí.

— ¡Sí! —jadeé y volví a colocar la torta en el refrigerador. Tomé la cuchilla y la lavé para luego dejarla en su puesto. Busqué un tenedor y me senté cómodamente sobre la encimera, tomando el plato con mi torta e inhalando el exquisito aroma—. Mmmm… —gemí cuando el frío trozo ingresó a mi boca, estaba delicioso.

Llevaba la mitad del trozo y sentí que no podía más, pero no desperdiciaría la torta así que continué comiendo.

— ¿Se puede saber dónde estabas? —jadeé asustada y casi boto el plato con la torta al suelo al escucharle hablar furiosamente. Mi corazón se aceleró por el susto y giré mi cabeza hacia la derecha y lo miré confundida. Edward estaba apoyado en la puerta de la cocina, vestido solamente con sus pantalones de pijama y dejando al descubierto su bronceado pecho. Pasé mi lengua por mis labios, todavía tenía hambre.

—Comiendo torta —Mierda, me había pillado. Hice como si nada y continué comiendo con devoción. Lo oí suspirar y caminar hasta donde yo estaba.

—No creas que no me di cuenta, Bella. Cuando fui a tu habitación y no estabas, supuse que te escapaste —su tono de reproche me enfureció. ¿Qué se creía él?

— ¿Y qué si lo hice? —contesté desafiante y llevándome a la boca otro pedazo de torta. Él miró fijamente el movimiento y sus ojos se oscurecieron, pero movió ligeramente la cabeza antes de mirarme enojado.

— ¿Qué tal si hubiera sido Reneé la que hubiera ido en vez de mí? —rodé los ojos y volví a comer torta. Me eché un pedazo enorme, dejando el plato completamente vacío. Lo coloqué en el fregadero y traté de bajarme de la encimera, pero Edward rápidamente me afirmó de los muslos y lo impidió—. Eres realmente inconsecuente con tus actos, deberías madurar —Auch. Sus palabras me dolieron y él lo notó por lo que se acercó para acariciar mi mejilla. Giré mi cara antes de que hiciera contacto.

—No —musité con frialdad. Traté de bajarme nuevamente y él volvió a evitarlo colocándose entre mis piernas. Si no hubiera estado tan sentida y enojada lo hubiera acercado a mí y me lo hubiera comido a besos.

—Dios, Bella, estaba realmente asustado de que te pasara algo —susurró y yo lo ignoré—. Te llamé cientos de veces y no contestabas. Estás ebria y echa un desastre —fruncí mis cejas y lo empujé con la poca fuerza que tenía. Él entendió y se alejó, por lo que aproveché para bajarme, tambaleándome un poco. Dios. Que resaca tendría.

Tomé mi celular y el bolso, los tacones y comencé a caminar fuera de la cocina.

— ¿Me escucharás? —le saqué el dedo de en medio y caminé con rapidez hasta las escaleras. Se veían infinitas. Me tambaleé ligeramente cuando subí y me afirmé con fuerza a la barandilla, evitando caerme. Oí como la puerta de la cocina se cerraba pero lo ignoré.

Continué caminando y sonreí cuando logré llegar hasta el segundo piso, pero aún faltaba otro. Jodida suerte, Dios.

—Mierda —murmuré y sentí las manos de Edward en mi cintura evitando que me cayera. Traté de quitarlas, pero él me apretó con más fuerzas. Me rendí y continué caminando hasta el tercer piso. Jadeé cuando sus manos comenzaron a acariciar el interior de mi blusa, logrando que volviera a perder el equilibrio—. Basta —siseé y él rio. Caminé con más rapidez y furiosa hasta llegar al pasillo. Traté de caminar hasta mi habitación, la cual quedaba frente a la suya, pero me vi rápidamente acorralada contra la pared y su cuerpo—. ¿Pero qué…? —y sus labios capturaron los míos. Me sorprendí ante eso pero le correspondí de todas maneras. Gemí frotándome contra él y respondí con hambre y necesidad, lo había deseado demasiado durante el día.

Edward llevó sus manos hasta mi trasero y me alzó, haciendo que pasara mis piernas alrededor de su cintura y que nuestros sexos se encontraran. Ambos gemimos y comencé a frotarme con ansiedad en su erección. Nos separamos unos segundos para respirar y volvimos a besarnos con desenfreno, acariciando cada parte que teníamos al alcance.

— ¿Chicos? —sentí como mi corazón se detenía y todo mi cuerpo se tensó, al igual que el de Edward, y ambos nos miramos asustados. Miré hacia la escalera y una pequeña luz se veía. Me bajé torpemente de su cuerpo y me asomé por la muralla de la escalera. Mi madre estaba con su pijama asomada en la puerta de su habitación, mirando hacia arriba.

