Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.
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¡Mayday!
"No tenemos un lenguaje para los sentidos.
Los sentimientos son las imágenes, las sensaciones son como sonidos musicales.
Anais Nin."
Capítulo 5: Fuertes sensaciones.
Lo primero que sentí al despertar fue una suave caricia en mi espalda, la cual provocó que todo mi cuerpo se estremeciera y se me pusiera la piel de gallina.
Sentí su risa ante mí ya normal reacción y yo lo golpeé suavemente en las costillas. Él se acercó y comenzó a besar mi columna, repartiendo suaves y delicados besos por toda mi espina dorsal, causándome pequeñas y tontas risitas cuando encontraba otro punto débil en mí. Edward parecía conocer ya todos mis puntos débiles, por lo tanto me sorprendía cuando continuaba descubriendo más.
Alcé mi cabeza en el momento en que comenzó a besar mi omóplato y sólo me encontré con su desordenada cabellera broncínea, la cual brillaba gracias a la fuerte luz que entraba por mi ventanal.
Continuó repartiendo besos por mi cuello, pasando suavemente su nariz y mandándome corrientes eléctricas por todo el cuerpo. Después de todo no conseguía acostumbrarme a eso.
—Buenos días, cariño —sonreí contra sus labios y le devolví suavemente el beso.
—Buenos días —susurré y él acarició mi nariz con la suya. Sentí como mis mejillas se sonrojaban, cosa rara ya a esta altura, y Edward las acarició suavemente, besándolas con cariño.
Dios.
—Pareciera como si hubieras tenido una excelente noche —murmuró contra mi cuello, besándolo y succionando suavemente. Solté una risita tonta al recordar cuántas veces me había despertado con sus caricias y cuántas veces lo había despertado yo con las mías. Casi no habíamos dormido, pero valió completamente la pena. Después de todo estábamos solos, podíamos hacer lo que quisiéramos.
—Creo que he tenido mejores —molesté apoyando mi cara contra la almohada nuevamente y rápidamente me vi siendo girada por Edward, quien me colocó sobre él. Sus esmeraldas brillaban divertidas, totalmente oscuras por el deseo y la diversión. Mordí mi labio para evitar la risa que luchaba por salir y para molestarlo a él. Había descubierto por la madrugada que ese gesto causaba grandes cosas en él.
Y el resultado fue óptimo. Su erección me dio contra el estómago y la risa brotó de mis labios, causando que sus mejillas se sonrojaran. Era impresionante como aún podíamos avergonzarnos de nosotros.
Me senté a horcadas sobre su estómago y rocé intencionalmente su erección, causando que jadeara y me mirara sorprendido.
—Creo haber oído en la tercera, ¿o fue en la cuarta?, que esta era una de tus mejores noches y que, definitivamente —exageró y yo golpeé su pecho, causando que riera abiertamente—, estaba en el primer puesto.
—Nunca dije eso, mentiroso.
— ¿En serio? —enarcó sus cejas y sus manos viajaron a mis muslos, acariciándolos distraídamente. No sabía si lo hacía apropósito, habiendo ya descubierto el poder que tenía sobre mí, o lo hacía inconscientemente.
— ¿Crees que podrías hacerme recordar? —murmuré inclinándome hacia delante y apoyando mis codos en su exquisito pecho. Sus ojos brillaron y se alzó un poco para rozar mis labios con los suyos.
—Lo amaría —susurró mordiendo mi labio inferior y tomando mis caderas, alzándome y posicionándome sobre él. Ambos gemimos cuando hicimos contacto y nuevamente me sentí completa, como cada vez que hacía el amor con él o estaba a su lado. Sonreí contra sus labios—. Ahora haré que esta sea una de tus mejores mañanas —murmuró, alzándome y volviéndome a bajar. Casi pierdo el hilo de mis pensamientos y tardé unos segundos en contestar.
—Ya lo era, al igual que todas las mañanas que hemos compartido, bebé. —él sonrío brillantemente y yo comencé a moverme con más rapidez. Eran apenas las 8 de la mañana y el sol nos daba de lleno en el rostro, por lo que de vez en cuando tenía que cerrar los ojos.
