Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.
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¡Mayday!
"La vida es como el punto G, aprende dónde tocar y tendrás a alguien a tus pies.
—Anónimo."
Capítulo 4: Libertinaje.
— ¿Qué es eso? —fue lo primero que me dijo cuando comencé a desperezarme. Fruncí mis cejas y lo ignoré tratando de volver a dormirme, sin embargo podía oír las órdenes histéricas que Reneé daba desde el primer piso—. Dime, Bella —suspiré y me giré para verlo con el ceño fruncido.
— ¿Qué cosa? —carraspeé para aclarar mi garganta y él rodó los ojos enojado. ¿Por qué estaba enojado ahora? Pensé que habíamos solucionado todo en la noche.
—Anoche no lo noté porque estaba oscuro, pero estoy 100% seguro que no lo hice yo —entrecerró sus ojos y me miró fijamente.
— ¿A qué mierda te refieres? —Dios. Él se acercó y evité que mi cuerpo reaccionara ante eso, aún no me acostumbraba.
—A esto —musitó tocando levemente mi cuello. Mi piel se colocó como de gallina y me estremecí levemente, causando que sonriera un poco, pero seguía molesto. Miré hacia abajo y me vi completamente desnuda, luego observé donde tenía su mano pero no podía ver nada.
—No veo nada —susurré y me levanté lentamente de mi cama, sintiendo como mi piel se erizaba ante el contraste de temperatura. Lo oí jadear pero lo ignoré, acercándome a mi baño para verme en el espejo. Fruncí mis cejas e hice un puchero al ver mi desordenado cabello, moví mi cabeza de un lado a otro pero un suave dolor me estremeció. Dios, resaca.
— ¿Lo viste? —salté al oírlo tan cerca y abrí los ojos para verlo desnudo detrás de mí. Negué con la cabeza y tomé mi cabello con mis manos para descubrir mi cuello. Una fuerte carcajada salió de mi boca, mientras que las cejas de Edward se fruncían y su mandíbula se tensaba. Dios, Tanya, maldita perra, me había hecho un chupón ayer. Joder—. ¿Por qué mierda te ríes? ¿Recuerdas algo siquiera? —rodé los ojos ante su tono molesto y continué riéndome a la vez que acariciaba el sonrosado y notorio chupón. Jesús.
—Ni siquiera sabía que lo tenía —jadeé y volví a reírme, pero me detuve de inmediato cuando lo vi girar furioso a la habitación y se sentarse en la orilla de mi cama—. No te enojes, bebé —él gruñó y me ignoró. Sonreí ante su enojo y me acerqué para sentarme a horcadas sobre él, cosa que lo sorprendió y sus ojos se oscurecieron, pero continuaba enojado.
—No, Bella —murmuró jadeante y sentí como su erección rozaba mi centro. Alcé una de mis cejas y él se sonrojó. Me levanté un poco para introducirlo en mí y él no lo evitó, por supuesto que no lo haría. Ni siquiera yo sería capaz de eso—. Bella —siseó y me tomó por las caderas. Me acerqué y besé suavemente sus labios, deleitándome con su sabor y calidez, mordiendo y succionando su lengua.
—Amor… —era primera vez que lo llamaba así y él lo notó, porque de inmediato me miró con ojos brillantes y me besó con más fuerzas, a la vez que me alzaba y me bajaba sobre su erección—. Ese chupón… Dios —jadeé y me afirmé a sus hombros. Edward me miró atento y tomó mi labio inferior entre sus dientes.
— ¿Sí? —moví un poco la cabeza, ignorando el dolor y pesar que me causó, y apoyé mi frente en la suya, mirándolo fijamente.
—Lo hizo Tanya —reí suavemente al ver como se tensaba y abría cómicamente sus ojos. Mierda—. Ayer nos bebimos un tequila y ella… bueno repetimos lo que hicimos en casa de Jasper, ella colocó sal en mi cuello y lo succionó, pero no sabía que me había dejado un chupón —De seguro lo hizo a propósito la muy maldita. Sentí como Edward se colocaba más duro dentro de mí y me besó de lleno en los labios a la vez que nos giraba en la cama y me colocaba de bajo, moviéndose con una sorprendente rapidez y maestría.
—Me asusté —confesó jadeando y yo sonreí como estúpida, amaba como era cuando se ponía celoso. Enrosqué mis piernas en su cadera y me alcé para que diera en mi punto, buscando rápidamente mi liberación.