— ¿Sí, mamá? —por favor que no haya oído, por favor. Ella sonrió tranquila y yo traté de devolverle la sonrisa. Sentí a Edward a mi lado y Reneé volvió a sonreír.

—Me asusté, no sabía que eran ustedes. ¿Qué hacen despiertos a las 4 de la mañana? —hice una mueca y miré a Edward.

—Tenía hambre y comí un pedacito de torta —medio mentí y Reneé asintió.

—No podía dormir y fui a beber un vaso de leche, nos encontramos en la cocina y luego subimos —hasta yo podía creerle con ese tono de voz. Mi mamá asintió y bostezó.

—Duerman. Buenas noches —respondimos al unísono y ambos suspiramos cuando la puerta se cerró.

—Idiota —musité y comencé a caminar hasta mi habitación.

— ¿Ahora por qué? —ignoré que me seguía e ingresé a mi habitación. Lancé mis tacones al lado de la puerta y suspiré. Realmente lo deseaba.

Lo sentí cerrar la puerta con pestillo y acercarse a mí, lo esperé. Pasó sus brazos por mi cintura, besó mi cabeza y yo sonreí. Me apoyé en su pecho y me relajé.

—Lo siento, Edward —musité y él me abrazó más fuerte. Giré mi cabeza para mirarlo y él sonrió.

—Yo también lo siento, bebé —besó castamente mis labios y apoyó su frente en la mía. Sus orbes brillaban y podía jurar que las mías también.

—Fui una idiota al querer obligarte a ir, sé que no es tu estilo o simplemente no estás cómodo en ese ambiente, pero quería que fuéramos juntos, que todos te vieran de mi mano. Que todos supieran que eres… —me callé de inmediato. Él no lo era, él no es mío.

—Soy tuyo, Bella —jadeé y sonreí—. No quería ir porque estaría celoso de todos los chicos que te verían, sólo me enfoqué en eso y no en ti y en cómo te sentías. Lo siento —hizo una mueca y yo rodé los ojos. Me alcé un poco para besarlo con más firmeza y él me respondió de igual manera.

—Soy tuya, no quiero que nadie más me bese o toque como tú —sus orbes se oscurecieron y me besó profundamente, haciéndome girar para quedar completamente de frente. Sonreí contra sus labios cuando comenzó a quitarme la blusa, arrancándole todos los botones y riendo en el proceso.

Bajé desesperada su pantalón de pijama y quedó sólo con boxers, lo besé con desesperación y Edward me quitó la falda, bajándola con violencia por mis piernas y llevándose mis bragas en el camino. Me quité el sostén y mis pechos le dieron la bienvenida. Él se inclinó y comenzó a besarlos lentamente, sacándome jadeos y gemidos silenciosos, pero gemí fuertemente cuando mordió mis pezones y los succionó con fuerza. Haciéndome mojar y gritar como una perra en celo.

—Realmente debería reprenderte por escaparte de la casa, Isabella —Joder. Su tono de voz, había cambiado a uno completamente autoritario. Me lo imaginé en su traje blanco de marino, ordenando a cientos de marinos, completamente serio y autoritario.

—Mierda —jadeé sudorosa. El que ya hiciera calor no ayudaba en nada y menos si él le hablaba así.

—Esa boquita —susurró él, mordiéndome suavemente los pezones y succionándolos con avidez. Eché mi cabeza hacia atrás y gemí fuertemente. Alzó la cabeza y me besó ansiosamente, mordiendo y succionando mis labios, pasando su lengua por ellos y volviendo a introducirla a mi boca. Mordí su lengua y succioné su labio superior, mordiéndolo y succionándolo. De repente me tomó por las caderas y me giró, acorralándome contra la pared. Mis pezones se endurecieron al tener contacto con la fría muralla y apoyé mis manos para sostenerme.

Jadeé cuando sentí su mano en mi hombro y me obligó a agacharme. Abrí violentamente los ojos y lo miré por sobre el hombro mientras él se sacaba los boxers. Sonrió torcidamente y me sujetó por las caderas, rozando lentamente su erección en mi entrada.

—Edward —gemí y me apoyé con fuerza en la pared. Una de sus manos fue a mi estómago y lo acarició lentamente, bajando hasta mi cadera y llegando hasta mi botón, el cual rozó y apretó con suavidad—. Mierda —jadeé y mis caderas se movieron involuntariamente contra su mano. Acarició mi entrada y luego volvió a tocar mi clítoris—. Por favor… —susurré y él volvió a acariciar mi entrada con su erección.

Edward acarició mi pecho desnudo y se inclinó para morder mi lóbulo izquierda, succionándolo y haciéndome gemir fuertemente.