—Mírame, Bella —musitó apretando un poco mis caderas y yo lo miré, sus ojos brillaron y no pude vitar sonreír. Dios, lo amaba y no sabía cómo decírselo—. ¿Duchémonos? —preguntó contra mis labios cuando el orgasmo nos dio de lleno. Solté una risita y él acarició mi espalda desnuda.
— ¿Es tu manera sutil de decirme que huelo mal? —él se carcajeó fuertemente y el temblor de su cuerpo hizo que me estremeciera.
—Aún si llevaras una semana sin bañarte estarías perfecta para mí —respondió y creo que mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Gracias —lo besé y él suspiró—. Duchémonos, olemos a sexo.
—A buen sexo.
— ¿Sólo bueno? —inquirí colocando mis manos sobre mis caderas y mirándolo parada al lado de la cama. Sus ojos brillaron y sonrío torcidamente mientras se levantaba.
—El mejor sexo que nunca tendré —respondió contra mis labios y sonreí abiertamente. Juro que nunca me cansaría de besarlo.
Caminamos de la mano hasta el baño, completamente desnudos.
— ¿Qué haremos hoy? —preguntó mientras regulaba la temperatura de la ducha. Giró un poco su cabeza para sonreírme maravillosamente.
—Podríamos salir al centro comercial, a la playa… —sonreí y me metí a la ducha con él, estremeciéndome ante el cambio de temperatura.
—Perfecto —Me relajé por completo cuando comenzó a enjabonar mi cuerpo con la esponja, trazando figuras aleatorias o escribiendo su nombre, cosa que nos causó gracia—. Aunque preferiría quedarme todo el día en casa, recuperando el tiempo y todo —susurró contra mi oído y yo me estremecí. Traté de no hacer caso a mis temblores y me giré lentamente.
—Mi turno —sonreí ante su puchero y lo comencé a enjabonar.
Sonreí cuando se estremeció y continué enjabonando su espalda, limpié sutilmente su trasero y él soltó una risita nerviosa. Se giró y comencé a limpiar su cuello, bajando delicadamente por sus pectorales y maravillándome, por milésima vez en esta semana que lleva acá, por su perfecta musculatura. No sé qué haré cuando vuelva a Hawái.
¡Hawái! Me entristecí de inmediato, había olvidado por completo que en 3 semanas nos separaríamos y que vivíamos en mundos totalmente diferentes.
Sentí sus manos en mi rostro, acariciando delicadamente mis mejillas.
— ¿Qué pasa, cariño? —susurró con preocupación y yo lo miré fijamente. No lo vería más cuando se fuera, me quedaban menos de 3 semanas con él y ya me sentía destrozada —. ¿Estás… bebé, estás llorando?
— ¿Qué? ¡No! —me apresuré a contestar y él frunció sus cejas.
—Sí lo estás —acarició por debajo de mis ojos. Apoyé mi cabeza en su pecho y sollocé despacito, avergonzada ante mis reacciones.
—Esto es tan extraño —murmuré.
— ¿Bañarnos juntos? —inquirió con una risita, tratando de animarme. Lo logró, solté una risita temblorosa, pero seguía llorando.
—No, tonto, lo que siento contigo —confesé.
—Lo sé —susurró—, me siento de la misma manera.
—Lo raro es que no me da miedo…
—A mí me encanta —levanté mi cabeza ante eso y él sonreía torcidamente. No era su sonrisa calienta bragas que me encendía, era esa sonrisa de cariño y pertenencia que tenía. Me encantaba.
— ¿En serio?
—Sí, juro que nunca me había sentido de esta manera. Siempre te he querido, no sólo como prima, sino como mujer —confesó y yo sonreí—. Siempre he estado loco por ti, pero nunca me atreví a decirte algo o a demostrarlo, no se sentía correcto. Sin embargo, llevo 6 años en la marina, constantemente repitiéndome que no podía quererte —suspiró y se mordió el labio inferior, para luego mirarme un poco indeciso—. ¿Estaremos actuando bien? —susurró con voz temblorosa y sentí cómo mi corazón se detenía por un milisegundo, para luego comenzar a latir desenfrenadamente. Estaba segura que él podía oírlo, mi corazón latía así por él.
— ¿Lo crees tú? —Pregunté de vuelta.