Edward se inclinó y comenzó a succionar en el mismo lado donde Tanya lo había hecho anoche, causando que gimiera y riera a la vez. Pasé mis manos por su espalda y lo arañé suavemente, me comía las uñas y no había problemas con eso.
Sentí como el fuego en mi vientre se incrementaba y él se alzó para morder mis labios, embistiendo con fuerza dos veces más y llevándonos a ambos a un erótico orgasmo.
Me abrazó por unos minutos, todavía estando sobre mí, y yo sonreí. Besé su mandíbula y me removí.
—Eres un celoso —lo molesté y él gruñó sonriente. Me levanté de la cama y él me siguió—. Bañémonos antes de que Reneé se meta en mi habitación o en la tuya —él asintió y me abrazó por la cintura guiándome a la ducha.
—Te quiero —susurró y yo sonreí. Dios, yo también.
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—Realmente adoro ser hija única —musité al ver como la señora pasaba violentamente las manos por su cabello. Temí por los pequeños niños y por el adolescente que lucía estresado.
—Yo deseaba una hermana —miré a Edward sonriente y él besó rápidamente mis labios. Llevábamos una hora esperando a que el vuelo de mis padres llegara y pudieran marcharse de una vez. Miraba insistentemente el reloj y a Edward, de hito en hito, luchando con la creciente necesidad que sentía en mi vientre bajo y en mi sexo.
Sí, Dios, este hombre me mantenía caliente, sobre todo después de las 3 veces que lo hicimos anoche, hoy en la mañana en la cama y en la ducha. Si así era con mis padres en la casa, no quería imaginar cómo será cuando se vayan.
Joder, sí que lo hacía, me imaginaba la cocina, la piscina, el garaje, el baño, el sótano, las habitaciones de invitados, sobre la mesa del comedor, el sillón, contra la pared de la escalera, de pie, sentados, en cuatro… maldición, estaba más caliente y Edward lo notó.
—Pervertida, se nota a kilómetros lo que estás pensando —murmuró con suficiencia y yo rodé los ojos. Maldito avión y su retraso—. ¿Qué te parece hacerlo en el jeep? —lo miré con una sonrisa y asentí.
—Perfecto —él sonrió y se inclinó para besarme de nuevo, pero la voz de Reneé nos interrumpió.
—Acaba de llegar, ya nos vamos —nos miró sonriente y con cierto brillo en los ojos, supuse que por ir a visitar a su mejor amiga de toda la vida.
—Pórtense bien —musitó papá y yo rodé los ojos. Haría todo lo contrario apenas pusieran un pie en el avión.
Edward rio y se acercó a Reneé para abrazarla, a la vez que ella le ordenaba que cuidara la casa y a mí, y que ambos lo llamáramos con regularidad. Rodé los ojos y me acerqué para abrazar a mi padre.
—Cuídense, Bella, cualquier cosa nos llaman. Cualquier cosa —repitió mirándome a los ojos. Asentí y él besó cariñosamente mi frente. Lo solté y abracé a mi madre, quien estaba aguantándose las ganas de llorar. Ay, mamá.
—Cuídense, cariño, no hagan maldades y cuiden la casa —me ruboricé y ella me abrazó. ¿Qué mierda mi madre?
Ambos nos abrazaron a Edward y a mí, mirándonos con cariño y se alejaron hasta la puerta de embarque. Sentí el brazo de mi chico abrazarme por la cintura y me recosté contra él, sintiendo tristeza porque no vería a mis padres por dos semanas. Pero esa se veía realmente opacada con la ansiedad y la lujuria que sentía por él. Observé como ambos, Reneé y Charlie, se giraban y nos despedían con su saludo de sus manos. Sonreí y les correspondí, para luego entrelazar mis dedos con los de Edward.
Nos acercamos a la ventana enorme que había y de inmediato recordé el día en que Edward había llegado con los demás marinos. Recordé a Kendra y supe que tendría que llamarla, habíamos quedado en juntarnos y ahora parecía ser el momento perfecto.
—Lo primero que quise hacer el día en que llegué fue tomarte en brazos y besarte fuertemente —Sonreí cuando susurró eso en mi oído y yo me acerqué más a su pecho—. Lo primero lo hice, pero no fue suficiente.
—Pervertido —ambos reímos y vimos como mis padres subían por las escaleras del avión.
Vimos como las demás personas subían al avión y me sentí feliz, libre, ligera y sin presiones.