—Agárrate, amor, no quiero que te hagas daño —Asentí como pude y extendí mis brazos para poner distancia y no lastimarme, y volví a gemir al sentirlo tan duro contra mí. Abrí la boca para decir que estaba bien cuando entró por completo en mí, haciendo que toda cordura y aire se fuera de mi cuerpo. Jadeé violentamente y él gimió, saliendo nuevamente y volviendo a entrar de una embestida.

—Mierrrda —siseé y me apoyé con fuerza contra la pared. Sentí como su mano derecha iba hasta mi clítoris y comenzaba a acariciarlo, llevándome hasta un violento orgasmo. Gemí fuertemente y me mordí el labio para evitar cualquier grosería.

Edward continuó embistiendo con fuerza y volví a gemir. Llevé mi mano izquierda hasta la suya y entrelacé nuestros dedos. Lo sentí inclinarse y giré mi cabeza para besarlo con necesidad. Sus embestidas aumentaron y gemí con fuerzas, sintiendo el deseo hasta en la punta de mis dedos.

—Me vengo —avisé cuando sentí que mis paredes volvían a contraerse. Edward llevó su mano derecha a mi cadera y me afirmó con más fuerza, dando estocadas rápidas y certeras. Alzó un poco mis caderas y dio en mi punto, haciéndome gemir un poco más fuerte. Dio 3 embestidas más en ese lugar y ambos nos vinimos en un maravilloso orgasmo.

Jadeé en busca de aire y apoyé mi frente en la pared, tratando de calmar mi respiración. Edward me abrazó fuertemente por detrás y besó mi espalda sudorosa, provocándome un exquisito escalofrío.

— ¿Estás bien, te hice daño? —susurró preocupado besando mi hombro. Negué con la cabeza y sonreí. ¿Qué mejor reconciliación que esa?

Salió de mi interior y lo extrañé de inmediato. Me sujetó por la cintura y me giré para abrazarlo fuertemente. Sonreí cuando besó mi frente con ternura.

—Te quiero —musitó y sentí como mi corazón se hinchaba de la felicidad. Besé castamente sus labios y sonreímos como idiotas.

—Te quiero también —sus ojos brillaron de emoción—. Vamos a dormir —musité y él rápidamente me alzó en brazos, causando que riera como una adolescente, lo cual sí soy, y me tiró suavemente a la cama.

— ¿Quién dijo que quería dormir? —murmuró contra mi estómago y yo solté una carcajada.

—Hazme el amor toda la noche.


¡Hola!

Chicas, no saben cuán agradecida y emocionada estoy con sus favoritos, alertas y reviews, sobretodo con los últimos y con los PM. Las quiero y adoro sus palabras, son lo mejor que hay para mí.

Quisiera agradecer de corazón a:

luzdeluna2012, EsteVas, Liz Belikova, Coona (teamoweonarica), Melania (gracias cariño), TaNiiaGG (¡por las barbas de Zeus! Morí con eso.), Deathxrevenge, JustMeACrazyTwilighter, NaTaLuCuLlenPttzn19, Asira Cullen, Sky TwiCullen (Te adoro, Scar.), Giorka Ramirez Montoya, monidelopez25 (yo también traté de reprimirlos y he aquí el resultado jeje.), , mvfap18, KristenSteele, LAUCAMI, jupy, Tanya Masen Cullen, Zoe Hallow, torposoplo12, iviifican (Ivana! Gracias loquilla), E'a, andredecullen, klary alice cullen swift (vecina, te adoro!), Mercedes, krisvampire, TaNiiaGG (Ya te adoro, loquilla!), CamBludi85 (te adoro cariño!), malfoy19dani, .gi.

¡MUCHAS GRACIAS POR SUS PALABRAS, las quiero!

PD1: Una confesión, la parte en la que Bella se escapa pasó de verdad.. jaja pero no resultó tan perfecto, ya que yo sí rompí el vidrio con mi embriaguez ¡No lo hagan en casa!

PD2: Otra noticia, este no será un mini-fic.. jiji Creo que lo haré más extenso.

Nos leemos.


Adelanto:

Miraba insistentemente el reloj y a Edward, de hito en hito, luchando con la creciente necesidad que sentía en mi vientre bajo y en mi sexo.

Sí, Dios, este hombre me mantenía caliente, sobre todo después de las 3 veces que lo hicimos anoche y hoy en la mañana en la ducha. Si así era con mis padres en la casa, no quería imaginar cómo será cuando se vayan.

Joder, sí que lo hacía, me imaginaba la cocina, la piscina, el garaje, el baño, el sótano, las habitaciones de invitados, sobre la mesa del comedor, el sillón, contra la pared de la escalera, de pie, sentados, en cuatro… maldición, estaba más caliente y Edward lo notó.

—Pervertida, se nota a kilómetros lo que estás pensando. —murmuró con suficiencia y yo rodé los ojos. Maldito avión y su retraso. — ¿Qué te parece hacerlo en el jeep? —lo miré con una sonrisa y asentí.