—Lo hago —sonrió y me besó suavemente, acariciando lentamente mi espalda. Abrí los ojos y sonreí feliz, se sentía tan bien el estar así, abrazados, juntos y completos.
—Yo también —Sus ojos brillaron, sí que lo hicieron—. ¿Cómo lo haremos? —murmuré besando sus labios.
—Lo solucionaremos —murmuró contra mis labios y estuve a punto de llorar.
—Pero vives en Hawái, Edward —rectifiqué y él negó con la cabeza.
—Puedo vivir en Forks y aun así buscaría la manera de tenerte a mi lado —lo abracé fuertemente por el cuello y le planté el beso más necesitado de nunca.
—Es tan imposible —sollocé y me abracé a él. Tenía tanto miedo, miedo de todo y todos. Mis padres eran un gran obstáculo en esto, incluso más que su puesto en la marina y sus servicios—. Hay tantos impedimentos, mis padres, tu puesto, tu escuadrón… Jodida suerte —reí irónicamente.
—Simplemente puedo pedir un traslado, amor, tú eres más importante para mí —miré sorprendida su sonrisa y luego negué lentamente, procesando la información.
—Perderías tus años de servicio, no puedo pedir eso —Edward sujetó mi rostro entre sus manos y besó suavemente mi nariz.
—No lo estás pidiendo, yo lo estoy ofreciendo. Amor, no quiero tener que esperar otro año más para poder verte en persona en vez de por Skype. No puedo estar a más de 4.5000 kilómetros sin besarte o hacerte el amor… —sonreí abiertamente ante sus palabras y él me correspondió, mostrándome sus encantadores hoyuelos—. Haré esto por mí, por los dos.
— ¿Cada momento? —Susurré y él asintió besando mi frente. Él lo dejaría por mí, Dios, dime si eso no hacía que lo amara más y más.
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—No puedo creer que aún pienses que el Sr. Jenner fuera un excelente maestro —inquirí incrédula. Estábamos desparramados en el sillón, más bien Edward lo estaba y yo estaba entre sus piernas, viendo monitos animados. Los Picapiedras eran nuestra serie favorita desde siempre, desde que éramos enanos.
— ¡Lo era! Él siempre me daba crédito extra por contestar sus preguntas en clases —rodé los ojos y le pegué un manotazo.
—Él me odiaba, siempre me reprendía y me sacaba al pizarrón —él rio fuertemente y me abrazó por la cintura.
—Recuerdo esa vez que en biología estábamos haciendo el examen y Leah te pidió las respuestas, pero justo Jenner las pilló y reprobó a ambas —hice un puchero ante el recuerdo y Edward se carcajeó con más fuerza.
—Y una mierda, él sabía que no yo había hecho nada y aun así me reprobó. Charlie me castigó por un mes —le subí volumen al televisor para ignorar sus risotadas, pero no funcionó. Él se había reído de la misma manera hace 6 años, cuando la situación había pasado. De hecho, se había reído frente a mí en el examen, frente a todos—. Eres una mierda.
—Oh, vamos, bebé, debes superarlo. No puedes enojarte porque yo me ría —lo ignoré y me levanté furiosa para ir a la cocina. Lo único que llevaba era una de las camisetas de Edward, las cuales me llegaban bajo el trasero, por lo cual estaba usando bragas.
Realmente detestaba a Jenner, me había hecho la vida imposible en la secundaria, siempre retándome por distraerme en clases, ya sea por James o Riley. Incluso había castigado a todo mi grupo, excepto a Edward, por habernos reído histéricamente en su clase. Jodida suerte, Rose y Tanya se habían vuelto histéricas por el castigo que sus padres le habían impuesto, sin embargo Alice, Emmett y Demetri lo habían dejado pasar y se habían vengado del estúpido Freddie Jenner.
Él siempre miraba a mis amigas de otra manera… maldito pervertido.
Entré a la cocina refunfuñando en voz baja, molesta por las risotadas de Edward, las cuales, sí, seguía vociferando. Idiota… y sexi.
—Tengo tanta sed —murmuré y me acerqué al frigorífico para sacar una botella de agua helada. Mierda, el refrigerador estaba prácticamente vacío. Teníamos que ir al supermercado.