— ¿Qué crees que pensarán de nosotros? —murmuró cuando comenzamos a caminar hacia mi jeep. Hice una mueca, sabía a qué se refería, había tenido la misma preocupación desde el primer momento, pero nunca se la había hecho saber. Debí suponer que él también estaría nervioso con eso, no era algo menor.
—Espero que lo tomen bien, no quiero que eso nos afecte —él asintió y me besó castamente en los labios antes de abrirme la puerta del piloto, para luego dirigirse al del copiloto.
Dios, y pensar que en 3 semanas no lo tendría conmigo. Sentí como mi corazón se quebraba y las ganas de llorar me llenaron por completo.
¿Qué haríamos?
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—Deberían estar disfrutando de su tiempo a solas —rodé los ojos ante su sugestivo movimiento de cejas y bebí un poco más de limonada.
—Yo estaría cogiéndomelo en este preciso momento —todas reímos ante el tono caliente que usó Alice.
Estábamos con las chicas y los chicos, habían aparecido en la puerta de la casa en el peor momento, justo cuando nosotros estábamos poniéndonos cariñosos.
Realmente era una ninfómana, una maldita adicta al sexo con Edward. ¿Quién no lo sería? Sólo yo tenía el placer de tenerlo, abajo y encima de mí. Estaba feliz con eso.
—Tendrás dos semanas, yo que tú saco provecho —Todas miramos a Tanya con una sonrisa y ella rodó los ojos. Ella sí era una ninfómana, lo hacía hasta en la universidad. Pobre Demetri.
Los chicos estaban jugando fútbol junto a la piscina, en el pasto, y estaban jodidamente calientes. Todos, los 5, estaban jugando sólo con zapatillas y sus bañadores. De hecho, Ben estaba en una sunga, cosa que calentaba sólo a Angela, quien se lo devoraba con la mirada.
—En mi casa no, Weber —le advertí provocando un sonrojo y la risa de todas.
—Perra —sollozó sin lágrimas y volvimos a reír—. Bañémonos.
— ¡Joder, sí! —jadeó Alice y nos levantamos para meternos a la piscina. Hacía un calor de mierda, estaba toda sudada y estaba bronceándome bastante.
—Chicas, váyanse. —lloriqueé cuando vi que Edward chocaba su puño con Jasper, ambos sudados y sonrosados. Me froté las piernas en la piscina y me tiré de un salto, ya no aguantaba la puta calor y el dolor en mis piernas, o entrepierna.
—Esto fue una mala idea —susurró Rose a mi lado, ambas mojadas y mirando directamente a los chicos. Angela, Alice y Tanya se metieron lentamente por las escaleras y después dieron un pequeño clavado hasta llegar a donde estábamos nosotras.
—Por cierto, ¿Qué dijo Edward de mi regalo? —miré a Tanya con una sonrisa y le pegué un suave manotazo en el hombro.
—Perra, se puso histérico esta mañana, estaba enfadadísimo —las chicas sólo rieron y yo las acompañé.
—Era la idea, tenía que enojarse. ¿Cómo fue la reconciliación?
—Mierda, no te lo diré —ignoré los pucheros de todas y me sumergí en la piscina, abriendo los ojos antes de salir al otro lado.
— ¡Tienes que hacerlo! —rodé los ojos y todas comenzaron a nadar hasta mí.
— ¡Bebé! —sonreí y giré mi cabeza para ver a Edward con mi celular en su mano.
— ¿Qué pasó? —nadé lentamente hasta las escaleras y él se acercó con una toalla en su mano izquierda y mi celular en su derecha.
—Es… ¿Kendra? —frunció las cejas y yo abrí sorprendida mis ojos. ¡Kendra!
— ¿Está en la línea? —él asintió y me ayudó a salir de la piscina. Me sequé rápidamente las manos y tomé mi celular de su mano. Él sonrió y comenzó a secar mi cuerpo, causando que me estremeciera—. ¿Kendra? —pregunté e ignoré los silbidos que mis amigos le daban a Edward.
— ¡Bella! —chilló mi amiga y yo sonreí antes de darle un manotazo a mi chico—. ¿Cómo estás? ¿Qué tal todo? ¿Se pusieron al día?
— ¿Eso no debería preguntártelo a ti, suertuda? —contesté entre risas y mi amiga me acompañó. Edward lanzó la toalla a una de las tumbonas y se cruzó de brazos frente a mí. Rodé los ojos y me adentré hasta la cocina.
— No hemos salido del departamento… —murmuró con confidencialidad y ambas volvimos a reírnos en carcajadas.
—Joder —jadeé y volví a reír.