—Bebé —abrí mis ojos, los cuales había cerrado en cuanto el agua hizo contacto con mi deshidratada garganta, cuando lo oí llamarme. Alcé una de mis cejas y él sonrió divertido, pero su sonrisa se borró en cuanto lo fulminé con la mirada. Edward se sentó en uno de los taburetes, mordiendo su labio inferior, provocándome inconscientemente. Él sólo llevaba uno de sus shorts de deportes, hacía un calor de mierda y estábamos lo más despojados de ropa posible. Además, estábamos calientes la mayor parte del tiempo… y día.
Solté un gemido de satisfacción mientras cerraba la botella con la tapa y la coloqué sobre la encimera, maquinando qué podíamos hacer para pasar el rato.
—Amor —llamó nuevamente y yo lo miré expectante. Él sonrió, sí, joder, con esa exquisita sonrisa calienta bragas y yo rodé los ojos. Me acerqué lentamente a él y me coloqué entre sus piernas, acariciando suavemente su mandíbula. Era tan guapo—. ¿Qué haremos mañana? —sonreí y acaricié distraídamente su tatuaje, mientras que él pasaba sus enormes manos por mis muslos y acariciaba mi cadera, también donde mi tatuaje se encontraba.
—Kendra y Harold quieren juntarse, así que planeamos encontrarnos en el centro comercial —él asintió y apretó con fuerza mi cadera, acercándome a su pecho.
— ¿Comprarán ropa y todas esas mierdas? —Rodé los ojos nuevamente y le pegué un manotazo en el hombro, causando que Edward riera entre dientes—. Es una broma, cariño, feliz me metería a un probador contigo —mi sonrisa no se hizo de esperar cuando movió sugestivamente sus cejas.
—Eres un pervertido… e insaciable —me burlé, pero la verdad es que yo también era una ninfómana. Ambos lo éramos, podría jurar que no era capaz de pasar un día sin tener sexo con él. Sería mi perdición.
—Nunca podré saciarme de ti, bebé —murmuró besando mi estómago cubierto por su camiseta. Sonreí y besé suavemente sus labios, los cuales me respondieron de inmediato. Sus manos subieron a mi cintura y me acercó a él, logrando que nuestros pechos se rozaran. Pasé uno de mis brazos por su cuello y lo subí hasta su cabellera, agarrándolo y acercándolo a mí. Coloqué mi otra mano en su mejilla y lo besé con más ansias, mordiendo y succionando su labio inferior. Sentí nuestros dientes chocar cuando su lengua salió al encuentro de la mía, lamiendo mis labios y mordiéndolos, a la vez que acariciaba avaricioso mis senos, despojados de cualquier sujetador.
Sonreí contra sus labios antes de morder suavemente su lengua y me alejé, dejándolo con su boca abierta e hinchada y los ojos cerrados. Los abrió y me miró confundido, a lo que me puse seria y me encogí de hombros.
—Eso es por reírte de mí —bufé y me giré para volver al salón, pero me vi siendo alzada rápidamente y en menos de 5 segundos estaba sobre la encimera con Edward entre mis piernas y besándome con ansiedad y desesperación. Sonreí contra sus labios y giré mi cara, pero sus labios fueron hasta mi cuello y lo mordieron, para luego subir a mi oído y succionar suavemente mi lóbulo.
—Realmente tienes que superar a Jenner, bebé —susurró y yo solté una sonora carcajada, sosteniéndome de sus hombros y moviendo tontamente mis piernas.
—Jenner marcó mi vida, Cullen —él enarcó su perfecta ceja y me miró divertido—. Freddie, era mi hombre ideal, ya sabes, fuerte, guapo, ojos azules… —oculté mi sonrisa al ver como pasaba a estar serio en segundos. Tan tonto—, tenía el cabello rubio, era alto, tenía la edad de mi madre… ¿En serio, Edward? —Me burlé y lo acerqué con mis piernas para abrazarlo fuertemente, besando suavemente su mejilla—. Para el único que tenía ojos era para ti —confesé y mi chico sonrió. Esas descripciones eran exactas de mi profesor y de mi ex novio, ósea Riley, quien ahora es uno de mis mejores amigos. Pero si nos colocábamos a hablar sobre los novios o novias, él saldría perdiendo, no yo. El sólo pensar… mierda mía.
—Te quiero mucho, infinito, demasiado —susurró besando reiteradamente mis labios. Suspiré, sí, como una tonta enamorada, y le devolví el beso.
—Yo igual, cariño —musité y acaricié suavemente su cobrizo cabello, el cual ahora estaba más largo y desordenado, dándole un toque sexi e irresistible.
— ¿Qué te parece hacerlo en la cocina, podríamos agregarlo a nuestra lista? —masculló sobre la piel de mi cuello, mordiéndolo suavemente antes de subir hasta mi lóbulo, el cual succionó como si fuera un caramelo.
Gemí suavemente mientras soltaba una estúpida risita. Abracé a Edward por las caderas con mis piernas desnudas y lo acerqué a mí, logrando que su erección, la cual estaba ya lista para mí, cosa que me enloquecía, diera de lleno en mi centro y ambos gimiéramos sonoramente. Gracias al cielo por estar solos, era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo.
—Sólo tacharíamos una de las decenas de partes en las que quiero hacerlo —Sí, soy una perra descarada. Edward rio libremente y mordió suavemente mi labio inferior, llevando sus manos al dobladillo de su camiseta y subiéndola lentamente por mi cuerpo, rozando mi piel con sus ardientes y largos dedos de pianista.
—Tengo otros cuantos lugares pensados, como tal vez el sofá —solté una carcajada cuando lanzó su camiseta hasta la mesa de la cocina y besó mis pechos suavemente—, el garaje —me estremecí al imaginarnos en el inmenso garaje—, en la tumbona, con el sol dándote de lleno e iluminándote para mí, sudando por el calor y por mis besos —Dios mío. Jadeé cuando mordió con fuerza y delicadeza mis pezones, llevándome a inclinar mi cabeza hacia atrás por la sensación de placer y dolor—. O tal vez en la habitación de huéspedes, desordenando la cama e invirtiendo posiciones —gemí cuando volvió a morder mi pezón, mientras que sus manos estaban en mi cintura, acercándome imposiblemente a él. Acaricié con necesidad su espalada desnuda, maravillándome cuando contrajo sus músculos al estremecerse.
—También en el jeep —jadeé al sentir sus labios en mis costillas, mordiéndolas y besándolas suavemente. Gemí cuando sopló en mi ombligo, metiendo su lengua y humedeciéndolo completamente—. O en el jacuzzi… —gemí fuertemente cuando mordió los huesitos de mis caderas, pasando su lengua descaradamente por mi tatuaje, a la vez que me miraba fijamente con sus oscuros orbes esmeraldas.
—El jacuzzi, con el agua tibia humedeciendo tu piel, mientras que las burbujas y la espuma cubren tu cuerpo y yo te acaricio debajo del agua —Jadeé acalorada y caliente al oír sus palabras, imaginándome la escena y a sus manos, labios, lengua haciendo estragos en mí.
Edward se levantó y rehízo el camino hasta mis pechos, besándolos suavemente y succionando por unos segundos los pezones, para luego subir hasta mi mandíbula, besándola y mordiéndola hasta de morder mi labio inferior.
—Eso suena… genial —gemí y llevé mis manos a sus shorts, tratando de desabrochar el nudo de su cordón. Estaba ansiosa, desesperada e impaciente por sentirlo en mí, por sentirlo por completo y recordar que era mío. Él decía que era mío, pero no había nada más. ¿Qué éramos? ¿Novio o sólo no—primos? Jodida suerte, a veces deseaba que ese título no nos perteneciera, pero sabía que no lo habría conocido y enamorado sin él.
—Pienso lo mismo —respondió sacándose torpemente los shorts, lanzándolos con sus pies lejos de nosotros. Reí un poco y tomé su erección entre mis manos, acariciándolo lentamente, maravillándome ante la sensación de su cuerpo al estremecerse y en como sus ojos prácticamente me devoraban, logrando que me encendiera y mojara más. Acaricié su punta con mis dedos y Edward gruñó, tomándome por la nuca para estampar agresivamente sus labios con los míos, logrando que gimiera y moviera mi mano con más velocidad, bombeando con fuerza.