— ¿Y tú, pequeña suertuda? —me mordí el labio inferior y miré por la ventana antes de sentarme en una de las sillas de la cocina. Edward estaba hablando con Emmett y hacía gestos en su cabeza, como si estuviera haciendo un gesto de la marina.
—No tanto como no salir de casa, pero algo hemos hecho —ella chilló y yo me sonrojé. Mierda, me estaba acostumbrando a eso.
—Diablos, tenemos que reunirnos, todos, los cuatro, joder —chilló y yo reí.
—Por favor, necesitamos hablar demasiado —noté que Edward giraba y se encaminaba hasta la puerta de la cocina mientras que los demás se lanzaban como pendejos a la piscina. Mi mirada se cruzó con la suya y él sonrió.
—Bien, ¿estás libre mañana? —mordí mi labio inferior y traté de concentrarme en mi amiga.
—No, mañana no. ¿Qué tal el lunes? —Edward me miró confundido y se acercó hasta colocarse entre mis piernas. Sonreí cuando besó suavemente mi frente y se dirigió hasta el refrigerador, sacando una cerveza helada.
—De acuerdo, ¿vamos al centro comercial? —miré a mi chico, bebiendo concentradamente su cerveza y mi aliento de atoró. Mierda.
—Esto… sí, comemos allá y todo —sentí la risita de Kendra y supe que algo pasaba.
—Mierda, sí. ¿Dónde nos vemos? —jadeé un poco cuando Edward se terminó toda la botella y me guiñó el ojo antes de botarla en el basurero.
—En la entrada… ¿tipo 1? —sonreí cuando él se acercó y comenzó a besar mi cuello, logrando que me estremeciera ante lo fríos que estaban sus labios.
—Chica, por Dios —se burló mi amiga y yo sonreí—. A las 1 en la entrada principal. Ahora, me voy y disfruta —chilló y colgó antes de que pudiera contestarle.
— ¿Qué Kendra? —murmuró Edward besando mi mejilla suavemente.
—La chica del aeropuerto, la esposa de Harold —expliqué y él asintió antes de besar suavemente mis labios.
— ¿Los veremos?
—Sí —jadeé cuando comenzó a besar mi cuello, mordiéndolo suavemente y succionándolo. Dios, mi cuello estaba lleno de chupones—. Dejar de hacerme chupones… —susurré y sentí su sonrisa contra mi piel.
— ¿Sólo eso? —masculló apoyando sus manos en mis muslos. Sentí las risas de mis amigos y los odié por estar en mi casa en estos momentos.
—Sí… ahora vamos afuera —murmuré jadeando, cosa que le agradó. Me levanté rápidamente de la silla y me encaminé hacia el patio trasero. De repente fui levantada en volandas del suelo y chillé cuando Edward rio. Le pegué un fuerte manotazo en el hombro cuando lo vi avanzar hacia la piscina, y pude pegar un fuerte grito antes que nos lanzara a la piscina.
Abrí mis ojos dentro del agua y me impulsé hacia la superficie, donde pude escuchar dificultosamente las risotadas de mis amigos.
— ¿Bebé? —susurró él ansioso. Eché mi cabello hacia atrás y tomé una gran bocanada de aire, tratando de calmar mi respiración. Entrecerré los ojos hacia donde estaba el marino y él sonrió torcidamente tratando de calmar.
—Huye —advertí y él salió nadando con velocidad hasta las escaleras.
Me vengaría, y sabía qué maneras podrían lograrlo. Oh, sí.
Dos horas después los chicos entendieron el mensaje, el cual tardó bastante en llegar, y se fueron, dejándonos completamente solos. Sonreí cuando las chicas me guiñaron el ojo y se llevaron a sus chicos en el momento en que Edward fue al baño. Recogí todo rápidamente, boté las botellas de cervezas vacías en el basurero, ordené las tumbonas y sonreí cuando vi todo ordenado.
Como era verano y el cielo estaba despejado tardaba en atardecer, aun siendo que eran las 6 de la tarde. Escuché los pasos por la escalera y me metí lentamente en la piscina, esperándolo.
— ¿Y los chicos, amor? —lo escuché decir cuando cruzó la puerta de la cocina hacia el patio. Sonreí con picardía cuando entendió que estábamos solos y una sonrisa torcida se posó en su atractivo rostro.
— ¿Qué chicos? —inquirí y comencé a nadar de espaldas, dándole una adecuada vista de mis pechos. Sus ojos bajaron rápidamente hasta ellos y pude jurar que se oscurecieron. Se acercó lentamente a la piscina, sacándose su camiseta y sus zapatillas en el camino.