—Te necesito —susurré y él mordió mis labios. Solté su erección y me apoyé en la encimera, levantando mis caderas cuando sus manos se fueron a mis bragas negras. Las sacó con rapidez, besando mis muslos en el proceso. Solté una risita cuando las lanzó por el aire y se inclinó para besar mis muslos—. Edward —urgí cuando comenzó a ir hasta mi centro. No estaba para juegos previos, pero parecía que él sí.
— ¿Sí, amor? —solté un suspiro tembloroso cuando besó de lleno mi botón, pasando la lengua y mojándolo, como si no estuviera húmedo ya. Apreté mi mandíbula y una de mis manos se fue hacia su cabello, jalándolo con fuerza mientras él succionaba mi botón. Cerré los ojos con fuerza, sacudiéndome violentamente por las sensaciones que me causaba—. ¿Te gusta? —Mierda, sí. Solté un siseó como respuesta cuando lamió mis labios, para luego introducir su lengua en mi interior, bombeando y follándome como si fuera su erección. Eché mi cabeza hacia atrás, gimiendo fuertemente mientras él introducía dos dedos en mi interior. Solté un poco el agarre en su cabello, mientras que una de sus manos iba a mi cadera para mantenerme quieta sobre la encimera.
— ¡Edward! —gemí y él aumentó el ritmo de sus dedos y llevó sus dientes a mi clítoris, mordiéndolo y soplando suavemente. Una vez vi en un video sobre cómo hacer sexo oral, sí, no soy una santa, que estaba mal soplar en el centro de la chica, pero estaba permitido soplar el botoncito. La sensación era increíble, y siempre me estremecía cuando Edward lo hacía.
Creo que soy una pervertida.
—Edward —volví a gemir y sentí que me ahogaba por las sensaciones que me hacía sufrir. Mi respiración se había vuelto dificultosa y ruidosa, mi cuerpo estaba sudando y mi mente estaba hecha mierda. Sentía que en cualquier momento me iba a morir por los estremecimientos y por las violentas sacudidas que mi cuerpo daba cada vez que Edward introducía otro dedo o bombeaba con más rapidez, mordiendo y succionando mi botón.
Sentía que ya no podía más, mis oídos estaban llenas de pitidos y sólo oía el sonido de mi corazón, retumbando violentamente contra mi pecho. A la vez que mis brazos temblaban al no sentir más mi peso y como mi vientre se contraía, llenándome de fuego y excitación, la cual me llegaba hasta la putas puntas de mis pies. Edward sopló una vez más en mi clítoris y sentí como mis paredes se contraían, obligándome a encoger todo mi cuerpo por el creciente orgasmo y sólo fui consiente de como la boca de mi chico iba hasta mi centro, preparado para introducir su lengua en mi centro.
—Mierda —siseé y gemí fuertemente el nombre de Edward cuando mis paredes atraparon su lengua y sus dedos, bañándolos con mis jugos y liberándome de la lujuriosa y ardiente tortura en la que me había sometido voluntariamente. Lo oí succionar y sonreí débilmente, sintiendo como mis brazos se doblaban por el esfuerzo que estaba colocando, pero antes de que mi cabeza se azotara contra la encimera los fuertes y bronceados brazos de mi marino me abrazaron por la cintura y me llevaron a su pecho desnudo, besándome el tope de mi cabeza sudada mientras yo trataba de recuperar el aliento. Mi pecho se movía violentamente, y yo jadeaba desesperada por aire.
Mierda, que orgasmo había tenido.
— ¿Bebé, estás bien? —preguntó con la voz teñida de preocupación. Lo sentí acariciar mis costados, besando repetidamente mi cabeza y mi frente mientras yo sonreía con los ojos cerrados—. ¿Amor? —volvió a preguntar ansioso. Solté una risita y pasé mis brazos por su cintura, apretándolo contra mí y maravillándome con la sensación de su caluroso cuerpo contra el mío. Maldición, como lo amaba.
—Estoy perfecta —respondí y levanté la cabeza para mirarlo fijamente. Suspiró de alivio y se inclinó para besarme suavemente, nada comparado a como me había besado antes. Sonreí contra sus labios y lo abracé con mis piernas por la cintura, logrando que su erección me diera directamente en el centro. Gemimos por el contacto y volvimos a besarnos con más urgencia, mientras que sus manos se movían por mi espalda con desesperación.
Pasé mis manos por sus hombros y las llevé hasta su espalda, sonriendo cuando se estremeció, cosa que ninguno de los dos se acostumbraba, y las bajé hasta su trasero, apretando sus firmes glúteos y acercándolo a mí con fuerza. Edward llevó una de sus manos a mi cabello, colocándola justo en la parte trasera de mi cabeza y pegando mi cara más a la suya. Sentí como nuestros dientes chocaban y como mordía y succionaba mi lengua, mientras que yo llevaba mi mano a su erección, la cual bombeé suavemente antes de dirigirla hasta mi entrada.
—Ya no aguanto —murmuró jadeando mientras sobaba mi cuero cabelludo. Ronroneé ante la sensación y continué guiando su miembro a mi centro. Edward me sujetó por las caderas y me guío también, logrando que su punta diera de lleno en mi húmedo centro. Gemimos y unimos nuestras frentes, mirándonos directamente a los ojos. Me maravillé al ver las muecas que hacía Edward, dejándome aturdida por las sensaciones que me hacía sentir.
—Te quiero —jadeé y sus ojos brillaron, mientras que sus labios se transformaban en una hermosa y abierta sonrisa torcida, regalándome sus maravillosos y adorables hoyuelos. Amaba sus hoyuelos, lo hacían ver tan exquisito.
—Te quiero —respondió y entró en mí en una sola estocada, llenándome por completo y hasta el fondo. Ambos gemimos fuertemente, jadeando y disfrutando de la sensación de estar completamente unidos. Miré fijamente sus orbes esmeraldas y me afirmé en sus hombros, moviéndome para indicarle que continuara. Edward sonrió y se inclinó un poco para besarme mientras comenzaba a moverse lentamente, mientras que yo enganchaba por completo mis piernas alrededor de sus caderas, logrando que entrara con más facilidad y sentirlo más profundo aún, cosa que siempre me sorprendía.
Sentía que no tenía suficiente, pero mi cuerpo demostraba lo contrario. Mi respiración se hizo trabajosa, al igual que la de Edward, mientras que mis dedos se doblaban por el sin fin de sensaciones que pasaban por mis terminaciones nerviosas.
—Más rápido —supliqué mordiendo su mandíbula y Edward siseó, apretando mis caderas y embistiendo con más rapidez. Jadeé por aire, mientras que mi marino se inclinaba para besarme furiosamente, recorriendo mi cavidad bucal con su lengua, succionando mis labios y mordiéndolos. A la vez que pasaba mis inexistentes uñas por su espalda, sintiéndola caliente y sudorosa, al igual que todo su cuerpo. Traté de encontrar sus embestidas, logrando que fueran más profundas y llevé una de mis manos a su cuello y la otra a su húmedo cabello, tratando de ordenarlo mientras que él jadeaba embistiendo con rapidez y determinación.
—Te quiero, te quiero, te quiero, —musitó besando mi cara y sonriéndome abiertamente, mientras que yo me pegaba completamente a su cuerpo, sintiendo que me resbalaba de la encimera por los movimientos. Comencé a besar sus labios, para luego ir a su nariz y besar sus mejillas, mientras que mis manos acariciaban su cabello. Era sorprendente, si había cosa que Edward odiaba en el mundo era que la gente tocara su cabello. Yo siempre había sido la única que podía acariciarlo e incluso tratar de peinarlo cuando lo tenía más largo. Él gruñía y siseaba cada vez que alguien trataba de peinarlo, incluso con Reneé o Charlie, pero conmigo no. Siempre ronroneaba y pedía más, me sentía especial por eso. Incluso habíamos llorado juntos, sí, mierda, ambos lloramos, cuando lo raparon en su primer día en la marina. Había sido impactante verlo a través de la pantalla, con los ojos brillosos y su mentón temblando por la ausencia de sus hermosas hebras cobrizas. Casi me da un ataque.