—Estaba deseando que se fueran —comentó mientras yo rodaba los ojos. Tomó una cerveza intacta de la mesita y la abrió para llevársela a la boca. Él debía saber cómo me ponía cuando lo veía beber así. La dejó hasta la mitad y la colocó sobre la mesa antes de mirarme fijamente. Sonreí con seguridad y llevé una de mis manos a la parte trasera de mi biquini superior, desabrochando la parte que se cerraba en mi cuello y dejándolo caer al agua. Oí el jadeo de Edward y sonreí abiertamente antes de desabrochar la otra parte, dejando completamente expuestos mis pechos—. Bella —jadeó y se acercó hasta la esquina. Me mordí el labio inferior antes de lanzarle la parte superior de mi biquini, él la tomó en el aire, estrujándola y sonriendo torcidamente. Antes de que pudiera siquiera respirar se lanzó con un perfecto y alucinante clavado, desapareciendo en el fondo de la piscina y apareciendo exquisitamente frente a mí —. Yo debería haber hecho eso —murmuró antes de tomarme por el cuello con su mano izquierda y atacar fuertemente mis labios, introduciendo su lengua y jugando con la mía. Sonreí ante su ansiedad y pasé mis manos por su cintura, acercándolo a mí.
Mis pechos rozaron sus pectorales y sentí como mis pezones se endurecían, por lo que me pegué a su pecho y respondí el beso con más fervor. Me separé un poco y succioné su labio superior, mordiéndolo e introduciendo mi lengua a su boca, para luego morder su lengua y succionarla a mi placer. Sonreí cuando gimió y él bajó su cabeza para comenzar a besar mi mandíbula, mordiendo mi piel y succionándola suavemente. No quería más chupones.
Bajé mis manos y acaricié su trasero en el agua, apretándolo un poco y acercando su erección a mí. Realmente lo necesitaba. Llevé una de mis manos al nudo de su bañador y lo desabroché con rapidez, para luego comenzar a bajar su traje de baño, desesperada por sentirlo en plena desnudez.
—Te necesito —jadeé cuando una de sus manos se introdujo por la parte inferior de mi biquini, toqueteando suavemente mi botón, acariciándolo e incitándome. Cerré los ojos y lo sentí movernos por la piscina, hasta dejarme apoyada en la pared más cercana. Chillé cuando introdujo uno de sus dedos y reclamé cuando alejó su mano de mi centro. Lo miré con un puchero y Edward lo besó, para luego comenzar a desatar la única prenda que tenía puesta.
—Ahora sí —sonrió alzando mi biquini para luego lanzarlo fuera de la piscina. Reí fuertemente y él me besó con delicadeza, saboreando mis labios y jugando lentamente con mi lengua. Acaricié sus hombros y bajé por su espalda, deleitándome con el movimiento de sus músculos. Sonreí cuando acaricié su trasero, tan firme y trabajado.
—Edward —susurré y jadeé cuando volvió a introducir uno de sus largos y maravillosos dedos en mi interior, causando que cerrara los ojos por la sensación y el placer. Introdujo otro dedo más y comenzó a bombear con lentitud, recorriendo con su pulgar mi botón y presionándolo un poco, logrando que mi vista se nublara por el placer y mi respiración comenzara a hacerse dificultosa. Sentí como mi piel se erizaba y como la sensación me agobiaba, llenándome de corrientes eléctricas y placer. Sentí como me estremecía y él aumentó la intensidad de su mano, sosteniéndome con su brazo izquierdo por la cintura para mantenerme en pie mientras que su mano derecha estaba ocupada en mi centro.
Alcé mi cabeza para mirarlo a los ojos y sonreí cuando noté que sus esmeraldas estaban nubladas por el deseo. Llevé mi mano derecha a su nuca y lo acerqué para besarlo. Sentí como sonreí contra los míos y lo besé con más ansias mientras sentía como el placer me llegaba hasta la punta de los dedos. Lo único que se oía eran nuestros jadeos y el constante movimiento que hacía su brazo en el agua. Mordí su labio inferior cuando introdujo otro dedo y le saqué un poco de sangre, por lo que volví a besarlo, sintiendo la sangre entre su saliva.