—Te quiero —jadeé y besé desesperada sus labios. Oí el sonido de nuestros cuerpos al chocar y el adormecimiento de mi trasero contra la calurosa encimera. Mis pechos chocaron contra sus pectorales y comencé a refregarme, tratando de buscar más fricción. Edward captó el mensaje y me alzó de la encimera, acorralándome contra la pared más cercana, cosa que causó que me estremeciera ante el cambio brusco de temperatura. Mi cuerpo ardía y la pared estaba fría. Me aferré al cuerpo de mi chico y traté de encontrar cada estocada, sacándole gruñidos y siseos, mientras que sus dedos quemaban la piel de mi cadera, acercándome a él. Comencé a sentir estremecimientos por todo mi cuerpo, logrando que mis dedos se agarrotaran. Estaba cerca.
Edward lo sintió y sus embestidas aumentaron, al igual que la intensidad de sus besos y mordidas. Jalé su cabello, gimiendo con las sensaciones y el revoltijo lujurioso en mi vientre. Apresé su cuello con mis brazos y eché la cabeza hacia atrás, jadeando con violencia y gimiendo su nombre al sentir mis paredes contraerse.
— ¡Edward! —chillé despacito y lo sentí besar mi cuello, succionando suavemente y mordiéndolo, logrando que llegara en un violento orgasmo, que lo apresó a él en mi interior y lo obligó a llegar hasta la cima conmigo.
—Bella —siseó embistiendo dificultosamente contra mí, buscando alargar nuestro placer. Cerré fuertemente los ojos y me dejé llevar, sintiendo como mis extremidades se movían temblorosamente y se adormecían por el placer. Mi mente se nubló, quedando en blanco y sonreí feliz. Abracé a Edward fuertemente, mientras que él nos guiaba nuevamente hasta la encimera, donde me colocó y abrazó fuertemente por la cintura. Acaricié lentamente su cabello, mientras que él trataba de controlar su agitada respiración y dejaba besos de mariposas en mi hombro, logrando que me estremeciera. Sí, nunca me acostumbraría a él. Ni a sus besos. Ni a su cuerpo.
— ¿Estás bien, cariño? —susurré pasando mi mano por su húmeda espalda, sin importarme nada. Lo sentí asentir mientras inhalaba en mi cuello y suspiraba. Mis pelos rápidamente se erizaron y me estremecí, abrazándolo fuertemente. Todo fue muy intenso, creo que no había sido tan intenso antes. ¿Qué había hecho la diferencia?
—Lo estoy, justo en estos momentos —respondió y besó castamente mi hombro antes de levantar la cabeza. Sonreí al ver como sus ojos brillaban y cuán maravilloso y adorable se veía con la cara sonrojada y sudada. Incluso así se veía sexi y masculino. Besé suavemente sus labios mientras él salía de mi interior, abrazándome por la cintura con más fuerza.
—Podríamos ir a ducharnos al baño de la habitación de huéspedes —ofrecí y solté una carcajada con el fiero gruñido que me dio antes de sacarnos fuera de la cocina.
Tenía una larga lista que tachar.
¡Hola, chicas!
Siento haber tardado una infinidad, gracias por la paciencia y los PM de apoyo jaja Pero como son vacaciones de verano en mi país y bueno, la familia empieza a llegar a la casa y se empieza a salir.. uf, además tenía un montón de trabajo pendiente en mis labores de Beta, así que tardé mucho en esto.
Gracias a TODAS por los reviews, sus favoritos y sus alertas. Pasamos los 100 favoritos y alertas, siento que voy a llorar en cualquier momento, sobretodo con los reviews que me mandan, no pensé que les iba a gustar tanto la historia y la idea de un sexi y caliente Edward vestido de marino. jeje.
En 3 días, el 5 para ser exactos, es mi cumpleaños. Cumplo 19 añitos, toda una viejuja y nada mejor sería que un hermoso review de usted, así que hagan realidad mis deseos.
Las quiero mucho, a todas, sobretodo a mis fieles seguidoras y a aquellas que dejaron de ser lectoras silenciosas y decidieron dejar un cariño review para esta loca chilenilla. Gracias y espero sigan así, sobretodo mis chicas sin cuenta, siempre fieles.
¡Saludos y nos leemos pronto!