—Mierda —jadeé cuando el fuego en mi vientre se incrementó y Edward comenzó a bombear con más rapidez, doblando sus dedos un par de veces, tratando de dar en mi lugar. Él lo conocía a la perfección, había sido el único en encontrarlo—. Edward. —susurré mordiendo su mandíbula cuando mis paredes comenzaron a contraerse. Mi cabeza se hizo hacia atrás por el placer y cerré mis ojos cuando el orgasmo me llegó, llenándome de escalofríos y placer, nublándome la cabeza y haciéndome gritar fuertemente. Sentí como los dedos de mis pies de doblaban, al igual que mis piernas y agradecí que Edward me afirmara. Lo sentí besar mi cuello, repartiendo besos de mariposas antes de besarme directamente en la boca.
—¿Estás bien? —preguntó y yo asentí tratando de normalizar mi respiración. Abrí los ojos y sonreí antes de besarlo suavemente. Llevé mi mano derecha, la cual estaba en su exquisito trasero, hasta su erección y jadeé al sentirlo tan duro, y se colocó imposiblemente duro ante mi contacto. Edward siseó y apoyó su frente en la mía. Lo acaricié por unos segundos antes de que él me tomara por el trasero y me alzara, y yo automáticamente pasé mis piernas por su cadera, donde su erección rozó húmedamente mi centro. Ambos gemimos y apoyé ambas manos en sus hombros, mientras que él tenía una en mi trasero y la otra la apoyaba en la pared, supongo que para sostenernos—. Te quiero —susurró besando castamente mis labios antes de guiar su erección a mi centro, sonreí y lo tomé con mi mano izquierda para colocarlo en mi entrada. Lo abracé con esa mano por la cintura y lo acerqué con mis piernas, introduciéndolo hasta el fondo.
—Te quiero —respondí y besé suavemente sus labios mientras que él embestía suavemente. Me afirmé más de él, y agradecí que fuera fuerte, no sé cómo nos soportaba a ambos, tratando de sentirlo más cerca, de intoxicarme de él. Lo necesitaba tanto—. Más fuerte, bebé —supliqué y él comenzó a embestirme con más fuerza y rapidez, logrando que fuertes gemidos salieran de mi boca.
Besó mis labios con desesperación, mordiendo y succionando mi lengua, mientras que yo trataba de encontrar cada una de sus estocadas acercándolo con mis piernas. Sentí como me resbalaba un poco pero su brazo me apretó con más fuerzas. Comencé a sentir los típicos estremecimientos y llevé mi mano hasta mi clítoris, acariciándolo y logrando estremecerme.
—Bebé —gruñó él y besó con ansiedad mi boca, mientras que yo me acariciaba fuertemente el botón. El agua de la piscina se movía violentamente por nuestros movimientos, y nuestros gemidos se oían fuertemente. sentí mis paredes contraerse, aprisionando el miembro de Edward en mi interior. Él lo notó y llevó ambas manos a mi trasero, alzándome un poco y cambiando de ángulo. Embistió dos veces más antes de llevarme a un fuerte orgasmo, siguiéndome a los segundos después.
Nos giró y se apoyó él en la pared, soportando todo el peso de mi cuerpo y el suyo, y me abrazó fuertemente. Sonreí con cansancio y apoyé mi cabeza en su hombro, aferrándome con fuerza, la poca que tenía, a él.
—Siempre es como la primera vez —murmuró besando mi hombro. Alcé mi cabeza y sonreí, sintiéndome afortunada por la mirada brillante y llena de amor que me daba. Lo quería tanto, tanto que se sentía imposible. Mi pecho se llenaba por él, mi corazón se aceleraba por él.
—Siempre lo será —prometí y él asintió besándome la frente.
— ¿Es una promesa? —¿lo era? Dios, sí.
—Lo es —musité antes de besarlo castamente en los labios—. Sabes, tengo ciertas partes de la casa que quisiera probar —susurré contra su boca y él sonrió antes de sacarnos de la piscina.
—Tenemos bastante tiempo —contestó y yo sonreí.
Sí, teníamos bastante.
¡Hola!
Chicas, no saben cuán agradecida estoy :'D Lo mejor del día es ver sus alertas, favoritos, reviews y PM. Me alegran demasiado con sus palabras y sobretodo con sus sugerencias.
Quiero agradecer infinitamente a Sky TwiCullen, Scar, amo tus sugerencias! jaja Gracias por la idea del chupón, hermanita, te amo!
Y gracias a mis chicas que dejaron de ser lectoras silenciosas y decidieron dejar su review, las comprendo y las adoro por sus palabras.
¡Nos leemos en una semanita, hagan que valga la pena la espera!
